ASÍ ES LA CATALUÑA QUE HA TRANSFORMADO LA INMIGRACIÓN

 

SALT, municipio de Girona de 31.000 habitantes y un 42% de población de inmigrantes ha cobrado protagonismo esta última semana por su conflictividad en torno a temas de convivencia locales. Esta ciudad en 1999 tenía un 6% por de población de origen inmigrante, por lo que en apenas una década su realidad social y económica se ha transformado en todos los órdenes.

No es el único caso de concentración de población inmigrante. Y, por ejemplo, junto al caso de Vic (un 24% de inmigrantes sobre la población total), existen otros menos notorios, como el de Guissona, en Lleida, que con 5.700 habitantes posee un 44% de inmigrantes de 43 nacionalidades. 

A ello debe añadirse la concentración de los inmigrantes en determinados barrios, que tiende a crear universos urbanos segregados que han conocido explosiones sociales puntuales (como la de Ca n’Anglada en Terrassa que en julio de 1999) y alteran la vida de los viejos cascos urbanos, como el Raval barcelonés. En etse sentido, es interesante la recopilaciónde testimonios de Alfredo Ruiz,  ¿Nos volvemos racistas? (Ático ediciones, Barcelona, 2006).

Así las cosas, en términos sociales cabe preguntarse si determinados lugares de Cataluña -como Salt- no corren el riesgo de convertirse en la Francia parcelada en “quartiers sensibles” [barrios sensibles] por la conversión de barrios en suburbios y estos -a su vez- en guetos multiétnicos en los que asoma la anomia social.

A continuación reproducimos una información del diario La Vanguardia del 21/II/2010: una conversación entre cinco alcaldes que muestra cómo la inmigración ha impactado en su realidad y ha cambiado su paisaje.

Cinco alcaldes debaten en La Vanguardia sobre el vertiginoso impacto de la inmigración

La llegada de cerca de un millón de inmigrantes en tan sólo diez años ha cambiado el rostro de nuestros municipios.

JAUME V. AROCA / JOSEP PLAYÀ | Barcelona | 21/02/2010 |

La llegada a Catalunya de cerca de un millón de inmigrantes en tan sólo diez años ha cambiado el rostro de nuestros municipios. Todo o casi todo se ha transformado a una velocidad endiablada, desde lo doméstico, las relaciones entre vecinos en el rellano de la escalera, hasta lo más estructural, los equilibrios políticos o las prioridades del presupuesto.

Buenas prácticas de las cinco ciudades.

FIGUERES
Figueres ha iniciado los trámites de ampliación del cementerio municipal, un espacio donde se podrán celebrar entierros de otras confesiones, como la musulmana. “El objetivo es que todo el mundo pueda ser enterrado en función de su condición religiosa”, recalca el alcalde Santi Vila. Al lado del camposanto, se creará una zona verde donde se podrán ubicar edificios de culto de las comunidades religiosas que hay en la ciudad. Este parque de las confesiones pueda ser una realidad entre el 2011 y el 2012. / S. Oller

TORTOSA
El denominado Espai Obert d’Aprenentatge ofrece en el núcleo antiguo de Tortosa formación y convivencia entre inmigrantes y población autóctona. La idea surge de una antigua aula de costura en la que se empezó a propiciar el intercambio. La formación está también dirigida a jóvenes de 16 años recién llegados a la ciudad, que no encuentran empleo. Una mujer marroquí y otra gitana actúan como mediadoras del centro. El centro ofrece además un servicio para atender a los hijos de los aprendices. / E. Giralt

SALT
Intentar que la lengua no sea una barrera para cuestiones tan sencillas como llevar a los hijos a la escuela, buscar trabajo o hacer un trámite en el Ayuntamiento. Con esa finalidad, el Ayuntamiento de Salt ha impulsado desde finales del año pasado un plan de alfabetización de adultos, cuyo funcionamiento es similar al de las parejas lingüísticas. Aparte de conocer el idioma, los recién llegados también aprenden a integrarse en la ciudad. Desde su puesta en marcha, han participado unos quince voluntarios. / S. Oller

