EL ENIGMA DEL ASESINATO DE ALDO MORO CONTINÚA 35 AÑOS DESPUÉS: ¿SE QUISO IMPEDIR LA PARTICIPACIÓN EN EL GOBIERNO DEL PARTIDO COMUNISTA?

mayo 11, 2013

¿Quién mató a Aldo Moro?

El 9 de mayo de 1978 el cuerpo  de Aldo Moro es hallado por la policía en el maletero de un Renault-4 rojo.

CUANDO SE CUMPLEN 35 AÑOS DEL ASESINATO DE ALDO MORO, importante líder de la Democracia Cristiana [DC] italiana, su muerte continúa rodeada de numerosos enigmas.

Moro fue secuestrado el 16 de marzo de 1978 por un comando de las Brigate Rosse [Brigadas Rojas, BB.RR.], un grupo terrorista de extrema izquierda, cuando se dirigía al parlamento para que en Italia se conformara un gobierno de la DC con apoyo externo del Partido Comunista. Ello suponía plasmar el llamado “compromiso histórico”: la participación de los comunistas en el ejecutivo italiano. Se ha destacado que tal posibilidad, en plena Guerra Fría, suponía modificar el statu quo de zonas de influencia en un lugar tan sensible como el sur de Europa.

El resultado fue que el secuestro y asesinato de Moro a manos de sus captores frustró lo que hubiera sido un cambio político profundo y el llamado “factor K” (en alusión al acceso bloqueado del PC al poder, 1 y 2) siguió gravitando en Italia.

¿Fue este magnicidio un crimen de Estado? ¿Qué fuerzas influyeron de un modo u otro en el mismo? A continuación reproducimos una crónica al respecto de La Vanguardia (9/V/2013) que reúne los aspectos enigmáticos que más de tres décadas después aún rodean al suceso.

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¿Quién mató a Aldo Moro?

Más allá de los autores materiales -las Brigadas Rojas-, la sospecha de la existencia de una trama oculta salpica a servicios secretos, a la logia P-2 o a la red Gladio. | Las confesiones de los autores del secuestro y asesinato no esclarecieron el caso. | Especulaciones y medias verdades siguen salpicando el mayor magnicidio de la Italia moderna.

En la mañana del 9 de mayo de 1978 el cuerpo sin vida de Aldo Moro era descubierto por la policía en el interior de un Renault-4 rojo aparcado en la vía Caetani, en el centro de Roma. La aparición del cadáver del dirigente democratacristiano, acribillado por once balas, encogido y semicubierto por una manta en el maletero del vehículo ponía fin a un secuestro de 55 días llevado a cabo por la organización terrorista de extrema izquierda Brigadas Rojas (BR). El lugar donde habían aparcado el automóvil no era casual, a medio camino de las sedes centrales de la Democracia Cristiana (DC) y del Partido Comunista Italiano (PCI), los dos principales partidos del país y los más firmes defensores de no negociar con los secuestradores. El asesinato también era el final del compromiso histórico formulado por el secretario general del PCI, Enrico Berlinguer,  y en el que Moro, por convencimiento o por táctica, estaba dispuesto a experimentar.

De hecho, el presidente de la DC fue secuestrado cuando se dirigía a la sesión de investidura del cuarto gobierno de Giulio Andreotti. El nuevo ejecutivo iba a ser apoyado parlamentariamente por los comunistas en una fórmula inédita en la política italiana. Su trágico final enterró aquel intento. Los democratacristianos volvieron a pactar con socialistas y pequeños partidos centristas los sucesivos gobiernos hasta el cambio de escenario político de 1992 –proceso de Manos Limpias contra la corrupción, destrucción del sistema de partidos vigente desde 1945 e irrupción de Berlusconi-.

A finales de los años 70 en Italia, época conocida como los años de plomo, donde coincidieron el terrorismo de extrema derecha –con los grandes atentados de la plaza Fontana de Milán y la estación de ferrocarril de Bolonia- con el de extrema izquierda  –en parte,  heredero del mayo del 68 y del desencanto con las políticas de los partidos comunistas-  tuvo una influencia decisiva en el desenlace del secuestro. Su política de acuerdos con los comunistas alteraba el equilibrio político del sur de Europa y cuestionaba las bases de la guerra fría. Ni Washington ni Moscú veían con simpatía la deriva italiana. En este contexto, es difícil sustraerse –y la historiografía de los últimos treinta años no lo ha hecho-  a considerar el secuestro y asesinato de Aldo Moro como una operación política de largo alcance, donde más allá de los ejecutores materiales –las Brigadas Rojas- se extiende una trama oscura donde se adivinan los hilos de los servicios secretos –principalmente, estadounidense-, la logia masónica P-2 o la organización Gladio.

El secuestro

El 16 de marzo de 1978, un comando de al menos 10 terroristas, algunos de ellos vestidos con uniformes de la compañía de aviación Alitalia, apostados en el cruce que une las vías Mario Fani y Stressa, en el norte de Roma, interceptaron a las nueve de la mañana el Fiat 130 en que viajaba Aldo Moro y el Alfa Romeo de sus escoltas. En una operación diseñada por el jefe de las BR en Roma, Mario Moretti, ametrallaron al chofer y a los guardaespaldas. Seleccionaron con exactitud dos de las cinco carteras que llevaba consigo, introdujeron a Moro en un coche y abandonaron  la escena del crimen. La acción había durado tres minutos.

Una operación milimetrada sobre la que penden algunos interrogantes. Los terroristas abatieron a los cinco acompañantes sin ocasionar ningun daño a Moro –aunque la autopsia reveló una herida en una nalga que pudo haber sido causada en el momento del secuestro-. La precisión del ametrallamiento sorprende para unos jóvenes sin formación militar. Algunas fuentes revelaron que 49 de los 91 disparos partieron de un solo hombre y apuntaron la tesis de un miembro de la ndranghetta, la mafia calabresa, conectado con los servicios secretos. Un testigo afirmó haber oído gritar órdenes con acento extranjero. Otros testimonios declararon haber visto una moto Honda con dos hombres a bordo.

Otros dos elementos levantaron suspicacias. Primero, se conoció que un agente del servicio secreto militar italiano había sido visto en vía Fani –explicó que iba a casa de un amigo-. Segundo, debido a una caída repentina de las líneas telefónicas en la zona del tiroteo, el primer aviso no llegó a la policía hasta las 9.05 horas.

También llama la atención la inexperiencia de la policía en la lucha antiterrorista. El escenario se contaminóde la forma más chapucera. Prensa y curiosos pasearon por el lugar e incluso un enviado de la RAI exclamó en una conexión en directo: “Ah, he pisado sin querer los casquillos”. En el mismo sentido, cuando fue encontrado el cadáver de Moro el coche fue rodeado por una multitud de policías y curiosos que  infringían las más elementales normas de investigación.

El cautiverio

Durante esos casi dos meses, la sociedad italiana se vio sacudida por el debate inevitable de abrir o no la negociación con los terroristas. El proceso fue dramático debido a los sucesivos comunicados de las Brigadas Rojas y, especialmente, a las cartas desesperadas enviadas por el propio Moro a sus compañeros de partido –solicitándoles que accedieran a negociar su liberación- y a su mujer.  Como señaló Enric Juliana, en un artículo a los veinte años del crimen, “el secuestro de Moro acabó siendo una tragedia griega, el ansia humana por sobrevivir contra la razón de Estado”.

Dos días después del secuestro, el día 18, el periódico Il Messaggero  recibió una llamada anónima en la que se informaba el lugar donde se encontraba el primer comunicado y anunciaba que “un núcleo armado de la Brigadas Rojas ha capturado y recluido en una prisión del pueblo a Aldo Moro

El 25 de marzo, se recibió la segunda comunicación de la banda en el que se anunciaba que “se buscarían las directas responsabilidades de Aldo Moro por las cuales y con criterios de justicia proletaria, será juzgado”.  Para algunos autores, el término juzgado alertó a instituciones y agencias de seguridad. Moro había sido presidente de Gobierno dos veces y ministro de Asuntos Exteriores, por tanto disponía de información confidencial y secretos de Estado que podían implicar a servicios secretos y gobiernos extranjeros.

El día 29 se recibió un nuevo mensaje y una carta de Moro dirigida a su amigo y ministro del Interior, Francesco Cossiga, en la que solicitaba a los dirigentes del partido ser canjeado. Sin embargo, el Gobierno decidió mantener una postura firme frente a los terroristas. Ante al silencio del ejecutivo, el 4 de abril las Brigadas enviaron  el cuarto comunicado en el que exigían la liberación de los prisioneros comunistas. El 15 de abril, en la sexta comunicación se notificaba que el interrogatorio “había terminado, se le había encontrado culpable y condenado a muerte”.

 Moro durante su cautiverio.

El falso comunicado

Tres días después, el caso dio un giro inesperado. Un nuevo comunicado anunciaba que “el presidente de Democracia Cristiana, Aldo Moro, ha sido ejecutado mediante suicidio” y que su cuerpo yacía en el lago Duchesse, cerca de la localidad de CartoreLa conmoción fue enorme, pero tras dos días de búsqueda infructuosa se recibió un nuevo comunicado de la banda, en el que negaban su autoría en el mensaje anterior y lo atribuían a “los especialistas en guerra psicológica”. Adjuntaban una fotografía del prisionero sosteniendo el periódico La Repubblica del día anterior.

Hace pocos años, el controvertido especialista estadounidense en terrorismo, Steve Pieczenick, confirmó en una entrevista que ese comunicado fue elaborado por los servicios secretos italianos y que su finalidad era preparar a la opinión pública para lo peor.  Pieczenick, miembro de un equipo estadounidense enviado para asesorar a los italianos, confesó que su misión fue hacer creer a las BR que pese a la aparente posición de firmeza del Gobierno italiano sería posible llegar a un acuerdo. Tras el falso comunicado de la muerte y el fracaso posterior de cualquier negociación, defraudados terroristas se vieron abocados a tomar la más funesta decisión.

El día 24 de abril se recibió el octavo mensaje, en el que se reiteraba la condición de preso político de Moro y se ofrecía su intercambio por trece brigadistas presos. El 29 de abril, en un último y desesperado intento, Moro envió cartas a sus compañeros solicitando que fuera convocado el Consejo Nacional del partido. Inútil. El 3 de mayo, Giulio Andreotti, presidente del Gobierno, reiteró la negativa del Ejecutivo. Dos días después, se recibió el último comunicado (nº 9) en que se anunciaba la condena a muerte de Moro, la exculpación de las BR y acusaban al Gobierno de asesinato de Estado.

