NOTAS DE LECTURA: CUANDO BARCELONA ERA “LA ROSA DE FUEGO”*

noviembre 18, 2012

Obreros amotinados durante la Semana Trágica en la Barcelona de 1909.

“ROSA DE FUEGO” era la expresión empleada por anarquistas de América al referirse al empaque revolucionario de la Barcelona de inicios del siglo XX. Pese a ello, en 1900 un patrono catalán, José Badía, veía al proletariado de la urbe poco radical: “El obrero es bueno, útil y dócil, pero en demasía impresionable”. ¿Cómo eran entonces los trabajadores de la capital catalana? Joaquín Romero Maura (Niza, 1940), doctorado en historia por Oxford, lo explica en La rosa de fuegoEl obrerismo barcelonés de 1899 a 1909  (RBA, Barcelona, 2012, 732 pp.).

Publicado en 1974 y ahora reeditado, este estudio de 400 páginas (y 300 de anexos y notas) reconstruye con minucia y perspicacia las condiciones de vida del proletariado, muestra las fluctuaciones de su encuadramiento político y organizativo, los altibajos de su violencia y sus nexos con el anarquismo y el republicanismo entre la derrota colonial de 1898 y la Semana Trágica de 1909. Su reedición está más que justificada por dos razones. Una es su estilo ágil y narrativo, que combina con habilidad explicaciones complejas y anécdotas ilustrativas, como la de un desertor preso que captó el carácter efímero de la insurrección anticlerical de 1909: liberado por los revoltosos, se negó a huir de la cárcel arguyendo que “eso que hacéis durará ocho días, y entonces me la cargaré por desertor y por revolucionario”. La otra es el gran conocimiento de las fuentes que refleja el autor, que le permite cuestionar tópicos arraigados, como reducir el influjo de Alejandro Lerroux a su demagogia (cuando fue un hábil constructor de partido) o mostrar el carácter poliédrico del anticlericalismo. Es, pues, una obra de referencia que resiste de modo admirable el paso del tiempo.

Un gran fresco de Barcelona

El libro traza una gran panorámica política y social de la Barcelona de la época, una ciudad cosmopolita de más de medio millón de habitantes (de los que 150.000 eran obreros) y culturalmente tributaria de Londres, París y Berlín. Expone como aquí los clamores regeneracionistas posteriores al desastre se tradujeron en el fin de las elecciones amañadas (el censo electoral de 1899 tenía 100.000 votantes, incluyendo a 27.328 ficticios y excluyendo a 37.000 verdaderos) y el hundimiento de los partidos dinásticos ante el empuje de nuevas fuerzas que conformaban partidos de masas, el catalanismo y el republicanismo acaudillado por Lerroux, mientras el movimiento obrero se reorganizó sentando las bases de su futuro crecimiento.

En este marco, la formación de Solidaritat Catalana, una candidatura que en 1906 unió a catalanistas, republicanos y carlistas (para oponerse al proyecto de ley de jurisdicciones) fue un catalizador político decisivo, pues favoreció tanto a la Lliga (su discurso catalanista devino hegemónico) como a Lerroux (que se mantuvo al margen de ésta y se creó un perfil propio, a diferencia de los republicanos “solidarios”). A la vez, en 1907 se constituyó la federación Solidaridad Obrera, que reunió a anarquistas, socialistas y lerrouxistas. Dos años después, la Semana Trágica puso de relieve cómo se habían establecido estrechos vínculos entre los obreros y Lerroux.

Un pasado muy presente

El resultado es un ensayo excelente, cuya lectura ofrece un incentivo inesperado en la medida que el paisaje político quedescribe reviste llamativas concomitancias con el actual. Nos referimos, por ejemplo, al descrédito de la política de los partidos tradicionales (que un personaje de un drama teatral de 1905 explicitaba así: “Político y hombre de bien no puede ser”); al enorme influjo de Cataluña en España, que el conde de Romanones (varias veces ministro), sintetizó de este modo: “Durante un cuarto de siglo, los gobiernos de España han vivido pendientes de las vibraciones catalanas”; o a los agricultores de Monzón (Huesca) que en 1898 pedían recortar gasto al Estado en estos términos: “La patria nos cuesta más de lo que vale. Para que estemos satisfechos de haber nacido en ella, hay que abaratarla”. ¿No resulta hoy todo ello de una familiaridad inquietante?

(*) Reseña publicada en ”“Ecos del pasado”, Cultura/s, La Vanguardia (3/X/2012), pp. 12-13.


NOTAS DE LECTURA: FRANCO Y LOS JUDÍOS: LA GRAN IMPOSTURA*

octubre 24, 2012

 

Franco y Hitler en su entrevista Hendaya en octubre de 1940.

“ESPAÑA IMBUIDA DE SU ESPÍRITU CRISTIANO  y universal de amor a todas las razas de la tierra contribuyó al rescate de judíos y procedió más por intereses espirituales que por razones políticas o simplemente jurídicas”, afirmó el representante de Franco en la ONU en 1949. Sin embargo, su declaración era un cúmulo de falsedades.

De hecho, si miles de fugitivos del nazismo se salvaron bajo pabellón español durante la contienda (podrían haber sido 35.000), ello obedeció a presiones internacionales que recibió el dictador y a las iniciativas de un puñado de sus diplomáticos que actuaron por su cuenta y riesgo en varios países europeos, amparando a los perseguidos. En realidad Franco quiso una España judenrein o “purificada de judíos”, por lo que permitió su aniquilación. Derrotado el Eje, para legitimarse ante los Aliados el autócrata no dudó en presentar como propia la labor hecha por sus abnegados representantes. Ahora el reputado periodista de investigación Eduardo Martín de Pozuelo (La Jonquera, 1952) describe los detalles de esta cínica actuación en El franquismo, cómplice del Holocausto, recurriendo a documentos desclasificados en archivos estadounidenses, holandeses y británicos.

La conexión Franco-Hitler

La política judía de Franco conoció un giro. En noviembre de 1940 su gobierno se interesó por la suerte de los sefarditas de Francia, lo que hizo pensar a los nazis que “los españoles tienen un gran interés en proteger a los judíos de nacionalidad española”. Sin embargo, ello constituyó un espejismo, pues el régimen pronto devino antisemita y su proceder confundió a los propios alemanes. Y es que cuando España medió posteriormente por algunos judíos lo hizo “tarde, mal, en voz baja y sin usar los recursos diplomáticos disponibles”. Además, Madrid “reclamó a Berlín los bienes materiales de los deportados a los que negó el pan y la sal”, lo que convertía a la dictadura en cómplice del genocidio.

Portada de E. Martín de Pozuelo, El franquismo, cómplice del Holocausto (Libros de Vanguardia, Barcelona, 2012, 264 pp.,  22 euros).

¿Por qué Franco se condujo de ese modo? Posiblemente por dos razones, apunta el autor. Por una parte, por su creencia de que los judíos que acogiera serían aliadófilos y alimentarían su oposición interna y, por otra, por el estrecho alineamiento del régimen con Alemania. En este sentido, Martín de Pozuelo plantea de modo plausible que el golpe de Estado de 1936 se gestó cuatro años antes estimulado por nazis de Heinrich Himmler.

Así, Barcelona habría sido el “centro de agitación a favor del nazismo más importante de España” y los agentes hitlerianos habrían contactado aquí con el capitán Luis López Varela, entonces hombre de confianza del general Emilio Mola y uno de los militares alzados en 1936. Para el autor, las relaciones entre activistas germanos y oficiales españoles previas a la sublevación explicarían el hecho de que cuando ésta se inició, Franco recibió una generosa ayuda bélica alemana con sorprendente rapidez. Con la colaboración hitleriana previa al golpe “los lazos hispano nazis se tornaron indisolubles”, creándose las bases de una complicidad genocida.

Mirando bajo la alfombra

La obra recorre asimismo otros aspectos del franquismo y de la Transición, como el esfuerzo del Rey por calmar a militares inquietos por los cambios, su disgusto al conocer que Adolfo Suárez sería candidato en 1977 (al temer que su fracaso electoral comprometiera a la Corona) o la definición que hizo Manuel Fraga del futuro monarca: “un boy scout pero sincero e inteligente”.

El resultado es un ensayo ágil y sólido, que combina con acierto divulgación e investigación. Impacta al desmitificar la impostura de Franco sobre los judíos y es sugerente al plantear un influjo nazi en la rebelión de 1936. Y a la vez que muestra la miseria que el franquismo guardó debajo de la alfombra, hace aflorar la grandeza de sus diplomáticos que, desafiando a Madrid y Berlín, salvaron a miles de judíos. En definitiva, es una lectura más que recomendable.

(*) Reseña publicada en ”La gran impostura”, suplemento Cultura/s de La Vanguardia (10/X/2012), p. 11


NOTAS DE LECTURA: “XENOFOBIA EN LAS URNAS”: ¿QUIEN VOTA A LA PLATAFORMA PER CATALUNYA?

julio 20, 2012

Portada de Xenofòbia a les urnes.

