EL FRENTE NACIONAL RECUPERA EL IRREDENTISMO DE LA ALSACIA FRANCESA

abril 3, 2013

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Cartel del Frente Nacional ante el referéndum sobre la creación de la colectividad administrativa de Alsacia. Su lema es inequívoco: “Quiero Alsacia francesa. Voto no”.

El dia 7 de abril se celebra un referéndum para crear una colectividad administrativa nueva con la pregunta “¿Está de acuerdo con la propuesta de creación de una colectividad territorial de Alsacia, fundiendo el Consejo Regional de Alsacia, el Consejo General del Bajo-Rhin y el Consejo General del Alto-Rhin?”. Puede verse las implicaciones de tal propuesta en la web al respecto.

El Frente Nacional se ha posicionado contra esta posibilidad, pronunciándose Marine Le Pen abiertamente por el “no” argumentando que ello favorecerá la pérdida de soberanía francesa en beneficio de la germana y de la Unión Europea, en un discurso al que puede accederse clicando aquí.

El cartel frentista, desde nuestra óptica, evoca la imaginería más irredentista de Alsacia y la Lorena de hace un siglo, como muestra el cuadro que reproducimos abajo.

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¡¡Francia!! o la Alsacia y la Lorena desesperadas, de Jean-Joseph Weerts (1906)

En esta pintura de Weerts de 1906, Alsacia y Lorena miran desesperadas hacia Francia. La obra refleja como su pérdida generó un poderoso irredentismo a principios de siglo pasado. En el  amplio análisis del cuadro al que puede accederse en francés clicando aquí, Sabine Bouchy du Palut expone que la anexión de ambos territorios por parte de Alemania en 1871 (tras las derrotas galas de Metz y Sedán) provocó un intenso choque  intelectual y emocional.

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Mapa de Alsacia y Lorena en el marco de la guerra franco-alemana de 1870-1871.

Los años siguientes conocieron una proliferación de evocaciones de  las provincias perdidas en la imaginería y canciones populares. Hasta 1890, el tema fue repetido hasta la saciedad por los círculos nacionalistas incluyendo a los boulangistas. Después de una pausa de unos pocos años, reapareció en 1905 y estas evocaciones generaron una explosión de patriotismo impulsado por la venganza y la violencia contra Alemania. La obra de Weerts así lo refleja.

Como es sabido, la posesión de Alsacia y Lorena generó un largo contencioso con Alemania: recuperadas por Francia tras la Gran Guerra (1914-1918), el Tercer Reich las incorporó de nuevo a Alemania durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y Francia volvió a recuperarlas tras la derrota hitleriana.

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Cartel institucional animando a participar en la consulta.

Ahora el Frente Nacional marinista recupera el irredentismo francés a través de un grafismo de resonancias épicas y dramáticas, en el que anida el recuerdo de la Alsacia de inicios de siglo XX, ansiosa de retornar a Francia.


AMANECER DORADO: HISTORIA, ELECTORADO, IDEOLOGÍA Y ORGANIZACIÓN

marzo 16, 2013

El símbolo de Amanecer Dorado es un meandro griego estilizado con reminiscencias de esvástica.

AMANECER DORADO es actualmente el partido de extrema derecha que más atención mediática genera, interés que contrasta con la ausencia de estudios sobre la formación que transciendan las crónicas periodísticas.

A través de este blog hemos dado a conocer elementos de dicha formación, pero el profesor Antonis A. Ellinas, de la Universidad de Chipre, ha publicado este enero un completo estudio en inglés de esta formación disponible en PDF: “The Rise of the Golden Dawn: The New Face of the Far Right in Greece”, en South European Society and Politics (2013). En él aborda con solvencia y abundante información la trayectoria de la formación.

Su análisis puede descargarse en PDF aquí (Amanecer-Dorado-Ellinas) o en su página web, donde puede accederse a su también interesante trabajo sobre la trayectoria de la ultraderecha helena desde 1974 y otros estudios sobre este espectro político.

Claves sobre Amanecer Dorado

Ellinas ofrece una amplia panomárica de la evolución de este partido. Enmarca su constitución el 14 de febrero de 1983 por su líder Nikos Michaloliakos en la fragmentada ultraderecha helena, de la que éste último procedía. Había militado en  EPEN [Ethniki PolitikiEnosis, Unión Política Nacional], como otros futuros líderes de la misma, que incluyen a Makis Vorides, promotor del Frente Heleno.

De este modo, el texto expone la trayectoria de la formación desde su marginalidad hasta su creciente centralidad. En este aspecto, entre los muchos elementos de interés que aporta este investigador, consideramos interesante señalar los siguientes:

* El ascenso de Amanecer Dorado tras el declive de LAOS

La investigación analiza como Amanecer Dorado ha ascendido tras un hecho que ya hemos comentado en este blog: la asimilación del partido de extrema derecha antes mayoritario, LAOS, al establishment político, al participar en un gobierno de concentración.

* La compleja relación con el nazismo

El estudio destaca que para valorar el influjo del nazismo en la formación es importante distinguir entre la documentación oficial del partido y su retórica, textos y actividades de sus dirigentes.

En la primera se afirma un claro ultranacionalismo asociado a un afán de transformación radical de la sociedad para evitar la decadencia de Grecia y niega la etiqueta o calificativo de “nazi”.

Sin  embargo, si nos atenemos al resto de elementos señalados existe un fundamento biológico en su concepción de la nación, así como en su retórica antiicomunista, antisemita y antisistema.

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El banco de sangre “solo para griegos” ha tenido gran repercusión mediática.

* El impacto de los medios de comunicación

Inicialmente el partido desperto curiosidad y difundió su existencia a través de la red. La cobertura mediática de la formación desde su éxito electoral inicial (se inició al ingresar en el consistorio de Atenas) ha servido para dar a conocer de forma positiva lo que Ellinas denomina como “trabajo social”: sus “patrullas de control”, sus bancos de sangre ” solo para griegos” o su reparto de comida gratuita para los helenos.

Esta última vertiente del partido no ha cesado de acentuarse en las informaciones, lo que globalmente le ha reforzado, a la par que ha amplificado su acción local. La posibilidad de que la cobertura mediática favoreciera al partido ya la apuntamos en este blog en julio del año pasado.

* El electorado

En cuanto al perfil de los votantes de Amanecer Dorado, éste no se diferencia mucho del habitual en la ultraderecha: en él está sobrerepresentado el electorado masculino y joven (en la franja entre 18 y 24 años), aunque llama la atención que esté infrarrepresentado el que posee niveles de educación más bajos (así como el de altos altos niveles), aunque no se especifica qué tipo de estudios se entiende por tales.

Pero, sobre todo, el partido manifiesta un notable atractivo entre nuevos votantes: si la coalición de izquierdas Syriza es la primera fuerza a la que estos muestran su apoyo (captó un 30% de sus sufragios), Amanecer Dorado es la segunda (con un 22% de sus votos).

* El futuro del partido

En las conclusiones Ellinas advierte que en gran medida el futuro de la formación radica ahora en su capacidad de mantener su grado de movilización y evolucionar al compás de la situación política, dependiendo de su habilidad para ajustarse a los cambios, especialmente si la crisis acaba.

En este sentido, destaca que si el partido necesita moderarse le será difícil frenar o desmovilizar a sus sectores más radicales.

En suma, el presente trabajo es una lectura obligada para todos los interesados en el fenómeno queencarna la extrema derecha griega, con su información rigurosa cubre aspectos esenciales de Amanecer Dorado.


ENTREVISTA A STEVEN FORTI (2): “ÓSCAR PÉREZ SOLÍS EVOLUCIONÓ DEL ANARQUISMO AL FALANGISMO PASANDO POR EL SOCIALISMO Y EL COMUNISMO”

marzo 9, 2013

Steven Forti

Continuamos con la entrevista a Steven Forti iniciada en la anterior entrada del blog (clicar aquí para acceder a ella), sobre transfuguismo del comunismo al fascismo. En esta segunda parte se abordan los casos del francés Paul Marion y del español Óscar Pérez Solís.

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¿Quién fue Paul Marion?

Para hablar de Paul Marion debemos cruzar los Alpes y meternos en la realidad política de la Tercera República Francesa, entre la victoria en la Gran Guerra y el desastre de 1940. Marion es un tránsfuga más del país galo, con una trayectoria bastante similar tanto a la de Marcel Déat como a la de Jacques Doriot, hombres clave del transito de la izquierda al fascismo francés. Y con Déat, Doriot y con muchos otros tránsfugas franceses como Arrighi, Barbé, Barthélemy, Chasseigne y Fontenoy, Marion colaboró estrechamente en los años veinte y en los años treinta.

Paul MarionNacido el 27 de junio de 1899 en Asnières, proveniente de una familia de nacionalistas pequeñoburgueses, Paul Marion se instaló en París en 1913. Voluntario en la Gran Guerra en enero de 1918 y desmovilizado definitivamente en la primavera de 1921, Marion obtuvo la licenciatura en filosofía y entre 1921 y 1923 fue profesor en el Instituto Pointeau y en el colegio Sainte-Barbe de París. En 1921 entró en el PCF, y llegó a ser uno de los dirigentes de Clarté universitaire con Chasseigne, Cogniot y Galperine. A partir de 1923 colaboró con L’Humanité y Bulletin communiste, dio clases en las escuelas de partido de Bobigny y Clichy, y se ocupó de los cursos de historia del movimiento obrero y economía política. Entre otoño de 1925 y otoño de 1927 ejerció cargos de responsabilidad, como director de los Cahiers du bolchevisme, redactor de L’Humanité y miembro de los principales órganos directivos del partido. En octubre de 1927 fue elegido para una estancia de quince meses en la Escuela leninista internacional de Moscú, donde colaboró con el Comintern y participó en los trabajos del VI Congreso de la IC en calidad de miembro de la delegación francesa. En febrero de 1929 volvió a Francia, pero ya en agosto abandonó el partido, muy crítico con lo que vio en la URSS y con la línea adoptada por el PCF después del VI Congreso Nacional del partido en Saint-Denis.

A partir de otoño de 1929, Marion empezó una peregrinación entre nuevas generaciones y neosocialistas, entre política y periodismo, que le permitió entrar en contacto con la mayoría de los réseaux intelectuales de la Francia de los años treinta, desde los no conformistas y los realistas hasta los tecnócratas y los grupos políticos en busca de una tercera vía. Entre principios de 1930 y mediados de 1936 Marion colaboró con muchos periódicos y revistas (Notre Temps de Jean Luchaire, Le Quotidien de Jean Hennessy, L’Europe Nouvelle de Louise Weiss, la Vie Socialiste del ala neosocialista de la SFIO, la République de Émile Roche, L’Homme Nouveau de Georges Roditi, Travail et Nation…), escribiendo una media de dos o tres artículos por semana generalmente sobre temáticas de política, economía y finanzas.

Los encuentros formales e informales en círculos de estudio y think tank estaban a la orden del día con el objetivo de un renouvellement y un redressement de Francia. A partir de 1931 Marion se acercó cada vez más al grupo de Déat, Renaudel y Montagnon, fascinado por las propuestas de De Man y convencido de la necesidad de un plan económico y político de rescate del país después de la crisis de 1929. En el partido neosocialista Marion cubrió también cargos relavantes, ocupándose de la propaganda y de las juventudes y presentándose como candidato en las elecciones de 1936, sin lograr ser elegido.

En junio de 1936 participó en la fundación del Partido Popular Francés de Jacques Doriot, del cual fue uno de los dirigentes más visibles y activos, además de miembro del BP, secretario de propaganda y redactor de L’Emancipation Nationale y de La Liberté. En enero de 1939 Marion rompió con Doriot y dimitió del partido, se dedicó al estudio y publicó Leur combat, un libro sobre la propaganda en los regímenes italiano, alemán, soviético y español. Movilizado en agosto de 1939, Marion fue hecho prisionero por los alemanes a finales de junio de 1940.

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Jacques Doriot, líder del Partido Popular Francés.

Liberado en enero de 1941, a finales de febrero fue nombrado secretario general de la Información y la Propaganda en el Gobierno del almirante Darlan. Marion jugó un papel para nada secundario en el régimen de Vichy: conjuntamente con el entonces ministro del Interior, Pucheu, intentó centralizar y controlar toda la propaganda y luchó constantemente por la creación de un partido único inspirado en los modelos italiano y alemán. Considerado uno de los más fervientes colaboracionistas del Gobierno de Vichy, Marion se quedó –aunque con menos poder a partir de diciembre de 1942– hasta el final, ocupó también el cargo de presidente del Comité des Amis de les Waffen SS français en la primavera de 1944 y redactó y leyó los editoriales de Radio Inter-France entre julio y agosto del mismo año. En septiembre siguió a Pétain, Laval y el reducto de los colaboracionistas parisinos hasta el castillo de Sigmaringen, donde se quedó aislado y políticamente inactivo hasta abril de 1945. Refugiado cerca de Innsbrück, el 12 de julio se entregó a las tropas francesas. En el juicio de la Haute Cour de Justice de diciembre de 1948 fue condenado a diez años de cárcel. Como muchos otros colaboracionistas, logró recuperar la libertad en verano de 1951, pero ya muy enfermo murió en París el 3 de marzo de 1954.


¿Quién fue Óscar Pérez Solís?

Si cruzamos los Pirineos y llegamos a España, nos encontramos con otra biografía interesante en el marco de los tránsfugas europeos de entreguerras: la de Óscar Pérez Solís (Bello, Asturias 1882 – Valladolid, 1951). Hijo de un militar y de una “noble en decadencia”, vivió su infancia entre Galicia y Asturias. En 1898 entró en la Academia de Artillería de Segovia, y llegó a ser teniente a los 21 años. Alrededor de 1905, en Las Palmas, la amistad con el soldado Juan Salvador lo acercó al anarquismo.