MANLLEU
El programa bienvenida del Ayuntamiento de Manlleu ha sido confiado a un grupo de mujeres que tratan de acoger y orientar a otras mujeres recién llegadas a la población. De este modo el Ayuntamiento trata de minimizar los procesos de segregación o marginación que arrancan a menudo de los primeros momentos de estancia en la ciudad. La entidad Mares Món es la encargada de hacer esa labor, para lo que recibe el apoyo financiero del municipio con el que se financian las actividades del voluntariado. / Redacción

BADALONA
El gran logro de la Unidad de Convivencia de la policía de Badalona fue acabar con las manifestaciones que en el 2007 exigían que los rumanos fueran expulsados de la ciudad. El origen del conflicto eran los pisos sobreocupados. Los agentes realizaron una labor a medio camino entre la mediación cultural y la firme aplicación de la ley. Tres años atrás el Ayuntamiento contó hasta 144 pisos que originaban graves problemas de convivencia. Ahora son cinco. Las manifestaciones no se han repetido. / L. Benvenuty

La Vanguardia convocó el pasado miércoles en su sede de la Diagonal en Barcelona a cinco alcaldes de ciudades que han cambiado vertiginosamente a consecuencia de la inmigración: Jordi Serra (PSC), alcalde de Badalona; Santi Vila (CiU), alcalde de Figueres; Iolanda Pineda (PSC), alcaldesa de Salt; Ferran Bel (CiU), alcalde de Tortosa, y Pere Prat (ERC), alcalde de Manlleu. Los cinco constituyen una muestra de esa Catalunya mutante que va a cambiar, una vez más, el código genético del país.

El relato de estos gestores pone el acento en la debilidad de la sociedad recién alumbrada y en la percepción de que todo está por hacer. “Estamos en un momento fundacional de estas ciudades”, asegura el alcalde de Figueres. La inmigración, constatan unánimemente los cinco ediles, no tiene marcha atrás, ni siquiera en el nuevo contexto de recesión económica. No habrá retorno. Así que sólo cabe empujar hacia delante.

Las siguientes cuatro páginas tratan de resumir este coloquio, que se prolongó durante más de dos horas y que terminó dejando muchos temas pendientes.

JORDI SERRA (J.S.): Si debo ser yo quien rompa el fuego, me permitirán que les haga una puntualización: de los cinco municipios que están en esta mesa, soy el que tiene un menor número de inmigrantes. A principios de este año estamos por debajo del 15%, muy lejos del 40% de Salt o el 30% de Figueres. Sin embargo, estoy seguro de que todos creían que en Badalona batíamos todos los récords.

SANTI VILA (S.V.): Yo lo pensaba. Creía que teníais más inmigrantes.

J.S.: Pues no. Lo que ocurre es que en mi municipio la inmigración se ha convertido en objeto de la pugna política. ¿Qué quiero decir con esto? Que este tema esta sujeto a una gran subjetividad y a una gran capacidad de manipulación.

PERE PRAT (P.PR.): En Manlleu ya vivimos esa experiencia a finales de los años noventa, cuando la presencia de inmigrantes era poco significativa pero formó parte de la pugna política que le costó el cargo al entonces alcalde, el socialista Ramon Sitjà. Después de aquel episodio, la población inmigrada en Manlleu se incrementó en 8.000 habitantes, lo que dice mucho de la utilidad de estas campañas. Sólo en diez años hemos pasado de un 7,13% a un 23,8% de inmigración. Ahora tratamos de gestionarlo con la mejor buena voluntad y la máxima unidad política. ¿Tenemos problemas? Yo diría que no, aunque no descarto que esta noche cuando regrese los haya. Así vivimos los alcaldes. ¿Hay tensión? Sí. Tenemos una tasa media de paro del 18%, pero para los inmigrantes es del 35%. Algunos latinoamericanos, pocos, regresan y también algunos marroquíes se van a Bélgica…

IOLANDA PINEDA (I.P.): Es verdad, algunos se van a Bélgica. Es sólo un indicio, pero parece que algo hay de eso. Aun así, en Salt sigue aumentando la población mediante la reagrupación familiar. Tenemos 31.000 habitantes y un 42% de población recién llegada. En 1999 ese indicador estaba en un 6%. Hoy tenemos muchos más habitantes que hace diez años, pero nuestro censo electoral, en cambio, se ha reducido.

