EL POPULISMO QUE VIENE (25): NUESTROS PRONÓSTICOS DE “EL OASIS CATALÁN” SE REVELAN CADA VEZ MÁS ACERTADOS

 

PERE RUSIÑOL ha escrito en Público un extenso análisis del impacto de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el estatuto catalán, en la que abona de modo explícito las tesis de nuestra obra El oasis catalán (1975-2010): ¿Espejismo o realidad? Como refleja su texto, resultado de numerosas entrevistas con figuras represnetativas del mundo político, social, económico e intelectual catalán, la desafección hacia España se acentúa por momentos, configurando lo que nosotros hemos denominado “secesión ligera”  y apunta la irrupción de partidos populistas.

Puede verse el artículo en: http://www.publico.es/espana/325957/tribunal/constitucional/ahonda/herida/catalana

El Tribunal Constitucional ahonda la herida catalana

La apuesta por la independencia se abre paso en el espacio central de la política en Catalunya tras el fallo del Estatut.

Si algún día Catalunya se proclama independiente, a nadie debería extrañarle que en el panteón de los padres de la patria se reserve un espacio muy noble para los miembros del Tribunal Constitucional (TC).

La tan esperada sentencia sobre el Estatut ha caído como una bomba de relojería en Catalunya. Pero no se trata de un tsunami de efecto inmediato. Es más, probablemente ni siquiera tenga efectos visibles a corto plazo: el PSC seguirá hablando de federalismo, CiU puede que sostenga a Zapatero hasta el final de la legislatura, todo apunta a que Esquerra Republicana (ERC) caerá en las elecciones de otoño, miles de catalanes seguirán a La Roja con el corazón en un puño…

Y, sin embargo, el corrimiento de tierras es muy profundo y a medio plazo puede modificar completamente el paisaje. Muchos federalistas y autonomistas que llevan más de 30 años tratando de cambiar España entonan públicamente el RIP. Y aquí reside la importancia de lo que está pasando: la opción directamente independentista se ha abierto paso por vez primera en el espacio central de la política catalana.

“El Tribunal Constitucional se ha convertido en un amigo extraordinario del separatismo. Ha trabajado para ellos con gran eficacia. La señora María Emilia Casas y sus compañeros se han ganado dos vueltas al ruedo, dos orejas, un gran monumento de los independentistas”. Quien así se expresa es el siempre ponderado catedrático de Sociología Salvador Giner. Un hombre moderado, progresista, íntimo del ex president Pasqual Maragall y que ahora preside el Institut d’Estudis Catalans, una de las señas de la sociedad civil catalana que han saltado de indignación al conocer la sentencia.

Final de etapa

La sensación general de hartazgo y de final de etapa se ha impuesto en las capas centrales de las élites políticas. A estas alturas, ya no importa tanto el debate técnico o las razones de unos y otros. Tampoco la discusión cuantitativa de si la sentencia respeta el 95% o el 98% del Estatut.

Tras tantos años de negociación, de pacto en el Parlament y en el Congreso, se ha extendido la sensación de que no hay nada que hacer. Así lo viven subjetivamente, tengan o no razón, muchos de los que hasta ahora apostaban desde Catalunya por la España plural. Están escribiendo el último capítulo de su libro. Y no tiene final feliz.

“La sentencia no es la causa de lo que está pasando, pero sí el precipitante. Ha acelerado el proceso, que es muy de fondo y que tendrá indudablemente consecuencias a diez años vista”, apunta Joan B. Culla, historiador de la Universitat Autònoma de Barcelona. Culla acaba de radiografiar las causas de esta mutación catalana en La década de las decepciones, una conferencia importante que expuso recientemente ante Jordi Pujol, Pasqual Maragall y José Montilla en la presentación de un libro que recoge las entrevistas en L’Avenç de los presidentes de la Generalitat y que la emblemática revista de la intelligentsia catalana también ha publicado.

“El catalanismo de CiU creía a principios de la década pasada que daríamos un gran salto y acabó recibiendo un gran guantazo de Aznar. Y ahora el catalanismo de izquierdas creía que nos llevaría a un gran avance y ha recibido una paliza. El camino seguido por ambos está agotado”, concluye.