La ejecución

El cautiverio de Moro duró 55 días. Permaneció todo el tiempo en una falsa habitación camuflada detrás de una librería del salón de un piso de la vía Montalcini nº 8 de Roma. Básicamente, le custodiaron el jefe del comando Mario Moretti, que se encargó de los interrogatorios, Prospero Gallinari, Germano Maccari y Anna Laura Braghetti, que en marzo de 1998 dio a conocer algunos detalles de cómo transcurrieron los últimos minutos de la vida de Aldo Moro. Gallinari no dejó ni un minuto el piso durante los 55 días del secuestro –se había fugado de la cárcel de Treviso en 1976-.  No salió ni la mañana del 9 de mayo, cuando Moro fue escondido en una cesta, llevado al garaje por Moretti y Maccari e introducido en el maletero del Renault-4 donde fue asesinado por once disparos. Después dejaron el coche en vía Caetaní.

Durante bastante tiempo se pensó que Gallinari había sido quién mató a Moro, pero en octubre de 1993, Mario Moretti confesó haber sido el autor material “no habría permitido que lo hiciese otro”.  Sin embargo, diferentes autores y la comisión parlamentaria que investigó el caso encontró varios puntos oscuros en la versión de los brigadistas. Durante la autopsia se encontró arena de playa en el traje de Moro y también algunas monedas en un bolsillo. Tampoco los cinco juicios celebrados contra 13 brigadistas implicados han esclarecido los puntos oscuros. Dos nunca fueron capturados. Sobre uno de ellos se apunta que podía ser un infiltrado de los servicios secretos italianos; sospecha que también se extendió al mismo Moretti.

Además de la duda sobre la autoría del asesinato, siempre las ha habido sobre la capacidad de las Brigadas para  mantener escondido a Moro durante 55 días. A pesar de los 13.000 policías movilizados, los 40.000 registros domiciliarios y los 72.000 controles de carretera sorprende que durante los casi dos meses de secuestro la policía italiana no llevara a cabo ninguna detención. En 1981, se descubrió que la mayor parte de la cúpula del ministerio del Interior, encargada de la investigación del secuestro, pertenecía a la logia masónica P-2.

Tampoco se sabe donde fueron a parar los escritos de Moro en cautiverio: casi cien textos entre cartas y testamentos. Fueron enviadas 30 misivas, siete de ellas publicadas. Otras vieron la luz poco a poco. Sus acusaciones eran muy duras, especialmente, con sus compañeros de partido “mi sangre caerá sobre vosotros”. Su mujer, Eleonora, que nunca perdonó a Giulio Andreotti, Francesco Cossiga y  Benigno Zaccagnini –secretario general de la DC-,  prohibió que se celebrase un funeral de Estado. Sí que consiguió que Pablo VI escribiera una carta a las BR pidiendo su libertad.

Del memorial, supuestamente escrito por Moretti, con las transcripciones de los interrogatorios a Moro apareció una copia pero se sospecha que la policía hizo desaparecer la parte más comprometedora para los intereses del Estado. Además, se descubrió que la impresora de los comunicados de las Brigadas Rojas provenía de las oficinas de los servicios secretos que entrenaban a los miembros de la Gladio, la fuerza paramilitar financiada por la CIA para prevenir un posible golpe comunista en Italia.

El caso Moro conmocionó al mundo en 1978. Para los italianos es un affaire que aún permanece abierto, al igual que el asesinato del presidente Kennedy para los estadounidenses. Son demasiadas sospechas, demasiadas especulaciones, demasiadas medias verdades para cerrar el caso. Aunque las Brigadas Rojas secuestraron y mataron a Moro, la tesis más pausible es que intervinieron más actores que manipularon al grupo según sus intereses. Pocos parecían quererlo vivo. Sabía demasiado sobre la guerra sucia. Se impuso la razón de Estado. Moro fue sacrificado.


EL ASESINATO DE YOLANDA GONZÁLEZ: LAS CONEXIONES DE HELLÍN CON LOS ÁMBITOS DE SEGURIDAD DEL ESTADO

abril 9, 2013

Yolanda


EL PASADO MES DE  FEBRERO cobró inesperada actualidad un triste episodio de la transición democrática:
 el homicidio de Yolanda González, militante en el extraparlamentario Partido Socialista de los Trabajadores [PST], que fue cometido en febrero de 1980 por dos ultraderechistas, Emilio Hellín e Ignacio Abad.

El mes citado el diario El País (24/II/2013) publicó una información sobre uno de los dos implicados en el crimen, Hellín, señalando que éste -que fue condenado a 43 años por el asesinato y había cumplido su condena- trabajaba “para los Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad del Estado en casos judicializados y forma a sus agentes en técnicas forenses de espionaje y rastreo informático”.

Al día siguiente, el mismo diario informó que desde el ministerio del Interior se admitió que Hellín fue contratado los años 2006, 2008, 2009, 2010 y 2011 para cursos de especialización a agentes.

Las conexiones de Hellín con ámbitos de seguridad del Estado

En este aspecto, consideramos que tal situación no es una novedad, pues  cuando fueron investigados los homicidas de González, emergieron conexiones policiales de Hellín, que dirigía una academia de informática donde se halló un pequeño arsenal.1

Entonces Blas Piñar -líder de Fuerza Nueva- las explicó así: «Hice averiguaciones. Se me dijo que la Academia [...] de Informática tenía relaciones con los servicios policiales. Por eso [...] conseguí una entrevista con el Juez instructor, Ricardo Varón Cobos. [...] Me confirmó las conexiones oficiales de Hellín. Tenía carnés, me dijo, de varias agrupaciones políticas y sindicales».

Por su parte, el general de la Guardia Civil José Antonio Sáenz de Santa María incluso afirmó que «la sospecha de que en el asesinato [de García] participó algún miembro de la policía nunca quedó despejada por completo».3 Por nuestra parte, ignoramos el fundamento de tal afirmación.

¿Existió porosidad entre ámbitos de la seguridad del Estado y la ultraderecha?

Esta información ya la publicamos el 2009 en un artículo académico reseñado en este blog sobre la ultraderecha española y la llamada estrategia de la tensión, donde planteábamos la posibilidad de que el terrorismo de la extrema derecha se caracterizó por tres dinámicas a menudo entrecruzadas: iniciativas espontáneas que designamos como «espontaneísmo armado»; actos instigados por individuos con conexiones con círculos de la seguridad del Estado; y episodios con un uso planificado de la misma.

Asimismo, apuntamos que el terrorismo de este espacio político pareció actuar a remolque de los hechos, en flagrante contradicción con sus metas y con una autonomía que plantea interrogantes sobre eventuales instigadores ajenos a este ámbito político.

En este sentido, quien ha sido un destacado activista e ideólogo de la extrema derecha, Ernesto Milá, ha afirmado que «en Madrid, los grupos ultras practicaban el compadreo con los medios policiales y muchos estaban convencidos de que contaban con la cobertura, la complicidad o la afinidad de muchos policías». Son interesantes al respecto sus dos volúmenes de memorias titulados Ultramemorias (el primero de los mismos fue reseñado en este blog).

En definitiva, más allá del triste caso de Yolanda González, en la violencia política de la Transición todavía quedarían lagunas por estudiar.

Notas

1. Véase «Las últimas víctimas del movimiento estudiantil», Tiempo (13/III/1989), pp. 62-69. «Tramas negras, ni pena ni olvido», El País (30/X/1988).

2. Blas Piñar, Por España entera. Escrito para la Historia (2), Madrid, Fuerza Nueva Editorial, p. 423.

3. Diego Carcedo, Sáenz de Santa María. El general que cambió de bando, Madrid, Temas de hoy, 2003, p. 237.


GRECIA: LAS INQUIETANTES COMPLICIDADES ENTRE FUERZAS DE SEGURIDAD Y AMANECER DORADO

agosto 21, 2012

Milicias de Amanecer dorado.

El asesinato de un joven iraquí de 19 años el pasado 13 de agosto en Atenas a manos de cinco desconocidos identificados como ultraderechistas ha tenido lugar mientras se realizaba la Operación Zeus Xenios, una ofensiva policial contra la inmigración irregular.

El crimen, según la información publicada en El País-  tuvo lugar al amanecer, cuando cinco jóvenes descendieron de cuatro motocicletas y le golpearon y agredieron con una navaja y falleció al cabo de unas horas en el hospital. Este episodio de violencia contra inmigrantes no ha sido el único que ha tenido lugar, sino que tales hechos han proliferado.

¿Las fuerzas de seguridad son impotentes ante tales hechos?

Vínculos  inquietantes entre neonazis y fuerzas de seguridad

Una información de la corresponsal de ABC en Atenas, Begoña Castiella, publicada el 18 de junio apuntaba la existencia de inquietantes complicidades entre fuerzas del orden y el partido neonazi Amanecer Dorado, formación a la que -según un estudio electoral- los cuerpos de seguridad habrían podido votar en una proporción muy elevada.

Reproducimos íntegramente el artículo a continuación por su interés para los lectores de este blog:

Hoy tanto el partido de los radicales Syriza (Coalición de la Izquierda Radical) como el partido Andarsía (cuyas iniciales significan insurrección en griego pero corresponden a Colaboración Anticapitalista de Izquierda para el Derrocamiento) han denunciado el ataque efectuado contra sus kioskos electorales ayer viernes por la noche en la Plaza Central de Ano Liósia, un ayuntamiento muy desfavorecido a las afueras de Atenas.

Un grupo de más de veinte personas del partido nacionalista extremista Amanecer Dorado se presentó con sus motos en la explanada, a las nueve de la noche, hora en la que había mucha gente tanto en los kioskos como circulando por la zona, al grito de «sangre, honor, Amanecer Dorado» (en griego rima: Ema, timí, Xrisí Avguí). Se bajaron de las motos y comenzaron a circular entre la gente con palos y cuchillas de forma amenazante, dirigiéndose hacia los stands electorales de los radicales de Syriza y de Andarsía.

Un policía griego mantiene retenidos a unos inmigrantes residentes en Atenas.| Efe/Pantelis Saitas

Operación policial de control de emigrantes en Grecia.

Un grupo de policías que se encontraba en la plaza no se movió ante las amenazas y los insultos que lanzaban los extremistas. Finalmente dos agentes se acercaron y pidieron a los neonazis que se retiraran. Al hacerlo, derribaron otro kiosko electoral del partido nacionalista Griegos Independientes, escisión de Nueva Democracia, aprovechando que en ese momento no había nadie del partido presente.

La denuncia termina con la frase «este incidente es uno más de las patrullas terroristas de motoristas del Amanecer Político en Ano Liósia y las zonas circundantes. Denunciamos la actividad terrorista de esta organización fascista y la “inexplicable” tolerancia del mecanismo estatal frente a esta organización, ya que objetivamente alienta esta acción».