XENOFÒBIA A LES URNES es el título de un estudio reciente publicado en catalán (l’arquer, Barcelona, 2012) sobre el voto a los llamados “partidos anti-inmigración” obra del politólogo Sergio Pardos-Prado (Barcelona, 1980), que hemos reseñado en el diario catalán Ara (14/VII/2012), a la que puede accederse de modo gratuito registrándose previamente.

La obra, como exponemos en nuestra crítica, constituye un  estudio académico de los nexos que se pueden establecer entre xenofobia, partidos antiinmigración y competición electoral des de una perspectiva europea comparada, que dedica el último capítulo a estudiar la Plataforma per Catalunya [PxC] desde el punto de vista de su electorado.

Avanzamos al lector que Pardos-Prado, mediante técnicas de inferencia ecológica de los resultados electorales de los comicios locales del 2003 y del 2007  (faltan losdel 2011) llega a la conclusión de que las aportaciones esenciales de votos de la PxC han sido antiguos abstencionistas y exvotantes del Partit dels Socialistes de Catalunya [PSC-PSOE].

De este modo, advierte que “las transferencias de voto desde partidos nacionalistas catalanes, desde partidos de derechas y desde nuevas generaciones de votantes que se incorporan por primera vez al electorado parecen muy limitadas hasta ahora” (p. 167).

Desde nuestra óptica, sin cuestionar la tesis central del investigador (que  ”los espacios de izquierda tradicional” constituyen uno de los orígenes principales de este tipo de formaciones), en el caso de la PxC consideramos pertinente observar que:

1. Debe tenerse en cuenta que los datos de los comicios del 2011 podían aportar mayor luz sobre el tema, en la medida que la PxC obtuvo representación en ciudades del cinturón metropolitano, notablemente l’Hospitalet (segunda ciudad de Cataluña) y, por tanto, la radiografía electoral debería ser actualizada para que las conclusiones adquirieran mayor solidez.

2. Sorprende que sea poco relevante la aportación de votos procedente de exvotantes de formaciones distintas al PSC. Cuando entrevistamos al líder de la PxC en este blog tras las elecciones de mayo de 2011, este señaló que -si bien concedía un gran peso de los votantes procedentes de la abstención- consideraba que sus electores eran transversales ideológicamente.

4. Consideramos que la inmigración no sería la única dimensión política de la PxC a tener en cuenta, pues la formación también constituiría un partido de protesta y obtendría representación donde la inmigración no es significativa (en torno a un 7%), como Taradell (1 edil) o Sant Boi (3 concejales), según apuntó el propio Anglada en la citada entrevista.

5. Igualmente, consideramos que debe tenerse en cuenta  el ambiguo y contradictorio “catalanismo” de la PxC (véase en este blog 1 y 2), en la medida que puede evitar incomodidades  a un electorado procedente del nacionalismo catalán que se siente atraído por el discurso del “angladismo”.

Ateniéndonos a lo expuesto, estimamos que las fuentes de voto principales de la PxC pueden tener menos peso del que les atribuye Pardos-Prado. Aunque, obviamente, reconocemos que nuestra hipótesis es especulativa frente a los cálculos que realiza este politólogo en su estimable estudio.

*****

L’impacte electoral de la xenofòbia

XAVIER CASALS 
 
El politòleg Sergi Pardos-Prado analitza com es plasmen electoralment les actituds de rebuig a la immigració. L’obra ha merescut el premi Ramon Trias Fargas de la Fundació CatDem i conforma una anàlisi politològica que planteja hipòtesis sobre el tema que aplica al cas de Plataforma per Catalunya (PxC). No és un assaig divulgatiu ni antifeixista , ni una aproximació a la ultradreta, sinó una recerca acadèmica …
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EL POPULISMO QUE VIENE (148): LIBROS PARA CONOCER A MARINE LE PEN Y EL NUEVO FRENTE NACIONAL

junio 16, 2012

Marine Le Pen and Jean-Marie Le Pen - French Far Right Party 'Front National' May Day Demonstration In Paris

Marine Le Pen y Jean-Marie Le Pen.

DE JEAN-MARIE LE PEN A MARINE LE PEN: ¿SOLO UN CAMBIO DE NOMBRES? Para quien no siga la evolución del Frente Nacional, la sucesión de Le Pen (padre) por Le Pen (hija) el pasado enero del 2011 puede ser un mero retoque cosmético en un partido aparentemente “patrimonial” o “familiar”.

Sin embargo, la realidad es substancialmente diferente y disponemos de interesantes estudios y ensayos parta conocer a Marine Le Pen y el “marinismo” o, si se quiere, el nuevo rostro del lepenismo, muy distinto al de antaño: condena el genocidio judío y busca desdiabolizar al imagen del partido; asume los valores republicanos, notablemente el laicismo; y pretende erigirse en partido de gobierno y dejar de ser un partido de oposición o antisistémico.

Al respecto, consideramos que pueden aportar claves para comprender este proceso de “refundación” del lepenismo las siguientes obras:

Romain ROSSO, La face cachée de Marine Le Pen (Flammarion, 2011).

Biografía detallada elaborada con fuentes primarias -testimonios y confidencias de cuadros dirigentes del partido y entrevistas a la misma protagonista- que permiten trazar un buen retrato de la dirigente del FN, sus relaciones con su padre (no siempre fluidas) y la nueva estrategia que ha implantado en la formación. El resultado es una interesante semblanza crítica que evita transitar por el antifascismo de brocha gorda y aporta numerosos elementos de reflexión.

El autor no es un neófito en el tema: periodista de L’Express, cubre la información sobre el FN desde 1995 y es coautor (con Michaël Darmon) dos trabajos sobre este partido: L’Après Le Pen (1998) y Front contre Front (1999).

Carolinne MONOT y Abel MESTRE, Le système Le Pen. Enqûete sur les réseaux du Front National (Dënoel, 2011).

Interesante recorrido por el nuevo FN marinista, una suerte de Who is Who en la nueva etapa del partido, en la que conviven figuras de la ultraderecha radical a la vez que cuenta con antiguos seguidores del disidente Bruno Mégret, quien en 1998 lideró una escisión del FN, el Mouvement National Républicain [MNR], ante la cerrazón de Le Pen a renunciar al carácter antisistémico del partido para convertirlo en un partido de gobierno. Asimismo, la obra explora los vínculos del marinismo con formaciones como el Bloc Identitaire.

Los autores, reporteros de Le Monde, son expertos en la esfera de la ultraderecha, cuya evolución siguen en el blog al que estamos vinculados: http://droites-extremes.blog.lemonde.fr/

Sylvain CRÉPON. Enqûete au coeur du nouveau Front National (Nouveau Monde éditions, 2012).

Interesante radiografía del nuevo FN que comprende varios ámbitos: los cambios en su militancia (como los gays) y estrategia; en la renovación de su discurso (con la asunción de los valores republicanos) y de su liderazgo (que supone un importante cambio generacional); así como de las razones de su arraigo territorial, ofreciendo un detallado y sugerente análisis de como la zona minera de Hénin-Beaumont, feudo electoral de Marine Le Pen y “laboratorio del nuevo lepenismo”.

El autor es un doctor en sociología e investigador académico que ha realizado numerosas entrevistas a militantes y dirigentes frentistas, apuntando las mutaciones del lepenismo.

Marine LE PEN, Pour que vive la France (Grancher, 2012).

Finalmente, también es aconsejable leer la última publicación de Marine Le Pen, donde apunta las líneas maestras de su discurso, notablemente la antiglobalización, su oposición al euro y a Bruselas como vanguardia del “mundialismo financiero” y su clara apuesta por un reforzamiento del Estado ante las amenazas exteriores que denuncia.

Constituye una lectura imprescindible para conocer los vectores ideológicos de la formación, que concluye con este significativo llamamiento: “¡No se vuelva jamás como nuestras élites actuales, crea en Francia!”


NOTAS DE LECTURA: “¡MARCHANDO HACIA LA TUMBA!” O UNA CRÓNICA DEL EXTERMINIO

mayo 18, 2012

 Vassili Grossman, impulsor de El libro negro junto a Ilyà Ehreburg.

HEMOS PUBLICADO en La Vanguardia-Cultura/s (9/V/2012) una recensión de la magnífica crònica de Vasili Grossman i Ilyà Ehreburg, El libro negro (Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2011) bajo el título “¡Marchando hacia la tumba!”, que reproducimos a continuación

EN 1942 UN GRUPO DE CIENTÍFICOS y escritores judíos (que incluía a Albert Einstein) concibió la idea de reunir testimonios del exterminio cometido por Hitler en la URSS y los reputados escritores Vassili Grossman (1905-1964) e Ilyà Eherenburg (1891-1967) lideraron un amplio equipo de colaboradores con tal fin. El resultado de su labor fue El libro negro de los atroces crímenes en masa perpetrados por los fascistas alemanes contra los judíos en los territorios ocupados de la Unión Soviética y los campos de concentración de Polonia durante la guerra (1941-1945). Trabajaron en él desde 1943 y para elaborarlo reunieron 27 volúmenes de documentos, de los que seleccionaron y editaron materiales agrupados en tres categorías: cartas, diarios y relatos de víctimas; crónicas elaboradas por escritores, y declaraciones o dietarios de verdugos.

