ENTREVISTA A STEVEN FORTI (2): “ÓSCAR PÉREZ SOLÍS EVOLUCIONÓ DEL ANARQUISMO AL FALANGISMO PASANDO POR EL SOCIALISMO Y EL COMUNISMO”

marzo 9, 2013

Steven Forti

Continuamos con la entrevista a Steven Forti iniciada en la anterior entrada del blog (clicar aquí para acceder a ella), sobre transfuguismo del comunismo al fascismo. En esta segunda parte se abordan los casos del francés Paul Marion y del español Óscar Pérez Solís.

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¿Quién fue Paul Marion?

Para hablar de Paul Marion debemos cruzar los Alpes y meternos en la realidad política de la Tercera República Francesa, entre la victoria en la Gran Guerra y el desastre de 1940. Marion es un tránsfuga más del país galo, con una trayectoria bastante similar tanto a la de Marcel Déat como a la de Jacques Doriot, hombres clave del transito de la izquierda al fascismo francés. Y con Déat, Doriot y con muchos otros tránsfugas franceses como Arrighi, Barbé, Barthélemy, Chasseigne y Fontenoy, Marion colaboró estrechamente en los años veinte y en los años treinta.

Paul MarionNacido el 27 de junio de 1899 en Asnières, proveniente de una familia de nacionalistas pequeñoburgueses, Paul Marion se instaló en París en 1913. Voluntario en la Gran Guerra en enero de 1918 y desmovilizado definitivamente en la primavera de 1921, Marion obtuvo la licenciatura en filosofía y entre 1921 y 1923 fue profesor en el Instituto Pointeau y en el colegio Sainte-Barbe de París. En 1921 entró en el PCF, y llegó a ser uno de los dirigentes de Clarté universitaire con Chasseigne, Cogniot y Galperine. A partir de 1923 colaboró con L’Humanité y Bulletin communiste, dio clases en las escuelas de partido de Bobigny y Clichy, y se ocupó de los cursos de historia del movimiento obrero y economía política. Entre otoño de 1925 y otoño de 1927 ejerció cargos de responsabilidad, como director de los Cahiers du bolchevisme, redactor de L’Humanité y miembro de los principales órganos directivos del partido. En octubre de 1927 fue elegido para una estancia de quince meses en la Escuela leninista internacional de Moscú, donde colaboró con el Comintern y participó en los trabajos del VI Congreso de la IC en calidad de miembro de la delegación francesa. En febrero de 1929 volvió a Francia, pero ya en agosto abandonó el partido, muy crítico con lo que vio en la URSS y con la línea adoptada por el PCF después del VI Congreso Nacional del partido en Saint-Denis.

A partir de otoño de 1929, Marion empezó una peregrinación entre nuevas generaciones y neosocialistas, entre política y periodismo, que le permitió entrar en contacto con la mayoría de los réseaux intelectuales de la Francia de los años treinta, desde los no conformistas y los realistas hasta los tecnócratas y los grupos políticos en busca de una tercera vía. Entre principios de 1930 y mediados de 1936 Marion colaboró con muchos periódicos y revistas (Notre Temps de Jean Luchaire, Le Quotidien de Jean Hennessy, L’Europe Nouvelle de Louise Weiss, la Vie Socialiste del ala neosocialista de la SFIO, la République de Émile Roche, L’Homme Nouveau de Georges Roditi, Travail et Nation…), escribiendo una media de dos o tres artículos por semana generalmente sobre temáticas de política, economía y finanzas.

Los encuentros formales e informales en círculos de estudio y think tank estaban a la orden del día con el objetivo de un renouvellement y un redressement de Francia. A partir de 1931 Marion se acercó cada vez más al grupo de Déat, Renaudel y Montagnon, fascinado por las propuestas de De Man y convencido de la necesidad de un plan económico y político de rescate del país después de la crisis de 1929. En el partido neosocialista Marion cubrió también cargos relavantes, ocupándose de la propaganda y de las juventudes y presentándose como candidato en las elecciones de 1936, sin lograr ser elegido.

En junio de 1936 participó en la fundación del Partido Popular Francés de Jacques Doriot, del cual fue uno de los dirigentes más visibles y activos, además de miembro del BP, secretario de propaganda y redactor de L’Emancipation Nationale y de La Liberté. En enero de 1939 Marion rompió con Doriot y dimitió del partido, se dedicó al estudio y publicó Leur combat, un libro sobre la propaganda en los regímenes italiano, alemán, soviético y español. Movilizado en agosto de 1939, Marion fue hecho prisionero por los alemanes a finales de junio de 1940.

Doriot

Jacques Doriot, líder del Partido Popular Francés.

Liberado en enero de 1941, a finales de febrero fue nombrado secretario general de la Información y la Propaganda en el Gobierno del almirante Darlan. Marion jugó un papel para nada secundario en el régimen de Vichy: conjuntamente con el entonces ministro del Interior, Pucheu, intentó centralizar y controlar toda la propaganda y luchó constantemente por la creación de un partido único inspirado en los modelos italiano y alemán. Considerado uno de los más fervientes colaboracionistas del Gobierno de Vichy, Marion se quedó –aunque con menos poder a partir de diciembre de 1942– hasta el final, ocupó también el cargo de presidente del Comité des Amis de les Waffen SS français en la primavera de 1944 y redactó y leyó los editoriales de Radio Inter-France entre julio y agosto del mismo año. En septiembre siguió a Pétain, Laval y el reducto de los colaboracionistas parisinos hasta el castillo de Sigmaringen, donde se quedó aislado y políticamente inactivo hasta abril de 1945. Refugiado cerca de Innsbrück, el 12 de julio se entregó a las tropas francesas. En el juicio de la Haute Cour de Justice de diciembre de 1948 fue condenado a diez años de cárcel. Como muchos otros colaboracionistas, logró recuperar la libertad en verano de 1951, pero ya muy enfermo murió en París el 3 de marzo de 1954.


¿Quién fue Óscar Pérez Solís?

Si cruzamos los Pirineos y llegamos a España, nos encontramos con otra biografía interesante en el marco de los tránsfugas europeos de entreguerras: la de Óscar Pérez Solís (Bello, Asturias 1882 – Valladolid, 1951). Hijo de un militar y de una “noble en decadencia”, vivió su infancia entre Galicia y Asturias. En 1898 entró en la Academia de Artillería de Segovia, y llegó a ser teniente a los 21 años. Alrededor de 1905, en Las Palmas, la amistad con el soldado Juan Salvador lo acercó al anarquismo.

Pérz SolísLa vuelta a la Península –esta vez Valladolid–, la muerte de Juan Salvador y las lecturas de los clásicos del marxismo lo acercaron pronto al socialismo. En noviembre de 1909 visitó por primera vez el Centro Obrero Pucelano, donde conoció al líder socialista local, Remigio Cabello, y en abril de 1910 ingresó en la Agrupación Socialista Vallisoletana. Desde aquel entonces fue cada vez más activo, hasta que el 12 de junio de 1912 se le obligó a dejar el Ejército.

Este acontecimiento consagró definitivamente su vida a la política. En la Valladolid de los años diez, Pérez Solís alcanzó cierta fama: fundó con Cabello el semanario socialista Adelante, se presentó en varias ocasiones a las elecciones –logró ser elegido concejal–, y lideró la famosa huelga de los ferrocarriles de 1916 y la huelga de marzo de 1917. El fracaso de esta última huelga y las críticas por su conducta lo llevaron a dimitir y darse de baja del PSOE. Pérez Solís se quedó entonces alejado del partido, apoyando posiciones que él mismo no se preocupó de definir cercanas a la izquierda monárquica.

Intentó fundar –sin éxito– un nuevo partido “socialista aristocrático” (el PSI), escribió para El Sol y España y fue promotor –tras conocer a Cambó– de un regionalismo castellano dentro de una España federal. En septiembre de 1920, recién elegido diputado provincial para la Diputación, tuvo que dejar la capital castellana por una sentencia de destierro debido a un artículo acusatorio contra el cacique local, Santiago Alba.

Confiando en su moderantismo, Indalecio Prieto lo llamó a Bilbao para dirigir La Lucha de clases, pero el contacto con la realidad obrera vizcaína, tan distinta de la tranquila Valladolid, provocó un fuerte giro a la izquierda en sus posiciones. De partidario del ala derecha del PSOE, favorable a un socialismo práctico que superase la fórmula de clase contra clase y que defendiese una democracia anticaciquil, Pérez Solís se convirtió de repente en uno de los más radicales promotores de las tesis tercerinternacionalistas: en el Congreso Extraordinario del PSOE de abril de 1921 fue él quién leyó la declaración de escisión y de fundación del Partido Comunista Obrero Español [PCOE]. En los siguientes “años terribles”, como él mismo los definió en sus memorias, Pérez Solís lideró a los comunistas vizcaínos con su inagotable activismo, que muchas veces transpasaba la delgada línea que lo separaba de la violencia.

En agosto de 1923 fue herido gravemente por el asalto de la policía a la Casa del Pueblo de Bilbao, donde estaba al frente de un comité de huelga. Dirigió La Bandera Roja, colaboró con L’Humanité y fundó en verano de 1921 Las Noticias, un periódico comunista financiado por los nacionalistas vascos con el imprimátur del obispo Eijo y Garay. Después de la instauración de la dictadura del general Primo de Rivera, en verano de 1924 Pérez Solís participó en el V Congreso de la Internacional Comunista en Moscú, fue nombrado delegado español en la IC, y entre finales de 1924 y la primavera de 1925 fue nombrado secretario del PCE, e intentó reorganizar en la clandestinidad el pequeño partido. Pérez Solís atacó duramente las posiciones de Peiró y Pestaña, coincidiendo en un primer momento con Maurín y en un segundo momento con Bullejos y Trilla.

Picavea

Detenido en Barcelona el 13 de febrero de 1925, fue encarcelado en Montjuic, desde donde siguió su labor en el PCE como director de La Antorcha, defendiendo la línea de la dirección del Partido representada por Bullejos y Trilla contra las desviaciones de Zalacaín y Maurín, entre otros. Las charlas con el Padre Gafo, un domínico activo en el sindicalismo libre, lo llevaron a convertirse al catolicismo y a abjurar del comunismo: en agosto de 1927 salió de la cárcel y desde 1928 trabajó en la administración de CAMPSA en Valladolid. Allí, entre el final de la dictadura primorriverista y la instauración de la Segunda República, cobró nuevo protagonismo dirigiendo el periódico católico Diario Regional. En los años siguientes escribió en la prensa católica y de derechas tanto vallisoletana como nacional, se incorporó cada vez más a las posiciones de la derecha radical, llegó a colaborar con la revista Acción Española de Ramiro de Maeztu y se afilió pronto a la Falange.

El 18 de julio de 1936 Pérez Solís se encontraba en Oviedo como enlace de los sublevados. En la capital del Principado estuvo al mando de una compañía en la defensa de la ciudad, sitiada por la tropas republicanas. Nombrado Delegado Sindical y Delegado de Trabajo en Valladolid en julio de 1938, con el fin de la Guerra Civil se retiró a la vida privada. Continuó su actividad periodística –por la cual recibió, entre otros, el Premio Nacional de Periodismo Francisco Franco en 1943– y literaria, y publicó –después de los panfletos de su época socialista y comunista, de sus memorias tras la conversión al catolicismo y de la crónica de la defensa de Oviedo– un estudio sobre el que fue su referente intelectual, el cántabro Ricardo Macías Picavea. Murió en Valladolid el 26 de octubre de 1951.

¿Podemos extraer conclusiones generales sobre este transfuguismo o responde a dinámicas individuales?

Claro está que las diferencias son muchas. No puede ser de otra manera cuando hablamos de tres dirigentes políticos en tres contextos nacionales distintos en un mundo que aún no se había globalizado como en los últimos treinta años. De todos modos, las analogías son muchas.