Pérz SolísLa vuelta a la Península –esta vez Valladolid–, la muerte de Juan Salvador y las lecturas de los clásicos del marxismo lo acercaron pronto al socialismo. En noviembre de 1909 visitó por primera vez el Centro Obrero Pucelano, donde conoció al líder socialista local, Remigio Cabello, y en abril de 1910 ingresó en la Agrupación Socialista Vallisoletana. Desde aquel entonces fue cada vez más activo, hasta que el 12 de junio de 1912 se le obligó a dejar el Ejército.

Este acontecimiento consagró definitivamente su vida a la política. En la Valladolid de los años diez, Pérez Solís alcanzó cierta fama: fundó con Cabello el semanario socialista Adelante, se presentó en varias ocasiones a las elecciones –logró ser elegido concejal–, y lideró la famosa huelga de los ferrocarriles de 1916 y la huelga de marzo de 1917. El fracaso de esta última huelga y las críticas por su conducta lo llevaron a dimitir y darse de baja del PSOE. Pérez Solís se quedó entonces alejado del partido, apoyando posiciones que él mismo no se preocupó de definir cercanas a la izquierda monárquica.

Intentó fundar –sin éxito– un nuevo partido “socialista aristocrático” (el PSI), escribió para El Sol y España y fue promotor –tras conocer a Cambó– de un regionalismo castellano dentro de una España federal. En septiembre de 1920, recién elegido diputado provincial para la Diputación, tuvo que dejar la capital castellana por una sentencia de destierro debido a un artículo acusatorio contra el cacique local, Santiago Alba.

Confiando en su moderantismo, Indalecio Prieto lo llamó a Bilbao para dirigir La Lucha de clases, pero el contacto con la realidad obrera vizcaína, tan distinta de la tranquila Valladolid, provocó un fuerte giro a la izquierda en sus posiciones. De partidario del ala derecha del PSOE, favorable a un socialismo práctico que superase la fórmula de clase contra clase y que defendiese una democracia anticaciquil, Pérez Solís se convirtió de repente en uno de los más radicales promotores de las tesis tercerinternacionalistas: en el Congreso Extraordinario del PSOE de abril de 1921 fue él quién leyó la declaración de escisión y de fundación del Partido Comunista Obrero Español [PCOE]. En los siguientes “años terribles”, como él mismo los definió en sus memorias, Pérez Solís lideró a los comunistas vizcaínos con su inagotable activismo, que muchas veces transpasaba la delgada línea que lo separaba de la violencia.

En agosto de 1923 fue herido gravemente por el asalto de la policía a la Casa del Pueblo de Bilbao, donde estaba al frente de un comité de huelga. Dirigió La Bandera Roja, colaboró con L’Humanité y fundó en verano de 1921 Las Noticias, un periódico comunista financiado por los nacionalistas vascos con el imprimátur del obispo Eijo y Garay. Después de la instauración de la dictadura del general Primo de Rivera, en verano de 1924 Pérez Solís participó en el V Congreso de la Internacional Comunista en Moscú, fue nombrado delegado español en la IC, y entre finales de 1924 y la primavera de 1925 fue nombrado secretario del PCE, e intentó reorganizar en la clandestinidad el pequeño partido. Pérez Solís atacó duramente las posiciones de Peiró y Pestaña, coincidiendo en un primer momento con Maurín y en un segundo momento con Bullejos y Trilla.

Picavea

Detenido en Barcelona el 13 de febrero de 1925, fue encarcelado en Montjuic, desde donde siguió su labor en el PCE como director de La Antorcha, defendiendo la línea de la dirección del Partido representada por Bullejos y Trilla contra las desviaciones de Zalacaín y Maurín, entre otros. Las charlas con el Padre Gafo, un domínico activo en el sindicalismo libre, lo llevaron a convertirse al catolicismo y a abjurar del comunismo: en agosto de 1927 salió de la cárcel y desde 1928 trabajó en la administración de CAMPSA en Valladolid. Allí, entre el final de la dictadura primorriverista y la instauración de la Segunda República, cobró nuevo protagonismo dirigiendo el periódico católico Diario Regional. En los años siguientes escribió en la prensa católica y de derechas tanto vallisoletana como nacional, se incorporó cada vez más a las posiciones de la derecha radical, llegó a colaborar con la revista Acción Española de Ramiro de Maeztu y se afilió pronto a la Falange.

El 18 de julio de 1936 Pérez Solís se encontraba en Oviedo como enlace de los sublevados. En la capital del Principado estuvo al mando de una compañía en la defensa de la ciudad, sitiada por la tropas republicanas. Nombrado Delegado Sindical y Delegado de Trabajo en Valladolid en julio de 1938, con el fin de la Guerra Civil se retiró a la vida privada. Continuó su actividad periodística –por la cual recibió, entre otros, el Premio Nacional de Periodismo Francisco Franco en 1943– y literaria, y publicó –después de los panfletos de su época socialista y comunista, de sus memorias tras la conversión al catolicismo y de la crónica de la defensa de Oviedo– un estudio sobre el que fue su referente intelectual, el cántabro Ricardo Macías Picavea. Murió en Valladolid el 26 de octubre de 1951.

¿Podemos extraer conclusiones generales sobre este transfuguismo o responde a dinámicas individuales?

Claro está que las diferencias son muchas. No puede ser de otra manera cuando hablamos de tres dirigentes políticos en tres contextos nacionales distintos en un mundo que aún no se había globalizado como en los últimos treinta años. De todos modos, las analogías son muchas.

Para empezar, el estudio de estas tres distintas derivas fascistas es una demostración más de la peculiar naturaleza del fascismo y de lo que  el historiador George L. Mosse definió como el “mito fascista”, basado en la mística patriótica, las tradiciones revolucionarias y dinámicas, y la continuación de la experiencia bélica en tiempos de paz. Los tránsfugas son una perfecta ejemplificación de la acción de recuperación del fascismo y de su naturaleza ambivalente y ecléctica. Estudiar la trayectoria humana y política y el lenguaje político de Nicola Bombacci, Paul Marion y Óscar Pérez Solís debería representar una tesela más para reconstruir el mosaico fascista y su inmensa –y hoy en día casi incomprensible– capacidad de convencer y vencer, no solo con la violencia, la represión y el control más o menos totalitario de la sociedad, sino también, y probablemente sobre todo, ofreciendo un proyecto poliédrico que podía adaptarse a tiempos y lugares diferentes.

Siguiendo las propuestas interpretativas que el también historiador Philippe Burrin avanzó hace un cuarto de siglo para el caso francés en su maravilloso libro La dérive fasciste. Doriot, Déat, Bergery 1933-1945 (París, Seuil, 1986), que, vale la pena subrayarlo, es uno de los poquísimos estudios serios sobre esta cuestión, existen algunas “pasarelas” hacia el fascismo. Estudiando los casos del comunista Doriot, del socialista Déat y del radical Bergery, Burrin reconoce tres elementos que sirven de pasarelas hacia el fascismo durante una crisis nacional y/o durante una disidencia: principios de organización y métodos políticos; valores irracionales y valores ideológicos. Para los casos de Bombacci, Marion y Pérez Solís, aparte de unas pasarelas, estos elementos son en primer lugar unos puntos en común y unas constantes, es decir, unos elementos presentes durante toda su vida. Los elementos que se han reconocido son cinco:

a) El valor otorgado a la acción, el dinamismo y la praxis, que se presenta como forma de incesante activismo político desde el punto de vista personal –mezclado con una especie de incapacidad de “no actuar”–, como concepción de la política misma como acción y también en la idea del fascismo concebido como dinamismo, como un continuum en transformación;

b) El valor otorgado a las minorías, las élites y las vanguardias revolucionarias, muchas veces acompañado de una idea fuertemente negativa del pueblo y las masas y que, en general, se juntaba con un cierto gusto por el autoritarismo y la autorreferencialidad, cuestiones que derivaban directamente de la Gran Guerra y su violencia;

c) Una fe inquebrantable en la revolución, característica que se yuxtapone a la política concebida como acción;

d) La presencia constante de enemigos comunes, como la democracia liberal, el parlamentarismo, la burguesía y el capitalismo;

e) La importancia de una concepción del mundo antimaterialista, fuertemente idealista y en determinados momentos claramente religiosa.


Adolf Hitler Saluting, 1934

El nacionalismo es un componente central del transfuguismo desde la izquierda al fascismo.

A estos cinco elementos cabe añadir un sexto elemento, absolutamente central y al cual se debe el título del libro: la nación. Sin este factor no es posible concebir el tránsito que un número para nada desdeñable de dirigentes políticos de la primera mitad del siglo pasado realizó de la izquierda al fascismo. La sustitución del concepto de clase (pero no solamente del concepto, también de la categoría interpretativa y de la palabra misma) por el concepto de nación en el pensamiento y el lenguaje político es un punto imprescindible para que se pueda aceptar el fascismo, como opción política y como ideología. La nación, suelo decir, es un peso que dobla la espalda de Bombacci, Marion y Pérez Solís y que convierte a unos importantes cuadros comunistas en unos propagandistas y en unos dirigentes fascistas.

Como afirmó Zeev Sternhell al estudiar la trayectoria de Mussolini y de los sindicalistas revolucionarios italianos que acabaron en el fascismo –en el otro libro imprescindible, junto al de Burrin, para encarar esta cuestión: Naissance de l’idéologie fasciste (París, Fayard, 1989)–, la clave está en la unión de muchos factores presentes ya en la manera de concebir la política durante la militancia socialista/comunista (el anticapitalismo, el activismo, el mito de la revolución, el odio por la democracia liberal y el parlamentarismo, la importancia otorgada a las élites) con el concepto de nación (que sustituye al internacionalismo), en determinados momentos históricos, generalmente marcados por la guerra (militar y/o política). Todo esto dentro de una revisión del marxismo de tipo antimaterialista.

¿Esto basta para comprender el tránsito de la izquierda al fascismo a inicios del siglo XX? 

Probablemente no, no es suficiente. La presencia de los cinco elementos enumerados anteriormente y la sustitución del concepto de clase por el de nación no consiguen desmontar completamente los tópicos del oportunismo y la teoría de los opuestos extremismos. Al análisis propuesto se debe añadir un “prisma” que pueda facilitar la lectura de estas vidas: la pasión de la política. Es ésta una cuestión compleja que la historiografía no ha investigado hasta ahora con la necesaria atención. Los dirigentes políticos que pasaron de la izquierda al fascismo en el período de entreguerras son una de las muchas ejemplificaciones en carne y hueso de esta pasión que atraviesa todo el siglo XX.

Se conciben las pasiones políticas como una problemática y un método distinto respecto al método demopolitológico y al método clasista: es decir, como el estudio no de reglas, ni de fuerzas objetivas, sino más bien de la subjetividad, en el interior de sus energías materiales. La pasión política no es entonces algo puramente platónico, desconectado del mundo, o algo neorromántico y neoidealista, sino algo tangible y real: la pasión por un cuerpo, que en el siglo XX, el siglo de los grandes partidos, no es otra cosa que la pasión por un partido.

El partido no fue una mera representación electoral o de intereses económicos y de clase, sino esencialmente un cuerpo apasionado, constituido por el entusiasmo, basado en el voluntariado y la pura pasión. Léase, entre otros, el Gramsci de lo Cuadernos de la cárcel o aquel maravilloso ensayo de Albert O. Hirschmann titulado Las pasiones y los intereses. Los tránsfugas, cuyas trayectorias se han investigado en este libro, declararon abiertamente la importancia que las pasiones tuvieron durante su itinerario político y subrayaron también, directa o indirectamente, la centralidad de las pasiones en la historia. Claro está que los tránsfugas no fueron los únicos que demostraron el peso y la importancia de las pasiones en la política de la primera parte del siglo XX.

Pero no cabe duda de que fueron un caso peculiar: al no querer renunciar a la pasión política que habían expresado en el partido comunista y/o socialista (y que estos partidos habían sabido –no sin contradicciones– canalizar y racionalizar), los Bombacci, los Marion y los Pérez Solís decidieron mantener esta pasión, pervirtiéndola, modificando su significado y cambiando su dirección, hasta convertirla en una pasión que se expresaba en el único partido existente (que canalizaba y racionalizaba esta pasión), después de que el fascismo llegó al poder en Italia, España y Francia en 1922, 1936 y 1940, respectivamente.

Freikorps

 Los partidos fascista y nazi volvían a dar vida a la camaradería guerrera. Imagen de Freikorps.

La diferencia entre estos diferentes cuerpos es de todos modos evidente: si los partidos socialista y comunista eran los cuerpos de un amor de justicia social –aunque cruel en algunos casos–, los partidos fascista y nazi eran cuerpos que volvían a dar vida a la camaradería guerrera que amaba el odio y se identificaba solo como enemigo de enemigos. Baste un ejemplo. En noviembre de 1933 Bombacci escribió no estar carente “della passione politica e dei requisiti richiesti per una dedizione completa all’ideale”. ¿Es solo una casualidad que Bombacci utilice este término en una carta dirigida al mismo Mussolini que se puede considerar su íntimo acto de conversión al fascismo? Yo creo que no…


ENTREVISTA A STEVEN FORTI: “LOS TRÁNSFUGAS DE LA IZQUIERDA A LA DERECHA DE ENTREGUERRAS NO FUERON LA EXCEPCIÓN, SINO LA REGLA”

marzo 2, 2013
Steven Forti

STEVEN FORTI (Trento, 1981) es doctor en Historia por la Universitat Autònoma de Barcelona y la Università di Bologna. Sus investigaciones están orientadas hacia la historia política del siglo XX, con particular atención a la de Europa de entreguerras en una perspectiva comparada. Así, se doctoró con la tesis El peso de la nación. Nicola Bombacci, Paul Marion y Óscar Pérez Solís en la Europa de entreguerras. Fue galardonada con el premio de la Cátedra Juana De Vega y el accésit del Premio Miguel Artola de la Asociación de Historia Contemporánea.

