EL ENIGMA DEL ASESINATO DE ALDO MORO CONTINÚA 35 AÑOS DESPUÉS: ¿SE QUISO IMPEDIR LA PARTICIPACIÓN EN EL GOBIERNO DEL PARTIDO COMUNISTA?

mayo 11, 2013

¿Quién mató a Aldo Moro?

El 9 de mayo de 1978 el cuerpo  de Aldo Moro es hallado por la policía en el maletero de un Renault-4 rojo.

CUANDO SE CUMPLEN 35 AÑOS DEL ASESINATO DE ALDO MORO, importante líder de la Democracia Cristiana [DC] italiana, su muerte continúa rodeada de numerosos enigmas.

Moro fue secuestrado el 16 de marzo de 1978 por un comando de las Brigate Rosse [Brigadas Rojas, BB.RR.], un grupo terrorista de extrema izquierda, cuando se dirigía al parlamento para que en Italia se conformara un gobierno de la DC con apoyo externo del Partido Comunista. Ello suponía plasmar el llamado “compromiso histórico”: la participación de los comunistas en el ejecutivo italiano. Se ha destacado que tal posibilidad, en plena Guerra Fría, suponía modificar el statu quo de zonas de influencia en un lugar tan sensible como el sur de Europa.

El resultado fue que el secuestro y asesinato de Moro a manos de sus captores frustró lo que hubiera sido un cambio político profundo y el llamado “factor K” (en alusión al acceso bloqueado del PC al poder, 1 y 2) siguió gravitando en Italia.

¿Fue este magnicidio un crimen de Estado? ¿Qué fuerzas influyeron de un modo u otro en el mismo? A continuación reproducimos una crónica al respecto de La Vanguardia (9/V/2013) que reúne los aspectos enigmáticos que más de tres décadas después aún rodean al suceso.

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¿Quién mató a Aldo Moro?

Más allá de los autores materiales -las Brigadas Rojas-, la sospecha de la existencia de una trama oculta salpica a servicios secretos, a la logia P-2 o a la red Gladio. | Las confesiones de los autores del secuestro y asesinato no esclarecieron el caso. | Especulaciones y medias verdades siguen salpicando el mayor magnicidio de la Italia moderna.

En la mañana del 9 de mayo de 1978 el cuerpo sin vida de Aldo Moro era descubierto por la policía en el interior de un Renault-4 rojo aparcado en la vía Caetani, en el centro de Roma. La aparición del cadáver del dirigente democratacristiano, acribillado por once balas, encogido y semicubierto por una manta en el maletero del vehículo ponía fin a un secuestro de 55 días llevado a cabo por la organización terrorista de extrema izquierda Brigadas Rojas (BR). El lugar donde habían aparcado el automóvil no era casual, a medio camino de las sedes centrales de la Democracia Cristiana (DC) y del Partido Comunista Italiano (PCI), los dos principales partidos del país y los más firmes defensores de no negociar con los secuestradores. El asesinato también era el final del compromiso histórico formulado por el secretario general del PCI, Enrico Berlinguer,  y en el que Moro, por convencimiento o por táctica, estaba dispuesto a experimentar.

De hecho, el presidente de la DC fue secuestrado cuando se dirigía a la sesión de investidura del cuarto gobierno de Giulio Andreotti. El nuevo ejecutivo iba a ser apoyado parlamentariamente por los comunistas en una fórmula inédita en la política italiana. Su trágico final enterró aquel intento. Los democratacristianos volvieron a pactar con socialistas y pequeños partidos centristas los sucesivos gobiernos hasta el cambio de escenario político de 1992 –proceso de Manos Limpias contra la corrupción, destrucción del sistema de partidos vigente desde 1945 e irrupción de Berlusconi-.

A finales de los años 70 en Italia, época conocida como los años de plomo, donde coincidieron el terrorismo de extrema derecha –con los grandes atentados de la plaza Fontana de Milán y la estación de ferrocarril de Bolonia- con el de extrema izquierda  –en parte,  heredero del mayo del 68 y del desencanto con las políticas de los partidos comunistas-  tuvo una influencia decisiva en el desenlace del secuestro. Su política de acuerdos con los comunistas alteraba el equilibrio político del sur de Europa y cuestionaba las bases de la guerra fría. Ni Washington ni Moscú veían con simpatía la deriva italiana. En este contexto, es difícil sustraerse –y la historiografía de los últimos treinta años no lo ha hecho-  a considerar el secuestro y asesinato de Aldo Moro como una operación política de largo alcance, donde más allá de los ejecutores materiales –las Brigadas Rojas- se extiende una trama oscura donde se adivinan los hilos de los servicios secretos –principalmente, estadounidense-, la logia masónica P-2 o la organización Gladio.

El secuestro

El 16 de marzo de 1978, un comando de al menos 10 terroristas, algunos de ellos vestidos con uniformes de la compañía de aviación Alitalia, apostados en el cruce que une las vías Mario Fani y Stressa, en el norte de Roma, interceptaron a las nueve de la mañana el Fiat 130 en que viajaba Aldo Moro y el Alfa Romeo de sus escoltas. En una operación diseñada por el jefe de las BR en Roma, Mario Moretti, ametrallaron al chofer y a los guardaespaldas. Seleccionaron con exactitud dos de las cinco carteras que llevaba consigo, introdujeron a Moro en un coche y abandonaron  la escena del crimen. La acción había durado tres minutos.

Una operación milimetrada sobre la que penden algunos interrogantes. Los terroristas abatieron a los cinco acompañantes sin ocasionar ningun daño a Moro –aunque la autopsia reveló una herida en una nalga que pudo haber sido causada en el momento del secuestro-. La precisión del ametrallamiento sorprende para unos jóvenes sin formación militar. Algunas fuentes revelaron que 49 de los 91 disparos partieron de un solo hombre y apuntaron la tesis de un miembro de la ndranghetta, la mafia calabresa, conectado con los servicios secretos. Un testigo afirmó haber oído gritar órdenes con acento extranjero. Otros testimonios declararon haber visto una moto Honda con dos hombres a bordo.

Otros dos elementos levantaron suspicacias. Primero, se conoció que un agente del servicio secreto militar italiano había sido visto en vía Fani –explicó que iba a casa de un amigo-. Segundo, debido a una caída repentina de las líneas telefónicas en la zona del tiroteo, el primer aviso no llegó a la policía hasta las 9.05 horas.

También llama la atención la inexperiencia de la policía en la lucha antiterrorista. El escenario se contaminóde la forma más chapucera. Prensa y curiosos pasearon por el lugar e incluso un enviado de la RAI exclamó en una conexión en directo: “Ah, he pisado sin querer los casquillos”. En el mismo sentido, cuando fue encontrado el cadáver de Moro el coche fue rodeado por una multitud de policías y curiosos que  infringían las más elementales normas de investigación.

El cautiverio

Durante esos casi dos meses, la sociedad italiana se vio sacudida por el debate inevitable de abrir o no la negociación con los terroristas. El proceso fue dramático debido a los sucesivos comunicados de las Brigadas Rojas y, especialmente, a las cartas desesperadas enviadas por el propio Moro a sus compañeros de partido –solicitándoles que accedieran a negociar su liberación- y a su mujer.  Como señaló Enric Juliana, en un artículo a los veinte años del crimen, “el secuestro de Moro acabó siendo una tragedia griega, el ansia humana por sobrevivir contra la razón de Estado”.

Dos días después del secuestro, el día 18, el periódico Il Messaggero  recibió una llamada anónima en la que se informaba el lugar donde se encontraba el primer comunicado y anunciaba que “un núcleo armado de la Brigadas Rojas ha capturado y recluido en una prisión del pueblo a Aldo Moro

El 25 de marzo, se recibió la segunda comunicación de la banda en el que se anunciaba que “se buscarían las directas responsabilidades de Aldo Moro por las cuales y con criterios de justicia proletaria, será juzgado”.  Para algunos autores, el término juzgado alertó a instituciones y agencias de seguridad. Moro había sido presidente de Gobierno dos veces y ministro de Asuntos Exteriores, por tanto disponía de información confidencial y secretos de Estado que podían implicar a servicios secretos y gobiernos extranjeros.

El día 29 se recibió un nuevo mensaje y una carta de Moro dirigida a su amigo y ministro del Interior, Francesco Cossiga, en la que solicitaba a los dirigentes del partido ser canjeado. Sin embargo, el Gobierno decidió mantener una postura firme frente a los terroristas. Ante al silencio del ejecutivo, el 4 de abril las Brigadas enviaron  el cuarto comunicado en el que exigían la liberación de los prisioneros comunistas. El 15 de abril, en la sexta comunicación se notificaba que el interrogatorio “había terminado, se le había encontrado culpable y condenado a muerte”.

 Moro durante su cautiverio.

El falso comunicado

Tres días después, el caso dio un giro inesperado. Un nuevo comunicado anunciaba que “el presidente de Democracia Cristiana, Aldo Moro, ha sido ejecutado mediante suicidio” y que su cuerpo yacía en el lago Duchesse, cerca de la localidad de CartoreLa conmoción fue enorme, pero tras dos días de búsqueda infructuosa se recibió un nuevo comunicado de la banda, en el que negaban su autoría en el mensaje anterior y lo atribuían a “los especialistas en guerra psicológica”. Adjuntaban una fotografía del prisionero sosteniendo el periódico La Repubblica del día anterior.

Hace pocos años, el controvertido especialista estadounidense en terrorismo, Steve Pieczenick, confirmó en una entrevista que ese comunicado fue elaborado por los servicios secretos italianos y que su finalidad era preparar a la opinión pública para lo peor.  Pieczenick, miembro de un equipo estadounidense enviado para asesorar a los italianos, confesó que su misión fue hacer creer a las BR que pese a la aparente posición de firmeza del Gobierno italiano sería posible llegar a un acuerdo. Tras el falso comunicado de la muerte y el fracaso posterior de cualquier negociación, defraudados terroristas se vieron abocados a tomar la más funesta decisión.

El día 24 de abril se recibió el octavo mensaje, en el que se reiteraba la condición de preso político de Moro y se ofrecía su intercambio por trece brigadistas presos. El 29 de abril, en un último y desesperado intento, Moro envió cartas a sus compañeros solicitando que fuera convocado el Consejo Nacional del partido. Inútil. El 3 de mayo, Giulio Andreotti, presidente del Gobierno, reiteró la negativa del Ejecutivo. Dos días después, se recibió el último comunicado (nº 9) en que se anunciaba la condena a muerte de Moro, la exculpación de las BR y acusaban al Gobierno de asesinato de Estado.

La ejecución

El cautiverio de Moro duró 55 días. Permaneció todo el tiempo en una falsa habitación camuflada detrás de una librería del salón de un piso de la vía Montalcini nº 8 de Roma. Básicamente, le custodiaron el jefe del comando Mario Moretti, que se encargó de los interrogatorios, Prospero Gallinari, Germano Maccari y Anna Laura Braghetti, que en marzo de 1998 dio a conocer algunos detalles de cómo transcurrieron los últimos minutos de la vida de Aldo Moro. Gallinari no dejó ni un minuto el piso durante los 55 días del secuestro –se había fugado de la cárcel de Treviso en 1976-.  No salió ni la mañana del 9 de mayo, cuando Moro fue escondido en una cesta, llevado al garaje por Moretti y Maccari e introducido en el maletero del Renault-4 donde fue asesinado por once disparos. Después dejaron el coche en vía Caetaní.

Durante bastante tiempo se pensó que Gallinari había sido quién mató a Moro, pero en octubre de 1993, Mario Moretti confesó haber sido el autor material “no habría permitido que lo hiciese otro”.  Sin embargo, diferentes autores y la comisión parlamentaria que investigó el caso encontró varios puntos oscuros en la versión de los brigadistas. Durante la autopsia se encontró arena de playa en el traje de Moro y también algunas monedas en un bolsillo. Tampoco los cinco juicios celebrados contra 13 brigadistas implicados han esclarecido los puntos oscuros. Dos nunca fueron capturados. Sobre uno de ellos se apunta que podía ser un infiltrado de los servicios secretos italianos; sospecha que también se extendió al mismo Moretti.

