
La boda de Juan Carlos y Sofía en 1962 tuvo un importante transfondo político.
HACE CINCUENTA AÑOS, el 14 de mayo de 1962, Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia se casaron en Atenas. Formaron entonces un tándem decisivo para lograr el Trono, cuyo ocupante tenía que designar Franco según la ley de sucesión vigente desde el 1947. En este marco, los prometidos navegaron entre las aguas de El Pardo y las de Estoril, donde vivía el padre del príncipe, don Juan de Borbón, con el título de conde de Barcelona.
Este último quería que su hijo se casara con una princesa, y el enlace con Sofía lo satisfizo: “Nos hemos entregado de una ‘fabiolada’”, comentó, en alusión a la boda celebrada entre Balduíno de Bélgica y la aristócrata española Fabiola Mora y de Aragón en 1960. Pero el enlace proyectó una amenaza sobre el inquilino de Estoril: la del balduinismo. Igual que el impopular Leopoldo III de Bélgica abdicó en su hijo Balduíno el 1951 bajo la presión popular, don Juan temía que la boda de Juan Carlos tuviera un efecto similar.
Para Franco, la boda abría una incógnita. El príncipe Juan Carlos era su favorito como futuro rey. Pero este casamiento le creaba recelos. Le desagradaban las princesas griegas al atribuir al rey Pablo de Grecia la condición de masón, y existía la posibilidad que, después de casarse, la pareja se instalara fuera de España.
En suma, la boda de Juan Carlos y Sofía fue algo más que un episodio de crónica rosa, como demostramos en el artículo que publicamos en el diario catalán Ara y al que se puede acceder registrándose de modo gratuito.
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FAMÍLIA REIAL UNA HISTÒRIA POLÍTICA
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Aniversari reial sense res a celebrar
HISTORIADOR | Actualitzada el 13/05/2012 00:00
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