FERRAN BEL (F.B.): En Tortosa hemos pasado del 3% en el año 2000 al 26% en siete años. Luego hemos bajado al 23%. Tenemos tres mil personas menos que hace tres años. Pero, desgraciadamente, no es porque haya retorno, sino porque el Ayuntamiento ha aplicado una política de depuración del padrón donde había muchas irregularidades. Hemos puesto orden. A pesar de las cifras elevadas de paro, nosotros no observamos que haya retorno. Ahora hay un 18% de parados; un 30% en el colectivo inmigrante.

S.V.: En mi municipio conviven 93 nacionalidades. Tenemos un 30% de población recién llegada. Figueres crece gracias a la inmigración, aunque es verdad que en los últimos años se ha ralentizado después de aumentar a un ritmo de unas ochocientas o mil personas por año. Claro, este crecimiento ha generado unas dinámicas muy problemáticas con los autóctonos que, en algunos barrios ya se sienten una comunidad minoritaria, rodeada de gente que no entiende las pautas locales.

I.P.: Eso también nos ha sucedido en Salt, donde hemos dado un paso más allá. Porque esta llegada masiva ha significado la huida de buena parte de los autóctonos. La generación que llegó en los años sesenta, que a lo largo de estos años ha subido en el ascensor social, cuando han tenido la posibilidad, ha buscado una vivienda mejor. Esos pisos que han quedado vacíos los ha ocupado la siguiente generación. Y ese fenómeno se ha retroalimentado. Los recién llegados que se llaman unos a otros y los autóctonos imitan el comportamiento de los suyos y se van. Efecto entrada, efecto salida, al que se suma el tercer efecto que para nosotros es el más preocupante: el efecto atrapado. Aquel autóctono que no puede acceder a una nueva vivienda, que quiere irse y no puede y se ve atrapado en una comunidad con la que no se siente identificado. Para ellos, hasta hace unos años, la vecina del tercero era Loli, Antonia o Lluís…, ahora son la Fatima o Mohamed… que a menudo, no saben o no entienden los hábitos, la cultura y las normas que rigen aquí.

S.V.: Es que esa es nuestra verdadera asignatura pendiente. Les explico una anécdota que les ilustrará en lo que digo: no hace mucho me encontré por la calle una señora brasileña que me felicitó de un modo entusiasta por mi trabajo como alcalde.Me lo dijo muchas veces, tantas que al final quise saber a qué venía aquello. Y me respondió que nunca había estado en un lugar donde se celebrara con tanto entusiasmo el día internacional de los trabajadores, el Primero de Mayo. En realidad, el Primero de Mayo en Figueres celebramos la fiesta mayor de la Santa Creu. Pero ella no lo sabía. Creo que aquella mujer es el ejemplo más claro de la necesidad que tenemos de construir unos referentes comprensibles para todos.

J.S.: Es verdad, porque tras el crecimiento de los últimos años tendemos a la estabilización. La estabilización significa que una parte de esta nueva población no se va a mover. No se va a mover porque aquí han tenido a sus hijos, que van a la escuela y tienen unas oportunidades…

F.B.: No es sólo la escuela lo que les mantiene aquí. Nosotros tenemos la impresión de vivir una gran crisis, pero para ellos, también los adultos, sigue habiendo oportunidades que no van a desaprovechar.

J.S.: No habrá retorno. Sólo se daría en una situación de extrema crisis social que creo que nadie con sentido común puede desear. De modo que el camino es la integración. Es el único camino objetivo.

I.P.: Pero, en cambio, el problema, o uno de los problemas, en mi opinión es la movilidad de toda esta gente. Os pongo un ejemplo: hace un tiempo hicimos un estudio de un grupo de viviendas. De mil personas que vivían allí, novecientas y pico estaban empadronadas, pero sólo treinta realmente correspondían al padrón que teníamos. Cuando la gente cambia muy a menudo no se siente del lugar en el que vive, es muy difícil que acepte unas mínimas normas de convivencia, porque… está de paso. ¿Cómo los integras cuando ahora además están en paro y tienen una muy difícil reinserción laboral? Porque además estamos hablando de personas con escasa formación. Estamos hablando de analfabetismo. Esta es una de las cosas que más me preocupan. En Salt estamos volviendo a índices culturales que dejamos atrás en los años setenta. s.v. Ah, sí, la escuela de adultos de Figueres está literalmente desbordada. Tenemos una lista de espera de 200 personas.