La larga marcha de las posiciones independentistas hacia la hegemonía en Catalunya es lenta, pero parece inexorable. En la década de 1980, no había ningún partido separatista en el Parlament. En los años noventa, ERC dejó el federalismo y abrazó el independentismo. En la década de2000, lo hizo la nueva dirección de Convergència Democràtica (CDC), el llamado pinyol que creció bajo la protección de Jordi Pujol y que aspira a superar al padre por la vía de la independencia. Y en 2010 se está apuntando el maragallismo, un sector cualitativamente importantísimo del PSC, el otro gran partido central de Catalunya.

“Yo no soy independentista en términos políticos, pero si España no me da un Estado eficiente, tendré que hacerme independentista. No podemos afrontar una crisis como esta sin un Estado eficiente, y si algo ha quedado claro con este proceso, tras cuatro años de espera y un tribunal caducado, es que España no lo es”, sostiene Ferran Mascarell, uno de los hombres de confianza de Maragall en el Ayuntamiento de Barcelona y luego en la Generalitat.

Hartazgo

Mascarell es quizá el mayor peso pesado del poderoso aparato cultural del maragallismo. Y su hartazgo es estruendoso: “Ya no se trata de discutir la sentencia en sí, sino de constatar el retroceso democrático y de valores. Los que llevamos 30 años apostando por una España plural vemos que esto no parece posible. Ya sólo serviría una España confederal, de igual a igual. Y si tampoco es posible, entiendo perfectamente la independencia”.

La gran mayoría del entorno de Maragall ya es abiertamente independentista. Algunos desde hace tiempo, como el filósofo y ex senador Xavier Rubert de Ventós. Y el arquitecto Oriol Bohigas, presidente del Ateneu Barcelonès y mente ordenadora de toda la admirada reforma urbanística de Barcelona 92.

“Tras la sentencia del Constitucional, casi todo el país se ha vuelto independentista; supone el final de la aventura de la España plural”, opina Bohigas, a sus 84 años aún al pie del cañón, mientras contempla el bullicio de la plaza Reial desde su luminoso estudio.

El corrimiento de tierras en el mundo progresista catalán va más allá del maragallismo. El filósofo y periodista Josep Ramoneda ha sido durante 30 años pieza clave en la construcción de un imaginario alternativo al nacionalismo en Catalunya, en buena parte a través del Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB). Nunca fue un maragallista. Es más, defendía que el PSC afrontara las autonómicas apelando sobre todo al cinturón metropolitano y que, por tanto, dejara de presentar candidatos parecidos a Jordi Pujol.

Pues también Ramoneda sostiene ahora que la independencia es la mejor opción. Su paso no tiene nada que ver con los sentimientos. Sigue en el terreno de la racionalidad.

“La importancia de la sentencia es que deja claro que no es posible salirse de este marco y que, por tanto, la solución federal no cabe en el Estado de las autonomías”, explica. Y añade: “Para resolver el problema, que ahí está te guste o no, sólo había dos posibilidades: o federalismo o independencia. Si el federalismo no es posible, ya está claro, ¿no?”.

Otro símbolo que refleja la magnitud de lo que está pasando: ¿Se acuerdan de la foto de Zapatero al día siguiente de ganar contra pronóstico el Congreso del PSOE, en 2000? Salió en la primera página de la mayoría de periódicos: Zapatero abrazado a Germà Bel.

Diez años después, Bel dice esto: “Con la sentencia nos han dejado clarísimo que España sigue mirando a Francia y a París. Es muy difícil sentirse cómodo en un Estado así, tan poco amigo de la diferencia. Creo que tiene poco arreglo”.

Bel, que sigue en el PSC, es catedrático de Teoría Económica de la Universidad de Barcelona y en los últimos años ha centrado buena parte de su investigación en probar la viabilidad económica, a su juicio indiscutible, de una eventual Catalunya independiente.

Onda expansiva

El fenómeno sísmico acaba de registrarlo el historiador Xavier Casals, nada sospechoso de nacionalismo y discípulo destacado del catedrático Enric Ucelay da Cal: “La agenda política española estará marcada por Catalunya en la misma medida que antes lo estaba en el País Vasco. El motor será la desafección, que tiene dos partes: el alejamiento mental con respecto a Madrid, clarísimo, y también con el modelo de partidos vigente. La onda expansiva no ha hecho más que empezar”.

Casals acaba de publicar El oasis catalán (1975-2010): Espejismo o realidad (Edhasa) en el que desarrolla su tesis, que la sentencia del Constitucional puede reforzar: “Catalunya avanza hacia la independencia y pueden emerger populismos varios inspirados en la Liga Norte italiana”.