Para empezar, el estudio de estas tres distintas derivas fascistas es una demostración más de la peculiar naturaleza del fascismo y de lo que  el historiador George L. Mosse definió como el “mito fascista”, basado en la mística patriótica, las tradiciones revolucionarias y dinámicas, y la continuación de la experiencia bélica en tiempos de paz. Los tránsfugas son una perfecta ejemplificación de la acción de recuperación del fascismo y de su naturaleza ambivalente y ecléctica. Estudiar la trayectoria humana y política y el lenguaje político de Nicola Bombacci, Paul Marion y Óscar Pérez Solís debería representar una tesela más para reconstruir el mosaico fascista y su inmensa –y hoy en día casi incomprensible– capacidad de convencer y vencer, no solo con la violencia, la represión y el control más o menos totalitario de la sociedad, sino también, y probablemente sobre todo, ofreciendo un proyecto poliédrico que podía adaptarse a tiempos y lugares diferentes.

Siguiendo las propuestas interpretativas que el también historiador Philippe Burrin avanzó hace un cuarto de siglo para el caso francés en su maravilloso libro La dérive fasciste. Doriot, Déat, Bergery 1933-1945 (París, Seuil, 1986), que, vale la pena subrayarlo, es uno de los poquísimos estudios serios sobre esta cuestión, existen algunas “pasarelas” hacia el fascismo. Estudiando los casos del comunista Doriot, del socialista Déat y del radical Bergery, Burrin reconoce tres elementos que sirven de pasarelas hacia el fascismo durante una crisis nacional y/o durante una disidencia: principios de organización y métodos políticos; valores irracionales y valores ideológicos. Para los casos de Bombacci, Marion y Pérez Solís, aparte de unas pasarelas, estos elementos son en primer lugar unos puntos en común y unas constantes, es decir, unos elementos presentes durante toda su vida. Los elementos que se han reconocido son cinco:

a) El valor otorgado a la acción, el dinamismo y la praxis, que se presenta como forma de incesante activismo político desde el punto de vista personal –mezclado con una especie de incapacidad de “no actuar”–, como concepción de la política misma como acción y también en la idea del fascismo concebido como dinamismo, como un continuum en transformación;

b) El valor otorgado a las minorías, las élites y las vanguardias revolucionarias, muchas veces acompañado de una idea fuertemente negativa del pueblo y las masas y que, en general, se juntaba con un cierto gusto por el autoritarismo y la autorreferencialidad, cuestiones que derivaban directamente de la Gran Guerra y su violencia;

c) Una fe inquebrantable en la revolución, característica que se yuxtapone a la política concebida como acción;

d) La presencia constante de enemigos comunes, como la democracia liberal, el parlamentarismo, la burguesía y el capitalismo;

e) La importancia de una concepción del mundo antimaterialista, fuertemente idealista y en determinados momentos claramente religiosa.


Adolf Hitler Saluting, 1934

El nacionalismo es un componente central del transfuguismo desde la izquierda al fascismo.

A estos cinco elementos cabe añadir un sexto elemento, absolutamente central y al cual se debe el título del libro: la nación. Sin este factor no es posible concebir el tránsito que un número para nada desdeñable de dirigentes políticos de la primera mitad del siglo pasado realizó de la izquierda al fascismo. La sustitución del concepto de clase (pero no solamente del concepto, también de la categoría interpretativa y de la palabra misma) por el concepto de nación en el pensamiento y el lenguaje político es un punto imprescindible para que se pueda aceptar el fascismo, como opción política y como ideología. La nación, suelo decir, es un peso que dobla la espalda de Bombacci, Marion y Pérez Solís y que convierte a unos importantes cuadros comunistas en unos propagandistas y en unos dirigentes fascistas.

Como afirmó Zeev Sternhell al estudiar la trayectoria de Mussolini y de los sindicalistas revolucionarios italianos que acabaron en el fascismo –en el otro libro imprescindible, junto al de Burrin, para encarar esta cuestión: Naissance de l’idéologie fasciste (París, Fayard, 1989)–, la clave está en la unión de muchos factores presentes ya en la manera de concebir la política durante la militancia socialista/comunista (el anticapitalismo, el activismo, el mito de la revolución, el odio por la democracia liberal y el parlamentarismo, la importancia otorgada a las élites) con el concepto de nación (que sustituye al internacionalismo), en determinados momentos históricos, generalmente marcados por la guerra (militar y/o política). Todo esto dentro de una revisión del marxismo de tipo antimaterialista.

¿Esto basta para comprender el tránsito de la izquierda al fascismo a inicios del siglo XX? 

Probablemente no, no es suficiente. La presencia de los cinco elementos enumerados anteriormente y la sustitución del concepto de clase por el de nación no consiguen desmontar completamente los tópicos del oportunismo y la teoría de los opuestos extremismos. Al análisis propuesto se debe añadir un “prisma” que pueda facilitar la lectura de estas vidas: la pasión de la política. Es ésta una cuestión compleja que la historiografía no ha investigado hasta ahora con la necesaria atención. Los dirigentes políticos que pasaron de la izquierda al fascismo en el período de entreguerras son una de las muchas ejemplificaciones en carne y hueso de esta pasión que atraviesa todo el siglo XX.

Se conciben las pasiones políticas como una problemática y un método distinto respecto al método demopolitológico y al método clasista: es decir, como el estudio no de reglas, ni de fuerzas objetivas, sino más bien de la subjetividad, en el interior de sus energías materiales. La pasión política no es entonces algo puramente platónico, desconectado del mundo, o algo neorromántico y neoidealista, sino algo tangible y real: la pasión por un cuerpo, que en el siglo XX, el siglo de los grandes partidos, no es otra cosa que la pasión por un partido.

El partido no fue una mera representación electoral o de intereses económicos y de clase, sino esencialmente un cuerpo apasionado, constituido por el entusiasmo, basado en el voluntariado y la pura pasión. Léase, entre otros, el Gramsci de lo Cuadernos de la cárcel o aquel maravilloso ensayo de Albert O. Hirschmann titulado Las pasiones y los intereses. Los tránsfugas, cuyas trayectorias se han investigado en este libro, declararon abiertamente la importancia que las pasiones tuvieron durante su itinerario político y subrayaron también, directa o indirectamente, la centralidad de las pasiones en la historia. Claro está que los tránsfugas no fueron los únicos que demostraron el peso y la importancia de las pasiones en la política de la primera parte del siglo XX.

Pero no cabe duda de que fueron un caso peculiar: al no querer renunciar a la pasión política que habían expresado en el partido comunista y/o socialista (y que estos partidos habían sabido –no sin contradicciones– canalizar y racionalizar), los Bombacci, los Marion y los Pérez Solís decidieron mantener esta pasión, pervirtiéndola, modificando su significado y cambiando su dirección, hasta convertirla en una pasión que se expresaba en el único partido existente (que canalizaba y racionalizaba esta pasión), después de que el fascismo llegó al poder en Italia, España y Francia en 1922, 1936 y 1940, respectivamente.

Freikorps

 Los partidos fascista y nazi volvían a dar vida a la camaradería guerrera. Imagen de Freikorps.

La diferencia entre estos diferentes cuerpos es de todos modos evidente: si los partidos socialista y comunista eran los cuerpos de un amor de justicia social –aunque cruel en algunos casos–, los partidos fascista y nazi eran cuerpos que volvían a dar vida a la camaradería guerrera que amaba el odio y se identificaba solo como enemigo de enemigos. Baste un ejemplo. En noviembre de 1933 Bombacci escribió no estar carente “della passione politica e dei requisiti richiesti per una dedizione completa all’ideale”. ¿Es solo una casualidad que Bombacci utilice este término en una carta dirigida al mismo Mussolini que se puede considerar su íntimo acto de conversión al fascismo? Yo creo que no…


ENTREVISTA A STEVEN FORTI: “LOS TRÁNSFUGAS DE LA IZQUIERDA A LA DERECHA DE ENTREGUERRAS NO FUERON LA EXCEPCIÓN, SINO LA REGLA”

marzo 2, 2013
Steven Forti

STEVEN FORTI (Trento, 1981) es doctor en Historia por la Universitat Autònoma de Barcelona y la Università di Bologna. Sus investigaciones están orientadas hacia la historia política del siglo XX, con particular atención a la de Europa de entreguerras en una perspectiva comparada. Así, se doctoró con la tesis El peso de la nación. Nicola Bombacci, Paul Marion y Óscar Pérez Solís en la Europa de entreguerras. Fue galardonada con el premio de la Cátedra Juana De Vega y el accésit del Premio Miguel Artola de la Asociación de Historia Contemporánea.

Más allá de tales reconocimientos, su trabajo disecciona un aspecto llamativo del radicalismo político: el tránsito del comunismo al fascismo a partir de las tres figuras políticas que dan título al mismo: el italiano Bombacci, el francés Marion y el español Pérez Solís.

La obra será publicada en la primavera de 2013 por la Universidad de Santiago de Compostela (a la vez que también verá la luz su Historia de los trabajadores de la construcción de CCOO de Cataluña, 1964-1992). Su tema nos ha parecido atractivo para nuestros lectores y le hemos entrevistado mediante un cuestionario.

Dada la extensión de sus respuestas publicamos la entrevista en dos partes. Esta es la primera y ela siguiente entrada mostrará la segunda. Le agradecemos desde aquí que haya accedido a nuestra petición, pues sus reflexiones permiten adentrarse en un tema poco explorado: el del tránsito del comunismo al fascismo.

¿Por qué le atrajo el transfuguismo del comunismo al fascismo como tema de estudio?

A veces uno acaba interesándose en algo y estudiando algo por casualidad. Hace aproximadamente una década me regalaron un libro, Il comunista in camicia nera, de Arrigo Petacco, una vulgarización repleta de imprecisiones de la vida de Nicola Bombacci. La verdad es que, más allá de la pésima novelización histórica de Petacco, el protagonista del libro me impresionó y me fascinó. Su trayectoria humana y política entre el socialismo maximalista y el fascismo, entre la fundación del Partido Comunista de Italia y la República de Saló, me pareció como mínimo extraña, aparentemente inexplicable, ciertamente excéntrica.

Me puse poco a poco a investigar más sobre Bombacci y me di cuenta de que la idea que había tenido al principio –Bombacci fue un voltagabbana o tránsfuga, como muchos que vistieron la camisa negra cuando el fascismo llegó al poder– no tenía consistencia tras un análisis histórico mínimamente serio. ¿Qué clase de oportunista podía ser Bombacci?

Si lo miramos desde un enfoque puramente de cálculo egoísta, su decisión de mantenerse antifascista (o como mínimo “afascista”) durante toda la primera década del régimen y su última decisión de seguir a Mussolini hasta el pelotón de fusilamiento de los partisanos no tiene sentido alguno. Si pensamos que uno de los fundadores del PCd’I acabó en Piazzale Loreto, después de no haber gozado de muchos favores durante el ventennio, mientras que jerarcas como Dino Grandi, Galeazzo Ciano, Giuseppe Bottai votaron en contra de Mussolini en la noche del 25 de julio o que el mismo Mariscal Pietro Badoglio sustituyó a Mussolini y lo hizo encarcelar tras veinte años en los más altos escalafones del régimen, algo no encaja. ¿Por qué Bombacci decidió llegar hasta el punto de morir por el fascismo? ¿Por fe? ¿Por ideología? ¿Por pasión?

Estas preguntas llevaban a otra pregunta: ¿Bombacci fue un caso excepcional? Según la historiografía existente y según las vulgarizaciones periodísticas, Bombacci fue una rara avis y un caso border line, único y casi irrepetible.

PCI

El transfuguismo del comunismo al fascismo en la Europa de entreguerras ha sido poco estudiado.

Leyendo más e investigando más sobre la cuestión, me di cuenta de que el caso de Bombacci no fue una excepción y de que su trayectoria tampoco fue tan extraña. En la Italia del período de entreguerras no fueron pocos los dirigentes políticos y sindicales de partidos de izquierda que se convirtieron al fascismo, sustituyendo el internacionalismo proletario por el culto de la nación, la lucha de clases por la armonía social, y el materialismo dialéctico marxista por un fuerte antimaterialismo espiritualista entrelazado a los valores cristianos.

Algunos de ellos fueron unos oportunistas, aprovechándose de las dinámicas políticas nacionales para llegar a posiciones de poder político y económico; otros no lo fueron, tomando unas decisiones que, como en el caso de Bombacci, nos pueden parecer como mínimo ilógicas desde el punto de vista económico. La pregunta que se hallaba al principio de todo empezaba a tener más importancia y la respuesta se hacía paulatinamente más complicada. ¿Cuánto peso se debía dar a las razones ideológicas en estos tránsitos de la izquierda al fascismo? ¿Cuánto influyó la pasión de la política y la pasión por la política en estos casos de transfuguismo.

