ENTREVISTA A FLORENTINO RODAO: “LA FALANGE FUE TAN FASCISTA EN ESPAÑA COMO EN FILIPINAS, PERO ALLÍ PUDO IR CONTRA LOS OLIGARCAS”

abril 16, 2013

2011 - agosto (2)Florentino Rodao (Madrid, 1960) es doctor en historia por la Universidad Complutense (donde es profesor) y la de Tokio. Asimismo, ha escrito numerosos estudios académicos en los que destacan los de interacción española en Asia. De este modo, ha investigado la Guerra Civil español desde una perspectiva innovadora: la asiática.

Primero lo hizo en su magnífico libro Franco y el imperio japonés (2002, traducido al japonés) y ahora lo hace de nuevo con un sugerente trabajo: Franquistas sin Franco. Una historia alternativa de la Guerra Civil española desde Filipinas, publicado por Comares (clicando al enlace de la editorial puede accederse al sumario del libro y a una breve reseña).

Desde nuestra óptica, consideramos que la obra puede ser de interés para los lectores y lectoras de este blog al abordar un escenario poco conocido. Rodao muestra como el impacto del conflicto fratricida truncó la influencia española en Filipinas al dividir a su comunidad entre republicanos y leales a los sublevados y -como indica el subtítulo de la obra- plantea una “historia alternativa” de la guerra española al no haber entre los antirepublicanos filipinos un caudillaje como el de Frnaco. El resultado fue que la Falange del archipiélago fue más radical que la peninsular.

A continuación, ofrecemos una entrevista con Rodao, a quien agradecemos que haya aceptado contestar este cuestionario para nuestro blog.

¿Qué le llevó a estudiar el impacto de la Guerra Civil española en Filipinas?

La investigación anterior sobre Japón. Leyendo la documentación del ministerio de Exterior me di cuenta de la importancia de las luchas internas y del poder de la comunidad española en Filipina

¿La contienda marcó un declive la influencia española en el país?

Si, fue un punto de no retorno, aunque el período se puede extender hasta el final de la ocupación japonesa en Filipinas, en 1945

¿Considera que Filipinas puede ser considerada un “laboratorio político” de un franquismo sin militares?

Laboratorio político no, más bien case-study para conocer el bando rebelde y sus diferencias internas sin la distorsión que supone el dominio militar directo. La intervención de las autoridades peninsulares sobre los franquistas en Filipinas fue muy relativa.

Franquistas sin Franco

Portada de Franquistas sin Franco.

La Falange fue tan fascista en España como en Filipinas, pero en este archipiélago pudo ir contra los oligarcas, cosa que no podía ocurrir en la península. Por ello, se puede decir que fue hedillista, porque pudieron cumplir con su ideario original de lugar contra la “vieja política”, o contra el capitalismo monopolista. Zobel de Ayala, Andrés Soriano o Adrián Got, algunos de los “plutócratas”, por utilizar la terminología de la época, estuvieron en el punto de mira de los falangistas en Filipinas, lo que habría sido imposible en España.

¿Qué balance puede hacerse del impacto de la Guerra Civil en el archipiélago?

Acabó con la fortaleza de la comunidad española allí. Hay un dato claro, la prensa. Si en 1937 aproximadamente un tercio de los diarios eran en español (unos 65.000, con 70.000 en inglés, 20.000 en tagalo y 40.000 en chino, aproximadamente), en 1945 la prensa en Español pasó a tener un papel marginal, con 3.000 ejemplares del único diario en Manila.

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Boletín diario de las extremas derechas de Filipinas, cuya difusión habría superado los 800 ejemplares.

Para acabar, su libro alude a un tema poco conocido: la existencia de un hermanastro filipino de Franco. ¿Qué hay de cierto en ello?

Los datos son tomados de la documentación de la viuda de Francisco Franco Salgado-Araujo y es comprensible el deseo del propio familiar de mantenerse al margen de polémicas. Pero la verdad que no lo he investigado mucho, salió otro reportaje en la revista Interviu, pero no lo consulté. Se que es muy llamativo, pero para el contenido del libro es tangencial


ENTREVISTA A STEVEN FORTI (2): “ÓSCAR PÉREZ SOLÍS EVOLUCIONÓ DEL ANARQUISMO AL FALANGISMO PASANDO POR EL SOCIALISMO Y EL COMUNISMO”

marzo 9, 2013

Steven Forti

Continuamos con la entrevista a Steven Forti iniciada en la anterior entrada del blog (clicar aquí para acceder a ella), sobre transfuguismo del comunismo al fascismo. En esta segunda parte se abordan los casos del francés Paul Marion y del español Óscar Pérez Solís.

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¿Quién fue Paul Marion?

Para hablar de Paul Marion debemos cruzar los Alpes y meternos en la realidad política de la Tercera República Francesa, entre la victoria en la Gran Guerra y el desastre de 1940. Marion es un tránsfuga más del país galo, con una trayectoria bastante similar tanto a la de Marcel Déat como a la de Jacques Doriot, hombres clave del transito de la izquierda al fascismo francés. Y con Déat, Doriot y con muchos otros tránsfugas franceses como Arrighi, Barbé, Barthélemy, Chasseigne y Fontenoy, Marion colaboró estrechamente en los años veinte y en los años treinta.

Paul MarionNacido el 27 de junio de 1899 en Asnières, proveniente de una familia de nacionalistas pequeñoburgueses, Paul Marion se instaló en París en 1913. Voluntario en la Gran Guerra en enero de 1918 y desmovilizado definitivamente en la primavera de 1921, Marion obtuvo la licenciatura en filosofía y entre 1921 y 1923 fue profesor en el Instituto Pointeau y en el colegio Sainte-Barbe de París. En 1921 entró en el PCF, y llegó a ser uno de los dirigentes de Clarté universitaire con Chasseigne, Cogniot y Galperine. A partir de 1923 colaboró con L’Humanité y Bulletin communiste, dio clases en las escuelas de partido de Bobigny y Clichy, y se ocupó de los cursos de historia del movimiento obrero y economía política. Entre otoño de 1925 y otoño de 1927 ejerció cargos de responsabilidad, como director de los Cahiers du bolchevisme, redactor de L’Humanité y miembro de los principales órganos directivos del partido. En octubre de 1927 fue elegido para una estancia de quince meses en la Escuela leninista internacional de Moscú, donde colaboró con el Comintern y participó en los trabajos del VI Congreso de la IC en calidad de miembro de la delegación francesa. En febrero de 1929 volvió a Francia, pero ya en agosto abandonó el partido, muy crítico con lo que vio en la URSS y con la línea adoptada por el PCF después del VI Congreso Nacional del partido en Saint-Denis.

A partir de otoño de 1929, Marion empezó una peregrinación entre nuevas generaciones y neosocialistas, entre política y periodismo, que le permitió entrar en contacto con la mayoría de los réseaux intelectuales de la Francia de los años treinta, desde los no conformistas y los realistas hasta los tecnócratas y los grupos políticos en busca de una tercera vía. Entre principios de 1930 y mediados de 1936 Marion colaboró con muchos periódicos y revistas (Notre Temps de Jean Luchaire, Le Quotidien de Jean Hennessy, L’Europe Nouvelle de Louise Weiss, la Vie Socialiste del ala neosocialista de la SFIO, la République de Émile Roche, L’Homme Nouveau de Georges Roditi, Travail et Nation…), escribiendo una media de dos o tres artículos por semana generalmente sobre temáticas de política, economía y finanzas.

Los encuentros formales e informales en círculos de estudio y think tank estaban a la orden del día con el objetivo de un renouvellement y un redressement de Francia. A partir de 1931 Marion se acercó cada vez más al grupo de Déat, Renaudel y Montagnon, fascinado por las propuestas de De Man y convencido de la necesidad de un plan económico y político de rescate del país después de la crisis de 1929. En el partido neosocialista Marion cubrió también cargos relavantes, ocupándose de la propaganda y de las juventudes y presentándose como candidato en las elecciones de 1936, sin lograr ser elegido.

En junio de 1936 participó en la fundación del Partido Popular Francés de Jacques Doriot, del cual fue uno de los dirigentes más visibles y activos, además de miembro del BP, secretario de propaganda y redactor de L’Emancipation Nationale y de La Liberté. En enero de 1939 Marion rompió con Doriot y dimitió del partido, se dedicó al estudio y publicó Leur combat, un libro sobre la propaganda en los regímenes italiano, alemán, soviético y español. Movilizado en agosto de 1939, Marion fue hecho prisionero por los alemanes a finales de junio de 1940.

Doriot

Jacques Doriot, líder del Partido Popular Francés.

Liberado en enero de 1941, a finales de febrero fue nombrado secretario general de la Información y la Propaganda en el Gobierno del almirante Darlan. Marion jugó un papel para nada secundario en el régimen de Vichy: conjuntamente con el entonces ministro del Interior, Pucheu, intentó centralizar y controlar toda la propaganda y luchó constantemente por la creación de un partido único inspirado en los modelos italiano y alemán. Considerado uno de los más fervientes colaboracionistas del Gobierno de Vichy, Marion se quedó –aunque con menos poder a partir de diciembre de 1942– hasta el final, ocupó también el cargo de presidente del Comité des Amis de les Waffen SS français en la primavera de 1944 y redactó y leyó los editoriales de Radio Inter-France entre julio y agosto del mismo año. En septiembre siguió a Pétain, Laval y el reducto de los colaboracionistas parisinos hasta el castillo de Sigmaringen, donde se quedó aislado y políticamente inactivo hasta abril de 1945. Refugiado cerca de Innsbrück, el 12 de julio se entregó a las tropas francesas. En el juicio de la Haute Cour de Justice de diciembre de 1948 fue condenado a diez años de cárcel. Como muchos otros colaboracionistas, logró recuperar la libertad en verano de 1951, pero ya muy enfermo murió en París el 3 de marzo de 1954.


¿Quién fue Óscar Pérez Solís?

Si cruzamos los Pirineos y llegamos a España, nos encontramos con otra biografía interesante en el marco de los tránsfugas europeos de entreguerras: la de Óscar Pérez Solís (Bello, Asturias 1882 – Valladolid, 1951). Hijo de un militar y de una “noble en decadencia”, vivió su infancia entre Galicia y Asturias. En 1898 entró en la Academia de Artillería de Segovia, y llegó a ser teniente a los 21 años. Alrededor de 1905, en Las Palmas, la amistad con el soldado Juan Salvador lo acercó al anarquismo.

Pérz SolísLa vuelta a la Península –esta vez Valladolid–, la muerte de Juan Salvador y las lecturas de los clásicos del marxismo lo acercaron pronto al socialismo. En noviembre de 1909 visitó por primera vez el Centro Obrero Pucelano, donde conoció al líder socialista local, Remigio Cabello, y en abril de 1910 ingresó en la Agrupación Socialista Vallisoletana. Desde aquel entonces fue cada vez más activo, hasta que el 12 de junio de 1912 se le obligó a dejar el Ejército.

Este acontecimiento consagró definitivamente su vida a la política. En la Valladolid de los años diez, Pérez Solís alcanzó cierta fama: fundó con Cabello el semanario socialista Adelante, se presentó en varias ocasiones a las elecciones –logró ser elegido concejal–, y lideró la famosa huelga de los ferrocarriles de 1916 y la huelga de marzo de 1917. El fracaso de esta última huelga y las críticas por su conducta lo llevaron a dimitir y darse de baja del PSOE. Pérez Solís se quedó entonces alejado del partido, apoyando posiciones que él mismo no se preocupó de definir cercanas a la izquierda monárquica.

Intentó fundar –sin éxito– un nuevo partido “socialista aristocrático” (el PSI), escribió para El Sol y España y fue promotor –tras conocer a Cambó– de un regionalismo castellano dentro de una España federal. En septiembre de 1920, recién elegido diputado provincial para la Diputación, tuvo que dejar la capital castellana por una sentencia de destierro debido a un artículo acusatorio contra el cacique local, Santiago Alba.

Confiando en su moderantismo, Indalecio Prieto lo llamó a Bilbao para dirigir La Lucha de clases, pero el contacto con la realidad obrera vizcaína, tan distinta de la tranquila Valladolid, provocó un fuerte giro a la izquierda en sus posiciones. De partidario del ala derecha del PSOE, favorable a un socialismo práctico que superase la fórmula de clase contra clase y que defendiese una democracia anticaciquil, Pérez Solís se convirtió de repente en uno de los más radicales promotores de las tesis tercerinternacionalistas: en el Congreso Extraordinario del PSOE de abril de 1921 fue él quién leyó la declaración de escisión y de fundación del Partido Comunista Obrero Español [PCOE]. En los siguientes “años terribles”, como él mismo los definió en sus memorias, Pérez Solís lideró a los comunistas vizcaínos con su inagotable activismo, que muchas veces transpasaba la delgada línea que lo separaba de la violencia.

En agosto de 1923 fue herido gravemente por el asalto de la policía a la Casa del Pueblo de Bilbao, donde estaba al frente de un comité de huelga. Dirigió La Bandera Roja, colaboró con L’Humanité y fundó en verano de 1921 Las Noticias, un periódico comunista financiado por los nacionalistas vascos con el imprimátur del obispo Eijo y Garay. Después de la instauración de la dictadura del general Primo de Rivera, en verano de 1924 Pérez Solís participó en el V Congreso de la Internacional Comunista en Moscú, fue nombrado delegado español en la IC, y entre finales de 1924 y la primavera de 1925 fue nombrado secretario del PCE, e intentó reorganizar en la clandestinidad el pequeño partido. Pérez Solís atacó duramente las posiciones de Peiró y Pestaña, coincidiendo en un primer momento con Maurín y en un segundo momento con Bullejos y Trilla.

Picavea

Detenido en Barcelona el 13 de febrero de 1925, fue encarcelado en Montjuic, desde donde siguió su labor en el PCE como director de La Antorcha, defendiendo la línea de la dirección del Partido representada por Bullejos y Trilla contra las desviaciones de Zalacaín y Maurín, entre otros. Las charlas con el Padre Gafo, un domínico activo en el sindicalismo libre, lo llevaron a convertirse al catolicismo y a abjurar del comunismo: en agosto de 1927 salió de la cárcel y desde 1928 trabajó en la administración de CAMPSA en Valladolid. Allí, entre el final de la dictadura primorriverista y la instauración de la Segunda República, cobró nuevo protagonismo dirigiendo el periódico católico Diario Regional. En los años siguientes escribió en la prensa católica y de derechas tanto vallisoletana como nacional, se incorporó cada vez más a las posiciones de la derecha radical, llegó a colaborar con la revista Acción Española de Ramiro de Maeztu y se afilió pronto a la Falange.

