WEWELSBURG, EL SANTUARIO DE LAS SS ES UN MUSEO

 

Wewelsburg, el santuario de las SS convertido en museo.

CUANDO EN ESPAÑA se debate sobre los “lugares de la memoria del franquismo” y se ha llegado a legislar sobre una imposible “desfranquización” de la basílica del Valle de los Caídos (véase nuestro artículo “El Valle de los caídos. 50 años del sueño de Franco”, Clío, 90 , de abril de 2009, pp. 26-35), en Alemania encontramos una llamativa iniciativa en sentido inverso: emplear lo que fue el centro neurálgico de las SS en un centro didáctico sobre dicho cuerpo. Se trata del castillo germano de Wewelsburg (cerca de Paderborn), que ahora alberga un museo dedicado a la Schutzstaffel o Servicio de Seguridad, las SS.

La razón de esta instalación es que las ruinas iniciales de esta fortaleza  fueron concebidas como el emplazamiento de un santuario de las SS por Heinrich Himmler –su máximo responsable- y su consejero áulico, Karl Maria Willigut (1866-1946, conocido como Weisthor), que actuó como su “Rasputín”. Éste último –entre otros aspectos- no solo afirmó ser el último descendiente de los Wiligotis (un linaje real secreto de reyes-magos de orígenes prehistóricos), sino que también poseía una “memoria clarividente ancestral” para ver a sus antepasados de miles de años atrás. Por consiguiente Wewelsburg fue reconstruido porque sería una fortaleza mágica en caso de estallar una guerra entre Europa y Asia, entre el oeste y el este. Tal contienda, según Willigut, tendría lugar entre un siglo o dos.

La exposición de Wewelsburg.

Por esta razón, el lugar se convirtió en sede de las SS y en Himmler primó un interiorismo de la fortaleza de resonancias artúricas y wagnerianas: en las pinturas figuraban Arturo y el Santo Grial. En el mismo sentido, Wiligut no solo ideó el célebre anillo de las SS, sino que también aconsejó crear un cofre en aquel lugar donde se depositaría el de cada miembro de aquella “hermandad guerrera racial” que falleciera. Igualmente, una mesa de roble macizo redonda acogía las reuniones y conferencias que allí celebraba Himmler con los 12 Obergruppenführer más antiguos que hubiese en el momento. Desde el comedor, con una monumental escalinata, se accedía a una cripta con 12 columnatas de granito donde pretendidamente debían incinerarse los “señores de las SS” y acoger sus cenizas.

El Memorial Wewelsburg

Según su página web (www.wewelsburg.de), hoy este memorial ofrece una completa información completa sobre la historia de las SS y las víctimas de su violencia que nuestra su implicación directa en el genocidio judío a través de una exposición permanente titulada “la ideología y el terror de las SS”. Expone también unos mil objetos de aquel cuerpo, desde sus cascos y anillos hasta luces de Navidad empleadas para festejar el solsticio de invierno. 

 El anagrama del “Sol negro” (arriba)  y la sala de Wewelsburg que lo alberga (abajo).

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La musealización no rehúye ningún aspecto problemático de la misma. De este modo, por ejemplo, la web incluye una reflexión de la prehistoriadora Dana Schlegelmilch (que realiza una tesis doctoral sobre las relaciones entre arqueología y nacionalsocialismo), que explica cómo el lugar fue un centro de culto y peregrinaje del neonazismo de la posguerra y destaca como el adorno del salón de piso de la torre norte en la década de 1990 se estilizó con el nombre de “Sol Negro” en ámbitos de ultraderecha, con una equivalencia a la esvástica. Afirma asimismo que el hecho de que la fortaleza permaneciera inconclusa “ofrece más espacio para interpretaciones imaginativas y cargas ideológicas“. El resultado, señala, es que rodean el castillo numerosos mitos y leyendas entre los que –como era previsible- no faltan los que ubican en él el Santo Grial.

Para evitar que el memorial se convierta en sede de peregrinaciones neonazis se reserva el derecho de admisión y existe un estricto control en los accesos. Como puede apreciarse, el caso de Wewelsburg indica que los “lugares de la memoria” pueden tener un efecto pedagógico si en lugar de intentar erradicar su significado, éste se conserva con un discurso que intente reducir el pasado a una experiencia aprensible para nuevas generaciones.

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