Un estudio cuidadoso de los resultados electorales de las pasadas elecciones de mayo reveló que en los centros electorales cercanos a la Dirección General de Seguridad de Atenas y al Centro de las Fuerzas Especiales, cuyos policías no residentes en Atenas podían ir a votar, tuvieron un porcentaje altísimo de votantes de Amanecer Dorado comparado con elecciones anteriores.

Cartel del film Zeta.

Un crimen con aire de “Zeta”

Los acontecimientos expuestos nos traen a la memoria la célebre novela Z, de Vassilis Vassilikos, publicada en 1967, traducida a más de 30 idiomas y que dio pie a la película homónima, Z. Ésta  fue dirigida por Constantin Costa-Gavras (que también fue su guionista junto a Jorge Semprún) y con música de Mikis Theodorakis realizada en 1969 y que mereció dos Óscar (a la mejor película extranjera y al mejor montaje).

Escenas de Z que muestran a los ultraderechistas en acción.

El argumento ofrece cierta familiaridad con lo que ocurre en Grecia: recrea las circunstancias que rodearon el asesinato del político heleno  Gregoris Lambrakis acaecido en 1963, en el que fueron decisivas las complicidades entre fuerzas de seguridad y la extrema derecha cuando el crimen es investigado por un magistrado honesto. Cuando éste último logra procesar y condenar a los implicados, en 1967 tiene lugar el golpe de Estado militar llamado “de los coroneles” que establece una dictadura e imposibilita que se haga justicia cumpliendo las penas los culpables.

Minutos finales de Z con subtítulos en castellano.

El film comienza con la frase “Cualquier parecido con la realidad no es fruto del azar, es voluntario”. El problema de la violencia neonazi actual que se produce en Grecia es que ésta no es una ficción fílmica sino una alarmante  realidad y nada indica que vaya a aminorar. Más bien tenderá a aumentar.


ANTE LA NOSTALGIA DE DICTADURA MILITAR, UN FILM A RECUPERAR: “VOGLIAMO I COLONNELLI”

abril 15, 2012

EN LA ANTERIOR ENTRADA hemos comentado una propaganda nostálgica de la dictadura franquista, “Vuelva general”. Debe tenerse en cuenta que la exaltación de gobiernos militares fue una característica del neofascismo hasta bien entrados los años setenta, cuando lo plasmó el film coetáneo Vogliamo i colonnelli  (del que disponemos de versión en castellano, Queremos los coroneles).

Dirigida en 1973 por Mario Monicelli y con Ugo Tognazzi como estrella, la película constituye una sátira del neofascismo italiano que trama y desarrolla un golpe de Estado. Especialmente hilarante en algunos pasajes, la obra refleja la percepción existente de la ultraderecha en la época.

Inicio del film en el que un atentado de la ultraderecha es atribuido de manera tosca a la extrema izquierda.

El film de retrata así las conexiones entre ambientes filogolpistas del Parlamento y organizaciones neofascistas extraparlamentarias, sin olvidar conexiones cn la dictadura helena de los coroneles. Con buen ritmo narrativo y sentido del humor, la obra  (nominada en el Festival de Cannes a la Palma de Oro como mejor película) ofrece un sugerente y divertido testimonio del neofascismo de los años setenta.

El fracaso del golpe debido a la confusión creada por un cortocircuito.


¿ESTUVO FRAGA IMPLICADO EN “MONTEJURRA-1976″? ¿CUÁLES FUERON SUS RELACIONES CON LA CORONA? ¿QUÉ HA SIDO DE LA “FAMILIA REAL” CARLISTA?

febrero 4, 2012

¿Qué tuvo que ver Fraga con los oscuros hechos de Montejurra en 1976?

HEMOS PUBLICADO EN EL DIARIO CATALÁN ARA (21/I/2012) un artículo que -con motivo de la muerte de Fraga- reconstruye sus vínculos con el príncipe Juan Carlos I y analizaba su implicación en los hechos de Montejurra, que ya hemos tratado en este blog en dos ocasiones (1 y 2). Asimismo, explica cómo se desarrolló la pugna de la familia real carlista por la Corona bajo el franquismo y cuál es la situació legal de la “familia real” carlista en la actualidad.

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Manuel Fraga i la corona: la contrahistòria

Manuel Fraga va empènyer Joan Carles I a la corona apartant els rivals carlins. Els fets de Montejurra (Navarra) mai s’han acabat de conèixer a fons

 

El rei Joan Carles i Manuel FragaEl rei Joan Carles i Manuel Fraga EFE

Un dels episodis més foscos de la Transició va succeir quan Manuel Fraga era ministre de Governació: els fets de Montejurra del 9 de maig de 1976. Aquell dia se celebrava a Navarra la concentració carlina anual. En el seu decurs es van enfrontar seguidors del Partit Carlí (PC), que liderava el príncep Carles-Hug de Borbó Parma, i els d’un contingent carlí d’ultradreta acabdillat pel seu germà petit, Sixt-Enric. Davant la passivitat de la Guàrdia Civil, l’episodi es va saldar amb dos morts del PC i 30 ferits, i mai es va clarificar: els 11 volums del sumari es van extraviar.

Fraga sempre va negar que conegués els fets i que hi intervingués, ja que es trobava fora d’Espanya. Però hi ha proves que demostren que la reacció de les forces de l’ordre podria haver estar ordida per apartar l’alternativa dinàstica al que seria el rei Joan Carles I. Carles-Hug de Borbó va presentar credencials per ser nomenat successor de Franco: era catòlic, major de 30 anys i venia d’estirp règia…
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¿PASOLINI FUE ASESINADO POR FASCISTAS? RECORDAMOS AL AUTOR DE “FUERA DEL PALACIO”

noviembre 20, 2011

¿Fue asesinado Per Paolo Pasolini por neofascistas?

LA MUERTE DE PIER PAOLO PASOLINI, cuando han trascurrido ya 36 años de la misma, continúa siendo un misterio. El 3 de noviembre de 1975 Italia despertó conmocionada por el asesinato nocturno en un descampado de Ostia de Pasolini. Un adolescente, Giuseppe Pelosi –entonces con 17 años- manifestó haberle propinado una paliza brutal y después pasó con un vehículo por encima del cuerpo. Dijo haber actuado en solitario en el marco de una relación homosexual.

Pasolini, nacido en 1922, era entonces un destacado referente de la izquierda italiana. Había cultivado la crítica, la poesía y la narración y como cineasta dejó films tan notables como El evangelio según San Mateo (1964), El Decamerón (1971) o su última obra, Saló o los 120 días de Sodoma (1975). Ésta transcurría en la mussoliniana República Social Italiana y causó gran revuelo el sadismo que atribuyó a sus protagonistas.

Sin embargo, en el 2005 Pelosi declaró que no mató a Pasolini, sino que cuando estaba con éste surgieron tres hombres de improviso que golpearon a su acompañante mientras le llamaban “comunista, maricón, guarro”, pero silenció el crimen de los neofascistas por las amenazas que estos le hicieron.

Paralelamente, la aparición de un texto inédito de Pasolini que debía figurar en su novela póstuma e inacabada, Petróleo, parece corroborar el móvil político de su muerte al aludir a escándalos de figuras públicas. Su homicidio, pues, no habría tenido nada de espontáneo y se suma a los enigmas de la Italia de los “años del plomo”.

Una metáfora que hizo fortuna: “Fuera del Palacio”

Por lo que respecta al populismo, un tema central de este blog, merece destacarse que el año de su muerte, Pasolini publicó un artículo titulado “Fuori dal Palazzo” ["Fuera de Palacio"]  en Il Corriere della Sera (1/VIII/1975) que acuñó un término que haría fortuna en Italia: “Il Palazzo” como símbolo del poder y los poderosos, que eran objeto de tratamiento informativo permanente, mientras lo que ocurría “fuera de Palacio” carecía de interés: “Las amas de casa viven en la página de sucesos; Fanfani o Zaccagnini, en la historia”, escribió.

Los “indignados” asaltan la Bolsa, “un Palacio” en metáfora de Pasolini.

Hoy “Il Palazzo” es el término que simboliza el poder y aún está en boga entre la izquierda. No hay mejor metáfora del populismo plebiscitario que los “indignados”, concentrados en “la Plaza” (ágora del pueblo), contra “el Palacio” (la Bolsa). Un legado metafórico apenas visible en España de Pasolini, pero muy descriptivo en los tiempos actuales.

Puede leerse “Fuori di Palazzo” y otros artículos de este polifacético creador  en la versión castellana de sus Cartas luteranas (Trotta, Madrid, 1997) y también son recomendables sus Escritos corsarios (Ediciones del oriente y del mediterráneo, Guadarrama, 2009).


EL POPULISMO QUE VIENE (86): ASÍ ERA LA EXTREMA DERECHA ESPAÑOLA ANTES DE ANGLADA (DESCÁRGUESE EL ENSAYO “EL FASCISMO” EN PDF)

junio 28, 2011

¿Qué era? ¿Qué es? El fascismo. Entre el legado de Franco y la modernidad de Le Pen (1975-1997), Destino, Barcelona, 1998, 94 pp. ISBN: 978-84-233-2999-1. Prólogo de Rosa Regás, pp. 11-14.

EN 1998 publicamos nuestro ensayo breve El fascismo, en la colección “¿Qué era? ¿Qué es?”, que entonces dirigía Rosa Regás en editorial Destino. Dado que el libro está descatalogado y hemos recibido peticiones de consulta, hemos decidido fotocopiarlo y escanearlo íntegramente para que sea accesible en PDF de modo gratuito.

Consideramos que pese al tiempo transcurrido ofrece una imagen de interés: una radiografía del universo de la ultraderecha española de la época, en la que se dibujaban entonces intentos de importación del lepenismo, pervivencia del neofranquismo y se apuntaban populismos protestatario emergentes.

En suma, desde nuestra perspectiva ofrece una radiografía asequible del universo de la extrema derecha española antes de que hiciera eclosión la Plataforma per Catalunya [PxC].

Sinopsis

Síntesis divulgativa sobre la evolución del fascismo hasta el momento de publicación del ensayo centrada en el caso de España. La primera parte (“Los herederos del fascismo”) expone cómo se conformó una extrema derecha en  el seno del franquismo que constituyó un sector ideológicamente involucionista en las postrimerías del régimen y durante los albores de la Transición, el llamado “búnker”. La segunda (“La crisis del ‘búnker’, 1975-1982) analiza el papel y la trayectoria de Fuerza Nueva, del terrorismo ultraderechista en “los años del plomo” y del fracasado golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. La tercera parte (“Entre la tradición y la innovación, 1983-1994)” constata la coexistencia de discursos ultraderechistas  nostálgicos del franquismo con otros innovadores e importadores de la cultura política de este espectro entonces exitosa en Europa, siendo su referente principal el Front National francés. La cuarta y última (“Hacia una nueva extrema derecha, 1994…”), efectúa previsiones de futuro sobre la eventual existencia de un “lepenismo español”.