¿Fue el transfuguismo una realidad política esencialmente italiana?

Al tener una visión más o menos completa del panorama italiano de entreguerras, se me planteó una pregunta más: ¿fue el caso de Italia una excepción en el conjunto europeo? O, más bien, ¿fue la normalidad? Decidí comparar el caso italiano con los casos de dos países de la Europa mediterránea: Francia y España.

Y, teniendo en cuenta las diferencias cronológicas y las distintas dinámicas nacionales, las analogías resultan ser más numerosas que las diferencias. Italia no fue una excepción.

En Francia hubo un número semejante de casos de dirigentes políticos y sindicales de formaciones políticas de izquierda que pasaron a las organizaciones fascistas en los años veinte y treinta, y en España el número de los tránsfugas en aquellos años no fue para nada desdeñable. Me dí cuenta de que la cuestión empezaba a tener una importancia y un peso bien diferente: el intento de encontrar una respuesta al caso aparentemente estrafalario de Bombacci me había llevado a plantearme una serie de preguntas sobre la historia política y del pensamiento político de la primera mitad del siglo XX.

¿Por qué hasta ahora no se ha investigado seriamente la cuestión del tránsito de la izquierda al fascismo en la Europa de entreguerras? ¿Por qué en los raros estudios existentes acerca de trayectorias de este tipo y sobre todo en las referencias a estos personajes en las historias del movimiento obrero de Italia, Francia y España no se ha logrado en la mayoría de los casos ir más allá de juicios políticos ex post y de condenas morales (o ridículas apologías)? O, en los mejores de los casos, sobre todo después de 1989, ¿por qué no se ha ido más allá de la utilización de estas trayectorias como demostración de la validez de la lógica de los opuestos extremismos, cimiento de la teoría del totalitarismo? Y, sobre todo, ¿qué han significado en la historia política y en la historia del pensamiento político de la época contemporánea estos tránsitos de la izquierda al fascismo?

¿Cree que el transfuguismo de la extrema izquierda a la ultraderecha fue frecuente? 

Yo no hablaría de transfuguismo de la extrema izquierda a la extrema derecha. Prefiero hablar de transfuguismo de la izquierda a la derecha en términos más amplios: el riesgo es de no tener en cuenta casos interesantes, como el del socialista Marcel Déat o de un reformista de izquierdas como Gaston Bergery. Sus orígenes, por ejemplo, no son la extrema izquierda, sino una socialdemocracia crítica con la experiencia soviética. Aclarado esto, suelo decir que los tránsfugas de entreguerras no fueron la excepción, sino la regla de la historia política.

Claro está que afirmar esto no es nada más que una provocación, pero algo de verdad hay en esta frase. Los números nos ayudan a entender la envergadura del fenómeno. Un fenómeno –hace falta recordarlo– que se ha estudiado solo en el caso de cuadros de formaciones políticas y no en los casos de los militantes o de los intelectuales. Pues, en este libro, más allá de los tres casos principales de Bombacci, Marion y Pérez Solís, he trazado la biografía de unos cincuenta dirigentes políticos de cierta envergadura que entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial dejaron su familia política de origen para pasar armas y bagajes a los respectivos movimientos fascistas que se crearon en estos tres países.

Los casos son distintos como lo son las vidas de estos individuos: comunistas, socialistas, sindicalistas revolucionarios o repúblicanos de izquierdas con diferencias en cuanto a familia, clase social, profesión, militancia… Y los tránsitos responden a estas diferencias, lógicamente.

Entre los seguidores de Mussolini de la primera hora figuraron significados izquierdistas.

Cobran importancia las dinámicas similares, como el heterogéneo grupo de los sindicalistas revolucionarios italianos –como Ottavio Dinale, Edmondo Rossoni, Tullio Masotti, Giovanni Bitelli, Livio Ciardi – que siguieron a Mussolini ya en la elección intervencionista de la Gran Guerra y en la fundación de los Fasci di Combattimento en la Piazza San Sepolcro de Milán en marzo de 1919. O a otros sindicalistas revolucionarios italianos que abrazaron el fascismo solo después de la Marcha sobre Roma, como Walter Mocchi, Amilcare De Ambris, Alibrando Giovannetti, Nicola Vecchi y Pulvio Zocchi, o con la Guerra de Etiopía de 1935, como en el caso de Arturo Labriola.

En Francia encontramos también una especie de grupo compacto: los comunistas franceses cercanos a Jacques Doriot, como Henri Barbé, Marcel Marschall, Alexandre Abremski, Victor Barthélemy, Victor Arrighi, Paul Guitard, Jean Fontenoy, François Chasseigne y Camille Fégy, que siguieron al alcalde de Saint Denis cuando dejó el PCF y fundó el Partido Popular Frances en junio de 1936.

En España hay menos casos respecto a Francia e Italia, debido, entre otras motivaciones, a la ruptura brutal de la Guerra Civil. Dos cosas resultan sintomáticas: los casos de tres de los fundadores de los dos Partidos Comunistas que se constituyeron en España en 1920 y 1921 (Pérez Solís, Ramón Merino Gracia y Mariano García Cortés) y los casos de la militancia juvenil de muchos de los miembros del primer núcleo de las JONS.

Nicola Bombacci

Nicola Bombacci en el centro de la imagen.

¿Quién fue Nicola Bombacci? 

Nicola Bombacci fue un personaje extramademente interesante de la historia política italiana de la primera parte del siglo XX. Un personaje incómodo que por mucho tiempo se ha querido olvidar o recordar de una forma grotesca y caricatural. Hasta los años ochenta del siglo pasado, en un número no despreciable de casos, el nombre de Bombacci había prácticamente desaparecido de los libros sobre el movimiento obrero italiano, el Partido Socialista y los orígenes del Partido Comunista. ¡Pero Bombacci había sido el secretario del PSI en el periodo clave del “biennio rosso” y, conjuntamente con Bordiga, Gramsci, Terracini y Togliatti, fue uno de los fundadores del PCd’I en Livorno en enero de 1921!

Como decía antes, este ha sido un punto clave para el comienzo de mis investigaciones hace unos años. Es decir, ¿cuál era la razón de este olvido y de aquella especie de banalización de su figura y de su trayectoria? De hecho, si algo se decía de Bombacci era para reirse de un caso border line, de un personaje de novela surrealista o para condenar al traidor de la clase trabajadora. La respuesta, claro está, se encuentra en su dramático final: el 28 de abril de 1945 Bombacci acabó fusilado a orillas del lago de Como con el fundador del fascismo, Benito Mussolini, y, al día siguiente, colgado por los pies en la gasolinera de Piazzale Loreto en Milán al lado del Duce, de su amante, Claretta Petacci, y de algunos jerarcas del fascismo de Salò, bajo un cartel en el que escribieron “Supertraditore”.

Parece una broma de la historia y un gran regalo para los defensores de la teoría del totalitarismo… ¿Es esta una razón suficiente para borrar del mapa a un personaje sin duda sui generis, pero también muy interesante para entender tanto el nacimiento, el auge y la derrota del movimiento obrero italiano en la época liberal como la rápida victoria del fascismo y su capacidad para conseguir el consenso de buena parte de la sociedad italiana?

Es interesante notar una cosa más: si a mediados de los ochenta se impulsaron algunas investigaciones históricas serias sobre la biografía de Bombacci que se convirtieron en publicaciones, como las de Serge Noiret y Guglielmo Salotti,1 en el último año y medio en Italia se han publicado tres libros sobre su itinerario político que son absolutamente prescindibles. O, más bien, son publicaciones peligrosas, ya que simpatizan con el personaje sin presentar nuevos descubrimientos en archivos, alejándose de una verdadera investigación histórica y acercándose a pseudo-hagiografías hechas por sectores de la derecha o la extrema derecha. En el verano de 2011 se publicó el libro Sangue romagnolo. I compagni del Duce. Arpinati, Bombacci, Nanni escrito por Giancarlo Mazzuca, periodista y entonces diputado por el partido de Berlusconi,2 mientras que en otoño de 2012 salieron dos volúmenes escritos por jóvenes estudiantes de la universidad y publicados por editoriales cercanas a la derecha política italiana, sobre todo en un caso.3 Y, last but not least, en noviembre de 2012 la editorial neofascista española, Ediciones Nueva República, publicó casi todos los escritos del Bombacci fascista traducidos al castellano con una introducción de Erik Norling.4 ¿Es solo una extraña coincidencia que en un momento de gravísima crisis económica, social y política distintos sectores de la (extrema) derecha política y mediática recuperen la figura de Bombacci?

Pero volvemos a la biografía de Bombacci. Nacido el 24 de octubre de 1879 en Civitella di Romagna, un pueblo muy cercano a Predappio, donde cuatro años más tarde nació Mussolini, después de una breve experiencia en el seminario, Bombacci se convirtió en maestro. Fue activo en el mundo sindical desde principios de siglo en el norte de Italia, entre Crema, Piacenza y Cesena, y consiguió ser elegido miembro del Consejo Nacional de la Confederación General del Trabajo (CGdL) en 1911.

En Módena, durante el primer conflicto mundial, fue el líder indiscutible del socialismo local: entre las guerras balcánicas y la Revolución Rusa fue al mismo tiempo secretario de la Bolsa de Trabajo, secretario de la Federación socialista provincial de Módena y director del periódico socialista Il Domani. En julio de 1917, fue nombrado miembro de la dirección del Partido Socialista italiano, en el que colaboró con el intransigente secretario del partido Costantino Lazzari y el director del periódico socialista Giacinto Menotti Serrati. En 1918, el último año de guerra, después de las detenciones de Lazzari en enero y Serrati en mayo, Bombacci se quedó prácticamente solo al timón del partido.

Favorable a una política firmemente antirreformista, centralizó y verticalizó todo el socialismo italiano: por primera vez las federaciones provinciales del partido y el grupo parlamentario socialista (GPS) dependieron directamente de la dirección del PSI, a la cual se conectaban también las organizaciones sindicales y cooperativistas rojas. En agosto de 1919 redactó con Serrati, Gennari y Salvadori el programa de la fracción maximalista, que ganó en el XVI Congreso Nacional del PSI (Bolonia, 5-8 de octubre de 1919). Fue elegido secretario del partido el 11 de octubre y, al mes siguiente, en las primeras elecciones políticas generales de la posguerra, consiguió el acta de diputado en la circunscripción de Bolonia con más de cien mil votos. Fue sin duda una de las figuras más importantes y visibles del socialismo maximalista del “biennio rosso”.

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Bombacci  fue una de las figuras más importantes del socialismo maximalista del “biennio rosso” (imagen de “guardias rojos” durante este bienio).

En enero de 1920 presentó un proyecto de constitución de los Soviets en Italia, que obtuvo pocos consensos y muchas críticas y contribuyó de todas formas a abrir un intenso debate teórico en la prensa socialista. En el mes de abril Bombacci fue el primer socialista italiano en encontrarse con los representantes bolcheviques en Copenhague, y en ese mismo verano fue uno de los miembros de la delegación italiana en la Rusia soviética, donde formó parte del Segundo Congreso de la Internacional Comunista. Ese otoño fundó la Fracción comunista del PSI, conjuntamente con Antonio Gramsci, Amadeo Bordiga, Egidio Gennari y Antonio Graziadei. Como director del periódico Il Comunista, en el XVII Congreso Nacional del PSI (Livorno, 15-21 enero 1921), optó claramente por la escisión, y llegó a ser uno de los miembros del Comité Central del nuevo Partido Comunista de Italia, sección italiana de la III Internacional (PCd’I).

Bombacci fue elegido diputado en las listas comunistas en mayo de 1921 por la circunscripción de Trieste, pero se quedó aislado respecto a los ordinovistas de Gramsci, Togliatti, Terracini y Tasca y los abstencionistas de Bordiga, no tenía pues una propia corriente en el nuevo partido. Bombacci se situó entonces en el ala derecha del nuevo PCd’I con Misiano y Presutti, favorable al reacercamiento con los maximalistas del PSI y contraria al partido sectario e ideologizado de Bordiga. Rápidamente se lo apartó de los centros directivos comunistas, empezando por el CC del partido.