Además de la duda sobre la autoría del asesinato, siempre las ha habido sobre la capacidad de las Brigadas para  mantener escondido a Moro durante 55 días. A pesar de los 13.000 policías movilizados, los 40.000 registros domiciliarios y los 72.000 controles de carretera sorprende que durante los casi dos meses de secuestro la policía italiana no llevara a cabo ninguna detención. En 1981, se descubrió que la mayor parte de la cúpula del ministerio del Interior, encargada de la investigación del secuestro, pertenecía a la logia masónica P-2.

Tampoco se sabe donde fueron a parar los escritos de Moro en cautiverio: casi cien textos entre cartas y testamentos. Fueron enviadas 30 misivas, siete de ellas publicadas. Otras vieron la luz poco a poco. Sus acusaciones eran muy duras, especialmente, con sus compañeros de partido “mi sangre caerá sobre vosotros”. Su mujer, Eleonora, que nunca perdonó a Giulio Andreotti, Francesco Cossiga y  Benigno Zaccagnini –secretario general de la DC-,  prohibió que se celebrase un funeral de Estado. Sí que consiguió que Pablo VI escribiera una carta a las BR pidiendo su libertad.

Del memorial, supuestamente escrito por Moretti, con las transcripciones de los interrogatorios a Moro apareció una copia pero se sospecha que la policía hizo desaparecer la parte más comprometedora para los intereses del Estado. Además, se descubrió que la impresora de los comunicados de las Brigadas Rojas provenía de las oficinas de los servicios secretos que entrenaban a los miembros de la Gladio, la fuerza paramilitar financiada por la CIA para prevenir un posible golpe comunista en Italia.

El caso Moro conmocionó al mundo en 1978. Para los italianos es un affaire que aún permanece abierto, al igual que el asesinato del presidente Kennedy para los estadounidenses. Son demasiadas sospechas, demasiadas especulaciones, demasiadas medias verdades para cerrar el caso. Aunque las Brigadas Rojas secuestraron y mataron a Moro, la tesis más pausible es que intervinieron más actores que manipularon al grupo según sus intereses. Pocos parecían quererlo vivo. Sabía demasiado sobre la guerra sucia. Se impuso la razón de Estado. Moro fue sacrificado.


¿PUEDE SURGIR UNA DERECHA POPULISTA EN ESPAÑA? EL TEOREMA DE PATRICK MOREAU

marzo 23, 2013

la-extrema-derecha

Imagen de una concentración de la extrema derecha española.

¿QUÉ POSIBILIDADES EXISTEN ACTUALMENTE DE QUE EMERJA UNA DERECHA POPULISTA EN ESPAÑA? Si nos planteamos esta pregunta, pocas respuestas podemos aventurar por ahora.

Ciertamente, como ya hemos abordado en este blog, en España no existen organizaciones de derecha populista de ámbito estatal y las que despuntan -la Plataforma per Catalunya [PxC] y España 2000 [Esp2000]- obtienen por ahora resultados muy modestos.

No obstante, las condiciones políticas para que surja un partido de derecha populista o de ultraderecha (y también de izquierda populista) cada vez parecen producirse con más claridad. Éstas, además, no necesitan de modo indispensable una presencia de inmigración, sino que pasan por una quiebra del sistema político, que se produce a marchas forzadas.

El teorema de Moreau

En este sentido, el profesor Patrick Moreau, investigador del CNRS, especialista en Alemania y en análisis comparativo de los extremismos, en el año 2001 formuló un “teorema político-conductual” sobre la eclosión de los nacional-populismos del que nos hicimos eco en nuestro ensayo Ultrapatriotas (2003) en los términos siguientes:

“[...] cuando un sistema político está dirigido por un mismo actor (o una coalición) durante diversos períodos legislativos, cuando una sociedad se entera de un número creciente de negocios oscuros diversos, cuando la penetración burocrática de los partidos en la economía es fuerte y cuando el clientelismo es una práctica cotidiana (el caso de Italia hasta 1992 y el de Austria hasta 1999), el populismo tiene muchas oportunidades. Incluso cuando los negocios oscuros no son tan frecuentes, cada escándalo refuerza, y ello de manera acumulativa, el rechazo a los partidos establecidos (caso belga) y a la política del Estado, presentada como un instrumento en manos de incompetentes y aprovechados”.

La cita es de P. Moreau, La temptació populista de dreta a Europa vista a través del cas de l’FPÖ: estat de cada lloc i interpretació sistèmica, (p. 10), documento al que se puede acceder en PDF clicando aquí.

ultrapatriotas

En Ultrapatriotas (2003) analizamos la irrupción del populismo.

Como puede apreciarse, en España -y especialmente en Cataluña- empiezan a confluir todos los elementos reseñados por Moreau para al eclosión de una cultura de protesta. Simplificando, las eventuales condiciones de laboratorio -partiendo del supuesto de que el teorema es acertado- parecen cumplirse de modo sistemático.

¿Qué puede ocurrir?

Así las cosas, sostenemos que el bipartidismo impide la eclosión de “terceras fuerzas”, más allá del despuntar de Izquierda Unida [IU] y Unión, Progreso y Democracia [UPyD] y todo indica -como sostenemos en un libro que aparecerá a inicios de abril- que la ruptura con el bipartidismo de la era juancarlista se produce desde hace años (una década en Cataluña) por dos vías:

* De abajo a arriba. Es decir, desde los niveles políticos más próximos al ciudadano (local y autonómico).

* De la periferia hacia el centro. Madrid solo cuenta con una formación capaz de hacerse hueco, UPyD, mientras en la periferia emergen distintas formaciones nuevas.

No obstante, cuando nos hallamos a dos años y medio de unas elecciones legislativas, no puede descartarse que cristalice de modo súbito un partido que capitalice el malestar ciudadano.

En todo caso, una cosa parece segura: se conjugan en España los elementos de una “tormenta perfecta” para la eclosión de populismos de derecha e izquierda. ¿El teorema de Moreau será profético? El próximo ciclo electoral lo demostrará.


ENTREVISTA A STEVEN FORTI (2): “ÓSCAR PÉREZ SOLÍS EVOLUCIONÓ DEL ANARQUISMO AL FALANGISMO PASANDO POR EL SOCIALISMO Y EL COMUNISMO”

marzo 9, 2013

Steven Forti

Continuamos con la entrevista a Steven Forti iniciada en la anterior entrada del blog (clicar aquí para acceder a ella), sobre transfuguismo del comunismo al fascismo. En esta segunda parte se abordan los casos del francés Paul Marion y del español Óscar Pérez Solís.

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¿Quién fue Paul Marion?

Para hablar de Paul Marion debemos cruzar los Alpes y meternos en la realidad política de la Tercera República Francesa, entre la victoria en la Gran Guerra y el desastre de 1940. Marion es un tránsfuga más del país galo, con una trayectoria bastante similar tanto a la de Marcel Déat como a la de Jacques Doriot, hombres clave del transito de la izquierda al fascismo francés. Y con Déat, Doriot y con muchos otros tránsfugas franceses como Arrighi, Barbé, Barthélemy, Chasseigne y Fontenoy, Marion colaboró estrechamente en los años veinte y en los años treinta.

Paul MarionNacido el 27 de junio de 1899 en Asnières, proveniente de una familia de nacionalistas pequeñoburgueses, Paul Marion se instaló en París en 1913. Voluntario en la Gran Guerra en enero de 1918 y desmovilizado definitivamente en la primavera de 1921, Marion obtuvo la licenciatura en filosofía y entre 1921 y 1923 fue profesor en el Instituto Pointeau y en el colegio Sainte-Barbe de París. En 1921 entró en el PCF, y llegó a ser uno de los dirigentes de Clarté universitaire con Chasseigne, Cogniot y Galperine. A partir de 1923 colaboró con L’Humanité y Bulletin communiste, dio clases en las escuelas de partido de Bobigny y Clichy, y se ocupó de los cursos de historia del movimiento obrero y economía política. Entre otoño de 1925 y otoño de 1927 ejerció cargos de responsabilidad, como director de los Cahiers du bolchevisme, redactor de L’Humanité y miembro de los principales órganos directivos del partido. En octubre de 1927 fue elegido para una estancia de quince meses en la Escuela leninista internacional de Moscú, donde colaboró con el Comintern y participó en los trabajos del VI Congreso de la IC en calidad de miembro de la delegación francesa. En febrero de 1929 volvió a Francia, pero ya en agosto abandonó el partido, muy crítico con lo que vio en la URSS y con la línea adoptada por el PCF después del VI Congreso Nacional del partido en Saint-Denis.

A partir de otoño de 1929, Marion empezó una peregrinación entre nuevas generaciones y neosocialistas, entre política y periodismo, que le permitió entrar en contacto con la mayoría de los réseaux intelectuales de la Francia de los años treinta, desde los no conformistas y los realistas hasta los tecnócratas y los grupos políticos en busca de una tercera vía. Entre principios de 1930 y mediados de 1936 Marion colaboró con muchos periódicos y revistas (Notre Temps de Jean Luchaire, Le Quotidien de Jean Hennessy, L’Europe Nouvelle de Louise Weiss, la Vie Socialiste del ala neosocialista de la SFIO, la République de Émile Roche, L’Homme Nouveau de Georges Roditi, Travail et Nation…), escribiendo una media de dos o tres artículos por semana generalmente sobre temáticas de política, economía y finanzas.

Los encuentros formales e informales en círculos de estudio y think tank estaban a la orden del día con el objetivo de un renouvellement y un redressement de Francia. A partir de 1931 Marion se acercó cada vez más al grupo de Déat, Renaudel y Montagnon, fascinado por las propuestas de De Man y convencido de la necesidad de un plan económico y político de rescate del país después de la crisis de 1929. En el partido neosocialista Marion cubrió también cargos relavantes, ocupándose de la propaganda y de las juventudes y presentándose como candidato en las elecciones de 1936, sin lograr ser elegido.

En junio de 1936 participó en la fundación del Partido Popular Francés de Jacques Doriot, del cual fue uno de los dirigentes más visibles y activos, además de miembro del BP, secretario de propaganda y redactor de L’Emancipation Nationale y de La Liberté. En enero de 1939 Marion rompió con Doriot y dimitió del partido, se dedicó al estudio y publicó Leur combat, un libro sobre la propaganda en los regímenes italiano, alemán, soviético y español. Movilizado en agosto de 1939, Marion fue hecho prisionero por los alemanes a finales de junio de 1940.

Doriot

Jacques Doriot, líder del Partido Popular Francés.

Liberado en enero de 1941, a finales de febrero fue nombrado secretario general de la Información y la Propaganda en el Gobierno del almirante Darlan. Marion jugó un papel para nada secundario en el régimen de Vichy: conjuntamente con el entonces ministro del Interior, Pucheu, intentó centralizar y controlar toda la propaganda y luchó constantemente por la creación de un partido único inspirado en los modelos italiano y alemán. Considerado uno de los más fervientes colaboracionistas del Gobierno de Vichy, Marion se quedó –aunque con menos poder a partir de diciembre de 1942– hasta el final, ocupó también el cargo de presidente del Comité des Amis de les Waffen SS français en la primavera de 1944 y redactó y leyó los editoriales de Radio Inter-France entre julio y agosto del mismo año. En septiembre siguió a Pétain, Laval y el reducto de los colaboracionistas parisinos hasta el castillo de Sigmaringen, donde se quedó aislado y políticamente inactivo hasta abril de 1945. Refugiado cerca de Innsbrück, el 12 de julio se entregó a las tropas francesas. En el juicio de la Haute Cour de Justice de diciembre de 1948 fue condenado a diez años de cárcel. Como muchos otros colaboracionistas, logró recuperar la libertad en verano de 1951, pero ya muy enfermo murió en París el 3 de marzo de 1954.


¿Quién fue Óscar Pérez Solís?

Si cruzamos los Pirineos y llegamos a España, nos encontramos con otra biografía interesante en el marco de los tránsfugas europeos de entreguerras: la de Óscar Pérez Solís (Bello, Asturias 1882 – Valladolid, 1951). Hijo de un militar y de una “noble en decadencia”, vivió su infancia entre Galicia y Asturias. En 1898 entró en la Academia de Artillería de Segovia, y llegó a ser teniente a los 21 años. Alrededor de 1905, en Las Palmas, la amistad con el soldado Juan Salvador lo acercó al anarquismo.