La conclusión final, a la luz de la década transcurrida, resultó acertada. Decíamos ayer (1998):

“En cuanto a la ultraderecha española, ésta todavía parece contar con un largo camino que recorrer antes de configurar una opción política de cierta solidez. Carece de líderes y cuadros políticos, los ejes ideológicos de su discurso actual son tan variados como -en ocasiones- contradictorios. La siglas que se agitan en este espectro son casi desconocidas, muy cambiantes y difícilmente valorables en cuanto a su capacidad de convocatoria. Los ditintos grupos o no concurren a las elecciones o, cuando lo hacen, sus resultados son insignificantes [...]. Pero, sobre todo, la extrema derecha se enfrenta a un problema irresuelto: conciliar los valores de la ultraderecha ‘tradicional’ y los de la ‘postindustrial’, aunar el legado de Franco y la modernidad de Le Pen” (p. 89).

Para acceder al pdf íntegro del libro clicar aquíEl fascismo-Xavier Casals

Key Words:

Spain / Neofascism / Far Right / Fuerza Nueva / Espagne / Néofascisme / Extrême droite / Neofeixisme / Espanya / Extrema dreta / Racism / Racismo / Racisme / Xénophobie / Xenofòbia


ENTREVISTA A DAVID FERNÁNDEZ DE CASTRO: “TODO EL CASO PAPUS ES UN TEMA MUY OSCURO”

febrero 20, 2011

[Con motivo del estreno televisivo del documental sobre el atentado contra la revista El Papus esta noche por TV2, "Anatomía de un atentado", reproducimos de nuevo la entrevista publicada en este blog con su director en octubre del 2010, dados los centenares de consultas que recibe de nuevo. Para ver el documental clicar aquí ].

LAS 11.40 HORAS DEL 20 DE SEPTIEMBRE DE 1977 un atentado cometido con explosivos contra la redacción de la revista de humor y sátira El Papus, en la calle Tallers de Barcelona, causó la muerte del conserje; heridas muy graves a la telefonista y heridas menores a cerca de quince personas, así como graves destrozos en el local. La agresión fue reivindicada por teléfono por la llamada Triple A [Alianza Apostólica Anticomunista]  y fue uno de los episodios terroristas más sangrientos de la transición democrática en Cataluña que hasta hoy no ha sido objeto de estudio. Como ya anunciamos en este blog, se inició el rodaje de un documental que ahora ya está concluido.

Titulado El Papus, anatomia de un atemptat, se hizo un pase previo en la sede del Memorial Democràtic en Barcelona el pasado 1 de octubre al final del cual hubo un intercambio dialéctico entre el ultraderechista Alberto Royuela- entrevistado en la cinta- y dibujantes de la extinta revista. Lo que más sorprendió del reportaje es que al cabo de 33 años sigan inaccesibles archivos policiales y de la diputación. De ello hablamos con su director, David Fernández Castro.

¿Por qué decidió investigar el atentado contra la revista El Papus 33 años después?
Todo empieza con un recuerdo infantil. Yo tenía 8 años cuando estalló la bomba y mi padre estaba dentro de la redacción conjunta que tenía El Papus y la revista El Cuervo, de la que era redactor jefe. Mi padre habla poco del asunto y siempre me picó la curiosidad. Creo que la generación de los hijos de los que hicieron la Transición, ahora en la cuarentena, nos empezamos a hacer preguntas…

¿Cuáles han sido los principales obstáculos para su labor documental?
Nos hemos encontrado obstáculos de todo tipo. En primer lugar las víctimas directas: la telefonista que todavía hoy arrastra secuelas, no se veía con fuerzas para rememorar los hechos. Los hijos de Juan Peñalver, la víctima mortal, no quisieron ni oír hablar del documental. Desde la Asociación de víctimas me comentaron que era normal, que muchas familias que los sufrieron en aquella época consideran que se las ignoró del todo. El antiguo director de la revista y la única persona de la acusación que queda con vida tampoco quisieron hacer declaraciones.
Siguiendo con los problemas, uno muy desagradable, fue que el actual propietario del local de El Papus, un arquitecto de renombre en la ciudad que hace bares de diseño, nos pidió más de 4.000 euros por filmar ahí. Finalmente, el más sorprendente de todos fue la negativa de la policía nacional a dejarme acceder a su documentación sobre el caso. Ante mi insistencia se limitaron a contestarme que “no tenían por que darme explicaciones sobre su política de comunicación”. Otro caso diferente fue el de la Delegación del Gobierno que custodia la documentación del antiguo Gobierno Civil. Ahí, inicialmente, no me negaron nada, simplemente llegó un momento en que se limitaron a no contestar mis llamadas ni mis correos electrónicos. A eso creo que en derecho se le llama “silencio administrativo”. También he de decir que la Sala Segunda de la Audiencia Nacional me dio todas las facilidades para acceder a la voluminosa causa del proceso judicial. Menos mal, les estoy muy agradecido, de otra manera no se cómo podría haber argumentado todo el guión del documental.

¿Ha podido concluir quienes fueron los autores de aquel acto terrorista?
Todo el caso Papus es un  tema muy oscuro. Parte de un grave problema inicial y es la deficiente investigación policial. Al no llegar a ninguna conclusión fue absolutamente imposible probar nada por parte de la acusación. De todas formas, tras haber consultado la causa y haberme entrevistado con gente del entorno de este suceso, en mi opinión, creo que los condenados tuvieron algún grado de implicación, pero también que hubo gente más “importante” a la que no se la molestó.

¿El caso Papus es un acto excepcional en el marco de la Transición o un reflejo de la violencia que caracterizó el proceso?
Los que crecimos en la Transición se nos educó en la tesis de que fue un proceso modélico y de gran madurez por parte de ambos bandos. Personalmente coincido con esta idea, pero parece que no se puede cuestionar nada. No hay que tener miedo en revisar la historiografía oficial y, como he dicho antes, los de mi generación, con el paso del tiempo, nos damos cuenta de que también hubo unos “años de plomo” en el que mucha gente se quedó por el camino. Y no me refiero sólo a violencia, que menos que poder enterrar tus muertos. Quizás la justicia es la gran reforma pendiente de este país.


ENTREVISTA A PABLO-IGNACIO DALMASES: “LA MUERTE DEL LÍDER SAHARUI BASIRI FUE UN CRIMEN DE ESTADO”

febrero 6, 2011

 

LA “DESAPARICIÓN” DEL PRIMER LÍDER NACIONALISTA SAHARAUI -BASIRI- TRAS SU DETENCIÓN EN 1970 es uno de los muchos episodios que recoge el interesante testimonio del veterano periodista Pablo-Ignacio Dalmases sobre los últimos años de la presencia española en el Sáhara en su último libro, Huracán sobre el Sáhara, pues estuvo allí como periodista

El autor -que ha sido Jefe del Gabinete de Prensa de RTVE y de los Servicios Informativos de Radiocadena en Cataluña y ha trabajado 33 años en RNE- explica en él su experiencia como director de Radio Sáhara y del diario La Realidad de El Aaiún; la contradictoria política española en el lugar; la oposición militar a abandonarlo o la emergencia del nacionalismo saharui. En este aspecto, vuelve sobre un tema apenas conocido: la “desaparición” del citado líder nacionalista. Todo ello hace que la lectura de la obra sea más que recomendable y le agradecemos que haya accedido a ser entrevistado para este blog.

Usted alude a un “crimen de Estado” cometido en el Sáhara español en 1970. ¿Cual fue este homicidio?

El 17 de junio de 1970 el Gobierno General del Sáhara convocó una manifestación de adhesión a la política del gobierno de Madrid en la Plaza de España de El Aaiún. Para entonces se había ido fraguando un incipiente movimiento nacionalista pacífico en torno a la figura de Basiri, un saharaui que había estudiado en Egipto y Marruecos y que residía desde hacía algún tiempo en la ciudad de Smara. Este grupo aprovechó la oportunidad para organizar una manifestación paralela en el barrio periférico de Casas de Piedra o Zemla. Cuando el Gobierno tuvo conocimiento de ello intentó convencer a los participantes en esta manifestación ilegal a que se sumaran a la oficial –el Gobernador José María Pérez de Lema fue incluso personalmente a dialogar con ellos- pero sin resultado. Entonces se ordenó su disolución por la fuerza con intervención de la Legión, a consecuencia de lo cual hubo varios muertos y numerosos heridos.

Basiri, el líder saharaui “desaparecido” en 1970 tras ser detenido por promover un primer nacionalismo saharui.

La represión fue amplia y muchos implicados resultaron detenidos, aunque a la mayoría de ellos se le fue poniendo en libertad con el tiempo. No fue éste el caso de Basiri quien, aún sin haber participado personalmente en tales hechos –a los que propongo, recordando su analogía los movimientos emancipadores hispanoamericanos, denominar el “grito de Zemla”-, fue considerado su responsable moral y “desaparecido” al poco tiempo. De ahí que su muerte merezca ser calificada como un “crimen de Estado” que nadie todavía ha considerado oportuno aclarar y que rompió la hasta entonces armónica convivencia entre españoles y saharauis. Dicho de otra manera y en las palabras que Talleyrand aplicó a la muerte del duque de Enghien ordenada por Napoleón en 1804, al decir que su asesinato “fue peor que un crimen, fue un error”.

“La muerte de Basiri rompió la armónica convivencia entre españoles y saharauis y todavía nadie la ha considerado oportuno aclarar” 

 

Al exponer el importante papel de los militares allí, alude a un “búnquer de arena”. ¿Qué quiere decir con ello?

Situémonos en el contexto histórico del tardofraquismo, con un ejército muy concienciado por el régimen como garante de la unidad nacional y de la integridad territorial de España. Ello hacía que la mentalidad de la mayor parte de la oficialidad fuese muy reticente a la nueva política emprendida -tras el magnicidio del presidente Luís Carrero Blanco- por el gobierno de Carlos Arias Navarro, dispuesto a iniciar un proceso que condujese al Sáhara desde su ficticia consideración de “provincia” a entidad autónoma primero y a partir de ahí, a un proceso de autodeterminación e independencia.

Esta política inteligente y de futuro, que se encargó a un nuevo equipo en el Gobierno General, cuyo máximo exponente fue el Secretario General, Luis Rodríguez de Viguri, sufrió el sistemático torpedeamiento de los grupos locales de presión militar, que intentaron cortocuitarla influyendo sobre el propio Gobernador, el pusilánime y poco perspicaz Federico Gómez de Salazar. Es a ese grupo muy endogámico y ajeno a la sociedad saharaui, escasamente sensible a la realidad que le rodeaba y de cortas miras, pero muy influyente, al que denomino el “búnquer de arena”.