El 18 de julio de 1936 Pérez Solís se encontraba en Oviedo como enlace de los sublevados. En la capital del Principado estuvo al mando de una compañía en la defensa de la ciudad, sitiada por la tropas republicanas. Nombrado Delegado Sindical y Delegado de Trabajo en Valladolid en julio de 1938, con el fin de la Guerra Civil se retiró a la vida privada. Continuó su actividad periodística –por la cual recibió, entre otros, el Premio Nacional de Periodismo Francisco Franco en 1943– y literaria, y publicó –después de los panfletos de su época socialista y comunista, de sus memorias tras la conversión al catolicismo y de la crónica de la defensa de Oviedo– un estudio sobre el que fue su referente intelectual, el cántabro Ricardo Macías Picavea. Murió en Valladolid el 26 de octubre de 1951.

¿Podemos extraer conclusiones generales sobre este transfuguismo o responde a dinámicas individuales?

Claro está que las diferencias son muchas. No puede ser de otra manera cuando hablamos de tres dirigentes políticos en tres contextos nacionales distintos en un mundo que aún no se había globalizado como en los últimos treinta años. De todos modos, las analogías son muchas.

Para empezar, el estudio de estas tres distintas derivas fascistas es una demostración más de la peculiar naturaleza del fascismo y de lo que  el historiador George L. Mosse definió como el “mito fascista”, basado en la mística patriótica, las tradiciones revolucionarias y dinámicas, y la continuación de la experiencia bélica en tiempos de paz. Los tránsfugas son una perfecta ejemplificación de la acción de recuperación del fascismo y de su naturaleza ambivalente y ecléctica. Estudiar la trayectoria humana y política y el lenguaje político de Nicola Bombacci, Paul Marion y Óscar Pérez Solís debería representar una tesela más para reconstruir el mosaico fascista y su inmensa –y hoy en día casi incomprensible– capacidad de convencer y vencer, no solo con la violencia, la represión y el control más o menos totalitario de la sociedad, sino también, y probablemente sobre todo, ofreciendo un proyecto poliédrico que podía adaptarse a tiempos y lugares diferentes.

Siguiendo las propuestas interpretativas que el también historiador Philippe Burrin avanzó hace un cuarto de siglo para el caso francés en su maravilloso libro La dérive fasciste. Doriot, Déat, Bergery 1933-1945 (París, Seuil, 1986), que, vale la pena subrayarlo, es uno de los poquísimos estudios serios sobre esta cuestión, existen algunas “pasarelas” hacia el fascismo. Estudiando los casos del comunista Doriot, del socialista Déat y del radical Bergery, Burrin reconoce tres elementos que sirven de pasarelas hacia el fascismo durante una crisis nacional y/o durante una disidencia: principios de organización y métodos políticos; valores irracionales y valores ideológicos. Para los casos de Bombacci, Marion y Pérez Solís, aparte de unas pasarelas, estos elementos son en primer lugar unos puntos en común y unas constantes, es decir, unos elementos presentes durante toda su vida. Los elementos que se han reconocido son cinco:

a) El valor otorgado a la acción, el dinamismo y la praxis, que se presenta como forma de incesante activismo político desde el punto de vista personal –mezclado con una especie de incapacidad de “no actuar”–, como concepción de la política misma como acción y también en la idea del fascismo concebido como dinamismo, como un continuum en transformación;

b) El valor otorgado a las minorías, las élites y las vanguardias revolucionarias, muchas veces acompañado de una idea fuertemente negativa del pueblo y las masas y que, en general, se juntaba con un cierto gusto por el autoritarismo y la autorreferencialidad, cuestiones que derivaban directamente de la Gran Guerra y su violencia;

c) Una fe inquebrantable en la revolución, característica que se yuxtapone a la política concebida como acción;

d) La presencia constante de enemigos comunes, como la democracia liberal, el parlamentarismo, la burguesía y el capitalismo;

e) La importancia de una concepción del mundo antimaterialista, fuertemente idealista y en determinados momentos claramente religiosa.


Adolf Hitler Saluting, 1934

El nacionalismo es un componente central del transfuguismo desde la izquierda al fascismo.

A estos cinco elementos cabe añadir un sexto elemento, absolutamente central y al cual se debe el título del libro: la nación. Sin este factor no es posible concebir el tránsito que un número para nada desdeñable de dirigentes políticos de la primera mitad del siglo pasado realizó de la izquierda al fascismo. La sustitución del concepto de clase (pero no solamente del concepto, también de la categoría interpretativa y de la palabra misma) por el concepto de nación en el pensamiento y el lenguaje político es un punto imprescindible para que se pueda aceptar el fascismo, como opción política y como ideología. La nación, suelo decir, es un peso que dobla la espalda de Bombacci, Marion y Pérez Solís y que convierte a unos importantes cuadros comunistas en unos propagandistas y en unos dirigentes fascistas.

Como afirmó Zeev Sternhell al estudiar la trayectoria de Mussolini y de los sindicalistas revolucionarios italianos que acabaron en el fascismo –en el otro libro imprescindible, junto al de Burrin, para encarar esta cuestión: Naissance de l’idéologie fasciste (París, Fayard, 1989)–, la clave está en la unión de muchos factores presentes ya en la manera de concebir la política durante la militancia socialista/comunista (el anticapitalismo, el activismo, el mito de la revolución, el odio por la democracia liberal y el parlamentarismo, la importancia otorgada a las élites) con el concepto de nación (que sustituye al internacionalismo), en determinados momentos históricos, generalmente marcados por la guerra (militar y/o política). Todo esto dentro de una revisión del marxismo de tipo antimaterialista.

¿Esto basta para comprender el tránsito de la izquierda al fascismo a inicios del siglo XX? 

Probablemente no, no es suficiente. La presencia de los cinco elementos enumerados anteriormente y la sustitución del concepto de clase por el de nación no consiguen desmontar completamente los tópicos del oportunismo y la teoría de los opuestos extremismos. Al análisis propuesto se debe añadir un “prisma” que pueda facilitar la lectura de estas vidas: la pasión de la política. Es ésta una cuestión compleja que la historiografía no ha investigado hasta ahora con la necesaria atención. Los dirigentes políticos que pasaron de la izquierda al fascismo en el período de entreguerras son una de las muchas ejemplificaciones en carne y hueso de esta pasión que atraviesa todo el siglo XX.

Se conciben las pasiones políticas como una problemática y un método distinto respecto al método demopolitológico y al método clasista: es decir, como el estudio no de reglas, ni de fuerzas objetivas, sino más bien de la subjetividad, en el interior de sus energías materiales. La pasión política no es entonces algo puramente platónico, desconectado del mundo, o algo neorromántico y neoidealista, sino algo tangible y real: la pasión por un cuerpo, que en el siglo XX, el siglo de los grandes partidos, no es otra cosa que la pasión por un partido.

El partido no fue una mera representación electoral o de intereses económicos y de clase, sino esencialmente un cuerpo apasionado, constituido por el entusiasmo, basado en el voluntariado y la pura pasión. Léase, entre otros, el Gramsci de lo Cuadernos de la cárcel o aquel maravilloso ensayo de Albert O. Hirschmann titulado Las pasiones y los intereses. Los tránsfugas, cuyas trayectorias se han investigado en este libro, declararon abiertamente la importancia que las pasiones tuvieron durante su itinerario político y subrayaron también, directa o indirectamente, la centralidad de las pasiones en la historia. Claro está que los tránsfugas no fueron los únicos que demostraron el peso y la importancia de las pasiones en la política de la primera parte del siglo XX.

Pero no cabe duda de que fueron un caso peculiar: al no querer renunciar a la pasión política que habían expresado en el partido comunista y/o socialista (y que estos partidos habían sabido –no sin contradicciones– canalizar y racionalizar), los Bombacci, los Marion y los Pérez Solís decidieron mantener esta pasión, pervirtiéndola, modificando su significado y cambiando su dirección, hasta convertirla en una pasión que se expresaba en el único partido existente (que canalizaba y racionalizaba esta pasión), después de que el fascismo llegó al poder en Italia, España y Francia en 1922, 1936 y 1940, respectivamente.

Freikorps

 Los partidos fascista y nazi volvían a dar vida a la camaradería guerrera. Imagen de Freikorps.

La diferencia entre estos diferentes cuerpos es de todos modos evidente: si los partidos socialista y comunista eran los cuerpos de un amor de justicia social –aunque cruel en algunos casos–, los partidos fascista y nazi eran cuerpos que volvían a dar vida a la camaradería guerrera que amaba el odio y se identificaba solo como enemigo de enemigos. Baste un ejemplo. En noviembre de 1933 Bombacci escribió no estar carente “della passione politica e dei requisiti richiesti per una dedizione completa all’ideale”. ¿Es solo una casualidad que Bombacci utilice este término en una carta dirigida al mismo Mussolini que se puede considerar su íntimo acto de conversión al fascismo? Yo creo que no…


ENTREVISTA A STEVEN FORTI: “LOS TRÁNSFUGAS DE LA IZQUIERDA A LA DERECHA DE ENTREGUERRAS NO FUERON LA EXCEPCIÓN, SINO LA REGLA”

marzo 2, 2013
Steven Forti

STEVEN FORTI (Trento, 1981) es doctor en Historia por la Universitat Autònoma de Barcelona y la Università di Bologna. Sus investigaciones están orientadas hacia la historia política del siglo XX, con particular atención a la de Europa de entreguerras en una perspectiva comparada. Así, se doctoró con la tesis El peso de la nación. Nicola Bombacci, Paul Marion y Óscar Pérez Solís en la Europa de entreguerras. Fue galardonada con el premio de la Cátedra Juana De Vega y el accésit del Premio Miguel Artola de la Asociación de Historia Contemporánea.

Más allá de tales reconocimientos, su trabajo disecciona un aspecto llamativo del radicalismo político: el tránsito del comunismo al fascismo a partir de las tres figuras políticas que dan título al mismo: el italiano Bombacci, el francés Marion y el español Pérez Solís.

La obra será publicada en la primavera de 2013 por la Universidad de Santiago de Compostela (a la vez que también verá la luz su Historia de los trabajadores de la construcción de CCOO de Cataluña, 1964-1992). Su tema nos ha parecido atractivo para nuestros lectores y le hemos entrevistado mediante un cuestionario.

Dada la extensión de sus respuestas publicamos la entrevista en dos partes. Esta es la primera y ela siguiente entrada mostrará la segunda. Le agradecemos desde aquí que haya accedido a nuestra petición, pues sus reflexiones permiten adentrarse en un tema poco explorado: el del tránsito del comunismo al fascismo.

¿Por qué le atrajo el transfuguismo del comunismo al fascismo como tema de estudio?

A veces uno acaba interesándose en algo y estudiando algo por casualidad. Hace aproximadamente una década me regalaron un libro, Il comunista in camicia nera, de Arrigo Petacco, una vulgarización repleta de imprecisiones de la vida de Nicola Bombacci. La verdad es que, más allá de la pésima novelización histórica de Petacco, el protagonista del libro me impresionó y me fascinó. Su trayectoria humana y política entre el socialismo maximalista y el fascismo, entre la fundación del Partido Comunista de Italia y la República de Saló, me pareció como mínimo extraña, aparentemente inexplicable, ciertamente excéntrica.

Me puse poco a poco a investigar más sobre Bombacci y me di cuenta de que la idea que había tenido al principio –Bombacci fue un voltagabbana o tránsfuga, como muchos que vistieron la camisa negra cuando el fascismo llegó al poder– no tenía consistencia tras un análisis histórico mínimamente serio. ¿Qué clase de oportunista podía ser Bombacci?

Si lo miramos desde un enfoque puramente de cálculo egoísta, su decisión de mantenerse antifascista (o como mínimo “afascista”) durante toda la primera década del régimen y su última decisión de seguir a Mussolini hasta el pelotón de fusilamiento de los partisanos no tiene sentido alguno. Si pensamos que uno de los fundadores del PCd’I acabó en Piazzale Loreto, después de no haber gozado de muchos favores durante el ventennio, mientras que jerarcas como Dino Grandi, Galeazzo Ciano, Giuseppe Bottai votaron en contra de Mussolini en la noche del 25 de julio o que el mismo Mariscal Pietro Badoglio sustituyó a Mussolini y lo hizo encarcelar tras veinte años en los más altos escalafones del régimen, algo no encaja. ¿Por qué Bombacci decidió llegar hasta el punto de morir por el fascismo? ¿Por fe? ¿Por ideología? ¿Por pasión?

Estas preguntas llevaban a otra pregunta: ¿Bombacci fue un caso excepcional? Según la historiografía existente y según las vulgarizaciones periodísticas, Bombacci fue una rara avis y un caso border line, único y casi irrepetible.

PCI

El transfuguismo del comunismo al fascismo en la Europa de entreguerras ha sido poco estudiado.

Leyendo más e investigando más sobre la cuestión, me di cuenta de que el caso de Bombacci no fue una excepción y de que su trayectoria tampoco fue tan extraña. En la Italia del período de entreguerras no fueron pocos los dirigentes políticos y sindicales de partidos de izquierda que se convirtieron al fascismo, sustituyendo el internacionalismo proletario por el culto de la nación, la lucha de clases por la armonía social, y el materialismo dialéctico marxista por un fuerte antimaterialismo espiritualista entrelazado a los valores cristianos.

Algunos de ellos fueron unos oportunistas, aprovechándose de las dinámicas políticas nacionales para llegar a posiciones de poder político y económico; otros no lo fueron, tomando unas decisiones que, como en el caso de Bombacci, nos pueden parecer como mínimo ilógicas desde el punto de vista económico. La pregunta que se hallaba al principio de todo empezaba a tener más importancia y la respuesta se hacía paulatinamente más complicada. ¿Cuánto peso se debía dar a las razones ideológicas en estos tránsitos de la izquierda al fascismo? ¿Cuánto influyó la pasión de la política y la pasión por la política en estos casos de transfuguismo.

¿Fue el transfuguismo una realidad política esencialmente italiana?

Al tener una visión más o menos completa del panorama italiano de entreguerras, se me planteó una pregunta más: ¿fue el caso de Italia una excepción en el conjunto europeo? O, más bien, ¿fue la normalidad? Decidí comparar el caso italiano con los casos de dos países de la Europa mediterránea: Francia y España.

Y, teniendo en cuenta las diferencias cronológicas y las distintas dinámicas nacionales, las analogías resultan ser más numerosas que las diferencias. Italia no fue una excepción.

En Francia hubo un número semejante de casos de dirigentes políticos y sindicales de formaciones políticas de izquierda que pasaron a las organizaciones fascistas en los años veinte y treinta, y en España el número de los tránsfugas en aquellos años no fue para nada desdeñable. Me dí cuenta de que la cuestión empezaba a tener una importancia y un peso bien diferente: el intento de encontrar una respuesta al caso aparentemente estrafalario de Bombacci me había llevado a plantearme una serie de preguntas sobre la historia política y del pensamiento político de la primera mitad del siglo XX.

