EL 23-F: UN GOLPE DE CINE (2)

 

El Rey en el video donde desautorizó el golpe militar pretendidamente realizado en su nombre.

Con el fin de completar la información sobre la película del 23-F, además de señalar que puede consultarse la información publicada por ABC al respecto (http://www.abc.es/20100818/espana/congreso-hemiciclo-201008181738.html), reproducimos este reportaje de Tereixa Constela, que hoy publica El País (22/08/2010) que ofrece diversas fotografías del rodaje del fim.

Puede consultarse el texto original en: http://www.elpais.com/articulo/revista/agosto/23-F/ruede/cono/elpepirdv/20100822elpepirdv_1/Tes

23-F se ruede, coño

Tejero ‘asalta’ la pantalla 30 años después

En 30 años España ha cambiado tanto que los jóvenes no saben empuñar un cetme ni un subfusil. No hay mili. Nadie les obliga a familiarizarse con las armas. No es nostalgia, es una observación del comandante Santiago Taboada, que esta semana se empleó a fondo para hacer que los jóvenes policías que custodiaban el exterior del Congreso agarrasen su arma con verosimilitud y transmitiesen la tensión que sintieron los verdaderos agentes la noche del 23-F. Han pasado casi 30 años y aún hoy algunos espontáneos se desquitan del susto insultando en la calle al Tejero que encarna el actor Paco Tous en la primera película sobre el golpe de estado que llegará a los cines.

En un rodaje todo es mentira y todo debe parecer verdad. Lo que en pantalla será el destello de coches-patrulla es en realidad un foco azul sobre un trípode. La fría noche del lunes 23 de febrero de 1981 en que España se asomó al abismo del pasado se recrea durante una noche de agosto, por fortuna solo templada y no tórrida. Juan Diego (general Armada) y Jesús Castejón (teniente general Aramburu Topete), encorsetados en los rígidos uniformes militares caquis, se abanican en cada descanso, sentados a las puertas del Congreso. Agua y abanicos para aligerar el sofoco. Un figurante que pasea a sus espaldas en la secuencia 125, a cuyo rodaje asistió EL PAÍS, sobrelleva su pelliza de lana con estoicismo.

Paco Tous (teniente coronel Tejero), Juan Diego (general Armada) y Fernando Cayo (el Rey) protagonizan 23-F, la primera incursión del cine español en el acontecimiento más relevante de la Transición y el más casposo (o no es torrentiano gritar “se sienten, ¡coño!”). Su estreno, el próximo 23 de febrero, coincidirá con el 30 aniversario de un golpe de estado que duró poco más de 17 horas en las que el país no durmió. La noche de los transistores, se acuñó. La noche que todos los españoles en edad de recordar recuerdan. ¿Dónde estabas el 23-F?

Chema de la Peña, el director de la película, estaba en Salamanca congregado alrededor de una radio: “Tenía 14 años. Llegué a casa y mi madre me dijo que los de la ETA habían entrado en el Congreso, lo que demuestra la confusión que hubo”. El viernes, antes de arrancar el rodaje nocturno centrado en las idas y venidas entre el Congreso y el hotel Palace, De la Peña explicaba que le atrajeron “la idea de trabajar con material de la historia reciente” y “el componente shakespeariano de los personajes”. “De repente se dan cuenta de que viven en otro mundo e intentan recuperar el pasado a la desesperada”.

La historia española reciente apenas llega a las pantallas. Los estadounidenses todavía siguen en Irak y ya han inspirado varias películas (entre ellas, la triunfadora en los últimos Oscar, En tierra hostil). “Imagínate la historia del 23-F, que lo cambió todo y obligó a ir más rápido, en Estados Unidos. Aquí hay mucho pudor”, aventura Ignacio Salazar-Simpson, copropietario de la productora Lazona, que financia la película (4,5 millones) con la colaboración de TVE.

Durante tres años, Ignacio Salazar-Simpson rumió el proyecto, que le inspiró la película The Queen. Antes, por tanto, del revival que desató el exitoso ensayo de Javier Cercas Anatomía de un instante. “Ya teníamos el guión escrito cuando salió. Se podría haber hecho una peli cachonda, pero queríamos justo lo contrario. Nos hemos empeñado en el rigor total: los sitios, lo que se decía, cómo se decía..”, cuenta el productor, mientras el equipo se prepara para rodar en la carrera de San Jerónimo, cortada y en obras para ensanchar aceras. “Treinta años sin tocar la calle y la cambian ahora”, se queja con humor Salazar-Simpson.

Se queja porque la fidelidad histórica es su principal obsesión. Ha leído libros, declaraciones judiciales y se ha entrevistado con algunos protagonistas como el periodista Iñaki Gabilondo, el político de UCD Landelino Lavilla o el teniente general Aramburu Topete, director general de la Guardia Civil en 1981, que les contó cómo el golpista Tejero se cambiaba la pistola de mano para saludarlo con el debido respeto cuando lo vió en el Congreso.

Muchos protagonistas del 23-F siguen vivos. Y, además, hay todo un país lleno de recuerdos a los que el productor no quiere traicionar. No hay, pues, concesiones en el guión. Ni teorías conspirativas ni elefantes blancos. Hechos probados. Diálogos contrastados. Como el siguiente, entre el periodista Rafael Luis Díaz y el general Prieto, amigo de Tejero, a las puertas del Palace, donde se reparten ejemplares de la edición especial en las que EL PAÍS anunciaba el fracaso del golpe.

“-¿Cómo lo ha encontrado?-interroga el redactor.

-Lo conozco perfectamente. En estos momentos no está nervioso. Está carente total y absolutamente de cordura.”

Delirante. Al guionista Joaquín Andújar le cautivó la retórica militar heredada del franquismo. El honor, la patria, el destino. La grandilocuencia que contrasta con la intimidad. “Tejero es también muy infantil, a su mujer le llama ratita y ella le dice papaíto. Era algo ingenuo, pero un mal tipo, un mandado que se excede de sus funciones”, describe Andújar. Aunque le apura mencionarlo, finalmente el guionista también destaca la coherencia del golpista con sus principios.

En esas 17 horas sobró tiempo para heroicidades y traiciones. De políticos, periodistas y militares. La película, sin embargo, ha elegido la perspectiva de sus auténticos motores: Tejero, caricaturizado por su bigote, su tricornio, su “se sienten ¡coño!” y sobre todo porque fracasó; el Rey, que pasará a la historia como el Borbón que desbarató el golpe de estado, y el general Armada, tejedor y nexo entre la conspiración política y la militar. En la secuencia 129, Armada, el correoso, accede al Congreso tras bisbisear la contraseña -“duque de Ahumada”- a los guardias golpistas de la puerta. Juan Diego, hierático y marcial, avanza con un guante en la mano. “Es quizá uno de los militares más cultos que intervienen en el 23-F”, dirá del personaje. “Es la película que se merece este país, casi un homenaje a la ciudadanía”, dirá del filme. Juan Diego, cuya trinchera ideológica está en las antípodas de su personaje, dice que si hubiera conversado con el general Armada para construir al personaje no habría hablado del 23-F. “Tal vez hubiera sido positivo tener una charleta con él distendida, pero le habría buscado la parte interna, habría hablado de camelias o de amor”. No le hubiera contado que el 23 de febrero de 1981, Juan Diego había viajado a Zaragoza con Rosa León para participar en un homenaje al poeta Ángel Guinda. Ni le habría desvelado que pasó la noche refugiado en casa de un general, incapaz de imaginarse que, 30 años, interpretaría al enemigo Armada.

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