Señala que los centros falangistas eran viveros de nacionalismo saharui. ¿Por qué?

Es curioso comprobar que en la numerosa bibliografía surgida en torno al franquismo nadie haya estudiado aún la influencia que tuvieron algunas instituciones del Movimiento en la creación de una conciencia política y social que, partiendo de presupuestos formalmente falangistas, fructificó y evolucionó luego, según el talante de cada cual, en itinerarios ideológicos muy dispares, pero en los que subyacía siempre un talante social y progresista. Me refiero, muy principalmente, al Frente de Juventudes y a la Sección Femenina, que no fue en absoluto la organización anacrónica y regresiva que se ha querido pintar luego.

La actuación de ambas instituciones en el Sáhara fue un revulsivo que despertó la conciencia política de jóvenes de uno y otro sexo de tal modo que, cuando llegó el fermento nacionalista, lo recibieron con naturalidad y con la peculiaridad, eso sí, de que su naciente independentismo no era necesariamente antiespañol, sino de alguna forma heredero de la propia formación recibida. Como me dijo una alumna saharaui de la Sección Femenina en los momentos más álgidos de exaltación independentista “cuando el Sáhara sea independiente nadie gritará contra España, pero todos seguiremos hablando y pensando en español”.       

Un dato sorprendente para el lector y que define aquella sociedad, era la presencia de esclavos. ¿Ésta era importante?

La esclavitud era una institución ancestral y tradicional no sólo en el Sáhara español, sino en toda esta zona del continente africano. Hay que decir que su expresión práctica tenía peculiaridades propias, que vinculaban al esclavo a la familia propietaria con un tipo de relación muy especial, acaso menos ofensiva que en otras latitudes y momentos históricos. La política española fue la del avestruz: formalmente estaba prohibida, pero en la práctica se ignoraba deliberadamente, acaso porque algunos de los mayores propietarios de esclavos eran ciertas personalidades autóctonas con cargos importantes en la “provincia”. Un dato curioso es que cuando se elaboró el famoso censo para el referéndum, que ha sido luego utilizado por la ONU, hubo que “inventar” una categoría censal para este colectivo y al final se le encuadró dentro de un grupo denominado “parientes pobres”. En 1974 creo recordar que se cuantificaron alrededor de 3.000.

“El Frente de Juventudes y a la Sección Femenina influyeron en el desarrollo del nacionalismo saharui”

 

¿Qué falló en la descolonización española de aquella provincia española desde 1958 para desembocar en la situación actual?

Muchas cosas. En el período comprendido entre la provincialización de 1958 y el inicio del proceso de autonomía en 1973  hubo por de pronto una incomprensible dicotomía entre la política colonial realizada en el exterior y la interior. La primera, auspiciada por el Ministerio de Asuntos Exteriores, aceptaba en las Naciones Unidas la condición de nuestras provincias africanas como territorios no autónomos y la subsiguiente aplicación en ellos de la Declaración de 1960 sobre concesión de independencia a los países  pueblos coloniales. La segunda estaba en manos de Presidencia, responsable de la administración de dichas “provincias”, y apostaba por la continuidad indefinida de España, sobre todo en el Sáhara. Hubo que esperar a la muerte de Carrero para que esta absurda contradicción cambiase de signo y se unificase en la única política posible.

Tropas españolas en el Sáhara (foto de EFE). El Ejército configuró el verdadero poder allí, un “búnquer de arena” según el autor.

Pero entonces se movieron otros hilos y grupos de presión (Alto Estado Mayor, grupos de intereses económicos, etc) dispuestos a impedir a toda costa que la voluntad oficial de proceder a la descolonización del territorio como consecuencia de un proceso de autodeterminación abortase en favor de una solución favorable a los interese anexionistas manifestados reiteradamente por Marruecos. El apoyo de Estados Unidos y Francia a Rabat y la enfermedad terminal de Franco, que parece no era en absoluto partidario de ceder ante Marruecos –según el testimonio de Jaime de Piniés-, hicieron posible la “marcha verde” y el vergonzoso abandono español, con dejación de nuestras responsabilidades históricas, de nuestro compromiso jurídico con la ONU y de nuestra deuda moral con el pueblo saharaui.

Aquella “espantada” no sirvió para nada y el Sáhara sigue siendo, 35 años después, un problema inconcluso que está dolorosamente presente en la esfera internacional y continúa pesando como una losa en las relaciones entre España y Marruecos.


LA RATA NEGRA, MASCOTA DEL NEOFASCISMO EUROPEO

diciembre 18, 2010

 

EN ESPAÑA  “EL VIEJO TOPO” es el nombre de una cabecera de publicación izquierdista ampliamente conocida. Pues bien, frente al topo izquierdista, la ultraderecha europea posee una mascota también subterránea y contracultural: la rata negra. Su origen radica en el “mayo blanco de 1968″: es decir, en la contrarrevolución que generó al revolcuión de mayo de 1968. Esta es su historia.

La rata negra nació en 1968 en la Facultad de derecho de Assas.

A la reconquista de las aulas: el Groupe Union-Droite [GUD]

Después de la revuelta de mayo, sectores neofascistas -apoyando al gobierno- se lanzaron a la “reconquista” de las universidades. La lucha que se produjo entre elementos izquierdistas y ultraderechistas fue especialmente dura en la Facultad de Derecho de Assas, donde los enfrentamientos entre estudiantes de ideologías opuestas generaron verdaderas batallas campales.

En el curso de las últimas, los izquierdistas insultaban a los neofascistas llamándoles “ratas”. Paralelamente, un grupo de extrema derecha de la Facultad, el Groupe Union-Droite [GUD], confeccionó murales de propaganda en los que uno de sus mimebros, Jacques Marchal (antiguo militante del agresivo colectivo Occident), dibujó una rata negra haciendo comentarios irónicos sobre la situación en el lugar, tanto favorables como desfavorables al GUD.  Se había inspirado en las creaciones del dibujante de cómic franco-belga Raymond Macherot (1924-2008): los roedores Anthracite y Chlorophil.

Anthracite fue un personaje del cómic francés en el que se inspiró el “rat noir”.

El humor manifestado por aquella rata negra del GUD atrajo la atención de los estudiantes, incluyendo a algunos de sus enemigos. Por otra parte, los colectivos ultraderechistas empezaron a asumir su identificación con el roedor negro que de ellos hacía la izquierda y el resultado de todo ello fue que la “rata negra” devino la mascota neofascista de Assas.

Ésta última pronto ganó una popularidad que trascendió el marco local y se difundió entre la juventud neofascista francesa para cobrar una popularidad notable, especialmente en Francia y Bélgica, por lo que devino un emblema del neofascismo europeo, asociándose a la cruz céltica en numerosos casos.

La cruz céltica y la rata negra, dos símbolos del neofascismo europeo desde inicios de los años setenta.

Una tardía llegada a España

Esta difusión internacional del símbolo fue debida, sobre todo, a la edición de sendas revistas underground publicadas en Francia e Italia: Alternative (París, 1973-1975), dirigida por el propio Marchal, y La voce della fogna (La voz de la alcantarilla, Florencia, 1974-1983; para ver sus potadas clicar aquí ).

Sin embargo, en España no tuvo eco hasta bien entrados los años ochenta, cuando la rata negra fue popularizada por dos publicaciones: La peste negra (Madrid, 1985-¿1987?), editada por el colectivo anarcofascista madrileño Bases Autónomas [BB.AA.], y Alcantarilla (Barcelona, 1986-1988), editada por el colectivo Europa.

Esta tardía difusión de la rata negra como mascota del neofascismo español fue ilustrativa de la escasa y limitada renovación que experimentó al ultraderecha española en relación al conjunto del neofascismo europeo durante el franquismo y el postfranquismo.

La voce della fogna, publicada en Florencia, popularizó a la rata negra en Italia.

Cuando ya han transcurrido más de 40 años desde su creación, el neofascismo europeo  no ha sido capaz de engendrar un nuevo símbolo que substituyera al “rat noir” sesentayochista. Así, por ejemplo, en los años noventa el cómic francés Noir et Rouge (Grenoble, 1991-¿1992?) ha continuado difundiendo a esta mascota, aunque adaptada a los nuevos tiempos: el dibujante Sergueï hizo una fusión de la nueva generación ultraderechista que representaban los skinheads y la simbología heredera de mayo en una rata negra que era cabeza rapada.

En definitiva, la contrarrevolución de mayo no estuvo exenta de un grafismo imaginativo y dotó al neofascismo europeo de una mascota con la que hoy aún se identifica.

[Este artículo es una traducción con algunos cambios de nuestro trabajo "Una mascota per al neofeixisme europeu: la rata negra", L'Avenç, 176 (diciembre 1993), p. 15].

Referencias

Sobre el origen de la mascota, véase una entrevista a Marchal habla en Devenir, nº 13. 

Sobre el personaje de cómic que la inspiró, véase la obra colectiva, Les rats maudits, p. 13. Sobre su significado político, véase R. Montero, “Jack Marchal, la imaginación al poder (¿o en la oposición?)”, Alcantarilla, 12 (marzo-abril 1988), pp. 24-27.

Sobre la contrarrevolucion de los estudiantes franceses de de 1968, véase nuestros trabajos: “França: el maig ‘blanc’ desconegut”. L’Avenç, 176 (diciembre 1993), pp.8-17. ISSN: 0210.0150;  “El mayo blanco francés”, El Viejo Topo, 121 (septiembre 1998), pp. 26-28.


ENTREVISTA A VICENTE ALMENARA: “LOS SERVICIOS DE INTELIGENCIA INTERVINIERON EN LA TRANSICIÓN DE MODO MUY IMPORTANTE”

diciembre 2, 2010

 

VICENTE ALMENARA (Ceuta, 1957) ha escrito una historia de los modernos servicios de información españoles en un ensayo tan voluminoso -tiene 582 páginas- como interesante: Los Servicios de Inteligencia en España. De Carrero Blanco a Manglano (Almuzara). Licenciado en periodismo y doctor por la Universidad de Málaga, entre el amplio currículum profesional de Almenara dstaca su Máster del Instituto Universitario UNED en Paz, Seguridad y Defensa. Desde 1991 es director de comunicación de la Confederación de Empresarios de Málaga y actualmente también es miembro del Consejo de Gobierno de la Universidad de Málaga.