Pérz SolísLa vuelta a la Península –esta vez Valladolid–, la muerte de Juan Salvador y las lecturas de los clásicos del marxismo lo acercaron pronto al socialismo. En noviembre de 1909 visitó por primera vez el Centro Obrero Pucelano, donde conoció al líder socialista local, Remigio Cabello, y en abril de 1910 ingresó en la Agrupación Socialista Vallisoletana. Desde aquel entonces fue cada vez más activo, hasta que el 12 de junio de 1912 se le obligó a dejar el Ejército.

Este acontecimiento consagró definitivamente su vida a la política. En la Valladolid de los años diez, Pérez Solís alcanzó cierta fama: fundó con Cabello el semanario socialista Adelante, se presentó en varias ocasiones a las elecciones –logró ser elegido concejal–, y lideró la famosa huelga de los ferrocarriles de 1916 y la huelga de marzo de 1917. El fracaso de esta última huelga y las críticas por su conducta lo llevaron a dimitir y darse de baja del PSOE. Pérez Solís se quedó entonces alejado del partido, apoyando posiciones que él mismo no se preocupó de definir cercanas a la izquierda monárquica.

Intentó fundar –sin éxito– un nuevo partido “socialista aristocrático” (el PSI), escribió para El Sol y España y fue promotor –tras conocer a Cambó– de un regionalismo castellano dentro de una España federal. En septiembre de 1920, recién elegido diputado provincial para la Diputación, tuvo que dejar la capital castellana por una sentencia de destierro debido a un artículo acusatorio contra el cacique local, Santiago Alba.

Confiando en su moderantismo, Indalecio Prieto lo llamó a Bilbao para dirigir La Lucha de clases, pero el contacto con la realidad obrera vizcaína, tan distinta de la tranquila Valladolid, provocó un fuerte giro a la izquierda en sus posiciones. De partidario del ala derecha del PSOE, favorable a un socialismo práctico que superase la fórmula de clase contra clase y que defendiese una democracia anticaciquil, Pérez Solís se convirtió de repente en uno de los más radicales promotores de las tesis tercerinternacionalistas: en el Congreso Extraordinario del PSOE de abril de 1921 fue él quién leyó la declaración de escisión y de fundación del Partido Comunista Obrero Español [PCOE]. En los siguientes “años terribles”, como él mismo los definió en sus memorias, Pérez Solís lideró a los comunistas vizcaínos con su inagotable activismo, que muchas veces transpasaba la delgada línea que lo separaba de la violencia.

En agosto de 1923 fue herido gravemente por el asalto de la policía a la Casa del Pueblo de Bilbao, donde estaba al frente de un comité de huelga. Dirigió La Bandera Roja, colaboró con L’Humanité y fundó en verano de 1921 Las Noticias, un periódico comunista financiado por los nacionalistas vascos con el imprimátur del obispo Eijo y Garay. Después de la instauración de la dictadura del general Primo de Rivera, en verano de 1924 Pérez Solís participó en el V Congreso de la Internacional Comunista en Moscú, fue nombrado delegado español en la IC, y entre finales de 1924 y la primavera de 1925 fue nombrado secretario del PCE, e intentó reorganizar en la clandestinidad el pequeño partido. Pérez Solís atacó duramente las posiciones de Peiró y Pestaña, coincidiendo en un primer momento con Maurín y en un segundo momento con Bullejos y Trilla.

Picavea

Detenido en Barcelona el 13 de febrero de 1925, fue encarcelado en Montjuic, desde donde siguió su labor en el PCE como director de La Antorcha, defendiendo la línea de la dirección del Partido representada por Bullejos y Trilla contra las desviaciones de Zalacaín y Maurín, entre otros. Las charlas con el Padre Gafo, un domínico activo en el sindicalismo libre, lo llevaron a convertirse al catolicismo y a abjurar del comunismo: en agosto de 1927 salió de la cárcel y desde 1928 trabajó en la administración de CAMPSA en Valladolid. Allí, entre el final de la dictadura primorriverista y la instauración de la Segunda República, cobró nuevo protagonismo dirigiendo el periódico católico Diario Regional. En los años siguientes escribió en la prensa católica y de derechas tanto vallisoletana como nacional, se incorporó cada vez más a las posiciones de la derecha radical, llegó a colaborar con la revista Acción Española de Ramiro de Maeztu y se afilió pronto a la Falange.

El 18 de julio de 1936 Pérez Solís se encontraba en Oviedo como enlace de los sublevados. En la capital del Principado estuvo al mando de una compañía en la defensa de la ciudad, sitiada por la tropas republicanas. Nombrado Delegado Sindical y Delegado de Trabajo en Valladolid en julio de 1938, con el fin de la Guerra Civil se retiró a la vida privada. Continuó su actividad periodística –por la cual recibió, entre otros, el Premio Nacional de Periodismo Francisco Franco en 1943– y literaria, y publicó –después de los panfletos de su época socialista y comunista, de sus memorias tras la conversión al catolicismo y de la crónica de la defensa de Oviedo– un estudio sobre el que fue su referente intelectual, el cántabro Ricardo Macías Picavea. Murió en Valladolid el 26 de octubre de 1951.

¿Podemos extraer conclusiones generales sobre este transfuguismo o responde a dinámicas individuales?

Claro está que las diferencias son muchas. No puede ser de otra manera cuando hablamos de tres dirigentes políticos en tres contextos nacionales distintos en un mundo que aún no se había globalizado como en los últimos treinta años. De todos modos, las analogías son muchas.

Para empezar, el estudio de estas tres distintas derivas fascistas es una demostración más de la peculiar naturaleza del fascismo y de lo que  el historiador George L. Mosse definió como el “mito fascista”, basado en la mística patriótica, las tradiciones revolucionarias y dinámicas, y la continuación de la experiencia bélica en tiempos de paz. Los tránsfugas son una perfecta ejemplificación de la acción de recuperación del fascismo y de su naturaleza ambivalente y ecléctica. Estudiar la trayectoria humana y política y el lenguaje político de Nicola Bombacci, Paul Marion y Óscar Pérez Solís debería representar una tesela más para reconstruir el mosaico fascista y su inmensa –y hoy en día casi incomprensible– capacidad de convencer y vencer, no solo con la violencia, la represión y el control más o menos totalitario de la sociedad, sino también, y probablemente sobre todo, ofreciendo un proyecto poliédrico que podía adaptarse a tiempos y lugares diferentes.

Siguiendo las propuestas interpretativas que el también historiador Philippe Burrin avanzó hace un cuarto de siglo para el caso francés en su maravilloso libro La dérive fasciste. Doriot, Déat, Bergery 1933-1945 (París, Seuil, 1986), que, vale la pena subrayarlo, es uno de los poquísimos estudios serios sobre esta cuestión, existen algunas “pasarelas” hacia el fascismo. Estudiando los casos del comunista Doriot, del socialista Déat y del radical Bergery, Burrin reconoce tres elementos que sirven de pasarelas hacia el fascismo durante una crisis nacional y/o durante una disidencia: principios de organización y métodos políticos; valores irracionales y valores ideológicos. Para los casos de Bombacci, Marion y Pérez Solís, aparte de unas pasarelas, estos elementos son en primer lugar unos puntos en común y unas constantes, es decir, unos elementos presentes durante toda su vida. Los elementos que se han reconocido son cinco:

a) El valor otorgado a la acción, el dinamismo y la praxis, que se presenta como forma de incesante activismo político desde el punto de vista personal –mezclado con una especie de incapacidad de “no actuar”–, como concepción de la política misma como acción y también en la idea del fascismo concebido como dinamismo, como un continuum en transformación;

b) El valor otorgado a las minorías, las élites y las vanguardias revolucionarias, muchas veces acompañado de una idea fuertemente negativa del pueblo y las masas y que, en general, se juntaba con un cierto gusto por el autoritarismo y la autorreferencialidad, cuestiones que derivaban directamente de la Gran Guerra y su violencia;

c) Una fe inquebrantable en la revolución, característica que se yuxtapone a la política concebida como acción;

d) La presencia constante de enemigos comunes, como la democracia liberal, el parlamentarismo, la burguesía y el capitalismo;

e) La importancia de una concepción del mundo antimaterialista, fuertemente idealista y en determinados momentos claramente religiosa.


Adolf Hitler Saluting, 1934

El nacionalismo es un componente central del transfuguismo desde la izquierda al fascismo.

A estos cinco elementos cabe añadir un sexto elemento, absolutamente central y al cual se debe el título del libro: la nación. Sin este factor no es posible concebir el tránsito que un número para nada desdeñable de dirigentes políticos de la primera mitad del siglo pasado realizó de la izquierda al fascismo. La sustitución del concepto de clase (pero no solamente del concepto, también de la categoría interpretativa y de la palabra misma) por el concepto de nación en el pensamiento y el lenguaje político es un punto imprescindible para que se pueda aceptar el fascismo, como opción política y como ideología. La nación, suelo decir, es un peso que dobla la espalda de Bombacci, Marion y Pérez Solís y que convierte a unos importantes cuadros comunistas en unos propagandistas y en unos dirigentes fascistas.

Como afirmó Zeev Sternhell al estudiar la trayectoria de Mussolini y de los sindicalistas revolucionarios italianos que acabaron en el fascismo –en el otro libro imprescindible, junto al de Burrin, para encarar esta cuestión: Naissance de l’idéologie fasciste (París, Fayard, 1989)–, la clave está en la unión de muchos factores presentes ya en la manera de concebir la política durante la militancia socialista/comunista (el anticapitalismo, el activismo, el mito de la revolución, el odio por la democracia liberal y el parlamentarismo, la importancia otorgada a las élites) con el concepto de nación (que sustituye al internacionalismo), en determinados momentos históricos, generalmente marcados por la guerra (militar y/o política). Todo esto dentro de una revisión del marxismo de tipo antimaterialista.

¿Esto basta para comprender el tránsito de la izquierda al fascismo a inicios del siglo XX? 

Probablemente no, no es suficiente. La presencia de los cinco elementos enumerados anteriormente y la sustitución del concepto de clase por el de nación no consiguen desmontar completamente los tópicos del oportunismo y la teoría de los opuestos extremismos. Al análisis propuesto se debe añadir un “prisma” que pueda facilitar la lectura de estas vidas: la pasión de la política. Es ésta una cuestión compleja que la historiografía no ha investigado hasta ahora con la necesaria atención. Los dirigentes políticos que pasaron de la izquierda al fascismo en el período de entreguerras son una de las muchas ejemplificaciones en carne y hueso de esta pasión que atraviesa todo el siglo XX.

Se conciben las pasiones políticas como una problemática y un método distinto respecto al método demopolitológico y al método clasista: es decir, como el estudio no de reglas, ni de fuerzas objetivas, sino más bien de la subjetividad, en el interior de sus energías materiales. La pasión política no es entonces algo puramente platónico, desconectado del mundo, o algo neorromántico y neoidealista, sino algo tangible y real: la pasión por un cuerpo, que en el siglo XX, el siglo de los grandes partidos, no es otra cosa que la pasión por un partido.

El partido no fue una mera representación electoral o de intereses económicos y de clase, sino esencialmente un cuerpo apasionado, constituido por el entusiasmo, basado en el voluntariado y la pura pasión. Léase, entre otros, el Gramsci de lo Cuadernos de la cárcel o aquel maravilloso ensayo de Albert O. Hirschmann titulado Las pasiones y los intereses. Los tránsfugas, cuyas trayectorias se han investigado en este libro, declararon abiertamente la importancia que las pasiones tuvieron durante su itinerario político y subrayaron también, directa o indirectamente, la centralidad de las pasiones en la historia. Claro está que los tránsfugas no fueron los únicos que demostraron el peso y la importancia de las pasiones en la política de la primera parte del siglo XX.

Pero no cabe duda de que fueron un caso peculiar: al no querer renunciar a la pasión política que habían expresado en el partido comunista y/o socialista (y que estos partidos habían sabido –no sin contradicciones– canalizar y racionalizar), los Bombacci, los Marion y los Pérez Solís decidieron mantener esta pasión, pervirtiéndola, modificando su significado y cambiando su dirección, hasta convertirla en una pasión que se expresaba en el único partido existente (que canalizaba y racionalizaba esta pasión), después de que el fascismo llegó al poder en Italia, España y Francia en 1922, 1936 y 1940, respectivamente.

Freikorps

 Los partidos fascista y nazi volvían a dar vida a la camaradería guerrera. Imagen de Freikorps.