Más allá de tales reconocimientos, su trabajo disecciona un aspecto llamativo del radicalismo político: el tránsito del comunismo al fascismo a partir de las tres figuras políticas que dan título al mismo: el italiano Bombacci, el francés Marion y el español Pérez Solís.

La obra será publicada en la primavera de 2013 por la Universidad de Santiago de Compostela (a la vez que también verá la luz su Historia de los trabajadores de la construcción de CCOO de Cataluña, 1964-1992). Su tema nos ha parecido atractivo para nuestros lectores y le hemos entrevistado mediante un cuestionario.

Dada la extensión de sus respuestas publicamos la entrevista en dos partes. Esta es la primera y ela siguiente entrada mostrará la segunda. Le agradecemos desde aquí que haya accedido a nuestra petición, pues sus reflexiones permiten adentrarse en un tema poco explorado: el del tránsito del comunismo al fascismo.

¿Por qué le atrajo el transfuguismo del comunismo al fascismo como tema de estudio?

A veces uno acaba interesándose en algo y estudiando algo por casualidad. Hace aproximadamente una década me regalaron un libro, Il comunista in camicia nera, de Arrigo Petacco, una vulgarización repleta de imprecisiones de la vida de Nicola Bombacci. La verdad es que, más allá de la pésima novelización histórica de Petacco, el protagonista del libro me impresionó y me fascinó. Su trayectoria humana y política entre el socialismo maximalista y el fascismo, entre la fundación del Partido Comunista de Italia y la República de Saló, me pareció como mínimo extraña, aparentemente inexplicable, ciertamente excéntrica.

Me puse poco a poco a investigar más sobre Bombacci y me di cuenta de que la idea que había tenido al principio –Bombacci fue un voltagabbana o tránsfuga, como muchos que vistieron la camisa negra cuando el fascismo llegó al poder– no tenía consistencia tras un análisis histórico mínimamente serio. ¿Qué clase de oportunista podía ser Bombacci?

Si lo miramos desde un enfoque puramente de cálculo egoísta, su decisión de mantenerse antifascista (o como mínimo “afascista”) durante toda la primera década del régimen y su última decisión de seguir a Mussolini hasta el pelotón de fusilamiento de los partisanos no tiene sentido alguno. Si pensamos que uno de los fundadores del PCd’I acabó en Piazzale Loreto, después de no haber gozado de muchos favores durante el ventennio, mientras que jerarcas como Dino Grandi, Galeazzo Ciano, Giuseppe Bottai votaron en contra de Mussolini en la noche del 25 de julio o que el mismo Mariscal Pietro Badoglio sustituyó a Mussolini y lo hizo encarcelar tras veinte años en los más altos escalafones del régimen, algo no encaja. ¿Por qué Bombacci decidió llegar hasta el punto de morir por el fascismo? ¿Por fe? ¿Por ideología? ¿Por pasión?

Estas preguntas llevaban a otra pregunta: ¿Bombacci fue un caso excepcional? Según la historiografía existente y según las vulgarizaciones periodísticas, Bombacci fue una rara avis y un caso border line, único y casi irrepetible.

PCI

El transfuguismo del comunismo al fascismo en la Europa de entreguerras ha sido poco estudiado.

Leyendo más e investigando más sobre la cuestión, me di cuenta de que el caso de Bombacci no fue una excepción y de que su trayectoria tampoco fue tan extraña. En la Italia del período de entreguerras no fueron pocos los dirigentes políticos y sindicales de partidos de izquierda que se convirtieron al fascismo, sustituyendo el internacionalismo proletario por el culto de la nación, la lucha de clases por la armonía social, y el materialismo dialéctico marxista por un fuerte antimaterialismo espiritualista entrelazado a los valores cristianos.

Algunos de ellos fueron unos oportunistas, aprovechándose de las dinámicas políticas nacionales para llegar a posiciones de poder político y económico; otros no lo fueron, tomando unas decisiones que, como en el caso de Bombacci, nos pueden parecer como mínimo ilógicas desde el punto de vista económico. La pregunta que se hallaba al principio de todo empezaba a tener más importancia y la respuesta se hacía paulatinamente más complicada. ¿Cuánto peso se debía dar a las razones ideológicas en estos tránsitos de la izquierda al fascismo? ¿Cuánto influyó la pasión de la política y la pasión por la política en estos casos de transfuguismo.

¿Fue el transfuguismo una realidad política esencialmente italiana?

Al tener una visión más o menos completa del panorama italiano de entreguerras, se me planteó una pregunta más: ¿fue el caso de Italia una excepción en el conjunto europeo? O, más bien, ¿fue la normalidad? Decidí comparar el caso italiano con los casos de dos países de la Europa mediterránea: Francia y España.

Y, teniendo en cuenta las diferencias cronológicas y las distintas dinámicas nacionales, las analogías resultan ser más numerosas que las diferencias. Italia no fue una excepción.

En Francia hubo un número semejante de casos de dirigentes políticos y sindicales de formaciones políticas de izquierda que pasaron a las organizaciones fascistas en los años veinte y treinta, y en España el número de los tránsfugas en aquellos años no fue para nada desdeñable. Me dí cuenta de que la cuestión empezaba a tener una importancia y un peso bien diferente: el intento de encontrar una respuesta al caso aparentemente estrafalario de Bombacci me había llevado a plantearme una serie de preguntas sobre la historia política y del pensamiento político de la primera mitad del siglo XX.

¿Por qué hasta ahora no se ha investigado seriamente la cuestión del tránsito de la izquierda al fascismo en la Europa de entreguerras? ¿Por qué en los raros estudios existentes acerca de trayectorias de este tipo y sobre todo en las referencias a estos personajes en las historias del movimiento obrero de Italia, Francia y España no se ha logrado en la mayoría de los casos ir más allá de juicios políticos ex post y de condenas morales (o ridículas apologías)? O, en los mejores de los casos, sobre todo después de 1989, ¿por qué no se ha ido más allá de la utilización de estas trayectorias como demostración de la validez de la lógica de los opuestos extremismos, cimiento de la teoría del totalitarismo? Y, sobre todo, ¿qué han significado en la historia política y en la historia del pensamiento político de la época contemporánea estos tránsitos de la izquierda al fascismo?

¿Cree que el transfuguismo de la extrema izquierda a la ultraderecha fue frecuente? 

Yo no hablaría de transfuguismo de la extrema izquierda a la extrema derecha. Prefiero hablar de transfuguismo de la izquierda a la derecha en términos más amplios: el riesgo es de no tener en cuenta casos interesantes, como el del socialista Marcel Déat o de un reformista de izquierdas como Gaston Bergery. Sus orígenes, por ejemplo, no son la extrema izquierda, sino una socialdemocracia crítica con la experiencia soviética. Aclarado esto, suelo decir que los tránsfugas de entreguerras no fueron la excepción, sino la regla de la historia política.

Claro está que afirmar esto no es nada más que una provocación, pero algo de verdad hay en esta frase. Los números nos ayudan a entender la envergadura del fenómeno. Un fenómeno –hace falta recordarlo– que se ha estudiado solo en el caso de cuadros de formaciones políticas y no en los casos de los militantes o de los intelectuales. Pues, en este libro, más allá de los tres casos principales de Bombacci, Marion y Pérez Solís, he trazado la biografía de unos cincuenta dirigentes políticos de cierta envergadura que entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial dejaron su familia política de origen para pasar armas y bagajes a los respectivos movimientos fascistas que se crearon en estos tres países.

Los casos son distintos como lo son las vidas de estos individuos: comunistas, socialistas, sindicalistas revolucionarios o repúblicanos de izquierdas con diferencias en cuanto a familia, clase social, profesión, militancia… Y los tránsitos responden a estas diferencias, lógicamente.

Entre los seguidores de Mussolini de la primera hora figuraron significados izquierdistas.

Cobran importancia las dinámicas similares, como el heterogéneo grupo de los sindicalistas revolucionarios italianos –como Ottavio Dinale, Edmondo Rossoni, Tullio Masotti, Giovanni Bitelli, Livio Ciardi – que siguieron a Mussolini ya en la elección intervencionista de la Gran Guerra y en la fundación de los Fasci di Combattimento en la Piazza San Sepolcro de Milán en marzo de 1919. O a otros sindicalistas revolucionarios italianos que abrazaron el fascismo solo después de la Marcha sobre Roma, como Walter Mocchi, Amilcare De Ambris, Alibrando Giovannetti, Nicola Vecchi y Pulvio Zocchi, o con la Guerra de Etiopía de 1935, como en el caso de Arturo Labriola.

En Francia encontramos también una especie de grupo compacto: los comunistas franceses cercanos a Jacques Doriot, como Henri Barbé, Marcel Marschall, Alexandre Abremski, Victor Barthélemy, Victor Arrighi, Paul Guitard, Jean Fontenoy, François Chasseigne y Camille Fégy, que siguieron al alcalde de Saint Denis cuando dejó el PCF y fundó el Partido Popular Frances en junio de 1936.

En España hay menos casos respecto a Francia e Italia, debido, entre otras motivaciones, a la ruptura brutal de la Guerra Civil. Dos cosas resultan sintomáticas: los casos de tres de los fundadores de los dos Partidos Comunistas que se constituyeron en España en 1920 y 1921 (Pérez Solís, Ramón Merino Gracia y Mariano García Cortés) y los casos de la militancia juvenil de muchos de los miembros del primer núcleo de las JONS.

Nicola Bombacci

Nicola Bombacci en el centro de la imagen.

¿Quién fue Nicola Bombacci? 

Nicola Bombacci fue un personaje extramademente interesante de la historia política italiana de la primera parte del siglo XX. Un personaje incómodo que por mucho tiempo se ha querido olvidar o recordar de una forma grotesca y caricatural. Hasta los años ochenta del siglo pasado, en un número no despreciable de casos, el nombre de Bombacci había prácticamente desaparecido de los libros sobre el movimiento obrero italiano, el Partido Socialista y los orígenes del Partido Comunista. ¡Pero Bombacci había sido el secretario del PSI en el periodo clave del “biennio rosso” y, conjuntamente con Bordiga, Gramsci, Terracini y Togliatti, fue uno de los fundadores del PCd’I en Livorno en enero de 1921!

Como decía antes, este ha sido un punto clave para el comienzo de mis investigaciones hace unos años. Es decir, ¿cuál era la razón de este olvido y de aquella especie de banalización de su figura y de su trayectoria? De hecho, si algo se decía de Bombacci era para reirse de un caso border line, de un personaje de novela surrealista o para condenar al traidor de la clase trabajadora. La respuesta, claro está, se encuentra en su dramático final: el 28 de abril de 1945 Bombacci acabó fusilado a orillas del lago de Como con el fundador del fascismo, Benito Mussolini, y, al día siguiente, colgado por los pies en la gasolinera de Piazzale Loreto en Milán al lado del Duce, de su amante, Claretta Petacci, y de algunos jerarcas del fascismo de Salò, bajo un cartel en el que escribieron “Supertraditore”.

Parece una broma de la historia y un gran regalo para los defensores de la teoría del totalitarismo… ¿Es esta una razón suficiente para borrar del mapa a un personaje sin duda sui generis, pero también muy interesante para entender tanto el nacimiento, el auge y la derrota del movimiento obrero italiano en la época liberal como la rápida victoria del fascismo y su capacidad para conseguir el consenso de buena parte de la sociedad italiana?

Es interesante notar una cosa más: si a mediados de los ochenta se impulsaron algunas investigaciones históricas serias sobre la biografía de Bombacci que se convirtieron en publicaciones, como las de Serge Noiret y Guglielmo Salotti,1 en el último año y medio en Italia se han publicado tres libros sobre su itinerario político que son absolutamente prescindibles. O, más bien, son publicaciones peligrosas, ya que simpatizan con el personaje sin presentar nuevos descubrimientos en archivos, alejándose de una verdadera investigación histórica y acercándose a pseudo-hagiografías hechas por sectores de la derecha o la extrema derecha. En el verano de 2011 se publicó el libro Sangue romagnolo. I compagni del Duce. Arpinati, Bombacci, Nanni escrito por Giancarlo Mazzuca, periodista y entonces diputado por el partido de Berlusconi,2 mientras que en otoño de 2012 salieron dos volúmenes escritos por jóvenes estudiantes de la universidad y publicados por editoriales cercanas a la derecha política italiana, sobre todo en un caso.3 Y, last but not least, en noviembre de 2012 la editorial neofascista española, Ediciones Nueva República, publicó casi todos los escritos del Bombacci fascista traducidos al castellano con una introducción de Erik Norling.4 ¿Es solo una extraña coincidencia que en un momento de gravísima crisis económica, social y política distintos sectores de la (extrema) derecha política y mediática recuperen la figura de Bombacci?

Pero volvemos a la biografía de Bombacci. Nacido el 24 de octubre de 1879 en Civitella di Romagna, un pueblo muy cercano a Predappio, donde cuatro años más tarde nació Mussolini, después de una breve experiencia en el seminario, Bombacci se convirtió en maestro. Fue activo en el mundo sindical desde principios de siglo en el norte de Italia, entre Crema, Piacenza y Cesena, y consiguió ser elegido miembro del Consejo Nacional de la Confederación General del Trabajo (CGdL) en 1911.