La polémica llegó hasta las más altas esferas soviéticas en diciembre de 1923, cuando el Comité Ejecutivo del PCd’I decidió unilateralmente su expulsión del partido sin consultar a la Internacional Comunista. Se acusaba a Bombacci, entonces secretario del Grupo Parlamentario Comunista, de haber hecho referencia a una posible unión de las dos revoluciones –la bolchevique y la fascista– en una intervención en la Cámara del 30 de noviembre de 1923. De hecho, Bombacci, bajo consejo del embajador soviético en Italia, Jordanski, había puesto sobre la mesa la cuestión de un tratado económico italo-ruso, muy deseado por el Kremlin. En enero de 1924, se le llamó a Moscú, donde representó a la delegación italiana en los funerales de Lenin. Zinoviev decidió su reincorporación al PCd’I, en aquellos meses diezmado por la campaña de detenciones del Gobierno fascista de Mussolini.

Pero de vuelta a Italia, Bombacci no participó casi nunca en la actividad del Partido Comunista y empezó a trabajar para la Embajada rusa en Roma, al servicio del comercio y la diplomacia soviética. En 1925 fundó la revista L’Italo-Russa y una homónima sociedad de import-export, que ya a finales del año siguiente desaparecieron. Su alejamiento del partido fue evidente y en julio de 1927 los dirigentes comunistas italianos en el exilio decretaron su expulsión definitiva.

En los años siguientes Bombacci siguió viviendo en Roma con su familia. La colaboración con la embajada soviética parece que no se prolongó más allá de 1930. Las necesidades económicas y la difícil situación de salud de su hijo Wladimiro, que necesitaba curas por una grave enfermedad, lo llevaron a pedir ayuda a jerarcas del régimen y luego al mismo Mussolini, con el cual había tenido relaciones políticas en la etapa giolittiana. El Duce le concedió unas cuantas subvenciones y le encontró un empleo en el Instituto de Cinematografía Educativa de la Sociedad de Naciones en Roma.

A partir de 1933 Bombacci se acercó cada vez más al fascismo. A principios de 1936, Mussolini le permitió fundar La Verità, una revista política alineada con las posiciones del régimen, que, aparte algunas interrupciones debidas a la oposición del fascismo intransigente, se publicó hasta julio de 1943. En el proyecto colaboraron otros exdirigentes políticos de partidos de izquierda como Alberto y Mario Malatesta, Ezio Riboldi, Walter Mocchi, Giovanni Bitelli, Angelo Scucchia, Giovanni Di Legge, Mario Guarnieri y Silvio Barro. Bombacci no obtuvo nunca el carnet del Partido Nacional Fascista (PNF), aunque lo pidió más de una vez al jefe del fascismo, a quién escribía a menudo.

Los cadáveres de Mussolini y Bombacci fueroncolgados en Piazzale Loreto.

Después de la caída del fascismo el 25 de julio de 1943 y de la liberación de Mussolini en septiembre, con la siguiente creación de la República Social Italiana, Bombacci decidió ir voluntariamente a Saló, donde parece que fue una especie de consejero de Mussolini. Desde entonces el fundador del PCI alcanzó más protagonismo. Su capacidad oratoria y su cercanía al mundo de las clases trabajadoras podían ser útiles para la propaganda fascista. Bombacci publicó unos cuantos opúsculos sobre los peligros del bolchevismo y la degeneración estaliniana de los principios socialistas, dio conferencias entre los obreros en las plazas del norte de la península y se preocupó de la cuestión social, e incluso llegó a ser considerado uno de los redactores del proyecto de la “socialización”, muy publicitado por el fascismo republicano. Bombacci se quedó junto a Mussolini hasta el final en Piazzale Loreto que he recordado anteriormente.

[continuará en la siguiente entrada]

Notas

1 Guglielmo Salotti, Nicola Bombacci da Mosca a Salò, Roma, Bonacci, 1986 (edición revisada y ampliada: Nicola Bombacci. Un comunista a Salò, Milán, Mursia, 2008) y Serge Noiret, Massimalismo e crisi dello stato liberale. Nicola Bombacci (1879-1924), Milán, FrancoAngeli, 1992.

2  Giancarlo Mazzuca y Luciano Foglietta, Sangue romagnolo. I compagni del Duce. Arpinati, Bombacci, Nanni, Bolonia, Minerva, 2011. Aquí se puede leer una reseña crítica que publiqué en la revista digital italiana Storicamente: http://www.storicamente.org/03_biblioteca/schede/mazzucca_forti.html Antes de este libro, otra vulgarización banalizante, repleta de errores historiográficos y que hacía guiños a la derecha en el análisis de la trayectoria de Bombacci, fue la de Arrigo Petacco, Il comunista in camicia nera. Nicola Bombacci tra Lenin e Mussolini, Milán, Mondadori, 1996.

3 Daniele Dell’Orco, Nicola Bombacci, tra Lenin e Mussolini, Cesena, Historica, 2012 y Claudio Cabona, Nicola Bombacci. Storia e ideologia di un rivoluzionario fascio-comunista, Génova, Liberodiscrivere, 2012.

4 Nicola Bombacci, Mi pensamiento sobre el bolchevismo, introducción de Erik Norling, Molins del Rei, Ediciones Nueva República, 2012.


LA UNIDAD DE ESPAÑA O EL LEGADO FRANQUISTA DEL REY

enero 8, 2013

“La noche del Rey” fue el título de la entrevista televisada que Jesús Hermida hizo al monarca.

EN LA ENTREVISTA TELEVISADA DEL REY de la nocha del dia 4 de enero, el monarca se refirió a la  necesidad de consenso y unidad, rechazó “intransigencias” que conllevaban “políticas rupturistas” y reconoció que una de las asignaturas pendientes de España era “la vertebración del Estado”. Lo ha expresado así de lacónico: “una cosa que falta yo creo que es la vertebración del Estado” (véase el PDF de la entrevista:  entrevista al Rey). Ahora deberíamos saber en qué sentido considera que debe abordarse esta vertebración: ¿Instaurar un concierto económico catalán? ¿Suprimir el vasco?

A falta de elementos, dejamos la cuestión abierta. No obstante, debe tenerse en cuenta que mantener “la unidad de España” no es un tema menor en la figura de Juan Carlos I, pues constituye la única petición explícita que le hizo Franco.

La única petición de Franco: mantener la unidad de España

En este marco, como hemos expuesto en nuestro estudio Franco y los Borbones, debe recordarse que el dictador solo le pidió al Rey -entonces príncipe- una cosa: que mantuviera la unidad de España.  Hoy parece olvidarse que, en realidad, cuando el régimen llegaba a sus postrimerías Franco -como era habitual- dejó gran autonomía a Juan Carlos. Así, entre 1969 y 1975 jamás visitó La Zarzuela. Cuando el príncipe le pedía consejo, le contestaba que “su alteza puede arreglarse solo”.

Franco y Juan Carlos.

Así las cosas, cuando Juan Carlos visitó al dictador durante su agonía, recibió su postrer mensaje: “La última vez que le vi –explicó el actual monarca a José Luis de Vilallonga- apenas podía hablar. Pero la intensidad de su mirada lo decía todo. La última frase que salió de su boca en mi presencia, cuando ya se hallaba prácticamente en agonía, fue: ‘Alteza, prometedme que pase lo que pase mantendréis siempre la unidad de España’. Más que sus palabras, lo que más me impresionó sobre todo fue la fuerza con que sus manos apretaron las mías para decirme que lo único que me pedía era que preservara la unidad de España. La fuerza de sus manos y la intensidad de su mirada. Era muy impresionante. La unidad de España era su obsesión. Franco era un militar para quien había cosas con las que no se podía bromear. La unidad de España era una de ellas”.

De hecho, el testamento del dictador fue explícito al respecto:

“[...]. Por el amor que siento por nuestra patria os pido que perseveréis en la unidad y en la paz y que rodeéis al futuro Rey de España, don Juan Carlos de Borbón, del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado y le prestéis, en todo momento, el mismo apoyo de colaboración que de vosotros he tenido. [...] Mantened la unidad de las tierras de España, exaltando la rica multiplicidad de sus regiones como fuente de la fortaleza de la unidad de la patria“.

Lo que queda de la “monarquía del 18 de julio”

En consecuencia, se da la paradoja de que el único legado explícito que queda de la “monarquía del 18 de julio” o de la Corona instaurada por Franco es, precisamente, el afán de mantener la unidad de España,  que el actual monarca -por motivos obvios que transcienden la lealtad al dictador- también comparte.

La agenda política catalana, marcada por la independencia, marca a la española.

En suma, el desafío independentista catalán, de un plumazo, vuelve a poner sobre la mesa la principal inquietud de un Franco moribundo y recuerda que la unidad de España fue el único compromiso explícito del monarca con el dictador.

Veremos hasta qué punto la evolución política le permitirá mantenerlo.


¡ LLEGAN LOS BARRENDEROS POPULISTAS!

diciembre 10, 2012

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Propaganda de la PxC: Josep Anglada barre la “casta política” corrupta.

LA ESCOBA HA SIDO EL SÍMBOLO DEL POPULISMO ANTIELITISTA por excelencia y su irrupción en el primer plano  de la política catalana deja muy claras las tendencias de este tipo que anidan a derecha e izquierda. Arriba, en el periódico de propaganda electoral de la Plataforma per Catalunya [PxC], Josep Anglada aparece barriendo lo que la jerga del partido denomina “casta” política parásita.

Abajo, la izquierdista Entesa per Sabadell [ES], una formación de las Candidatures Alternatives del Vallès [CAV], con dos ediles en el consistorio de esta población (obtuvo el 7.1% de los votos), ha editado este grafismo. Como es sabido, en estos momentos el alcalde de la ciudad, el socialista Manuel Bustos, está imputado en el marco de la llamada “Operación mercurio”.

El pasado dia 2 de diciembre se realizó una manifestación en esta ciudad convocada por ES, ICV, EUiA y la CUP. Ésta partió de la plaza de Sant Roc, en el ayuntamiento, y sus participantes marcharon con escobas hasta los juzgados, bajo el lema “Fuera corruptos de Sabadell”.

entesa per sabadell

Así pues, las escobas simbólicas son cada vez más visibles en Cataluña, lo que denota un clima de antielitismo rampante: “los de abajo” están hartos de “los de arriba” y envían un mensaje claro: hace falta “un gran barrido”.

El precedente de Força Ciutadana / Fuerza Ciudadana

Pero la escoba como símbolo antielitista tiene un precedente claro. En el 2006 un partido ya hizo bandera de la escoba: Força Ciutadana-Fuerza Ciudadana [FC’s], constituido ese año, pretendía impulsar una política al margen de ideologías, hecha por profesionales y por los afectados por los problemas de cada sector. Su logotipo tenía un evidente carácter protestatario y era harto explícito de sus fines: una escoba para barrer a los políticos no cumplidores.

Su líder era Ignasi Rubio, un piloto de aviación comercial y abogado de 36 años de errática trayectoria política. La inició con una “toma de contacto” con ERC para “conocer su proyecto político”; después fue vicepresidente de Nuevas Generaciones del PP; luego, miembro de CiU (avalado por Pujol); posteriormente declinó organizar las juventudes del PSC en Terrassa (Barcelona) por ser “un cambio demasiado radical”.

FC’s quería expandirse por España y preveía presentar listas en el País Vasco y Andalucía. Concurrió a las elecciones locales en Barcelona con el lema “Te vamos a escuchar” y manifestó la voluntad de recuperar los vínculos entre instituciones y ciudadanía y tuvo el apoyo de la profesora Gotzone Mora, entonces militante socialista. Cabe pensar que sus pobres resultados (591 sufragios, 0.1%) abortaron el proyecto. Fue el primer partido “Ciudadano” fallido.

Sería Ciutadans quien enarbolaría la bandera de la protesta en Cataluña.

Un símbolo antielitista recurrente

Escoba Rexismo

De hecho, la escoba ha sido un tema recurrente en la retórica populista y antielitista, especialmente en la extrema derecha. Lo ilustran de modo claro los dos carteles de la extrema derecha belga que reproducimos. El superior es de 1936, difundido por el llamado Rexismo, el movimiento fascista católico que lideró Léon Degrelle (1906-2014) en la época de entreguerras. El lema del póster -”Groote kuisch”- es gráfico: “la gran limpieza”.