La diferencia entre estos diferentes cuerpos es de todos modos evidente: si los partidos socialista y comunista eran los cuerpos de un amor de justicia social –aunque cruel en algunos casos–, los partidos fascista y nazi eran cuerpos que volvían a dar vida a la camaradería guerrera que amaba el odio y se identificaba solo como enemigo de enemigos. Baste un ejemplo. En noviembre de 1933 Bombacci escribió no estar carente “della passione politica e dei requisiti richiesti per una dedizione completa all’ideale”. ¿Es solo una casualidad que Bombacci utilice este término en una carta dirigida al mismo Mussolini que se puede considerar su íntimo acto de conversión al fascismo? Yo creo que no…


ENTREVISTA A STEVEN FORTI: “LOS TRÁNSFUGAS DE LA IZQUIERDA A LA DERECHA DE ENTREGUERRAS NO FUERON LA EXCEPCIÓN, SINO LA REGLA”

marzo 2, 2013
Steven Forti

STEVEN FORTI (Trento, 1981) es doctor en Historia por la Universitat Autònoma de Barcelona y la Università di Bologna. Sus investigaciones están orientadas hacia la historia política del siglo XX, con particular atención a la de Europa de entreguerras en una perspectiva comparada. Así, se doctoró con la tesis El peso de la nación. Nicola Bombacci, Paul Marion y Óscar Pérez Solís en la Europa de entreguerras. Fue galardonada con el premio de la Cátedra Juana De Vega y el accésit del Premio Miguel Artola de la Asociación de Historia Contemporánea.

Más allá de tales reconocimientos, su trabajo disecciona un aspecto llamativo del radicalismo político: el tránsito del comunismo al fascismo a partir de las tres figuras políticas que dan título al mismo: el italiano Bombacci, el francés Marion y el español Pérez Solís.

La obra será publicada en la primavera de 2013 por la Universidad de Santiago de Compostela (a la vez que también verá la luz su Historia de los trabajadores de la construcción de CCOO de Cataluña, 1964-1992). Su tema nos ha parecido atractivo para nuestros lectores y le hemos entrevistado mediante un cuestionario.

Dada la extensión de sus respuestas publicamos la entrevista en dos partes. Esta es la primera y ela siguiente entrada mostrará la segunda. Le agradecemos desde aquí que haya accedido a nuestra petición, pues sus reflexiones permiten adentrarse en un tema poco explorado: el del tránsito del comunismo al fascismo.

¿Por qué le atrajo el transfuguismo del comunismo al fascismo como tema de estudio?

A veces uno acaba interesándose en algo y estudiando algo por casualidad. Hace aproximadamente una década me regalaron un libro, Il comunista in camicia nera, de Arrigo Petacco, una vulgarización repleta de imprecisiones de la vida de Nicola Bombacci. La verdad es que, más allá de la pésima novelización histórica de Petacco, el protagonista del libro me impresionó y me fascinó. Su trayectoria humana y política entre el socialismo maximalista y el fascismo, entre la fundación del Partido Comunista de Italia y la República de Saló, me pareció como mínimo extraña, aparentemente inexplicable, ciertamente excéntrica.

Me puse poco a poco a investigar más sobre Bombacci y me di cuenta de que la idea que había tenido al principio –Bombacci fue un voltagabbana o tránsfuga, como muchos que vistieron la camisa negra cuando el fascismo llegó al poder– no tenía consistencia tras un análisis histórico mínimamente serio. ¿Qué clase de oportunista podía ser Bombacci?

Si lo miramos desde un enfoque puramente de cálculo egoísta, su decisión de mantenerse antifascista (o como mínimo “afascista”) durante toda la primera década del régimen y su última decisión de seguir a Mussolini hasta el pelotón de fusilamiento de los partisanos no tiene sentido alguno. Si pensamos que uno de los fundadores del PCd’I acabó en Piazzale Loreto, después de no haber gozado de muchos favores durante el ventennio, mientras que jerarcas como Dino Grandi, Galeazzo Ciano, Giuseppe Bottai votaron en contra de Mussolini en la noche del 25 de julio o que el mismo Mariscal Pietro Badoglio sustituyó a Mussolini y lo hizo encarcelar tras veinte años en los más altos escalafones del régimen, algo no encaja. ¿Por qué Bombacci decidió llegar hasta el punto de morir por el fascismo? ¿Por fe? ¿Por ideología? ¿Por pasión?

Estas preguntas llevaban a otra pregunta: ¿Bombacci fue un caso excepcional? Según la historiografía existente y según las vulgarizaciones periodísticas, Bombacci fue una rara avis y un caso border line, único y casi irrepetible.

PCI

El transfuguismo del comunismo al fascismo en la Europa de entreguerras ha sido poco estudiado.

Leyendo más e investigando más sobre la cuestión, me di cuenta de que el caso de Bombacci no fue una excepción y de que su trayectoria tampoco fue tan extraña. En la Italia del período de entreguerras no fueron pocos los dirigentes políticos y sindicales de partidos de izquierda que se convirtieron al fascismo, sustituyendo el internacionalismo proletario por el culto de la nación, la lucha de clases por la armonía social, y el materialismo dialéctico marxista por un fuerte antimaterialismo espiritualista entrelazado a los valores cristianos.

Algunos de ellos fueron unos oportunistas, aprovechándose de las dinámicas políticas nacionales para llegar a posiciones de poder político y económico; otros no lo fueron, tomando unas decisiones que, como en el caso de Bombacci, nos pueden parecer como mínimo ilógicas desde el punto de vista económico. La pregunta que se hallaba al principio de todo empezaba a tener más importancia y la respuesta se hacía paulatinamente más complicada. ¿Cuánto peso se debía dar a las razones ideológicas en estos tránsitos de la izquierda al fascismo? ¿Cuánto influyó la pasión de la política y la pasión por la política en estos casos de transfuguismo.

¿Fue el transfuguismo una realidad política esencialmente italiana?

Al tener una visión más o menos completa del panorama italiano de entreguerras, se me planteó una pregunta más: ¿fue el caso de Italia una excepción en el conjunto europeo? O, más bien, ¿fue la normalidad? Decidí comparar el caso italiano con los casos de dos países de la Europa mediterránea: Francia y España.

Y, teniendo en cuenta las diferencias cronológicas y las distintas dinámicas nacionales, las analogías resultan ser más numerosas que las diferencias. Italia no fue una excepción.

En Francia hubo un número semejante de casos de dirigentes políticos y sindicales de formaciones políticas de izquierda que pasaron a las organizaciones fascistas en los años veinte y treinta, y en España el número de los tránsfugas en aquellos años no fue para nada desdeñable. Me dí cuenta de que la cuestión empezaba a tener una importancia y un peso bien diferente: el intento de encontrar una respuesta al caso aparentemente estrafalario de Bombacci me había llevado a plantearme una serie de preguntas sobre la historia política y del pensamiento político de la primera mitad del siglo XX.

¿Por qué hasta ahora no se ha investigado seriamente la cuestión del tránsito de la izquierda al fascismo en la Europa de entreguerras? ¿Por qué en los raros estudios existentes acerca de trayectorias de este tipo y sobre todo en las referencias a estos personajes en las historias del movimiento obrero de Italia, Francia y España no se ha logrado en la mayoría de los casos ir más allá de juicios políticos ex post y de condenas morales (o ridículas apologías)? O, en los mejores de los casos, sobre todo después de 1989, ¿por qué no se ha ido más allá de la utilización de estas trayectorias como demostración de la validez de la lógica de los opuestos extremismos, cimiento de la teoría del totalitarismo? Y, sobre todo, ¿qué han significado en la historia política y en la historia del pensamiento político de la época contemporánea estos tránsitos de la izquierda al fascismo?

¿Cree que el transfuguismo de la extrema izquierda a la ultraderecha fue frecuente? 

Yo no hablaría de transfuguismo de la extrema izquierda a la extrema derecha. Prefiero hablar de transfuguismo de la izquierda a la derecha en términos más amplios: el riesgo es de no tener en cuenta casos interesantes, como el del socialista Marcel Déat o de un reformista de izquierdas como Gaston Bergery. Sus orígenes, por ejemplo, no son la extrema izquierda, sino una socialdemocracia crítica con la experiencia soviética. Aclarado esto, suelo decir que los tránsfugas de entreguerras no fueron la excepción, sino la regla de la historia política.

Claro está que afirmar esto no es nada más que una provocación, pero algo de verdad hay en esta frase. Los números nos ayudan a entender la envergadura del fenómeno. Un fenómeno –hace falta recordarlo– que se ha estudiado solo en el caso de cuadros de formaciones políticas y no en los casos de los militantes o de los intelectuales. Pues, en este libro, más allá de los tres casos principales de Bombacci, Marion y Pérez Solís, he trazado la biografía de unos cincuenta dirigentes políticos de cierta envergadura que entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial dejaron su familia política de origen para pasar armas y bagajes a los respectivos movimientos fascistas que se crearon en estos tres países.

Los casos son distintos como lo son las vidas de estos individuos: comunistas, socialistas, sindicalistas revolucionarios o repúblicanos de izquierdas con diferencias en cuanto a familia, clase social, profesión, militancia… Y los tránsitos responden a estas diferencias, lógicamente.

Entre los seguidores de Mussolini de la primera hora figuraron significados izquierdistas.

Cobran importancia las dinámicas similares, como el heterogéneo grupo de los sindicalistas revolucionarios italianos –como Ottavio Dinale, Edmondo Rossoni, Tullio Masotti, Giovanni Bitelli, Livio Ciardi – que siguieron a Mussolini ya en la elección intervencionista de la Gran Guerra y en la fundación de los Fasci di Combattimento en la Piazza San Sepolcro de Milán en marzo de 1919. O a otros sindicalistas revolucionarios italianos que abrazaron el fascismo solo después de la Marcha sobre Roma, como Walter Mocchi, Amilcare De Ambris, Alibrando Giovannetti, Nicola Vecchi y Pulvio Zocchi, o con la Guerra de Etiopía de 1935, como en el caso de Arturo Labriola.

En Francia encontramos también una especie de grupo compacto: los comunistas franceses cercanos a Jacques Doriot, como Henri Barbé, Marcel Marschall, Alexandre Abremski, Victor Barthélemy, Victor Arrighi, Paul Guitard, Jean Fontenoy, François Chasseigne y Camille Fégy, que siguieron al alcalde de Saint Denis cuando dejó el PCF y fundó el Partido Popular Frances en junio de 1936.

En España hay menos casos respecto a Francia e Italia, debido, entre otras motivaciones, a la ruptura brutal de la Guerra Civil. Dos cosas resultan sintomáticas: los casos de tres de los fundadores de los dos Partidos Comunistas que se constituyeron en España en 1920 y 1921 (Pérez Solís, Ramón Merino Gracia y Mariano García Cortés) y los casos de la militancia juvenil de muchos de los miembros del primer núcleo de las JONS.

Nicola Bombacci

Nicola Bombacci en el centro de la imagen.

¿Quién fue Nicola Bombacci? 

Nicola Bombacci fue un personaje extramademente interesante de la historia política italiana de la primera parte del siglo XX. Un personaje incómodo que por mucho tiempo se ha querido olvidar o recordar de una forma grotesca y caricatural. Hasta los años ochenta del siglo pasado, en un número no despreciable de casos, el nombre de Bombacci había prácticamente desaparecido de los libros sobre el movimiento obrero italiano, el Partido Socialista y los orígenes del Partido Comunista. ¡Pero Bombacci había sido el secretario del PSI en el periodo clave del “biennio rosso” y, conjuntamente con Bordiga, Gramsci, Terracini y Togliatti, fue uno de los fundadores del PCd’I en Livorno en enero de 1921!

Como decía antes, este ha sido un punto clave para el comienzo de mis investigaciones hace unos años. Es decir, ¿cuál era la razón de este olvido y de aquella especie de banalización de su figura y de su trayectoria? De hecho, si algo se decía de Bombacci era para reirse de un caso border line, de un personaje de novela surrealista o para condenar al traidor de la clase trabajadora. La respuesta, claro está, se encuentra en su dramático final: el 28 de abril de 1945 Bombacci acabó fusilado a orillas del lago de Como con el fundador del fascismo, Benito Mussolini, y, al día siguiente, colgado por los pies en la gasolinera de Piazzale Loreto en Milán al lado del Duce, de su amante, Claretta Petacci, y de algunos jerarcas del fascismo de Salò, bajo un cartel en el que escribieron “Supertraditore”.

