EL INFORME DE TELE MADRID con su controvertido empleo del calificativo nazi en relación al nacionalismo catalán (“La imposición y perversión del lenguaje”, que reproducimos arriba) ha hecho que algunos lectores nos pregunten si ha existido un “fascismo catalán”. ¿Existió realmente tal fenómeno?
Quien más y mejor ha investigado este tema es el catedrático de història Enric Ucelay-Da Cal, en cuya web puede accederse a sus numerosos e interesantes trabajos en PDF. Entre ellos consideramos especialmente interesante el relativo a las juventudes d’Esquerra Republicana de Estat Català [JEREC] durante la Segunda República publicado el 2005, pues fue esta agrupación al que focalizó las acusaciones de conformar un “fascismo catalán”.
Polémico desfile de los “escamots” de las JEREC en 1933.
Como señala Ucelay-Da Cal, la acusación tomó forma cuando sus miembros desfilaron con “sus camisas caquis y sus pantalones cortos, encuadrados como escamots, en el gran desfile por la Gran Vía y la Plaza de España hasta el estadio de Montjuïc” el 22 de octubre de 1933. ¿Fueron fascistas?
Usando el símil publicitario entre una reconstrucción periodística y un película, analogía muy frecuente en la prensa barcelonesa de los años treinta, el autor hace un repaso a la evolución de las Joventuts d’Esquerra Republicana-Estat Català (JEREC) a lo largo de los años republicanos, hasta el final de la guerra civil.
Siguiendo la pauta metafórica establecida, el autor muestra cómo el impacto de la Primera Guerra Mundial en Barcelona sirve como «fábrica de los sueños», que lanza el ideal de un partido-milicia de signo nacionalista radical. Igual que la «meca del cine» se convirtió en un punto de atracción de gentes con aspiraciones, el «separatismo» catalán se constituyó como un movimiento barcelonés de inmigrantes del campo o de los pueblos catalanes a la metrópolis. Pero la evolución política del ultracatalanismo resultó ser frustrante, ya que los miembros de la JEREC siempre fueron puestos en el papel de ser los «malos de la película».
En 1931-1933 resultaron «malos» por macianistas: la invención de las JEREC irritó a los nacientes grupos nacionalistas alternativos a Macià (muchos camino de los comunismos catalanes) y su Esquerra Republicana; más adelante, en un ambiente de rivalidades dentro de la Esquerra, su expansión fue oscurecida por la sombra de la acusación de ser un «fascismo catalán». En 1934, a los de Estat Català se les tachó de «malos» al fracasar en la revolución de octubre y por su dependencia en el juego del nuevo presidente catalán Companys.
Finalmente, en 1935-1936, y más todavía en el tiempo de confusión y guerra, a los miembros de las JEREC se les consideró como los «malos» por ser «anticompanysistas», luego, por ser unos «nacional-revolucionarios» frente a la revolución de los libertarios y, para acabar, por su oposición relativa a la hegemonía comunista.
El 9 de mayo de 1978 el cuerpo de Aldo Moro es hallado por la policía en el maletero de un Renault-4 rojo.
CUANDO SE CUMPLEN 35 AÑOS DEL ASESINATO DE ALDO MORO, importante líder de la Democracia Cristiana [DC] italiana, su muerte continúa rodeada de numerosos enigmas.
Moro fue secuestrado el 16 de marzo de 1978 por un comando de las Brigate Rosse [Brigadas Rojas, BB.RR.], un grupo terrorista de extrema izquierda, cuando se dirigía al parlamento para que en Italia se conformara un gobierno de la DC con apoyo externo del Partido Comunista. Ello suponía plasmar el llamado “compromiso histórico”: la participación de los comunistas en el ejecutivo italiano. Se ha destacado que tal posibilidad, en plena Guerra Fría, suponía modificar el statu quo de zonas de influencia en un lugar tan sensible como el sur de Europa.
El resultado fue que el secuestro y asesinato de Moro a manos de sus captores frustró lo que hubiera sido un cambio político profundo y el llamado “factor K” (en alusión al acceso bloqueado del PC al poder, 1 y 2) siguió gravitando en Italia.
¿Fue este magnicidio un crimen de Estado? ¿Qué fuerzas influyeron de un modo u otro en el mismo? A continuación reproducimos una crónica al respecto de La Vanguardia (9/V/2013) que reúne los aspectos enigmáticos que más de tres décadas después aún rodean al suceso.