En Módena, durante el primer conflicto mundial, fue el líder indiscutible del socialismo local: entre las guerras balcánicas y la Revolución Rusa fue al mismo tiempo secretario de la Bolsa de Trabajo, secretario de la Federación socialista provincial de Módena y director del periódico socialista Il Domani. En julio de 1917, fue nombrado miembro de la dirección del Partido Socialista italiano, en el que colaboró con el intransigente secretario del partido Costantino Lazzari y el director del periódico socialista Giacinto Menotti Serrati. En 1918, el último año de guerra, después de las detenciones de Lazzari en enero y Serrati en mayo, Bombacci se quedó prácticamente solo al timón del partido.

Favorable a una política firmemente antirreformista, centralizó y verticalizó todo el socialismo italiano: por primera vez las federaciones provinciales del partido y el grupo parlamentario socialista (GPS) dependieron directamente de la dirección del PSI, a la cual se conectaban también las organizaciones sindicales y cooperativistas rojas. En agosto de 1919 redactó con Serrati, Gennari y Salvadori el programa de la fracción maximalista, que ganó en el XVI Congreso Nacional del PSI (Bolonia, 5-8 de octubre de 1919). Fue elegido secretario del partido el 11 de octubre y, al mes siguiente, en las primeras elecciones políticas generales de la posguerra, consiguió el acta de diputado en la circunscripción de Bolonia con más de cien mil votos. Fue sin duda una de las figuras más importantes y visibles del socialismo maximalista del “biennio rosso”.

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Bombacci  fue una de las figuras más importantes del socialismo maximalista del “biennio rosso” (imagen de “guardias rojos” durante este bienio).

En enero de 1920 presentó un proyecto de constitución de los Soviets en Italia, que obtuvo pocos consensos y muchas críticas y contribuyó de todas formas a abrir un intenso debate teórico en la prensa socialista. En el mes de abril Bombacci fue el primer socialista italiano en encontrarse con los representantes bolcheviques en Copenhague, y en ese mismo verano fue uno de los miembros de la delegación italiana en la Rusia soviética, donde formó parte del Segundo Congreso de la Internacional Comunista. Ese otoño fundó la Fracción comunista del PSI, conjuntamente con Antonio Gramsci, Amadeo Bordiga, Egidio Gennari y Antonio Graziadei. Como director del periódico Il Comunista, en el XVII Congreso Nacional del PSI (Livorno, 15-21 enero 1921), optó claramente por la escisión, y llegó a ser uno de los miembros del Comité Central del nuevo Partido Comunista de Italia, sección italiana de la III Internacional (PCd’I).

Bombacci fue elegido diputado en las listas comunistas en mayo de 1921 por la circunscripción de Trieste, pero se quedó aislado respecto a los ordinovistas de Gramsci, Togliatti, Terracini y Tasca y los abstencionistas de Bordiga, no tenía pues una propia corriente en el nuevo partido. Bombacci se situó entonces en el ala derecha del nuevo PCd’I con Misiano y Presutti, favorable al reacercamiento con los maximalistas del PSI y contraria al partido sectario e ideologizado de Bordiga. Rápidamente se lo apartó de los centros directivos comunistas, empezando por el CC del partido.

La polémica llegó hasta las más altas esferas soviéticas en diciembre de 1923, cuando el Comité Ejecutivo del PCd’I decidió unilateralmente su expulsión del partido sin consultar a la Internacional Comunista. Se acusaba a Bombacci, entonces secretario del Grupo Parlamentario Comunista, de haber hecho referencia a una posible unión de las dos revoluciones –la bolchevique y la fascista– en una intervención en la Cámara del 30 de noviembre de 1923. De hecho, Bombacci, bajo consejo del embajador soviético en Italia, Jordanski, había puesto sobre la mesa la cuestión de un tratado económico italo-ruso, muy deseado por el Kremlin. En enero de 1924, se le llamó a Moscú, donde representó a la delegación italiana en los funerales de Lenin. Zinoviev decidió su reincorporación al PCd’I, en aquellos meses diezmado por la campaña de detenciones del Gobierno fascista de Mussolini.

Pero de vuelta a Italia, Bombacci no participó casi nunca en la actividad del Partido Comunista y empezó a trabajar para la Embajada rusa en Roma, al servicio del comercio y la diplomacia soviética. En 1925 fundó la revista L’Italo-Russa y una homónima sociedad de import-export, que ya a finales del año siguiente desaparecieron. Su alejamiento del partido fue evidente y en julio de 1927 los dirigentes comunistas italianos en el exilio decretaron su expulsión definitiva.

En los años siguientes Bombacci siguió viviendo en Roma con su familia. La colaboración con la embajada soviética parece que no se prolongó más allá de 1930. Las necesidades económicas y la difícil situación de salud de su hijo Wladimiro, que necesitaba curas por una grave enfermedad, lo llevaron a pedir ayuda a jerarcas del régimen y luego al mismo Mussolini, con el cual había tenido relaciones políticas en la etapa giolittiana. El Duce le concedió unas cuantas subvenciones y le encontró un empleo en el Instituto de Cinematografía Educativa de la Sociedad de Naciones en Roma.

A partir de 1933 Bombacci se acercó cada vez más al fascismo. A principios de 1936, Mussolini le permitió fundar La Verità, una revista política alineada con las posiciones del régimen, que, aparte algunas interrupciones debidas a la oposición del fascismo intransigente, se publicó hasta julio de 1943. En el proyecto colaboraron otros exdirigentes políticos de partidos de izquierda como Alberto y Mario Malatesta, Ezio Riboldi, Walter Mocchi, Giovanni Bitelli, Angelo Scucchia, Giovanni Di Legge, Mario Guarnieri y Silvio Barro. Bombacci no obtuvo nunca el carnet del Partido Nacional Fascista (PNF), aunque lo pidió más de una vez al jefe del fascismo, a quién escribía a menudo.

Los cadáveres de Mussolini y Bombacci fueroncolgados en Piazzale Loreto.

Después de la caída del fascismo el 25 de julio de 1943 y de la liberación de Mussolini en septiembre, con la siguiente creación de la República Social Italiana, Bombacci decidió ir voluntariamente a Saló, donde parece que fue una especie de consejero de Mussolini. Desde entonces el fundador del PCI alcanzó más protagonismo. Su capacidad oratoria y su cercanía al mundo de las clases trabajadoras podían ser útiles para la propaganda fascista. Bombacci publicó unos cuantos opúsculos sobre los peligros del bolchevismo y la degeneración estaliniana de los principios socialistas, dio conferencias entre los obreros en las plazas del norte de la península y se preocupó de la cuestión social, e incluso llegó a ser considerado uno de los redactores del proyecto de la “socialización”, muy publicitado por el fascismo republicano. Bombacci se quedó junto a Mussolini hasta el final en Piazzale Loreto que he recordado anteriormente.

[continuará en la siguiente entrada]

Notas

1 Guglielmo Salotti, Nicola Bombacci da Mosca a Salò, Roma, Bonacci, 1986 (edición revisada y ampliada: Nicola Bombacci. Un comunista a Salò, Milán, Mursia, 2008) y Serge Noiret, Massimalismo e crisi dello stato liberale. Nicola Bombacci (1879-1924), Milán, FrancoAngeli, 1992.

2  Giancarlo Mazzuca y Luciano Foglietta, Sangue romagnolo. I compagni del Duce. Arpinati, Bombacci, Nanni, Bolonia, Minerva, 2011. Aquí se puede leer una reseña crítica que publiqué en la revista digital italiana Storicamente: http://www.storicamente.org/03_biblioteca/schede/mazzucca_forti.html Antes de este libro, otra vulgarización banalizante, repleta de errores historiográficos y que hacía guiños a la derecha en el análisis de la trayectoria de Bombacci, fue la de Arrigo Petacco, Il comunista in camicia nera. Nicola Bombacci tra Lenin e Mussolini, Milán, Mondadori, 1996.

3 Daniele Dell’Orco, Nicola Bombacci, tra Lenin e Mussolini, Cesena, Historica, 2012 y Claudio Cabona, Nicola Bombacci. Storia e ideologia di un rivoluzionario fascio-comunista, Génova, Liberodiscrivere, 2012.

4 Nicola Bombacci, Mi pensamiento sobre el bolchevismo, introducción de Erik Norling, Molins del Rei, Ediciones Nueva República, 2012.


ENTREVISTA JOSÉ FERNANDO MOTA: “EL ESPAÑA CLUB FUE LA TAPADERA DE LA ULTRADERECHA ESPAÑOLA EN LA BARCELONA DE 1935″

febrero 8, 2013

JoseFernandoMota¿ERA DISTINTA YA EN LOS AÑOS TREINTA LA ULTRADERECHA BARCELONESA DE LA MADRILEÑA? El historiador José Fernando Mota ha publicado un extenso trabajo sobre el tema:Precursores de la unificación: el España Club y el Voluntariado Español, una experiencia unitaria de la extrema derecha barcelonesa (1935-1936)” en la revista académica Historia y política.

Mota,  que es igualmente diplomado en Biblioteconomía y Documentación,  es autor de La República, la guerra i el primer franquisme a Sant Cugat del Vallès, 1931-1941 (2001) y “Mis manos, mi capital”: els treballadors de la construcció, les CCOO i l’organització de la protesta a la Gran Barcelona, 1964-1978 (2010), así como de diferentes estudios sobre historia del movimiento obrero bajo el Franquismo, además de sobre cuestiones archivísticas.

Ello que nos ha motivado a entrevistarle, pues consideramos que su contenido puede ser interesante para nuestros lectores, ya que aborda un tema recurrente en este blog, que es el de las diferencias entre la ultraderecha española de Barcelona y la de Madrid.  En este aspecto le agradecemos su amabilidad y atención al responder a nuestro cuestionario.

¿Era distinta la extrema derecha barcelonesa de la madrileña antes de julio de 1936?

A pesar de que mis investigaciones en este campo hace poco que han comenzado, trataré de esbozar algunas ideas sobre esta cuestión. La principal diferencia, desde mi punto de vista, es la composición de éste espacio político en Madrid y Barcelona. La fuerza política de la extrema derecha barcelonesa hegemónica durante los años treinta será el carlismo, muy minoritario en el caso de Madrid. Los tradicionalistas tienen un arraigo histórico en Barcelona del que carecen en la capital española. En cambio los alfonsinos, con mayor presencia en Madrid, no pasan de ser en la ciudad condal más que un partido de cuadros. También es diferente el falangismo barcelonés, más fraccionado y muy inferior en número a sus camaradas madrileños.


albinana2En Barcelona la fuerza principal de extrema derecha hasta 1934 -carlistas a parte-, será el Partido Nacionalista Español (PNE). Este es un partido creado en 1930 y dirigido por el excéntrico doctor José Mª Albiñana (imagen de esta web), es una organización que rápidamente será marginal entre los ultras madrileños, a diferencia de lo que ocurre en Barcelona. Y es que el discurso nacionalista español siempre tendrá mucho peso entre los ultras barceloneses. Estos grupos harán gala de un españolismo exacerbado y de un anticatalanismo visceral, muchas veces más virulento que el que se expresa desde Madrid. El PNE se convertirá en el vivero que nutra de un discurso españolista y de una cultura de violencia -otra característica de los albiñistas- a buena parte de la extrema derecha barcelonesa.

PNEEncontraremos antiguos militantes del PNE en casi todos los proyectos ultras barceloneses, donde
hay una tendencia a la atomización, con la presencia de un conglomerado de grupos y grupúsculos divididos entre sí por personalismos, a los que une su antirrepublicanismo, su antiparlamentarismo, su anticomunismo, antimasonismo, antisemitismo. Y, por encima de todo, su anticatalanismo, su oposición al Estatut y la defensa de un españolismo esencialista en terreno hostil, en una Cataluña con ERC en el gobierno autonómico y una hegemonía catalanista en la sociedad. Si en Madrid los grandes enemigos de la extrema derecha serán los socialistas y comunistas, en Barcelona, donde las organizaciones marxistas por entonces son marginales, los enfrentamientos violentos se producirán básicamente con nacionalistas catalanes y especialmente los grupos independentistas, naturalmente inexistentes en Madrid.

Tanto en Madrid como en Barcelona el uso de la violencia política será una de las características de la extrema derecha. En la capital catalana, los ultras, ante su poca militancia y nula incidencia social, harán de la provocación y la pelea callejera su principal forma de hacer política. Acciones que muchas veces serán amplificadas por la prensa catalanista, dándoles un protagonismo que no corresponde a su número. En Barcelona siempre tendrá más peso la acción que la reflexión ideológica. Será en Madrid donde se publiquen las revistas teóricas de la extrema derecha y desde donde irradien las consignas al resto de España.

Seguramente los ultras barceloneses son los primeros en España en utilizar políticamente el nuevo deporte de masas, el fútbol. En ese espacio encontrarán otro campo de batalla política -simbólico y a la vez real- con los catalanistas. El R.C.D. Español se convirtió para los nacionalistas españoles en Barcelona en el equipo “que sostenía la bandera españolista en Barcelona” frente a un F.C. Barcelona identificado con el odiado catalanismo.

Un última característica que destacaría de la extrema derecha barcelonesa es la presencia de militares retirados por la ley Azaña, situados en las direcciones de varios de estos grupos, y la connivencia de un grupo de policías españolistas, que en su día se opusieron ferozmente al traspaso de las competencias en orden público a la Generalitat, con los grupos ultras más violentos.