No hay un solo federalista que no comparta la idea de que la situación es grave y que existe el peligro de que el independentismo crezca de forma importante y transversal. También Miquel Iceta, el hombre de los equilibrios en el PSC, consciente de navegar en un mar en plena tormenta que amenaza sobre todo el mundo socialista: la Generalitat, la Moncloa y la idea de España plural.

Pero Iceta cree que aún hay margen: “Si consideramos que el Constitucional habla en nombre de España, está claro que el independentismo crecerá mucho. Pero en nombre de España hablaron las Cortes y tenemos que explicarlo mucho”, opina el portavoz del PSC, quien admite sus dudas de que la gente lo entienda así.

“Sin duda muchos en Catalunya pensarán que se ha cerrado una puerta y que ya no hay nada que hacer”, reconoce Iceta, tratando de mantenerse en un imposible punto medio entre José Montilla, que ha llamado a manifestarse contra la sentencia, y José Luis Rodríguez Zapatero y Carme Chacón, que se han mostrado satisfechos.

Josep Maria Álvarez, secretario general de UGT, quiere huir del “dramatismo” y pide tratar de recomponer los puentes, aunque no está seguro de que aún sea posible. Expone su análisis desde la azotea de la nueva sede central del sindicato, en la Rambla del Raval, con sosiego pero de forma muy rotunda: “La sentencia niega algo tan elemental como los derechos históricos y rezuma una filosofía tan terrible como reconocer algo parecido al derecho de conquista. El independentismo era algo muy excepcional hace diez años y ahora ya forma parte de la normalidad del debate. Si queremos que el futuro sea común, tiene que entenderse que la unidad de España sólo puede llegar con el pacto y el reconocimiento mutuo”.

“El proceso ha sido tan desastroso que no creo que haya ninguna nueva oportunidad en los próximos 30 años de avanzar hacia el federalismo. Hay que repartir las culpas, pero está claro que el enfrentamiento entre Catalunya y España es más intenso que nunca”, lamenta por su parte Joan-Francesc Pont, catedrático de Derecho Financiero y Tributario y presidente de la Fundació Ferrer i Guàrdia, el más activo núcleo librepensador de raíz federal.

Instituciones y huevos

La más optimista en este campo es Carme Valls, ex diputada de Ciutadans pel Canvi y hoy al frente de Catalunya Segle XXI, que ha puesto el federalismo como piedra angular de esta plataforma de origen maragalliano: “El conflicto es entre instituciones, a quienes les encanta agarrarse por los huevos. Pero por suerte, la realidad es distinta y cada vez hay más federalistas en España. Como decía Pi i Margall, la soberanía reside en la ciudadanía, que siempre va por delante”.

Las encuestas de la Generalitat aún colocan la propuesta federal como la preferida por la mayoría de catalanes, pero en apenas cinco años los partidarios de la independencia han pasado del 13,9% al 21,5%. Y eso que aún no hay ninguna encuesta posterior a la sentencia.

Durante muchos años, la izquierda española y parte de la catalana vivió cómodamente instalada en la ecuación fijada por Antoni Jutglar y otros destacados investigadores que asimilaba las reivindicaciones nacionales de Catalunyaa un asunto de la burguesía o directamente de la reacción. Fueran o no estas tesis certeras en el pasado, la realidad ya es otra: hoy las principales instituciones civiles y políticas del catalanismo, las que tocan la trompeta llamando a la manifestación, están en manos de la izquierda.

El presidente de la Generalitat es José Montilla, primer secretario del PSC; el presidente del Institut d’Estudis Catalans, el maragallista Salvador Giner; el del Ateneu Barcelonès, Oriol Bohigas, histórico de la gauche divine. Y al frente de Òmnium Cultural, la gran plataforma de agitación catalanista que convoca la marcha, está desde hace apenas 15 días Muriel Casals, economista de larga trayectoria en el PSUC.

Catalanismo práctico

“En el siglo XIX, el catalanismo era algo romántico y sentimental. Ahora es esencialmente algo práctico para vivir mejor”, explica Casals, convencida de que el independentismo va ganando centralidad y a medio plazo Catalunya será independiente. “La sentencia ha sido un bofetón que ha hecho rebasar un vaso ya muy lleno. A quien le hace daño, y mucho, es a España: le quita posibilidades de acogernos”.

El viejo esquema que ponía el foco en ciertos tics tradicionalistas o incluso carcas del nacionalismo catalán no sólo ha dejado de servir para caricaturizar a la sociedad civil catalanista. Tampoco vale para el catalanismo conservador de Convergència Democràtica (CDC), que se ha modernizado mucho al calor de la nueva generación que recibió el testigo de Pujol.