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¿Quién mató a Aldo Moro?
Más allá de los autores materiales -las Brigadas Rojas-, la sospecha de la existencia de una trama oculta salpica a servicios secretos, a la logia P-2 o a la red Gladio. | Las confesiones de los autores del secuestro y asesinato no esclarecieron el caso. | Especulaciones y medias verdades siguen salpicando el mayor magnicidio de la Italia moderna.
De hecho, el presidente de la DC fue secuestrado cuando se dirigía a la sesión de investidura del cuarto gobierno de Giulio Andreotti. El nuevo ejecutivo iba a ser apoyado parlamentariamente por los comunistas en una fórmula inédita en la política italiana. Su trágico final enterró aquel intento. Los democratacristianos volvieron a pactar con socialistas y pequeños partidos centristas los sucesivos gobiernos hasta el cambio de escenario político de 1992 –proceso de Manos Limpias contra la corrupción, destrucción del sistema de partidos vigente desde 1945 e irrupción de Berlusconi-.
A finales de los años 70 en Italia, época conocida como los años de plomo, donde coincidieron el terrorismo de extrema derecha –con los grandes atentados de la plaza Fontana de Milán y la estación de ferrocarril de Bolonia- con el de extrema izquierda –en parte, heredero del mayo del 68 y del desencanto con las políticas de los partidos comunistas- tuvo una influencia decisiva en el desenlace del secuestro. Su política de acuerdos con los comunistas alteraba el equilibrio político del sur de Europa y cuestionaba las bases de la guerra fría. Ni Washington ni Moscú veían con simpatía la deriva italiana. En este contexto, es difícil sustraerse –y la historiografía de los últimos treinta años no lo ha hecho- a considerar el secuestro y asesinato de Aldo Moro como una operación política de largo alcance, donde más allá de los ejecutores materiales –las Brigadas Rojas- se extiende una trama oscura donde se adivinan los hilos de los servicios secretos –principalmente, estadounidense-, la logia masónica P-2 o la organización Gladio.
El secuestro
El 16 de marzo de 1978, un comando de al menos 10 terroristas, algunos de ellos vestidos con uniformes de la compañía de aviación Alitalia, apostados en el cruce que une las vías Mario Fani y Stressa, en el norte de Roma, interceptaron a las nueve de la mañana el Fiat 130 en que viajaba Aldo Moro y el Alfa Romeo de sus escoltas. En una operación diseñada por el jefe de las BR en Roma, Mario Moretti, ametrallaron al chofer y a los guardaespaldas. Seleccionaron con exactitud dos de las cinco carteras que llevaba consigo, introdujeron a Moro en un coche y abandonaron la escena del crimen. La acción había durado tres minutos.
Una operación milimetrada sobre la que penden algunos interrogantes. Los terroristas abatieron a los cinco acompañantes sin ocasionar ningun daño a Moro –aunque la autopsia reveló una herida en una nalga que pudo haber sido causada en el momento del secuestro-. La precisión del ametrallamiento sorprende para unos jóvenes sin formación militar. Algunas fuentes revelaron que 49 de los 91 disparos partieron de un solo hombre y apuntaron la tesis de un miembro de la ndranghetta, la mafia calabresa, conectado con los servicios secretos. Un testigo afirmó haber oído gritar órdenes con acento extranjero. Otros testimonios declararon haber visto una moto Honda con dos hombres a bordo.
Otros dos elementos levantaron suspicacias. Primero, se conoció que un agente del servicio secreto militar italiano había sido visto en vía Fani –explicó que iba a casa de un amigo-. Segundo, debido a una caída repentina de las líneas telefónicas en la zona del tiroteo, el primer aviso no llegó a la policía hasta las 9.05 horas.
También llama la atención la inexperiencia de la policía en la lucha antiterrorista. El escenario se contaminóde la forma más chapucera. Prensa y curiosos pasearon por el lugar e incluso un enviado de la RAI exclamó en una conexión en directo: “Ah, he pisado sin querer los casquillos”. En el mismo sentido, cuando fue encontrado el cadáver de Moro el coche fue rodeado por una multitud de policías y curiosos que infringían las más elementales normas de investigación.