I.P.: En Salt tenemos una lista de espera de otras 200.

P.PR: Nosotros tenemos unas 150 personas esperando poder ir a clase, no hay plazas suficientes.

S.V.: Es como si estuviéramos de nuevo en el momento fundacional de estas ciudades. De pronto hemos de atender asuntos que nadie imaginaba hace diez años que habría que atender. Hablamos de las escuelas de adultos, pero puedo ponerles otros ejemplos. En Figueres ahora hemos de ampliar el cementerio y además lo hemos de hacer teniendo en cuenta algo que hasta ahora no formaba parte de nuestro escenario mental, hemos de pensar en la diversidad de cultos de nuestros ciudadanos porque ese es nuestro deber Constitucional. Estamos obligados a atender la petición de un hijo de Figueres que quiere enterrar a su padre según su religión. ¿O es que le tengo que decir que se lo lleve a enterrarlo al pueblo de sus abuelos, donde él no ha estado nunca? ¿Para enterrar a un hombre que además trabajó durante años en el servicio de recogida de basuras del municipio?

I.P.: Estoy de acuerdo en esa idea del momento fundacional. En Salt estamos afrontando ahora algo tan básico como conectar a algunas comunidades de vecinos a la red de agua potable. ¿Por qué? Pues porque estas casas se hicieron sobre el llano del Ter en los años sesenta y estos pisos siempre habían tenido agua de los pozos. ¿Qué ha pasado? Que a lo largo de los años el subsuelo se ha contaminado y ahora no es aprovechable. ¿Qué estamos haciendo? En realidad estamos haciendo lo que ya hicieron estos barrios en los años setenta, en la transición, garantizar la luz, el agua, el asfalto, las cosas más básicas, a unas comunidades que, además, tienen en muchas ocasiones problemas para pagar. En efecto, es como si volviéramos a empezar. Claro, es evidente que la inmigración dispara la demanda de servicios. Pero lo que nos debemos preguntar es: ¿dispara la demanda porque son inmigrantes o porque son pobres? Porque son pobres. Porque una de las derivadas fundamentales de todo esto es que nuestras ciudades hoy son más pobres. Lo digo porque aquí podemos hablar del mito…

F.B.: El mito de que los inmigrantes se quedan todas las ayudas. Ese sí que es un asunto…

J.S.: … que se manipula políticamente. En Badalona se han hecho hasta vídeos que acaban con la consigna: primero los de casa. En los dos últimos meses he tenido que aguantar una campaña en la que se afirmaba que en el hospital municipal hay dos listas para operarse de cataratas: los de casa y los inmigrantes ilegales. Bueno, les diré la verdad: la verdad es que el servicio de oftalmología ha tenido en todo el año pasado 232 pacientes y sólo cuatro eran extranjeros. Y el tiempo de espera, para todos, porque esto es igual para todos, es de 57 días. Esto es así. Pero no hay manera. Hemos doblado las becas de comedor: hoy en Badalona no hay nadie que haya solicitado becas de comedor y que cumpla los requisitos que no la tenga. Pero aun así la mentira se sigue extendiendo y hay gente, he de admitirlo, que se lo cree.

S.V.: Veo que los mitos son compartidos…, el problema es que los recursos son limitados. Pongo por ejemplo un campo de fútbol en el que hasta hace un tiempo sólo jugaba un equipo local. Pienso ahora en los de Vilatenim. Claro, de pronto aparece un equipo de bolivianos que también quiere jugar al fútbol. ¡Pues hay que repartir las horas! Y aquí surge la tensión, en la falta de equipamientos deportivos, de escuelas, de escuelas de adultos, de equipamientos sociosanitarios, tenemos la atención primaria absolutamente desbordada y ahí sí creo que debe actuar el Govern.