Medio siglo después recuperó el mismo tema y en iguales términos (seguramente no por azar) el partido ultraderechista Vlaams Blok [Bloque Flamenco, hoy Vlaams Belang, Interés Flamenco] en este cartel, que tenía el mismo lema:

Los riesgos de la “gran limpieza”

El “gran barrido” de las corruptelas políticas explicita un antielitismo de los “de abajo”, el sano pubelo llano, contra “los de arriba”, la casta política que se comporta de forma oligárquica y solo contempla sus intereses. El riesgo que conlleva este discurso es el de configurar una deriva antiparlamentaria, en la medida que acabar con las corruptelas y la “vieja política” que las ha hecho posible se puede llegar a cuestionar el conjunto de las estructuras democráticas.

En este sentido… ¿Es casualidad que a medida que se agitan las escobas aumente en los sondeos el porcentaje de los españoles que aceptarían un gobierno autoritario hasta alcanzar este noviembre el 19% en un barómetro del CIS? El aviso es claro, desde nuestra perspectiva: cuidado con los escobazos o la “cultura de las escobas”, ya que históricamente entre barrenderos políticos ha anidado el espítiru caudllista.


LA HERENCIA DEL FRANQUISMO EN EL DOCUMENTAL “LOS COLONOS DEL CAUDILLO”

diciembre 6, 2012

Trailer del documental.

“LOS COLONOS DEL CAUDILLO” (Franco’s Settlers) es un documental realizado por los cineastas  Lucía Palacios y Dietmar Post  que fue presentado en Berlín el pasado mes de noviembre. En él exponen la historia y memoria del pueblo de Llanos del Caudillo (Ciudad Real), una de las 300 nuevas localidades creadas por el gobierno de Franco en los años cincuenta y sesenta.

A continuación reproducimos un fragmento de la crónica que publicó sobre éste Rafael Poch, corresponsal en la capital germana de La Vanguardia,  (02/11/2012).

Presentado en Berlín un documental sobre la España de hoy

[...]

Con “Los Colonos del Caudillo” los autores lanzan una “doble mirada” a unos de los 300 pueblos nuevos creados por el régimen en los años cincuenta y sesenta, fundamentalmente en Castilla y Extremadura, para abonar la hoja de parra de su dimensión “social” falangista. El resultado una especie de Koljoz manchego del que la mayoría de los beneficiados huyeron en cuanto la emigración, bien a la España desarrollada, bien a Europa, abrió la perspectiva de una vida más libre y desahogada. Cincuenta mil familias participaron en aquellas obras sociales dirigidas por el Instituto Nacional de Colonización inspirado en la Italia de Mussolini, con el objetivo de potenciar, “al hombre antiurbano y antiobrero, apegado a la tierra, temeroso de Dios y devoto al régimen, del cual es deudor de todo: casa, tierra y trabajo, todo bajo control del partido”.

El documental narra, sin música ni efectos, la historia de Llanos del Caudillo (Ciudad Real). Su mirada es doble, porque Palacios nació en un pueblo de los alrededores y lidia con lo familiar y conocido, mientras que Post aporta la estupefacción y el asombro del foráneo ante el crudo universo ibérico. Hay una sucesión de entrevistas a los vecinos del pueblo, sus autoridades (alcaldes, curas y maestros), así como las suficientes excursiones al contexto, de la mano, entre otros de Felipe González y del ministro falangista José Utrera Molina, como para que el espectador, independientemente de su nacionalidad y nivel de información se pregunte: ¿Qué es España hoy?, ¿Cómo es posible que haya tantas contradicciones? Es decir la pregunta con la que está incubando la actual tormenta perfecta de incierto resultado y que, por lo visto, va a poner a prueba nuestra calidad como sociedad.

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Montaje de propaganda del documental.

Solo en La Mancha quedan 800 calles dedicadas a José Antonio Primo de Rivera y 500 a Franco. Los Llanos del Caudillo, uno de la docena de pueblos celtíberos que aún lleva el nombre del Insigne, no quiere cambiar su nombre. El alcalde, Santiago Sánchez, ya lo intentó en un referéndum de 2003, y perdió. Una de las escenas más deprimentes del documental es cuando se le pregunta a una clase de niños del pueblo sobre la conveniencia o no de cambiar el nombre: 12 de los 13 niños son partidarios de mantener al caudillo.

Poco importa que una mano guerrillera transforme el rótulo de entrada al pueblo, tachando la elle y la ese de “llanos” y convirtiendo su nombre en un anarco “Ano del Caudillo” porque estamos ante algo más que una broma: el drama miserable de un país que no ha hablado de su historia, que tiene en sus cunetas 115.000 desaparecidos, cien veces más que los del Chile de Pinochet y trece veces más que los 9000 de la pesadilla militar argentina. Un país que creía haber hecho una “modélica transición” y que hoy, sometidos aquellos narcisismos a las actuales terapias de choque, se asombra al verse tan fea ante el espejo de su triple crisis, con su flamante democracia evidenciada como corrupto y tradicional neocaciquismo ibérico, su juez Garzón inhabilitado, y sus nacionalismos coqueteando con la ruptura.

“Esta película refleja muy bien la realidad de la España actual”, dice Carlos Castrana, fiscal del Tribunal Supremo. “Va a sorprender a mucha gente en España”, augura Felipe González. A falta de festivales de cinematografía, será en una España itinerante, con una campaña de cine ambulante por pueblos, instituciones vecinales, escuelas y asociaciones, explican sus autores. Todo muy de acuerdo con los tiempos y las circunstancias de una eventual regeneración hispana. Con “Los Llanos del Caudillo” Post y Palacios han puesto el dedo en la llaga nacional.


¿POR QUÉ A LOS CATALANES LES LLAMAN POLACOS?

diciembre 1, 2012

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CATALUÑA HA SIDO EL PIAMONTE DE ESPAÑA PRIMERO, POLONIA DESPUÉS Y HOY ES SU ESCOCIA. Así lo hemos analizado en un artículo en el diario catalán Ara (30/XI/2012), cuya lectura recomendamos para entender la diferente percepción de Cataluña en España. Su acceso es gratuito previo registro clicando aquí.

De los calificativos señalados en el artículo el más llamativo y menos conocido es el de “polacos”. ¿Pero cuál es su origen?

España: “la Polonia del mediodía”

El origen de su carga peyorativa en relación a los catalanes es incierto y posiblemente remite a su uso político iniciado en la España del siglo XIX, que conoció un largo y cambiante recorrido. Según un brillante y documentado estudio del historiador Juan Fernández-Mayoralas ( “La Polonia del mediodía: un tópico polaco en la historia española”, 2002), la identificación de España con Polonia se difundió durante el Sexenio Democrático (1868-1874), cuando el país temió convertirse en la “Polonia del mediodía” ante la combinación de inestabilidad política, injerencia de potencias extranjeras en los asuntos internos y la amenaza de ruptura de su integridad territorial.

El Sexenio Democrático y el miedo a ser Polonia

Independencia de Cuba, revista la flaca,1873_Ésta última llegó a su cenit tras proclamarse la Primera República en 1873 y sus gobiernos se vieron obligados a combatir en tres frentes: una nueva contienda carlista,  una insurrección cantonal y un levantamiento en Cuba (arriba, caricatura sobre el mismo de La Flaca).

Fernández-Mayoralas describe cómo cuajó el temor a que España deviniera una nueva Polonia trazando un amplio y sugerente fresco internacional. Reproducimos una larga cita de su argumentación por su interés ilustrativo:

[…] Si Francia, “vanguardia de la raza latina”, se sentía insegura ante su futuro tras la amputación de Alsacia-Lorena [tras la victoria prusiana], ¿qué podía esperar España, pobre, atrasada e inestable, agitada por la revolución y asolada por la guerra civil? Tan generalizada estaba entonces la creencia en su irremediable decadencia, tan aceptada la idea fatalista de que las naciones estaban sujetas ciclos inexorables, que mientras los españoles temían ser la “Polonia del Mediodía”, el estado mayor prusiano, eufórico por la victoria, soñaba con que Francia sería pronto una “segunda España”.

Para los observadores del siglo XIX, resultaba evidente que la España de 1872 se parecía mucho a la Polonia de 1772. Cuando ejercía la hegemonía en la marca oriental de Europa, Polonia tuteló la infancia de las potencias que habrían de acabar con ella. Los reyes polacos concedieron un título real a sus vasallos, los marqueses de Brandenburgo; los dominios polacos llegaban al mar Negro cuando el señor de Moscú era un régulo oriental; en 1683 un polaco salvó la capital de los Habsburgo de la suerte de Constantinopla. Sólo una decadencia biológica o una degeneración moral podía explicar que un siglo después pereciese desmembrada, minada por los vicios de la monarquía electiva y víctima del egoísmo de sus notables, siempre dispuestos a solicitar ayuda extranjera para solventar sus diferencias. También aquí se achacaban los males de España a la división interna, a la incapacidad de los partidos para sacrificar los intereses de su facción al bien común; también aquí se temía la intervención extranjera.

La búsqueda de un candidato para el trono español recordaba las intrigas que habían sentado a un sajón sobre el polaco, comienzo de su rápida decadencia. En muchos aspectos, los españoles de 1872 se sentían tan humillados como los polacos de 1772: tras dominar Italia durante siglos, tendrían ahora por rey al vástago de una casa ducal despreciada por la aristocracia hispana; después de haber sido por largo tiempo una potencia de primer orden, veían que ahora otras naciones intervenían con descaro en sus asuntos internos, lanzaban vetos y amenazaban con “poner orden”. Aquellas ex-colonias inglesas que un día se emanciparan con ayuda de Carlos III pretendían ahora arrebatar a España, descubridora y conquistadora de las Americas, los últimos jirones del que un día fuera el mayor de los imperios. Lejanos, olvidados los esplendores de antaño, los españoles del siglo XIX se sentían atrasados e ignorantes respecto a las “naciones cultas”. A finales del siglo XVIII los poderosos pronunciaron una terrible sentencia: Finis Poloniae ¿Había llegado el momento del Finis Hispaniae? En esta crucial encrucijada, en esta hora decisiva de la evolución del nacionalismo español, un espectro recorría la Península: era el fantasma de los repartos de Polonia.

El catalanismo mira hacia Polonia con admiración

PratDespués de que España superara este momento crítico, la referencia a Polonia persistió y marcó a los nacionalismos periféricos emergentes, en la medida que era un modelo a seguir por estos: se trataba de “una nación vital, con una cultura floreciente, capaz de suplir con patriotismo la carencia de un Estado”. 

En el caso del catalanismo, señala Fernández-Mayoralas, Polonia fue asumida como referente explícito por Enric Prat de la Riba (en la imagen) “como demostración de la eternidad y santidad de las patrias”, tal como reflejó ya en 1894 su Compendi de doctrina catalanista:

¿Qué diferencia existe entre el Estado y la patria? El Estado es una entidad política artificial, voluntaria; la Patria es una comunidad histórica, natural, necesaria. Lo primero es obra de los hombres; la segunda es fruto de las leyes a las que Dios ha sujetado la vida de las generaciones humanas. ¿Qué ejemplo de la historia contemporánea hace palpables estas diferencias? El de Polonia. El Estado polaco murió cuando los ejércitos de Austria, Rusia y Prusia la descuartizaron; pero Polonia continuó y continua siendo la única patria de los polacos.

La posguerra: ¿Cataluña ocupada como Polonia?

En este contexto, ignoramos cuando la identificación positiva entre Cataluña y Polonia devino peyorativa en el ámbito español, pues la investigación mencionada no aborda esta cuestión. No obstante, dado que el uso despreciativo del término “polaco” aplicado a los catalanes se difundió bajo el franquismo no se puede descartar que en medios castrenses se equiparase a la Cataluña ocupada por las fuerzas sublevadas en enero de 1939, cuando era cercano el fin de la Guerra Civil, con la Polonia ocupada y dividida entre rusos y alemanes en septiembre del mismo año.

El antropólogo Roger Costa así lo ha planteado en la revista Sàpiens, aunque es una mera hipótesis. Lo formula en estos términos: “ambos hechos [la ocupación de Cataluña y la de Polonia] se habrían equiparado en ambientes militares durante la posguerra y ello habría dado pie a este uso estigmatizador de la palabra polaco aplicada a los catalanes”.

caída de barcelona

Las autoridades franquistas despliegan una bandera española en la Generalitat.