Dos días después del secuestro, el día 18, el periódico Il Messaggero recibió una llamada anónima en la que se informaba el lugar donde se encontraba el primer comunicado y anunciaba que “un núcleo armado de la Brigadas Rojas ha capturado y recluido en una prisión del pueblo a Aldo Moro”
El 25 de marzo, se recibió la segunda comunicación de la banda en el que se anunciaba que “se buscarían las directas responsabilidades de Aldo Moro por las cuales y con criterios de justicia proletaria, será juzgado”. Para algunos autores, el término juzgado alertó a instituciones y agencias de seguridad. Moro había sido presidente de Gobierno dos veces y ministro de Asuntos Exteriores, por tanto disponía de información confidencial y secretos de Estado que podían implicar a servicios secretos y gobiernos extranjeros.
Tres días después, el caso dio un giro inesperado. Un nuevo comunicado anunciaba que “el presidente de Democracia Cristiana, Aldo Moro, ha sido ejecutado mediante suicidio” y que su cuerpo yacía en el lago Duchesse, cerca de la localidad de Cartore. La conmoción fue enorme, pero tras dos días de búsqueda infructuosa se recibió un nuevo comunicado de la banda, en el que negaban su autoría en el mensaje anterior y lo atribuían a “los especialistas en guerra psicológica”. Adjuntaban una fotografía del prisionero sosteniendo el periódico La Repubblica del día anterior.
Hace pocos años, el controvertido especialista estadounidense en terrorismo, Steve Pieczenick, confirmó en una entrevista que ese comunicado fue elaborado por los servicios secretos italianos y que su finalidad era preparar a la opinión pública para lo peor. Pieczenick, miembro de un equipo estadounidense enviado para asesorar a los italianos, confesó que su misión fue hacer creer a las BR que pese a la aparente posición de firmeza del Gobierno italiano sería posible llegar a un acuerdo. Tras el falso comunicado de la muerte y el fracaso posterior de cualquier negociación, defraudados terroristas se vieron abocados a tomar la más funesta decisión.
El cautiverio de Moro duró 55 días. Permaneció todo el tiempo en una falsa habitación camuflada detrás de una librería del salón de un piso de la vía Montalcini nº 8 de Roma. Básicamente, le custodiaron el jefe del comando Mario Moretti, que se encargó de los interrogatorios, Prospero Gallinari, Germano Maccari y Anna Laura Braghetti, que en marzo de 1998 dio a conocer algunos detalles de cómo transcurrieron los últimos minutos de la vida de Aldo Moro. Gallinari no dejó ni un minuto el piso durante los 55 días del secuestro –se había fugado de la cárcel de Treviso en 1976-. No salió ni la mañana del 9 de mayo, cuando Moro fue escondido en una cesta, llevado al garaje por Moretti y Maccari e introducido en el maletero del Renault-4 donde fue asesinado por once disparos. Después dejaron el coche en vía Caetaní.
Durante bastante tiempo se pensó que Gallinari había sido quién mató a Moro, pero en octubre de 1993, Mario Moretti confesó haber sido el autor material “no habría permitido que lo hiciese otro”. Sin embargo, diferentes autores y la comisión parlamentaria que investigó el caso encontró varios puntos oscuros en la versión de los brigadistas. Durante la autopsia se encontró arena de playa en el traje de Moro y también algunas monedas en un bolsillo. Tampoco los cinco juicios celebrados contra 13 brigadistas implicados han esclarecido los puntos oscuros. Dos nunca fueron capturados. Sobre uno de ellos se apunta que podía ser un infiltrado de los servicios secretos italianos; sospecha que también se extendió al mismo Moretti.
Además de la duda sobre la autoría del asesinato, siempre las ha habido sobre la capacidad de las Brigadas para mantener escondido a Moro durante 55 días. A pesar de los 13.000 policías movilizados, los 40.000 registros domiciliarios y los 72.000 controles de carretera sorprende que durante los casi dos meses de secuestro la policía italiana no llevara a cabo ninguna detención. En 1981, se descubrió que la mayor parte de la cúpula del ministerio del Interior, encargada de la investigación del secuestro, pertenecía a la logia masónica P-2.
Tampoco se sabe donde fueron a parar los escritos de Moro en cautiverio: casi cien textos entre cartas y testamentos. Fueron enviadas 30 misivas, siete de ellas publicadas. Otras vieron la luz poco a poco. Sus acusaciones eran muy duras, especialmente, con sus compañeros de partido “mi sangre caerá sobre vosotros”. Su mujer, Eleonora, que nunca perdonó a Giulio Andreotti, Francesco Cossiga y Benigno Zaccagnini –secretario general de la DC-, prohibió que se celebrase un funeral de Estado. Sí que consiguió que Pablo VI escribiera una carta a las BR pidiendo su libertad.