¿Por qué hasta ahora no se ha investigado seriamente la cuestión del tránsito de la izquierda al fascismo en la Europa de entreguerras? ¿Por qué en los raros estudios existentes acerca de trayectorias de este tipo y sobre todo en las referencias a estos personajes en las historias del movimiento obrero de Italia, Francia y España no se ha logrado en la mayoría de los casos ir más allá de juicios políticos ex post y de condenas morales (o ridículas apologías)? O, en los mejores de los casos, sobre todo después de 1989, ¿por qué no se ha ido más allá de la utilización de estas trayectorias como demostración de la validez de la lógica de los opuestos extremismos, cimiento de la teoría del totalitarismo? Y, sobre todo, ¿qué han significado en la historia política y en la historia del pensamiento político de la época contemporánea estos tránsitos de la izquierda al fascismo?

¿Cree que el transfuguismo de la extrema izquierda a la ultraderecha fue frecuente? 

Yo no hablaría de transfuguismo de la extrema izquierda a la extrema derecha. Prefiero hablar de transfuguismo de la izquierda a la derecha en términos más amplios: el riesgo es de no tener en cuenta casos interesantes, como el del socialista Marcel Déat o de un reformista de izquierdas como Gaston Bergery. Sus orígenes, por ejemplo, no son la extrema izquierda, sino una socialdemocracia crítica con la experiencia soviética. Aclarado esto, suelo decir que los tránsfugas de entreguerras no fueron la excepción, sino la regla de la historia política.

Claro está que afirmar esto no es nada más que una provocación, pero algo de verdad hay en esta frase. Los números nos ayudan a entender la envergadura del fenómeno. Un fenómeno –hace falta recordarlo– que se ha estudiado solo en el caso de cuadros de formaciones políticas y no en los casos de los militantes o de los intelectuales. Pues, en este libro, más allá de los tres casos principales de Bombacci, Marion y Pérez Solís, he trazado la biografía de unos cincuenta dirigentes políticos de cierta envergadura que entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial dejaron su familia política de origen para pasar armas y bagajes a los respectivos movimientos fascistas que se crearon en estos tres países.

Los casos son distintos como lo son las vidas de estos individuos: comunistas, socialistas, sindicalistas revolucionarios o repúblicanos de izquierdas con diferencias en cuanto a familia, clase social, profesión, militancia… Y los tránsitos responden a estas diferencias, lógicamente.

Entre los seguidores de Mussolini de la primera hora figuraron significados izquierdistas.

Cobran importancia las dinámicas similares, como el heterogéneo grupo de los sindicalistas revolucionarios italianos –como Ottavio Dinale, Edmondo Rossoni, Tullio Masotti, Giovanni Bitelli, Livio Ciardi – que siguieron a Mussolini ya en la elección intervencionista de la Gran Guerra y en la fundación de los Fasci di Combattimento en la Piazza San Sepolcro de Milán en marzo de 1919. O a otros sindicalistas revolucionarios italianos que abrazaron el fascismo solo después de la Marcha sobre Roma, como Walter Mocchi, Amilcare De Ambris, Alibrando Giovannetti, Nicola Vecchi y Pulvio Zocchi, o con la Guerra de Etiopía de 1935, como en el caso de Arturo Labriola.

En Francia encontramos también una especie de grupo compacto: los comunistas franceses cercanos a Jacques Doriot, como Henri Barbé, Marcel Marschall, Alexandre Abremski, Victor Barthélemy, Victor Arrighi, Paul Guitard, Jean Fontenoy, François Chasseigne y Camille Fégy, que siguieron al alcalde de Saint Denis cuando dejó el PCF y fundó el Partido Popular Frances en junio de 1936.

En España hay menos casos respecto a Francia e Italia, debido, entre otras motivaciones, a la ruptura brutal de la Guerra Civil. Dos cosas resultan sintomáticas: los casos de tres de los fundadores de los dos Partidos Comunistas que se constituyeron en España en 1920 y 1921 (Pérez Solís, Ramón Merino Gracia y Mariano García Cortés) y los casos de la militancia juvenil de muchos de los miembros del primer núcleo de las JONS.

Nicola Bombacci

Nicola Bombacci en el centro de la imagen.

¿Quién fue Nicola Bombacci? 

Nicola Bombacci fue un personaje extramademente interesante de la historia política italiana de la primera parte del siglo XX. Un personaje incómodo que por mucho tiempo se ha querido olvidar o recordar de una forma grotesca y caricatural. Hasta los años ochenta del siglo pasado, en un número no despreciable de casos, el nombre de Bombacci había prácticamente desaparecido de los libros sobre el movimiento obrero italiano, el Partido Socialista y los orígenes del Partido Comunista. ¡Pero Bombacci había sido el secretario del PSI en el periodo clave del “biennio rosso” y, conjuntamente con Bordiga, Gramsci, Terracini y Togliatti, fue uno de los fundadores del PCd’I en Livorno en enero de 1921!

Como decía antes, este ha sido un punto clave para el comienzo de mis investigaciones hace unos años. Es decir, ¿cuál era la razón de este olvido y de aquella especie de banalización de su figura y de su trayectoria? De hecho, si algo se decía de Bombacci era para reirse de un caso border line, de un personaje de novela surrealista o para condenar al traidor de la clase trabajadora. La respuesta, claro está, se encuentra en su dramático final: el 28 de abril de 1945 Bombacci acabó fusilado a orillas del lago de Como con el fundador del fascismo, Benito Mussolini, y, al día siguiente, colgado por los pies en la gasolinera de Piazzale Loreto en Milán al lado del Duce, de su amante, Claretta Petacci, y de algunos jerarcas del fascismo de Salò, bajo un cartel en el que escribieron “Supertraditore”.

Parece una broma de la historia y un gran regalo para los defensores de la teoría del totalitarismo… ¿Es esta una razón suficiente para borrar del mapa a un personaje sin duda sui generis, pero también muy interesante para entender tanto el nacimiento, el auge y la derrota del movimiento obrero italiano en la época liberal como la rápida victoria del fascismo y su capacidad para conseguir el consenso de buena parte de la sociedad italiana?

Es interesante notar una cosa más: si a mediados de los ochenta se impulsaron algunas investigaciones históricas serias sobre la biografía de Bombacci que se convirtieron en publicaciones, como las de Serge Noiret y Guglielmo Salotti,1 en el último año y medio en Italia se han publicado tres libros sobre su itinerario político que son absolutamente prescindibles. O, más bien, son publicaciones peligrosas, ya que simpatizan con el personaje sin presentar nuevos descubrimientos en archivos, alejándose de una verdadera investigación histórica y acercándose a pseudo-hagiografías hechas por sectores de la derecha o la extrema derecha. En el verano de 2011 se publicó el libro Sangue romagnolo. I compagni del Duce. Arpinati, Bombacci, Nanni escrito por Giancarlo Mazzuca, periodista y entonces diputado por el partido de Berlusconi,2 mientras que en otoño de 2012 salieron dos volúmenes escritos por jóvenes estudiantes de la universidad y publicados por editoriales cercanas a la derecha política italiana, sobre todo en un caso.3 Y, last but not least, en noviembre de 2012 la editorial neofascista española, Ediciones Nueva República, publicó casi todos los escritos del Bombacci fascista traducidos al castellano con una introducción de Erik Norling.4 ¿Es solo una extraña coincidencia que en un momento de gravísima crisis económica, social y política distintos sectores de la (extrema) derecha política y mediática recuperen la figura de Bombacci?

Pero volvemos a la biografía de Bombacci. Nacido el 24 de octubre de 1879 en Civitella di Romagna, un pueblo muy cercano a Predappio, donde cuatro años más tarde nació Mussolini, después de una breve experiencia en el seminario, Bombacci se convirtió en maestro. Fue activo en el mundo sindical desde principios de siglo en el norte de Italia, entre Crema, Piacenza y Cesena, y consiguió ser elegido miembro del Consejo Nacional de la Confederación General del Trabajo (CGdL) en 1911.

En Módena, durante el primer conflicto mundial, fue el líder indiscutible del socialismo local: entre las guerras balcánicas y la Revolución Rusa fue al mismo tiempo secretario de la Bolsa de Trabajo, secretario de la Federación socialista provincial de Módena y director del periódico socialista Il Domani. En julio de 1917, fue nombrado miembro de la dirección del Partido Socialista italiano, en el que colaboró con el intransigente secretario del partido Costantino Lazzari y el director del periódico socialista Giacinto Menotti Serrati. En 1918, el último año de guerra, después de las detenciones de Lazzari en enero y Serrati en mayo, Bombacci se quedó prácticamente solo al timón del partido.

Favorable a una política firmemente antirreformista, centralizó y verticalizó todo el socialismo italiano: por primera vez las federaciones provinciales del partido y el grupo parlamentario socialista (GPS) dependieron directamente de la dirección del PSI, a la cual se conectaban también las organizaciones sindicales y cooperativistas rojas. En agosto de 1919 redactó con Serrati, Gennari y Salvadori el programa de la fracción maximalista, que ganó en el XVI Congreso Nacional del PSI (Bolonia, 5-8 de octubre de 1919). Fue elegido secretario del partido el 11 de octubre y, al mes siguiente, en las primeras elecciones políticas generales de la posguerra, consiguió el acta de diputado en la circunscripción de Bolonia con más de cien mil votos. Fue sin duda una de las figuras más importantes y visibles del socialismo maximalista del “biennio rosso”.

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Bombacci  fue una de las figuras más importantes del socialismo maximalista del “biennio rosso” (imagen de “guardias rojos” durante este bienio).

En enero de 1920 presentó un proyecto de constitución de los Soviets en Italia, que obtuvo pocos consensos y muchas críticas y contribuyó de todas formas a abrir un intenso debate teórico en la prensa socialista. En el mes de abril Bombacci fue el primer socialista italiano en encontrarse con los representantes bolcheviques en Copenhague, y en ese mismo verano fue uno de los miembros de la delegación italiana en la Rusia soviética, donde formó parte del Segundo Congreso de la Internacional Comunista. Ese otoño fundó la Fracción comunista del PSI, conjuntamente con Antonio Gramsci, Amadeo Bordiga, Egidio Gennari y Antonio Graziadei. Como director del periódico Il Comunista, en el XVII Congreso Nacional del PSI (Livorno, 15-21 enero 1921), optó claramente por la escisión, y llegó a ser uno de los miembros del Comité Central del nuevo Partido Comunista de Italia, sección italiana de la III Internacional (PCd’I).

Bombacci fue elegido diputado en las listas comunistas en mayo de 1921 por la circunscripción de Trieste, pero se quedó aislado respecto a los ordinovistas de Gramsci, Togliatti, Terracini y Tasca y los abstencionistas de Bordiga, no tenía pues una propia corriente en el nuevo partido. Bombacci se situó entonces en el ala derecha del nuevo PCd’I con Misiano y Presutti, favorable al reacercamiento con los maximalistas del PSI y contraria al partido sectario e ideologizado de Bordiga. Rápidamente se lo apartó de los centros directivos comunistas, empezando por el CC del partido.

La polémica llegó hasta las más altas esferas soviéticas en diciembre de 1923, cuando el Comité Ejecutivo del PCd’I decidió unilateralmente su expulsión del partido sin consultar a la Internacional Comunista. Se acusaba a Bombacci, entonces secretario del Grupo Parlamentario Comunista, de haber hecho referencia a una posible unión de las dos revoluciones –la bolchevique y la fascista– en una intervención en la Cámara del 30 de noviembre de 1923. De hecho, Bombacci, bajo consejo del embajador soviético en Italia, Jordanski, había puesto sobre la mesa la cuestión de un tratado económico italo-ruso, muy deseado por el Kremlin. En enero de 1924, se le llamó a Moscú, donde representó a la delegación italiana en los funerales de Lenin. Zinoviev decidió su reincorporación al PCd’I, en aquellos meses diezmado por la campaña de detenciones del Gobierno fascista de Mussolini.

Pero de vuelta a Italia, Bombacci no participó casi nunca en la actividad del Partido Comunista y empezó a trabajar para la Embajada rusa en Roma, al servicio del comercio y la diplomacia soviética. En 1925 fundó la revista L’Italo-Russa y una homónima sociedad de import-export, que ya a finales del año siguiente desaparecieron. Su alejamiento del partido fue evidente y en julio de 1927 los dirigentes comunistas italianos en el exilio decretaron su expulsión definitiva.

En los años siguientes Bombacci siguió viviendo en Roma con su familia. La colaboración con la embajada soviética parece que no se prolongó más allá de 1930. Las necesidades económicas y la difícil situación de salud de su hijo Wladimiro, que necesitaba curas por una grave enfermedad, lo llevaron a pedir ayuda a jerarcas del régimen y luego al mismo Mussolini, con el cual había tenido relaciones políticas en la etapa giolittiana. El Duce le concedió unas cuantas subvenciones y le encontró un empleo en el Instituto de Cinematografía Educativa de la Sociedad de Naciones en Roma.

A partir de 1933 Bombacci se acercó cada vez más al fascismo. A principios de 1936, Mussolini le permitió fundar La Verità, una revista política alineada con las posiciones del régimen, que, aparte algunas interrupciones debidas a la oposición del fascismo intransigente, se publicó hasta julio de 1943. En el proyecto colaboraron otros exdirigentes políticos de partidos de izquierda como Alberto y Mario Malatesta, Ezio Riboldi, Walter Mocchi, Giovanni Bitelli, Angelo Scucchia, Giovanni Di Legge, Mario Guarnieri y Silvio Barro. Bombacci no obtuvo nunca el carnet del Partido Nacional Fascista (PNF), aunque lo pidió más de una vez al jefe del fascismo, a quién escribía a menudo.

Los cadáveres de Mussolini y Bombacci fueroncolgados en Piazzale Loreto.

Después de la caída del fascismo el 25 de julio de 1943 y de la liberación de Mussolini en septiembre, con la siguiente creación de la República Social Italiana, Bombacci decidió ir voluntariamente a Saló, donde parece que fue una especie de consejero de Mussolini. Desde entonces el fundador del PCI alcanzó más protagonismo. Su capacidad oratoria y su cercanía al mundo de las clases trabajadoras podían ser útiles para la propaganda fascista. Bombacci publicó unos cuantos opúsculos sobre los peligros del bolchevismo y la degeneración estaliniana de los principios socialistas, dio conferencias entre los obreros en las plazas del norte de la península y se preocupó de la cuestión social, e incluso llegó a ser considerado uno de los redactores del proyecto de la “socialización”, muy publicitado por el fascismo republicano. Bombacci se quedó junto a Mussolini hasta el final en Piazzale Loreto que he recordado anteriormente.

[continuará en la siguiente entrada]

Notas

1 Guglielmo Salotti, Nicola Bombacci da Mosca a Salò, Roma, Bonacci, 1986 (edición revisada y ampliada: Nicola Bombacci. Un comunista a Salò, Milán, Mursia, 2008) y Serge Noiret, Massimalismo e crisi dello stato liberale. Nicola Bombacci (1879-1924), Milán, FrancoAngeli, 1992.