Sin embargo, debe remarcarse que el uso de esta palabra [polaco] como insulto no se generalizó fuera de los cuarteles hasta la década de los setenta, quizás de forma paralela a la extensión de las manifestaciones populares y sin ambigüedades de afirmación catalanista en escenarios públicos”.

Tenemos pues, una cierta idea de cómo los polacos se convirtieron en “polacos” primero por voluntad propia y luego a su pesar, aunque no cesaron de ser vistos como unos potenciales regeneradores de España.

De Polonia como estigma a Polonia como identidad

La asociación de Cataluña con Polonia dio un nuevo giro en febrero del 2006, cuando comenzó a emitirse en TV3 un programa semanal de sátira política titulado Polònia (en inequívoca referencia a la alusión peyorativa de los catalanes como “polacos”), cuya parodia de líderes y partidos obtuvo un enorme éxito de audiencia.

Grafismo del programa de sátira política “Polonia”.

Hoy este programa es un referente y permite pensar que Polonia vuelve a ser un espejo de Cataluña, pero ahora muy distinto del que imaginó Prat, pues conforma una visión crítica e irónica de la realidad política catalana y la española. Es una reapropiación más del gentilicio que -visto lo hasta aquí expuesto- probablemente no será la única, como apunta el gag de este programa que reproducimos a continuación.

Gag de “Polònia” del 2007 en el que Franco muestra simpatías por la Polonia gobernada por los gemelos derechistas Jaroslaw y Lech Kaczynski.


NOTAS DE LECTURA: FRANCO Y LOS JUDÍOS: LA GRAN IMPOSTURA*

octubre 24, 2012

 

Franco y Hitler en su entrevista Hendaya en octubre de 1940.

“ESPAÑA IMBUIDA DE SU ESPÍRITU CRISTIANO  y universal de amor a todas las razas de la tierra contribuyó al rescate de judíos y procedió más por intereses espirituales que por razones políticas o simplemente jurídicas”, afirmó el representante de Franco en la ONU en 1949. Sin embargo, su declaración era un cúmulo de falsedades.

De hecho, si miles de fugitivos del nazismo se salvaron bajo pabellón español durante la contienda (podrían haber sido 35.000), ello obedeció a presiones internacionales que recibió el dictador y a las iniciativas de un puñado de sus diplomáticos que actuaron por su cuenta y riesgo en varios países europeos, amparando a los perseguidos. En realidad Franco quiso una España judenrein o “purificada de judíos”, por lo que permitió su aniquilación. Derrotado el Eje, para legitimarse ante los Aliados el autócrata no dudó en presentar como propia la labor hecha por sus abnegados representantes. Ahora el reputado periodista de investigación Eduardo Martín de Pozuelo (La Jonquera, 1952) describe los detalles de esta cínica actuación en El franquismo, cómplice del Holocausto, recurriendo a documentos desclasificados en archivos estadounidenses, holandeses y británicos.

La conexión Franco-Hitler

La política judía de Franco conoció un giro. En noviembre de 1940 su gobierno se interesó por la suerte de los sefarditas de Francia, lo que hizo pensar a los nazis que “los españoles tienen un gran interés en proteger a los judíos de nacionalidad española”. Sin embargo, ello constituyó un espejismo, pues el régimen pronto devino antisemita y su proceder confundió a los propios alemanes. Y es que cuando España medió posteriormente por algunos judíos lo hizo “tarde, mal, en voz baja y sin usar los recursos diplomáticos disponibles”. Además, Madrid “reclamó a Berlín los bienes materiales de los deportados a los que negó el pan y la sal”, lo que convertía a la dictadura en cómplice del genocidio.

Portada de E. Martín de Pozuelo, El franquismo, cómplice del Holocausto (Libros de Vanguardia, Barcelona, 2012, 264 pp.,  22 euros).

¿Por qué Franco se condujo de ese modo? Posiblemente por dos razones, apunta el autor. Por una parte, por su creencia de que los judíos que acogiera serían aliadófilos y alimentarían su oposición interna y, por otra, por el estrecho alineamiento del régimen con Alemania. En este sentido, Martín de Pozuelo plantea de modo plausible que el golpe de Estado de 1936 se gestó cuatro años antes estimulado por nazis de Heinrich Himmler.

Así, Barcelona habría sido el “centro de agitación a favor del nazismo más importante de España” y los agentes hitlerianos habrían contactado aquí con el capitán Luis López Varela, entonces hombre de confianza del general Emilio Mola y uno de los militares alzados en 1936. Para el autor, las relaciones entre activistas germanos y oficiales españoles previas a la sublevación explicarían el hecho de que cuando ésta se inició, Franco recibió una generosa ayuda bélica alemana con sorprendente rapidez. Con la colaboración hitleriana previa al golpe “los lazos hispano nazis se tornaron indisolubles”, creándose las bases de una complicidad genocida.

Mirando bajo la alfombra

La obra recorre asimismo otros aspectos del franquismo y de la Transición, como el esfuerzo del Rey por calmar a militares inquietos por los cambios, su disgusto al conocer que Adolfo Suárez sería candidato en 1977 (al temer que su fracaso electoral comprometiera a la Corona) o la definición que hizo Manuel Fraga del futuro monarca: “un boy scout pero sincero e inteligente”.

El resultado es un ensayo ágil y sólido, que combina con acierto divulgación e investigación. Impacta al desmitificar la impostura de Franco sobre los judíos y es sugerente al plantear un influjo nazi en la rebelión de 1936. Y a la vez que muestra la miseria que el franquismo guardó debajo de la alfombra, hace aflorar la grandeza de sus diplomáticos que, desafiando a Madrid y Berlín, salvaron a miles de judíos. En definitiva, es una lectura más que recomendable.

(*) Reseña publicada en ”La gran impostura”, suplemento Cultura/s de La Vanguardia (10/X/2012), p. 11


NOTAS DE LECTURA: EN 1938 COMPANYS QUISO NEGOCIAR UNA PAZ CON FRANCO A TRAVÉS DE GRAN BRETAÑA*

octubre 10, 2012

El presidente catalán Lluís Companys.

EL 22 DE ABRIL DE 1938  un consejero del premier Neville Chamberlain recibió a Josep Mª Batista i Roca, enviado por Lluís Companys para explorar una paz por separado de Cataluña con Franco bajo mediación británica. En junio Batista perfiló su proyecto, incluyendo al gobierno vasco en él mismo: si fructificaba un armisticio, vascos y catalanes aspiraban a mantener su autonomía, desmilitarizar el País Vasco y la zona mediterránea (“Barcelona, Valencia y las islas Baleares”), garantizar los intereses ingleses y colaborar industrialmente con “las democracias occidentales en caso de necesidad”. Los británicos no quería a España balcanizada, aún tutelando a dos países subordinados, y rechazaron mediar. No obstante, Batista continuó su empeño hasta que la ocupación de Cataluña  le puso fin.

El historiador Enrique Moradiellos narra este episodio y reproduce el memorando de Batista en La Guerra de España (1936-1939). La obra recopila trabajos ya publicados que ha actualizado y abordan cuatro cuestiones centrales: ¿Fue decisiva la intervención extranjera en nuestra guerra? ¿Cómo benefició a Franco la neutralidad británica? ¿Se apoderó Juan Negrín del oro republicano? ¿Por qué retornan viejas visiones del conflicto? Sus respuestas son ponderadas y sólidamente documentadas.

Enrique Moradiellos, La guerra de España. Estudios y controversias (RBA, Barcelona, 2012, 380 pp.).

Así, demuestra cómo la intervención exterior fue determinante, lo que Manuel Azaña apuntó en 1939: “Una barrera ‘sanitaria’ a lo largo de las fronteras y costas españolas, habría dejado en pocos días a los españoles sin armas [...] y hubieran tenido que […] hacer las paces”. El autor disecciona el papel de Gran Bretaña en la conflicto: investiga cómo favoreció a los rebeldes, analiza el peso de los estereotipos en la percepción del conflicto y reconstruye el periplo de Batista. Cuestiona que Negrín malversara fondos republicanos tras efectuar un pormenorizado balance de su gestión y concluye el volumen examinando el retorno de tópicos franquistas insostenibles y la difusión de una visión arcádica de la República.

Tales debates remiten a una reflexión del historiador Y. H. Yerushalmi que Moradiellos reproduce: “la opción no es la de tener o no un pasado, sino más bien qué clase de pasado quiere uno tener”. En tal sentido, es de agradecer que su obra facilite uno con menos prejuicios.

(*) Reseña publicada en el suplemento Cultura/s de La Vanguardia (26/IX/2012), p. 11.


GRECIA: LAS INQUIETANTES COMPLICIDADES ENTRE FUERZAS DE SEGURIDAD Y AMANECER DORADO

agosto 21, 2012

Milicias de Amanecer dorado.

El asesinato de un joven iraquí de 19 años el pasado 13 de agosto en Atenas a manos de cinco desconocidos identificados como ultraderechistas ha tenido lugar mientras se realizaba la Operación Zeus Xenios, una ofensiva policial contra la inmigración irregular.

El crimen, según la información publicada en El País-  tuvo lugar al amanecer, cuando cinco jóvenes descendieron de cuatro motocicletas y le golpearon y agredieron con una navaja y falleció al cabo de unas horas en el hospital. Este episodio de violencia contra inmigrantes no ha sido el único que ha tenido lugar, sino que tales hechos han proliferado.

¿Las fuerzas de seguridad son impotentes ante tales hechos?

Vínculos  inquietantes entre neonazis y fuerzas de seguridad

Una información de la corresponsal de ABC en Atenas, Begoña Castiella, publicada el 18 de junio apuntaba la existencia de inquietantes complicidades entre fuerzas del orden y el partido neonazi Amanecer Dorado, formación a la que -según un estudio electoral- los cuerpos de seguridad habrían podido votar en una proporción muy elevada.

Reproducimos íntegramente el artículo a continuación por su interés para los lectores de este blog:

Hoy tanto el partido de los radicales Syriza (Coalición de la Izquierda Radical) como el partido Andarsía (cuyas iniciales significan insurrección en griego pero corresponden a Colaboración Anticapitalista de Izquierda para el Derrocamiento) han denunciado el ataque efectuado contra sus kioskos electorales ayer viernes por la noche en la Plaza Central de Ano Liósia, un ayuntamiento muy desfavorecido a las afueras de Atenas.

Un grupo de más de veinte personas del partido nacionalista extremista Amanecer Dorado se presentó con sus motos en la explanada, a las nueve de la noche, hora en la que había mucha gente tanto en los kioskos como circulando por la zona, al grito de «sangre, honor, Amanecer Dorado» (en griego rima: Ema, timí, Xrisí Avguí). Se bajaron de las motos y comenzaron a circular entre la gente con palos y cuchillas de forma amenazante, dirigiéndose hacia los stands electorales de los radicales de Syriza y de Andarsía.

Un policía griego mantiene retenidos a unos inmigrantes residentes en Atenas.| Efe/Pantelis Saitas

Operación policial de control de emigrantes en Grecia.

Un grupo de policías que se encontraba en la plaza no se movió ante las amenazas y los insultos que lanzaban los extremistas. Finalmente dos agentes se acercaron y pidieron a los neonazis que se retiraran. Al hacerlo, derribaron otro kiosko electoral del partido nacionalista Griegos Independientes, escisión de Nueva Democracia, aprovechando que en ese momento no había nadie del partido presente.

La denuncia termina con la frase «este incidente es uno más de las patrullas terroristas de motoristas del Amanecer Político en Ano Liósia y las zonas circundantes. Denunciamos la actividad terrorista de esta organización fascista y la “inexplicable” tolerancia del mecanismo estatal frente a esta organización, ya que objetivamente alienta esta acción».

Un estudio cuidadoso de los resultados electorales de las pasadas elecciones de mayo reveló que en los centros electorales cercanos a la Dirección General de Seguridad de Atenas y al Centro de las Fuerzas Especiales, cuyos policías no residentes en Atenas podían ir a votar, tuvieron un porcentaje altísimo de votantes de Amanecer Dorado comparado con elecciones anteriores.

Cartel del film Zeta.