Del memorial, supuestamente escrito por Moretti, con las transcripciones de los interrogatorios a Moro apareció una copia pero se sospecha que la policía hizo desaparecer la parte más comprometedora para los intereses del Estado. Además, se descubrió que la impresora de los comunicados de las Brigadas Rojas provenía de las oficinas de los servicios secretos que entrenaban a los miembros de la Gladio, la fuerza paramilitar financiada por la CIA para prevenir un posible golpe comunista en Italia.
El caso Moro conmocionó al mundo en 1978. Para los italianos es un affaire que aún permanece abierto, al igual que el asesinato del presidente Kennedy para los estadounidenses. Son demasiadas sospechas, demasiadas especulaciones, demasiadas medias verdades para cerrar el caso. Aunque las Brigadas Rojas secuestraron y mataron a Moro, la tesis más pausible es que intervinieron más actores que manipularon al grupo según sus intereses. Pocos parecían quererlo vivo. Sabía demasiado sobre la guerra sucia. Se impuso la razón de Estado. Moro fue sacrificado.
¿HASTA QUÉ PUNTO BEPPE GRILLO ES UN FENÓMENO NUEVO EN LA POLÍTICA ITALIANA? El líder del Movimento 5 stelle [Movimiento 5 estrellas, M5S] (que obtuvo casi un tercio de votos en las elecciones del pasado 24-25 de febrero) ha centrado los focos mediáticos tras las elecciones italianas y su populismo netamente “antipolítico” ha causado gran sorpresa, notablemente por su lenguaje descarnado.
Así, cuando sus diputados -los grillini- negociaron un fallido acuerdo con Bersani, Grillo, explicó La Vanguardia (28/III/2013)- “metió a todos los líderes políticos rivales en el mismo saco, calificándolos de ‘padres puteros’ que llevan años gobernando a expensas de la gente, sobre todo de los jóvenes. Esos ‘hijos de padre desconocido’ que han criado, que no tienen trabajo, ni casa, ni futuro, ‘los mandarán a todos a casa, de una forma u otra’. Acusó a esos políticos de llevar veinte años “dándonos por el culo y no tienen el pudor de quitar los cojones de manera espontánea”.
Giannini en un acto público de l’Uomo Qualunque.
¿Estamos ante una realidad novedosa de la política italiana ante este lenguaje descarnado y vulgar y los posicionamientos nihilistas del dirigente del M5S? Aunque en este blog ya hemos abordado el tema del M5S en algunas entradas (1 y 2) en esta ocasión nos interesa centrarnos en un antencedente histórico del grillismo: el llamado qualunquismo que lideró un comediógrafo y periodista italiano, Guglielmo Giannini (1891-1960).
Giannini, el antecedente de Grillo
Consideramos que el éxito del M5S en las elecciones italianas ha plasmado el ascenso de un populismo antiestablishment. Ello no conforma un hecho aislado y, por ejemplo, en Francia, el líder de la coalición Front de Gauche [Frente de Izquierda] Jean-Luc Mélenchon empleó el lema “Que se vayan todos!” Si nos pedimos cuál es el punto de partida de este fenómeno, sus antecedentes primigenios hay que buscarlos en el qualunquismo italiano y el poujadismo francés. A continuación nos interesa centrarnos en el primero.
El término qualunquismo alude al Fronte dell’Uomo Qualunque [Frente del Hombre Cualquiera] (UQ), que conformó “un partido contra todos los partidos”. Lo fundó el mencionado Giannini a finales del 1944 en la zona liberada de Italia. Cobró fama con el rotativo Uomo Qualunque , que pasó de 80.000 ejemplares a 850.000 el 1945, que Giannini definió así: “Este es el diario del hombre cualquiera, harto de todo el mundo, el único deseo ardiente del cual es que nadie le toque las narices”. Resumió el ideario en el explícito eslogan “Abbasso tutti” [Abajo todos]. Carente de programa, lanzó virulentas diatribas contra el Estado, la fiscalidad y la democracia.