2  Giancarlo Mazzuca y Luciano Foglietta, Sangue romagnolo. I compagni del Duce. Arpinati, Bombacci, Nanni, Bolonia, Minerva, 2011. Aquí se puede leer una reseña crítica que publiqué en la revista digital italiana Storicamente: http://www.storicamente.org/03_biblioteca/schede/mazzucca_forti.html Antes de este libro, otra vulgarización banalizante, repleta de errores historiográficos y que hacía guiños a la derecha en el análisis de la trayectoria de Bombacci, fue la de Arrigo Petacco, Il comunista in camicia nera. Nicola Bombacci tra Lenin e Mussolini, Milán, Mondadori, 1996.

3 Daniele Dell’Orco, Nicola Bombacci, tra Lenin e Mussolini, Cesena, Historica, 2012 y Claudio Cabona, Nicola Bombacci. Storia e ideologia di un rivoluzionario fascio-comunista, Génova, Liberodiscrivere, 2012.

4 Nicola Bombacci, Mi pensamiento sobre el bolchevismo, introducción de Erik Norling, Molins del Rei, Ediciones Nueva República, 2012.


ENTREVISTA JOSÉ FERNANDO MOTA: “EL ESPAÑA CLUB FUE LA TAPADERA DE LA ULTRADERECHA ESPAÑOLA EN LA BARCELONA DE 1935″

febrero 8, 2013

JoseFernandoMota¿ERA DISTINTA YA EN LOS AÑOS TREINTA LA ULTRADERECHA BARCELONESA DE LA MADRILEÑA? El historiador José Fernando Mota ha publicado un extenso trabajo sobre el tema:Precursores de la unificación: el España Club y el Voluntariado Español, una experiencia unitaria de la extrema derecha barcelonesa (1935-1936)” en la revista académica Historia y política.

Mota,  que es igualmente diplomado en Biblioteconomía y Documentación,  es autor de La República, la guerra i el primer franquisme a Sant Cugat del Vallès, 1931-1941 (2001) y “Mis manos, mi capital”: els treballadors de la construcció, les CCOO i l’organització de la protesta a la Gran Barcelona, 1964-1978 (2010), así como de diferentes estudios sobre historia del movimiento obrero bajo el Franquismo, además de sobre cuestiones archivísticas.

Ello que nos ha motivado a entrevistarle, pues consideramos que su contenido puede ser interesante para nuestros lectores, ya que aborda un tema recurrente en este blog, que es el de las diferencias entre la ultraderecha española de Barcelona y la de Madrid.  En este aspecto le agradecemos su amabilidad y atención al responder a nuestro cuestionario.

¿Era distinta la extrema derecha barcelonesa de la madrileña antes de julio de 1936?

A pesar de que mis investigaciones en este campo hace poco que han comenzado, trataré de esbozar algunas ideas sobre esta cuestión. La principal diferencia, desde mi punto de vista, es la composición de éste espacio político en Madrid y Barcelona. La fuerza política de la extrema derecha barcelonesa hegemónica durante los años treinta será el carlismo, muy minoritario en el caso de Madrid. Los tradicionalistas tienen un arraigo histórico en Barcelona del que carecen en la capital española. En cambio los alfonsinos, con mayor presencia en Madrid, no pasan de ser en la ciudad condal más que un partido de cuadros. También es diferente el falangismo barcelonés, más fraccionado y muy inferior en número a sus camaradas madrileños.


albinana2En Barcelona la fuerza principal de extrema derecha hasta 1934 -carlistas a parte-, será el Partido Nacionalista Español (PNE). Este es un partido creado en 1930 y dirigido por el excéntrico doctor José Mª Albiñana (imagen de esta web), es una organización que rápidamente será marginal entre los ultras madrileños, a diferencia de lo que ocurre en Barcelona. Y es que el discurso nacionalista español siempre tendrá mucho peso entre los ultras barceloneses. Estos grupos harán gala de un españolismo exacerbado y de un anticatalanismo visceral, muchas veces más virulento que el que se expresa desde Madrid. El PNE se convertirá en el vivero que nutra de un discurso españolista y de una cultura de violencia -otra característica de los albiñistas- a buena parte de la extrema derecha barcelonesa.

PNEEncontraremos antiguos militantes del PNE en casi todos los proyectos ultras barceloneses, donde
hay una tendencia a la atomización, con la presencia de un conglomerado de grupos y grupúsculos divididos entre sí por personalismos, a los que une su antirrepublicanismo, su antiparlamentarismo, su anticomunismo, antimasonismo, antisemitismo. Y, por encima de todo, su anticatalanismo, su oposición al Estatut y la defensa de un españolismo esencialista en terreno hostil, en una Cataluña con ERC en el gobierno autonómico y una hegemonía catalanista en la sociedad. Si en Madrid los grandes enemigos de la extrema derecha serán los socialistas y comunistas, en Barcelona, donde las organizaciones marxistas por entonces son marginales, los enfrentamientos violentos se producirán básicamente con nacionalistas catalanes y especialmente los grupos independentistas, naturalmente inexistentes en Madrid.

Tanto en Madrid como en Barcelona el uso de la violencia política será una de las características de la extrema derecha. En la capital catalana, los ultras, ante su poca militancia y nula incidencia social, harán de la provocación y la pelea callejera su principal forma de hacer política. Acciones que muchas veces serán amplificadas por la prensa catalanista, dándoles un protagonismo que no corresponde a su número. En Barcelona siempre tendrá más peso la acción que la reflexión ideológica. Será en Madrid donde se publiquen las revistas teóricas de la extrema derecha y desde donde irradien las consignas al resto de España.

Seguramente los ultras barceloneses son los primeros en España en utilizar políticamente el nuevo deporte de masas, el fútbol. En ese espacio encontrarán otro campo de batalla política -simbólico y a la vez real- con los catalanistas. El R.C.D. Español se convirtió para los nacionalistas españoles en Barcelona en el equipo “que sostenía la bandera españolista en Barcelona” frente a un F.C. Barcelona identificado con el odiado catalanismo.

Un última característica que destacaría de la extrema derecha barcelonesa es la presencia de militares retirados por la ley Azaña, situados en las direcciones de varios de estos grupos, y la connivencia de un grupo de policías españolistas, que en su día se opusieron ferozmente al traspaso de las competencias en orden público a la Generalitat, con los grupos ultras más violentos.

La extrema derecha barcelonesa no saldrá nunca de su marginalidad política y social. Sólo los carlistas tendrán una militancia nutrida y mantendrán una cabecera de prensa,  El Correo Catalán; el resto de grupos, a pesar de las múltiples siglas utilizadas, no pasarán de ser cuatro o cinco centenares de militantes que pasaran por diferentes organizaciones. Siempre serán pocos y divididos.

¿Cuáles eran sus principales organizaciones?

La fuerza mayoritaria era el tradicionalismo. Tras la unificación de jaimistas, mellistas e integristas, el carlismo catalán basculó entre la participación electoral -con la Lliga o los alfonsinos- , y las actividades conspirativas, con el reforzamiento de su fuerza paramilitar, el requeté. Es una fuerza ultracatólica y antiliberal con una militancia, en muchos casos, hereditaria, que pasa de padres a hijos, de ahí que también tenga una composición más interclasista que las otras fuerzas ultras barcelonesas.

logo_PNEDentro de lo que podemos llamar españolismo reaccionario, la fuerza principal hasta 1934, como hemos visto, es el PNE. Será la cantera de un españolismo esencialista y violento en la ciudad, ya que más de 400 barceloneses pasarán por sus filas en un momento u otro entre 1930 y 1934.

Mientras, los alfonsinos eran pocos en Barcelona, algunos aristócratas, “gente bien” y profesionales. Primero funcionaron como Peña Blanca, pero tras participar en 1932 en Dreta de Catalunya, una candidatura electoral conjunta con los carlistas, tomaron ese nombre, asociándose en 1933 a Renovación Española. Tras los hechos de octubre de 1934 aglutinarán a algunos miembros de la extrema derecha provenientes de otros grupos. También dentro de los partidos que forman la CEDA, barcelonesa, creada también a partir de 1934, se agruparán sectores que participaran en las conspiraciones antirrepublicanas, especialmente en las Joventuts d’Acció Popular y en Acción Obrerista. Además, en Barcelona funcionarán otros grupúsculos reaccionarios marginales como el Partido Agrario Español, la Juventud de Acción Española, el Frente Españolista,…

Por otro lado, tenemos los grupos fascistas. Seguramente es en Barcelona donde por primera vez aparecen en España grupos que podríamos denominar protofascista, como la Liga Patriótica Española en 1919 o La Traza en 1923. Estos son grupos con una breve pero ruidosa existencia, constituyendo un semillero de militantes ultras a lo largo de los treinta. A pesar de estos precedentes, los grupos que se reclaman fascistas en la ciudad condal no tendrán más allá de dos centenares de militantes.

En 1932 se había creado un grupo de las JONS en Barcelona, formado por una docena de miembros. El grupo se unirá a la Falange de Barcelona en 1934, fundada en la ciudad a finales del año anterior, tras un viaje de José Antonio Primo de Rivera. Dentro de la FE de las JONS de Barcelona siempre funcionaron diferentes facciones internas. En 1935 será expulsada la encabezada por Fernández Ramírez y abandonarán la formación los jonsistas, que crearán un efímero Partido Español Nacional-Sindicalista (PENS). Sólo a partir de la primavera de 1936, cuando vuelvan a reunificarse, se puede considerar que son el grupo más importante de la extrema derecha, al margen de los siempre mayoritarios carlistas. A pesar de ello, en aquellas fechas no reunirían más allá de 250 militantes.

Existían además pequeños grupos de acción españolistas, los ultras broncos y camorristas. Se trata de las diminutas milicias de los partidos o colectivos autónomos como la Peña Ibérica, originariamente un grupo de hooligans del RCD Español. Militantes de estos grupos participan en peleas callejeras, asaltos a sedes independentistas, actúan como servicio de orden en mítines de oradores de la extrema derecha y colaboran en todas las conspiraciones militares. A partir de 1935 serán financiados por los alfonsinos y controlados directamente por la Unión Militar Española (UME), que propiciará la creación de nuevos grupos como los Sindicatos Libres, reconstituidos en 1934, o un grupo de acción nacido de su seno, la Agrupación de Juventudes Antimarxistas (AJA). Además de su actividad como provocadores, los golpistas les encargaron “trabajos especiales”. Miembros de estos grupos de acción serán los que estén detrás de los atentados a militares antifascistas que se producen en Barcelona en la primavera de 1936.

¿Qué papel tuvieron los civiles en la preparación del golpe?

Estuvieron siempre supeditados a los militares. Era la UME la que tomaba las decisiones y la que en buena parte los financiaba, a través, sobre todo, de fondos provenientes del mundo alfonsino madrileño. A partir de 1934, los militares golpistas fueron contactando con los diferentes grupos afines a sus objetivos en la ciudad condal. Aprovecharon la creación del España Club en 1935, una asociación creada por escindidos del PNE y policías españolistas, para utilizarla de tapadera de su Voluntariado Español. Éste reunía a las milicias o grupos de choque de los carlistas, Sindicatos Libres, falangistas disidentes, JAP, los jonsistas del PENS, las diminutas juventudes alfonsinas y la AJA.

logo_ECEstos grupos eran autónomos políticamente, pero se supeditaban en lo militar a la UME. Los únicos que no participan inicialmente en la conspiración son un PNE en decadencia y enfrentado a los fundadores del España Club, y la mayoría de Falange, que busca su propio espacio político. Cuando los militares constataron que era imposible mantener unidos a unos grupúsculos tan enfrentados entre sí, acabó con la breve experiencia unitaria. A partir de entonces cada grupo pasó a depender directamente de la UME -excepto los carlistas que siempre mantuvieron cierta autonomía- y con militantes provenientes de la Agrupación de Acción Ciudadana Armada de Barcelona,una milicia cívica creada tras los hechos de octubre de 1934 a imitación del Somatén en la que habían participado muchos ultras de la ciudad, se refundó un nuevo Voluntariado Español.

carnetaccionciudadanoarmadaEstos grupos participaron en los diferentes intentos de golpe de Estado que se produjeron en 1935 y 1936. Así, estuvieron acuartelados en sus locales en diciembre de 1935,  tras la salida de Gil Robles del Ministerio de la Guerra, y en febrero de 1936, coincidiendo con las elecciones generales a Cortes, pero en ambas ocasiones no llegó la orden de actuar.

Tras la victoria del Front d’Esquerres y el retorno de ERC al gobierno de la Generalitat, algunos de los grupos se disolvieron y el resto se concentraron sus esfuerzos en la vía golpista. En junio de 1936, ilegalizada Falange, se unieron a la conspiración los falangistas, autorizados a participar en el golpe por José Antonio Primo de Rivera ya desde la prisión. Finalmente, cuando el 19 de julio salgan a la calle para reforzar a los militares, lo harán menos de 400 civiles, la mayoría de ellos carlistas

¿Qué aspectos quedan por investigar de la ultraderecha barcelonesa de la época?

La extrema derecha barcelonesa ha sido poco estudiada. Disponemos de los trabajos de Enric Ucelay Da-Cal, centrados en los orígenes del fascismo y el españolismo en Barcelona; las obras de Joan Maria Thomàs dedicadas a la Falange y los falangistas catalanes, algún artículo de Josep Maria Solé i Sabaté y referencias en algunas obras del autor de este blog. Sobre los Sindicatos Libres tenemos la obra clásica de Colin M. Winston. El grupo más estudiado han sido los carlistas.

Autores como Pere Anguera, Jordi Canal o Robert Vallverdú han investigado el devenir de los tradicionalistas en los años treinta. Son muchos los aspectos pendientes de estudio, pero también hemos de tener en cuenta que estamos hablando de un fenómeno marginal en el panorama político y social barcelonés de los años treinta. No podemos tampoco sobredimensionar el tema, aunque sí recordar que buena parte de estos ultras formarán parte de los cuadros políticos y sindicales del Franquismo en la ciudad condal tras la guerra civil.


DON JUAN DE BORBÓN O EL MITO DEL PRETENDIENTE AL TRONO DEMÓCRATA

febrero 3, 2013

Alfonso XIII con Don Juan, quien no fue el heredero inicial del Trono.

ESTE AÑO SE CUMPLE EL CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE DON JUAN DE BORBÓN, padre del actual monarca, y también se cumplen los veinte años de su muerte. Dado que tiende a reproducirse una biografía idealizada del mismo que le presenta como una alternativa demócrata a la dictadura de Franco, hemos considerado pertinente reproducir esta semblanza que publicamos en el 2007.* La escribimos con motivo de otra efeméride: el cumplimiento de los treinta años de la renuncia de Don Juan a sus derechos dinásticos, que tuvo lugar el 14 de mayo de 1977, hecho sobre el que se suele pasar de puntillas porque empañaba la legitimidad de su hijo en el Trono.

Como puede apreciarse en a continuación, Don Juan distó mucho de ser un demócrata rectilíneo. Tuvo una trayectoria política errática y oportunista, que le llevó a transitar por el autoritarismo, ya que su principal afán fue llegar a reinar. Quien esté interesado en más información al respecto, puede consultar nuestro ensayo Franco y los Borbones (2005).