La extrema derecha barcelonesa no saldrá nunca de su marginalidad política y social. Sólo los carlistas tendrán una militancia nutrida y mantendrán una cabecera de prensa,  El Correo Catalán; el resto de grupos, a pesar de las múltiples siglas utilizadas, no pasarán de ser cuatro o cinco centenares de militantes que pasaran por diferentes organizaciones. Siempre serán pocos y divididos.

¿Cuáles eran sus principales organizaciones?

La fuerza mayoritaria era el tradicionalismo. Tras la unificación de jaimistas, mellistas e integristas, el carlismo catalán basculó entre la participación electoral -con la Lliga o los alfonsinos- , y las actividades conspirativas, con el reforzamiento de su fuerza paramilitar, el requeté. Es una fuerza ultracatólica y antiliberal con una militancia, en muchos casos, hereditaria, que pasa de padres a hijos, de ahí que también tenga una composición más interclasista que las otras fuerzas ultras barcelonesas.

logo_PNEDentro de lo que podemos llamar españolismo reaccionario, la fuerza principal hasta 1934, como hemos visto, es el PNE. Será la cantera de un españolismo esencialista y violento en la ciudad, ya que más de 400 barceloneses pasarán por sus filas en un momento u otro entre 1930 y 1934.

Mientras, los alfonsinos eran pocos en Barcelona, algunos aristócratas, “gente bien” y profesionales. Primero funcionaron como Peña Blanca, pero tras participar en 1932 en Dreta de Catalunya, una candidatura electoral conjunta con los carlistas, tomaron ese nombre, asociándose en 1933 a Renovación Española. Tras los hechos de octubre de 1934 aglutinarán a algunos miembros de la extrema derecha provenientes de otros grupos. También dentro de los partidos que forman la CEDA, barcelonesa, creada también a partir de 1934, se agruparán sectores que participaran en las conspiraciones antirrepublicanas, especialmente en las Joventuts d’Acció Popular y en Acción Obrerista. Además, en Barcelona funcionarán otros grupúsculos reaccionarios marginales como el Partido Agrario Español, la Juventud de Acción Española, el Frente Españolista,…

Por otro lado, tenemos los grupos fascistas. Seguramente es en Barcelona donde por primera vez aparecen en España grupos que podríamos denominar protofascista, como la Liga Patriótica Española en 1919 o La Traza en 1923. Estos son grupos con una breve pero ruidosa existencia, constituyendo un semillero de militantes ultras a lo largo de los treinta. A pesar de estos precedentes, los grupos que se reclaman fascistas en la ciudad condal no tendrán más allá de dos centenares de militantes.

En 1932 se había creado un grupo de las JONS en Barcelona, formado por una docena de miembros. El grupo se unirá a la Falange de Barcelona en 1934, fundada en la ciudad a finales del año anterior, tras un viaje de José Antonio Primo de Rivera. Dentro de la FE de las JONS de Barcelona siempre funcionaron diferentes facciones internas. En 1935 será expulsada la encabezada por Fernández Ramírez y abandonarán la formación los jonsistas, que crearán un efímero Partido Español Nacional-Sindicalista (PENS). Sólo a partir de la primavera de 1936, cuando vuelvan a reunificarse, se puede considerar que son el grupo más importante de la extrema derecha, al margen de los siempre mayoritarios carlistas. A pesar de ello, en aquellas fechas no reunirían más allá de 250 militantes.

Existían además pequeños grupos de acción españolistas, los ultras broncos y camorristas. Se trata de las diminutas milicias de los partidos o colectivos autónomos como la Peña Ibérica, originariamente un grupo de hooligans del RCD Español. Militantes de estos grupos participan en peleas callejeras, asaltos a sedes independentistas, actúan como servicio de orden en mítines de oradores de la extrema derecha y colaboran en todas las conspiraciones militares. A partir de 1935 serán financiados por los alfonsinos y controlados directamente por la Unión Militar Española (UME), que propiciará la creación de nuevos grupos como los Sindicatos Libres, reconstituidos en 1934, o un grupo de acción nacido de su seno, la Agrupación de Juventudes Antimarxistas (AJA). Además de su actividad como provocadores, los golpistas les encargaron “trabajos especiales”. Miembros de estos grupos de acción serán los que estén detrás de los atentados a militares antifascistas que se producen en Barcelona en la primavera de 1936.

¿Qué papel tuvieron los civiles en la preparación del golpe?

Estuvieron siempre supeditados a los militares. Era la UME la que tomaba las decisiones y la que en buena parte los financiaba, a través, sobre todo, de fondos provenientes del mundo alfonsino madrileño. A partir de 1934, los militares golpistas fueron contactando con los diferentes grupos afines a sus objetivos en la ciudad condal. Aprovecharon la creación del España Club en 1935, una asociación creada por escindidos del PNE y policías españolistas, para utilizarla de tapadera de su Voluntariado Español. Éste reunía a las milicias o grupos de choque de los carlistas, Sindicatos Libres, falangistas disidentes, JAP, los jonsistas del PENS, las diminutas juventudes alfonsinas y la AJA.

logo_ECEstos grupos eran autónomos políticamente, pero se supeditaban en lo militar a la UME. Los únicos que no participan inicialmente en la conspiración son un PNE en decadencia y enfrentado a los fundadores del España Club, y la mayoría de Falange, que busca su propio espacio político. Cuando los militares constataron que era imposible mantener unidos a unos grupúsculos tan enfrentados entre sí, acabó con la breve experiencia unitaria. A partir de entonces cada grupo pasó a depender directamente de la UME -excepto los carlistas que siempre mantuvieron cierta autonomía- y con militantes provenientes de la Agrupación de Acción Ciudadana Armada de Barcelona,una milicia cívica creada tras los hechos de octubre de 1934 a imitación del Somatén en la que habían participado muchos ultras de la ciudad, se refundó un nuevo Voluntariado Español.

carnetaccionciudadanoarmadaEstos grupos participaron en los diferentes intentos de golpe de Estado que se produjeron en 1935 y 1936. Así, estuvieron acuartelados en sus locales en diciembre de 1935,  tras la salida de Gil Robles del Ministerio de la Guerra, y en febrero de 1936, coincidiendo con las elecciones generales a Cortes, pero en ambas ocasiones no llegó la orden de actuar.

Tras la victoria del Front d’Esquerres y el retorno de ERC al gobierno de la Generalitat, algunos de los grupos se disolvieron y el resto se concentraron sus esfuerzos en la vía golpista. En junio de 1936, ilegalizada Falange, se unieron a la conspiración los falangistas, autorizados a participar en el golpe por José Antonio Primo de Rivera ya desde la prisión. Finalmente, cuando el 19 de julio salgan a la calle para reforzar a los militares, lo harán menos de 400 civiles, la mayoría de ellos carlistas

¿Qué aspectos quedan por investigar de la ultraderecha barcelonesa de la época?

La extrema derecha barcelonesa ha sido poco estudiada. Disponemos de los trabajos de Enric Ucelay Da-Cal, centrados en los orígenes del fascismo y el españolismo en Barcelona; las obras de Joan Maria Thomàs dedicadas a la Falange y los falangistas catalanes, algún artículo de Josep Maria Solé i Sabaté y referencias en algunas obras del autor de este blog. Sobre los Sindicatos Libres tenemos la obra clásica de Colin M. Winston. El grupo más estudiado han sido los carlistas.

Autores como Pere Anguera, Jordi Canal o Robert Vallverdú han investigado el devenir de los tradicionalistas en los años treinta. Son muchos los aspectos pendientes de estudio, pero también hemos de tener en cuenta que estamos hablando de un fenómeno marginal en el panorama político y social barcelonés de los años treinta. No podemos tampoco sobredimensionar el tema, aunque sí recordar que buena parte de estos ultras formarán parte de los cuadros políticos y sindicales del Franquismo en la ciudad condal tras la guerra civil.


CATALUÑA-ESPAÑA 2013: ¿TENSIÓN MÁXIMA?*

enero 4, 2013
 Catalan Power, de Andreu Alfaro.

AL INICIARSE EL 2013 el gobierno catalán y el central pasan las horas más bajas y tensas. Bajas porque ni Mariano Rajoy ni Artur Mas tienen resultados económicos o sociales para lucir y el aumento del paro está cantado. Tensas porque Mas tiene un hito central (organizar una consulta sobre la independencia) que Rajoy ha anunciado que impedirá. En este panorama, todo indica que la movilización patriótica constituirá la munición política empleada desde la Moncloa y desde el palacio de la Generalitat, hecho que tendrá dos consecuencias previsibles.

Por un lado, se producirá un vigoroso rebrote del anticatalanismo en todo España. Por otro lado, en Cataluña se tenderá a una bipolarización creciente entre independentismo y unionismo, que conformará una suerte de “vasquización” política [como ya hemos comentado en este blog]. Esta última irá en detrimento de un catalanismo caracterizado por la transversalidad ideológica que le otorgaban sus formulaciones poliédricas (soberanismo, federalismo, autonomismo) y que facilitaba grandes consensos.

En este marco, y con el telón de fondo de una asfixia financiera, el extraño tripartito catalán (una federación de CDC y UDC que chirría en público y una ERC que es apoyo parlamentario decisivo del gobierno y también aspira a liderar la oposición) parece que sólo se puede sostener pisando a fondo el acelerador independentista y empujando así la política catalana hacia una gran montaña rusa, un auténtico Dragon Khan.

(*) Artículo publicado en el Diari de Tarragona (2/I/2013).


LA REFORMA WERT Y EL EJECUTIVO ERC-CIU: ¿HACIA UNA VASQUIZACIÓN DE CATALUNYA?

diciembre 20, 2012

El ministro José Ignacio Wert en primer plano. Al fondo la consejera catalana de educación, Irene Rigau (foto de DBalears.cat).

¿HACIA DÓNDE VA LA SITUACIÓN POLÍTICA DE CATALUÑA? Consideramos que ésta tiene posibilidades plausibles de experimentar una “vasquización”. Es decir, que la transversalidad política reinante en el catalanismo (soberanistas, federalistas, autonomistas, catalanistas) experimente una polarización similar a la del País Vasco entre dos sólidos bloques: nacionalistas y “constitucionalistas”.

Madrid tensa la cuerda

El ejecutivo de Madrid favorecería esta dinámica con la reforma educativa del ministro José Ignacio Wert, como hemos expuesto en el último artículo publicado en el diario catalán Ara (14/XII/2012). Puede leerse el texto completo de modo gratuito registrándose previamente, clicando aquí

En él hemos señalado que, aparentemente, la reforma debería ser contraproducente para el gobierno de Mariano Rajoy en lo que atañe a Cataluña al provocar más desafección verso Madrid. Pero la iniciativa buscaría una movilización que avale el ejecutivo en un asunto en el que nada es improvisado y menos por parte de Wert, experto en demoscopia. ¿Qué beneficios obtiene Rajoy de la reforma?

1. Descolocar el PSOE, reforzar el PP

En cuanto al ámbito estatal, los objetivos que buscaría serían claros. El politólogo Oriol Bartomeus, en su blog, los acota en tres: “enmarcar el conflicto con los socialistas” en términos de valores; pasar de puntillas “por el fondo del escenario de las terribles últimas cifras del paro” (en octubre incluían 4.833.521 personas), y galvanizar la opinión pública porque al PP “la polarización entre el centro y Cataluña le da excelentes réditos”.  De este modo, el PP gana enteros ante el PSOE.

2. Movilizar al electorado españolista catalán

El analista Carles Castro señala en La Vanguardia (2/XII/2012) que el PP ha comprobado que su carencia de desgaste en Cataluña por la crisis “obedece en gran medida a una inflamación territorial e identitaria que toca la fibra íntima de su electorado” y apuntaba que ”espoleado por la competencia directa de Ciutadans, difícilmente se resistirá a contribuir a una tensión que tantos réditos le ha proporcionado”.

Esta sería la diana a la cual Wert apuntaría: movilizar un electorado que entre los comicios del 2010 y los del 2012 ha crecido en el Principado casi un 5%, reforzando el PP ante C’s. Por lo tanto, Rajoy también tendría réditos en Cataluña. En suma, el PP busca movilizar a un electorado españolista creciente cuyo techo electoral es, por ahora, desconocido.

Su discurso es un populismo españolista que se dirige contra la amenaza separatista.

Barcelona responde

Hoy se ha firmado el acuerdo del singular tripartito catalán que preside Artur Mas. Y decimos singular porque lo conforman la coalición CiU (dos socios cuyas discrepancias internas han transcendido en diversas ocasiones) y cuenta con el apoyo parlamentario de ERC, que -a la vez- pretende ser el principal partido de la oposición.

El artefacto así creado no parece que pueda gozar de gran salud y llegar más allá de la consulta prevista en el 2014 que, además, deberá hacerse antes que la de Escocia (donde el fracaso de la independencia en las urnas es más que previsible).

Así las cosas, el cemento que articula la coalición de facto del gobierno catalán es el plebiscito, lo que puede darle mucha o poca solidez.  En todo caso, tiende a vehicular un “frentismo nacionalista catalán” ante el “frentismo español” que propulsa el PP.

El resultado es un populismo independentista que se dirige contra un Estado al que se denuncia como depredador de los recursos catalanes.

Hacía el frentismo

En este marco, la política catalana solo puede conocer tensiones crecientes y experimentar una mayor polarización en torno a “unionismo” e “independentismo”. El PP puede llegar a articular un poderoso bloque españolista minoritario, pero el precio de crearlo puede ser inferior a los beneficios que reporte.