Pero el proyecto suscitó recelos del Kremlin al constatar que población soviética (especialmente letones y ucranianos) participó en el genocidio y, finalmente, en 1947 paralizó su publicación. Sus detractores incluso afirmaron que ofrecía “una versión engañosa del verdadero carácter del fascismo”, pues presentaba como objetivo del nazismo exterminar a los judíos y ocultaba sus crímenes contra otras nacionalidades. Así, El libro negro se difundió fuera de la URSS, mientras en Rusia durmió en una carpeta hasta 1993, cuando mereció una cuidada edición. Ésta contó con un prólogo del historiador Ilyà Altman que reconstruyó la odisea del texto y que ahora se ha traducido al castellano.

La obra constituye una crónica extraordinaria de la aniquilación judía que puede resumirse en una frase que los verdugos gritan a sus víctimas: “¡Marchando hacia la tumba!” (“En die Grube marsch”). De este modo, muestra como los nazis llevan a cabo su proyecto con frialdad (“Aquellas ejecuciones eran justas”; “Soy un hombre de temple firme”, comenta uno de ellos), eficacia (para hallar judíos escondidos un comandante aconseja “involucrar a los niños pequeños […] bajo promesa de dejarlos [...] con vida”) y, sobre todo, brutalidad. Ésta última se plasma en violaciones, torturas y vejaciones de todo tipo, el asesinato de niños estrellando sus cuerpos contra el suelo (estaba prohibido dar a luz en los guetos) y genera actos de sadismo, como ejecuciones de grupos tendidos en zanjas que son aplastados por caballos lanzados al galope. A la vez, recoge duros momentos que atraviesan las víctimas, como el caso de un padre preso en Auschwitz que es obligado a clasificar ropa de niños gaseados y halla el vestido de su hija.Sin embargo, El libro negro también ilustra la solidaridad de la población hacia los perseguidos, su resistencia heroica en lugares como Treblinka o Varsovia o su enrolamiento en las filas del Ejército Rojo.

Podría pensarse que la obra, en la medida que reúne testimonios heterogéneos a lo largo de 1.200 páginas, conforma una compilación de materiales no concebida para ser leída, sino consultada. Tal percepción es un craso error: Grossman y Eherenburg la dotaron de enorme interés al configurar un retablo de horrores polifónico.

Imargen del gueto de Varsovia.

Eso sí, al adentrarse en su contenido el estado de ánimo deviene similar al que exhibe la superviviente Rajil Fradis-Milner tras exponer sus dramáticas vivencias: “Mi corazón se ha hecho de piedra. Creo que si le clavaran un cuchillo no saldría de él ni una gota de sangre”. lla barbarie de sus páginas y la fuerza de sus testimonios aún hoy sobrecoge y golpea al lector.


NOTAS DE LECTURA. LOS DIARIOS DE ALCALÁ-ZAMORA O LA CRISIS DE LA REPÚBLICA EN DIRECTO

febrero 20, 2012

 Los   diarios de Alcalá-Zamora ofrecen un interesante testimonio sobre los meses previos al estallido de la Guerra Civil.

LOS DIARIOS DEL EXPRESIDENTE REPUBLICANO NICETO ALCALÁ-ZAMORA contituyen un magnífico testimonio de la crisis de la Segunda República en los meses previos al estallido de la Guerra Civil, pues refleja la crisis institucional del régimen y la quiebra creciente del orden público. Se ha publicado ahora la parte de los mismos correspondiente a los cuatro primeros meses de 1936 en Asalto a la República. Enero-Abril de 1936 (La esfera, Madrid, 2011).

Sobre el mismo hemos publicado una reseña en el suplemento Cultura/s de La Vanguardia(8/II/2012), que reproducimos a continuación por el interés que reviste este testimonio.

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1936: LA REPÚBLICA HACIA EL ABISMO

Niceto Alcalá-Zamora presidió la Segunda República entre diciembre de 1931 y abril de 1936. Intentó fomentar opciones centristas que no cuajaron y su actuación institucional irritó al grueso de partidos por su elevado intervencionismo. Vituperado desde la izquierda (por clerical y reaccionario) y la derecha (por liberal y masón), fue destituido del cargo por las Cortes y falleció olvidado en Buenos Aires en 1949, con 72 años. Su biógrafo Julio Gil (2005) le adscribió a una “tercera España” que parecen ratificar estos diarios -hasta hoy inéditos- de sus tres últimos meses como presidente (enero-abril de 1936).

En ellos su autor lamenta la bipolarización política existente y se queja del sistema electoral “absurdo” que favorece mayorías arrolladoras con “unas decenas de millar de votos”; es crítico a la vez con José Mª Gil-Robles (“caudillo adulado [...] como no lo fue nadie, no se mostró jamás hombre de Estado, ni siquiera gobernante”) y Manuel Azaña (“sus defectos temperamentales son tan graves como incorregibles”, como su “satánica soberbia” e “insuperable descortesía”). Anota las maniobras postelectorales del Frente Popular para ganar escaños (“manipulaciones de prestidigitación […] preparatorias de resurrecciones y muertes de candidatos”), describe la radicalización del ejecutivo (sus decretos de la reforma agraria “hacen que Extremadura […] abarque por ficción de derecho nueve provincias”) y el quebranto creciente del orden (“en La Rambla fue destituido a tiros y puñaladas el ayuntamiento” escribe el 23 de febrero), mientras constata en abril que tres ministros piden pasaportes con apremio.

En este marco, pese a escuchar cantos de sirena golpistas (José Calvo-Sotelo quiere que sea “amparo y caudillo del movimiento militar” y un coronel le visita en nombre del Ejército “para que firme un decreto destituyendo a Azaña”), Alcalá-Zamora se mantiene firme en el ámbito constitucional.

Así, estos dietarios constituyen una improvisada crónica del huracán que ha empezado a engullir a España y su conclusión es harto pesimista: “¿Y España y la República constitucional? Pienso en ello y no veo el desenlace feliz, tranquilo, siquiera no desastroso”. Estamos, pues, ante un testimonio de referencia del colapso republicano y quizá de la mejor vindicación del talante liberal del autor.


NOTAS DE LECTURA: “ULTRAMEMORIAS”, UN RETRATO DE LA EXTREMA DERECHA ESPAÑOLA

septiembre 22, 2011

ERNESTO MILÁ  (Barcelona, 1953) ha tenido una dilatada actividad en el seno de la extrema derecha y actualmente  forma parte de la Junta Nacional de España 2000.  Acaba de publicar el primer volumen de unas memorias desmitificadoras, Ultramemorias (Eminves, Unión Europea, 2010, 22 euros), de llamativo subtítulo: “Retrato pintoresco de 40 años de Extrema Derecha”. Y este es su contenido: una aproximación de tono distante, autocrítico e irónico a este universo político.

Como todo texto autobiográfico, las presentes memorias tienen una finalidad vindicativa que deja clara el autor en su presentación, al señalar que con ellas pretende “matar dos pájaros de un tiro”: “dar una versión [de los hechos y ambientes] que es la misma que compartirán decenas de miles de militantes que han recorrido las filas de la ultraderecha” y “limpiar mi nombre y limitar mis responsabilidades a las que realmente me corresponden”, como su falsa implicación en el atentado de la sinagoga de la calle Copérnico de París en octubre de 1980.

Clarificadas las metas del relato, éste conduce al lector por los ambientes de extrema derecha española, tanto barceloneses como madrileños, y explica algunas de las andanzas de los neofascistas italianos exiliados en España, incluyendo al célebre Stefano Delle Chiae, con el que Milà mantiene estrecha relación.

¿Qué encontrará el lector en sus páginas? Una descripción gráfica de la ultraderecha desde las postrimerías del franquismo hasta la vigilia del fallido golpe del 23 de febrero de 1981 (cuya crónica se pospone al segundo volúmen). Milà expone así su inicio de su  militancia en este sector político hasta llegar al inicio de la Transición. Entonces traza una crónica desde dentro de Fuerza Nueva [FN] y sus numerosas limitaciones como partido, incluyendo también las de su líder, el notario Blas Piñar. Muestra de este modo su carencia de programa, táctica y estrategia; al carácter patrimonial de la formación; su falta de organización; sus contradicciones ideológicas o su catolicismo exaltado (Milà fue expulsado del mismo por contraer matrimonio civil) entre otros muchos aspectos.

Asimismo, al margen de explicar algunos de sus avatares como exiliado, Milà explica las disputas múltiples propias de los ambientes falangistas y hace un balance del grupo que ha sido más mitificado en la extrema derecha española de Cataluña: el Frente Nacional de la Juventud [FNJ] (activo en Barcelona entre 1977 y 1978), en el que no hay espacio alguno para la admiración. Concluye su exposición sobre esta formación en estos términos: “había empezado como la ilusión de un grupo de jóvenes que logró capturarme y había terminado siendo un muermazo de la peor especie”. Ello no deja de ser sintomático de los avatares de la ultraderecha española, que es “en grandísima medida, una historia de miserias humanas frecuentemente intrascendentes, pobres ambiciones, ideales arrasados por el fango y poco más”.