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Don Juan en el acto de renuncia de sus derechos dinásticos.

JUAN III: EL REY QUE NUNCA REINÓ

El pasado 14 de mayo se cumplieron treinta años de la renuncia de Don Juan de Borbón y Battenberg a sus derechos a la Corona en favor de su hijo Juan Carlos I. La efeméride no ha merecido conmemoración alguna porque ésta evidenciaría de nuevo las contradicciones iniciales que revistió la legitimidad dinástica del actual monarca: fue Rey de hecho desde noviembre de 1975, cuando fue proclamado como tal por las Cortes, pero no lo fue de derecho hasta que su padre hizo esta renuncia.

Esta situación explica las trabas que halló Don Juan para hacerla como deseaba: con una vistosa ceremonia en la cubierta del Dédalo, ante el ataúd de Alfonso XIII. Su propuesta fue desestimada por temor a realzar un acto que podía crear confusión en la opinión pública. La reina Sofía defendió que la renuncia “se hiciera simplemente por carta” y Torcuato Fernández-Miranda afirmó que no debía producirse, pues “significaba enmendarle la plana al régimen”. Finalmente Don Juan la llevó a cabo en un acto televisado: “En virtud de esta mi renuncia, sucede en la plenitud de los derechos dinásticos como Rey de España a mi padre el Rey Alfonso XIII, mi hijo y heredero el Rey Juan Carlos I”, declaró. No obstante, tras este gesto dinástico “anormal”, que restableció la “normalidad” dinástica, siguió empleando el título de conde de Barcelona, pese a ser un título de soberanía del Rey de España y resultar incongruente con su renuncia.

Ésta última habría marcado una inflexión vital, pues según el juanista Víctor Salmador “dejó de interesarle todo” e “hizo un esfuerzo sobrehumano para sobreponerse a la apatía y a la tristeza”. En 1982 regresó a España, poniendo fin a su exilio en la ciudad lusa de Estoril (donde residía desde 1946) con su esposa Doña María. En octubre de 1992 hizo unas declaraciones al Diario de Navarra reflejando una visión pesimista de España (“La veo mal, algo desgarrada y con su unidad amenazada”) y su gran frustración: “Me hubiera gustado ser Rey de todos los españoles. Fue mi vocaciónpara la que me educaron y para la que viví, pero renuncié plenamente [a ella] porque era para el bien de España”. Falleció poco después, en abril de 1993.

Hijo de Rey y padre de Rey, nunca reinó

La renuncia de Don Juan en 1977 puso fin a su dilatado esfuerzo por reinar. Nacido en 1913 del matrimonio de Alfonso XIII y Victoria Eugenia, fue su tercer hijo varón y no devino heredero de la Corona hasta 1933, cuando la familia real ya vivía en el exilio. Ignoramos la razón de este tardío reconocimiento, pues su hermano mayor, Don Alfonso, era hemofílico y el segundo, Don Jaime, sordomudo. Don Juan, por tanto, era ya desde su niñez el único vástago capaz de suceder a Alfonso XIII. ¿Por qué el monarca no tomó esta decisión cuando reinaba? El republicano Rafael Borràs apunta una respuesta: de abdicar el Rey en Don Juan según la Constitución de 1876, las Cortes debían sancionar su decisión, lo que pudo disuadirle al herir “su orgullo de rey” y poner de manifiesto las limitaciones de sus hijos.

En todo caso, sólo cuando sus dos hermanos mayores renunciaron en 1933 a sus derechos dinásticos y contrajeron sendos matrimonios desiguales quedó expedito su camino al Trono. Enrolado entonces Don Juan en la Royal Navy, recibió un lacónico telegrama paterno en Colombo (Sri Lanka): “Por renuncia de tus dos hermanos mayores, quedas tú como mi heredero. Cuento contigo para que cumplas con tu deber”. Su condición de heredero al Trono truncó la vocación naval de Don Juan (“Se acabó la Marina, se acabó todo”, recordó años después) y pronto se halló inmerso en las tensiones que rodearon a Alfonso XIII en el exilio: el grueso de monárquicos –liderado por José Calvo Sotelo- quiso que el Rey renunciara a sus derechos en favor de Don Juan y éste tuvo que maniobrar entre su padre y sus belicosos leales.

Iniciada la Guerra Civil (1936-1939) Don Juan fue invitado a protagonizar un “salto dinástico” en dos ocasiones al menos. Por una parte Dionisio Ridruejo le propuso iniciar en la Falange una carrera como militante de base para devenir monarca después. Don Juan rechazó el despropósito: “Yo les dije que si les fallaba como jefe local, ya no me harían Rey”. Por otra parte, el historiador Ricardo de la Cierva señaló un eventual acuerdo que posteriormente se frustró entre Don Juan y el general Franco: “Franco le confirmó secreta y personalmente como su futuro sucesor a título de rey sin fecha fija”. Dio fe de tales rumores un significado confidente de Alfonso XIII en Suiza, Ramón de Franch: “¿Manteníanse contactos entre Burgos y la residencia romana de D. Juan, a espaldas de su padre? En Lausanne se andaba de puntillas sobre el terreno resbaladizo de las hipótesis”, escribió.

En 1941 falleció Alfonso XIII y Don Juan empleó desde entonces el título de conde de Barcelona, aunque sus leales le aclamaron como “Juan III”. Entre ese año y 1948 la actuación política de Don Juan fue errática y oportunista. Entre 1941 y 1942 tanteó círculos nazis y fascistas en busca de avales para reinar, pero en realidad apostó de forma decidida por los aliados, en especial con su Manifiesto de Lausana (1945), lo que irritó profundamente a Franco. Acabada la Segunda Guerra Mundial, e instalado en Estoril, Don Juan mantuvo su complejo juego político entre 1946 y 1948. Entonces estableció las llamadas Bases de Estoril –que definían una monarquía corporativa y antiliberal- y a la vez buscó un pacto con la oposición al franquismo, incluyendo a anarquistas y socialistas. Todo fue en vano: el anticomunismo de la Guerra Fría consolidó la dictadura de Franco y éste vio aprobada en un referéndum celebrado en 1947 una Ley de Sucesión que dejó a su arbitrio el nombramiento de su sucesor a título de Rey.

En agosto de 1948 Don Juan mantuvo una entrevista con Franco a bordo del yate Azor, en el Cantábrico, en la que se decidió que estudiara en España su hijo Juan Carlos, nacido en 1938. Con tan valioso rehén en manos del dictador, poco pudo hacer ya Don Juan para acceder al Trono, salvo esperar un golpe de Estado que nunca llegó. Había perdido la batalla de la Corona y en sus empeños dilapidó su credibilidad política ante franquistas y antifranquistas, ya que sus vaivenes acuñaron una imagen de hombre sin criterios. Así, cuando Franco comentó al escritor monárquico José M. Pemán que “Don Juan, hombre afable por acogedor, se deja influir por el último que llega”, recibió esta réplica: “Pues llegue usted el último”. Igualmente, Ibérica, revista del exilio sostenida en Nueva York por Victoria Kent y patrocinada por Salvador de Madariaga, expresó en 1960 su desencanto: “Don Juan unas veces dice a los hombres de ‘la Corte’ que su monarquía será liberal y otras veces declara [...] que seguirá el ‘movimiento del general Franco’”.

Paradójicamente, el “salto dinástico” que Franco decidió en 1969, al designar oficialmente a Don Juan Carlos sucesor, hizo que la desvaída figura del conde de Barcelona cobrase nuevo brillo: excluido del Trono, su figura fue contemplada por parte de la oposición al régimen como una “alternativa demócrata” a la presunta continuidad institucional de la dictadura encarnada por su hijo. Su proyección fue también realzada a posteriori por monárquicos que aludieron a la existencia de un “pacto de familia” entre Don Juan y Don Juan Carlos para llevar la democracia a España, aunando esfuerzos para evitar la instauración de una República. De ese modo, el historiador Charles T. Powell apunta que los neojuanistas hacen suya “una visión juanista de la transición, según la cual fue el padre del Rey quien inspiró el proceso democratizador, a distancia y por persona interpuesta”. La realidad cuestiona esta conjetura: sin ir más lejos, Don Juan estuvo a punto de abanderar la oposición a su hijo en 1974, lo que dejó literalmente “aterrada” a su esposa, Doña Maria.

¿Drama personal o espejo generacional?

Una abundante publicística monárquica presenta el enfrentamiento entre Don Juan y su hijo como un drama personal, enfoque que confiere un protagonismo a la familia real de resonancias hagiográficas: son los “sacrificios” y “renuncias” de Don Juan y la mediación abnegada de Doña María entre esposo e hijo lo que permite restablecer la Corona y restaurar la democracia. Desde nuestra perspectiva, esta narración en clave de “epopeya dinástica” oculta sin pretenderlo una realidad más profunda: el “salto dinástico” que protagonizó Don Juan Carlos fue el reflejo más visible del cambio generacional que hizo viable la llamada Transición.

Durante el franquismo las organizaciones de la oposición se caracterizaron por un recambio generacional que supuso una relativa asimilación de la política española a la europea. Este cambio marcó el ocaso de las direcciones del exilio, comosucedió consocialistas como Rodolfo Llopis, anarquistas como Federica Montseny o incluso con la “vieja guardia” comunista. El caso de Don Juan fue similar al de estos exiliados: compartió con ellos un largo alejamiento, vanas esperanzas de regresar triunfante con complots más fantasiosos que factibles y la percepción distorsionada de la realidad española. Todos ellos fueron grandes perdedores de la democratización y Don Juan, aunque no se contó entre los vencidos de la guerra ni los represaliados del franquismo, fue uno más, como escribió en 1958: “Yo soy el único exiliado que sin cometer delitos comunes o de sangre no me deja el General ir [a España]”. Hoy, “Juan III” -Rey que nunca reinó- aún espera una biografía crítica que supere distorsiones, filias y fobias en torno a su figura.

(*)  La referencia del artículo es Xavier Casals, “Juan III: el rey que no reinó”, El noticiero de las ideas, 32 (octubre-diciembre 2007), pp. 5-7.


BERLUSCONI Y EL ANTISEMITISMO DE MUSSOLINI

enero 29, 2013

Berlusconi-Mussolini

Berlusconi ha generado una nueva polémica con sus declaraciones sobre Mussolini.

SILVIO BERLUSCONI ha vuelto ha remover las aguas de la política italiana con lo que parece ser una calculada provocación electoral: en plena jornada de conmemoración del genocidio judío ha efectuado declaraciones en las que manifestaba comprensión hacia Benito Mussolini  y relativizaba el antisemitismo de su régimen.

Lo ha hecho en estos términos, según recoge ABC (27/I/2013): «La aprobación de las leyes raciales ha sido la peor cosa que hizo Mussolini, quien por otro lado hizo cosas buenas»; «Italia no tuvo la misma responsabilidad que Alemania, pues hubo una connivencia de la que al principio no se fue completamente consciente»; «este tipo de cosas no se pueden repetir; sólo pensando en los deportados se puede entender la tragedia y la desesperación que vivieron» Berlusconi concluyó que «es difícil ponerse en el lugar de quien decidió entonces. Ciertamente aquel Gobierno por temor ante la potencia alemana prefirió ser aliado de Hitler que oponerse».

Ante el revuelo levantado, posteriormente Berlusconi -recoge La Vanguardia (27/I/2013)emitió un comunicado en el que aseguraba que es un “amigo de Israel” y condenaba a todas las dictaduras, como la fascista: “Mis análisis históricos se han basado siempre en la condena de las dictaduras, y siento no haber especificado este dato fundamental en una de las tantas respuestas que di esta mañana. No hay ningún equivoco sobre la dictadura fascista”, escribió.

Mussolini no fue un antisemita a su pesar

Pese a lo que puede desprenderse de estas declaraciones, la historia demuestra que Mussolini, en privado (y, por tanto, sin ninguna atadura política), estuvo lejos de manifestarse ajeno al antisemitismo. Todo lo contrario: se afirmó como un antisemita más radical que Adolf Hitler.

Para ilustrarlo reproducimos a continuación información de una anterior entrada de este blog, en la que comentamos  la obra Mussolini segretouna selección de fragmentos de diario que la célebre amante del Duce, Clara -Claretta- Petacci inició en octubre de 1937 y continuó hasta su asesinato por los partisanos en 1945. Como explicábamos en ella, ésta conoció al dictador en 1932 y devino su amante cuatro años después, tras separarse de su esposo.

¿Qué imagen transmitió el Duce a su amante en cuanto a su visión de los judíos?  Éste manifiestó un virulento antisemitismo, hasta el punto de irritarle que le considerasen un imitador del líder nazi: “Soy racista desde el 21. No sé cómo pueden pensar que imitó a Hitler, que no había nacido todavía. [...] La raza debe ser defendida” para que los italianos “no engendren mestizos” y “estropeen lo que hay de hermoso en nosotros”. Además, le refirió a Pettacci que ya atacaba “ferozmente” a los judíos en 1923 (el dictador nazi publicó Mi lucha en 1925).

Mussolini detestaba ser considerado un antisemita émulo de Hitler, pues se creía precursor del mismo.

Su antijudaísmo era sólido: “Es terrible que todo esté en manos de los judíos”, afirmó Mussolini. Consideraba que “apestaban” y son una “raza despreciable”. El 18 de abril de 1938 fue categórico sobre su suerte: “Estos sucios judíos, [son] un pueblo destinado a ser completamente eliminado”.

En suma, su antisemitismo nada tuvo que envidiar al del Führer. Pero con las medidas raciales  de su régimen a partir de 1938 -según explicitó a su amada- no quiso su exterminio, sino su aislamiento: “No se les hará ningún daño, pero no deben quitar el pan a nuestra gente. Que hagan su vida, que se dediquen exclusivamente al comercio, sin invadir nuestro terreno. [...] El objetivo es purificar la raza y hacer trabajar a los arios en los puestos que ahora ocupan ellos”. La meta sería segregarles: “que vivan su vida lejos de la nuestra [..]. Dentro del Estado, pero por su cuenta, como extranjeros”.

Los límites del berlusconismo

Volvamos ahora al presente: ¿Qué pretende Berlusconi con esta estridente maniobra? La respuesta no parece muy complicada: el líder populista italiano quiere rebañar votos a la derecha radical. En su empresa por sumar apoyos en las urnas el expresidente italiano puede hacer surgir una incomodidad creciente en el Partido Popular Europeo [PPE], al que el Polo de la Libertad -el partido de Il Cavaliere- pertenece, situación de la que se ha hecho eco el filósofo, político y editor Paolo Flores d’Arcais en las páginas de El País (28/I/2013) 

En cualquier caso, el “revisionismo histórico” de Berlusconi es propio de los líderes de los populismos derechistas que buscan la atención mediática y, a la vez, desean realizar un guiño a un electorado que tiende a ocultar sus opiniones en sondeos, en la medida que no sintonizan con el clima de opinión “políticamente correcto”.

