EL POPULISMO QUE VIENE (11): ANGLADA YA ES LE PEN

ACABAMOS DE ASISTIR AL ACTO DE “RE-PROCLAMACIÓN” de los candidatos a la Generalitat de la PxC, que Josep Anglada encabezará por Barcelona y que se ha celebrado en un salón del hotel barcelonés de la estación ferroviaria de Sants. Y decimos “re-proclamación” porque estos ya fueron proclamados en el IV Congreso del partido (celebrado el 23 de noviembre de 2008). Eso sí, por el camino ha habido un cambio no explicado: el cabeza de lista por Tarragona, Daniel Fenoy, ha sido substituido por Miryam Muñoz, que participó en aquel congreso como militante. Quizá el cambio radica en el afán de añadir una pesencia femenina a las listas que aumente su eventual tirón electoral.

Hecho este apunte del evento -que demuestra la capacidad de la PxC para reemitir un mensaje (la proclamación de sus candidatos) y lograr que los medios de comunicación se hagan eco-, nos han parecido relevantes seis aspectos del mismo que demuestran como -por el momento- Anglada ha conseguido por vez primera éxitos relativos pero llamativos que permiten establecer paralelismos entre su figura y la de Jean-Marie Le Pen.

EN PRIMER LUGAR, ha pasado con éxito la prueba de convocar un acto fuera de su feudo electoral -Vic- y prácticamente llenar el recinto. Y ello demuestra que o bien cuenta con seguidores locales o los de fuera de Barcelona son lo suficientemente fieles como para desplazarse y arroparle.

EN SEGUNDO LUGAR, el público del acto ha reflejado como Anglada ha conseguido -y aquí empezamos las semejanzas con Le Pen- a soldar unos apoyos políticos que antes de la irrupción de la PxC constituían compartimentos estanco o -en metáfora líquida- agua y aceite: por una parte, el público habitual de eventos de ultraderecha y, por otra, el de actos de partidos tradicionales.

Así, entre los asistentes podía verse una nutrida presencia de “ultrapatriotas” (incluyendo algún que otro skinhead), que portaban prendas de lemas ideológicos  inequívocos (como “100% españoles” o una cruz céltica sobre un 88 [guarismo equivalente a HH o Heil Hitler]), así como algunos routiers -o activistas de largo recorrido- de la extrema derecha barcelonesa entre los organizadores del evento. Sin embargo, también había participantes con aspecto de no haber frecuentado ambientes de ultraderecha y parecían ser los predominantes. En este sentido, Anglada ha logrado algo que hace una década parecía inconcebible: que un exfuerzanuevista público y notorio con un núcleo de ultraderechistas sea votado por un electorado ídeológicamente transversal.

De este modo, Anglada, como Le Pen, ha logrado superar el estrecho marco de juego político que dibujado el campo de la extrema derecha para diseñar otro de fronteras elásticas y fluidas que le permiten dirigirse a un electorado catalanista o izquierdista dispuesto a votar a quien fue un piñarista confeso y devoto.  El método es simple: concentrar el apoyo de los “autóctonos” frente a unos “foráneos” percibidos como una amenaza identitaria y económica. La islamofobia ayuda a cimentar esta coalición, con su doble apelación a los ultrapatriotas católicos y a los progresistas y a mujeres que identifican al Islam con una fe retrógrada. Por el momento, parece funcionarle.

EN TERCER LUGAR, Anglada salta a la arena política del hemicilo catalán -y hoy ha advertido retador que también lo haría en la española y europea- desde sus modestas bases locales (como hizo el Front National de Le Pen). Y una cosa es que lo haga y otra muy distinta es que tenga eco mediático amplio.  En este sentido, al igual que Le Pen, el líder de la islamófoba PxC ha experimentado notables progresos en términos de expansión organizativa, peor también en su mise en scène. Anglada ha dejado de ser el orador un tanto vacilante de sus inicios para devenir otro que sabe medir y calcular el impacto de sus palabras y dosificarlas.

