“20-N” 2009: ¿RECOMPOSICIÓN DE LA EXTREMA DERECHA?

Convocatoria actual de la Confederación Nacional de Combatientes a la concentración anual en la plaza de Oriente

LAS PRIMERAS EDICIONES del “20-N” tras la muerte de Franco eran manifestaciones convocadas por las heremandades de excombatientes en las que de la presencia de la extrema derecha tenía una doble proyección: puertas adentro, para medir la cohesión de los seguidores de este espectro y su capacidad de movilización, y puertas afuera, para -con su presencia en la plaza de Oriente- dar público y contundente testimonio de su existencia y disposición a oponerse a la democratización ne ciernes. Desde 1981, al experimentar un progresivo decaímiento la formación hegemónica de este ámbito ideológico -Fuerza Nueva, liderada por Blas Piñar- y el resto de sus aliados/enemigos, esta fecha perdió progresivo protagonismo. A la vez, la apelación a la nostalgia perdió funcionalidad y sentido por una obvia cuestión: el regreso al pasado era imposible.

En 1986 incluso la emotiva conmemoración fue denunciada como una nostálgica romería por el grupo anarcofascista madrileño Bases Autónomas [BB.AA.], que protagonizó una ruptura ideológica con la extrema derecha “tradicional” y se caracterizó por su activismo callejero y su espontaneidad. Ante el “20-N” del año citado desarrolló una campaña titulada “20-N Vergüenza Nacional”. Éste era su discurso: “¿20-N? Pensábamos haber dedicado algún espacio a analizar lo que es la extrema derecha en la actualidad, sus gentes, su celebración tradicional… pero la estupidez crónica, periódica, que puntualmente llena un domingo de noviembre el Madrid ‘bien’ sólo se merece dos palabras: vergüenza nacional”. Esa misma jornada, su publicación ¡A por ellos! dedicó la portada a conmemorar la muerte del líder anarquista Buenaventura Durruti con el lema “Durruti presente”.

Así, al llegar a los años noventa, la conmemoración del “20-N” perdió creciente sentido en términos de movilización antisistémica, mientras su contenido político despertó escaso entusiasmo entre la juventud. Sin embargo, cobró un nuevo valor como cita para exhibir las respectivas fuerzas de un ámbito grupuscular.

Esta tónica ha perdurado hasta hoy y el pasado domingo se advirtió en el intento de boicot a un acto organizado por Democracia Nacional [DN] que había invitado a los líderes de Fuorza Nuova [FN], Roberto Fiore, y al del British National Party [BNP], Nick Griffin. El líder de DN, Manuel Canduela, desde su página web, atribuyó el intento de desacato al Movimiento Social Republicano, que ha firmado un pacto con España 2000 y el Frente Nacional (véase una crónica de los hechos en la prensa en www.publico.es/271691/ultraderecha/enfrenta/centro/madrid).  Ello es indicativo de que el campo de juego político de la ultraderecha se dibuja en dos horizontes: en términos de patrocinio europeo, que fue lo que se explicitó en el acto de DN, pero también de expectativas electorales, ya que tener solventes avales internacionales no basta para obtener resultados en als urnas.

Y en este aspecto, lo más llamativo del episodio es que reflejó que si bien perdura la división interna de este espectro, también es cierto es que éste ha experimentado una notable recomposición con el acercamiento de las tres organizaciones citadas, ya que recogen tradiciones políticas con distintos matices: simplificando, un legado “azul” en el caso de FN; “nacional-revolucionario” en el del MSR; ultrapatriota y escuadrista en el de España 2000. Asimismo, estas formaciones poseen epicentros distintos y complementarios para a irradiar su influencia al conjunto de España: Barcelona, Valencia y Madrid. Al igual que DN, también buscan socios europeos (invitaron a un acto a Udo Voight, dirigente del Nationaldemokratische Partei Deutschland [NPD]).

En este contexto, los próximos comicios locales posiblemente darán la medida de las posibilidades de éxito de tal convergencia. En caso de tener unos mínimos resultados positivos, se reafirmará la tendencia evolutiva de este ámbito político, que ha recorrido un largo camino desde sus orígenes en el neofascismo y el neofranquismo de los años setenta hasta modular una derecha populista radical con distintos registros.

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