En última instancia, el episodio ilustra cómo la derecha populista busca una movilización simbólica de su electorado potencial a través de los medios de comunicación. En este sentido, la jugada de Berlusconi ha tenido éxito mediático. Ahora hace falta comprobar si éste también lo acompaña en las urnas. La solución la veremos el 25 de febrero, cuando concluye el proceso electoral.


LA UNIDAD DE ESPAÑA O EL LEGADO FRANQUISTA DEL REY

enero 8, 2013

“La noche del Rey” fue el título de la entrevista televisada que Jesús Hermida hizo al monarca.

EN LA ENTREVISTA TELEVISADA DEL REY de la nocha del dia 4 de enero, el monarca se refirió a la  necesidad de consenso y unidad, rechazó “intransigencias” que conllevaban “políticas rupturistas” y reconoció que una de las asignaturas pendientes de España era “la vertebración del Estado”. Lo ha expresado así de lacónico: “una cosa que falta yo creo que es la vertebración del Estado” (véase el PDF de la entrevista:  entrevista al Rey). Ahora deberíamos saber en qué sentido considera que debe abordarse esta vertebración: ¿Instaurar un concierto económico catalán? ¿Suprimir el vasco?

A falta de elementos, dejamos la cuestión abierta. No obstante, debe tenerse en cuenta que mantener “la unidad de España” no es un tema menor en la figura de Juan Carlos I, pues constituye la única petición explícita que le hizo Franco.

La única petición de Franco: mantener la unidad de España

En este marco, como hemos expuesto en nuestro estudio Franco y los Borbones, debe recordarse que el dictador solo le pidió al Rey -entonces príncipe- una cosa: que mantuviera la unidad de España.  Hoy parece olvidarse que, en realidad, cuando el régimen llegaba a sus postrimerías Franco -como era habitual- dejó gran autonomía a Juan Carlos. Así, entre 1969 y 1975 jamás visitó La Zarzuela. Cuando el príncipe le pedía consejo, le contestaba que “su alteza puede arreglarse solo”.

Franco y Juan Carlos.

Así las cosas, cuando Juan Carlos visitó al dictador durante su agonía, recibió su postrer mensaje: “La última vez que le vi –explicó el actual monarca a José Luis de Vilallonga- apenas podía hablar. Pero la intensidad de su mirada lo decía todo. La última frase que salió de su boca en mi presencia, cuando ya se hallaba prácticamente en agonía, fue: ‘Alteza, prometedme que pase lo que pase mantendréis siempre la unidad de España’. Más que sus palabras, lo que más me impresionó sobre todo fue la fuerza con que sus manos apretaron las mías para decirme que lo único que me pedía era que preservara la unidad de España. La fuerza de sus manos y la intensidad de su mirada. Era muy impresionante. La unidad de España era su obsesión. Franco era un militar para quien había cosas con las que no se podía bromear. La unidad de España era una de ellas”.

De hecho, el testamento del dictador fue explícito al respecto:

“[...]. Por el amor que siento por nuestra patria os pido que perseveréis en la unidad y en la paz y que rodeéis al futuro Rey de España, don Juan Carlos de Borbón, del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado y le prestéis, en todo momento, el mismo apoyo de colaboración que de vosotros he tenido. [...] Mantened la unidad de las tierras de España, exaltando la rica multiplicidad de sus regiones como fuente de la fortaleza de la unidad de la patria“.

Lo que queda de la “monarquía del 18 de julio”

En consecuencia, se da la paradoja de que el único legado explícito que queda de la “monarquía del 18 de julio” o de la Corona instaurada por Franco es, precisamente, el afán de mantener la unidad de España,  que el actual monarca -por motivos obvios que transcienden la lealtad al dictador- también comparte.

La agenda política catalana, marcada por la independencia, marca a la española.

En suma, el desafío independentista catalán, de un plumazo, vuelve a poner sobre la mesa la principal inquietud de un Franco moribundo y recuerda que la unidad de España fue el único compromiso explícito del monarca con el dictador.

Veremos hasta qué punto la evolución política le permitirá mantenerlo.


LA HERENCIA DEL FRANQUISMO EN EL DOCUMENTAL “LOS COLONOS DEL CAUDILLO”

diciembre 6, 2012

Trailer del documental.

“LOS COLONOS DEL CAUDILLO” (Franco’s Settlers) es un documental realizado por los cineastas  Lucía Palacios y Dietmar Post  que fue presentado en Berlín el pasado mes de noviembre. En él exponen la historia y memoria del pueblo de Llanos del Caudillo (Ciudad Real), una de las 300 nuevas localidades creadas por el gobierno de Franco en los años cincuenta y sesenta.

A continuación reproducimos un fragmento de la crónica que publicó sobre éste Rafael Poch, corresponsal en la capital germana de La Vanguardia,  (02/11/2012).

Presentado en Berlín un documental sobre la España de hoy

[...]

Con “Los Colonos del Caudillo” los autores lanzan una “doble mirada” a unos de los 300 pueblos nuevos creados por el régimen en los años cincuenta y sesenta, fundamentalmente en Castilla y Extremadura, para abonar la hoja de parra de su dimensión “social” falangista. El resultado una especie de Koljoz manchego del que la mayoría de los beneficiados huyeron en cuanto la emigración, bien a la España desarrollada, bien a Europa, abrió la perspectiva de una vida más libre y desahogada. Cincuenta mil familias participaron en aquellas obras sociales dirigidas por el Instituto Nacional de Colonización inspirado en la Italia de Mussolini, con el objetivo de potenciar, “al hombre antiurbano y antiobrero, apegado a la tierra, temeroso de Dios y devoto al régimen, del cual es deudor de todo: casa, tierra y trabajo, todo bajo control del partido”.

El documental narra, sin música ni efectos, la historia de Llanos del Caudillo (Ciudad Real). Su mirada es doble, porque Palacios nació en un pueblo de los alrededores y lidia con lo familiar y conocido, mientras que Post aporta la estupefacción y el asombro del foráneo ante el crudo universo ibérico. Hay una sucesión de entrevistas a los vecinos del pueblo, sus autoridades (alcaldes, curas y maestros), así como las suficientes excursiones al contexto, de la mano, entre otros de Felipe González y del ministro falangista José Utrera Molina, como para que el espectador, independientemente de su nacionalidad y nivel de información se pregunte: ¿Qué es España hoy?, ¿Cómo es posible que haya tantas contradicciones? Es decir la pregunta con la que está incubando la actual tormenta perfecta de incierto resultado y que, por lo visto, va a poner a prueba nuestra calidad como sociedad.

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Montaje de propaganda del documental.

Solo en La Mancha quedan 800 calles dedicadas a José Antonio Primo de Rivera y 500 a Franco. Los Llanos del Caudillo, uno de la docena de pueblos celtíberos que aún lleva el nombre del Insigne, no quiere cambiar su nombre. El alcalde, Santiago Sánchez, ya lo intentó en un referéndum de 2003, y perdió. Una de las escenas más deprimentes del documental es cuando se le pregunta a una clase de niños del pueblo sobre la conveniencia o no de cambiar el nombre: 12 de los 13 niños son partidarios de mantener al caudillo.

Poco importa que una mano guerrillera transforme el rótulo de entrada al pueblo, tachando la elle y la ese de “llanos” y convirtiendo su nombre en un anarco “Ano del Caudillo” porque estamos ante algo más que una broma: el drama miserable de un país que no ha hablado de su historia, que tiene en sus cunetas 115.000 desaparecidos, cien veces más que los del Chile de Pinochet y trece veces más que los 9000 de la pesadilla militar argentina. Un país que creía haber hecho una “modélica transición” y que hoy, sometidos aquellos narcisismos a las actuales terapias de choque, se asombra al verse tan fea ante el espejo de su triple crisis, con su flamante democracia evidenciada como corrupto y tradicional neocaciquismo ibérico, su juez Garzón inhabilitado, y sus nacionalismos coqueteando con la ruptura.

“Esta película refleja muy bien la realidad de la España actual”, dice Carlos Castrana, fiscal del Tribunal Supremo. “Va a sorprender a mucha gente en España”, augura Felipe González. A falta de festivales de cinematografía, será en una España itinerante, con una campaña de cine ambulante por pueblos, instituciones vecinales, escuelas y asociaciones, explican sus autores. Todo muy de acuerdo con los tiempos y las circunstancias de una eventual regeneración hispana. Con “Los Llanos del Caudillo” Post y Palacios han puesto el dedo en la llaga nacional.


EL GOLPE DESCONOCIDO DEL 27-O DE 1982: ¿PUDO SER EL MÁS SANGRIENTO?

octubre 29, 2012

Portada de la revista Tiempo (11-18/X/1982) informando del golpe fracasado.

El 27 DE OCTUBRE DE 1982, jornada de reflexión previa a la primera victoria electoral del PSOE, estaba previsto un golpe potencialmente sangriento. ¿Qué sabemos treinta años después del mismo? Designado como “27-O” o también como “operación Cervantes”, esta tentativa golpista es hoy poco conocida y en su época no se profundizó en sus entresijos.

A continuación publicaremos la versión extensa en dos entregas de un artículo que hemos publicado en catalán en el diario Ara el pasado 27/X/2012 (“27-O del 1982, la història d’un cop d’estat fallit”).

*****

“El 27-O  parecía destinado a ofrecernos imágenes tan contundentes como las del golpe de Pinochet contra Allende, cono el palacio presidencial de la Moneda incendiado por las bombas”. Esta es la valoración del exagente del CESID Juan Alberto Perote del golpe de estado previsto el 27 de octubre de 1982 [27-O] que contribuyó a desarticular. Lo lideraba el general Jaime Milans de Bosch desde la prisión de Fuencarral y el núcleo promotor lo formaban coroneles.

Del fallido golpe del 23 de febrero de 1981 [23-F], los complotados -según expone Perote en Confesiones de Perote (1999)- aprendieron que “necesitaban derramar sangre”. Para llevarlo a cabo contaron con una trama civil y un plan detallado que no evitó el fracaso.

El golpe debía tener lugar la vigilia del gran triunfo socialista de octubre de 1982.

Un nuevo Movimiento Nacional

El nuevo golpe se enmarcó en la persistencia de inquietud castrense ante la situación política. El 6 de diciembre de 1981, día de la Constitución, se difundió el Manifiesto de los Cien, crítico con la política militar del gobierno y con los medios de comunicación firmado por un centenar de oficiales. El junio de 1980 se hicieron públicas las sentencias del 23-F y el malestar castrense rebrotó.

En este marco, cobró impulso el “golpe de los coroneles”, emprendido antes del pustch de Tejero y designado por Milans como MN, acrónimo de Movimiento Nacional. El historiador y militar Javier Fernández López ha expuesto los detalles a Militares contra el Estado (2003). Así, el 27-O tenía como referente principal el golpe de los coroneles de Grecia de abril de 1967 y el plan tenía dos fases, una centrada en Madrid (“Plan Halcón”) y la otra al resto de España (“Plan Marte”).

La operación empezaría a las 8 horas del día 27 con esta secuencia: corte de comunicaciones entre centros de poder; detención de desafectas y concentración de estos en campos de detención; control de una setentena de objetivos (incluyendo La Zarzuela y La Moncloa) que contemplaba recurrir a la artillería si había resistencia; corte de circulación a la capital; “neutralización” de personas significadas, notablemente Sabino Fernández Campo y el responsable del CESID, Emilio Alonso Manglano; control de RTVE y RNE; y toma del poder fuera de Madrid.

Se instauraría una junta militar y se disolvería el Parlamento. El Rey sería destituido y reemplazado por un Consejo de Regencia. Partidos y sindicatos serían ilegalizados y sus miembros detenidos. Las instituciones surgidas de la Constitución serían declaradas ilegales y, por lo tanto, desaparecerían las autonomías. Para gobernar se escogerían unas Cortes de patrón franquista.

La trama civil

Los recursos humanos que el plan requería eran el punto más débil, dado que la trama golpista habría sido raquítica, según el testigo del activista e ideólogo ultraderechista Ernesto Milà a Ultramemòrias. II (2012).

Este se entrevistó el 1982 con el comandante Ricardo Sáenz de Ynestrillas -destacado ultraderechista- y consideró que este último “y un pequeño grupo de militaste [...], seguían viéndose, animados y arropados por los últimos mohicanos del golpismo”. El reclutamiento de civiles era descuidado: los complotados contactaban con ultraderechistas notorios de cada provincia para sumarlos al proyecto y los adjudicaron futuras alcaldías y “habitualmente se trataba de elementos marginales, muy poco significativos”. Concluyó que todo ello “se  trataba de ‘golpistas controlados’ y que los barrerían cuando conviniera”. El 27-O, pues, contaría con una ejecución difícil por la escasa entidad de su trama.

En el segundo volúmen de sus memorias, Ultramemorias (2012), Ernesto Milá expone la débil trama civil del golpe.

La ultraderecha, además, se debilitó al competir Fuerza Nueva [FN] con un nuevo partido liderado por Antonio Tejero, Solidaridad Española [SE], con un entorno eventualmente conectado al golpe. Ultraderechistas detenidos declararon inicialmente al juez que el capitán Francisco Acera los instruyó a para colaborar con SE “en la formación de células clandestinas dedicadas inicialmente a misiones informativas”, pero después rectificaron estas manifestaciones, explican Joaquín Prieto y José Luis Barbería en El enigma del ‘Elefante’ (1991).

Golpe al golpe

Detectado el plan, el CESID siguió a los militares implicados y los disuadió de actuar al explicarlos que conocían sus intenciones. El procedimiento evitaba, según Perote, “una interminable sucesión de detenciones” que perjudicara más la imagen del Ejército y suponían el agradecimiento de los conspiradores, que facilitaban confidencias. Estas llevaron a los agentes a centrarse en un terceto de oficiales: los coroneles Luis Muñoz y Jesús Crespo y el teniente coronel José Enrique Crespo (hermano del segundo).

El 1 de octubre agentes del CESID abrieron un maletín con el plan del golpe que Muñoz llevaba al coche al ir a una comida de homenaje a Blas Piñar (la esposa de Muñoz, Sol Lafita, era su secretaría y candidata de FN al Senado), lo fotocopiaron y lo volvieron a su lugar. El gobierno ordenó detener a los implicados el día 2. El ministro de defensa Alberto Oliart hacéis público el complot. El día 25 la policía intervino armas y explosivos a ultraderechistas de Madrid, Barcelona y Valladolid. Milans fue trasladado de Fuencarral cerca de Tarifa (Cadiz) en helicóptero y los detenidos fueron condenados inicialmente a 12 años y un día de prisión.