Su libro ofrece una amplia panorámica de los servicios de inteligencia. Ésta se inicia con la creación de la Organización Contrasubversiva Nacional [OCN] en 1968 que en 1972 origina el Servicio Central de Documentación, dependiente inicialmente del presidente Carrero y activo hasta 1977. Almenara reconstruye su conversión ese año en Centro Superior de Información de la Defensa [CESID] hasta el impacto del fracasado golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 [23-F], aunque este organismo perduró hasta el 2002, cuando originó el Centro Nacional de Inteligencia [CNI]. Para realizar esta labor, ha procesado una abundante bibliografía dispersa y ha contado con testimonios directos.

El resultado es un libro que demuestra un activo protagonismo de estos servicios durante la Transición y una actuación relevante en el ámbito del contraterrorismo que arroja luz sobre su capacidad de infiltración. Interesados por este tema, Almenara ha accedido concedernos la entrevista que ofrecemos a continuación.

¿Considera que los servicios de inteligencia mediaron en la Transición más de lo que se piensa?

Los servicios de inteligencia intervinieron en la Transición de modo muy importante, pero la mayoría de los españoles no sabe nada de ellos ni quizá les importe subjetivamente. La labor de José Ignacio San Martín (responsable del SECED),  tanto en la promoción de partidarios del régimen como en el conocimiento de algunos movimientos opositores es importante, pero posteriormente Andrés Cassinello realiza incluso una labor más decidida: contactos con dirigentes socialistas, conversaciones con el presidente de la Generalitat Josep Tarradellas para su regreso a España, protección de Adolfo Suárez frente a algún intento involucionista…

Son muchos los episodios conocidos –algunos deformados, es cierto-, pero muchos más los que quedan por conocer acerca de los servicios en la Transición. La verdad es que la actividad de los servicios con el CESID resulta un tanto desprovista de interés bajo la dirección de Luis Bourgón López-Dóriga. Gerardo Mariñas Romero y Narciso Carreras, aunque con éste –jefe accidental de la entidad- ya apuntan dos oficiales de gran trascendencia: Javier Calderón y Antonio Cortina. Cuando Emilio Alonso Manglano se hace cargo del servicio, éste empieza a alcanzar otra categoría muy superior.

Explica que el comisario Roberto Conesa -famoso por sus éxitos policiales- fue amigo de los policías antimasónicos Mauricio Carlavilla y Eduardo Comín Colomer. ¿Podría resumir la biografía de Conesa?

No se sabe mucho de Conesa pero algún estudioso ha dado a conocer algunos datos. Según el colectivo Alberto Rincón, Roberto Conesa Escudero nació en 1917 en Madrid. Al final de la Guerra Civil ingresó en la Policía. En los años cuarenta trabaja a las órdenes del comisario Hernández Martínez, famoso por su habilidad en la redacción de comunicados públicos. Una década después está junto a Vicente Regüengo, jefe de la Brigada Político-Social y del que aprende sobre las infiltraciones. El PCE, CC.OO., PSOE y UGT conocen sus méritos. A finales de los cincuenta trabaja para la Brigada de Investigación Criminal –el caso Jarabo le da relativo nombre-. Fue amigo del policía historiador Eduardo Comín Colomer y mantuvo asimismo relaciones con Mauricio Carlavilla (Mauricio Karl), que publicó libros de ideología anticomunista.

Vuelve a la Brigada Político-Social con Federico Quintero como jefe superior de Policía de Madrid y con José Sainz González presentan en rueda de prensa en septiembre de 1974 sus investigaciones sobre el atentado de la cafetería Rolando, junto a la Dirección General de Seguridad, en Madrid. Aquí ya Conesa sabe cosas y hace cosas importantes. Interviene en la desarticulación de un grupo bastante oscuro, Grupo Antifascista Revolucionario Independiente [GARI], en París. Y junto a otros muchos sucesos propios de su profesión, aprende del comisario Sainz sobre ETA, aunque su especialidad fueron los GRAPO.

A raíz de los secuestros de Antonio María de Oriol, presidente del Consejo de Estado, y del teniente general Emilio Villaescusa resulta fundamental para la liberación de los mismos. Mantuvo relaciones con Luís M. González Mata, Cisne, un personaje bastante peliculero pero que estaba en el entorno de los servicios policiales. El FRAP tampoco escapó a la curiosidad de Conesa. Un personaje en el que, como en otros con dedicaciones parecidas, es difícil discernir la verdad de sus sombras.

En el libro afirma que el SECED forzó la renovación de la dirección de los partidos de la oposición. ¿Cómo lo hizo?

Favoreciendo a unos en detrimento de otros. El PCE asustaba, por eso se quería un PSOE que pudiera disputarle la hegemonía en la izquierda. Pero había dos PSOE, el histórico y el de Isidoro [apodo de Felipe González], y se le favoreció desde el SECED y desde la Policía. La verdad es que el PSOE (h) tampoco tenía mucha fuerza.

El FRAP habría sido una de las organizaciones infiltradas por los servicios.

En la obra apunta a la eventual infiltración de los servicios de inteligencia en el FRAP, el MPAIC y la CNT. ¿Podría describr brevemente esta casuística?

Es muy difícil hablar de infiltraciones porque es de las actividades que menos se sabe. Pero tanto policías como guardias civiles lograron infiltrarse en estas organizaciones: frecuentando ambientes, captando algún detenido, destacando en algunas movilizaciones… A nadie se le escapa que se trata de los trabajos más difíciles y peligrosos.

 ¿Qué fuentes ha utilizado en su ensayo y cuáles han sido los mayores obstáculos al escribirlo?

Las fuentes bibliográficas más importantes suponen 136 libros consultados o leídos en su integridad, 34 cabeceras de diarios distintos, 19 revistas de información general, 10 revistas especializadas, 6 publicaciones que incluyo en el epígrafe de otras, anuarios, webs sites, publicaciones oficiales y códigos, fuentes documentales mecanografiadas, archivos y fondos, entrevistas grabadas de acceso público, testimonios orales recogidos por mí… en total, unas 228 fuentes distintas.

Los mayores obstáculos para escribir el libro parten de la reunión de las piezas de un inmenso puzzle, piezas repartidas aquí y allá, e incluso una vez reunidas había espacios por cubrir porque no tenía las piezas, pero las fuentes personales me sirvieron de gran ayuda, y a ellas les debo también el libro.


MONTEJURRA 1976: EL FRACASO DE LA “OPERACIÓN RECONQUISTA” (2)

noviembre 3, 2010

 

EN ESTA SEGUNDA ENTREGA SOBRE MONTEJURRA (clique aquí para ver la primera) reproducimos la parte más significativa del testimonio sobre los hechos de las Ultramemorias de Ernesto Milá, quien entonces era ya un joven militante de extrema derecha que conocía bien sus distintos ambientes. Se trata de fragmentos de Ultramemorias (VIII de X) Visicitudes políticas en la transición (2ª parte), publicado en abril del 2009 en su blog.  Puede consultarse el texto completo en: http://infokrisis.blogia.com/2009/041401-ultramemorias-viii-de-x-visicitudes-politicas-en-la-transicion-2-parte-.php

Como se aprecia en los fragmentos que reproducimos de su texto (los epígrafes son nuestros), tras los hechos de Montejurra hubo un intento fracasado de crear un liderazgo alternativo al de Blas Piñar en ámbitos de extrema derecha vinculados al líder neofascista italiano Stefano Della Chiae. Se trató de impulsar el liderazgo de Sixto Enrique de Borbón Parma, hermano de Carlos Hugo y líder del Partido Carlista. Asimismo, Milá apunta que existió una manipulación interesada de los hechos para “estabilizar desestabilizando”. Más allá de los intereses ideológicos del testimonio (con la eventual visión conspirativa o exculpatoria del episodio que pueden conllevar), consideramos que éste ofrece elementos de interés sobre los hechos.

S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón

Imagen de Sixto Enrique de Borbón Parma en Facebook

Ultramemorias (VIII de X) Vicisitudes políticas en la transición (2ª parte)

[...] Para nosotros era evidente que con Franco, había muerto el franquismo y que el régimen jamás hubiera podido prolongarse más allá de la muerte de su fundador. La mente más preclara de la última década del régimen había sido Carrero Blanco que [...] intentó, mediante el “asociacionismo político”, organizar a la derecha ante una izquierda que se había organizado en la clandestinidad. Pero Carrero había saltado por los aires y todo el problema era intuir cuánto tiempo iba a tardar el régimen en desmantelarse completamente: yo opinaba que en dos o tres años del franquismo sería un recuerdo. Della Chiaie, por el contrario, creía que los plazos de desmantelamiento del régimen serían más dilatados.  [...]

¿Qué tiene que ver esto con Montejurra 76? Mucho. Della Chiaie era un buen amigo de Sixto Enrique de Borbón. Se conocían desde hacía tiempo y habían hecho buenas migas. Nosotros no lo conocíamos, pero Della Chiaie garantizaba que era un tipo valiente, amigo de sus amigos, con un alto sentido del honor y de la lealtad y que, era una pena, que teniendo cualidades personales innegables incluido un evidente atractivo personal, redujera su ámbito de influencia a los altos muros del carlismo (que por lo demás estaba multifraccionado). Se trataba de promover la imagen de Sixto Enrique al rango de “hombre de la situación”. Católico, no hacía de la religión el eje de su discurso, sino que vivía la religión en sí mismo con intensidad pero sin estridencias; su educación era “europea” (habla todas las lenguas europeas y, al mismo tiempo, ha realizado estancias más o menos prolongadas en casi todos los países de Europa Occidental), y esto era importante porque ya entonces algunos solamente considerábamos como “dimensión nacional”, la europea.

[...]

Sixto Enrique de Borbón, alternativa a Blas Piñar

Así pues, jugar la carta de Sixto Enrique de Borbón para intentar ubicar en torno suyo a la extrema-derecha del post-franquismo era una opción, desde luego para algunos de nosotros más atractiva que la de Blas Piñar. Por eso se organizó el Montejurra-76. En el carlismo, Sixto tenía “partidarios” que lo trataban –y lo tratan– de Alteza Real. Para nosotros era, ante todo, un “camarada”, alguien que estaba junto a nosotros, que estaba con nosotros y que, cuando hacía falta se ponía al frente nuestro. En torno a Blas, percibíamos que se estaba formando (ya desde 1970) una especie de círculo de acólitos que lo consideraban como su líder, que habitualmente no le aportaban nada más que admiración y respeto, pero que en su gran mayoría eran incapaces de tener iniciativa propia y mucho de menos de expresar alguna idea contraria a la del gran timonel y líder máximo. Ese pequeño círculo de admiradores incondicionales fue fraguando con el tiempo y Blas solamente tenía contacto con la realidad política de su propio partido a través de ellos. Sí, era lo que por entonces se empezaba a llamar “el imperio de la braga” formado por una docena de mujeres, con varios títulos nobiliarios entre ellas, dentro del cual la propia esposa de Blas, Doña Carmen, tenía un peso decisivo.