Amplios sectores de la población catalana experimentan una doble desafección política: por una parte a su propia clase política tradicional, y, por otra, a “Madrid”, como un gobierno lejano y cada vez más lesivo para los intereses catalanes. Así las cosas, las elecciones catalanas de noviembre no han hecho más que plasmar este duro revés de los grandes partidos catalanes, notablemente con el batacazo de CiU y el hundimiento del PSC (progresivo pero con apariencia de ser inexorable) y una representación creciente de los partidos populistas de identidad y protesta (CUP y C’s).

Ahora bien: las urnas, a la vez que emitieron un duro castigo a Mas, formularon un duro reproche a Madrid: más del 48% de los votos fueron de signo independentista explícito. Si el ejecutivo de Rajoy opta por tensar la cuerda en Cataluña, esta mayoría puede incrementarse con suma facilidad. Especialmente si la via escogida es la de la “asfixia fiscal” y al hibernación indefinida de infraestructuras (con el corredor mediterráneo como elemento emblemático).

Cataluña-País Vasco: ¿Cambio de papeles?

El resultado que se vislumbra de este proceso es un intercambio de papeles entre Cataluña y el País Vasco. El PNV parece haber enterrado las aventuras secesionistas de Juan José Ibarretxe, mientras CiU opta por impulsar un vistoso referendo de independencia.

En semejante panorama, el peso del País Vasco en la agenda política estatal se diluye mientras Cataluña, simplemente, la acapara casi por completo y puede emprender una senda “vasca” en términos de tender a articular dos grandes bloques políticos.

Lo que puede ocurrir a partir de aquí es un misterio: Cataluña es en estos momentos el laboratorio político de España (basta ver los nuevos actores polítios que emergen en ella) y donde más maduros están todos los movimientos de protesta (como atestiguó la rebelión espontánea en el pago de los peajes en mayo de este año).

En consecuencia, el avispero catalán puede convertirse fácilmente en un polvorín.


¿POR QUÉ A LOS CATALANES LES LLAMAN POLACOS?

diciembre 1, 2012

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CATALUÑA HA SIDO EL PIAMONTE DE ESPAÑA PRIMERO, POLONIA DESPUÉS Y HOY ES SU ESCOCIA. Así lo hemos analizado en un artículo en el diario catalán Ara (30/XI/2012), cuya lectura recomendamos para entender la diferente percepción de Cataluña en España. Su acceso es gratuito previo registro clicando aquí.

De los calificativos señalados en el artículo el más llamativo y menos conocido es el de “polacos”. ¿Pero cuál es su origen?

España: “la Polonia del mediodía”

El origen de su carga peyorativa en relación a los catalanes es incierto y posiblemente remite a su uso político iniciado en la España del siglo XIX, que conoció un largo y cambiante recorrido. Según un brillante y documentado estudio del historiador Juan Fernández-Mayoralas ( “La Polonia del mediodía: un tópico polaco en la historia española”, 2002), la identificación de España con Polonia se difundió durante el Sexenio Democrático (1868-1874), cuando el país temió convertirse en la “Polonia del mediodía” ante la combinación de inestabilidad política, injerencia de potencias extranjeras en los asuntos internos y la amenaza de ruptura de su integridad territorial.

El Sexenio Democrático y el miedo a ser Polonia

Independencia de Cuba, revista la flaca,1873_Ésta última llegó a su cenit tras proclamarse la Primera República en 1873 y sus gobiernos se vieron obligados a combatir en tres frentes: una nueva contienda carlista,  una insurrección cantonal y un levantamiento en Cuba (arriba, caricatura sobre el mismo de La Flaca).

Fernández-Mayoralas describe cómo cuajó el temor a que España deviniera una nueva Polonia trazando un amplio y sugerente fresco internacional. Reproducimos una larga cita de su argumentación por su interés ilustrativo:

[…] Si Francia, “vanguardia de la raza latina”, se sentía insegura ante su futuro tras la amputación de Alsacia-Lorena [tras la victoria prusiana], ¿qué podía esperar España, pobre, atrasada e inestable, agitada por la revolución y asolada por la guerra civil? Tan generalizada estaba entonces la creencia en su irremediable decadencia, tan aceptada la idea fatalista de que las naciones estaban sujetas ciclos inexorables, que mientras los españoles temían ser la “Polonia del Mediodía”, el estado mayor prusiano, eufórico por la victoria, soñaba con que Francia sería pronto una “segunda España”.

Para los observadores del siglo XIX, resultaba evidente que la España de 1872 se parecía mucho a la Polonia de 1772. Cuando ejercía la hegemonía en la marca oriental de Europa, Polonia tuteló la infancia de las potencias que habrían de acabar con ella. Los reyes polacos concedieron un título real a sus vasallos, los marqueses de Brandenburgo; los dominios polacos llegaban al mar Negro cuando el señor de Moscú era un régulo oriental; en 1683 un polaco salvó la capital de los Habsburgo de la suerte de Constantinopla. Sólo una decadencia biológica o una degeneración moral podía explicar que un siglo después pereciese desmembrada, minada por los vicios de la monarquía electiva y víctima del egoísmo de sus notables, siempre dispuestos a solicitar ayuda extranjera para solventar sus diferencias. También aquí se achacaban los males de España a la división interna, a la incapacidad de los partidos para sacrificar los intereses de su facción al bien común; también aquí se temía la intervención extranjera.

La búsqueda de un candidato para el trono español recordaba las intrigas que habían sentado a un sajón sobre el polaco, comienzo de su rápida decadencia. En muchos aspectos, los españoles de 1872 se sentían tan humillados como los polacos de 1772: tras dominar Italia durante siglos, tendrían ahora por rey al vástago de una casa ducal despreciada por la aristocracia hispana; después de haber sido por largo tiempo una potencia de primer orden, veían que ahora otras naciones intervenían con descaro en sus asuntos internos, lanzaban vetos y amenazaban con “poner orden”. Aquellas ex-colonias inglesas que un día se emanciparan con ayuda de Carlos III pretendían ahora arrebatar a España, descubridora y conquistadora de las Americas, los últimos jirones del que un día fuera el mayor de los imperios. Lejanos, olvidados los esplendores de antaño, los españoles del siglo XIX se sentían atrasados e ignorantes respecto a las “naciones cultas”. A finales del siglo XVIII los poderosos pronunciaron una terrible sentencia: Finis Poloniae ¿Había llegado el momento del Finis Hispaniae? En esta crucial encrucijada, en esta hora decisiva de la evolución del nacionalismo español, un espectro recorría la Península: era el fantasma de los repartos de Polonia.

El catalanismo mira hacia Polonia con admiración

PratDespués de que España superara este momento crítico, la referencia a Polonia persistió y marcó a los nacionalismos periféricos emergentes, en la medida que era un modelo a seguir por estos: se trataba de “una nación vital, con una cultura floreciente, capaz de suplir con patriotismo la carencia de un Estado”. 

En el caso del catalanismo, señala Fernández-Mayoralas, Polonia fue asumida como referente explícito por Enric Prat de la Riba (en la imagen) “como demostración de la eternidad y santidad de las patrias”, tal como reflejó ya en 1894 su Compendi de doctrina catalanista:

¿Qué diferencia existe entre el Estado y la patria? El Estado es una entidad política artificial, voluntaria; la Patria es una comunidad histórica, natural, necesaria. Lo primero es obra de los hombres; la segunda es fruto de las leyes a las que Dios ha sujetado la vida de las generaciones humanas. ¿Qué ejemplo de la historia contemporánea hace palpables estas diferencias? El de Polonia. El Estado polaco murió cuando los ejércitos de Austria, Rusia y Prusia la descuartizaron; pero Polonia continuó y continua siendo la única patria de los polacos.

La posguerra: ¿Cataluña ocupada como Polonia?

En este contexto, ignoramos cuando la identificación positiva entre Cataluña y Polonia devino peyorativa en el ámbito español, pues la investigación mencionada no aborda esta cuestión. No obstante, dado que el uso despreciativo del término “polaco” aplicado a los catalanes se difundió bajo el franquismo no se puede descartar que en medios castrenses se equiparase a la Cataluña ocupada por las fuerzas sublevadas en enero de 1939, cuando era cercano el fin de la Guerra Civil, con la Polonia ocupada y dividida entre rusos y alemanes en septiembre del mismo año.

El antropólogo Roger Costa así lo ha planteado en la revista Sàpiens, aunque es una mera hipótesis. Lo formula en estos términos: “ambos hechos [la ocupación de Cataluña y la de Polonia] se habrían equiparado en ambientes militares durante la posguerra y ello habría dado pie a este uso estigmatizador de la palabra polaco aplicada a los catalanes”.

caída de barcelona

Las autoridades franquistas despliegan una bandera española en la Generalitat.

Sin embargo, debe remarcarse que el uso de esta palabra [polaco] como insulto no se generalizó fuera de los cuarteles hasta la década de los setenta, quizás de forma paralela a la extensión de las manifestaciones populares y sin ambigüedades de afirmación catalanista en escenarios públicos”.

Tenemos pues, una cierta idea de cómo los polacos se convirtieron en “polacos” primero por voluntad propia y luego a su pesar, aunque no cesaron de ser vistos como unos potenciales regeneradores de España.

De Polonia como estigma a Polonia como identidad

La asociación de Cataluña con Polonia dio un nuevo giro en febrero del 2006, cuando comenzó a emitirse en TV3 un programa semanal de sátira política titulado Polònia (en inequívoca referencia a la alusión peyorativa de los catalanes como “polacos”), cuya parodia de líderes y partidos obtuvo un enorme éxito de audiencia.

Grafismo del programa de sátira política “Polonia”.

Hoy este programa es un referente y permite pensar que Polonia vuelve a ser un espejo de Cataluña, pero ahora muy distinto del que imaginó Prat, pues conforma una visión crítica e irónica de la realidad política catalana y la española. Es una reapropiación más del gentilicio que -visto lo hasta aquí expuesto- probablemente no será la única, como apunta el gag de este programa que reproducimos a continuación.

Gag de “Polònia” del 2007 en el que Franco muestra simpatías por la Polonia gobernada por los gemelos derechistas Jaroslaw y Lech Kaczynski.


TEJERO EN CAMPAÑA Y LA INQUIETUD MILITAR SOBRE CATALUÑA

noviembre 23, 2012

El teniente coronel Antonio Tejero liderando el asalto del Congreso el 23 de febrero de 1981.

EL EXTENIENTE CORONEL GOLPISTA ANTONIO TEJERO  ha publicado en el diario Melilla hoy que en la significada fecha del 20 de noviembre presentó una denuncia contra “Arturo Mas”  por “sus continuas y reiteradas pretensiones secesionistas de una parte importante de España como es el Principado de Catalunya”.

El episodio pone de relieve nuevamente la inquietud larvada que en algunos ámbitos castrenses podría generar una hipotética independencia de Cataluña.

El retorno de la inquietud militar por Cataluña

De este modo, el exteniente coronel lamenta “el silencio permisivo de los poderes del Estado” porque “ni el Rey, ni el presidente del Gobierno, ni los Tribunales de Justicia ni el Ejército han tomado la menor medida para acabar con este contubernio formado por Arturo Mas y parte de los catalanes”, supuestamente “envenenados” -según este exmilitar- en su etapa educativa.

¿Es una novedad esta iniciativa? En absoluto. Recoge un estado de opinión aparentemente minoritario -al menos por ahora- en las Fuerzas Armadas. Recordemos que el teniente coronel Francisco Alamán afirmó en agosto de este año en Alerta digital que  “la  situación actual es  muy parecida a la del 36, pero sin sangre” y recalcó que “la Constitución deja muy claro cuál deberá ser el papel del Ejército ante una situación como la que pretenden los separatistas catalanas”.

Igualmente, la Asociación de Militares Españoles (AME, con 3.500 miembros) vio posible que “las Fuerzas Armadas se vean en la irremisible y gravísima tesitura de cumplir escrupulosa y estrictamente con la misión que la Carta Magna les otorga” de garantizar la “integridad territorial y el ordenamiento constitucional”.

La sombra castrense en la Constitución

Estos mensajes forman parte de una tradición intervencionista del Ejército en política que el 2006 ya se manifestó de forma contundente. Cuando entonces se elaboraba el nuevo Estatuto catalán, el teniente general José Mena afirmó que si éste sobrepasaba los límites de la Constitución, el Ejército tendría que intervenir como su garante.

De hecho, es poco sabido que la presión militar ante un peligro separatista ya habría influido a la Carta Magna. Jordi Solé Tura, uno de sus autores, así lo explicó en Nacionalidades y nacionalismos en España(1985). En esta obra expuso que parte del texto del artículo 2 les fue impuesto en una nota manuscrita enviada desde la Moncloa y los representantes de UCD dijeron que no se “podía variar ni una coma, porque aquél era el texto literal del compromiso alcanzado cono los sectores consultados. Evidentemente, no se especificó cuáles eran estos sectores, pero no es difícil adivinarlo”, comentó el difunto jurista. Dio así a entender de modo implícito que estos habían sido militares.

El texto “innegociable” fue el siguiente: “La Constitución se fundamenta en la unidad de España como patria común e indivisible de todos los españoles y reconoce el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que integran la indisoluble unidad de la nación española”.

Una dinámica de larga duración

En realidad, la inquietud por la separación de Cataluña se inició con la pérdida de Cuba en 1898, al identificar a Cataluña con una “segunda Cuba” si prosperaba el “separatismo”, tal como explicamos en un artículo que hemos publicado en el diario catalán Ara. Véase: ”Catalunya, l’exèrcit i Cuba”, Ara (17/X72012), y cuyo acceso es gratuito previo registro como usuario clicando aquí.

Parece, pues, que en los albores del siglo XXI rebrotan actitudes castrenses de alarma ante un “enemigo interior” identificado con el independentismo, como ya sucedió hace un siglo con el catalanismo.