Ejemplar del diario de Giannini. Obsérvese que la U de su cabecera muestra a un hombre aplastado por la clase política, símbolo del ciudadano anónimo, como refleja su detalle repoducido a continación.
Giannini denunció excesos en la depuración de exfascistas y criticó a los políticos profesionales alejados del “pueblo”. El 1946 el UQ logró el 5% de los votos (1.210.000 sufragios) y 30 escaños. Posteriormente exploró alianzas políticas y después de las elecciones del 1948 (a las cuales se unió el Partido Liberal) conoció un rápido declive.
La descripción de la UQ que el politólogo Marco Tarchi ha hecho en su sugerente estudio L’Italia populista (2003) recuerda los populismos actuales. Considera que el qualunquismo se presentó “como la voz de la gente común, excluida del reparto del poder, irritada contra los políticos ‘ávidos y corruptos’, indiferente a las ideologías en las cuales ve tanto la cobertura de las ambiciones de dominio de las élites, escéptica frente a cualquier programa y desconfiada de las prometidas electorales, de las cuales prevé su sistemática traición por parte de los electos”. Se mostró adverso “tanto al fascismo como al antifascismo, a la derecha monárquica, clerical o conservadora como la izquierda republicana, socialista o comunista”, señalando “la distancia insalvable entre el pueblo [...] y los políticos profesionales”.
En suma, antes del ascenso al firmamento político italiano de Grillo, lo hizo Giannini con un populismo antiestablishment igualmente vibrante y directo en la época. Véase una comparación entre ambos en italiano clicando aquí.
* Hemos reconstruido la trayectoria de Giannini en un artículo dedicado a los primeros modernos populistas europeos, Giannini y Pierre Poujade, publicado en el diario catalán Ara (2/III/2013), del que este perfil de Giannini forma parte. Puede accederse a su lectura previo registro clicando aquí.
Del capítulo inicial del libro, el historiador y periodista Santi Vinyals, en la web La lamentable (27/IV/2013) , destaca lo siguiente:
El paleontólogo excava la tierra. El investigador de la historia contemporánea excava en las hemerotecas. Y con sus hallazgos nos enfrenta a la triste realidad de que no hay nada menos fiable que la memoria. Xavier Casals, historiador especializado en la extrema derecha, ha rescatado frases que hoy leemos en plumas de toda confianza y que son un calco, palabra por palabra, de lo que dijeron hace dos décadas personajes tan siniestros como Jesús Gil, Mario Conde o Josémaria Ruiz Mateos. En su último libro nos enfrenta cruelmente con el gran problema de nuestro tiempo. ¿Quién liderará una alternativa que permita un cambio real?
Un ejemplo: Si usted lee lo que viene a continuación seguramente admirará la lucidez de quien lo dijo. Pero cuando sepa quien fue, su desconcierto puede sumirle en la más negra depresión. Lea:
“La gente está harta de la clase política española, corrupta y ambiciosa, que ya no intenta gobernar sino embolsarse tanto dinero como le sea posible. Hay que reformar la ley electoral. Nada de listas cerradas. Apostamos por las circunscripciones con listas abiertas donde cada diputado represente abiertamente a quien lo elige y a él le da cuentas, y no como ahora, que es un mandado del aparato del partido” (Jesús Olarra, en 1991. Formó parte de la ejecutiva de la AP de Fraga Iribarne. Estuvo a punto de unirse a Jesús Gil y a Ruiz Mateos para formar un partido).
“Los partidos políticos atienden, como principio básico de su actuación, a sus propios intereses por encima de aquellos que le corresponden a la sociedad en su conjunto. Los políticos no deben ser una clase cerrada, sino reflejar la verdadera dinámica de la sociedad. Al no ser así, se está produciendo un constante alejamiento entre la sociedad y los políticos” (Mario Conde, en 1994)
El autor del libro se pregunta: ¿Quién ovacionó las proezas de Ruiz Mateos? ¿Quién convirtió a Gil en un hombre público? ¿Quién convirtió a Conde en líder social y símbolo de la modernidad económica? Nadie queda libre de culpa. Y escribe “Estos liderazgos populistas fallidos no nacieron al margen del sistema democrático, sino en su seno”. Ellos fueron los pioneros del desastre gestado en la España del cambio de siglo, por “su carácter de anticipación al futuro: Si la Marbella de Gil anticipó la España del pelotazo inmobiliario, Ruiz Mateos y Conde formularon los primeros discursos contra el poder o el ‘Sistema’ percibido como una oligarquía política y financiera que habría secuestrado la democracia”. A la troika indiscutible pueden añadirse otros nombres de populistas ilustres de primera hora como Juan Hormaechea en Cantabria o el alcalde Burgos José Maria Peña.