¿Una violencia instrumentalizada por el poder?

Quizá el aspecto de mayor interés es su visión de la violencia de la ultraderecha, tanto la de carácter callejero (con una amplia crónica de sus episodios acaecidos en  Barcelona), como la que subyace en atentados como los hechos de Montejurra (1976) o el atentado de El Papus  y la masacre de Atocha (ambos de 1977). Ello obedece a que Milà plantea que algunos choques escuadristas posiblemente fueron tolerados por las autoridades.  Sobre los citados episodios terroristas, apunta que estos probablemente no fueron ajenos a intoxicaciones creadas en el seno de la extrema derecha por parte de elementos extraños a la misma. En este aspecto, el autor alude o  los contactos de miembros o ambientes de este sector ideológico con cuerpos de seguridad y servicios de información; la infiltración de confidentes en círculos ultraderechistas o a una rara actuación del significado extremista Mariano Sánchez Covisa.

En tal sentido, la tesis del autor sobre la violencia terrorista que conmocionó el proceso de democratización es que ésta tuvo una finalidad clara: crear tensión e inseguridad en la sociedad para que ésta buscara el cobijo del Estado protector y se facilitara el aislamiento de sectores radicales de derecha e izquierda. Desde esta perspectiva, la violencia política ultraderechista no habría sido, pues, tan espontánea o “ciega” como se suele señalar, sino que habría estado claramente instrumentalizada desde el poder. Dado el conocimiento que Milà manifiesta de los hechos que narra, tales observaciones merecen ser tenidas en cuenta, pues en su relato no hay tanto una voluntad exculpatoria como afán de entender conductas o procederes extraños en su momento.

En definitiva, estas memorias revisten interés no solo por trazar un retrato de  los distintos sectores de ultraderecha “desde dentro”, sino también por su visión de la violencia que protagonizó este espectro político durante la Transición.


NOTAS DE LECTURA: KILLERS ULTRADERECHISTAS ESCANDINAVOS: ANTES DEL LOCO DE OSLO, YA EXISTIÓ UN “CAZADOR DE INMIGRANTES” EN ESTOCOLMO

julio 23, 2011

Al menos 80 muertos en UtoyaImagen de la masacre en Noruega (foto de El País).

A FALTA DE MÁS INFORMACIONES SOBRE LO QUE PARECE SER UNA APARENTE LOCURA HOMICIDA EN OSLO COMETIDA POR UN ISLAMÓFOBO, ésta nos ha traído al recuerdo otra carrera criminal igualmente enloquecida: en un clima de opinión de xenofobia acentuada y marcado por el ascenso de Nueva Democracia [Ny Demokrati, ND, ya analizado en este blog], entre el 3 de agosto de 1991 y el 12 de junio de 1992, un perturbado sueco se lanzó a la “caza de inmigrantes” y fue conocido como “el asesino del láser” por utilizar un puntero láser para señalar a sus víctimas al dispararles.

Descubrir su identidad requirió la mayor investigación policial del país después del asesinato de Olof Palme y el año pasado se público la reconstrucción de su trayectoria por parte del periodista Gellert Tamas (1 y 2) -que mantuvo diversas conversaciones con el asesino- en El asesino del láser (editado por Debate en castellano y La Campana en catalán).

Hemos considerado de interés para nuestros lectores reproducir a continuación el artículo que el periodista Antonio Lozano publicó sobre el libro en la revista Qué leer (nº 161), que ofrece una buena síntesis del contenido de la obra.

“LASERMANN”, el cazador de inmigrantes

“Quería que supieran que aquí no estaban seguros. Quería aterrarles. Simplemente, espantarles tanto que pensaran en marcharse (…) Los quería mandar al infierno. Eran malignos y eran muchos”. Así justificaba John Ausonius que una madrugada de verano apuntara su rifle recortado con mira láser a David Gebremarian, un emigrante de Eritrea a punto de empezar a estudiar antropología en la Universidad de Estocolmo. Los dos hechos que ocurrieron de forma inmediata tras el primer tiroteo se acabarían erigiendo en los símbolos principales del caso. Por un lado, la xenofobia: hasta tres individuos rechazaron socorrer a un Gebremarian que se desangraba en el suelo. Por el otro, el laberinto policial: treinta personas llamaron para notificar que habían sido apuntadas con un haz de láser, a la postre proveniente del bolígrafo con el que un joven se divertía asustando a los viandantes.

El “asesino del láser” iluminaba a sus víctimas -emigrantes- con un puntero láser antes de dispararlas.

El bidón de gasolina

En sintonía con gran parte del norte de Europa, a principios de la década de 1990 Suecia experimentó un crecimiento muy significativo de las fuerzas políticas de extrema derecha, cuyo credo populista y su mensaje de odio caló entre amplias capas de una población enfrentada al paro y a la recesión económica. En las elecciones parlamentarias de 1991, el Ny demokraty, un partido abiertamente racista y xenófobo, fundado por un aristócrata y el dueño de una discográfica, obtuvo un 6,7 por ciento de los votos. Uno de sus miembros declaró que a los negros que vivían en Suecia no había que tenerles lástima porque, total, en África se los comían los leones. Otro se inventó que los inmigrantes estaban detrás del 80 por ciento de actos criminales que sufría el país. Por la misma época, se sentaban en el banquillo Klaus Lund y Christoffer Rangne, líderes del VAM, un movimiento de resistencia aria que tenía como lema “Revolución blanca sin perdón”. Acusados de atracar un banco, ambos no tardaron en convertirse en superestrellas mediáticas.

La escalada de odio fue espeluznante. Los ataques contra campos de refugiados pasaron de 36 en 1990 a 52 (uno por semana) en 1991, se multiplicaron los atentados con explosivos contra negocios regentados por suecos de origen extranjero, se profanaron cementerios judíos… Los medios de comunicación fueron cómplices de la barbarie. Aunque un estudio demostró que la mayoría de inmigrantes suecos no había cometido jamás un delito, la criminalidad que protagonizaban era el segundo tema más tratado en las noticias. En otoño de 1993, el periódico de mayor tirada nacional, Expressen, titulaba su portada en grandes caracteres: “ECHADLES”.

En contraste con la imagen progresista servida al mundo, Suecia poseía en los 1990 una legislación tan débil e intrincada sobre criminalidad por motivos racistas y xenófobos que, por ejemplo, las doscientas denuncias por discriminación étnica en el trabajo presentadas en 1996 acabaron sin condena. En este turbio caldo no es de extrañar que uno de los gritos más coreados en las manifestaciones de la extrema derecha a lo largo de 1992 fuera: “Hombre del láser, ¡tira a matar!”.

La cerilla

El mayor asesino en serie de Suecia era hijo de inmigrantes alemanes. A los 7 años, Wolfgang Alexander Zaugg vio cómo su madre echaba a su padre de casa por mujeriego. Con frecuencia le pegaba y le decía “Todos los hombres son mentirosos y traidores”. En el colegio era el único entre 2.000 alumnos que tenía el pelo oscuro, por lo que se mofaban de él llamándole “negro”. Otra ironía es que, ya de adulto, su ideología conservadora llevaba a que las chicas le espetaran: “Tienes maneras de turco”. Ya de joven desarrolló una obsesión por el orden y el sentido práctico, rechazó todo vicio como el alcohol y el tabaco, moldeó un carácter dominante, tozudo e iracundo, y se le detectó un principio de psicosis y trastorno de personalidad. Condujo un taxi y fue operador de un cine X antes de estudiar química.

La ludopatía le condujo a vivir en la calle, pero el asco que le despertaba la sociedad del bienestar promovida por los socialdemócratas le hizo rechazar toda ayuda social. En dos ocasiones fue internado a la fuerza en un hospital psiquiátrico, pero se le permitió realizar el servicio militar y, durante un tiempo, fue destinado al palacio real, a unos centenares de metros del despacho del monarca.

Sus problemas económicos lo condujeron a estafar bancos y luego a robarlos. Fue condenado a catorce meses de prisión por un total de veinte demandas, pero se escondió seis meses ejerciendo de taxista con un carnet de conducir falso. Lo apresaron, pero esa misma tarde se escapó de la cárcel. Volvieron a detenerle y volvió a escaparse a los pocos meses. Pasó a una prisión de máxima seguridad. Al salir libre y empezar su cacería mortal, había entrado en un círculo vicioso consistente en ahorrar dinero con el taxi e invertirlo en Bolsa de cara a pegarse la buena vida para, acto seguido, perderlo todo en el casino y verse forzado a acudir a la casa de empeños y a desvalijar bancos (llegó a cometer veinte atracos e intentos de atraco, siempre en bicicleta, que le reportaron un botín de más de un millón de coronas suecas).