Parece una broma de la historia y un gran regalo para los defensores de la teoría del totalitarismo… ¿Es esta una razón suficiente para borrar del mapa a un personaje sin duda sui generis, pero también muy interesante para entender tanto el nacimiento, el auge y la derrota del movimiento obrero italiano en la época liberal como la rápida victoria del fascismo y su capacidad para conseguir el consenso de buena parte de la sociedad italiana?

Es interesante notar una cosa más: si a mediados de los ochenta se impulsaron algunas investigaciones históricas serias sobre la biografía de Bombacci que se convirtieron en publicaciones, como las de Serge Noiret y Guglielmo Salotti,1 en el último año y medio en Italia se han publicado tres libros sobre su itinerario político que son absolutamente prescindibles. O, más bien, son publicaciones peligrosas, ya que simpatizan con el personaje sin presentar nuevos descubrimientos en archivos, alejándose de una verdadera investigación histórica y acercándose a pseudo-hagiografías hechas por sectores de la derecha o la extrema derecha. En el verano de 2011 se publicó el libro Sangue romagnolo. I compagni del Duce. Arpinati, Bombacci, Nanni escrito por Giancarlo Mazzuca, periodista y entonces diputado por el partido de Berlusconi,2 mientras que en otoño de 2012 salieron dos volúmenes escritos por jóvenes estudiantes de la universidad y publicados por editoriales cercanas a la derecha política italiana, sobre todo en un caso.3 Y, last but not least, en noviembre de 2012 la editorial neofascista española, Ediciones Nueva República, publicó casi todos los escritos del Bombacci fascista traducidos al castellano con una introducción de Erik Norling.4 ¿Es solo una extraña coincidencia que en un momento de gravísima crisis económica, social y política distintos sectores de la (extrema) derecha política y mediática recuperen la figura de Bombacci?

Pero volvemos a la biografía de Bombacci. Nacido el 24 de octubre de 1879 en Civitella di Romagna, un pueblo muy cercano a Predappio, donde cuatro años más tarde nació Mussolini, después de una breve experiencia en el seminario, Bombacci se convirtió en maestro. Fue activo en el mundo sindical desde principios de siglo en el norte de Italia, entre Crema, Piacenza y Cesena, y consiguió ser elegido miembro del Consejo Nacional de la Confederación General del Trabajo (CGdL) en 1911.

En Módena, durante el primer conflicto mundial, fue el líder indiscutible del socialismo local: entre las guerras balcánicas y la Revolución Rusa fue al mismo tiempo secretario de la Bolsa de Trabajo, secretario de la Federación socialista provincial de Módena y director del periódico socialista Il Domani. En julio de 1917, fue nombrado miembro de la dirección del Partido Socialista italiano, en el que colaboró con el intransigente secretario del partido Costantino Lazzari y el director del periódico socialista Giacinto Menotti Serrati. En 1918, el último año de guerra, después de las detenciones de Lazzari en enero y Serrati en mayo, Bombacci se quedó prácticamente solo al timón del partido.

Favorable a una política firmemente antirreformista, centralizó y verticalizó todo el socialismo italiano: por primera vez las federaciones provinciales del partido y el grupo parlamentario socialista (GPS) dependieron directamente de la dirección del PSI, a la cual se conectaban también las organizaciones sindicales y cooperativistas rojas. En agosto de 1919 redactó con Serrati, Gennari y Salvadori el programa de la fracción maximalista, que ganó en el XVI Congreso Nacional del PSI (Bolonia, 5-8 de octubre de 1919). Fue elegido secretario del partido el 11 de octubre y, al mes siguiente, en las primeras elecciones políticas generales de la posguerra, consiguió el acta de diputado en la circunscripción de Bolonia con más de cien mil votos. Fue sin duda una de las figuras más importantes y visibles del socialismo maximalista del “biennio rosso”.

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Bombacci  fue una de las figuras más importantes del socialismo maximalista del “biennio rosso” (imagen de “guardias rojos” durante este bienio).

En enero de 1920 presentó un proyecto de constitución de los Soviets en Italia, que obtuvo pocos consensos y muchas críticas y contribuyó de todas formas a abrir un intenso debate teórico en la prensa socialista. En el mes de abril Bombacci fue el primer socialista italiano en encontrarse con los representantes bolcheviques en Copenhague, y en ese mismo verano fue uno de los miembros de la delegación italiana en la Rusia soviética, donde formó parte del Segundo Congreso de la Internacional Comunista. Ese otoño fundó la Fracción comunista del PSI, conjuntamente con Antonio Gramsci, Amadeo Bordiga, Egidio Gennari y Antonio Graziadei. Como director del periódico Il Comunista, en el XVII Congreso Nacional del PSI (Livorno, 15-21 enero 1921), optó claramente por la escisión, y llegó a ser uno de los miembros del Comité Central del nuevo Partido Comunista de Italia, sección italiana de la III Internacional (PCd’I).

Bombacci fue elegido diputado en las listas comunistas en mayo de 1921 por la circunscripción de Trieste, pero se quedó aislado respecto a los ordinovistas de Gramsci, Togliatti, Terracini y Tasca y los abstencionistas de Bordiga, no tenía pues una propia corriente en el nuevo partido. Bombacci se situó entonces en el ala derecha del nuevo PCd’I con Misiano y Presutti, favorable al reacercamiento con los maximalistas del PSI y contraria al partido sectario e ideologizado de Bordiga. Rápidamente se lo apartó de los centros directivos comunistas, empezando por el CC del partido.

La polémica llegó hasta las más altas esferas soviéticas en diciembre de 1923, cuando el Comité Ejecutivo del PCd’I decidió unilateralmente su expulsión del partido sin consultar a la Internacional Comunista. Se acusaba a Bombacci, entonces secretario del Grupo Parlamentario Comunista, de haber hecho referencia a una posible unión de las dos revoluciones –la bolchevique y la fascista– en una intervención en la Cámara del 30 de noviembre de 1923. De hecho, Bombacci, bajo consejo del embajador soviético en Italia, Jordanski, había puesto sobre la mesa la cuestión de un tratado económico italo-ruso, muy deseado por el Kremlin. En enero de 1924, se le llamó a Moscú, donde representó a la delegación italiana en los funerales de Lenin. Zinoviev decidió su reincorporación al PCd’I, en aquellos meses diezmado por la campaña de detenciones del Gobierno fascista de Mussolini.

Pero de vuelta a Italia, Bombacci no participó casi nunca en la actividad del Partido Comunista y empezó a trabajar para la Embajada rusa en Roma, al servicio del comercio y la diplomacia soviética. En 1925 fundó la revista L’Italo-Russa y una homónima sociedad de import-export, que ya a finales del año siguiente desaparecieron. Su alejamiento del partido fue evidente y en julio de 1927 los dirigentes comunistas italianos en el exilio decretaron su expulsión definitiva.

En los años siguientes Bombacci siguió viviendo en Roma con su familia. La colaboración con la embajada soviética parece que no se prolongó más allá de 1930. Las necesidades económicas y la difícil situación de salud de su hijo Wladimiro, que necesitaba curas por una grave enfermedad, lo llevaron a pedir ayuda a jerarcas del régimen y luego al mismo Mussolini, con el cual había tenido relaciones políticas en la etapa giolittiana. El Duce le concedió unas cuantas subvenciones y le encontró un empleo en el Instituto de Cinematografía Educativa de la Sociedad de Naciones en Roma.

A partir de 1933 Bombacci se acercó cada vez más al fascismo. A principios de 1936, Mussolini le permitió fundar La Verità, una revista política alineada con las posiciones del régimen, que, aparte algunas interrupciones debidas a la oposición del fascismo intransigente, se publicó hasta julio de 1943. En el proyecto colaboraron otros exdirigentes políticos de partidos de izquierda como Alberto y Mario Malatesta, Ezio Riboldi, Walter Mocchi, Giovanni Bitelli, Angelo Scucchia, Giovanni Di Legge, Mario Guarnieri y Silvio Barro. Bombacci no obtuvo nunca el carnet del Partido Nacional Fascista (PNF), aunque lo pidió más de una vez al jefe del fascismo, a quién escribía a menudo.

Los cadáveres de Mussolini y Bombacci fueroncolgados en Piazzale Loreto.

Después de la caída del fascismo el 25 de julio de 1943 y de la liberación de Mussolini en septiembre, con la siguiente creación de la República Social Italiana, Bombacci decidió ir voluntariamente a Saló, donde parece que fue una especie de consejero de Mussolini. Desde entonces el fundador del PCI alcanzó más protagonismo. Su capacidad oratoria y su cercanía al mundo de las clases trabajadoras podían ser útiles para la propaganda fascista. Bombacci publicó unos cuantos opúsculos sobre los peligros del bolchevismo y la degeneración estaliniana de los principios socialistas, dio conferencias entre los obreros en las plazas del norte de la península y se preocupó de la cuestión social, e incluso llegó a ser considerado uno de los redactores del proyecto de la “socialización”, muy publicitado por el fascismo republicano. Bombacci se quedó junto a Mussolini hasta el final en Piazzale Loreto que he recordado anteriormente.

[continuará en la siguiente entrada]

Notas

1 Guglielmo Salotti, Nicola Bombacci da Mosca a Salò, Roma, Bonacci, 1986 (edición revisada y ampliada: Nicola Bombacci. Un comunista a Salò, Milán, Mursia, 2008) y Serge Noiret, Massimalismo e crisi dello stato liberale. Nicola Bombacci (1879-1924), Milán, FrancoAngeli, 1992.

2  Giancarlo Mazzuca y Luciano Foglietta, Sangue romagnolo. I compagni del Duce. Arpinati, Bombacci, Nanni, Bolonia, Minerva, 2011. Aquí se puede leer una reseña crítica que publiqué en la revista digital italiana Storicamente: http://www.storicamente.org/03_biblioteca/schede/mazzucca_forti.html Antes de este libro, otra vulgarización banalizante, repleta de errores historiográficos y que hacía guiños a la derecha en el análisis de la trayectoria de Bombacci, fue la de Arrigo Petacco, Il comunista in camicia nera. Nicola Bombacci tra Lenin e Mussolini, Milán, Mondadori, 1996.

3 Daniele Dell’Orco, Nicola Bombacci, tra Lenin e Mussolini, Cesena, Historica, 2012 y Claudio Cabona, Nicola Bombacci. Storia e ideologia di un rivoluzionario fascio-comunista, Génova, Liberodiscrivere, 2012.

4 Nicola Bombacci, Mi pensamiento sobre el bolchevismo, introducción de Erik Norling, Molins del Rei, Ediciones Nueva República, 2012.


EL POPULISMO QUE VIENE (151): ¿POR QUÉ LA ULTRADERECHA ATRAE EL VOTO OBRERO?

julio 10, 2012

Un 29% del voto que habría recibido Marine Le Pen en los comicios presidenciales sería de procedencia obrera.

¿POR QUÉ LA NUEVA ULTRADERECHA CRECE EN MEDIOS OBREROS? ¿Que lleva a antiguos votantes socialistas y comunistas a votar a la extrema derecha? Hemos publicado un artículo al respecto en el diario catalán Ara (6/VII/2012).  A continuación reproducimos la introducción traducida:

“Georges Marchais, el histórico líder comunista francés, es un referente de  Marine Le Pen: a su recientelibro Pour que vive la France la líder del Frente Nacional (FN) menciona una carta de 1981 al rector de la Gran Mezquita de París en qué Marchais sostiene que hay que parar la inmigración por el riesgo de ‘abocar más trabajadores al paro’. Le Pen, pero, esconde la condena de Marchais a la xenofobia (‘Lo  que nos guía es la [...] solidaridad de los trabajadores inmigrantes. Todo el contrario del odio y la ruptura’, escribió). Esta manipulación genera una pregunta: comparten algo comunistas y lepenistas?

La respuesta es que ambos buscan el voto de los sectores populares castigados por la crisis. Según un sondeo, en los comicios presidenciales Marine Le Pen habría podido recibir un 29% de voto obrero y Hollande un 28%. Y es que el voto proletario a la ultraderecha aumenta en todo Europa.

¿Por qué cambia el voto obrero?

En los años noventa la extrema derecha se expandió entre los obreros: el 1992 los republicanos alemanes crecieron a los feudos socialdemócratas; el 1994 elFPÖ aconteció segundo partido de Austria en voto obrero (después del socialista); el 1995 el FN obtuvo el 30% del voto obrero; en la última década la Liga Norte se ha expandido conquistando un electorado comunista.