EN LAS ELECCIONES DEL 2010 SOLO EL PP Y ERC ANUNCIARON QUE SE CELEBRARÍA UNA CONSULTA SOBRE LA INDEPENDENCIA. CIU NI LO APUNTABA

noviembre 3, 2012

En las elecciones catalanas del 2010  solo ERC defendió un referéndum por la independencia y el PP lo vaticinó.

CUANDO SE ACERCA UNA NUEVA CONSULTA ELECTORAL en Cataluña, si miramos los espots electorales de la campaña del 2010, observamos que entonces solo dos partidos anunciaron la celebración de un referéndum por la independencia: el Partido Popular [PP] y Esquerra Republicana de Catalunya [ERC].  En el de la coalición Convergència i Unió [CiU], hoy gran abanderada del mismo, ni siquiera se vislumbraba tal posibilidad.

A continuación reproducimos los tres vídeos electorales citados de la campaña del 2010.

1. El espot de ERC: “gente valiente” para luchar por la independencia

En el espot de ERC el anuncio de un referéndum se contempla al final del mismo y no era una novedad, pues  formaba parte del discurso central del partido.

De hecho, su antiguo secretario general, Josep-Lluís Carod-Rovira, en el 2008 publicó el ensayo 2014,  en el que postulaba celebrar un referéndum por la independencia en septiembre del 2014, al cumplirse los tres siglos de la derrota austracista. Así pues, el plebiscito que impulsaba ERC formaba parte del paisaje político catalán.

Para quien desconozca el catalán, el anuncio muestra a una joven que toma decisiones que exigen coraje, como marchar al extranjero a estudiar y trabajar, concebir un hijo cuando está en el paro y, por descontado, pugnar por un referéndum de la independencia.

2. El espot del PP: de la ficción a la realidad

El espot del PP es el más llamativo: cuando se proyectó en la campaña, parecía mera política ficción al lanzar un alarmista mensaje de futuro: mostraba a un parado que, un año después de las elecciones (en noviembre del 2011), se quejaba de que el gobierno de CiU solo estaba pendiente de la independencia y no de los problemas sociales como el suyo y se veía a Artur Mas pactando un referéndum por la independencia con Carod-Rovira.

Así pues, los estrategas de comunicación del PP (posiblemente sin planteárselo) fueron los que mejor vaticinaron el escenario político catalán más inmediato y avanzaron la principal crítica al discurso de CiU: que la independencia se anteponía a las políticas sociales. De hecho, hoy el programa de CiU se centra en la soberanía y efectúa pocas propuestas concretas.

3. El espot de CiU: la independencia no aparece ni se la espera

A diferencia de los espots anteriores, en el de CiU la independencia no aparecía: el anuncio se centraba en Artur Mas, que concurría a las elecciones como candidato de la coalición por tercera vez y aludía simplemente a “una Cataluña mejor”. No había más contenido: el candidato era la gran apuesta.

Conclusión: la política catalana entre la ficción a la realidad

Lo expuesto nos lleva a concluir tres consideraciones en relación a la política catalana.

1. Constituye una realidad muy fluida y que experimenta cambios con gran rapidez, en la que el eje identidario se ha impuesto de manera aplastante al social. Ello conlleva relegar a un  segundo plano la situación social y plantea un horizonte con un eventual aumento tensiones internas en el eje divisorio Cataluña-España.

2. Los cambios rápidos que experimenta pueden hacer que una aparente ficción en noviembre del 2010 (la expuesta en el anuncio del PP) se convierta en una realidad menos de dos años después, lo que indica el rumbo poco previsible que ha adquirido. Sobre todo, refleja cómo la deriva explícita hacia la independencia de su partido central, CiU, ha trastocado el escenario y el mapa político, pese a que ésta era literalmente inexistente en su mensaje central hace apenas dos años.

3. Con el anuncio del referéndum por la independencia, el populismo plebiscitario se ha entronizado en Cataluña, hasta el punto que el Partit dels Socialistes de Catalunya [PSC]  lo ha asumido. El “oasis catalán”, pues, es ya el “oasis populista”.


INDEPENDENCIA CATALANA Y EMIGRACIÓN: ¿HACIA LA INGENIERÍA SOCIAL?

septiembre 22, 2012

Portada del último libro de Santiago Niño Becerra.

EL PASADO DIA  14 EL ECONOMISTA SANTIAGO NIÑO BECERRA apuntó que “una Cataluña independiente debería llegar a un acuerdo para sacar a los inmigrantes en paro que no se necesitan”, que estima alrededor de medio millón. La afirmación plantea varias preguntas: ¿Con quien se debe llegar a acuerdos para “sacarlos”? ¿Es realmente la inmigración un handicap para la independencia?

Lo ignoramos y hay cálculos diversos sobre la economía de una Cataluña separada de España y, por ejemplo, el semanario Tiempo (7-13/IX/2012) apuntaba que la eventual República catalana “tendría tres millones de trabajadores, pero dos millones de pensionistas y parados”.

Portada de Tiempo dedicada a la viabilidad económica de una Cataluña independiente.

En la Cataluña actual su elevada efervescencia independentista se nutre de argumentos económicos y los diversos estudios y cálculos publicados hasta ahora sobre la viabilidad de la independencia que hemos consultado (Jacint Ros Hombravella, Més val sols…, 2009; Modest Guinjoan i Xavier Cuadras, Sense Espanya, 2011)  no constatan este aspecto que sugiere Niño Becerra. Su afirmación supone una advertencia  involuntaria sobre la inquietante posibilidad de que una hipotética independencia pudiera abrir la puerta a la ingeniería social, al intentar desplazar personas consideradas “sobrantes”.

Por ahora, su voz ha sido aislada. Se da la paradoja de que el partido que ha hecho bandera de la inmigración, la PxC, al mantenerse al margen de la independencia, no ha entrado en esta suerte de estimaciones. En todo caso, se apunta un elemento claro: en una Cataluña separada de España no se podría descartar la existencia de una extrema derecha que hiciera bandera de la expulsión de emigrantes.

Esta es la información del diario digital e-notícies (14/IX/2012) al respecto, en la que se puede visionar la entrevista televisada con el economista que comentamos.

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El economista Niño Becerra dice que los “inmigrantes” frenan la independencia

“Cataluña es viable económicamente prescindiendo de unos parados que no nos corresponden”. El catedrático de Economía, Santiago Niño Becerra, en declaraciones a La Rambla de BTV, manifestó que “antes de preguntarnos si es viable una Cataluña independiente a nivel económico, cabe preguntarse qué Cataluña”.

En este sentido, apuntó que “la región de Europa que tiene una tasa más elevada de inmigrantes es Flandes, el 17%. En segundo lugar viene Cataluña, con un 14,5%”. “Cataluña actualmente tiene 650.000 parados. De estos, cuántos son inmigrantes?”, preguntó.

Niño Becerra insistió en que “esta Catalunya independiente económicamente, podría llegar a un acuerdo para sacar a los inmigrantes parados y que no se necesitan?”. “No es lo mismo pensar en una Catalunya independiente con 500.000 parados inmigrantes o no”, afirmó, además de sentenciar que “Cataluña es viable prescindiendo de unos parados que no corresponden a Cataluña”.


¿SE DIRIGE CATALUÑA A LA INDEPENDENCIA?

septiembre 17, 2012

Una bandera independentista colgada en el Arco del Triunfo de Barcelona el pasado 11 de septiembre.

LA GRAN MANIFESTACIÓN DEL PASADO DIA 11 DE SEPTIEMBRE ha cambiado la política en Cataluña y, en buena medida, también en el resto de España al plantearse un nuevo problema en la agenda política: el de su eventual independencia. Al menos, una parte notable de su población parece albergar hoy sentimientos de rutpura con España  ¿Era previsible esta situación?

Desde luego. Sin ánimo de colgarnos medallas, la planteamos claramente en nuestro anterior estudio, El oasis catalán (1975-2010): ¿Espejismo o realidad? publicado en abril del 2010, del que puede leerse la introducción en PDF clicando aquí: Oasis catalánpdf 

En nuestro ensayo publicado en abril del 2010 ya preveíamos el ascenso de un sentimiento de ruptura con España.

En la obra expusimos que Cataluña experimentaba una “secesión ligera” similar a la que conoció el norte de Italia al emerger la Liga Norte, el de una ruptura mental con el Estado y que, además, expusimos previamente -en el año 2009- en un extenso artículo que reproducimos en su momento en este blog (y reeditamos este dia 8, tres días antes de la manifestación). Entonces la desafección política catalana era entonces ya evidente y se advertía que ésta tendría consecuencias (al menos, para quien quisiera verlo). De modo significativo el expresidente Jordi Pujol reseñó la obra en el boletín de su centro de estudios.

Ahora hemos resumido y actualizado nuestros argumentos sobre el sentimiento independentista que surge en Cataluña en un artículo publicado en la edición catalana de El País (16/IX/2012) que reproducimos a continuación.

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¿Independencia o secesión ligera?

Los partidos catalanes ya no se plantean hacer pedagogía sobre el tema en el resto de España

Este 11 de septiembre ha testimoniado que la independencia ocupa un lugar estelar en la política catalana y tendría entre un 46,4% y un 51% de partidarios en los sondeos. Incluso en un sector de opinión anida la sensación de que la separación es un fruto maduro que caerá con votaciones del Parlamento, plebiscitos y mediaciones internacionales. Así, la independencia ya no es tanto un horizonte difuso como un objetivo cercano y suena 2014, cuando se cumplen tres siglos de derrota austracista, como fecha de un eventual referéndum sobre la cuestión.

¿Por qué se ha generado este clima? Posiblemente porque en la última década (2003-2012) han confluido tres elementos. El impacto de la crisis habría sido el detonante: el pacto fiscal blandido por Artur Mas —un eficaz baluarte contra su desgaste político— ha centrado el debate en un “déficit fiscal” esencial para la prosperidad catalana. Tal idea ha interactuado con una desafección ciudadana hacia Madrid (percibido como símbolo de un Estado lejano y “detractor” de recursos) y otra hacia la propia clase política catalana. En este panorama la independencia es una nueva frontera política, un territorio por explorar que —según sus partidarios— permitirá afrontar los grandes problemas de Cataluña.

El segundo elemento influyente es la percepción de que el régimen autonómico ofrece síntomas de agotamiento: el 68% de los catalanes ve insuficiente el nivel de autogobierno. Pese a que en 2006 se aprobó un nuevo estatuto y en 2009 un sistema de financiación, el encaje catalán no está resuelto bajo la Corona, como tampoco lo estuvo en dos experiencias republicanas (una federal y otra integral) y hoy se negocia un pacto fiscal de éxito incierto.

Un tercer elemento alimentaría el independentismo: los discursos anticatalanistas que han cristalizado en la última década y los mensajes que ahora insisten en que una Cataluña insolidaria “pide” y otras comunidades “pagan”. En este sentido, no es causal que hoy los partidos catalanes ya no se planteen hacer pedagogía sobre el tema en el resto de España, al existir una amplia sensación de que no hay nada de que hablar.

¿En este marco, cómo podemos interpretar la participación masiva en la manifestación ante el bajo voto independentista explícito en los comicios autonómicos (12.5%)? Quizá la mejor explicación sea contemplarla como la exteriorización de una “secesión ligera”. Esta expresión la acuñó el ensayista italiano Paolo Rumiz en 2001 (al analizar la emergencia de la Liga Norte en Italia) y la definió como una ruptura emocional con el Estado en estos términos: “Levemente, de manera inadvertida, un hombre nuevo ha crecido en el ethnos italiano, y la secesión está antes que nada en su cabeza: es un alejamiento mental de la política, del Estado, de la res publica, incluso hasta de aquel supremo bien común que se llama territorio”.

Posiblemente lo acaecido el día 11 ha reflejado que en Cataluña se expande igualmente un fenómeno parecido de “secesión ligera” (obviamente, en un marco distinto al de Italia) y gran parte de la población deja de sentirse vinculada a España en términos emocionales. Puede hacerse un símil con la presencia catalana en Internet, donde los internautas catalanohablantes han conseguido el dominio .cat, que representa a la comunidad lingüística, pero para un nutrido sector tal victoria es solo un paso más hacia el dominio .ct, que identifica a Cataluña con un Estado. Pues bien, hoy una parte creciente de catalanes transitaría del dominio .es al .cat y el .ct habría dejado de ser una entelequia.

Yerran, pues, quienes creen que Cataluña sufre un absceso nacionalista que escampará. El día 11 habría escenificado un proceso de “secesión ligera”, abriendo un gran interrogante: ¿se estabilizará una situación caracterizada por contradicciones crecientes entre autonomismo y separatismo o se abrirá una etapa de ascenso independentista? Dado que en Cataluña (a diferencia del País Vasco) no hay fronteras nítidas entre constitucionalistas y nacionalistas, las alianzas políticas son fluidas, el sistema de partidos atraviesa cambios y sus formaciones se reposicionan, el desenlace queda abierto.


JOSÉ ANTONIO PREVEYÓ UNA CATALUÑA INDEPENDIENTE EN 1934

septiembre 13, 2012

El alcalde ‘popular’ de Horcajo de Santiago recupera una calle para “José Antonio Primo de Rivera”

 José Antonio Primo de Rivera, fundador e ideólogo de la Falange.

AL ESTUDIAR MATERIALES RELATIVOS A LA INDEPENDENCIA DE CATALUÑA para un estudio que estamos finalizando, hemos recordado un pasaje de una carta de José Antonio Primo de Rivera al general Franco el 24 de septiembre de 1934, poco antes de la revolución de octubre en Asturias y de que el presidente de la Generalitat Lluís Companys proclamase el Estado Catalán de la República Federal Española.