Luego vino lo que vino. Aznar abriendo la veda a la urbanización masiva y fomentando un “capitalismo popular” mediante las ventas de acciones de empresas públicas privatizadas. Zapatero con el cheque-bebé, el cheque vivienda, los 400 euros a declarantes de Hacienda o el incremento del 30% del PER.
Estos son comentarios que glosan el capítulo inicial del libro. En la obra sostenemos la tesis, apuntada en la anterior entrada del blog, de que -simplificando-entre 1989 y el 2000 se desarrollo esta primera ola, encarnada por la acción política de José Mª Ruiz Mateos (cuyo ingreso en el Parlamento Europeo en 1989 marcó su inicio), Jesús Gil y Mario Conde (cuyo fracaso en los comicios legislativos del 2000 le puso fin).
Ésta comportó una “berlusconización” limitada, en la medida que surgieron discursos que exaltaron al gestor por encima del político con un discurso antiestablishment que plasmó un populismo de la abundancia, visible en el lema del partido de Gil “Todos a por todas”.
En este aspecto, el ciclo populista no fue importante por su impacto electoral, que fue discreto y marginal, sino porque anunció una tendencia emergente: la de una turboeconomía basada en el sector inmobiliario, que auguraba las políticas de populismo redistributivo de los gobiernos de José Mª Aznar (el “capitalismo popular”) y José Luis Rodríguez Zapatero (los “cheques” y ayudas). La apoteosis de esta tendencia populista redistributiva fue la proliferación de infraestructuras por todo el territorio o -si se prefiere- de “infraestructuras para todos”.
Acceso libre por gentileza de la editorial al sumario, prólogo, introducción y capítulo 1
Puede accederse libremente al prólogo, a la introducción y al sumario clicando aquí.
EL PUEBLO CONTRA EL PARLAMENTO. EL NUEVO POPULISMO EN ESPAÑA, 1989-2013 es el título del nuevo estudio que acabamos de publicar en formato de ensayo. Editado por el sello Pasado & Presente, tiene 396 páginas y un precio de 24 euros.
En la obra pretendemos interpretar la evolución política de España y Cataluña introduciendo un nuevo elemento -el populismo- y desde una perspectiva de italianización creciente.
Una italianización política y territorial
En este aspecto, la obra argumenta que España ha conocido dos oleadas populistas sucesivas y actualmente podríamos asistir a la eclosión de una tercera, muy distinta en su impacto a las anteriores.
¿Cuáles y cómo serían estas dos oleadas?
La primera oleada (1989-2000): italianización política y judicial y populismo de la abundancia
En términos de simplificación, consideramos que entre 1989 y el 2000 se desarrollo esta primera ola, encarnada por la acción política de José Mª Ruiz Mateos (cuyo ingreso en el Parlamento Europeo en 1989 marcó su inicio), Jesús Gil y Mario Conde (cuyo fracaso en los comicios legislativos del 2000 le puso fin).
Comportó una “berlusconización” limitada, en la medida que surgieron discursos que exaltaron al gestor por encima del político con un discurso antiestablishment que plasmó un populismo de la abundancia, visible en el lema del partido de Gil “Todos a por todas”.
En este aspecto, el ciclo populista no fue importante por su impacto electoral, que fue discreto y marginal, sino porque anunció una tendencia emergente: la de una turboeconomía basada en el sector inmobiliario, que auguraba las políticas de populismo redistributivo de los gobiernos de José Mª Aznar (el “capitalismo popular”) y José Luis Rodríguez Zapatero (los “cheques” y ayudas). La apoteosis de esta tendencia populista redistributiva fue la proliferación de infraestructuras por todo el territorio o -si se prefiere- de “infraestructuras para todos”.
En la esfera judicial, la acción de diversos magistrados, pero especialmente la de Baltasar Garzón, conformó un fenómeno similar al que en Italia plasmó el juez Antonio di Pietro y su salto a la política: la exaltación de la justicia redentora frente al colapso de los partidos tradicionales, acompañado por la irrupción de una cultura del escándalo político. No obstante, hoy asistiríamos a la eclosión de un “populismo punitivo”, que -entre otros aspectos- reclama mayor castigo para los delincuentes.