Un crimen con aire de “Zeta”

Los acontecimientos expuestos nos traen a la memoria la célebre novela Z, de Vassilis Vassilikos, publicada en 1967, traducida a más de 30 idiomas y que dio pie a la película homónima, Z. Ésta  fue dirigida por Constantin Costa-Gavras (que también fue su guionista junto a Jorge Semprún) y con música de Mikis Theodorakis realizada en 1969 y que mereció dos Óscar (a la mejor película extranjera y al mejor montaje).

Escenas de Z que muestran a los ultraderechistas en acción.

El argumento ofrece cierta familiaridad con lo que ocurre en Grecia: recrea las circunstancias que rodearon el asesinato del político heleno  Gregoris Lambrakis acaecido en 1963, en el que fueron decisivas las complicidades entre fuerzas de seguridad y la extrema derecha cuando el crimen es investigado por un magistrado honesto. Cuando éste último logra procesar y condenar a los implicados, en 1967 tiene lugar el golpe de Estado militar llamado “de los coroneles” que establece una dictadura e imposibilita que se haga justicia cumpliendo las penas los culpables.

Minutos finales de Z con subtítulos en castellano.

El film comienza con la frase “Cualquier parecido con la realidad no es fruto del azar, es voluntario”. El problema de la violencia neonazi actual que se produce en Grecia es que ésta no es una ficción fílmica sino una alarmante  realidad y nada indica que vaya a aminorar. Más bien tenderá a aumentar.


CURSO DE VERANO: “PASADO Y PRESENTE DEL NAZISMO”

junio 12, 2012

El pasado y presente del nazismo será objeto de un cruso de verano en la UPF.

ESTE SEPTIEMBRE (del dia 3 al 14)  coordinamos un curso de verano en la Universitat Pompeu Fabra (UPF) dedicado al nazismo (“Passat i present del nazisme”) que pretende ofrecer perspectivas distintas a las habituales. El curso constará de nueve sesiones matinales de tres horas y media en catalán o castellano en función del profesorado: Rosa Sala Rose, Francisco Veiga, Carles Viñas y Xavier Casals.

Se impartirá a partir de los 30 estudiantes inscritos con plazas limitadas. El período de matrícula es del 14 de mayo al 24 de agosto de este año. En caso de estar interesado en asistir, clicar aquí.

Importante: Desde el blog únicamente damos cuenta de la existencia del curso y no mantendremos correspondencia sobre el mismo. Los interesados en él deben dirigirse a la UPF, al espacio indicado para matricularse o a los teléfonos y direcciones aquí indicados.

El programa es el siguiente:

Sessió 1 (3/IX/2012). Professora Rosa Sala Rose

L’univers antisemita alemany del segle XIX

Encara que l’antisemitisme és un fenomen que es pot rastreajar a la història de totes les nacions europees, el cas alemany resulta peculiar: Durant els segles XVIII i XIX l’antisemitisme va interferir amb la construcció nacional d’aquest país, que encara era mancat d’un Estat propi. La sessió analitzarà més a fons la dinàmica d’aquest singular procés.

 Sessió 2 (4/IX/2012). Professora Rosa Sala Rose

La dimensió esotèrica del nazisme

Analitzar el nazisme partint únicament dels aspectes socioeconòmics implica obviar elements fonamentals per explicar la profunditat amb la qual aquest moviment va incidir en la població alemanya. Resulta igualment important partir de la història de les mentalitats i considerar els diversos aspectes que van fer que el nazisme, més que una ideologia, fora una autèntica religió política. L’anomenat “esoterisme nazi”, freqüentment evitat pels historiadors, és un d’ells.

 Sessió 3  (5/IX/2012). Professor Francisco Veiga

Més enllà de la Landstrasse: la dimensió eurasiàtica del nazifeixisme

El canceller Metternich va dir que Àsia començava més enllà de la Landstrasse de Viena. Com un reflex d’aquest eurocentrisme, la nova ultradreta germànica va mantenir una especial relació d’admiració i rebuig cap a Àsia: els jueus i les hordes asiàtiques van ser contemplades des del principi com cares de la mateixa moneda. Però a Àsia també es podrien trobar les essències més pures de l’europeïtat, una cosa que va fascinar als nazis, però també a diversos moviments feixistes de l’Europa oriental. D’altra banda, a Àsia es poden rastrejar alguns orígens del feixisme europeu, i Japó es va convertir en l’aliat més resolt i espiritualment més proper del nazisme.

Sessió 4 (6/IX/2012). Professor Xavier Casals

El nazisme de la postguerra i el mite Europa

Després de la posguerra el nazisme tingué greus dificultats per reorganitzar-se. Assajà crear organitzacions internacionals, com el Nou Ordre Europeu i la Unió Mundial de Nacional-Socialistes i, a la vegada, generà el mite d’Europa com a mobilitzador, plasmat a Jove Europa. Tanmateix, l’únic indret del món on es plasmà la utopia racial fou a Sudàfrica.

Sessió 5  (7/IX/2012). Professor Carles Viñas

Els skinheads. Origens i evolució d’un estil heterogeni

Descripció dels estils precedents que afavoriren la concreció de l’estil skinhead a Gran Bretanya a finals dels anys seixanta. Anàlisi de la seva gènesi i evolució. Exposició de com s’importà i arribà a l’Estat espanyol, detallant les seves singularitats i dinàmiques pròpies, incidint en elements que caracteritzaren el seu desenvolupament, com la seva politització o la participació en els grups de seguidors radicals de futbol.

Sessió 6 (10/IX/2012). Professor Carles Viñas

Els nous espais del nazisme. Els caps rapats com a element renovador

Anàlisi de com afectà la politització a l’estil i com els caps rapats neonazis ocuparen l’espai polític de l’extrema dreta arran del seu declivi electoral. Observació de les relacions entre els grups de caps rapats i les formacions ultradretanes i com aquestes han evolucionat. Descripció de les organitzacions neonazis creades per caps rapats a l’Estat espanyol.

Sessió 7  (12/IX/2012). Professor Xavier Casals

Del racisme al etnodiferencialisme

Tot i que hom acostuma a considerar l’actual extrema dreta com una resurgència del nazisme, en realitat aquesta té un punt de partida substancialment diferent: rebutja el racisme i exalta l’etnodiferencialisme: l’elogi de la diferència cultural. Als anys seixanta l’anomenada Nova Dreta feu una teorització al respecte que posà els fonaments d’un nou extremisme dretà.

Sessió 8 (13/IX/2012). Professor Francisco Veiga

L’aliança roig-parda: nacionalsocialisme i ultradreta a Euràsia des de 1990

La desintegració de l’URSS i la desaparició de l’anomenat bloc de l’Est van donar lloc a uns sistemes polítics poc equilibrats en els què la ultradreta aviat va cobrar una gran importància, ocupant el lloc de l’esquerra i aliant-se obertament amb les seves restes, des de Moscou a Belgrad, passant per Bucarest o Kíev. Ha prosperat aquest moviment o ha quedat com un miratge del passat? Ha ajudat a la generació d’una nova ultradreta europea? ¿Arriba el fenomen fins a Àsia?

Sessió 9 (14/IX/2012). Professor Xavier Casals 

Nova ultradreta o vells feixismes?

Tot i que hom acostuma a considerar a la nova ultradreta com un fenomen recurrent o un retorn del nazifeixisme, en realitat conforma un moviment d’oposició a la Globalització des de la dreta. Quins són el elements de continuïtat i ruptura de la nova ultradreta en relació als feixismes d’entreguerres?


1962: EL ENLACE DE JUAN CARLOS I SOFÍA Y FRANCO: LA BODA Y EL GENERAL

junio 8, 2012

La  boda de Juan Carlos y Sofía en 1962 tuvo un importante transfondo político.

HACE CINCUENTA AÑOS, el 14  de mayo de 1962, Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia se casaron en Atenas. Formaron entonces un tándem decisivo para lograr el Trono, cuyo ocupante  tenía que designar Franco según la ley de sucesión vigente desde el 1947. En este marco, los prometidos navegaron entre las aguas de El Pardo y las de Estoril, donde vivía el padre del príncipe, don Juan de Borbón, con el título de conde de Barcelona.

Este último quería que su hijo se casara con una princesa, y el enlace con Sofía lo satisfizo: “Nos hemos entregado de una ‘fabiolada’”, comentó, en alusión a la boda celebrada entre Balduíno de Bélgica y la aristócrata española Fabiola Mora y de Aragón en 1960. Pero el enlace proyectó una amenaza sobre el inquilino de Estoril: la del balduinismo. Igual que el impopular  Leopoldo III de Bélgica abdicó en su hijo Balduíno el 1951 bajo la presión popular, don Juan temía que la boda de Juan Carlos tuviera un efecto similar.

Para Franco, la boda abría una incógnita. El príncipe Juan Carlos era su favorito como futuro rey. Pero este casamiento le creaba recelos. Le desagradaban las princesas griegas al atribuir al rey Pablo de Grecia la condición de masón, y existía la posibilidad que, después de casarse, la pareja se instalara fuera de España.

En suma, la boda de Juan Carlos y Sofía fue algo más que un episodio de crónica rosa, como demostramos en el artículo que publicamos en el diario catalán Ara y al que se puede acceder registrándose de modo gratuito.

***

FAMÍLIA REIAL UNA HISTÒRIA POLÍTICA

Mig segle després de casar-se, el matrimoni entre Joan Carles i Sofia és una ficció

Aniversari reial sense res a celebrar

HISTORIADOR | Actualitzada el 13/05/2012 00:00

Quan es compleixen les noces d’or de Joan Carles I i Sofia, el matrimoni passa pels seus moments baixos. El distanciament afectiu és ostentós (amb la relació del monarca amb Corinna zu Sayn-Wittgenstein) i el familiar també. Tanmateix, quan es van casar a Atenes el 14 de maig del 1962 van formar un tàndem decisiu per assolir el tron, l’ocupant del qual l’havia de designar Franco segons la llei de successió vigent …
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NOTAS DE LECTURA: “¡MARCHANDO HACIA LA TUMBA!” O UNA CRÓNICA DEL EXTERMINIO

mayo 18, 2012

 Vassili Grossman, impulsor de El libro negro junto a Ilyà Ehreburg.

HEMOS PUBLICADO en La Vanguardia-Cultura/s (9/V/2012) una recensión de la magnífica crònica de Vasili Grossman i Ilyà Ehreburg, El libro negro (Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2011) bajo el título “¡Marchando hacia la tumba!”, que reproducimos a continuación

EN 1942 UN GRUPO DE CIENTÍFICOS y escritores judíos (que incluía a Albert Einstein) concibió la idea de reunir testimonios del exterminio cometido por Hitler en la URSS y los reputados escritores Vassili Grossman (1905-1964) e Ilyà Eherenburg (1891-1967) lideraron un amplio equipo de colaboradores con tal fin. El resultado de su labor fue El libro negro de los atroces crímenes en masa perpetrados por los fascistas alemanes contra los judíos en los territorios ocupados de la Unión Soviética y los campos de concentración de Polonia durante la guerra (1941-1945). Trabajaron en él desde 1943 y para elaborarlo reunieron 27 volúmenes de documentos, de los que seleccionaron y editaron materiales agrupados en tres categorías: cartas, diarios y relatos de víctimas; crónicas elaboradas por escritores, y declaraciones o dietarios de verdugos.

Pero el proyecto suscitó recelos del Kremlin al constatar que población soviética (especialmente letones y ucranianos) participó en el genocidio y, finalmente, en 1947 paralizó su publicación. Sus detractores incluso afirmaron que ofrecía “una versión engañosa del verdadero carácter del fascismo”, pues presentaba como objetivo del nazismo exterminar a los judíos y ocultaba sus crímenes contra otras nacionalidades. Así, El libro negro se difundió fuera de la URSS, mientras en Rusia durmió en una carpeta hasta 1993, cuando mereció una cuidada edición. Ésta contó con un prólogo del historiador Ilyà Altman que reconstruyó la odisea del texto y que ahora se ha traducido al castellano.