Ha descubierto la debilidad de los medios de comunicación por los tiulares; del ansia del electorado por un discurso agresivo y con aristas frente al tono plomizo  y monocorde del de los partidos tradicionales. Sabe así aprovechar y exprimir sus minutos de televisión y sus entrevistas. Los medios quieren carnaza para la audiencia y Anglada está dispuesto a ser su proveedor. Una simbiosis perfecta para obtener réditos de imagen sin invertir un euro. De hecho, el evento de hoy ha merecido la atención del noticiario de TV3 cuando no aportaba novedad informativa alguna.

También hay que añadir la colaboración involuntaria al éxito de Anglada de los “antifascistas”, que con protestas ante sus actos -como la que ha tenido hoy en Sants- han contribuido a amplificar su impacto, como ya ocurrió con la protesta contra la mezquita de Premià en los orígenes de la PxC. De hecho, quienes pretenden combatir el avance de Anglada por tales vías no parecen percatarse de que logran el objetivo contrario: dar alas a su rival. Anglada -como Le Pen- se alimenta del conflicto y en él se crece. Así pues, quienes quieran contener a este político con movilizaciones “antifascistas” lo único que harán es aumentar su cuenta de resultados.

EN CUARTO LUGAR, el discurso de Anglada responde -como si hubiera utilizado un manual- al del lepenismo: antielitismo y crítica a los partidos tradicionales, en una versión catalana del tous pourris [todos podridos] que emplea Le Pen para aludir al resto de partidos. De este modo, identifíca a sus oponentes políticos como “vividores” y “gandules”; apela a la islamofobia y a la “prioridad nacional” para los autóctonos en las prestaciones sociales; y recurre a una demagógica combinación de apelación al Estado para que actúe como repartidor y garante de los beneficios sociales para catalanes y españoles y cree puestos de trabajo, a la vez que manifiesta su voluntad de privatizar la televisión pública (es decir, “disminuir” el Estado). En suma, ofrece la habitual síntesis de materia y antimateria propia de los nuevos populismos, que reclaman un liberismo económico y -a la vez- una contundente intervención del Estado, como Le Pen.

EN QUINTO LUGAR, Anglada ha conseguido una red de apoyos internacional que jamás la ha obtenido otra formación de extrema derecha en España, incluyendo a la fenecida Fuerza Nueva. En efecto, el Vlaams Belang y la Lega Nord arropan a la PxC, como también lo hace el FPÖ y tales partidos están dispuestos a integrarla en su proyecto de candidatura que apela a la Europa de las naciones (que no a la de los Estados). En este sentido, todo parece indicar que al igual que Anglada ha sabido “surfear” políticamente sobre la vidriosa cuestión nacional (se dirige a catalanes y españoles por igual), posiblemente también sabrá hacerlo con socios europeos estatistas si se tercia.

EN SEXTO LUGAR Y COMO COLOFÓN, según la web de la PxC el lunes próximo está prevista una entrevista de Anglada en el programa estelar de las mañanas de TV3, lo que posiblemente le dará la patina de respetabilidad política que le falta: una vez entrevistado por el conductor estrella catalán -Josep Cuní- su ideología quedará en buena medida desestigmatizada. Recordemos que el gran salto a la popularidad de Le Pen tuvo lugar gracias a su intervención en un programa de la televisión pública de la máxima audiencia: “L’Heure de Vérité”, en febrero de 1984. En él Le Pen expuso sus tesis en directo y su repercusión le instaló en el circo político y mediático de modo permanente. Veremos si se repite el fenómeno. 

Los medios de comunicación, la crisis económica y la propia actuación de buena parte de la clase política está haciendo la siembra -esto es la campaña electoral- de Anglada y éste solo tendrá que pasar al final a cosechar -recoger los votos- para llenar el granero. Ignoramos si llegará al hemiciclo catalán, pero es más que probable que esta cosecha tenga sus resultados en los próximos comicios locales.

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