F.B: Y en momentos de crisis eso es todavía más complicado. Desde que han empezado los problemas económicos se han disparado los rumores de que en Tortosa condonamos las tasas a las tiendas de inmigrantes…

P.PR: Claro, y luego están los inmigrantes que te recuerdan que en los años de bonanza han estado haciendo los trabajos que nadie quería y que ahora esos empleos se los das a un autóctono. ¿Sabes qué te dicen? Que eres un racista.

S.V: Hay algo que deberemos cambiar radicalmente. Habrá que decirle a la gente que ya no podemos seguir cubriendo todas las necesidades, que ya no somos el padre omnipotente que siempre se presta a dar a poyo a cualquier iniciativa bienintencionada.

F.B.: ¿Sabéis qué ocurre? Que nos hemos acostumbrado a vivir como un país rico. Nuestros ciudadanos aún creen que viven en un país rico y nos piden servicios de un país rico. Y no lo somos.

J.S.: Estoy de acuerdo con Santi Vila: hemos de empezar a decir que no. Pero, cuidado, porque este “no” puede generar más de un problema de convivencia. Hemos de darnos cuenta de que estamos en un momento crucial para el país y no sé si todos estamos a la altura.

F.B.: Yo por ahora he de decir que en Tortosa nadie ha utilizado la inmigración. Y me cuesta entender que un partido del arco parlamentario lo haga. Tal vez, puedes esperarlo de partidos extremos como la Plataforma, que actúa en Vic.

I.P.: ¡Uf! Yo creo que lo de Vic nos ha perjudicado a todos.

F.B:. Bueno, creo que responde a una realidad política compleja. Yo ya dije desde el primer momento que no aplicaría los criterios de Vic, pero por otra parte creo que…

S.V.: El caso se Vic sólo se explica por el contexto político. Yo he sido muy crítico. Pero entiendo la situación política del alcalde.

J.S.: La experiencia de otros países nos enseña que lo peor que se puede hacer para combatir a los partidos de extrema derecha es imitar sus ideas. f.b. ¡¡Hombre!!

I.P.: En realidad, lo que a mí me preocupa es que, de cara a la calle, el alcalde Vic lo estaba haciendo muy bien y el resto lo hacíamos muy mal…

P.PR.: Estoy de acuerdo con Iolanda. Un día, en plena polémica de Vic se me acerca un vecino: “Este sí que los tiene bien puestos, a ver tú qué haces”, me dice. Mirad, yo tengo una vieja máxima en esta cuestión: “Poca fressa y molta endreça” (poco ruido y mucha sensatez). En esto estábamos de acuerdo con el anterior alcalde de Vic. Todos los ayuntamientos hacemos lo que podemos con el padrón y con todo, pero sin armar ruido, evitando los conflictos. A mí lo que de verdad me molesta y me da mucha rabia es que los partidos, empezando por el mío, sólo hablan de inmigración cuando hay elecciones. Nadie se acuerda del trabajo de cohesión social que cada día hacemos los ayuntamientos.

S.V.: Creo que, entre políticos y periodistas, hemos conseguido desacreditar al alcalde discreto, eficiente, con un perfil gris, que garantiza esa máxima que sugería Pere Prat: la “poca fressa”. Tendemos a valorar el estrépito, lo extravagante, lo extremo. El discurso que va a la víscera. O ponemos en valor ese trabajo latente, más bien discreto pero efectivo, o pondremos en riesgo el espacio central de la sociedad, la base liberal democrática de la sociedad y daremos pie a perfiles antidemocráticos.

F.B.: No estoy del todo de acuerdo. Yo creo que deberíamos hacer cierta autocrítica: si esos mensajes llegan a la sociedad es porque nosotros no lo estamos haciendo todo bien. Lo que quiero decir es que el fenómeno de la inmigración no se ha de gestionar sólo pensando en la población inmigrada, sino también en la autóctona… si me lo permitís, quisiera introducir otro tema que no hemos tratado: creo que, al margen de todos estos problemas, vamos a tener otro a corto plazo, el de la vivienda. Al menos en mi caso, en Tortosa tenemos un problema enorme. En primer lugar, porque muchos de estos inmigrantes se compraron casas que ahora no pueden pagar…

I.P.: Se han hecho verdaderas barbaridades: y ahora se han quedado sin vivienda y con una deuda que les va a perseguir toda la vida.