Para seguir leyendo el artículo hace falta registrarse en el diario Ara. El acceso es gratuito.

*****

El vot obrer: del roig al negre

XAVIER CASALS 

| Actualitzada el 06/07/2012 00:00

Georges Marchais, l’històric líder comunista francès, és un referent de Marine Le Pen: al seu recent llibre Pour que vive la France la líder del Front Nacional (FN) n’esmenta una carta de 1981 al rector de la Gran Mesquita de París en què Marchais sosté que cal aturar la immigració pel risc d’”abocar més treballadors a l’atur”. Le Pen, però, amaga la condemna de Marchais a la xenofòbia (“El que ens guia és la …
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LA MASACRE DE TOLOSA O LA ÉPOCA DE LOS “LOBOS SOLITARIOS”

marzo 27, 2012

Dispostivo policial para detener a Mohamed Merah, el terrorista asesino de Tolosa.

LA RECIENTE MASACRE DE TOLOSA ha puesto sobre la mesa una realidad del nuevo terrorismo que conmueve a Occidente: éste ha dejado de ser obra de organizaciones para devenir la de individuos, los llamados “lobos solitarios”.

Hemos publicado un análisis sobre esta cuestión: “El ‘lobo solitario’: tres preguntas sobre el nuevo terrorismo” en el diario catalán Ara (26/III/2012). En él exponemos como la acción terrorista individual está codificada tanto en el seno de la ultraderecha (la expresión “lone wolf“, “lobo solitario” la acuñó en 1974 el neonazi norteamericano Joseph Tommasi) como en el del fundamentalismo musulmán (se atribuye su teorización a Mustafá Setmarian en el 2004) e Internet juega un papel relevante en la medida que proporciona identidad y apoyo mediante las comunidades virtuales.

Por ello, el artículo está estructurado a partir de tres preguntas: ¿Proliferan criminales perturbados por azar? ¿Comparten rasgos comunes los nuevos terroristas? ¿Por qué es importante Internet?

Para leer el texto íntegro en catalán basta con registrarse como usuario del diario y el acceso es gratuito.

*****

El ‘llop solitari’: tres preguntes sobre el nou terrorisme

Els crims de Mohamed Merah a Tolosa han anivellat l’amenaça terrorista islàmica amb la ultradretana: Anders Behring Breivik va mostrar a Noruega que la massacre indiscriminada no era patrimoni del fonamentalisme islàmic i Merah ha recordat ara la capacitat mortífera del darrer. Tots dos assassins, en actuar individualment, plasmen el nou terrorisme que irromp a Occident en compartir el perfil de llops solitaris …
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EL POPULISMO QUE VIENE (99): LA ISLAMOFOBIA O COMO UNIR A LA ULTRADERECHA Y LA EXTREMA IZQUIERDA CON ISRAEL

agosto 3, 2011

Portada de The Economist dedicada a Eurabia.

EL GRUESO DE LA DERECHA POPULISTA Y SECTORES DE ULTRAIZQUIERDA alemanes del resto de Europa estrechan apoyos con Israel a partir de la islamofobia, expone con detalle un reportaje de la agencia estatal de noticias germana Deutsche Welle.

El texto (e imágenes) que reproducimos íntegramente a continuación, obra de Bettina Marx y Cristina Papaleo (editado por José Ospina Valencia) y publicado el pasado día 27/VII/2011), ofrece información al respecto del ámbito germano y europeo.

En él se detalla los lazos con Israel de valedores de la Plataforma per Catalunya [PxC], el FPÖ y el  empresario germano-sueco Patrick Brinkmann (que ha sido señalado como eventual financiero de la PxC, aunque según nos manifestó su líder Josep Anglada, nunca hizo aportación alguna al partido).

En cualquier caso, el artículo pone de relieve un juego de alianzas geopolítico: frente a la supuesta creación de “Eurabia” (la integración de Europa en el norte de África y Oriente medio formando una nueva entidad geopolítica), se apuesta por estrechar relaciones entre Europa e Israel, algo ya notorio a nivel internacional.

Hoy, pues, buena parte de la derecha populista parlamentaria es prosionista.

***

Crece escena islamófoba en Alemania y Europa

Los atentados en Noruega son un llamado de atención hacia la escena antiislamista europea, que también crece en Alemania. Muchos de sus representantes tienen estrechas relaciones con Israel.

AL PERIODISTA ALEMÁN HENRYK BRODER le gusta provocar, y parece no molestarle en absoluto que el terrorista noruego Anders Behring Breivik, responsable confeso de los atentados de Oslo y Utoya, haga referencia a él en su crudo concepto islamófobo del mundo. El nombre de Broders aparece, entre muchos otros, en el manifiesto de 1.500 páginas que el presunto asesino difundió en Internet.

Henryk M. Broder, periodista y autor de textos islamófobos.

Henryk M. Broder, periodista y autor de textos islamófobos.

Breivik cita a Broder en referencia a las advertencias de éste acerca de la conquista musulmana de Europa y del cambio de la sociedad europea causado por la influencia del islamismo. En una toma de posición ante la edición online del matutino alemán Tagesspiegel, de Berlín, Broder ratificó que volvería a escribir lo mismo, y posteó, poco después, las citas que tomó Breivik en su propia página web.

Al mismo tiempo, Broder rechazó, en un artículo publicado por el periódico alemán Die Welt, las acusaciones acerca de que sus textos podrían haber inspirado a Anders Behring Breivik. Según Broder, Breivik sólo intentó justificar sus crímenes “racionalmente”. “Y eso no lo aprendió ni de mí ni de Thilo Sarrazin, sino de Mohammed Atta y de Osama Bin Laden”, dijo Broder.

Islamofobia en Internet

Henryk Broder es uno de los representantes más prominentes de la escena islamófoba de Alemania. En diversos blogs y webs, en eventos y manifestaciones, así como en medios de gran alcance, como la televisión y los periódicos, los enemigos del islamismo difunden sus tesis con una agresividad cada vez mayor. Critican a los inmigrantes musulmanes y alertan sobre una alienación de la cultura alemana.

Sobre todo en la escena de ultraderecha, el odio hacia el Islam se ha convertido en el factor determinante que unifica a las diferentes corrientes. Pero la xenofobia y la islamofobia no sólo están presentes en las filas de la extrema derecha. También forma parte del espectro de la izquierda, por ejemplo, entre los llamados “anti alemanes”, provenientes de agrupaciones antifascistas de los años 80. Su islamofobia proviene de su simpatía incondicional por Israel, fundada en la historia de Alemania. Y de esa solidaridad con Israel proviene el rechazo hacia los palestinos y el islamismo.

La derecha y la izquierda, unidas contra los musulmanes

Geert Wilders, populista de derecha holandés.Geert Wilders, populista de derecha holandés.

De hecho, el entusiasmo por Israel une a los enemigos del islamismo de izquierda y de derecha, que ven en Israel un puente hacia Occidente en el Cercano Oriente, y un bastión contra el Islam. Y tachan a la crítica a la clase política de Jerusalén de antisemitismo. Las exigencias legítimas de los palestinos no tienen validez para ellos, y los califican a todos de terroristas.

El eje de los islamófobos simpatizantes de Israel se extiende desde los cristianos fundamentalistas en EE. UU., representados políticamente por el Tea Party, pasando por la izquierda antialemana, hasta los partidos neofascistas en Italia y el Este de Europa. El Gobierno de Jerusalén aplaude tal apoyo. Y al populista de derecha holandés Geert Wilders, a Hans-Christian Strache, el presidente del Partido de la Libertad en Austria, al predicador estadounidense Glenn Beck y al ex neofascista italiano Gianfranco Fini se los recibe con los brazos abiertos en Israel.

En diciembre de 2011, un grupo de políticos europeos de ultraderecha viajó a Israel, invitado por un ex diputado del partido gobernante israelí, Yisrael Beiteinu. Allí todos ellos firmaron una declaración en la que dicen que la humanidad ve actualmente “una nueva amenaza mundial: el fundamentalismo islamista”, al que hay que enfrentar conjuntamente.

El vice ministro israelí, Ayoub Kara, miembro del Likud del primer ministro Netanyahu, se reunió hace algunas semanas en Berlín con el empresario germano-sueco Patrick Brinkmann, miembro activo de la organización populista de derecha Pro Deutschland, de la que incluso fue presidente durante un corto período. Brinkmann, de 44 años, impulsa la creación de un amplio movimiento de extrema derecha crítico del islamismo y carente de antisemitismo, y pretende aliarse con la derecha de Israel.

Uri Avnery: “Oponer resistencia desde el comienzo”

Uri Avnery, pacifista israelí.Uri Avnery, pacifista israelí.

El pacifista israelí Uri Avnery siente escalofríos al pensar que gente como Brinkmann forma parte de las nuevas amistades de su país, y que el mismo terrorista que masacró a casi 80 personas en Noruega también se declara amigo de Israel.

Uri Avnery apela a que Alemania y Europa se distancien clara y fehacientemente del odio antiislamista. “Aconsejo a Alemania y a Europa no transitar por ese camino”, dijo Avnery en entrevista con Deutsche Welle.

“Estos nuevos partidos nazis, no importa cómo se llamen ni detrás de qué argumentos se oculten, están en todas partes, en toda Europa, en Francia, en Italia, en Holanda, y son un inmenso peligro para Europa”, subrayó el activista. Según él, los partidos europeos de derecha han remplazado el antisemitismo por la islamofobia, y, si se los deja hacer, se corre peligro de que se produzca un desarrollo como el que se dio bajo la República de Weimar en Alemania. “Es un proceso que hay que sofocar desde el mismo comienzo”, advirtió Avnery.


EL POPULISMO QUE VIENE (90): HOMOSEXUALIDAD, DERECHA POPULISTA E ISLAMOFOBIA

julio 22, 2011

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Banner de la página web del colectivo español Unidad y Diversidad.

¿HASTA QUÉ PUNTO EL UNIVERSO HOMOSEXUAL SE HA ACERCADO A LA NUEVA DERECHA POPULISTA? Generalmente se asocia a los colectivos gays y lésbicos con un universo ideológico “de izquierdas”, en la medida que han sido los partidos socialistas, comunistas o ecologistas quienes han reivindicado sus derechos.

Sin embargo, la irrupción del islamismo, especialmente el fundamentalismo, ha contribuido ha cambiar estos esquemas y ahora la derecha populista ha visto afluir en sus filas a una militancia homosexual. Recordemos que el “dandy” populista neerlandés Wihelmus Simon Petrus –Pim- Fortuyn hizo ostentación pública de su condición sexual y era beligerante respecto al Islam en la medida que lo consideraba intolerante, no por motivos racistas. La respuesta que dio al imán de Rotterdam cuando éste declaró que Fortuyn nunca había hablado con un musulmán fue ilustrativa de su posicionamiento: “No sólo hablo con musulmanes, incluso me acuesto con ellos”.

Pim Fortuyn, homosexual, lideró la emergente derecha populista holandesa hasta su asesinato.

Un lector del blog nos ha recordado la importancia de este tema y nos ha sugerido la lectura del artículo que reproducimos a continuación, publicado en www.elconfidencial.com el pasado 18 de julio por Esteban Hernández (clicar aquí para ver el original).

“’No sólo hablo con musulmanes, incluso me acuesto con ellos’, replicó Fortuyn al imán de Rotterdam cuando éste le dijo que nunca había hablado con musulmanes”

No obstante, el texto advierte que la confluencia entre círculos homosexuales y derecha populista no se ha producido en España, pero la formación España y libertad, liderada por Yolanda Couceiro Morín (directora de www.minutodigital.com) y coaligada las pasadas elecciones locales con Vía Democrática, cuenta entre sus seguidores con un colectivo gay presente en algunas ciudades y David de Juan, miembro de comité ejecutivo de la formación preside el colectivo Unidad y Diversidad.

En suma, la tendencia que apunta el artículo adjunto no es inédita en nuestro país y su lectura invita a cuestionar la asociación mecánica de ultraderecha y homofobia o, a la inversa, de izquierdismo y homosexualidad. El nuevo populismo a menudo es libertario en lo relativo a la orientación sexual y ello acentúa su carácter transversal en términos ideológicos y sociales. Ello ha pasado muy desapercibido en España, debido a la pesada huella de una ultraderecha exaltadora de la virilidad y los valores masculinos.