Este núcleo dirigente que rodea a Artur Mas todos rondando los 40 años o menos tiene un proyecto generacional explícito que rompe con la tradición de CiU: es abiertamente independentista. Y a diferencia del pujolismo, que llevaba en su ADN la ambigüedad como forma elegida de hacer política, se le entiende todo.

La sentencia del Constitucional también tiene efectos decisivos en CDC, el otro partido central sobre el que gravita la política catalana: aporta munición “objetiva” a la apuesta independentista de su núcleo dirigente. A partir de ahora, su independentismo ya no está entre paréntesis.

Lo explica Jordi Cuminal, de 33 años, diputado, secretario de Comunicación y exponente de este nuevo equipo que ya domina completamente la sala de máquinas del partido de Pujol: “Ahora tenemos una prueba empírica de que la independencia es la única salida. Cuando este proceso se inició, nos apuntamos porque si salía bien supondría un avance. Pero si salía mal, tendríamos la constatación de que esto no da para más”.

Y añade: “Los cambios son de calado y enormes. Mi generación sabe que con España no hay nada que hacer. Es obvio que ya no habrá más propuestas de reforma estatutaria. Nuestra apuesta generacional sólo puede ser la independencia”.

Con los jóvenes turcos de CDC ya no sirve el viejo reproche que escucharon desde Francesc Cambó a Jordi Pujol. Ya no quieren ser el Bismarck de España. Sólo miran a Simón Bolívar.

Olfato empresarial

Incluso en el prudentísimo mundo del dinero ha llegado el corrimiento de tierras. Lo demuestra el comunicado de la Cámara de Comercio de Barcelona después de la sentencia: tras “considerar muy lamentable que no se haya respetado la voluntad de Catalunya”, se pone a las órdenes de la Generalitat para “defender el marco esta-tutario”.

Aunque los pronunciamientos públicos son escasos, la preocupación en el mundo económico es máxima, porque el análisis compartido es que, por las razones que sea y por culpa de quien sea, la realidad es que la herida abierta tendrá consecuencias de alcance.

“En el corto plazo no pasará gran cosa, pero existe una percepción evidente en el mundo empresarial de que la sentencia dará fuerza al independentismo”, opina Jordi Alberich, director general del Cercle d’Economia, el gran foro intelectual del mundo empresarial catalán.

“Todo el proceso ha sido desgraciado y las responsabilidades son compartidas. Necesitamos líderes inteligentes para reconstruir los puentes”, recalca Alberich, quien subraya la “evidencia” de la ruptura generacional: “Muchos jóvenes ya no tienen ningún vínculo con España”.

“El PP no escucha”

Más preocupado aún se muestra Manuel Milián Mestre, el hombre de Manuel Fraga en Catalunya, hoy sin carné del PP y asesor de la patronal Fomento: “El mundo económico está preocupadísimo porque se va imponiendo la visión de que España no nos quiere y, por tanto, que les den”.

Añade Milián: “En Madrid no se quieren enterar de lo que sucede y, aunque todo el mundo tiene responsabilidades, la desorientación radical del PP está llevando a una reacción en Catalunya que nunca antes se había visto”.

El ex diputado al Congreso dice que lleva años advirtiendo a sus ex compañeros de que se moderen. “Ahora empieza a ser tarde. En una generación, el independentismo puede ser mayoría. Auguro tensiones internas y con España”.

El desánimo ha hecho mellatambién en el notario Juan José López Burniol, una de las voces más moderadas y sensatas que lleva años desgañitándose a favor del federalismo y el entendimiento mutuo. En una doble dirección: crítico con la visión centralista hegemónica en Madrid y a la vez crítico con el proceso estatutario desencadenado en Barcelona, a su juicio confederal.

Tras tantos años escudriñan-do cualquier atisbo de entendimiento entre Catalunya y el resto de España, López Burniol ha llegado a la siguiente conclusión, ya como última oportunidad: “España tiene que hacer un esfuerzo federal y decirle a Catalunya: Si quieres seguir, sigue. Y si no, márchate”. Aunque admite su “frustración”, desdramatiza el conflicto: “Por ahora se parece a lo que canta María Dolores Pradera: que te vas, que te vas, que te vas, y no te has ido”.

Y en esto llegó la sentencia del TC: ahora se amontonan los letristas de renombre con ganas de cambiar el estribillo.

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