La obra constituye una crónica extraordinaria de la aniquilación judía que puede resumirse en una frase que los verdugos gritan a sus víctimas: “¡Marchando hacia la tumba!” (“En die Grube marsch”). De este modo, muestra como los nazis llevan a cabo su proyecto con frialdad (“Aquellas ejecuciones eran justas”; “Soy un hombre de temple firme”, comenta uno de ellos), eficacia (para hallar judíos escondidos un comandante aconseja “involucrar a los niños pequeños […] bajo promesa de dejarlos [...] con vida”) y, sobre todo, brutalidad. Ésta última se plasma en violaciones, torturas y vejaciones de todo tipo, el asesinato de niños estrellando sus cuerpos contra el suelo (estaba prohibido dar a luz en los guetos) y genera actos de sadismo, como ejecuciones de grupos tendidos en zanjas que son aplastados por caballos lanzados al galope. A la vez, recoge duros momentos que atraviesan las víctimas, como el caso de un padre preso en Auschwitz que es obligado a clasificar ropa de niños gaseados y halla el vestido de su hija.Sin embargo, El libro negro también ilustra la solidaridad de la población hacia los perseguidos, su resistencia heroica en lugares como Treblinka o Varsovia o su enrolamiento en las filas del Ejército Rojo.

Podría pensarse que la obra, en la medida que reúne testimonios heterogéneos a lo largo de 1.200 páginas, conforma una compilación de materiales no concebida para ser leída, sino consultada. Tal percepción es un craso error: Grossman y Eherenburg la dotaron de enorme interés al configurar un retablo de horrores polifónico.

Imargen del gueto de Varsovia.

Eso sí, al adentrarse en su contenido el estado de ánimo deviene similar al que exhibe la superviviente Rajil Fradis-Milner tras exponer sus dramáticas vivencias: “Mi corazón se ha hecho de piedra. Creo que si le clavaran un cuchillo no saldría de él ni una gota de sangre”. lla barbarie de sus páginas y la fuerza de sus testimonios aún hoy sobrecoge y golpea al lector.


EL POPULISMO QUE VIENE (143): UN ANTICATALANISMO PANCATALÁN

mayo 4, 2012

En los últimos años se ha desarrollado un anticatalanismo pancatalán de matriz blavera.

HEMOS PUBLICADO un artículo en el diario catalán Ara (10/IV/2012), “L’espanyolisme també creu en els Països Catalans”, en el que analizamos el anticatalanismo que se ha desarrollado en el ámbito de los llamados “Països Catalans”.

En este sentido, exponemos en el artículo, que parece plausible pensar que se ha producido una difusión estatal del anticatalanismo propio del valencianismo blavero. Esta difusión  se habría iniciado iniciado por primera vez a finales del siglo XX, a raíz de las campañas dirigidas contra Jordi Pujol en los años noventa por apoyar al gobierno de Felipe González. Entonces Pujol fue presentado como el gran manipulador de la política española desde la trastienda, plasmando de este modo el mito por exelencia del blaverismo que denuncia la existencia de un “criptopoder” catalán, pero que ahora no desearía ya controlar los “Països Catalans”, sino el Estado.

En el siglo actual este anticatalanismo se habría expandido ampliamente en España a través de campañas dirigidas contra el gobierno tripartito de la Generalitat. Entoces círculos políticos y mediáticos recuperaron el juego de metáforas empleado una década atrás para denunciar ahora al presidente José Luis Rodríguez Zapatero como “secuestrado” por el ejecutivo catalán, muy especialmente por el vicepresidente del mismo, Josep-Lluís Carod-Rovira.

Puede leerse el artículo completo de modo gratuito registrándose previamente.

L’espanyolisme també creu en els Països Catalans

XAVIER CASALS 

BARCELONA | Actualitzada el 10/04/2012 00:00

Convivència Cívica Catalana (CCC) i el seu president, Francisco Caja, han agafat notorietat recentment per la lluita contra la immersió lingüística i per haver difós unes balances fiscals catalanes pròpies que presenten un superàvit del 2,1%. Aquest posicionament de CCC en el debat polític català reflecteix que la seva activitat té una dimensió ideològica que transcendeix la defensa de drets lingüístics …
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ENTREVISTA A EDUARDO GONZÁLEZ CALLEJA: “LOS AÑOS TREINTA FUERON LA ÉPOCA DORADA DE LA ULTRADERECHA ESPAÑOLA”

abril 20, 2012
EDUARDO GONZÁLEZ CALLEJA es un historiador polifacético, que destaca tanto por su amplio conocimiento de la violencia política en la España contemporánea como de los grupos fascistas y de derecha radical en la Europa de entreguerras. En ambos temas es considerado un experto de referencia por sus estudios.
Y es que este profesor en la Universidad Carlos III  ha publicado un monumental fresco en lo que a España se refiere con sus excelentes trabajos, especialmente La razón de la fuerza. Orden público, subversión y violencia política en la España Restauración (1874-1917)  (CSIC, 1999);  El máuser y el sufragio. Orden público, subversión y violencia política en la crisis de la Restauración (1917-1931) (CSIC, 2005); y ahora Contrarrevolucionarios. Radicalización violenta de las derechas durante la Segunda República, 1931-1936 (Alianza).
El resultado es una extraordinaria  panorámica de la violencia política en nuestro país por su larga perspectiva cronológica, riqueza de datos e ingente consulta de fuentes.
Por todo ello, hemos considerado de interés para nuestros lectores entrevistarle en relación a su última aportación, Contrarrevolucionarios,  que disecciona a la ultraderecha y derecha radical en la era republicana, incluyendo a la CEDA, a los monárquicos alfonsinos y carlistas, y a los movimientos fascistas.
Le agradecemos su amabilidad al contestar nuestras preguntas, que arrojan luz nueva sobre este espectro político a partir de su ambicioso y mas que recomendable estudio.

¿Por qué afirma que los años treinta fueron la época dorada de la extrema derecha española?

Tendemos a pensar que el franquismo fue el paraíso de la extrema derecha, pero sólo hay que ver la suerte que corrieron las diferentes tendencias contrarrevolucionarias, encorsetadas y mixtificadas bajo un régimen militar que les dio pocas opciones de desplegar una actividad política e ideológica independiente, para considerar seriamente que esto no fue así.

Pese a las apariencias, el franquismo no fue un paraíso para la ultraderecha.

Si pensamos en la extrema derecha como una opción independiente en un marco político pluralista, habríamos de convenir que nunca hasta los años treinta este segmento tan volátil del espectro político había tenido una caracterización contrarrevolucionaria tan plena, y unas lecturas políticas tan ricas y contrastadas. Y ello fue debido al desmoronamiento de la derecha liberal parlamentaria, a la debilidad de la derecha democrática (en su versión liberal-conservadora o social-cristiana) y al eclipse temporal como actores político-institucionales de la Iglesia, la Monarquía y el Ejército.

¿Por qué ha empleado el término “contrarrevolucionarios”?

Porque los diferentes sectores de la derecha manifestaron públicamente que su estrategia prioritaria era la lucha contra la revolución que identificaban in toto con la República democrática. Y ello es así por culpa de un malentendido fundamental: como atestiguan multitud de discursos de la época, los propios republicanos contemplaron la proclamación de la República como un hecho revolucionario.

En mi libro El máuser y el sufragio advierto que las jornadas del 12 al 14 de abril de 1931 no pueden conceptuarse ni como una transición ni como una insurrección, sino como una fiesta popular revolucionaria. Para la opinión republicana, el establecimiento de una República democrática que desplegaba una amplia voluntad reformista era un signo de ruptura total con el pasado que merecía tal apelativo.

Las derechas radicalizadas tomaron buena nota, y muy pronto (ya durante el debate del texto constitucional) se manifestaron en contra de este proyecto, atacando indistintamente República, democracia y revolución desde una perspectiva contrarrevolucionaria explícitamente asumida por todas sus tendencias.

 ¿Por qué  las diversas organizaciones derechistas no establecieron un proyecto común ?

Porque mostraron una sorprendente sintonía en los medios para acabar con la República, pero una fuerte discrepancia en cuanto a los fines, esto es, al régimen resultante del asalto a la democracia. Las derechas coordinaron su táctica antirrevolucionaria en diversas ocasiones (la más llamativa, antes del verano de 1936, fue en octubre de 1934), pero no consensuaron una alternativa contrarrevolucionaria aceptable para todas las tendencias.

A pesar de los debates doctrinales que implicaron a las diferentes familias de la derecha en revistas como Acción Española, existían notables discrepancias entre el modelo de Estado totalitario falangista, la “monarquía militar” del alfonsismo o el corporativismo carlista y cedista. Todas estas querellas se aparcaron cuando las distintas tendencias derechistas aparcaron sus diferencias para intervenir en el complot militar en situación subordinada. A cambio, hubieron de aceptar el proyecto político propuesto por el sector golpista del Ejército. Creyeron que era una solución provisional, pero Franco se ocupó de hacerlo perdurar, al precio del sacrificio parcial de los proyectos contrarrevolucionarios elaborados por los grupos civiles.

Habitualmente se considera al Falangismo como el punto de partida del “fascismo español”. ¿Debemos matizar tal idea?

En efecto. La distinción clásica entre fascismo-movimiento y fascismo-régimen podría extenderse para hablar de una cultura fascista española que ni arranca del falangismo ni se deja atrapar en exclusiva en la historia de este partido.

Además de los antecedentes que podríamos calificar de “prefascistas”, y que pueden rastrearse en los años diez y veinte (en los grupos de La Acción o La Traza, o el primorriverismo, que estudié con Fernando del Rey en La defensa armada contra la revolución, 1995), no deben desdeñarse las experiencias precursoras de La Conquista del Estado de Ramiro Ledesma, las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica de Onésimo Redondo o el Movimiento Español Sindicalista de José Antonio Primo de Rivera. Falange Española de las JONS fue el resultado —un poco artificioso, si se quiere— de la unión de todas estas tendencias.

De ahí su errática trayectoria y sus repetidas crisis en 1934-35, hasta que la coyuntura absolutamente imprevista de la guerra civil le brinde la oportunidad de convertirse en el gran partido único de masas del fascismo español.

¿Hasta qué punto las organizaciones de aquella época dejaron un discurso que perduró en la ultraderecha del siglo XX (y eventualmente XXI)?

Tras plantear la salvedad de que los discursos contrarrevolucionarios de las derechas españolas de los años treinta fueron convergentes, pero en absoluto idénticos, podemos constatar que dichos discursos han impregnado profundamente la cultura política de la ultraderecha española más tradicionalista y nostálgica del pasado hasta épocas relativamente recientes. Creo que el punto de no retorno fue el fracaso del golpe de 1981.

Como los grupos ultraderechistas de otras latitudes (Italia o Francia, por ejemplo), la extrema derecha española hubo de reinventarse en un sentido menos fascista y tradicionalista para instalarse en un cierto populismo y una aceptación instrumental de la democracia liberal. Pero la gran novedad es el abandono del corporativismo y el intervencionismo estatal para convertirse al neoliberalismo más feroz.

La cadena Intereconomía, como la COPE, reflejaría a una ultraderecha española que se asemeja a los neocon o a la derecha religiosa americana.

Ahora, la ultraderecha que no está necesariamente en el PP se asemeja más a los neocon o a la derecha religiosa americana que al viejo franquismo. Sólo hay que ver Intereconomía o la COPE para constatarlo.


ANTE LA NOSTALGIA DE DICTADURA MILITAR, UN FILM A RECUPERAR: “VOGLIAMO I COLONNELLI”

abril 15, 2012

EN LA ANTERIOR ENTRADA hemos comentado una propaganda nostálgica de la dictadura franquista, “Vuelva general”. Debe tenerse en cuenta que la exaltación de gobiernos militares fue una característica del neofascismo hasta bien entrados los años setenta, cuando lo plasmó el film coetáneo Vogliamo i colonnelli  (del que disponemos de versión en castellano, Queremos los coroneles).

Dirigida en 1973 por Mario Monicelli y con Ugo Tognazzi como estrella, la película constituye una sátira del neofascismo italiano que trama y desarrolla un golpe de Estado. Especialmente hilarante en algunos pasajes, la obra refleja la percepción existente de la ultraderecha en la época.

Inicio del film en el que un atentado de la ultraderecha es atribuido de manera tosca a la extrema izquierda.

El film de retrata así las conexiones entre ambientes filogolpistas del Parlamento y organizaciones neofascistas extraparlamentarias, sin olvidar conexiones cn la dictadura helena de los coroneles. Con buen ritmo narrativo y sentido del humor, la obra  (nominada en el Festival de Cannes a la Palma de Oro como mejor película) ofrece un sugerente y divertido testimonio del neofascismo de los años setenta.

El fracaso del golpe debido a la confusión creada por un cortocircuito.


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