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LA DERECHA CONSERVADORA GANA ADEPTOS ENTRE LA COMUNIDAD HOMOSEXUAL

“Muy español y muy gay: ‘homonacionalismo’ versus radicales religiosos”

Muy español y muy gay:  ‘homonacionalismo’ vs. radicales religiosos

Un joven con una bandera gigante durante el Orgullo Gay en Sevilla (Reuters), de http://www.elconfidencial.com

HA OCURRIDO EN DINAMARCA, donde los organizadores del Día del Orgullo Gay concedieron el premio a la homofobia a los países musulmanes; también en Inglaterra, donde un desfile del Gay Pride de un barrio londinense hubo de suspenderse porque su organizador, nacionalista y xenófobo, pretendía provocar con él a la población musulmana; en Suiza, donde la UDC, el partido de la derecha más conservadora, ha creado su propia sección gay; y en los Países Bajos, donde los partidos anti-inmigración suelen obtener muchos votos entre homosexuales y lesbianas, ya que estos tienen frecuentes problemas con radicales religiosos (en Holanda existe una sección de la Policía especialmente dedicada a la protección de las minorías sexuales amenazadas por agresores musulmanes).

Esta alianza entre posiciones nacionalistas radicales y homosexuales europeos no es extraña, señala el sociólogo Eric Fassin, profesor de la École Normale Supérieure, toda vez que los derechos de las mujeres y de los gays se están convirtiendo en una suerte de emblema de esa derecha que tendía a afirmarse desde la tradición y las raíces. Según Fassin, el nacionalismo, desde el siglo XIX hasta la Segunda Guerra Mundial, se construyó sobre un modelo viril que excluía a las mujeres y despreciaba por afeminados a los homosexuales. Hoy, sin embargo, “estamos asistiendo a un proceso que circula en sentido contrario. Sarkozy justificaba la creación en 2007 de un ministerio de la inmigración y de la identidad nacional porquenosotros defendíamos la igualdad entre los sexos y la libertad de las mujeres, mientras ellos (inmigrantes, musulmanes) eran a priori sospechosos de sexismo (violencia contra las mujeres, poligamia, matrimonios forzados, etc.). En los Países Bajos, este discurso sobre la inmigración y la identidad nacional no se refería sólo a las mujeres, sino que se ampliaba a los derechos de los homosexuales”.

De este modo, la nación francesa o la holandesa pasaban a representar la lucha de los valores occidentales contra un mundo retrógrado que amenazaba con devolvernos dos siglos atrás. “Y esta es la lógica que por toda Europa retoman los nacionalismos sexuales”, algo que para Fassin no es más que “una manera de reivindicar la exclusión de los otros sin asumir la xenofobia o el racismo latentes en ese discurso, ya que segregamos a los otros en nombre de los valores democráticos y de la democracia sexual”.

El segundo factor que tiende a acercar homosexuales y nacionalismo está relacionado con los cambios en la orientación política que están viviendo numerosos colectivos. Tradicionalmente, gays y lesbianas decían pertenecer a la izquierda, en tanto era la opción que defendía públicamente sus derechos en esa sociedad conservadora, machista y homófoba que les rechazaba. Pero esta no es la lectura con la que nos encontramos hoy. En parte porque, como asegura Marcos Magaña, socio director de la empresa de comunicación No Line, “los derechos de determinados colectivos están ya reconocidos por todas las formaciones políticas. Han dejado de ser patrimonio de una de ellas para pasar a ser patrimonio de la democracia. No hay en España ningún partido político parlamentario que niegue los derechos de los homosexuales”.

Pero también porque, como subraya Jorge Verstrynge, profesor de ciencia política de la Universidad Complutense, la pérdida de peso de la izquierda está consiguiendo que les abandonen colectivos que les eran muy cercanos. Desde luego, las clases populares son el más importante, pero algo similar está ocurriendo con los gays. “La izquierda está pecando de relativismo,  y con ese todo vale y el respeto a todas las minorías, ha dejado que se difundan teorías y prácticas que no son las propias de Europa. Es normal, pues, que los colectivos gays se sientan cómodos en sistemas normativos más liberales y que rechacen culturas, como la islámica, que no reconoce la homosexualidad, o como las imperantes en algunos países de América Latina, donde les denigran repetidamente”.

Alianzas con la extrema derecha

Así las cosas, se están produciendo divisiones entre los colectivos gays y feministas europeos. En Francia, asegura Fassin, “lejos de oponerse a las políticas gubernamentales de derecha, muchos de ellos las apoyaron con motivo de la ley del velo (2004) o con la polémica del hijab. Incluso hay quienes se prestaron a la alianza con la extrema derecha contra la supuesta islamización de la sociedad francesa”. En otros países europeos, como es el caso de Holanda, se ha desarrollado una tendencia peculiar que la profesora de la Rutgers University de New Jersey Jasbir Puarha calificado de homonacionalismo, y fruto de la cual “se puede denunciar fácilmente la homofobia de las banlieues (es decir, de las clases más populares, a menudo de origen extranjero) pero se olvida muy fácilmente la que reina en otras clases sociales”.

No es raro, pues, que políticos populistas, como Marine Le Pen, hayan tratado de sacar partido del asunto emitiendo discursos que subrayan los problemas que sufren los homosexuales en los barrios de mayoría musulmana. El problema, para Fassin, “no es hasta qué punto van a ser o no creídos estos mensajes (entre otras cosas, porque Le Pen suele contradecirse: hace poco comparó el matrimonio gay con la poligamia) sino hasta qué punto nos fuerzan a elegir un campo. Tales discursos tienden a reforzar una inquietud y a trazar una frontera, y se vuelven peligrosos porque hacen creíble no a Marine Le Pen o al Front National, sino a una visión del mundo que opone ellos a nosotros en nombre de la democracia sexual”.

Estos mensajes también están consiguiendo su objetivo de acercar a los gays a posiciones xenófobas, como ya ocurrió con el partido liderado por el holandés Pim Fortuyn, católico y homosexual. En algunos países, como ocurre en Francia, señala Fassin, “esta alianza no se ha dado todavía porque la derecha, si bien ha querido mostrar un rostro tolerante, se ha negado a aceptar los matrimonios entre homosexuales, por lo que el discurso del nacionalismo sexual francés se ha quedado parado en los derechos de las mujeres”.

La falta de liderazgo entre la izquierda

En España tampoco parece que esta convergencia de intereses entre populismos y gays vaya a darse de momento. En primer lugar porque, como señala Magaña, estamos en periodo preelectoral donde va a importar mucho más lo contextual que lo cultural. “El electorado general está dando un giro no tanto hacia posiciones conservadoras cuanto hacia posiciones pragmáticas, y eso es una mala coyuntura para colectivos pequeños con reivindicaciones específicas. En este sentido, es de prever que también entre gays y lesbianas se sienta esta tendencia, y se piense más en quién puede sacarnos de este follón más que en satisfacer demandas concretas”.

Sin embargo, que este sea el terreno de juego a corto plazo no quiere decir que un encuentro entre fuerzas populistas y gays no pueda darse en el futuro cercano. Lo que los estudios de opinión están señalando hoy, asegura Magaña, “es que  hay una masa de gente, fundamentalmente de izquierda y de centro izquierda que está falta de liderazgo, lo cual puede provocar que veamos desplazamientos de voto llamativos, del cual pueden salir beneficiadas formaciones como Equo”. Pero, señala Verstrynge, esa misma masa es también un terreno fructífero para que florezca un populismo que, “sin ninguna duda, tiene en España un amplio futuro por delante. O la izquierda se pone a defender su gente o veremos cómo surge una Marine Le Pen en nuestro país. La izquierda tuvo una función similar a la de los tribunos en Roma, como era la de defender a los más débiles, a los que no tenían dinero ni poder. Pero ahora está más interesada en los mercados que en apoyar a los débiles, por lo que estos, desde la clase obrera hasta los gays, van a buscar protección en otro lado”.


ANDREU NIN, EL MARXISTA QUE STALIN ORDENÓ ASESINAR

julio 1, 2011

Cartel del POUM durante la Guerra Civil.

EL MUSEU D’HISTÒRIA NACIONAL DE CATALUNYA [MHC] conmemora este junio el 75 aniversario de la creación del Partido Obrero de Unificación Marxista [POUM] con una exposición temporal que puede visitarse hasta septiembre.  El líder de esta formación fue el marxista catalán Andreu Nin, que fue ejecutado en plena guerra civil -en junio de 1937- por los servicios secretos estalinistas tras ser orquestada una campaña para estigmatizarle como “trotskista”.

Dado el relativamente escaso conocimiento que rodea a su figura, a continuación reproducimos una biografía de Nin que publicamos en ABC el 13 de marzo de 2008, cuando se creyó que sus restos estaban en Alcalá de Henares. La curiosidad que generó tal posibilidad hizo que este diario nos pidiese una breve semblanza del personaje (para ver el original  clicar aquí). Como en otras ocasiones, hemos respetado el texto original añadiéndole subtítulos para facilitar su lectura.

Para los interesados en conocer más detalles sobre el POUM y las circunstancias de su asesinato, les remitimos al documental antes citado de TV3 y al dossier colectivo de la revista catalana de historia L’Avenç, 166 (enero de 1993), “Andreu Nin: serveis secrets stalinistes”, en el que colaboramos con un texto sobre su asesinato por agentes soviéticos.

Por descontando, es aconsejable la lectura de Homenaje a Cataluña (1938), del escritor británico George Orwell (pseudónimo de Eric Arthur Blair), que se enroló en las filas de esta formación durante nuestra contienda.

Finalmente, puede accederse a los últimos años de la historia del POUM (1974-1981) en el Working Paper disponible en  PDF del historiador Pelai Pagès publicado por el Institut de Ciències Polítiques i Socials [ICPS]: WP_I_156-POUM

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Nin, entre el mito y la memoria

El eventual hallazgo del cadáver de Andreu Nin Pérez en Alcalá de Henares otorga nueva proyección a este intelectual revolucionario, más conocido por las oscuras circunstancias que rodearon su asesinato en junio de 1937 por agentes de la policía soviética (la NKVD), que por su historia política y personal previa. Y es que su itinerario vital constituyó un apretado periplo político que le llevó del catalanismo al comunismo y de su pueblo natal a Moscú.

Del catalanismo al marxismo

Nacido en 1892 en El Vendrell (Tarragona), pronto se sintió atraído por la política. Su biógrafo Pelai Pagès señala que con 14 años intervino en un acto catalanista y con 17 quiso impedir el paso de un tren militar que en 1909 se dirigía a Barcelona a sofocar la rebelión de la “Semana Trágica”. Asimismo, divulgó el esperanto mediante una sociedad local, Frateco (Fraternidad).

En 1910 se instaló en Barcelona para estudiar magisterio y frecuentó ambientes republicanos y obreristas. Ello explica su militancia sucesiva en la Unión Federal Nacionalista Republicana, su ingreso en 1913 en la Federación Catalana del PSOE y su actividad en 1919 en la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Debe destacarse que entre 1915 y 1917 realizó un viaje de trabajo por Oriente Próximo que amplió sus horizontes exteriores. Pero fue su atracción por la revolución soviética de octubre de ese último año la que marcó su vida. Así, Nin defendió el ingreso en la Internacional Comunista de la CNT.

Como secretario del comité nacional cenetista inició estancias en Moscú, donde residió entre 1922 y 1930, se casó y tuvo dos hijas. Dominó el idioma ruso (lo que le permitió convertirse en un buen traductor al retornar a Cataluña) y conoció la burocracia revolucionaria, pues llegó a ser el “número dos” de la Internacional Sindical Roja. Este cargo le confirió una notable proyección y le facilitó un notable conocimiento del movimiento comunista internacional. La labor no le desvinculó del mundo catalán, pues realizó funciones de anfitrión de personajes como el dirigente separatista Francesc Macià cuando viajó a la URSS o el escritor Josep Pla y colaboró en prensa política catalana (notablemente en La Batalla). Igualmente, se mantuvo vinculado a Joaquín Maurín, promotor desde 1922 de los Comités Sindicalistas Revolucionarios.

Militantes del POUM.

La pugna desatada entre Josep Stalin y León Trostski a la muerte de Lenin marcó un nuevo hito en la trayectoria de Nin, quien tomó partido por el segundo, aunque después acabó distanciándose de él. Ello no impidió que fuera considerado un “troskista” por Stalin, lo que pagaría con su vida. Así las cosas, Nin fue oficialmente expulsado de la URSS en 1930.