Lo más llamativo de la misiva, desde nuestra óptica, es que el líder de la Falange, al preveer una proclamación de la independencia catalana, consideraba una dificultad significativa para “recobrar por la fuerza”  a Cataluña dada la oposición a tal intento que se podía generar en Europa.

A continuación reproducimos el fragmento de la carta de una web con las obras completas de José Antonio Primo de Rivera, que suponemos que reproduce fielmente el texto original y donde nuestros lectores y lectoras disponen del texto completo.

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Madrid, 24 de septiembre de 1934.

Excelentísimo Sr.D. Francisco Franco.

Mi general: Tal vez estos momentos que empleo en escribirle sean la última oportunidad de comunicación que nos quede; la última oportunidad que me queda de prestar a España el servicio de escribirle. Por eso no vacilo en aprovecharla con todo lo que, en apariencia, pudiera ella tener de osadía. Estoy seguro de que usted, en la gravedad del instante, mide desde los primeros renglones el verdadero sentido de mi intención y no tiene que esforzarse para disculpar la libertad que me tomo.

[...]

Una victoria socialista, ¿puede considerarse como mera peripecia de política interior? Sólo una mirada superficial apreciará la cuestión así. Una victoria socialista tiene el valor de invasión extranjera, no sólo porque las esencias del socialismo, de arriba abajo, contradicen el espíritu permanente de España; no sólo porque la idea de patria, en régimen socialista, se menosprecia, sino porque de modo concreto el socialismo recibe sus instrucciones de una Internacional. Toda nación ganada por el socialismo desciende a la calidad de colonia o de protectorado.

Pero además, en el peligro inminente hay un elemento decisivo que lo equipara a una guerra exterior; éste: el alzamiento socialista va a ir acompañado de la separación, probablemente irremediable, de Cataluña. El Estado español ha entregado a la Generalidad casi todos los instrumentos de defensa y le ha dejado mano libre para preparar los de ataque. Son conocidas las concomitancias entre el socialismo y la Generalidad. Así, pues, en Cataluña la revolución no tendría que adueñarse del poder: lo tiene ya. Y piensa usarlo, en primer término, para proclamar la independencia de Cataluña. Irremediablemente, por lo que voy a decir. Ya que, salvo una catástrofe completa, el Estado español podría recobrar por la fuerza el territorio catalán. Pero aquí viene lo grande: es seguro que la Generalidad, cauta, no se habrá embarcado en el proyecto de revolución sin previas exploraciones internacionales. Son conocidas sus concomitancias con cierta potencia próxima. Pues bien: si se proclama la República independiente de Cataluña, no es nada inverosímil, sino al contrario, que la nueva República sea reconocida por alguna potencia. Después de eso, ¿cómo recuperarla?. El invadirla se presentaría ya ante Europa como agresión contra un pueblo que, por acto de autodeterminación, se había declarado libre. España tendría frente a sí no a Cataluña, sino a toda la anti–España de las potencias europeas.

Todas estas sombrías posibilidades, descarga normal de un momento caótico, deprimente, absurdo, en el que España ha perdido toda noción de destino histórico y toda ilusión por cumplirlo, me ha llevado a romper el silencio hacia usted con esta larga carta.

El gobierno de la Generalitat en la cárcel tras la rebelión fallida de octubre de 1934. Companys está en el centro.


EL MARINISMO, FASE SUPERIOR DEL LEPENISMO O CÓMO MARINE LE PEN SE TRANSFORMA EN UNA ESTRELLA POP

agosto 26, 2012

¿QUÉ SEPARA A MARINE LE PEN DE SU PADRE, JEAN-MARIE LE PEN? El ascenso al liderazgo del Frente Nacional de Marine Le Pen ha supuesto un aggiornamento o modernización del mismo, tanto en su discurso como en su look.

En los carteles que mostramos a continuación, padre e hija comparten un tema central de la derecha populista: el del líder-oráculo del pueblo, pero lo hacen de un modo muy distinto, al menos en cuanto a la imagen se refiere.

Le Pen padre, caudillo de las masas.  Versión siglo XX.

El cartel está bien concebido: un juego de palabras asimila al líder del Frente Nacional con el pueblo a través de un juego de palabras -Le Pen / Le peuple- y de imágenes: el líder frente a una riada humana.

Para que no quede ninguna duda de qué “pueblo” se trata, los tres colores de la bandera francesa son omnipresentes en la imagen. Ello funde al líder con la nación y le convierte en su expresión.

La imagen es propia de un caudillismo de masas, como refleja esta imagen de Martin Luther King en el Lincoln Memorial de Washington:

Aunque también puede evocar las concentraciones de masas de los fascismos de entreguerras, como testimonia esta imagen de Benito Mussolini ejerciendo de Duce ante las masas que le aclaman.

2. Le Pen hija, acaudillando a las masas. Versión siglo XXI.

Marine Le Pen recoge igualmente el tema del líder oráculo en su propaganda, con el lema “la voz del pueblo”, pero con cambios esenciales en su proyección como tal.

En este caso, el escenario anterior ha desaparecido por completo y la concentración de masas en un lugar público parece haberse convertido en algo parecido a un plató de televisión o un escenario de espectáculo (en realidad es un palacio de congresos) y la protagonista no parece una política al uso sino una estrella pop  que transmite glamour: indumentaria informal, brazo derecho en alto con el puño cerrado y sonrisa triunfal ante un público que la aclama. Le Figaro tomó nota de ello y advirtió que Marine Le Pen evocaba ”une artiste saluée par le public à la fin d’un spectacle”.

Obsérvese igualmente que el nombre del partido no figura en parte alguna, pues éste se identifica con su logotipo -la llama tricolor- y, sobre todo, con su máxima dirigente.

Como puede apreciarse mirando la imagen de la cantante Madonna durante una actuación, en la mise en scène de Marine Le Pen hay una ruptura con los cánones anteriores y el oráculo del pueblo ya no es un viril conductor de masas sino una mujer seductora.

En el cartel -fruto de la técnica actual- no faltaron los pertinentes retoques de photoshop para rellenar las masas cuando éstas escaseaban, como captó un blog y demostró encuadrando público repetido en tres fragmentos.

affiche-le-pen-regionales.jpg

En definitiva, y volviendo al tema de esta entrada del blog, el marinismo supone una modernización del lepenismo, tanto en la imagen como en el discurso, adaptándolo aún más a la política espectáculo de la actual centuria, hasta el punto que la expresión parece mudar el sustantivo en adjetivo: ¿Política espectáculo o espectáculo político?


EL POPULISMO QUE VIENE (149): LA PLATAFORMA POR LA LIBERTAD, EL NUEVO ARTEFACTO DE ANGLADA

junio 21, 2012

Josep Anglada presentando en público la Plataforma por la Libertad [PxL]. 

HACE UN MES, JOSEP ANGLADA, líder de la PxC, anunció la expansión de su formación en el ámbito estatal mediante un nuevo rótulo: la Plataforma por la Libertad [PxL].

 El 18 de mayo Anglada afirmó que PxL sería “la tercera vía identitaria”, “realista y rupturista a la vez” y “única respuesta efectiva a la crisis social, económica y moral, por la que atraviesa nuestra sociedad”. Afirmó poseer delegaciones en Galicia, Asturias, Euzkadi, Castilla y León, Madrid, Valencia, Murcia, Canarias, Málaga, Cádiz y Almería. El líder plataformista entonces manifestó su deseo de que el nuevo rótulo estuviera presente en todas las autonomías a fines de año” y subrayó que el nuevo partido “se va a hacer desde Cataluña, lo que supone una novedad política de primer orden”. Su gran objetivo electoral son los comicios locales de 2015.

¿Qué lecturas políticas sugieren la invención de las nuevas siglas (PxL)?

En primer lugar, la creación del nuevo partido desde Cataluña refleja la doble dinámica que experimenta la política catalana, centrípeta y centrífuga a la vez, respecto a la española.

En Cataluña se ha conformado un sistema político propio, en la medida que sus formaciones -exceptuando el PP- tienen perfil propio: el PSC posee un elevado grado de autonomía del PSOE, mientras el resto de partidos (CiU, ERC, ICV, C’s, SI, CUP y PxC) tienen su epicentro en Cataluña.

Ello no impide que las dinámicas catalanas irradien al resto de España: si C’s conllevó la irrupción de UpyD y el nuevo Estatuto catalán fue el referente para los de otras comunidades autónomas, ahora el “angladismo” inicia la aventura exportadora.

No obstante, hasta el presente, se han adoptado productos políticos made in Catalonia, pero no a sus artífices. El confinamiento de de C’s a la esfera catalana o la mala prensa del inconfesablemente plagiado estatuto de autonomía así lo testimonian. Veremos si Anglada romperá esta tendencia.

 En segundo lugar, no sabemos si el PxL responde al hecho de hacer virtud de la necesidad.

Con ello queremos señalar un problema estructural de la derecha populista española: en este espectro ideológico existe un agujero negro en el resto de España en la medida que no cristaliza ninguna sigla más o menos hegemónica y solo España 2000 ha manifestado capacidad para crear una punta de lanza en la Comunidad Valenciana, aunque su capacidad de crecimiento es una incógnita.

Logotipo de la nueva formación.

En este marco, lo lógico desde el punto de vista de Anglada y la PxC es intentar ocupar este vacío antes de que otros lo hagan con un proyecto eventualmente alternativo o antagónico. Así, promover un nuevo rótulo en el resto de España por parte de la PxC es una necesidad (más vale hacer un partido propio que competir con otro ajeno) de la que fácilmente puede hacerse virtud (supone más militancia, más implantación y más eco propagandístico).

No obstante, llama la atención que  la flamante PxL carece todavía de un escaparate digital (al menos no hemos sabido dar con él).  Si nuestra información es correcta, no deja de ser chocante que en la era de la política 2.0 la formación no cuente siquiera con un modesto blog (o web en construcción) con una declaración de principios y dirección de contacto. No se otea, pues, mucha inversión de esfuerzos en el nuevo invento.

En tercer lugar, la PxL quizá conforme un caso singular en  la medida que conforme una mixtura de populismo identitario y libertario.

Por una parte, en el acto de presentación de la PxL celebrado en marzo en Sant Boi de Llobregat (Barcelona), se emplearon los nombres propios de cada Comunidad Autónoma: Asturias, Euskal Herria, Murcia, Galiza, València, Madrid, Aragón, Illes Balears, Andalucía, Extremadura, Cantabria y Castilla-León. Anglada apuntó entonces que “el hecho de que se vayan a usar los nombres de cada una de las comunidades en las siglas, indica que mantenemos la idea de defensa de las identidades locales frente a cualquier intento jacobinista o uniformador”.

Tal concepción de España remite a la opción populista identitaria propia de la PxC y sus padrinos europeos: la Liga Norte, el FPÖ y el Vlaams Belang, que defienden marcos nacionales no estatales. El neonato PxL parece ubicarse así en una concepción étnico-cultural de España en la línea del colectivo Terre et Peuple, que lidera Pierre Vial.

De hecho, esta visión de España como mosaico étnico no es nueva: en los años setenta ya la intentó promover el neonazi Círculo Español De Amigos De Europa [CEDADE], aunque desde un prisma étnico-racial y basado en un supuesto mapa elaborado por las SS, como hemos explicado en nuestro estudio Neonazis en España. Ahora falta saber cómo se plasmará este pluralismo: ¿Veremos congresos de la PxC con pinganillos y traductores? ¿Se confeccionarán documentos en los idiomas co-oficiales?

Por otra parte, el nombre escogido para la formación parece remitir a otra filiación populista: la libertaria, propia de Pim Fortuyn y su heredero, Geert Wilders y el Partido por la Libertad [Partij voor de Vrijheid, PVV], en la medida que el nombre evoca una apuesta por las libertades civiles, propia del giro liberal de buena parte de la derecha populista al asumir la islamofobia y optar por defender derechos de colectivos como feministas y homosexuales que.

Geert Wilders, líder del PVV neerlandés.

Hasta ahora, los partidos de ultraderecha españoles han optado por nombres de claras connotaciones patrióticas (incorporando la palabra “España”, “Español” o “Nacional”) y valores de la esfera ultraderechista en sus diferentes ámbitos (“nacional-revolucionario”, neofranquista, nostálgico, lepenista). En este caso, sin embargo, hallamos una denominación inclusiva -Plataforma- asociada al valor liberal por excelencia, libertad. Semejante apuesta conforma una substancial novedad.

¿Hasta qué punto puede ser viable esta propuesta política?

Cataluña es un terreno fértil para tales propuestas, pues es la zona de España donde el populismo se halla más extendido y la apuesta por formaciones nuevas es más clara. Sin embargo, esta por ver si en el conjunto del Estado este clima existe en mayor o menor grado. La PxL es, pues, un producto más del laboratorio populista catalán y que plantea un problema logístico: ¿Podrá manejar Anglada un partido de ámbito estatal desde Vic?

La PxC anunció que se presentaba en Perpinyà (Francia) este 14 de junio.

Veremos como evoluciona que el nuevo artefacto, ubicado en un cruce de caminos entre la política catalana y la española, el populismo identitario y el libertario. El PxL pone de manifiesto una vez más la penuria de propuestas que emanan de Madrid y dibuja un curioso horizonte: el de un Anglada que intentará recolectar votos en el sur de Francia, en clave pancatalana (recordemos que defiende que el valenciano es catalán), mientras que en España lo hará con un registro estatal.

¿El etnismo que manifiesta la PxL hará viable este funambulismo político? El próximo ciclo electoral aportará las primeras respuestas.


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