Su fijación por ser un perfecto sueco le impulsó a cambiar dos veces de nombre –una ironía más: el último apellido que adoptó, Ausonius, lo tomó prestado de un poeta rumano al que leyó en la cárcel–, a gastarse fortunas en teñirse el pelo de un horrendo color zanahoria, dado que el rubio era imposible de conseguir, y a lucir unas lentillas azul cielo. El asesino del láser fluctuó entre la astucia a la hora de camuflarse y borrar sus huellas –en parte gracias a las enseñanzas de “El Vigilante”, el personaje de Charles Bronson en una de sus películas favoritas, El justiciero de la ciudad– y la chapucería –sólo mató a uno de sus nueve objetivos y fue detenido por un error de lo más inocente, pero es evidente que se aprovechó del despropósito conjunto de la policía y los testigos oculares.

Los bomberos

Al cerrar el caso –Ansonius fue condenado a cadena perpetua por el Tribunal Supremo el 19 de mayo de 1995–, el expediente de la investigación constaba de 20.000 páginas. Se habían realizado 6.000 interrogatorios, anotado 5.200 sucesos, documentado 9.700 nombres. Lo más llamativo es que, de los 6.000 avisos de los ciudadanos, ninguno de ellos acertó con la identidad del responsable, y eso que la difusión del retrato robot había colapsado durante horas las once líneas telefónicas habilitadas.

A medida que los inmigrantes iban entrando en la mirilla láser de Ausonius, el caos y el pánico se apoderaron del país. Carlos Gustavo XVI se dirigió a sus súbditos por tercera vez en su reinado; el primer ministro, Carl Bildt, hizo su primer discurso a la nación por una cuestión particular; por primera vez, una organización no sindical (un conglomerado de asociaciones de extranjeros) convocó una huelga de ámbito nacional; las manifestaciones antirracistas y xenófobas se sucedían en las calles; grupos de inmigrantes amenazaron con formar guerrillas de autodefensa… Ante semejante panorama, centenares de agentes dedicados al asesinato del primer ministro Olof Palme pasaron a trabajar en el caso y se ofreció una recompensa de un millón de coronas por pistas fiables.

Su afición a las casas de empeño y a los videoclubs, y, sobre todo, un desliz al alquilar un coche con su propio nombre acabaron con la trayectoria de un Ausonius que agredió a sus abogados en el juicio y casi completa con éxito una nueva fuga de prisión a los dos días de su ingreso.


NOTAS DE LECTURA: ¿ORDENÓ FRANCO EL ASESINATO DE UN GENERAL PARA INICIAR LA SUBLEVACIÓN DEL 18 DE JULIO?

julio 19, 2011

El general Amado Balmes, primer muerto de la Guerra Civil.

EL HISTORIADOR ÁNGEL VIÑAS ha publicado este verano el libro La conspiración del general Franco (Crítica) donde aborda -entre otros aspectos- un tema controvertido desde el inicio de la Guerra Civil: si la supuesta muerte accidental del comandante militar de Canarias Amado Balmes el 16 de julio no fue un accidente o un suicidio (ya que el militar habría dudado sobre a  qué bando debía sumarse), sino un asesinato planificado por los complotados.

Recordemos que Francisco Franco estaba entonces destinado en Santa Cruz de Tenerife y antes de trasladarse a Marruecos a liderar el golpe debía eliminar “toda posibilidad de resistencia en Las Palmas” (un archipiélago leal a la República amenazaría el éxito de la rebelión en el Protectorado), por lo que la muerte de Balmes,  una persona “no segura” para los rebeldes, era decisiva para conseguirlo.

La versión oficial de los hechos

Según la versión oficial de los hechos, la mañana del  jueves 16 de julio Balmes partió al campo de tiro de la Isleta a efectuar prácticas con sus pistolas. Allí disparó con una Astra del calibre del 9 que se encasquilló y para arreglarla la asió con la mano derecha por el cañón, que apoyó en el vientre, y con la izquierda la sujetó por la culata y  un tiro fortuito le causó una gran hemorragia.

“Según Ángel Viñas, Franco ordenó asesinar al general Balmes para garantizar el triunfo del golpe en las Canarias”

Su chófer le llevó a la Casa de Socorro primero y después al Hospital Militar, donde fue imposible salvarle y falleció tras lamentar lo acaecido (“¡Maldita pistola!”, habría exclamado). Esta defunción aparentemente inesperada allanó el camino a los insurrectos, pues eliminó dos problemas de gope: apartó de su camino a un militar en el que no confiaban por su republicanismo y permitió el traslado de Franco desde su destino en Santa Cruz de Tenerife a Las Palmas sin levantar sospechas del gobierno, imprescindible para iniciar el golpe.

El ministerio de la Guerra le autorizó esa misma noche a viajar allí en barco a investigar lo ocurrido y presidir el entierro. Aquella muerte puso en marcha el engranaje del golpe: la mañana del 17 se celebró el sepelio de Balmes en Las Palmas que Franco presidió y esa tarde se sublevaron las guarniciones de Melilla, Tetuán y Ceuta. Al día siguiente Franco alzó las Canarias y partió en el “Dragon Rapide” (un DH89 Dragon Six) hacia el norte de Marruecos para liderar la rebelión en el protectorado.

¿Un asesinato?

Tras diseccionar las circunstancias que rodean la muerte de Balmes, Viñas  considera que ésta fue en realidad un asesinato, justificándolo con diversos argumentos:

* Franco, al menos desde junio de 1936, había pedido un avión para trasladarse al norte de África y (según los planes de los conspiradores) debía llegar a Marruecos como muy tarde el sábado 18. Balmes “falleció” precisamente cuando el “Dragon Rapide”estaba ya en Las Palmas.

* Los testimonios del suceso tienen problemas de verosimilitud, como lo testimonia el hecho de que el general fallecido quisiera desencasquillar su pistola apoyando el cañón en su estómago y solo hubiera un testimonio relevante para explicarlo.

“Posteriormente Franco denegó una pensión a la viuda de Balmes alegando que el general no había muerto en combate

* El chofer de Balmes se olvidó guardar la pistola con las que el general se hirió y la dejó en el estribo del coche en el que le trasladó, perdiéndose por el camino. Asimismo, pese a la gran hemorragia del herido, le llevó primero a la Casa de Socorro y luego al Hospital, en una clara maniobra dilatoria.

* Los rebeldes se atribuyeron posteriormente simpatías a Balmes por el golpe (incluso afirmaron que debía sublevar las Canarias cuando le sobrevino la muerte), pero ni figuró en el panteón de héroes de “la Cruzada” y Franco negó a su viuda una pensión de guerra alegando que su esposo no pereció en combate, mientras la otorgó a otras mujeres en su misma situación.

Comida de Franco junto a mandos tinerfeños en julio de 1936.

No fue otra “muerte oportuna” de Franco

En definitiva, la muerte de Balmes no pertenece a las llamadas “muertes oportunas” que facilitaron el ascenso militar y político de Franco.

Recordemos que en 1923 el fallecimiento en combate del teniente coronel Rafael de Valenzuela le permitió acceder al mando de la Legión; que los asesinatos de José Calvo Sotelo y José Antonio Primo de Rivera en julio y noviembre de 1936 respectivamente eliminaron sendos liderazgos políticos que podían entorpecer su ascenso; que las muertes de los generales José Sanjurjo y Emilio Mola (la del primero en julio de 1936 y la del segundo en  julio de 1937 en sendos accidentes de aviación) evitaron liderazgos militares alternativos. Finalmente, el fallecimiento por un ataque al corazón del capitán general Juan Bautista Sánchez en 1953 evitó un potencial golpe de Estado monárquico en Barcelona.

Hasta ahora, la muerte de Balmes se había incluido -aunque de modo dudoso- entre estas defunciones que encumbraron a Franco, unos sucesos luctuosos que se concatenaban debido a la legendaria suerte o baraka del dictador. Tras el estudio de Viñas, no hay cabida posible para considerarla “fortuita”. En todo caso, fue un homicidio oportuno.

Sobre el 18 de julio de 1936

El lector que esté interesado sobre un visión actualizada de nuestros conocimientos sobre el 18 de julio de 1936 puede consultar nuestro artículo en catalán “Els falsos tòpics del 18-J”, que puede leerse gratuitamente previo registro clicando aquí.

También puede consultarse nuestro artículo en el número en curso de la revista Clío: “13-19 de julio de 1936. La semana más sangrienta”. Puede adquirirse on line clicando aquí.


NOTAS DE LECTURA: “LAS EXTREMAS DERECHAS EN EUROPA: ¿EL RETORNO?” ACCESIBLE EN PDF

julio 5, 2011

Les extrêmes droites en Europe: le retour?

[Las extremas derechas en Europa: ¿El retorno?]

Autores: PERRINEAU Pascal, PANTAZOPOULOS Andreas, MINKENGER Michaël, IGNAZI Piero

Publicación: Abril 2011

Cargar fichero en pdf

El Coloquio organizado conjuntamente por la Fundación de la Resistencia  y el CEVIPOF [acrónimo de Centre d'Études de la Vie Politique Française, organismo similar al CIS español] el pasado 5 de noviembre de 2010 ha iniciado una reflexión sobre las extremas derechas en la Europa de hoy cuyas aportaciones reúne el cuaderno nº 53 del CEVIPOF.

