EL POPULISMO QUE VIENE (8): LOS CATALANES OPINAN SOBRE LA INMIGRACIÓN

LA FUNDACIÓ JAUME BOFILL publicó un estudio en diciembre de 2009 de la politóloga del CIS Mónica Mendez que se puede descargar en PDF en

http://www.fbofill.cat/index.php?codmenu=11&publicacio=513&submenu=false&SC=&titol=&autor=méndez&ordenat=&&tags=

Mónica Méndez Lago, L’opinió dels catalans sobre la immigració, Fundació Jaume Bofill, 2009. ISBN: 978-84-8334-985-4

Sinopsis

Análisis de las opiniones y actitudes de la población catalana hacia la inmigración a partir de los datos de la 5ª Oleada del Panel de Desigualtats Socials de Catalunya (PaD) correspondientes al año 2006, y comparación con los datos procedentes de las encuestas del CIS de los años 1993 a 2008.

Valoración global

Aconsejamos su lectura atenta, especialmente por el contexto político actual, en el que la emigración se ha convertido en una prioridad de la agenda política por el impacto mediático y político de la decisión sobre el padrón que ha tomado el consistorio de Vic. Consideramos que estos párrafos de sus conclusiones reflejan una actitud ambivalente de los catalanes ante la emigración:

[…]. Se combina la existencia de una mayoría de catalanes que considera que hay una inmigración excesiva, y que es partidaria de poner límites estrictos a la entrada de extranjeros, condicionada a la obtención de un contrato de trabajo, con un apoyo también mayoritario al reconocimiento de una amplia gama de derechos y a facilitar el acceso a diferentes servicios públicos a los inmigrantes que ya son residentes.

Aunque hay un apoyo claro al reconocimiento de derechos, su ejercicio resulta más problemático, sobre todo cuando se trata de situaciones en las cuales se percibe una competición por recursos escasos, con un porcentaje elevado que otorga prioridad a los autóctonos en cuestiones como el acceso a un puesto de trabajo o en la elección de un colegio para sus hijos.

También es relevante la sensación creciente de que el Estado presta mucha atención a los inmigrantes en relación a otros colectivos como los jóvenes o las persones mayores, y la idea que los inmigrantes perciben más ayudas escolares o sanitarias que otras personas en su misma situación económica. (p. 67).

De ello concluye Méndez que la convivencia y actitudes ante la inmigración “dependerán en buena medida de les políticas públicas y los discursos que se articulen para afrontar las necesidades que genera la presencia de un número considerable de  nuevos residentes, de manera que se creen condiciones que eviten planteamientos de competición por servicios o recursos escasoss entre ‘autóctonos’ y ‘extranjeros/inmigrantes” (p. 68).

Parece ser, que -a falta de datos sobre el 2009 que reflejen eventualmente el impacto de la crisis económica creciente- se perfila un horizonte en el que que las actitudes ante la emigración pueden devenir conflictivas si se imponen políticas restrictivas de acceso a los recursos públicos que distingan entre autóctonos y forasteros o -simplificando- se difundan discursos de lo que Le Pen llamó “prioridad nacional”, con consignas como “los catalanes -o españoles- primero”.

El horizonte político y económico parece fomentar estos últimos, si nos atenemos a la batalla legal que se ha iniciado en torno al empadronamiento y que consideramos la punta de lanza del debate sobre los costes sociales de la inmigración.

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