EL POPULISMO QUE VIENE (21): HOLANDA, ASÍ CRECE EL PARTIDO DE LA LIBERTAD (II)

 Wilders: ¿Viaje al pasado o al futuro?

Aunque hay una tendencia por parte del “antifascismo” y los medios de comunicación a presentar a la nueva derecha populista como un fenómeno recurrente (un retorno al pasado), sus partidos constituyen una realidad emergente y nueva. Es una reacción a la globalización desde la derecha: refleja un rechazo a los flujos de personas (las migraciones), que compiten en el muindo laboral; a la pérdida de soberanía nacional diluída en entidades superiores (la Unión Europea);, a la multiculturalidad y, muy concretamente, al Islam, percibido y denunciado como inasimilable.

En este aspecto, hemos seleccionado dos materiales ilustrativos de ambas tesis. Uno ilustra la idea muy arraigada de que existe una línea de continuidad clara entre viejos fascismos y nuevos populismos (que en ocasiones existe): es este juego de imágenes que destaca el llamativo parecido del logotipo del PVV con el de una organización nazi holandesa de entreguerras, el Nationaal-Socialistische Beweging in Nederland (NSB), activo entre 1931 y 1945, y que procede del blog http://supermanagement.files.wordpress.com/2009/11/nsb_pvv.jpg Pese a las similitudes, parece improbable que se haya inspirado Wilders en dicho símbolo, pero para sus detractores subraya la persistencia del nazismo en el actual populismo. 

Símbolos del PVV y de la organización nazi NSB (1931-1945) : ¿Un guiño a la nostalgia?

En sentido inverso, reproducimos esta crónica hecha desde Rotterdam y publicada por El Periódico, de Edwin Winkels, antes de las elecciones. Tiene la virtud de retratar el ambiente que favorece el ascenso del PVV y -por extensión- del conjunto de la derecha populista islamófoba. Refleja una mezcla de protesta social y percepción de que los inmigrantes tienen prioridad en la recepción de subsidios o ayudas de modo injusto.

Lo consideramos interesante porque los tópicos de los medios de comunicación insisten en hablar de racismo cuando triunfan estos partidos, cuando las dinámicas electorales son mucho más sencillas: sus votantes no parten de una superioridad de razas, sino de un rechazo de culturas por razones directas, como competencia laboral, percepción de que los foráneos se benefician más que los autóctonos del Estado de bienestar o ver el Islam como intolerante. Es, pues, una crónica de interés.

La semilla del voto contra la inmigración

El racista holandés Wilders es fuerte en barrios con más de 65% de extranjeros

Sentado en una silla delante de su ferretería, Arnold van der Kamp es el típico votante del xenófobo y derechista Geert Wilders. Vive y trabaja en Oude Noorden (Viejo Norte), un barrio de Rotterdam que, según una lista del Gobierno holandés, es el tercero más degradado del país. Una lista en la que figuran también otros cuatro barrios de esta gran ciudad portuaria. En Oude Noorden, el 65% de la población es inmigrante, la mayoría de Turquía y Marruecos. Y Arnold, que lleva 40 años viviendo aquí, los mira con recelo, cierto odio casi. «Todos van en coches grandes pero cobran del paro, el bar aquí al lado es un punto de encuentro de la mafia, por la noche nadie se atreve a salir a la calle y en mi casa llevo seis cerraduras porque ya me han robado cuatro veces», dice. Sí, añade, él vota Wilders, «porque es el único que se atreve a plantear abiertamente el problema que sufrimos».

Arnold van der Kamp tiene 67 años y siempre había votado al Partido Laborista, el PvdA. Pero los desaciertos de todos los partidos tradicionales con la inmigración, permitiendo que en las grandes ciudades los extranjeros se concentraran en algunos barrios concretos, ha empujado a estos electores hacia los populistas de extrema derecha, primero la lista de Pim Fortuyn, que murió asesinado poco antes de las elecciones del 2002, y después a la de Wilders, el hombre que endureció aún más el discurso contra los inmigrantes y, sobre todo, el islam.

Van der Kamp votará mañana el Partido por la Libertad (PVV) de Wilders, pese a que este ha perdido fuelle en los últimos meses. Hace menos de medio año, Wilders casi llegaba a liderar las encuestas y crecía la posibilidad de que el xenófobo se convirtiera en primer ministro. Pero al agravarse la crisis económica, el debate político se alejó de la inmigración, aunque en la calle sigue presente, pero más moderado ya de lo que pretende Wilders.

Chaleco antibalas

Cinco kilómetros al sur, en la Universidad de Rotterdam, en un debate televisado entre los líderes de los seis mayores partidos, el derechista insiste, sin embargo, en su discurso. «Yo tengo que debatir aquí con un chaleco antibalas por expresar libremente mi opinión. Pero no me arrodillaré ante el islam, como hacen otros. Yo defenderé a los ciudadanos ante todos esos marroquís que atemorizan barrios enteros».

Como rival enfrente tiene al socialista Job Cohen, exalcalde de Amsterdam, que en su ciudad siempre quiso solucionar este tipo de problemas con el diálogo. «Usted –le dice a Wilders–quiere excluir a todos los musulmanes, cuando la mayoría de ellos siente vergüenza por el radicalismo. El mismo radicalismo que usted propaga». Para Cohen, hay bastantes buenos ejemplos suficientes, y esos se pueden ver también en un barrio como Oude Noorden, donde el turco Alí ha galardonado su bar con banderas de Holanda, ante el inicio del Mundial de fútbol. «Después de tantos años aquí, me siento holandés», dice, esperando que Wilders no se alce con la victoria política. «Eso significaría la guerra».

http://www.elperiodico.es/es/noticias/internacional/20100608/semilla-del-voto-contra-inmigracion/306310.shtml

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