Elaborado por expertos de primer rango, sus capítulos ofrecen una panorámica de su situación en Francia, Grecia, Europa central y oriental, y Europa del  Oeste desde una perspectiva comparativa que ofrece numerosas enseñanzas sobre las metamorfosis de las ultraderechas europeas y la adaptación de sus discursos y prácticas a los campos políticos de los países analizados.

Emblema de LAOS.

Consideramos que la obra puede ser de interés para nuestros lectores, especialmente al analizar el retorno a la escena política del Frente Nacional o casos tan poco conocidos como el heleno, donde se traza una muy completa aproximación a la trayectoria de la formación LAOS [Laikós Orthódoxos Synagermós, Alerta Popular Ortodoxa], cuyo acrónimo significa “pueblo” en griego y sus valores fundacionales son « la Nación, el Pueblo griego, la Fe, la Historia y la identidad cultural».

Liderada por el periodista y exdiputado de Nueva Democracia Georges Karatzaferis, LAOS  ha conocido una exitosa progresión. Pantazopoulos (su analista) caracteriza al partido como “intelligente, réaliste et politicienne”, a la par que subraya la importancia de su componente religioso.


NOTAS DE LECTURA: CIRLOT Y EL NAZISMO, UNA CUESTIÓN COMPLEJA

junio 22, 2011

Portada de la revista Insula con J. E. Cirlot y su colección de espadas.

COMO EXPLICAMOS EN Neonazis en España, la organización Círculo Español De Amigos De Europa [CEDADE] entre 1967 y 1971 se sumó a la iniciativa de la hermandad alemana “Libertad para Rudolf Hess” recogiendo firmas.

Esta campaña supuso una relativa aproximación a CEDADE del compositor y crítico de arte y literatura Juan Eduardo Cirlot (1916-1973), como expuso su publicación (véase “Ha fallecido Juan-Eduardo Cirlot”, CEDADE, 45, mayo 1973, pp. 2-3). Consideramos de interés en relación a este tema la lectura del artículo de Cirlot ”Destrucción de Rudolf  Hess” en La Vanguardia (2/VI/1967).

Además, el polifacético intelectual publicó algunos poemas en cabeceras neonazis y en octubre de 1996 hicimos un primer análisis de esta cuestión en el artículo “Cirlot i el neonazisme: poemes esparsos”, publicado en el Quadern. El País (24/X/ 1996), p. 6. Lo adjuntamos en PDF clicando aquí: Cirlot

¿Cómo interpretar este posicionamiento de Cirlot?

El historiador Ferran Gallego, por su parte, hizo esta valoración al respecto: “Que Cirlot no era un fascista en el sentido que suele dársele al término resulta tan evidente como su obstinada y legítima vinculación a unos valores que, por otro lado, no le reportaron beneficio material alguno. No creo traicionar su memoria si lo imagino compartiendo el universo complejo de Ezra Pound, de René Guénon, de Julius Evola o de [Ernst] Jünger, en un siglo XX que no estaba hecho a su medida y en defensa de unos valores que no me atrevo a calificar de tradicionales para que nadie los confunda con la infame falsificación del nacionalsocialismo”.

Afirmó asimismo que el poeta rechazó el recurso al lenguaje poético como forma de comunicarse y lo empleó “como una forma de comprensión de una realidad escondida tras el mundo cotidiano –que despreciaba por su mediocridad y por su conciencia de alteridad-, construyendo un puente literario que le permitía establecerse en los confines de un mundo de temporalidad diferente a la nuestra” y “conectar con un reino ordenado de acuerdo con valores opuestos al odiado sigo XX” (“El caso Cirlot’”, El País-Cataluña, 19/X/1996).

Un admirador estético del judaísmo

Por su parte, Victoria Cirlot, hija del crítico, abordó esta cuestión en La Vanguardia (30/IV/2008) en  ”Cirlot y el nazismo”, al hacer precisiones en torno a una información publicada previamente. En el texto subrayó el carácter complejo de la relación de su padre con el nazismo. A continuación reproducimos íntegramente su contenido :

“El otro día estuvo Josep Massot en mi casa. El objetivo de su visita, una entrevista para escribir el artículo de Vidas contadas que publica periódicamente en La Vanguardia.El 28 de abril salió el artículo: “Victoria Cirlot, La mirada interior”. Me reconozco en todo, menos en un párrafo que reproduzco: “Victoria Cirlot lo aprendió de su padre (cierto), el gran poeta de la posguerra española (cierto), que quedó marginado de la antología de Castellet (en efecto, se lo recordé yo) no sólo por su declarada admiración estética hacia los símbolos de la Alemania hitleriana (eso no se me ocurrió decirlo), sin ser políticamente un nazi (cierto, aunque tampoco lo dijera), sino también por su estética experimental, alejadas del realismo social (eso sí lo dije yo)”. 

Aparte de que la cuestión del nazismo de mi padre sea objeto de un cotilleo morboso en Barcelona (entre otras cosas, porque mi padre escribió en la misma Vanguardia un artículo dedicado a Rudolf Hess) y que creo merecería un análisis riguroso (que es algo que yo no pretendo realizar aquí), quiero recordarle a Massot que hace ya algunos años me entrevistó sobre esta cuestión, a la que le respondí mostrándole un artículo de mi padre sobre la esvástica como un símbolo tradicional, y a la que también respondió Antoni Tàpies desde su fundado conocimiento personal de mi padre. En aquella ocasión ya le indiqué que era un asunto complejo y que de ninguna forma puede aludirse a ello sin más, porque constituye una simplificación reduccionista que lleva a error. Constituye una verdad a medias que, justamente por eso, deja de ser verdad. La otra mitad de la verdad, a la que no se alude, es que mi padre también sentía una “declarada admiración estética por el judaísmo”, por músicos judíos como Mahler o Schönberg (de los que también escribió en La Vanguardia),por la Cábala hebraica, por Abraham Abulafia, por el Zohar… 

La admiración que sentía por Roma, la sentía igualmente por Cartago. Estamos hablando de sentimientos imaginarios y de la vivencia simbólica de la coincidencia oppositorum. Defensor hasta sus últimas consecuencias de entartete Kunst,no puedo dejar de sentir que todavía sólo se le reconozca en esta ciudad por algunas declaraciones sin duda provocadoras, pero de alguien que jamás pudo estar implicado en ninguna medida en la política nazi de Alemania ni en el régimen franquista de nuestro país”.


NOTAS DE LECTURA: FALANGISTAS Y REQUETÉS ESCRIBEN SU HISTORIA

junio 6, 2011


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Pablo Larraz Andía y Víctor Sierra-Sesúmaga, Requetés. De las trincheras al olvido, La esfera, 956 páginas, 34,90 euros.

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Gustavo Morales y Luis E. Togores, Falangistas, La esfera, 496 páginas, 49 euros .

LAS ACTUALES CONTROVERSIAS sobre la Guerra Civil aparejadas a la reivindicación de la memoria de sus vencidos ha hecho que se vindique también la de sus ganadores. Lo ilustran Requetés y Falangistas, voluminosos libros gráficos que rememoran el papel de ambas fuerzas,aunque constituyen productos distintos.

Carlistas traicionados

Requetés catalanes del Tercio Nuestra Señora de Montserrat.

Requetés lo auspicia la Fundación Ignacio Larramendi y es obra de Pablo Larraz (que se doctoró con un estudio de la sanidad carlista en la guerra) y Víctor Sierra-Sesúmaga, documentalista del carlismo. Recuerda la actuación de sus más de 60.000 combatientes –los requetés– que lucharon con Franco encuadrados en tercios, de los que falleció un 10%. Estosprocedían de un amplio territorio: Navarra  (11 tercios), el País Vasco (8), las dos Castillas (9), Andalucía (7), Aragón (6), Cataluña yAsturias (1 en cada caso). Larraz afirma que su papel “no fue suficientemente reconocido” porque la dictadura no tuvo interés y los implicados desearon pasar página en pro de la reconciliación. En este marco, la obra desea plasmar “el mundo íntimo”de las bases sociales del carlismo con 65 testimonios considerados representativos de los 305 recogidos en un amplio trabajo de campo, junto a 5.000 fotografías.

El resultado es una exposición temática de fuentes orales de 900 páginas, que abarca el ámbito de las trincheras, la retaguardia, los presos oeldesengaño ante Franco (“el peor Caín yJudas”, según un entrevistado) y da voz a mujeres, apoyándose en abundantes fotografías, cartas o dietarios. Avala el libro un prólogo de Stanley G. Payne, quien lo define como “la más amplia y dispersa colección de testimonios individuales”de luchadores carlistas, y Hugh Thomas traza una semblanza del requeté Ignacio Hernando de Larramendi (artífice de la empresa Mapfre) que subraya que Franco usurpó sus ideales.

En suma, es una aportación de interés sociológico que parece dirigirse a lectores vinculados a este movimiento o que conocen su trayectoria, pues el libro carece de una introducción del carlismo previo a 1936 que lo contextualice.

