EL POPULISMO QUE VIENE (15): EL BRITISH NATIONAL PARTY

 

ANTE LAS ELECCIONES BRITÁNICAS el diario  La Vanguardia ha publicado  (4/V/2010) una interesante crónica de Rafael Ramos sobre el British National Party [BNP] (http://bnp.org.uk/). Esta  formación se constituyó como resultado de una escisión del neofascista National Front [NF] en 1982. En 1999 fue elegido su dirigente actual, Nick Griffin y empezó una penetración en el ámbito local. De este modo, en las elecciones municipales de 2002 la ultraderecha logró representantes en los consistorios tras 9 años careciendo de ellos, cosechando un 18% de votos en las circunscripciones donde se presentó. Entonces Griffin encarnó una “revuelta del hombre blanco” y fue explícito sobre el perfil de sus seguidores, masculino y blanco:

[…] nos hemos beneficiado del creciente disgusto de los blancos británicos con la discriminación a favor de los asiáticos. Los blancos de las áreas industriales deprimidas son tan pobres como los pakistaníes, pero disfrutan de muchos menos beneficios sociales porque tienen menos hijos y no entran dentro del juego de la economía sumergida, con trabajos no declarados. Los blancos del Reino Unido estamos hartos de la corrección política y de la discriminación a favor de los inmigrantes.

Este inicio se ha visto recompensado con otros sucesivos pequeños éxitos. En el 2005 obtuvo el 0.7% de los votos el las elecciones generales; en el 2008 alcanzó el 5.8% de los votos en los comicios locales de Londres y devino el quinto partido y en el 2009 consiguió dos escaños de eurodiputado, uno de ellos para el propio Griffin.

Ahora parece capaz de experimentar un destacado avance en el ámbito local -donde quiere impulsar una revuelta racial- según el artículo en cuestión (4/V/2010) que reproducimos: www.lavanguardia.es/internacional/noticias/20100504/53920628562/el-partido-nacional-britanico-aspira-a-sumar-votos-en-muchos-ayuntamientos-londres-frente-nacional-m.html      Consideramos que esta información es de interés en la medida que la ultraderecha española puede seguir un camino similar, como ya hemos defendido en nuestros estudios, especialmente en Ultracatalunya.

Cartel islamófobo del BNP.

“El Partido Nacional Británico aspira a sumar votos en muchos ayuntamientos”

El BNP defiende el castigo corporal para delitos, derecho a las armas y deportaciones

Es demasiado tarde para tener una conversación con Hitler, Mussolini o Franco, aunque sólo por la curiosidad histórica y cultural de saber cómo funciona la mente de un fascista. Pero en el Londres del año 2010 no hay más que subirse a la District Line (línea verde) del metro, ir hasta el final y preguntar por Nick Griffin, el líder de la ultraderecha británica. Seguro que no anda muy lejos del pub The Cherry Tree (el cerezo).

Griffin –un hombre bien trajeado, con corbata y una barriga cervecera– se presenta como candidato del BNP (Partido Nacional Británico) por la circunscripción de Barking and Dagenham, en el extremo oriental de la capital, un territorio tradicionalmente de clase blanca trabajadora que prosperó bajo el ala de la fábrica de automóviles Ford y aún no se ha recuperado de su cierre a principios de la década. Es una mezcla de hileras de modestas casitas victorianas adosadas de ladrillo rojo con pequeño jardín, de bloques de pisos subvencionados, naves industriales y solares vacíos.

Griffin no lo tiene fácil para ganar el escaño, defendido por la secretaria de Estado laborista Margaret Hodge con una sustancial mayoría de 8.883 votos. Pero en las últimas elecciones municipales disparó la alarma al lograr doce concejales (de un total de 51) y su gran aspiración es conquistar el ayuntamiento y así la posibilidad de hacer una revolución racista a escala local, dando prioridad a los blancos a la hora de obtener servicios públicos y –sobre todo– viviendas subvencionadas.

Gran Bretaña es un país orgulloso de no haber tenido una ultraderecha significativa desde los lejanos tiempos del Frente Nacional. No ha habido nada ni remotamente parecido a un Le Pen. Pero el avance neofascista es significativo no sólo en la frontera oriental de Londres, donde se mezcla con el condado de Essex, sino también en Stoke-on-Trent y muchas localidades de las Midlands y el norte del país.

“En Barking confluyen los elementos para la tormenta perfecta –señala el sociólogo Clement Hodge–. Crisis económica, un gobierno débil, inseguridad ciudadana, tensiones raciales, aumento de la inmigración, alienación cultural, deterioro de los servicios públicos, pérdida de la solidaridad social y un sentido étnico de identidad”. Griffin es vitoreado mientras tira panfletos desde el bus alquilado por el BNP para la campaña, o cuando concentra una pequeña multitud a la entrada del supermercado Tesco para explicar unas políticas repugnantes que no llevan el título de limpieza étnica pero lo son.

Los panfletos muestran a una inocente niña blanca, en una imagen sepia que parece de finales de la posguerra (un símbolo del idílico pasado), y al lado tres chicas con la cabeza cubierta con velo y el dedo índice levantado en un gesto obsceno (la alegoría del presente). El manifiesto propone la deportación de inmigrantes sin papeles y un plan de incentivos económicos para que el resto de los extranjeros se vaya, la reintroducción de los castigos corporales (latigazos…) para delitos como el hurto y el vandalismo, la pena capital para pederastas, terroristas y asesinos, la abolición de todas las leyes que prohíben la discriminación racial en el empleo, el derecho a poseer armas de fuego a la americana y “medidas para que la sociedad británica recupere la composición étnica que tenía antes de 1948”.

Los seguidores del BNP no se consideran británicos, sino ingleses; creen que en la selección nacional no debería haber negros, denuncian una teoría de la conspiración (por completo infundada) según la cual los inmigrantes reciben 50.000 euros para instalarse en el barrio, y consideran que la homosexualidad es abominable. Barking es un mundo de hombres blancos con los brazos y el cuello tatuados que pasean sus dóberman y pitbull para inspirar terror, y cuyo lema es los británicos primero. Como aproximación al neofascismo, una experiencia mucho más viva que las estatuas ecuestres del viejo dictador o las calles con los nombres de generales de la guerra.

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