[...] Sixto, en cambio, [...] Era un hombre de mundo que conocía lo que era la adulación y sabía distinguirla de la camaradería.  [...] Era más accesible, menos complicado, más directo, especialmente para los que lo tratábamos como un camarada, más que como Alteza Real. Por eso lo veíamos en el primer trimestre de 1976 como una alternativa a Blas. El otro sector de las que entonces llamábamos “fuerzas nacionales”, el falangista, estaba acometiendo un complicado e irresoluble proceso de recomposición, pero las diferencias eran demasiadas como para que pudiera llegar a buen puerto [...]. De ahí el riesgo de que Blas y sus prácticas siguieran como eje de la derecha nacional. Podía intentarse la carta de Sixto Enrique en Montejurra 76. [...]

Piñar en un discurso en 1975 efectuado en Valladolid (www.elpais.com/fotogaleria/dictadura/franquista/II/elpgal/20060407elpepunac_3/Zes/3)

La situación en abril de 1976 era la siguiente: el franquismo se desmantelaba a marchas forzadas, la oposición democrática –en la que el PCE era, con mucho, el grupo mayoritario, más homogéneo y más coherente– avanzaba cada día un trecho, las “fuerzas nacionales” no lograban salir de su estado de postración, desmoralización e incredulidad sobre lo que estaba pasando. Era preciso dar un aldabonazo: demostrar que podía resistirse a la ofensiva de la izquierda y, por primera vez, desde noviembre de 1975, cerrar el paso a la izquierda ¿dónde?: En Montejurra a donde en los últimos años, más que carlistas, lo que acudían a aquel tradicional acto, eran grupos de toda la oposición democrática. Acudir a Montejurra era la mejor muestra de que se estaba dispuesto a recuperar el terreno perdido. Y eso prestigiaría la figura de Sixto Enrique como alternativa a Blas. Por eso se organizó la Operación Reconquista. Si esa era la intención, luego todo se torció. Y no está claro ni el por qué, ni el cómo.

Los disparos y los ultraderechistas extranjeros

Lo que se trataba era de realizar una concentración de masas en Montejurra, no de matar a nadie. Es innegable de dónde partieron los disparos que en la campa de  Estella acabaron con la vida de Aniano Jiménez, pero no está tan claro lo que ocurrió entre la niebla en las faldas del Montejurra donde murió Ricardo García Pelejero. No estuve en Montejurra [...], pero años después comentando con Sixto Enrique el episodio me reconoció que ignoraba por completo lo que había ocurrido entre la niebla y de dónde vinieron los disparos. A mí no hubiera tenido por qué ocultármelo. Y no es que me estuviera insinuando que los partidarios de Carlos Hugo o los miembros de la oposición democrática también iban armados, sino que muy posiblemente se produjo una intervención completamente ajena a los dos grupos. Hay otro elemento que refuerza esta hipótesis.

Se habló de “mercenarios internacionales” que participaron en la concentración al lado de Sixto. No es cierto. La palabra “mercenarios” implica remuneración interesada, los extranjeros que estuvieron allí lo estuvieron por convicción. Y aquí viene la cuestión clave. En las fotos publicadas el lunes siguiente al incidente en la campa de Estella pude distinguir con claridad a Augusto Cauchi (un italiano exiliado al que yo mismo había introducido en España) detrás del carlista que fríamente había disparado a quemarropa contra Aniano Jiménez. Algo más atrás podía verse con claridad a otro camarada francés, ex miembro de la OAS, Jean Pierre Cherid que luego participaría en la peripecia de los GAL, muriendo en la aventura. Sin embargo, en aquel momento, ni la prensa, ni el ministerio de gobernación, ni los servicios de inteligencia nacionales o extranjeros, filtraron noticia alguna sobre la presencia de todos ellos. Tampoco se produjeron órdenes de busca y captura. Alguien puede pensar que en aquel momento, los resortes de la información y la seguridad en España estaban controlados por algún amigo de los implicados. En absoluto: quienes controlaban la seguridad del Estado en aquel momento eran los mismos que en el mes de diciembre de ese mismo año, sin embargo, a poco de iniciarse el mes, Cuadernos para el Diálogo publicó esas mismas fotos con los nombres de los asistentes e hizo algo más, publicó otra fotos, inéditas hasta ese momento, tomadas con teleobjetivos de gran potencia en las que se veía, prácticamente en primer plano a Della Chiaie. ¿Por qué entonces no se publicaron y siete meses después sí?

La respuesta es muy simple: por que entre diciembre de 1976 y enero de 1977 se estaban calentando motores para dar el gran vuelco a la transición. Algún organismo de inteligencia estaba filtrando las fotos según las conveniencias políticas. En poco menos de 50 días aparecieron estas fotos inéditas en varios medios de prensa tomadas por las mismas cámaras siete meses antes (las más claras, solamente aparecieron en ese momento), se produjeron los secuestros de Oriol y Villaescusa, la llamada “semana trágica”, la liberación de los secuestrados y sólo unos días después, la detención de los implicados en la muerte de los abogados laboralistas de Atocha que salpicaba el entorno de Blas Piñar.

¿Un terrorismo “estabilizador”?

Contrariamente a la tesis aceptada generalmente, los distintos episodios de terrorismo que estallaron durante la transición no la ralentizaron sino que la aceleraron. A cada atentado producido, las fuerzas democráticas manifestaban su voluntad de cortar los brotes de violencia evidenciando “responsabilidad” y las fuerzas políticas herederas del franquismo aprovechaban estos episodios para desvincularse responsabilizando a la extrema-derecha y acelerando los tiempos de transformación del Estado franquista en democracia formal. La democracia llegó antes gracias a la ofensiva del terror desencadenada en 1976 y los primeros meses de 1977 e incluso, en el período que va entre las elecciones de junio de ese año y el golpe del 23-F de 1981 [...] el terror siempre –y digo siempre– contribuyó no tanto a desestabilizar como a estabilizar definitivamente. [...].

[...]

Cuando se extinguió el último eco de los disparos en el Montejurra, Sixto Enrique era un personaje políticamente quemado. La prensa lo responsabilizó de contratar mercenarios extranjeros, de acudir al acto con voluntad homicida, de ser un desestabilizador en potencia. No había ya nada que hacer: el eje de la extrema-derecha, ya que no de la derecha nacional, giraría en torno a Blas Piñar. [....]. Se abría otra etapa en la que Fuerza Nueva sería el partido hegemónico.


MONTEJURRA 1976: EL FRACASO DE LA “OPERACIÓN RECONQUISTA” (1)

octubre 9, 2010

 

Carlos Hugo de Borbón-Parma.

LA MUERTE  EL PASADO 18 de agosto de 2010 de quien fuera pretendiente carlista al Trono de españa durante el franquismo, Carlos Hugo Borbón-Parma, pasó un tanto desapercibida (véase su necrológica). Su pugna por la Corona supuso una guerra sorda bajo la dictadura franquista, que hemos expuesto con detalle en nuestro estudio Franco y los Borbones.

Su fallecimiento nos ha llevado a rescatar uno de los episodios históricos en los que se vio envuelto y que marcó los inicios del proceso democratizador: los hechos de Montejurra en mayo de 1976, que aún hoy -pese a haberse saldado con dos muertes- aún no han sido totalmente esclarecidos.

A modo de recordatorio y estado de la cuestión, publicamos a continuación un fragmento sobre los mismos de nuestro artículo ¿Existió una estrategia de la tensión en España? que sigue en buena medida el testimonio póstumo del general José Antonio Sáenz de Santa María (1919-2003). Es la primera de tres entregas que incorporarán información que hemos conocido tras la publicación de este trabajo.

Montejurra 1976: ¿El inicio de los “años del plomo” españoles?

EL 9 DE MAYO DE 1976 se celebró la primera concentración carlista en Montejurra tras la muerte de Franco. En la explanada de ese monte se halla el monasterio de Iratxe, referencia tradicionalista desde 1835 al luchar allí tropas carlistas y gubernamentales. Este encuentro anual del movimiento carlista se instauró en 1954, al inaugurarse un Vía Crucis en memoria de los Requetés que lucharon en la Guerra Civil. Desde los años sesenta, los discursos pronunciados en la cima del monte servían «de termómetro para medir la influencia del ala “progresista” del carlismo»,i mayoritaria. La dirigía Carlos-Hugo de Borbón-Parma y se agrupaba en torno al Partido Carlista [PC] (integrado en la Junta Democrática), que reivindicaba un sistema democrático, federal y socialista autogestionario.

Pero en la cita de 1976 sus miembros se vieron confrontados a un contingente carlista que se consideraba depositario de la ortodoxia (a sus ojos traicionada por el PC), apoyado por numerosos ultraderechistas españoles y extranjeros y que lideraba el hermano menor de Carlos-Hugo, Sixto-Enrique. Éste último -señala Josep Carles Clemente (historiador del carlismo y seguidor de Carlos-Hugo)- tenía simpatías hacia el neofascismo y los regímenes militares, desde «los salazaristas en la guerra de Angola, al Chile de Pinochet y a la Junta fascista argentina».ii

En la explanada de Iratxe se hallaron frente a frente ambos grupos y un seguidor del PC, Aniano Jiménez, fue herido y murió días más tarde por el disparo de un comandante de infantería retirado, José Luis Marín García-Verde, de las filas sixtinas. Entonces una dotación de la Guardia Civil se interpuso entre ambos sectores (lo que aquel día fue un gesto excepcional) y la comitiva del PC inició su ascenso a la cumbre para celebrar la eucaristía habitual, uniéndose a Carlos-Hugo. Pero la cima la ocupaba Sixto-Enrique y un grupo armado, que impidió el acceso: sonaron nuevos disparos y murió otro carlohuguista, Ricardo García Pellejero. Cuando los sixtinos abandonaron la cima, la jornada dejó unos 30 heridos y dos muertos. Fue el primer episodio de violencia ultraderechista en España que se saldó con muertes.

Multitud carlista durante la concentración de 1976 (foto del la web del Partido Carlista).

La trama política

Posteriormente trascendió que la presencia de extremistas armados fue organizada desde altas esferas, siendo designada como «Operación Reconquista». En el año 2003 Saénz de Santa María -testigo directo de su gestación- explicó que los promotores del caudillaje carlista de Sixto-Enrique (entre los cuales destacaba el presidente del Consejo de Estado, Antonio Mª de Oriol y Urquijo) «deseaban institucionalizar su condición de liderazgo» en el seno del carlismo y vieron posible hacerlo en Montejurra con apoyo de la Guardia Civil, dada la afinidad con el carlismo integrista de su director general, Ángel Campano, y su subdirector, Salvador Bujanda.