Falangistas orgullosos

El historiador Luis E. Togores–autor de elogiosas biografías de figuras como Millán Astray, Muñoz Grandes yYagüe– y el periodista y exlíder falangista Gustavo Mora- les han escrito en Falangistas una visión descriptiva y apologética de este movimiento, también con generoso soporte gráfico. Los auto- res proporcionan una historia sucinta del falangismo en 90 páginas, desde sus orígenes hasta el fallido golpe de Estado de 1981. La siguen otras cuatrocientas con imágenes de cinco décadas de este movimiento con piezas llamativas, como el carné de Marciano Durruti, hermano del ácrata Buenaventura que fue fusilado por proclamar que el Ejército franquista se subordinara a Falange.

Carnet de Falange de Marciano Durruti, hermano de Buenaventura y falangista radical fusilado por los franquistas.

Es una obra dirigida al ámbito falangista, ya que reproduce su visión sobre la Segunda República (“nació como un régimen político excluyente y violento”), alude a “rojos” y “nacionales”, expone como la dictadura instrumentalizó a los joseantonianos (aunque se refiere aésta como “el régimen”) y considera que la Sección Femenina“contribuyó de manera decisiva a la emancipación de la mujer española” y sus integrantes “fueron las primeras verdaderas feministas”. Acaba manifestando que los falangistas“no querían una España chata y alicorta, sino alegre y faldicorta, y escribieron en el frontispicio de sus afanes Patria, Pan y Justicia, totalmente ausentes de la España de hoy”. En suma, el producto no permite equívoco alguno en su contenido.

Ambos volúmenes constatan que la memoria de los vencedores de la Guerra Civil –con sus contradicciones– aún está presente. Pero si Falangistas es una legítima reafirmación ideológica e histórica, Requetés refleja afán de distanciarse del pasado y reducirlo a experiencia histórica. Sería deseable que tal óptica imperase al escribir sobre nuestra contienda para trasladarladel ámbito de la “política histórica” en el que está instalada al de la historia, aunque intuimos que será improbable por la mala salud de hierro de nuestra tradición guerracivilista y es innegable que en la vigilia del 75 aniversario del inicio del conflicto su legado perdura de manera intensa.

Despiece. Los vencedores vencidos de 1939

Las dos obras reseñadas recuerdan que entre los vencedores de la guerra hubo quienes se consideraron vencidos: parte de los carlistas y de los falangistas asociaron el triunfo de Franco a la traición de sus proyectos políticos: la instauración, respectivamente, de una monarquía tradicionalista y de un régimen “nacional–sindicalista”. Este proceso se emprendió en sus ojos con la unificación de las dos fuerzas en abril de 1937 a FET y de las JONS.

Los libros dejan claro que los dos movimientos nunca constituyeron una amalgama sólida. Lo reflejó el incidente del Santuario de Begoña (Bilbao) el 16 de agosto de 1942, que explica Falangistas: aquel día el general Varela –ministro del Ejército– asistió a una misa para los requetés muertos y sonaron consignas como “¡Abajo la Falange!”. Entonces estalló un enfrentamiento con falangistas yestos tiraron granadas, que desembocó en una crisis de gobierno. Igualmente, el testigo de Julio Redondo en Requetés recuerda que cuando los carlistas estudiaban en la universidad de Valladolid en la posguerra abundaban enfrentamientos con falangistas, que los tildaban de “antiespañoles”. El partido único que creó Franco, pues, no fue ni tan “franquista” ni tan “único” como pareció.

[Recensión publicada en el suplemento CULTURA/S de La Vanguardia (18/V/2011), p. 19]


NOTAS DE LECTURA: “EL CEMENTERIO DE PRAGA” O LA FASCINACIÓN DE LA MALDAD

marzo 14, 2011

Sorprende la polémica que ha generado la última novela de Umberto Eco, El cementerio de Praga (Lumen, 2010,  592 pp.) que recoge Antonio Lozano en Qué leer (nº 161). Ésta ha sido criticada por L’Osservatore romano –pues supuestamente presenta a los jesuitas como antisemitas- y el gran rabino de Roma, Ricardo di Segni, que en el semanario L’Espresso ha considerado que “al final el lector se pregunta si los judíos quieren o no derrocar a la sociedad y gobernar al mundo”. El gran reproche es la “ambigüedad moral” del texto, pues junto al protagonista –un falsificador de documentos antijudío- no existe otra figura que actúe de contrapunto moralizador. Eco -señala Lozano- ha replicado despreocupado a tales comentarios: “el que redacta un manual de química no es responsable de que alguien lo emplee para matar a su abuela”.

Un falsificador profesional

La base de la acusación de judeofobia radica en la actuación del protagonista del relato, el capitán y notario Simone Simonini, nacido en Turín hacia 1830, en el seno de una familia acomodada. Es nieto de un paranoico seguidor del abate Augustin Barruel que ve conspiraciones masónicas por doquier- y un padre de ideología opuesta, que se suma a la lucha por la unificación de Italia. Sin embargo, el primero moldea las ideas de Simonini y éste –a lo largo de su labor como falsario profesional- combina las cosmovisiones complotistas con una rara habilidad para producir documentos amañados. De este modo, produce textos antimasónicos o antijudíos según la demanda de sus clientes.

Así, el protagonista inicia su carrera trabajando para los servicios piamonteses infiltrado en las filas garibaldinas y luego se desplaza a Francia. Allí labora para los servicios galos que siguen a revolucionarios y partidarios de la Comuna e implican falsamente al oficial judío Alfred Dreyfus en una traición. La creciente fama de Simonini hace que también sea requerido por jesuitas y prusianos para generar documentos ficticios o crear atentados que permitan desviar la atención o reforzar el orden público. En estos cometidos, destaca por combinar su talento con escasos ascos a la violencia y al asesinato si halla algún obstáculo a sus planes o cometidos.

En este marco, el título de la novela alude al “producto” de mayor relevancia de Simonini: su transcripción de una pretendida reunión de rabinos en el camposanto de Praga donde estos exponen ambiciosos planes de dominio sobre la sociedad. La novela expone como el texto circula exitosamente en medios antisemitas y elabora una versión substancialmente ampliada y mejorada para la policía política zarista, que –convenientemente traducida y remozada a las necesidades políticas del momento- genera un documento clave en el antisemitismo del siglo XX: Los protocolos de los sabios de Sión.

“El gran rabino de Roma ha criticado la obra de Eco por su ambigüedad moral”

Los protocolos nutrieron ideológicamente el antijudaísmo europeo y el hitlerismo en particular. Los conforman actas de una supuesta reunión de sabios judíos que explicitan sus planes para apoderarse del mundo. Vio la luz a inicios del siglo XX de la mano de Sergei Nilus en la Rusia imperial y conoció una amplia difusión.

En definitiva, Eco se vale de un personaje de ficción -Simonini- para transitar por universos antimasónicos y antisemitas con personajes verdaderos (Leo Taxil, Maurice Joly, Edouard Drumont).

¿Una novela antisemita?

La obra de Eco, pese a su presentación formal folletinesca (con frecuentes grabados de la época de la obra), no es fácil. El autor hace gala de su erudición de nuevo y para seguir sin perderse las andanzas del protagonista en la convulsa Europa de la segunda mitad del siglo XX –de la unificación de Italia a la Francia del segundo imperio- hay que tener conocimientos. Además, a obra está narrada desde tres perspectivas: la de Eco y la de Simonini, que como sufre un desdoblamiento de personalidad expone sus actos a dos voces. Ahora bien, la trabajosa lectura permite adentrarse por el mundo de fantasías conspirativas decimonónicas y la actuación de los servicios de información.

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Portada de “Los protocolos de los sabios de Sión” en su edición rusa.

¿Estamos ante un relato antisemita? Rotundamente no. Eco marca distancias con su protagonista y no hay exaltación de sus sentimientos xenófobos, a la par que muestra su misoginia y su falta de escrúpulos ante los homicidios, todo ello acompañado con voracidad crematística. Simonini no escriba por idealismo, sino por pragmatismo: está a sueldo del mejor postor. Además, Eco deja claro el papel instrumental de su antisemitismo al servicio del poder.

Entonces… ¿Cuál es el problema? Probablemente éste radica en el hecho de que el protagonista y narrador es un malvado por excelencia –un antisemita asesino- que a lo largo de las 500 páginas del relato establece una cierta empatía (que no simpatía) con el lector. Ello deja claro que los verdugos o criminales también son humanos y contemplarlo puede sorprender al lector.

La humanidad de los verdugos

En este aspecto, coincidimos con el crítico galo Pierre Assouline, quien desde las páginas de L’Histoire (nº 360) ha remarcado que una situación un tanto análoga a la del relato de Eco ya se produjo al publicarse Las benévolas, de Jonathan Littell, pues su protagonista era un nazi implicado en el genocidio judío de modo frío y calculador. Lo turbador en ambos casos, desde nuestra óptica, es que revelan la humanidad de los verdugos y su mayor o menor abyección no está exenta de contradicciones y sentimientos, aunque –por motivos obvios- estos no sean nobles, sino execrables.

