EL POPULISMO QUE VIENE (28): UN PAYASO MENTIROSO ALCALDE DE REIKIAVIK

 

Logotipo de El mejor partido.

El pasado mes de mayo se produjo un pequeño cataclismo en Reikiavik, la capital de una Islandia desnortada e inmersa en la crisis económica, pues en las eleccione locales triunfó un partido nuevo: Besti flokkurinn (El mejor partido): http://bestiflokkurinn.is/. Esta formación actuó como una parodia de los partidos tradicionales liderada por un cómico que prometió no cumplir sus promesas.

Tras cosechar el 34.7% de los sufragios, ahora es el flamante alcalde. Desde nuestra perspectiva, este triunfo de formaciones que encarnan la “política de la antipolítica” no hacen más que reflejar un populismo protestatario de los de abajo contra las élites políticas.  A continuación reproducimos esta entrevista publicada por El Mundo (6/VII/2010) con el flamante alcalde, que plasma la vacuidad de sus premisas ideológicas y deja envuelta en brumas cual será su actuación: http://www.elmundo.es/elmundo/2010/07/05/internacional/1278338860.html

 

Jon Gunarr, el nuevo alcalde.

 

La broma macabra del alcalde de Reikiavik

A. Figueras | Ricardo Domínguez

Tiene cara de compungido, tanta que a veces provoca lástima. A la más mínima petición de concreción en su discurso, escurre el bulto. Ante la sorpresa que provoca, ni se inmuta. Es Jón Gnarr, 43 años, quien desde hace menos de un mes ocupa la alcaldía de Reikiavik (Islandia) y que hasta ahora se había dedicado a su carrera de humorista y animador televisivo.

Su partido, el ‘Best Party’ (el mejor partido), “como no puede ser de otra manera” -aclara con tono monocorde- ganó el pasado mes de mayo las elecciones municipales. Logró el 34,7% de los votos y seis escaños, desbancando al poderoso Partido de la Independencia. “Hemos hecho una coalición con los socialdemócratas, que tienen… ¿cuántos escaños? -le pregunta a su asistente-. Y entonces la pena que suscita en la primera impresión se convierte en desasosiego.

La realidad es que una gran mayoría de los 120.000 habitantes de la capital de Islandia ha dejado su ciudad en manos del antaño ‘Jonny Punk’, como versa en el extraño curriculum que distribuye su gabinete de prensa. Mal estudiante, paso de un centro educativo a otro hasta que en 1990 emigró a Suecia. Allí trabajó en Volvo y dos años después regresó a casa. Comenzó a ejercer de taxista lo que, según explica, le dio muchos argumentos para hacer chistes.

Pormete que no cumple sus promesas

En 1992 comenzó su andadura como comediante con éxito imparable. “La gente ha estado muy preocupada durante demasiado tiempo. Nunca había sentido interés por la política, pero creo que hay que ayudar a que los ciudadanos se diviertan”, alega como principal motivación para haber concurrido en los comicios.

Gnarr, padre de cinco hijos, atribuye su elección al mazazo de la crisis sobre el estado de ánimo en sus conciudadanos. Tras la crisis económica que en octubre de 2008 colocó al país al borde del colapso después de desmoronarse el sistema bancario cambió el estado mental de la gente. Antes éramos más pacíficos, y tolerantes, y entonces, llegó el FMI”, explica.

En cuanto a su programa de Gobierno, lo que han vendido en la campaña electoral son cosas como que no iban a cumplir ninguna de sus promesas o que harían más zonas para los niños puedan jugar. “Se pueden hacer cosas serias siendo divertido, nosotros ofrecemos confianza“, matiza.

Uno no sabe si se lo toma en serio o para él lo de ser alcalde es un chiste más. Cuando se le pregunta cuál es su prioridad a corto plazo, contesta que está trabajando para que los niños puedan entrar gratis a las piscinas con servicio de toallas incluido. Cuando se le cuestiona sobre la posible adhesión de su país (320.000 habitantes) a la Unión Europea reconoce que no sabe del tema, y sobre la economía asegura que en su partido hay gente “muy inteligente” que se ocupa de esas cosas.

Amo a Islandia de verdad, es mi tierra, quiero serle útil. El miedo, el enfado y la paranoia no son buenos para la gente, creo que yo puedo contribuir a mejorar esto”, se justifica sin mover apenas esa cara que uno presupone expresiva por su anterior profesión.

Elude cualquier debate político

Cierto es que distrae la atención de otros debates más duros que han monopolizado los medios: la presencia del Fondo Monetario Internacional para ayudar al país a recuperarse, el dinero que le deben a ahorradores ingleses y holandeses tras la quiebra de un banco o, más reciente, las quejas de los agricultores y pescadores por el noviazgo con la UE, donde ni se les pasaba por la cabeza entrar antes de la crisis.

Entre pausas dubitativas, suspiros, miradas al cielo y ese gesto típico del que mesa la barba, Jón Gnarr, elude cualquier debate político. Cuenta que su gran ilusión siempre ha sido la de ser payaso y que piensa seguir trabajando como humorista.

En la distancia corta es más desconcertante aún que si sólo se le conoce por referencias. Hace reflexionar sobre las consecuencias de los votos de castigo y sobre el hastío hacia la clase política, que le ha brindado el homólogo a la islandesa del bastón de mando por cuatro años. Eso si, el chistoso, comprensivo y cercano alcalde sube y baja de los coches con chófer con la elegancia que caracteriza a cualquier pez gordo. En eso no es original.

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