F.B.: Pero es que además han comprado unas viviendas casi inhabitables a unos precios astronómicos que les aseguro que no hubiese pagado ningún autóctono. Nosotros estamos aplicando el plan de Barrios en el caso antiguo de Tortosa y estamos haciendo expropiaciones. Os puedo asegurar que aun siendo lo más generosos posible no logramos cubrir el 60% de las hipotecas que han contratado estas personas. Aquí alguien ha abusado.

P.PR.: En Manlleu ha ocurrido algo parecido. Algunas viviendas estaban valoradas muy por encima de su precio real. Las de Can Garcia. Pero lo más sorprendente son las entidades que aparecen detrás: por ejemplo, tenemos dos viviendas hipotecadas en una caja cooperativa de Murcia. ¿Qué hace en Manlleu? No me lo pregunten, porque no lo sé.

F.B.: El problema es, además, la calidad de este parque de viviendas. Ahora hemos pedido a una caja que nos ceda algunas para ver si las podemos convertir en alquiler asequible. Nos han cedido 24. Mis técnicos fueron a verlas y el resultado fue que sólo dos eran habitables.

I.P.: Yo creo que nos hemos de poner en la piel de las personas autóctonas que han quedado en algunos lugares, como en ciertos barrios de Salt, donde la presencia de población inmigrante es del 70% y el 80%. Habrá quien por convicción se va a quedar. Pero hay otros que se han quedado atrapados, y por tanto no cabe esperar que su reacción sea buena. Mirad, en Salt hay casos de comunidades de vecinos que se han quedado sin agua porque no han pagado la luz de la escalera. De modo que hemos tenido que poner a mediadores sociales a reunir el dinero puerta a puerta para volver a tener luz. Finalmente, hemos optado por crear un programa específico con el que el Ayuntamiento se convierte a una especie de administrador de fincas. Y me diréis, hombre, ¿y ese es vuestro papel? Pues sí, porque si un vecino tiene problemas en el mismo rellano de casa, al final los tendrá en la calle. Lo estamos haciendo con una subvención del ministerio y cuando se acabe…, pues habrá que buscar dinero en otra parte…

F.B.: Es verdad, hay tensiones.Momentos difíciles. Pero, aun así, creo que la reacción de la población es modélica. Pasar de un 3% de inmigración al 27% con 76 nacionalidades distintas en siete años… Y creo que aquí las asociaciones de vecinos, donde, al menos en Tortosa, apenas hay presencia inmigrante, han tenido un papel crucial.

P.PR.: Estoy de acuerdo. Este crecimiento brutal que hemos sufrido se ha producido con una considerable paz social. Aquí actúa mucha gente a la vez: la Iglesia, los sindicatos, las asociaciones de vecinos, las otras confesiones religiosas, que cada vez tienen un papel más importante. Lo que no quiere decir que no haya conflictos.

S.V.: Con los centros de culto, bastantes. Mira, en este aspecto nosotros siempre hemos dicho que vamos a ceñirnos estrictamente al marco de la Constitución. Es lo que antes os comentaba del cementerio. Es un derecho constitucional. ¿Una mezquita en Figueres? Hemos inventado un concepto, que es el parque de las confesiones, donde queremos dar espacio a todos los colectivos de la ciudad. Lo que no voy a hacer es construir un equipamiento religioso desviando un dinero que debo dedicar a hacer escuelas.

I.P.: En el tema de las mezquitas yo creo que todavía nos encontramos en el tiempo de las catacumbas. Y eso no se resolverá si no se hace pedagogía y, sobre todo, si las comunidades no son capaces de mirarse a la cara. Y eso no ocurre ahora.

F.B.: Avanzamos muy lentamente en la integración. Lo hablábamos no hace mucho con los alcaldes franceses: ellos llevan treinta años y siguen teniendo problemas…

I.P.: Creo que la tradición migratoria de España y de Catalunya ayuda. Al final siempre puedes recordar de dónde eres y cómo llegaste hasta aquí. No es lo mismo. Es cierto, pero…

http://www.lavanguardia.es/ciudadanos/noticias/20100221/53894295179/cinco-alcaldes-debaten-en-la-vanguardia-sobre-el-vertiginoso-impacto-de-la-inmigracion-salt-figueres.html

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