“EL OASIS CATALÁN” EN “LA RAZÓN”

 

El columnista Luis Alejandre ha publicado en La Razón (22/IV/2010) este comentario sobre nuestra obra: http://www.larazon.es/noticia/6741-en-busca-del-oasis

“En busca del oasis”

La Real Academia de la Lengua define el término oasis bajo dos acepciones : «sitio con vegetación y  manantiales que se encuentra aislado en los desiertos» y a la vez «tregua, descanso, refugio en las penalidades o contratiempos de la vida».

Si busca el lector en internet la voz «oasis catalán» encontrará más de 30.000 entradas y comunicaciones. Imposible absorberlo todo.

Se atribuye al periodista de la «Veu de Catalunya», órgano oficial de la Lliga, Manuel Bonet haber utilizado por primera vez esta expresión, allá por marzo de 1936. Pero, lo que describía como  ilusionada esperanza se quebró tremendamente cuatro meses después. Desde entonces, la expresión ha sido utilizada con diferentes finalidades, pero siempre referidas a futuro, a lo que podía llegar a ser, a esperanza. El oasis es vida, es refugio, pero también tiene sus peligros. Los salteadores de rutas se refugian en ellos; los pozos que bien gestionados calman la sed, descontrolados, contaminados, sucios, pueden transmitir enfermedades y muerte. En ello debía pensar Aleix Vidal-Quadras cuando llegó a definir el catalán como «infecta charca de corrupción, de egocentrismo y de hispanofobia».

La última referencia al «oasis catalán» la ha publicado magistralmente Xavier Casals en una valiente y brillante iniciativa de la editorial Edhasa. Como subtítulo se interroga el autor: «¿Espejismo o realidad?». Profunda reflexión a modo de ensayo. Diagnóstico completo de una situación que nos preocupa a todos, por la existencia de profundas trincheras en momentos en que físicamente nunca había estado tan cerca Cataluña del resto de España  gracias a las autopistas, los puentes aéreos o el AVE y políticamente por la gestión de dos gobiernos del mismo color político. Casals (Barcelona 1963), profesor de su Universidad  y de la Ramon Llull, se doctoró en Historia con temas relacionados con la ultraderecha y el neonazismo. No necesitaba muletas para presentar su ensayo, pero –honesto– valora las aportaciones de Joan Marcet, de Enrique Ucelay-Da Cal y de mis queridos amigos Jesús Rodes –un hombre con el que compartí duras experiencias en Centroamérica– y de un brillante e incansable Antoni Segura. El estudio viene también apoyado en estudios demoscópicos de Carlos Castro y de Oriol Bartomeu.

No entraré en la esencia del trabajo. Dejo que cada lector, si lee el ensayo, extraiga sus propias conclusiones. Lo que sí quiero resaltar es que un buen análisis, objetivado, ponderado, crítico, es fundamental para diagnosticar los males de una sociedad –el oasis– si se quiere conseguir una regeneración física de sus manantiales y  –metafóricamente– ética, sobre su uso y disfrute. Porque, por debajo de los problemas políticos –centrados estos días en la dificilísima sentencia del Constitucional sobre el Estatut–, hay problemas latentes como las listas del paro, las altas tasas de emigración de asiáticos o  hispanos , la «nueva realidad del islam» entre nosotros, que poco a poco van cambiando el tejido social catalán. Sumemos a ello los escándalos de corrupción como los del Palau o los del «caso Pretoria»  y habrá que comprender cómo aumenta la abstención en los periodos electorales y cómo emergen liderazgos populistas –Laporta– que pueden alzar en falso la bandera de unas supuestas identidades amenazadas, cuando en realidad éstas se han convertido en identidades poliédricas bien diferentes.

Es más.Todo ello coincide con la puesta en duda de valores tradicionales de la sociedad catalana como la iniciativa privada, la cultura del esfuerzo, el «seny» o ponderada sensatez. Ahora encontramos una sociedad «subvencionada» en la que casi todo depende de la dotación o subvención pública. Y no hay nada que le guste más a un político que ser el dueño, el que decide el reparto de los fondos públicos. Pero estas sociedades «dependientes» languidecen poco a poco. Renuevan los sistemas de ayudas buscando el viento político más favorable, pero acaban muriendo por falta de competitividad y de estímulos.

Pasé por el «oasis» de la mano de un coloquio en el foro «España hoy», más entrevistas con responsables de dos editoriales –Edhasa y Barril-Barral– con una hora en la redacción de «El Periódico de Cataluña» y con un almuerzo con un magistrado multado por criticar la instrucción del caso Palau. ¡Valiosísimos sensores! Siempre procuro buscar a personas que ayudan a tender puentes. Y cuando insistía en mi vieja queja de falta de intelectuales que detectasen la latente enfermedad que nos aqueja como pueblo, encontré el «oasis Casals» que invoca para esta Cataluña «desnortada, política y económicamente en quiebra, la necesidad de reinventarse por vías ahora impredecibles». Tiende  dos puentes referidos a la lengua que a falta de «resolver» el problema  –como decía Ortega– ayuden a conllevarlo. El primero lo dicta Albert Branchadell cuando dice: «El catalán es una lengua española y es a España quien debe erigirse en su primer defensor, a la vez que la Generalitat debe asumir con todas sus consecuencias que el castellano es una lengua catalana».El segundo lo entresaca de las Memorias de Jordi Pujol: «Alguna vez tengo la sensación de que los catalanes hemos ligado demasiado nuestro destino a la lengua …y no siempre hemos acertado».

Capacidades tiene la sociedad catalana para reinventarse, aunque ahora aparezcan peligrosamente adormecidas. Todos, todos, tenemos la responsabilidad de ayudar a diseñar y construir un modelo de sociedad catalana que  España, clamorosamente, necesita. Luego, volveremos a hablar del oasis.

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