NOTAS DE LECTURA: LOS AMERICANOS QUE SOÑARON CON MOSCÚ

 


 
Autor: Tim Tzouliadis
Título: Los olvidados. Una tragedia americana en la Rusia de Stalin
Editorial: Debate, 522 páginas, 24.9 euros
 

TIM TZOULIADIS (Atenas, 1968) estudió Ciencias Políticas, Filosofía y Económicas en Oxford y ha trabajado como periodista y director de documentales para diversos canales de televisión.  El tema del presente libro precisamente está vinculado a su investigación de un documental dedicado a los campos de concentración soviéticos, pues al realizarlo halló una historia apenas conocida: iniciada la Gran depresión en 1929, miles de estadounidenses partieron hacia la URSS en la década de los años treinta atraídos por la propaganda soviética que  dibujaba un paraíso idílico. Pero allí pronto constataron la diferencia entre la arcadia soñada y la dura realidad soviética, de la que el terror de Joseph Stalin formó parte e impidió que muchos de ellos no regresaran a EE.UU..

Solo empezar su odisea, los estadounidenses que llegaron a la meca del comunismo devinieron apátridas: por una parte, fueron privados de sus pasaportes (que la policía política empleó en labores de espionaje) y, por otra, perdieron su ciudadanía americana. El resultado fue que quedaron indefensos en el país de acogida y muchos de ellos fueron secuestrados y enviados a campos de trabajos forzados en el Gulag.

Uno de los casos más ejemplificadores de la destrucción de esta fe en el comunismo es el de Lovett Fort-Whiteman, profesor del colegio angloamericano de Moscú y cofundador del Congreso de Trabajadores Afroamericanos. Inquieto por el trato que se daba en EE.UU. a estos últimos partió a la URSS convencido de que allí podría vivir una hermandad social entre los hombres. Su experiencia contrastó brutalmente con sus sueños: tras solicitar un permiso para volver a su país, se le negó el visado. Denunciado como contrarrevolucionario por un miembro del PC estadounidense fue detenido y enviado a un “campo de trabajo correccional” en Kazajstán, donde recibió una dura paliza al no cumplir su cuota de trabajo y murió de hambre y con el cuerpo destrozado (sus dientes saltaron por los golpes que le dieron sus carceleros).

El libro de Tzouliadis, además, no solo se centra en la colonia estadounidense en la URSS, sino que  igualmente analiza las relaciones entre Stalin y Franklin D. Roosevelt y, por ejemplo, expone cómo el gobierno de éste último compró oro soviético. Ello no dejó de ser una doble paradoja, pues el preciado material fue extraido de la siniestra mina siberiana de Kolimá por prisioneros americanos gracias -y esta es la otra paradoja- a la labor de un ingeniero estadounidense, Jack Littlepage. Éste, tras mostrarse reacio a acuidr a la URSS, finalmente lo hizo y diseñó el método de extracción del mineral en aquella mina de inclementes condiciones de trabajo  (“Kolimá, Kolimá, maravilloso planeta, / Doce meses de invierno, y el resto, verano”, entonaban los reos). No obstante, a diferencia de sus compatriotas, Littlepage tuvo más suerte y pudo volver a su país. 

En este contexto de brutalidad de las autoridades hacia los emigrantes americanos fue llamativa la actitud sumisa del embajador de EE.UU. ante la autoridades soviéticas. Y es que a Joseph Davies le inquietó más obtener el favor del dictador soviético -por la facinación que en él despertaba- que por ayudar a sus compatriotas abandonados. Así las cosas, cuando en 1941 publicó sus memorias Misión en Moscú, los diplomáticos que trabajaron con él aludieron a la obra como Sumisión en Moscú.

Tras el fin de la URSS  se constituyó una comisión conjunta ruso-estadounidenses para aclarar la suerte de los inmigrantes de los años treinta, pero sus labores están estancadas, a la par que los archivos personales de Stalin y de la KGB siguen cerrados, por lo que pocas posibilidades hay de conocer el destino último del contingente estadounidense que creyó en la bondad de la Unión Soviética.

Para concluir la reseña, debe destacarse que esta obra no se dirige a estudiosos o especialistas, sino a un público muy amplio. En este sentido, es muy asequible por su prosa fluida y su ágil relato, a medio camino entre el ensayo històrico y la crónica periodística. No es extraño, pues que ganase el Premio Longman-History Today de 2009.

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