EL POPULISMO QUE VIENE (10): EL “EFECTO ANGLADA”, EL PRIMER ANÁLISIS DE LA PxC

 

EL 9 DE JUNIO DE 2003 analizamos en un artículo publicado en EL PAÍS (edición de Cataluña) el impacto de la Plataforma per Catalunya [PxC]. Fue -si no nos equivocamos- el primer análisis publicado sobre esta formación. Desde entonces han pasado casi siete años y el lector puede juzgar el grado de acierto del mismo. Su título era una adaptación autóctona de la conocida obra de Edwy Plenel y Alain Rollat, L’effet Le Pen (La Découverte/Le Monde, París, 1984).

Por cierto, la PxC titulo “El efecto Anglada” un video sobre su ascenso municipal (http://www.youtube.com/watch?v=AnIQ7jrwD0g&feature=channel_page ¿Se trató de una mera coincidencia?

Este era el texto íntegro del artículo, que aún opermanece acessible on line en http://www.elpais.com/articulo/cataluna/efecto/Anglada/elpepiespcat/20030609elpcat_4/Tes

El ‘efecto Anglada’

LAS ELECCIONES MUNICIPALES han permitido emerger a un partido antiinmigración, la Plataforma per Catalunya, constituida en abril de 2002. Liderada por Josep Anglada, la formación ha obtenido un concejal en Vic (1.229 votos, 7,5%), El Vendrell (774 votos, 6,2%), Cervera (394, 9,2%) y Manlleu (492, 5,6%), y ha fracasado en Barcelona (334 votos) y el Prat (68 votos). Con un discurso en gran medida homologable al de la nueva ultraderecha populista europea, la Plataforma per Catalunya niega ser de derechas o de izquierdas y se define como la “plataforma del sentido común”, se dirige a los ciudadanos que no se sienten representados por los partidos y su mensaje antiinmigración combina un chovinismo de defensa del Estado de bienestar (cuyas prestaciones deben ser para los autóctonos) con la defensa de una identidad nacional y una cohesión social que considera amenazadas. No rechaza oficialmente la inmigración ilegal por móviles xenófobos, sino por sus supuestos efectos negativos (paro, delincuencia, marginación), y se opone a la inmigración musulmana al percibir el islam como “una forma reaccionaria de religión”. ¿Cuáles son las causas del efecto Anglada? Probablemente éste sea resultado de dinámicas políticas y sociales cruzadas.

En primer lugar, el porcentaje de extranjeros en Cataluña, tras aumentar el 22% entre los años 2001 y 2002 por reagrupaciones familiares, representa ya el 5,3% de la población; los marroquíes supondrían el 30,5% de este porcentaje. De este modo, la inmigración -sobre todo magrebí- se ha impuesto por su propio peso en la realidad social y en la agenda política. Paralelamente, parece haberse producido un cierto proceso de lo que el politólogo Pascal Perrineau (uno de los más agudos analistas de la ultraderecha francesa) designa como “lepenización de los espíritus”, expresión que alude al hecho de que el lepenismo gana las conciencias antes que los votos. En este sentido, episodios de violencia racista como el acaecido en el barrio de Ca n’Anglada de Terrassa (julio de 1999) o declaraciones como las efectuadas por Marta Ferrusola y Heribert Barrera (febrero de 2001) han parecido reflejar un estado de ánimo que evoluciona hacia una percepción crítica y de rechazo de la inmigración extraeuropea. Recordemos que la señora Ferrusola comentó: “Las ayudas son para esta gente que no saben lo que es Cataluña. Sólo saben decir: ‘Dame de comer”. Por su parte, Barrera fue contundente en un libro entrevista: “Si continúan las corrientes migratorias actuales, Cataluña desaparecerá”. Tales afirmaciones, efectuadas por figuras de relevancia pública, cobraron “respetabilidad política” y Anglada no ha dudado en mencionarlas en su propaganda y en presentarse a sí mismo (al igual que Le Pen) como “el ciudadano que dice en voz alta lo que la mayoría de los ciudadanos pensamos”.

En segundo lugar, los medios de comunicación han magnificado algunos aspectos de la conflictividad generada por la inmigración, y el caso de la Plataforma per Catalunya es un ejemplo de ello. Reclamada la colaboración de Anglada en mayo de 2002 por los vecinos de Premià de Mar opuestos a la construcción de una mezquita, el líder de la Plataforma per Catalunya gozó de un impresionante despliegue mediático, difícilmente justificable al carecer su organización de representatividad política o institucional alguna. Anglada dispuso así gratuitamente de tribunas para difundir sus tesis y dar a conocer su organización. En este sentido, los medios de comunicación fueron decisivos para magnificar la entidad de la plataforma y Anglada fue consciente de ello (“sin ningún medio económico me han hecho una campaña bestial”, dijo). A su vez, el conflicto de Premià cuajó en una candidatura (Veïns Independents de Premià) impulsada por miembros de la protesta antimezquita pero sin vínculos con la plataforma, que ha obtenido un concejal (862 votos, 6,8%).

En tercer lugar, la evolución de la extrema derecha españoladesde su hundimiento electoral en 1982 la ha llevado a abandonar discursos neofranquistas para adoptar aquellos que hoy cosechan éxito electoral en Europa, especialmente el del Frente Nacional francés. La trayectoria del propio Anglada es ilustrativa al respecto. Con 43 años, pertenece a una generación que vivió un franquismo deslucido. Seguidor de Blas Piñar hasta los inicios de los años noventa, en enero de 2001 constituyó su propio partido en Vic, la Plataforma Vigatana, para combatir la política de inmigración municipal y un año después fundó la Plataforma per Catalunya. Hoy rechaza ser identificado como “ultraderechista”, aunque en privado ha manifestado coincidir con ideas de los skins, así como actuar tácticamente: “No nos interesa relacionarnos con todo aquello que sea el franquismo, que yo lo llevo en el corazón, pero políticamente no vende”. Aunque no sólo ha cambiado el mensaje ultraderechista, sino también su transmisión: Anglada ha adoptado la denominación de plataforma (de connotación asamblearia) para su formación y su propaganda está escrita en catalán. Eso ha situado a la Plataforma per Catalunya más allá del eje catalanismo-españolismo, frontera ideológica tradicionalmente insalvable para la extrema derecha española en Cataluña, y ha atraído votos que antes habían sido del PP, CiU y el PSC.

En definitiva, el efecto Anglada es síntoma de un malestar social ante los retos que plantea la inmigración. Exorcizar el síntoma no resolverá el problema; indagar sobre sus causas e influir en ellas puede ser decisivo para que la Plataforma per Catalunya sea un episodio aislado de la escena política catalana o se instale en ella.

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