Fue relevando el 27-O? Por los destacados militares e historiadores Gabriel Cardona y Javier Fernández López fue muy serio. Cardona lo definió como un complot “sangriento y definitivo”; para Fernández se “una idea absolutamente errónea” considerarlo un golpe menor en relación al 23-F. Igualmente, Perote -cómo hemos visto- lo consideró de un impacto similar al de Pinochet si triunfaba. Otros análisis, pero, han cuestionado su viabilidad, como la del periodista Miguel Platón: “Nadie que haya analizado este acontecimiento a fondo puede sostener de manera honesta que [...] tuviera la menor posibilidad de hacerse realidad” (Hablan los militares, 2001).

Dada la oposición del Rey al golpe del 23-F de 1981, el del 27-O planteaba sustituirle por un Consejo de Regencia.

Desde la ultraderecha se ha denunciado que el golpe fue magnificado por Leopoldo Calvo Sotelo para remontar unos resultados electorales adversos. De hecho, en la época Piñar ya aludió al 27-O como un “montaje”. Pero Oliart señaló que esta tesis es inverosímil precisamente porque aquel golpe no salvó a UCD a las urnas, sino que constituyó “la puntilla”.

La agonía golpista: el 2-J de 1985

En todo caso, el 27-O fue un hito en la inflexión de una arraigada tradición golpista, que emergió con el 23-F. Después las redes golpistas acontecieron más reducidas, pero no negligibles. A la vegada, el CESID adquirió control creciente de los sectores involucionistas y desarticuló el golpe de 1982 con mínimas detenciones.

Visto todo ello, surge una pregunta: Por qué no se depuró a los oficiales entre 1977 y 1982? La respuesta de Oliart fue diáfana: “Porque si los depuro por sus ideas me quedo con veinte. [...]  Había una minoría de militares demócratas, pero más de un 90% de los mandos habían sido oficiales en la guerra civil o se habían formado en academias franquistas”.

El fracaso del 27-O y las reformas militares del gobierno socialista llevaron el golpismo a la marginalidad y tuvo el canto del cisne con un magnicidio frustrado, posiblemente inspirado en el de Luis Carrero Blanco: durante el desfile de las fuerzas armadas previsto en La Coruña el 2 de junio de 1985 [2-J] se quiso explosionar la tribuna de autoridades y matar a la familia real, al gobierno y a la cúpula militar. Pero esto ya es otra historia.


NOTAS DE LECTURA: FRANCO Y LOS JUDÍOS: LA GRAN IMPOSTURA*

octubre 24, 2012

 

Franco y Hitler en su entrevista Hendaya en octubre de 1940.

“ESPAÑA IMBUIDA DE SU ESPÍRITU CRISTIANO  y universal de amor a todas las razas de la tierra contribuyó al rescate de judíos y procedió más por intereses espirituales que por razones políticas o simplemente jurídicas”, afirmó el representante de Franco en la ONU en 1949. Sin embargo, su declaración era un cúmulo de falsedades.

De hecho, si miles de fugitivos del nazismo se salvaron bajo pabellón español durante la contienda (podrían haber sido 35.000), ello obedeció a presiones internacionales que recibió el dictador y a las iniciativas de un puñado de sus diplomáticos que actuaron por su cuenta y riesgo en varios países europeos, amparando a los perseguidos. En realidad Franco quiso una España judenrein o “purificada de judíos”, por lo que permitió su aniquilación. Derrotado el Eje, para legitimarse ante los Aliados el autócrata no dudó en presentar como propia la labor hecha por sus abnegados representantes. Ahora el reputado periodista de investigación Eduardo Martín de Pozuelo (La Jonquera, 1952) describe los detalles de esta cínica actuación en El franquismo, cómplice del Holocausto, recurriendo a documentos desclasificados en archivos estadounidenses, holandeses y británicos.

La conexión Franco-Hitler

La política judía de Franco conoció un giro. En noviembre de 1940 su gobierno se interesó por la suerte de los sefarditas de Francia, lo que hizo pensar a los nazis que “los españoles tienen un gran interés en proteger a los judíos de nacionalidad española”. Sin embargo, ello constituyó un espejismo, pues el régimen pronto devino antisemita y su proceder confundió a los propios alemanes. Y es que cuando España medió posteriormente por algunos judíos lo hizo “tarde, mal, en voz baja y sin usar los recursos diplomáticos disponibles”. Además, Madrid “reclamó a Berlín los bienes materiales de los deportados a los que negó el pan y la sal”, lo que convertía a la dictadura en cómplice del genocidio.

Portada de E. Martín de Pozuelo, El franquismo, cómplice del Holocausto (Libros de Vanguardia, Barcelona, 2012, 264 pp.,  22 euros).

¿Por qué Franco se condujo de ese modo? Posiblemente por dos razones, apunta el autor. Por una parte, por su creencia de que los judíos que acogiera serían aliadófilos y alimentarían su oposición interna y, por otra, por el estrecho alineamiento del régimen con Alemania. En este sentido, Martín de Pozuelo plantea de modo plausible que el golpe de Estado de 1936 se gestó cuatro años antes estimulado por nazis de Heinrich Himmler.

Así, Barcelona habría sido el “centro de agitación a favor del nazismo más importante de España” y los agentes hitlerianos habrían contactado aquí con el capitán Luis López Varela, entonces hombre de confianza del general Emilio Mola y uno de los militares alzados en 1936. Para el autor, las relaciones entre activistas germanos y oficiales españoles previas a la sublevación explicarían el hecho de que cuando ésta se inició, Franco recibió una generosa ayuda bélica alemana con sorprendente rapidez. Con la colaboración hitleriana previa al golpe “los lazos hispano nazis se tornaron indisolubles”, creándose las bases de una complicidad genocida.

Mirando bajo la alfombra

La obra recorre asimismo otros aspectos del franquismo y de la Transición, como el esfuerzo del Rey por calmar a militares inquietos por los cambios, su disgusto al conocer que Adolfo Suárez sería candidato en 1977 (al temer que su fracaso electoral comprometiera a la Corona) o la definición que hizo Manuel Fraga del futuro monarca: “un boy scout pero sincero e inteligente”.

El resultado es un ensayo ágil y sólido, que combina con acierto divulgación e investigación. Impacta al desmitificar la impostura de Franco sobre los judíos y es sugerente al plantear un influjo nazi en la rebelión de 1936. Y a la vez que muestra la miseria que el franquismo guardó debajo de la alfombra, hace aflorar la grandeza de sus diplomáticos que, desafiando a Madrid y Berlín, salvaron a miles de judíos. En definitiva, es una lectura más que recomendable.

(*) Reseña publicada en ”La gran impostura”, suplemento Cultura/s de La Vanguardia (10/X/2012), p. 11


NOTAS DE LECTURA: EN 1938 COMPANYS QUISO NEGOCIAR UNA PAZ CON FRANCO A TRAVÉS DE GRAN BRETAÑA*

octubre 10, 2012

El presidente catalán Lluís Companys.

EL 22 DE ABRIL DE 1938  un consejero del premier Neville Chamberlain recibió a Josep Mª Batista i Roca, enviado por Lluís Companys para explorar una paz por separado de Cataluña con Franco bajo mediación británica. En junio Batista perfiló su proyecto, incluyendo al gobierno vasco en él mismo: si fructificaba un armisticio, vascos y catalanes aspiraban a mantener su autonomía, desmilitarizar el País Vasco y la zona mediterránea (“Barcelona, Valencia y las islas Baleares”), garantizar los intereses ingleses y colaborar industrialmente con “las democracias occidentales en caso de necesidad”. Los británicos no quería a España balcanizada, aún tutelando a dos países subordinados, y rechazaron mediar. No obstante, Batista continuó su empeño hasta que la ocupación de Cataluña  le puso fin.

El historiador Enrique Moradiellos narra este episodio y reproduce el memorando de Batista en La Guerra de España (1936-1939). La obra recopila trabajos ya publicados que ha actualizado y abordan cuatro cuestiones centrales: ¿Fue decisiva la intervención extranjera en nuestra guerra? ¿Cómo benefició a Franco la neutralidad británica? ¿Se apoderó Juan Negrín del oro republicano? ¿Por qué retornan viejas visiones del conflicto? Sus respuestas son ponderadas y sólidamente documentadas.

Enrique Moradiellos, La guerra de España. Estudios y controversias (RBA, Barcelona, 2012, 380 pp.).

Así, demuestra cómo la intervención exterior fue determinante, lo que Manuel Azaña apuntó en 1939: “Una barrera ‘sanitaria’ a lo largo de las fronteras y costas españolas, habría dejado en pocos días a los españoles sin armas [...] y hubieran tenido que […] hacer las paces”. El autor disecciona el papel de Gran Bretaña en la conflicto: investiga cómo favoreció a los rebeldes, analiza el peso de los estereotipos en la percepción del conflicto y reconstruye el periplo de Batista. Cuestiona que Negrín malversara fondos republicanos tras efectuar un pormenorizado balance de su gestión y concluye el volumen examinando el retorno de tópicos franquistas insostenibles y la difusión de una visión arcádica de la República.

Tales debates remiten a una reflexión del historiador Y. H. Yerushalmi que Moradiellos reproduce: “la opción no es la de tener o no un pasado, sino más bien qué clase de pasado quiere uno tener”. En tal sentido, es de agradecer que su obra facilite uno con menos prejuicios.

(*) Reseña publicada en el suplemento Cultura/s de La Vanguardia (26/IX/2012), p. 11.


GRECIA: LAS INQUIETANTES COMPLICIDADES ENTRE FUERZAS DE SEGURIDAD Y AMANECER DORADO

agosto 21, 2012

Milicias de Amanecer dorado.

El asesinato de un joven iraquí de 19 años el pasado 13 de agosto en Atenas a manos de cinco desconocidos identificados como ultraderechistas ha tenido lugar mientras se realizaba la Operación Zeus Xenios, una ofensiva policial contra la inmigración irregular.

El crimen, según la información publicada en El País-  tuvo lugar al amanecer, cuando cinco jóvenes descendieron de cuatro motocicletas y le golpearon y agredieron con una navaja y falleció al cabo de unas horas en el hospital. Este episodio de violencia contra inmigrantes no ha sido el único que ha tenido lugar, sino que tales hechos han proliferado.

¿Las fuerzas de seguridad son impotentes ante tales hechos?

Vínculos  inquietantes entre neonazis y fuerzas de seguridad

Una información de la corresponsal de ABC en Atenas, Begoña Castiella, publicada el 18 de junio apuntaba la existencia de inquietantes complicidades entre fuerzas del orden y el partido neonazi Amanecer Dorado, formación a la que -según un estudio electoral- los cuerpos de seguridad habrían podido votar en una proporción muy elevada.

Reproducimos íntegramente el artículo a continuación por su interés para los lectores de este blog:

Hoy tanto el partido de los radicales Syriza (Coalición de la Izquierda Radical) como el partido Andarsía (cuyas iniciales significan insurrección en griego pero corresponden a Colaboración Anticapitalista de Izquierda para el Derrocamiento) han denunciado el ataque efectuado contra sus kioskos electorales ayer viernes por la noche en la Plaza Central de Ano Liósia, un ayuntamiento muy desfavorecido a las afueras de Atenas.

Un grupo de más de veinte personas del partido nacionalista extremista Amanecer Dorado se presentó con sus motos en la explanada, a las nueve de la noche, hora en la que había mucha gente tanto en los kioskos como circulando por la zona, al grito de «sangre, honor, Amanecer Dorado» (en griego rima: Ema, timí, Xrisí Avguí). Se bajaron de las motos y comenzaron a circular entre la gente con palos y cuchillas de forma amenazante, dirigiéndose hacia los stands electorales de los radicales de Syriza y de Andarsía.

Un policía griego mantiene retenidos a unos inmigrantes residentes en Atenas.| Efe/Pantelis Saitas

Operación policial de control de emigrantes en Grecia.

Un grupo de policías que se encontraba en la plaza no se movió ante las amenazas y los insultos que lanzaban los extremistas. Finalmente dos agentes se acercaron y pidieron a los neonazis que se retiraran. Al hacerlo, derribaron otro kiosko electoral del partido nacionalista Griegos Independientes, escisión de Nueva Democracia, aprovechando que en ese momento no había nadie del partido presente.

La denuncia termina con la frase «este incidente es uno más de las patrullas terroristas de motoristas del Amanecer Político en Ano Liósia y las zonas circundantes. Denunciamos la actividad terrorista de esta organización fascista y la “inexplicable” tolerancia del mecanismo estatal frente a esta organización, ya que objetivamente alienta esta acción».

Un estudio cuidadoso de los resultados electorales de las pasadas elecciones de mayo reveló que en los centros electorales cercanos a la Dirección General de Seguridad de Atenas y al Centro de las Fuerzas Especiales, cuyos policías no residentes en Atenas podían ir a votar, tuvieron un porcentaje altísimo de votantes de Amanecer Dorado comparado con elecciones anteriores.

Cartel del film Zeta.

Un crimen con aire de “Zeta”

Los acontecimientos expuestos nos traen a la memoria la célebre novela Z, de Vassilis Vassilikos, publicada en 1967, traducida a más de 30 idiomas y que dio pie a la película homónima, Z. Ésta  fue dirigida por Constantin Costa-Gavras (que también fue su guionista junto a Jorge Semprún) y con música de Mikis Theodorakis realizada en 1969 y que mereció dos Óscar (a la mejor película extranjera y al mejor montaje).

Escenas de Z que muestran a los ultraderechistas en acción.

El argumento ofrece cierta familiaridad con lo que ocurre en Grecia: recrea las circunstancias que rodearon el asesinato del político heleno  Gregoris Lambrakis acaecido en 1963, en el que fueron decisivas las complicidades entre fuerzas de seguridad y la extrema derecha cuando el crimen es investigado por un magistrado honesto. Cuando éste último logra procesar y condenar a los implicados, en 1967 tiene lugar el golpe de Estado militar llamado “de los coroneles” que establece una dictadura e imposibilita que se haga justicia cumpliendo las penas los culpables.

Minutos finales de Z con subtítulos en castellano.

El film comienza con la frase “Cualquier parecido con la realidad no es fruto del azar, es voluntario”. El problema de la violencia neonazi actual que se produce en Grecia es que ésta no es una ficción fílmica sino una alarmante  realidad y nada indica que vaya a aminorar. Más bien tenderá a aumentar.


CURSO DE VERANO: “PASADO Y PRESENTE DEL NAZISMO”

junio 12, 2012

El pasado y presente del nazismo será objeto de un cruso de verano en la UPF.

ESTE SEPTIEMBRE (del dia 3 al 14)  coordinamos un curso de verano en la Universitat Pompeu Fabra (UPF) dedicado al nazismo (“Passat i present del nazisme”) que pretende ofrecer perspectivas distintas a las habituales. El curso constará de nueve sesiones matinales de tres horas y media en catalán o castellano en función del profesorado: Rosa Sala Rose, Francisco Veiga, Carles Viñas y Xavier Casals.

Se impartirá a partir de los 30 estudiantes inscritos con plazas limitadas. El período de matrícula es del 14 de mayo al 24 de agosto de este año. En caso de estar interesado en asistir, clicar aquí.