La segunda oleada (2003-…): italianización territorial y populismo de la escasez
En los comicios locales del 2003 la irrupción institucional de la Plataforma per Catalunya [PxC], con el lema “por un mejor control de la inmigración”, fue el primer indicador de que acababan los tiempos de la abundancia y se avecinaban los de la escasez, como reflejó otra consigna de esta formación: “los de casa primero”. Empezó así la segunda oleada populista, aún inconclusa. De este modo, si el primer ciclo populista apuntó una tendencia expansiva, el nuevo auguró la llegada de la crisis un quinquenio antes de su inicio.
A diferencia de la etapa anterior, el nuevo populismo se focalizó en Cataluña, que se ha convertido por la confluencia de diversos factores (desde la irrupción de nuevos partidos -Ciutadans [C's], Solidaritat Catalana per la Independència [SI], Candidatura d’Unitat Popular [CUP] y PxC- hasta la eclosión de un populismo plebiscitario) en el rompeolas populista de España.
Dada la solidez institucional del bipartidismo PP-PSOE y la dificultad de emergencia de “terceras fuerzas”, la irrupción de nuevas formaciones y tendencias populistas se produce en Cataluña y el conjunto de la periferia. Solo Unión, Progreso y Democracia [UPyD] parece haber logrado un nicho electoral en el centro del país, mientras emergen nuevas fuerzas populistas de signo diverso en Asturias (Foro), Galicia (Alternativa Galega de Esquerda [AGE]), País Vasco (Bildu), la Comunidad Valenciana (España 2000 y Compromís) y Andalucía (el empresario cordobés Rafael Gómez y el alcalde de Marinaleda Sánchez Gordillo).
Impulsa su irrupción el desgaste de los partidos tradicionales, en el que converge el impacto de la crisis, la dificultad de eclosión de nuevas opciones y el ansia cada vez más extendida de una democracia más participativa y horizontal. Ello implica trasladar la “plaza electrónica” que crean las redes sociales (igualitaria y horizontal) a la esfera real, como han hecho los indignados el 15-M del 2011 y el 25-S del 2012, escenificado la insurrección del “pueblo” contra el “parlamento”.
En este marco, la italianización del segundo ciclo populista se ha focalizado en Cataluña y ha conformado una “italianización territorial” de España, en la medida que ésta presenta problemas de articulación similares a los de Italia: un norte en el que se extiende el discurso de “expolio fiscal” contra la capital del Estado, a la vez que se tensionan las relaciones entre norte y sur.
¿El inicio de un nuevo ciclo?
La obra concluye con el inicio del caso Bárcenas y apunta la posibilidad de que asistamos al fin de la era iniciada por la monarquía juancarlista en 1975. De este modo, hoy se cuestionan todas las instituciones: desde la Corona (paradójicamente debido a la actuación de la familia real) hasta los grandes partidos, pasando por las Cortes (notablemente el Senado) y el grueso de la clase política.
La crisis económica estimula la expansión de los discursos antielitistas que asocian a la clase política tradicional con la defensa de las entidades financieras en detrimento de los de la mayoría de ciudadanos. A la vez, la demanda de un plebiscito catalán sobre la independencia pone en entredicho la viabilidad del Estado de la autonomías. El resultado es que la política está cada vez más marcada por la judicialización, el escándalo y el protagonismo de los medios de comunicación en la agenda.
Todo ello permite pensar que asistimos a una implosión del sistema político estatal con epicentro en Cataluña y al eventual inicio de una nueva ola populista que podría ser muy distinta a las anteriores en su impacto electoral, político y social.
Descargar prólogo, introducción y sumario
Puede descargarse en PDF de modo gratuito el prólogo del libro, del catedrático Enric Ucelay-Da Cal, la introducción y el sumario en este archivo: Pueblovsparlamento-intro-sumario
Florentino Rodao (Madrid, 1960) es doctor en historia por la Universidad Complutense (donde es profesor) y la de Tokio. Asimismo, ha escrito numerosos estudios académicos en los que destacan los de interacción española en Asia. De este modo, ha investigado la Guerra Civil español desde una perspectiva innovadora: la asiática.