Este es el problema de obras literarias tan notables como han creado Littell o Eco: que el protagonista encarna de modo distinto y similar el mal absoluto, pues contribuye al genocidio de modo intelectual o material. Quizá esta sea una aportación a tener en cuenta para comprender como funciona la difusión del pensamiento paranoico y sus consecuencias criminales: no es generado por idealismo, sino por pragmatismo. Algo que las estigmatizaciones absolutas hacen olvidar.

En definitiva, la supuesta perversión implícita en su lectura –la simpatía que pretendidamente puede suscitar el malvado- quizá puede ser el mejor antídoto para combatirlo.

Bibliografía

* Sobre los Protocolos y su historia, puede verse un resumen en nuestro artículo “Los Protocolos de los ‘Sabios de Sión’. Cómo se inventa una conspiración”, Clío 61 (noviembre 2006), pp. 52-57. La obra clásica sobre estos es El mito de la conspiración judía mundial. Los Protocolos de los Sabios de Sión, de Norman Cohn (Alianza Editorial, Madrid, última edición 2010).


NOTAS DE LECTURA: “MUSSOLINI SECRETO” O UN DUCE POCO AMIGO DE FRANCO Y MÁS ANTISEMITA QUE HITLER

enero 22, 2011

  MUSSOLINI SECRETO (Crítica) es una selección de fragmentos de diario que la célebre amante del Duce, Clara -Claretta- Petacci inició en octubre de 1937 y continuó hasta su asesinato por los partisanos en 1945. Conoció al dictador en 1932 y devino su amante cuatro años después, tras separarse de su esposo. El dictador y ella se llevaban más de 30 años: Mussolini tenía entonces 53 y Clara -nacida en 1912- solo 20.

En esta obra el periodista Mauro Suttora escoge los pasajes que considera más destacados del dietario de Petacci del período 1932-1938 y muestra tanto el rostro humano del Duce como su visión de la política en privado. Ello es de gran interés porque éste desde 1936 –según su magno biógrafo Renzo de Felice- “se encerró en sí mismo. No tenía amigos, no frecuentaba a nadie [...], desconfiaba de todo y se sentía rodeado de colaboradores débiles e inseguros”.

El libro contiene numerosos elementos de interés, de los que aquí solo destacaremos que rompe con los tópicos de proximidad “latina” del fascismo al franquismo, percibido como una realidad más próxima.

El Duce era poco amigo de Franco

Franco, ya durante la Guerra Civil, inspira a Mussolini escasa confianza. Así, en diciembre de 1937 hizo este gráfico comentario sobre él: “es un idiota. [...] Hace cuatro meses que podía ganar la guerra. Si los españoles fuesen la mitad de agresivos que los japoneses, a estas horas ya se habría acabado todo. Pero son indolentes, perezosos, tienen muchos rasgos de los árabes. Hasta 1480 en España dominaron los árabes, ocho siglos de dominación musulmana. Por esto los españoles tienen esta naturaleza, comen y duermen poco”.

En realidad, el futuro dictador español le resulta un incómodo personaje al dilatar la conclusión de la Guerra Civil, pues está enfrascado en una guerra de aniquilación del enemigo, algo que Mussolini no comprende: mientras el primero quiere una larga guerra de conquista, el segundo desea una guerra rápida. El resultado es que humor del dictador italiano hacia Franco es voluble. Por una parte le considera un leal subordinado (“me obedece, siempre me ha obedecido, me tiene en gran estima [...], me admira mucho. Hace todo lo que le digo) y por otra le enoja al no vencer: “cuando ve que el adversario se tambalea, en vez de asestarle el golpe definitivo, le da tiempo para recuperarse. [...]. Espera, espera. Pero a qué espera, maldición…” Concluye de modo significativo: “Me muero de rabia”.

Ramón Serrano Suñer, Franco y Mussolini en su encuentro en Bordighera en febrero de 1941. Pese a las apariencias y las reflexiones de Franco elogiosas hacia el Duce, éste le menospreció.

De ello infiere una supuesta particularidad del carácter español: “El español es sumamente orgulloso y soberbio, tiene siglos de historia. Carlos V dominó Europa. Como soldado, es valiente, no tiene miedo a morir, es fatalista, medio árabe, de modo que se lanza de pleno sin pensar ni tener miedo. Pero le falta ímpetu [...], no ataca. Para eso hace falta el italiano”. En todo caso, Mussolini no muestra especial proximidad o afinidad hacia Franco.

Un antisemita más radical que Hitler

A la vez, el Duce también se manifiesta portador de un antisemitismo y racismo más radical que el de Adolf Hitler y le irrita que le consideren su imitador: “Soy racista desde el 21. No sé cómo pueden pensar que imitó a Hitler, que no había nacido todavía. [...] La raza debe ser defendida” para que los italianos “no engendren mestizos” y “estropeen lo que hay de hermoso en nosotros”. Le refiere a Pettacci que ya atacaba “ferozmente” a los judíos en 1923 (el dictador nazi publicó Mi lucha en 1925).

Mussolini detestaba ser considerado un antisemita émulo de Hitler, pues con su judeofobia afirmaba haber sido precursor del mismo.

A la vez, su antijudaísmo es sólido: “Es terrible que todo esté en manos de los judíos”, afirma Mussolini. Considera que “apestaban” y son una “raza despreciable”. El 18 de abril de 1938 es categórico sobre su suerte: “Estos sucios judíos, [son] un pueblo destinado a ser completamente eliminado”. Como se aprecia, su antisemitismo nada tuvo que envidiar al del Führer. Pero con las medidas raciales  de su régimen a partir de 1938 -según explicita a su amada- no quiere su exterminio, sino su aislamiento: “No se les hará ningún daño, pero no deben quitar el pan a nuestra gente. Que hagan su vida, que se dediquen exclusivamente al comercio, sin invadir nuestro terreno. [...] El objetivo es purificar la raza y hacer trabajar a los arios en los puestos que ahora ocupan ellos”. La meta sería segregarles: “que vivan su vida lejos de la nuestra [..]. Dentro del Estado, pero por su cuenta, como extranjeros”.

Un manuscrito secreto de Estado

Otro aspecto relevante de los diarios de Petacci es que la parte de los mismos correspondiente al período 1939-1945, destaca Suttora, es aún secreto de Estado en Italia. El editor de la obra recoge así el testimonio del sobrino de la autora: Ferdinando Pettacci. Éste arguye que la brutalidad que los partisanos mostraron el 27 de abril de 1945 hacia su familia no fue gratuita: tras interceptar la caravana en la que acompañaban a Mussolini, violaron a su madre y mataron a su padre, hermano de Clara Petacci, así como a ésta última.

Ferdinando explica tal conducta con una sorprendente hipótesis: su padre, su tía y el Duce poseían correspondencia que podía comprometer a Churchill al plasmar supuestas tentativas de negociar una paz por separado entre 1944 y 1945. Para impedir que ésta transcendiera -siempre según Ferdinando- los británicos habrían hecho un trato con los partisanos: estos eliminarían a los hermanos Pettaci y como contrapartida se adueñarían del tesoro que acarreaban los jerarcas fascistas fugitivos (el “oro de Dongo”).

¿Guardaba Clara Petacci secretos comprometedores para Churchill que le valieron la muerte?

Ferdinando que por esta razón es aún imposible acceder a los diarios de su tía de 1939-1945. Es más, cuando en 1956 la familia los reclamó al Estado el ministerio fiscal manifestó que “su divulgación podría perjudicar las buenas relaciones diplomáticas con otros países”. Por último, aunque una ley del 2007 impide que el secreto de Estado dure más de 30 años, en este caso no es así, a la par que han desaparecido más de 300 cartas inventariadas de la amante del Duce. Sea cierto o fantástico el argumento de Ferdinando, los diarios de su tía parecen ser un “material sensible” para el Estado italiano. Finalmente, invita al lector a comentarle sus observaciones mediante una dirección de corro de EE.UU., donde reside.

En todo caso, estamos ante una lectura más que interesante, ya glosada extensamente en nuestro artículo “La amante de Mussolini revela sus secretos”, Clío, 109 (2010), pp. 58-65.


NOTAS DE LECTURA: “VIENTO SUR” DEDICA UN DOSSIER A LA EXTREMA DERECHA

julio 30, 2010

 

Portada del número con un dossier sobre la ultraderecha.

La revista Viento Sur dedica un dossier en su último número a la extrema derecha que puede ser de interés para nuestros lectores. Sus artículos son accesibles on line en http://www.vientosur.info/sumarios/index.php?x=111. Contiene los siguientes textos: “Una Europa en crisis, una extrema derecha en ascenso”, de Miguel Urbán Crespo; “El berlusconismo y la transición autoritaria”, de Cinzia Arruzza y Felice Mometti;
“Las políticas migratorias en Europa y el poder de agenda de la extrema derecha”, de Luca Sebastiani; “El Partido Popular y la anomalía española”, de Jaime Pastor; e incluye un fragmento de un trabajo nuestro sobre la PxC que la publicación ha querido reproducir: “Factores que definen y explican a la Plataforma per Catalunya (PxC)”.


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