Importante: Desde el blog únicamente damos cuenta de la existencia del curso y no mantendremos correspondencia sobre el mismo. Los interesados en él deben dirigirse a la UPF, al espacio indicado para matricularse o a los teléfonos y direcciones aquí indicados.

El programa es el siguiente:

Sessió 1 (3/IX/2012). Professora Rosa Sala Rose

L’univers antisemita alemany del segle XIX

Encara que l’antisemitisme és un fenomen que es pot rastreajar a la història de totes les nacions europees, el cas alemany resulta peculiar: Durant els segles XVIII i XIX l’antisemitisme va interferir amb la construcció nacional d’aquest país, que encara era mancat d’un Estat propi. La sessió analitzarà més a fons la dinàmica d’aquest singular procés.

 Sessió 2 (4/IX/2012). Professora Rosa Sala Rose

La dimensió esotèrica del nazisme

Analitzar el nazisme partint únicament dels aspectes socioeconòmics implica obviar elements fonamentals per explicar la profunditat amb la qual aquest moviment va incidir en la població alemanya. Resulta igualment important partir de la història de les mentalitats i considerar els diversos aspectes que van fer que el nazisme, més que una ideologia, fora una autèntica religió política. L’anomenat “esoterisme nazi”, freqüentment evitat pels historiadors, és un d’ells.

 Sessió 3  (5/IX/2012). Professor Francisco Veiga

Més enllà de la Landstrasse: la dimensió eurasiàtica del nazifeixisme

El canceller Metternich va dir que Àsia començava més enllà de la Landstrasse de Viena. Com un reflex d’aquest eurocentrisme, la nova ultradreta germànica va mantenir una especial relació d’admiració i rebuig cap a Àsia: els jueus i les hordes asiàtiques van ser contemplades des del principi com cares de la mateixa moneda. Però a Àsia també es podrien trobar les essències més pures de l’europeïtat, una cosa que va fascinar als nazis, però també a diversos moviments feixistes de l’Europa oriental. D’altra banda, a Àsia es poden rastrejar alguns orígens del feixisme europeu, i Japó es va convertir en l’aliat més resolt i espiritualment més proper del nazisme.

Sessió 4 (6/IX/2012). Professor Xavier Casals

El nazisme de la postguerra i el mite Europa

Després de la posguerra el nazisme tingué greus dificultats per reorganitzar-se. Assajà crear organitzacions internacionals, com el Nou Ordre Europeu i la Unió Mundial de Nacional-Socialistes i, a la vegada, generà el mite d’Europa com a mobilitzador, plasmat a Jove Europa. Tanmateix, l’únic indret del món on es plasmà la utopia racial fou a Sudàfrica.

Sessió 5  (7/IX/2012). Professor Carles Viñas

Els skinheads. Origens i evolució d’un estil heterogeni

Descripció dels estils precedents que afavoriren la concreció de l’estil skinhead a Gran Bretanya a finals dels anys seixanta. Anàlisi de la seva gènesi i evolució. Exposició de com s’importà i arribà a l’Estat espanyol, detallant les seves singularitats i dinàmiques pròpies, incidint en elements que caracteritzaren el seu desenvolupament, com la seva politització o la participació en els grups de seguidors radicals de futbol.

Sessió 6 (10/IX/2012). Professor Carles Viñas

Els nous espais del nazisme. Els caps rapats com a element renovador

Anàlisi de com afectà la politització a l’estil i com els caps rapats neonazis ocuparen l’espai polític de l’extrema dreta arran del seu declivi electoral. Observació de les relacions entre els grups de caps rapats i les formacions ultradretanes i com aquestes han evolucionat. Descripció de les organitzacions neonazis creades per caps rapats a l’Estat espanyol.

Sessió 7  (12/IX/2012). Professor Xavier Casals

Del racisme al etnodiferencialisme

Tot i que hom acostuma a considerar l’actual extrema dreta com una resurgència del nazisme, en realitat aquesta té un punt de partida substancialment diferent: rebutja el racisme i exalta l’etnodiferencialisme: l’elogi de la diferència cultural. Als anys seixanta l’anomenada Nova Dreta feu una teorització al respecte que posà els fonaments d’un nou extremisme dretà.

Sessió 8 (13/IX/2012). Professor Francisco Veiga

L’aliança roig-parda: nacionalsocialisme i ultradreta a Euràsia des de 1990

La desintegració de l’URSS i la desaparició de l’anomenat bloc de l’Est van donar lloc a uns sistemes polítics poc equilibrats en els què la ultradreta aviat va cobrar una gran importància, ocupant el lloc de l’esquerra i aliant-se obertament amb les seves restes, des de Moscou a Belgrad, passant per Bucarest o Kíev. Ha prosperat aquest moviment o ha quedat com un miratge del passat? Ha ajudat a la generació d’una nova ultradreta europea? ¿Arriba el fenomen fins a Àsia?

Sessió 9 (14/IX/2012). Professor Xavier Casals 

Nova ultradreta o vells feixismes?

Tot i que hom acostuma a considerar a la nova ultradreta com un fenomen recurrent o un retorn del nazifeixisme, en realitat conforma un moviment d’oposició a la Globalització des de la dreta. Quins són el elements de continuïtat i ruptura de la nova ultradreta en relació als feixismes d’entreguerres?


1962: EL ENLACE DE JUAN CARLOS I SOFÍA Y FRANCO: LA BODA Y EL GENERAL

junio 8, 2012

La  boda de Juan Carlos y Sofía en 1962 tuvo un importante transfondo político.

HACE CINCUENTA AÑOS, el 14  de mayo de 1962, Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia se casaron en Atenas. Formaron entonces un tándem decisivo para lograr el Trono, cuyo ocupante  tenía que designar Franco según la ley de sucesión vigente desde el 1947. En este marco, los prometidos navegaron entre las aguas de El Pardo y las de Estoril, donde vivía el padre del príncipe, don Juan de Borbón, con el título de conde de Barcelona.

Este último quería que su hijo se casara con una princesa, y el enlace con Sofía lo satisfizo: “Nos hemos entregado de una ‘fabiolada’”, comentó, en alusión a la boda celebrada entre Balduíno de Bélgica y la aristócrata española Fabiola Mora y de Aragón en 1960. Pero el enlace proyectó una amenaza sobre el inquilino de Estoril: la del balduinismo. Igual que el impopular  Leopoldo III de Bélgica abdicó en su hijo Balduíno el 1951 bajo la presión popular, don Juan temía que la boda de Juan Carlos tuviera un efecto similar.

Para Franco, la boda abría una incógnita. El príncipe Juan Carlos era su favorito como futuro rey. Pero este casamiento le creaba recelos. Le desagradaban las princesas griegas al atribuir al rey Pablo de Grecia la condición de masón, y existía la posibilidad que, después de casarse, la pareja se instalara fuera de España.

En suma, la boda de Juan Carlos y Sofía fue algo más que un episodio de crónica rosa, como demostramos en el artículo que publicamos en el diario catalán Ara y al que se puede acceder registrándose de modo gratuito.

***

FAMÍLIA REIAL UNA HISTÒRIA POLÍTICA

Mig segle després de casar-se, el matrimoni entre Joan Carles i Sofia és una ficció

Aniversari reial sense res a celebrar

HISTORIADOR | Actualitzada el 13/05/2012 00:00

Quan es compleixen les noces d’or de Joan Carles I i Sofia, el matrimoni passa pels seus moments baixos. El distanciament afectiu és ostentós (amb la relació del monarca amb Corinna zu Sayn-Wittgenstein) i el familiar també. Tanmateix, quan es van casar a Atenes el 14 de maig del 1962 van formar un tàndem decisiu per assolir el tron, l’ocupant del qual l’havia de designar Franco segons la llei de successió vigent …
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ENTREVISTA A EDUARDO GONZÁLEZ CALLEJA: “LOS AÑOS TREINTA FUERON LA ÉPOCA DORADA DE LA ULTRADERECHA ESPAÑOLA”

abril 20, 2012
EDUARDO GONZÁLEZ CALLEJA es un historiador polifacético, que destaca tanto por su amplio conocimiento de la violencia política en la España contemporánea como de los grupos fascistas y de derecha radical en la Europa de entreguerras. En ambos temas es considerado un experto de referencia por sus estudios.
Y es que este profesor en la Universidad Carlos III  ha publicado un monumental fresco en lo que a España se refiere con sus excelentes trabajos, especialmente La razón de la fuerza. Orden público, subversión y violencia política en la España Restauración (1874-1917)  (CSIC, 1999);  El máuser y el sufragio. Orden público, subversión y violencia política en la crisis de la Restauración (1917-1931) (CSIC, 2005); y ahora Contrarrevolucionarios. Radicalización violenta de las derechas durante la Segunda República, 1931-1936 (Alianza).
El resultado es una extraordinaria  panorámica de la violencia política en nuestro país por su larga perspectiva cronológica, riqueza de datos e ingente consulta de fuentes.
Por todo ello, hemos considerado de interés para nuestros lectores entrevistarle en relación a su última aportación, Contrarrevolucionarios,  que disecciona a la ultraderecha y derecha radical en la era republicana, incluyendo a la CEDA, a los monárquicos alfonsinos y carlistas, y a los movimientos fascistas.
Le agradecemos su amabilidad al contestar nuestras preguntas, que arrojan luz nueva sobre este espectro político a partir de su ambicioso y mas que recomendable estudio.

¿Por qué afirma que los años treinta fueron la época dorada de la extrema derecha española?

Tendemos a pensar que el franquismo fue el paraíso de la extrema derecha, pero sólo hay que ver la suerte que corrieron las diferentes tendencias contrarrevolucionarias, encorsetadas y mixtificadas bajo un régimen militar que les dio pocas opciones de desplegar una actividad política e ideológica independiente, para considerar seriamente que esto no fue así.

Pese a las apariencias, el franquismo no fue un paraíso para la ultraderecha.

Si pensamos en la extrema derecha como una opción independiente en un marco político pluralista, habríamos de convenir que nunca hasta los años treinta este segmento tan volátil del espectro político había tenido una caracterización contrarrevolucionaria tan plena, y unas lecturas políticas tan ricas y contrastadas. Y ello fue debido al desmoronamiento de la derecha liberal parlamentaria, a la debilidad de la derecha democrática (en su versión liberal-conservadora o social-cristiana) y al eclipse temporal como actores político-institucionales de la Iglesia, la Monarquía y el Ejército.

¿Por qué ha empleado el término “contrarrevolucionarios”?

Porque los diferentes sectores de la derecha manifestaron públicamente que su estrategia prioritaria era la lucha contra la revolución que identificaban in toto con la República democrática. Y ello es así por culpa de un malentendido fundamental: como atestiguan multitud de discursos de la época, los propios republicanos contemplaron la proclamación de la República como un hecho revolucionario.

En mi libro El máuser y el sufragio advierto que las jornadas del 12 al 14 de abril de 1931 no pueden conceptuarse ni como una transición ni como una insurrección, sino como una fiesta popular revolucionaria. Para la opinión republicana, el establecimiento de una República democrática que desplegaba una amplia voluntad reformista era un signo de ruptura total con el pasado que merecía tal apelativo.

Las derechas radicalizadas tomaron buena nota, y muy pronto (ya durante el debate del texto constitucional) se manifestaron en contra de este proyecto, atacando indistintamente República, democracia y revolución desde una perspectiva contrarrevolucionaria explícitamente asumida por todas sus tendencias.

 ¿Por qué  las diversas organizaciones derechistas no establecieron un proyecto común ?

Porque mostraron una sorprendente sintonía en los medios para acabar con la República, pero una fuerte discrepancia en cuanto a los fines, esto es, al régimen resultante del asalto a la democracia. Las derechas coordinaron su táctica antirrevolucionaria en diversas ocasiones (la más llamativa, antes del verano de 1936, fue en octubre de 1934), pero no consensuaron una alternativa contrarrevolucionaria aceptable para todas las tendencias.

A pesar de los debates doctrinales que implicaron a las diferentes familias de la derecha en revistas como Acción Española, existían notables discrepancias entre el modelo de Estado totalitario falangista, la “monarquía militar” del alfonsismo o el corporativismo carlista y cedista. Todas estas querellas se aparcaron cuando las distintas tendencias derechistas aparcaron sus diferencias para intervenir en el complot militar en situación subordinada. A cambio, hubieron de aceptar el proyecto político propuesto por el sector golpista del Ejército. Creyeron que era una solución provisional, pero Franco se ocupó de hacerlo perdurar, al precio del sacrificio parcial de los proyectos contrarrevolucionarios elaborados por los grupos civiles.

Habitualmente se considera al Falangismo como el punto de partida del “fascismo español”. ¿Debemos matizar tal idea?

En efecto. La distinción clásica entre fascismo-movimiento y fascismo-régimen podría extenderse para hablar de una cultura fascista española que ni arranca del falangismo ni se deja atrapar en exclusiva en la historia de este partido.

Además de los antecedentes que podríamos calificar de “prefascistas”, y que pueden rastrearse en los años diez y veinte (en los grupos de La Acción o La Traza, o el primorriverismo, que estudié con Fernando del Rey en La defensa armada contra la revolución, 1995), no deben desdeñarse las experiencias precursoras de La Conquista del Estado de Ramiro Ledesma, las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica de Onésimo Redondo o el Movimiento Español Sindicalista de José Antonio Primo de Rivera. Falange Española de las JONS fue el resultado —un poco artificioso, si se quiere— de la unión de todas estas tendencias.

De ahí su errática trayectoria y sus repetidas crisis en 1934-35, hasta que la coyuntura absolutamente imprevista de la guerra civil le brinde la oportunidad de convertirse en el gran partido único de masas del fascismo español.

¿Hasta qué punto las organizaciones de aquella época dejaron un discurso que perduró en la ultraderecha del siglo XX (y eventualmente XXI)?

Tras plantear la salvedad de que los discursos contrarrevolucionarios de las derechas españolas de los años treinta fueron convergentes, pero en absoluto idénticos, podemos constatar que dichos discursos han impregnado profundamente la cultura política de la ultraderecha española más tradicionalista y nostálgica del pasado hasta épocas relativamente recientes. Creo que el punto de no retorno fue el fracaso del golpe de 1981.

Como los grupos ultraderechistas de otras latitudes (Italia o Francia, por ejemplo), la extrema derecha española hubo de reinventarse en un sentido menos fascista y tradicionalista para instalarse en un cierto populismo y una aceptación instrumental de la democracia liberal. Pero la gran novedad es el abandono del corporativismo y el intervencionismo estatal para convertirse al neoliberalismo más feroz.

La cadena Intereconomía, como la COPE, reflejaría a una ultraderecha española que se asemeja a los neocon o a la derecha religiosa americana.

Ahora, la ultraderecha que no está necesariamente en el PP se asemeja más a los neocon o a la derecha religiosa americana que al viejo franquismo. Sólo hay que ver Intereconomía o la COPE para constatarlo.


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