ENTREVISTA: “FRANCO FUE ENGAÑADO CON FALSOS INFORMES SOBRE LA MASONERÍA EN LOS QUE CREYÓ”

 

 EL HISTORIADOR JAVIER DOMÍNGUEZ ARRIBAS (Madrid, 1975)  ha publicado un estudio ya imprescindible sobre el componente antisemita y antimasónico de la cosmovisión franquista. Se trata de una obra  tan voluminosa y densa como rigurosa, legible y de ideas claras: El enemigo judeo-masónico en la propaganda franquista (1936-1945) (Marcial Pons, Madrid, 2009).

Doctor en historia por l’École des Hautes Études en Sciences Sociales [EHSS], Domínguez es profesor de la Universidad de París XIII y en su meritoria investigación demuestra cómo  antimasonismo y antisemitismo no tuvieron el mismo peso para Franco. Subraya que la antimasonería siempre tuvo un gran influjo en el dictador, a la vez que expone como la existencia de un complot de la “Anti-España” tuvo un carácter instrumental para él, por lo que cambió su discurso al compás de la derrota del Eje.  Asimismo, relata el engaño del que fue objeto el Caudillo por alguien de su entorno cercano (¿el propio Carrero?), que le intoxicó con falsos informes sobre la masonería. 

En suma, estamos ante un libro de referencia sobre el tema y agradecemos al autor que haya accedido a ser entrevistado y a la editorial Marcial Pons que haya facilitado las imágenes que acompañan el texto.

¿Cuando y por qué surgió en España la idea de un contubernio judeomásonico?

La idea de una alianza conspirativa entre judíos y masones surgió por primera vez en la Francia de principios del siglo XIX, aunque podemos encontrar unos cuantos precedentes del siglo XVIII. No es extraño que, esencialmente desde las filas católicas, se identificara a los enemigos seculares de la cristiandad, los judíos, con una nueva amenaza contra la Iglesia, la masonería. Ese mito judeo-masónico se difundió en la Europa católica sobre todo a finales del siglo XIX, en la época de la “cuestión romana” [la disputa política creada en torno a la anexión de Roma por Italia , que acaba con el poder temporal del Papa] y llegó con fuerza a España. Es decir, no es ni mucho menos algo exclusivamente español ni franquista. De hecho, los sublevados de 1936 no hicieron más que actualizar los viejos temas que los propagandistas católicos reaccionarios llevaban difundiendo desde hacía décadas.

Como curiosidad, hay que añadir que la expresión concreta “contubernio judeo-masónico” no fue apenas utilizada en los primeros tiempos del franquismo, a pesar de lo que comúnmente se cree. Contubernio significa alianza contra natura, y durante los años treinta y cuarenta se prefirió hablar de “conjura”, “complot” o “consorcio” para asociar a los judíos y los masones, guardando el término contubernio para la unión de entidades consideradas antitéticas (como las izquierdas y los católicos, por ejemplo), y no para la natural alianza judeo-masónica. De hecho, la expresión “contubernio judeo-masónico” no fue popularizada hasta el final de la dictadura, y más por sus detractores (con el objetivo de ridiculizarla) que por sus partidarios. Que yo sepa, Franco no la utilizó ni una sola vez. Sí que se refirió a los judíos, a los masones y a diversos contubernios, pero no en la misma frase.

Portada del semanario falangista El Español (1943), denunciando al comunismo como aliado de la masonería

¿Por qué Franco recurrió a tal supuesta conspiración?

En realidad no fue tanto Franco como sus propagandistas quienes recurrieron al mito judeo-masónico, pues el Caudillo no parece haber creído seriamente en la supuesta unión entre judíos y masones. En todo caso, los responsables de la propaganda franquista sí que utilizaron profusamente ese mito entre 1936 y 1945, debido a que podían sacarle provecho; dicho de otra forma, el enemigo judeo-masónico desempeñó varias funciones diferentes.

Por ejemplo, sirvió como un arma arrojadiza para atacar a las facciones rivales dentro del conglomerado franquista (por ejemplo acusándolas de tener lazos con la masonería); unas facciones que se enfrentaban de forma más o menos abierta por imponer su ideario y por sacar la mejor parte en el reparto de parcelas de poder. Curiosamente, en ese contexto de enfrentamientos dentro del propio régimen, también se presentó al monstruo judeo-masónico como el enemigo común contra el que había que unirse para superar la división. Es decir, ese enemigo sirvió al mismo tiempo para atacar y para unir. 

¿Qué fue la red APIS y quien quiso engañar a Franco con ella?

APIS fue una red de espionaje que suministró a Franco decenas y decenas de informes, por lo general centrados en la masonería, entre comienzos de los años cuarenta y mediados de los años sesenta. Lo curioso es que a pesar de que la mayoría de esos informes eran falsificaciones bastante burdas, Franco se las creyó y llegó a actuar en función de lo que leía. Por ejemplo, remitió al papa Pío XII uno de esos documentos; hizo publicar otros en la prensa, y así sucesivamente.

En realidad, detrás de las siglas APIS (cuyo significado desconocemos) debía de ocultarse un grupo muy reducido de personas próximas al integrismo. Estaban dirigidas por una monja teresiana que mantenía contacto con Carrero Blanco, y parecen haber actuado con el objetivo de desprestigiar ante Franco a los falangistas y a los juanistas. Desde luego lo consiguieron, al menos en lo que se refiere a estos últimos.

Cartel de 1942 (AGA, C., 21/119), donde aparece un capitalista masón antifalangista.

¿Franco fue tan antimasón como antisemita?

No, tenía dos visiones muy diferentes de los masones y de los judíos. Franco no era especialmente antisemita, hasta expresó alguna simpatía por los sefardíes, como puede verse en varios de sus escritos, incluso en Raza. Pero ello no le impidió utilizar los temas antisemitas con un objetivo propagandístico en determinados momentos, como en alguna consigna redactada durante la guerra civil, o en los artículos que escribió para Arriba a fines de los años cuarenta. En cambio, puede afirmarse que Franco tenía una auténtica obsesión antimasónica.

Consideraba a la masonería su peor enemigo, peor incluso que el comunismo, por el carácter artero que atribuía a la “secta”. Eso le llevó a escribir innumerables textos de propaganda antimasónica y a referirse a la cuestión en numerosos discursos. Probablemente, su manía se explique por todo un conjunto de razones entre las que cabe destacar una de carácter personal: la simpatía que sentían por la masonería en su propia familia. En cambio, no está tan claro que haya pedido su ingreso en la sociedad secreta, como se ha dicho a menudo.

¿Experimenta cambios la idea del enemigo judeo-masónico en la prensa franquista con la derrota del Eje?

A partir de 1945 el antisemitismo dejó de ser presentable en la propaganda oficial, como consecuencia de la derrota nazi. Mientras tanto, la propaganda antimasónica todavía siguió siendo utilizada ocasionalmente por el régimen, pero sin la virulencia que antes. Eso no quiere decir que el antisemitismo o el antimasonismo hubiesen desaparecido, sino solamente que ya no eran temas tan adecuados para la propaganda oficial. En el nuevo clima de guerra fría se podía sacar mucho más partido del enemigo comunista, de los “rojos”, que ya ocupaban un lugar central en la propaganda franquista desde 1936, por delante de los judíos y los masones. 

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