Desde nuestra óptica, consideramos que la obra puede ser de interés para los lectores y lectoras de este blog al abordar un escenario poco conocido. Rodao muestra como el impacto del conflicto fratricida truncó la influencia española en Filipinas al dividir a su comunidad entre republicanos y leales a los sublevados y -como indica el subtítulo de la obra- plantea una “historia alternativa” de la guerra española al no haber entre los antirepublicanos filipinos un caudillaje como el de Frnaco. El resultado fue que la Falange del archipiélago fue más radical que la peninsular.
A continuación, ofrecemos una entrevista con Rodao, a quien agradecemos que haya aceptado contestar este cuestionario para nuestro blog.
¿Qué le llevó a estudiar el impacto de la Guerra Civil española en Filipinas?
La investigación anterior sobre Japón. Leyendo la documentación del ministerio de Exterior me di cuenta de la importancia de las luchas internas y del poder de la comunidad española en Filipina
¿La contienda marcó un declive la influencia española en el país?
Si, fue un punto de no retorno, aunque el período se puede extender hasta el final de la ocupación japonesa en Filipinas, en 1945
¿Considera que Filipinas puede ser considerada un “laboratorio político” de un franquismo sin militares?
Laboratorio político no, más bien case-study para conocer el bando rebelde y sus diferencias internas sin la distorsión que supone el dominio militar directo. La intervención de las autoridades peninsulares sobre los franquistas en Filipinas fue muy relativa.
Portada de Franquistas sin Franco.
La Falange fue tan fascista en España como en Filipinas, pero en este archipiélago pudo ir contra los oligarcas, cosa que no podía ocurrir en la península. Por ello, se puede decir que fue hedillista, porque pudieron cumplir con su ideario original de lugar contra la “vieja política”, o contra el capitalismo monopolista. Zobel de Ayala, Andrés Soriano o Adrián Got, algunos de los “plutócratas”, por utilizar la terminología de la época, estuvieron en el punto de mira de los falangistas en Filipinas, lo que habría sido imposible en España.
¿Qué balance puede hacerse del impacto de la Guerra Civil en el archipiélago?
Acabó con la fortaleza de la comunidad española allí. Hay un dato claro, la prensa. Si en 1937 aproximadamente un tercio de los diarios eran en español (unos 65.000, con 70.000 en inglés, 20.000 en tagalo y 40.000 en chino, aproximadamente), en 1945 la prensa en Español pasó a tener un papel marginal, con 3.000 ejemplares del único diario en Manila.
Boletín diario de las extremas derechas de Filipinas, cuya difusión habría superado los 800 ejemplares.
Para acabar, su libro alude a un tema poco conocido: la existencia de un hermanastro filipino de Franco. ¿Qué hay de cierto en ello?
Los datos son tomados de la documentación de la viuda de Francisco Franco Salgado-Araujo y es comprensible el deseo del propio familiar de mantenerse al margen de polémicas. Pero la verdad que no lo he investigado mucho, salió otro reportaje en la revista Interviu, pero no lo consulté. Se que es muy llamativo, pero para el contenido del libro es tangencial
Las conexiones de Hellín con ámbitos de seguridad del Estado
En este aspecto, consideramos que tal situación no es una novedad, pues cuando fueron investigados los homicidas de González, emergieron conexiones policiales de Hellín, que dirigía una academia de informática donde se halló un pequeño arsenal.1
Entonces Blas Piñar -líder de Fuerza Nueva- las explicó así: «Hice averiguaciones. Se me dijo que la Academia [...] de Informática tenía relaciones con los servicios policiales. Por eso [...] conseguí una entrevista con el Juez instructor, Ricardo Varón Cobos. [...] Me confirmó las conexiones oficiales de Hellín. Tenía carnés, me dijo, de varias agrupaciones políticas y sindicales».2
Por su parte, el general de la Guardia Civil José Antonio Sáenz de Santa María incluso afirmó que «la sospecha de que en el asesinato [de García] participó algún miembro de la policía nunca quedó despejada por completo».3 Por nuestra parte, ignoramos el fundamento de tal afirmación.
¿Existió porosidad entre ámbitos de la seguridad del Estado y la ultraderecha?
Asimismo, apuntamos que el terrorismo de este espacio político pareció actuar a remolque de los hechos, en flagrante contradicción con sus metas y con una autonomía que plantea interrogantes sobre eventuales instigadores ajenos a este ámbito político.