EL POPULISMO QUE VIENE (18): LAS LIMITACIONES DEL “CORDÓN SANITARIO”

 Joan Herrera, dirigente de ICV, exhorta a crear “cordones sanitarios” ante la derecha populista.

JOAN HERRERA, diputado y líder de Iniciativa per Catalunya Verds [ICV],  ha instado a las formaciones políticas catalanas a crear un “cordón sanitario” contra los partidos racistas, señalando que CiU «copia» las actitudes más mezquinas del PP. Por ello exhortó al PSC y ERC a crear un “cordón sanitario” contra la xenofobia y el racismo comprometiéndose a no pactar “nunca” con los partidos que sostengan discursos “xenofobos”, en referencia al PP y su edil badalonés Xavier García Albiol, a determinados discursos de CiU o al líder de la PxC, Josep Anglada (http://www.publico.es/catalunya/311455/herrera/insta/crear/cordo/sanitari/els/partits/racistes).

¿Pero realmente funciona el llamado “cordón sanitario”? Esta  fue una de las estrategias a las que se recurrió para frenar el ascenso del Front National [FN] de Jean-Marie Le Pen:  crear “frentes republicanos” que reuniesen a las fuerzas de derecha e izquierda en el voto emitido (concentrándolo en la formación que pudiese tener más posibilidades de triunfo) o en el gobierno consistorial de aquellos lugares donde los candidatos lepenistas podían tener posibilidades de éxito electoral. La opción entonces significó el paso de una estrategia “defensiva” a otra “ofensiva” al establecer un “cordón sanitario” en torno al FN.

Pero la creación de estos frentes reafirmó la validez del discurso lepenista a los ojos de su electorado, al visualizarse como la famosa “banda de los cuatro” que denunciaba (el partido socialista, el comunista y las fuerzas de derecha de la época, UDF y RPR) actuaba conjuntamente contra el Frente Nacional, que en apariencia quedaba como la única formación realmente alternativa al sistema. De este modo, la división derecha/izquierda quedó relegada a un segundo plano por la de lepenismo/antilepenismo. La estrategia, aunque ciertamente penalizó al FN, desgastó al conjunto de partidos. Así lo explicó entonces en Pascal Perrineau en  “L’électorat à reconquerir”, en David Martin-Castelarnau  (dir.), Combattre le Front National (Editions Vinci, París, 1995).

 

 

El éxito electoral continuado del Vlaams Belang en Bélgica ilustra las limitaciones del “cordón sanitario”

En Bélgica esta política ha sido seguida durante más de una década con el Vlaams Blok y su rótulo sucesor Vlaams Belang [que conserva las siglas VB] tras la ilegalización del primero. Su éxito ha sido aún más limitado: en el 2006 el VB logró un tercio del total de votos en Amberes; impuso el desgaste del resto de formaciones y logró el monopolio de la protesta política. Todo ello sin sufrir erosión alguna al no gobernar en ningún municipio gracias al citado “cordón sanitario”. Obtuvo también buenos resultados en el resto del territorio, donde aumentó sus listas (pasó de 190 en el 2000 a 247)  y cosechó 879.377, aunque perdió más de 80.000 en relación a los comicios regionales de 2004 (un 8.46% del total). Véase http://www.mtin.es/es/mundo/Revista/Revista96/10.pdf

En España la única experiencia de “cordón sanitario” que ha tenido lugar hasta hoy ha sido la de Vic, en la cual ICV -la formación de Herrera- inicialmente formó parte del gobierno de unidad frente a la PxC -que se alzó con el 18% de los votos- y luego lo abandonó. Así las cosas, la polémica decisión sobre el empadronamiento que ha tomado su tripartito -CiU, ERC y PSC- (ya analizada en este blog) no parece que la vaya a convertir en un éxito, aunque hasta los comicios electorales de 2011 no se podrá efectuar un balance.

En general, como hemos señalado en nuestro estudio Ultrapatriotas, buscar una alianza para aislar sistemáticamente a estas formaciones con “cinturones sanitarios” puede tener costes elevados para los partidos que lo intentan sin que los beneficios políticos estén en consonancia. En todo caso, la prioridad de este tipo de iniciativas debe ser reconquistar al electorado nacional-populista y para ello, como ha señalado Perrineau, en relación a estos partidos no basta “una estrategia de diabolización del líder o de su organización y hay que llevar el combate al nivel del debate político y de las proposiciones económicas y sociales” que estos presentan.

No obstante, el discurso de los partidos tradicionales catalanes parece persistir en las estrategias diabolizadoras. Así, ICV, en apariencia, está dispuesta a transmutar el viejo “antifascismo” en “anti-derecha populista”.

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