Se puso así en marcha una maniobra con dos objetivos: emplazar a Sixto-Enrique «como único representante [...] del movimiento carlista» y «situar su opción política en posición de influir [...] en las decisiones más importantes».iii Tal proyecto habría contado, según Saénz, con «las bendiciones de Arias [Navarro], Fraga y [...] el general Juan Valverde, director del SECED».iv Esta entidad incluso habría pagado dietas a un colectivo neofascista internacional, que incluía activistas italianos (como Stefano della Chiae, líder de AN), de la Triple A argentina, de la francesa Organisation de l’Armé Secrète [OAS] y exagentes de la portuguesa Policia Internacional e de Defesa Do Estado [PIDE].v

El plan fracasó en toda regla: los sixtinos fueron menos de 1.500 (se esperaba a 10.000)vi y no se afirmó el liderazgo de Sixto-Enrique. De hecho, el resultado de la concentración sorprendió a todos: el PC no afianzó su presencia y el bando sixtino nada pudo capitalizar. Sus activistas (que «pudieron darse de tiros por un Príncipe cuya existencia no conocían una semana antes»)vii tuvieron claro que fueron instrumentalizados.viii Uno de sus significados organizadores, José Arturo Márquez de Prado, manifestó que el encuentro «fue un complot, una encerrona. No sé de quién. [...] desde el Movimiento [...] se nos ofreció dinero para ir a Montejurra [...]. Las intenciones eran simplemente hacer un acto carlista. Lo que pasó fue sorpresivo para todos los que interveníamos».ix

Unos hechos oscuros

Fue imposible profundizar en los entresijos oficiales de la fallida operación: tras conocerse que el juez de Estella dictó una orden de búsqueda y captura contra Sixto-Enrique, el gobierno le expulsó del país y la policía le acompañó al aeropuerto de Barajas sin interrogarle; los condenados por el asesinato de carlohuguistas se acogieron a medidas de amnistía posteriores; finalmente, se extraviaron en los archivos judiciales los once volúmenes del sumario (1847/76). [...] Montejurra demostró por primera vez cómo la violencia empleada por la extrema derecha buscando un gran impacto político podía tener efectos opuestos a los que pretendía.

Pese a ello, el episodio fue un jalón del terrorismo parapolicial, ya que según Sáenz de Santa María «propició el recurso a la contratación de pistoleros de fuera para realizar trabajos contraterroristas al margen de la ley» y «empezaron a aparecer [...] como ejecutores al servicio de diferentes amos, de la guerra secreta contra los terroristas». Concluyendo que «fue a partir de Montejurra cuando primero a través del CESED y luego de las avanzadillas policiales [¿?] se empezó a contratar a mercenarios para labores de información y de otro tipo [¿?]».x

Enfrentamiento en Montejurra. A la derecha, el llamado “hombre de la gabardina”.

NOTAS

i. RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, José Luis, Reaccionarios y golpistas. La extrema derecha en España: del tardofranquismo a la consolidación de la democracia (1967-1982), Madrid, CSIC, 1994, p. 112.

ii. CLEMENTE, Josep Carles, El carlismo en la España de Franco. Bases documentales 1936-1977, Madrid, Editorial Fundamentos, 1994, p. 103. Los datos sobre Sixto-Enrique proceden de la obra anónima editada en 1977 por el PC sobre los hechos de Montejurra, reeditada en 1996: Informe Montejurra 76/96, s. p. i., Bayona, 2ª ed. 1996 (1ª ed. 1977), pp. 21-22; RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, José Luis, La extrema derecha española, Madrid, Alianza Editorial, 1997, pp. 415-417 y 467-468; CADENA, Ernesto, [pseudónimo de Ernesto Milá], La ofensiva neofascista, Barcelona, Acervo, 1978, p. 307; SATUÉ, Francisco J., Los secretos de la Transición, La esfera, Madrid, 2005, pp. 206-222.

iii. CARCEDO, Diego, Sáenz de Santa María. El general que cambió de bando, Madrid, Temas de hoy, 2003, pp. 149-150.

iv. CARCEDO, Diego, ob. cit, p. 151. No es inverosímil que Fraga conociera la operación: véase BARDAVÍO, Joaquín, Crónica de la Transición, Barcelona, Ediciones B, 2009, p. 220

v. CARCEDO, Diego, ob. cit, p. 152.

vi. Cifras de FERNÁNDEZ, Carlos. Los militares en la transición política, Barcelona, Argos Vergara, 1982, p. 88; el PC aseguraba contar aquel día con 25.000 seguidores y el gobierno civil de Navarra contabilizó 5.000 (SUÁREZ, J., «Los sangrientos sucesos de Montejurra’76», Historia y Vida, 338 (mayo 1996), p. 91).

vii. DE ARMAS, Valentín, [pseudónimo], Cuando vestíamos de negro 1973-1981, Barcelona, Ediciones Nueva República, 2008, p. 92.

viii. Véase al respecto el testimonio de un falangista que acudió a Montejurra en SATUÉ, Francisco J., ob. cit., pp. 215-221.

ix. SÁNCHEZ SOLER, Mariano,  Los hijos del 20-N. Historia violenta del fascismo español, Madrid, Temas de Hoy, 1993, p. 179.

x. CARCEDO, Diego, ob. cit, p. 154.


¿”17-F” o “23-F”?: EL GOLPE, EL FRENTE DE LA JUVENTUD Y UN HOMICIDIO

febrero 23, 2010

 

El teniente coronel Antonio Tejero toma el Congreso el 23 de febrero de 1981

EN LA TENTACIÓN NEOFASCISTA EN ESPAÑA (cuyas referencias figuran en el apartado de publicaciones del blog) dedicamos un capítulo al fallido golpe del 23-F donde apuntamos la eventual existencia de una trama civil protagonizada por el Frente de la Juventud [FJ] a partir del testimonio de uno de sus dirigentes, Ernesto Milá (pp. 223-253).

El FJ fue creado en Madrid en 1978 por una escisión de Fuerza Nueva. Esta organización fue presidida por José de las Heras, su vicepresidente fue Ernesto Milá y su secretario general Ignacio González. Constituyó sobre todo una formación de choque: se financió con atracos y ejercitó a sus militantes en las armas.

Desarrolló un activismo desbordante jalonado por diversos crímenes y actos de violencia. Tal actuación del FJ le situó en la frontera del terrorismo político y un exmilitante definió así la función del grupo: «el Frente siguió la tradición de la Falange de preguerra y se autoasignó el mismo papel que aquel partido había tenido cuarenta años antes. Como entonces, el Frente se veía como un elemento detonador que, al transformar cada acto funerario militar, cada reunión patriótica en una algarada, aproximaba un poco más a las fuerzas sanas que imaginábamos que existían aún en el ejército, a un alzamiento no del todo distinto al de 1936».

Los golpes policiales asestados al FJ acabaron desmantelándolo, primero en Barcelona, en junio de 1980, y luego en Madrid, entre diciembre de 1980 y enero de 1981.

Propaganda del Frente de la Juventud

Sin embargo, el FJ podría haber sido la única formación de la ultraderecha que contribuyó a materializar un golpe de Estado. Según afirmó Milá, en septiembre de 1980 un suboficial del entorno del teniente coronel Antonio Tejero contactó con el FJ para que el grupo participara en su complot involucionista. Aceptada la propuesta, un miembro del FJ y un militar involucionista se reunieron periódicamente para planear el golpe, cuya ejecución se concretó el 17 de febrero de 1981.

Ese día entrarían en el Congreso 40 militantes del FJ encapuchados y vestidos con ropa paramilitar para encarnar a terroristas de filiación indefinida (¿ETA? ¿GRAPO?). Debían disparar al aire ráfagas de ametralladora para intimidar a los diputados y ofrecer un pretexto que allanara la intervención de unas Fuerzas Armadas que restaurarían el orden y rescatarían a los parlamentarios. Los miembros del FJ dejarían el lugar a cambio de que se les facilitara huir en avión a Santiago de Chile.

Pero la desarticulación de la cúpula frentista y la detención de numerosos integrantes del grupo entre diciembre de 1980 y enero de 1981 neutralizó el hipotético dispositivo golpista. Milá, su vicepresidente, estaba exiliado en Francia desde junio de 1980 acusado de participar en la manifestación de Barcelona que culminó con el citado ataque a la sede de la UCD. Mantuvo contactos con la dirección del FJ hasta el 3 de octubre, cuando un atentado mortífero en la sinagoga parisina de la calle Copérnico le obligó a huir del país al ser implicado en el atentado, lo que posteriormente se reveló falso.

A su ausencia, en diciembre se añadió el extraño asesinato del secretario general del FJ, González: la noche del 11 al 12 de diciembre del mismo 1980 fue acribillado en el portal de su domicilio. El homicidio no fue reivindicado ni se aclaró, circulando entre los exmilitantes del FJ el rumor de que fue un «crimen de Estado» para silenciar informaciones comprometidas que el difunto conocía.

Por último, a fines de enero de 1981 una redada policial comportó varias detenciones de frentistas y recuperó 30 armas y 200 kilos de munición. Exiliado el vicepresidente, asesinado el secretario general y detenido el presidente, el FJ quedó desarticulado. No obstante, conoció una segunda etapa de actividad hasta abril de 1982 que comportó multas y detenciones y llevó a sus seguidores a disolverlo.

¿Pudo ser real la trama civil golpista del FJ? La existencia de la misma sólo la defendió Milá, mientras miembros de la organización la consideran una fantasía y la bibliografía sobre el 23-F la soslaya con una solvente excepción, la obra de Francisco Medina: 23-F. La verdad (Plaza & Janés, Barcelona, 2006), p. 256.

Sin embargo, desde nuestra óptica dos hechos le confieren visos de realidad. Uno es la compra de autobuses de segunda mano y ropa militar en el Rastro por parte de Tejero, pues nunca ha quedado clara la necesidad que los golpistas tenían de ellos dado que el 23-F acudieron al Congreso con uniformes y vehículos de la Guardia Civil. El otro es el homicidio de Ignacio González no esclarecido.

Cierta o no esta versión de los hechos, cuando se acerca el 30 aniversario de los mismos la muerte de González no ha sido clarificada y desde ámbitos exfrentistas se ha apuntado una hipótesis de la misma que remite a un infiltrado en la organización y la considera un caso de “terrorismo de Estado”: véase José Luis Jerez Riesco, “Epílogo”, Colectivo Amanecer , Patria-Justicia-Revolución. La historia del frente de la Juventud en sus documentos y propaganda (Ediciones Nueva República, Molins de Rei, 2005), pp. 255-260.


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