El dilema: ¿Ganar la guerra o la revolución?

Ya en España, reemprendió su actividad política y su obra escrita. En 1935 publicó Els moviments d’emancipació nacional, donde preconizó una Unión de Repúblicas Socialistas de Iberia sin excluir el derecho a la autodeterminación. En septiembre de ese año promovió la creación del antiestalinista Partido Obrero de Unificación Marxista [POUM], del que fue miembro del comité ejecutivo y Maurín secretario general. La creación del POUM hizo que el universo marxista catalán, al estallar la Guerra Civil en julio de 1936, presentara dos formaciones disputándose un mismo espacio: el POUM y el Partit Socialista Unificat de Catalunya [PSUC], de obediencia soviética y organización hermana del Partido Comunista de España.

Como el inicio de la contienda sorprendió a Maurín en la zona rebelde, Nin devino el líder del POUM. En el clima revolucionario imperante en Cataluña fue nombrado conseller de Justicia de la Generalitat, en un gobierno que debía representar la unidad antifascista de las organizaciones republicanas. Pero ésta última pronto mostró sólidas grietas y sus tensiones internas se acentuaron desde inicios de 1937, inseparables de intrigas urdidas por los agentes soviéticos de España.

De ese modo, las presiones del PSUC apartaron a Nin del gobierno en enero de ese año y, finalmente, llevaron al abierto enfrentamiento de las fuerzas de la retaguardia en los llamados “hechos de mayo”: un conflicto que se desarrolló en Barcelona del 3 al 7 de mayo del mismo 1937 entre las organizaciones republicanas, con un eco desigual en Cataluña. Lo desencadenó la ocupación por fuerzas de orden público (ordenada por el conseller de Seguretat) del edificio de Telefónica, controlado por anarquistas, ya que intervenían las conversaciones de los miembros del gobierno, incluyendo al propio Jefe de Estado, Manuel Azaña.

Cartel de las Juventudes Socialistas Unificadas [JSU] (comunistas) denunciando al POUM como “fascista”.

La negativa ácrata a abandonarlo desató una lucha. Una facción reunió a anarquistas de la CNT y de la Federación Anarquista Ibérica [FAI], y al POUM, que veían prioritario desarrollar la revolución para vencer. La otra aglutinó al PSUC, la Unión General de Trabajadores [UGT], Esquerra Republicana de Catalunya [ERC] y otras fuerzas menores con una prioridad opuesta: efectuar la revolución tras derrotar a los rebeldes. Para lograrlo proponían medidas como sustraer el control de las industrias de sindicatos y partidos, crear un ejército regular y un único cuerpo de seguridad interior. La liza acabó con la victoria de los últimos y unas 280 muertes. La CNT entró en declive y el POUM fue estigmatizado como fascista.

El episodio –definido como “una guerra civil en la guerra civil”- influyó en la remodelación del gobierno catalán y del republicano (el presidente Francisco Largo Caballero fue substituido por Juan Negrín) y desde entonces ha merecido lecturas opuestas: la de la victoria del “orden revolucionario” o la del triunfo de “la contrarrevolución”.

¿Dónde está Nin?

El corolario de esa lucha fue la desaparición de Nin, secuestrado por la NKVD y ejecutado clandestinamente con la complicidad o el silencio de los comunistas españoles, un oscuro aspecto de su muerte. Sus verdugos justificaron torpemente su desaparición al presentarle como “agente fascista”, siendo famosas las pintadas “¿Dónde está Nin? En Salamanca o en Berlín”.

Hoy conocemos casi todos los pormenores de la muerte de Nin gracias al documental televisivo, “Operació Nikolai” (TV3, 1992), especialmente por su consulta de archivos soviéticos. El programa desveló detalles y protagonistas de la trama criminal y confirmó lo apuntado por historiadores como Pagès o Francesc Bonamusa y testimonios de la época, notablemente el del exministro comunista Jesús Hernández (Yo fui ministro de Stalin, 1953). Sabemos, pues, que fue responsable del crimen Alexander Orlov (alto cargo de la NKVD que después eludió las purgas de Stalin exiliándose en Estados Unidos) con el húngaro Erno Gerö (Pedro, responsable de la Internacional Comunista que intervino activamente en la organización del PSUC) y un ruso-brasileño llamado José Escoy (Juzik). Pero también españoles no identificados participaron en la desaparición de Nin.

No obstante, el asesinato de Nin no sólo lo determinó la dinámica política catalana, pues fue asimismo inseparable de la soviética. Ésta estuvo marcada por los llamados “procesos de Moscú”, que llegaron a su punto álgido los años de nuestra Guerra Civil y supusieron una depuración de la “vieja guardia” y del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) que se habría saldado con un millón de ejecuciones. En este contexto, también fue llamado a Moscú y posteriormente ejecutado el cónsul soviético en Barcelona, Vladimir Antónov-Ovseenko, un revolucionario de primera hora.

La singular trayectoria de Nin como marxista “heterodoxo”, sus esfuerzos por conciliar marxismo y nacionalismo, y su asesinato constituyen los elementos que le han convertido en el símbolo de la Guerra Civil percibida como una “revolución traicionada” por el comunismo, erigiéndose en su mito más emblemático.


ENTREVISTA A VICENTE ALMENARA: “LOS SERVICIOS DE INTELIGENCIA INTERVINIERON EN LA TRANSICIÓN DE MODO MUY IMPORTANTE”

diciembre 2, 2010

 

VICENTE ALMENARA (Ceuta, 1957) ha escrito una historia de los modernos servicios de información españoles en un ensayo tan voluminoso -tiene 582 páginas- como interesante: Los Servicios de Inteligencia en España. De Carrero Blanco a Manglano (Almuzara). Licenciado en periodismo y doctor por la Universidad de Málaga, entre el amplio currículum profesional de Almenara dstaca su Máster del Instituto Universitario UNED en Paz, Seguridad y Defensa. Desde 1991 es director de comunicación de la Confederación de Empresarios de Málaga y actualmente también es miembro del Consejo de Gobierno de la Universidad de Málaga.

Su libro ofrece una amplia panorámica de los servicios de inteligencia. Ésta se inicia con la creación de la Organización Contrasubversiva Nacional [OCN] en 1968 que en 1972 origina el Servicio Central de Documentación, dependiente inicialmente del presidente Carrero y activo hasta 1977. Almenara reconstruye su conversión ese año en Centro Superior de Información de la Defensa [CESID] hasta el impacto del fracasado golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 [23-F], aunque este organismo perduró hasta el 2002, cuando originó el Centro Nacional de Inteligencia [CNI]. Para realizar esta labor, ha procesado una abundante bibliografía dispersa y ha contado con testimonios directos.

El resultado es un libro que demuestra un activo protagonismo de estos servicios durante la Transición y una actuación relevante en el ámbito del contraterrorismo que arroja luz sobre su capacidad de infiltración. Interesados por este tema, Almenara ha accedido concedernos la entrevista que ofrecemos a continuación.

¿Considera que los servicios de inteligencia mediaron en la Transición más de lo que se piensa?

Los servicios de inteligencia intervinieron en la Transición de modo muy importante, pero la mayoría de los españoles no sabe nada de ellos ni quizá les importe subjetivamente. La labor de José Ignacio San Martín (responsable del SECED),  tanto en la promoción de partidarios del régimen como en el conocimiento de algunos movimientos opositores es importante, pero posteriormente Andrés Cassinello realiza incluso una labor más decidida: contactos con dirigentes socialistas, conversaciones con el presidente de la Generalitat Josep Tarradellas para su regreso a España, protección de Adolfo Suárez frente a algún intento involucionista…

Son muchos los episodios conocidos –algunos deformados, es cierto-, pero muchos más los que quedan por conocer acerca de los servicios en la Transición. La verdad es que la actividad de los servicios con el CESID resulta un tanto desprovista de interés bajo la dirección de Luis Bourgón López-Dóriga. Gerardo Mariñas Romero y Narciso Carreras, aunque con éste –jefe accidental de la entidad- ya apuntan dos oficiales de gran trascendencia: Javier Calderón y Antonio Cortina. Cuando Emilio Alonso Manglano se hace cargo del servicio, éste empieza a alcanzar otra categoría muy superior.

Explica que el comisario Roberto Conesa -famoso por sus éxitos policiales- fue amigo de los policías antimasónicos Mauricio Carlavilla y Eduardo Comín Colomer. ¿Podría resumir la biografía de Conesa?

No se sabe mucho de Conesa pero algún estudioso ha dado a conocer algunos datos. Según el colectivo Alberto Rincón, Roberto Conesa Escudero nació en 1917 en Madrid. Al final de la Guerra Civil ingresó en la Policía. En los años cuarenta trabaja a las órdenes del comisario Hernández Martínez, famoso por su habilidad en la redacción de comunicados públicos. Una década después está junto a Vicente Regüengo, jefe de la Brigada Político-Social y del que aprende sobre las infiltraciones. El PCE, CC.OO., PSOE y UGT conocen sus méritos. A finales de los cincuenta trabaja para la Brigada de Investigación Criminal –el caso Jarabo le da relativo nombre-. Fue amigo del policía historiador Eduardo Comín Colomer y mantuvo asimismo relaciones con Mauricio Carlavilla (Mauricio Karl), que publicó libros de ideología anticomunista.

Vuelve a la Brigada Político-Social con Federico Quintero como jefe superior de Policía de Madrid y con José Sainz González presentan en rueda de prensa en septiembre de 1974 sus investigaciones sobre el atentado de la cafetería Rolando, junto a la Dirección General de Seguridad, en Madrid. Aquí ya Conesa sabe cosas y hace cosas importantes. Interviene en la desarticulación de un grupo bastante oscuro, Grupo Antifascista Revolucionario Independiente [GARI], en París. Y junto a otros muchos sucesos propios de su profesión, aprende del comisario Sainz sobre ETA, aunque su especialidad fueron los GRAPO.

A raíz de los secuestros de Antonio María de Oriol, presidente del Consejo de Estado, y del teniente general Emilio Villaescusa resulta fundamental para la liberación de los mismos. Mantuvo relaciones con Luís M. González Mata, Cisne, un personaje bastante peliculero pero que estaba en el entorno de los servicios policiales. El FRAP tampoco escapó a la curiosidad de Conesa. Un personaje en el que, como en otros con dedicaciones parecidas, es difícil discernir la verdad de sus sombras.

En el libro afirma que el SECED forzó la renovación de la dirección de los partidos de la oposición. ¿Cómo lo hizo?

Favoreciendo a unos en detrimento de otros. El PCE asustaba, por eso se quería un PSOE que pudiera disputarle la hegemonía en la izquierda. Pero había dos PSOE, el histórico y el de Isidoro [apodo de Felipe González], y se le favoreció desde el SECED y desde la Policía. La verdad es que el PSOE (h) tampoco tenía mucha fuerza.

El FRAP habría sido una de las organizaciones infiltradas por los servicios.

En la obra apunta a la eventual infiltración de los servicios de inteligencia en el FRAP, el MPAIC y la CNT. ¿Podría describr brevemente esta casuística?

Es muy difícil hablar de infiltraciones porque es de las actividades que menos se sabe. Pero tanto policías como guardias civiles lograron infiltrarse en estas organizaciones: frecuentando ambientes, captando algún detenido, destacando en algunas movilizaciones… A nadie se le escapa que se trata de los trabajos más difíciles y peligrosos.

 ¿Qué fuentes ha utilizado en su ensayo y cuáles han sido los mayores obstáculos al escribirlo?

Las fuentes bibliográficas más importantes suponen 136 libros consultados o leídos en su integridad, 34 cabeceras de diarios distintos, 19 revistas de información general, 10 revistas especializadas, 6 publicaciones que incluyo en el epígrafe de otras, anuarios, webs sites, publicaciones oficiales y códigos, fuentes documentales mecanografiadas, archivos y fondos, entrevistas grabadas de acceso público, testimonios orales recogidos por mí… en total, unas 228 fuentes distintas.

Los mayores obstáculos para escribir el libro parten de la reunión de las piezas de un inmenso puzzle, piezas repartidas aquí y allá, e incluso una vez reunidas había espacios por cubrir porque no tenía las piezas, pero las fuentes personales me sirvieron de gran ayuda, y a ellas les debo también el libro.


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