¿LEGIONARIOS DE MUSSOLINI COLONIZANDO LLEIDA?

 

ESTE SEPTIEMBRE EN LA REVISTA CLÍO analizamos la importante colaboración italiana al bando franquista durante la Guerra Civil, que pese a gozar de menos relieve que la germana, ésta resultó mucho más decisiva para Franco y probablemente su coste hipotecó el potencial militar italiano futuro. 

Una ayuda que hipotecó a Italia

Esta colaboración bélica alcanzó los 50.000 hombres (aunque se han apuntado 80.000) y el valor de su montante fluctuaría -según las estimaciones- entre 230 y 310 millones, frente a los 140 o 180 de la alemana. Mussolini lo hizo guiado por su deseo de crear un imperio mediterráneo en el que España sería un satélite italiano.

En este marco, la gran magnitud de la colaboración bélica plantea varias preguntas importantes a las que este artículo ofrece respuestas a partir de las aportaciones más recientes: ¿Fue una ayuda decisiva para que Franco ganara la guerra? ¿Éste pagó a Italia el dinero que costó? ¿Tuvo esta gran aportación bélica consecuencias negativas posteriores para el Duce? Y es que pese a su magnitud, la contribución bélica de Mussolini ha tenido escaso eco. Por una parte ello ha obedeció a la sonada derrota de los italianos en Guadalajara en marzo de 1937, que les granjeó una fama pésima y facilitó minusvalorarla. Por otra parte, porque creó tensiones en el bando franquista. Finalmente, porque los lazos de Franco con Hitler en la Segunda Guerra Mundial ensombrecieron los previos con Mussolini.

España, un terreno de arenas movedizas

El texto efectúa una amplia revisión de los distintos aspectos de la “entente” italo-española a partir de la bibliografía reciente sobre el tema y concluye que Mussolini fue decisivo en la victoria de Franco en 1939. Le aportó una relevante ayuda terrestre, marítima y aérea , hasta el punto de que Morten Heiberg -en su excelente estudio Emperadores del Mediterráneo (2004)- incluso destaca que ésta le pasó una abultada factura: “Si Italia se hubiera ahorrado todo eso, se habría convertido en una gran potencia que tal vez se habría ganado el respeto del adversario”. De hecho, el biógrafo de Mussolini R. J. B. Bosworth señala -en Mussolini (2003)- que el Duce debido a su política exterior dedicó “a gastos militares un porcentaje de su Producto Nacional Bruto casi similar al de Alemania y aproximadamente el doble del de Inglaterra y Francia”. Asimismo, entre 1934 y 1940 su presupuesto colonial –centrado en Abisinia- y el militar constituyeron el 51% del gasto público del país.  En suma, Italia cometió el error de prestar mucho a largo plazo y España no saldó la deuda contraída con el Duce hasta 1967, cuando ésta formaba parte de un pasado remoto.

Treinta años antes, en el lejano julio de 1936, el general Mario Roatta –intuitivo- profetizó este hecho: “España es un terreno de arenas movedizas. Si se mete una mano, irá luego todo lo demás. Si las cosas van mal, nos echarán la culpa a nosotros. Si van bien, nos olvidarán”. El artículo demuestra que así fue.

¿Legionarios de Mussolini en Lleida?

Uno de los aspectos más chocantes y menos conocidos de esta colaboración que en el arrtículo sólo apuntamos lo aporta Heinberg en Emperadores del Mediterráneo  (www.ed-critica.es/libro/emperadores-del-mediterraneo-978848432470). En la obra explica que a la par que mejoraban las relaciones entre Franco y Mussolini desde inicios de 1938, los italianos se plantearon la posibilidad de crear colonias fascistas en España.

El proyecto de las mismas que más prosperó fue el ubicado en la provincia de Lleida. Allí un grupo de inversores españoles se planteó comprar más de 6.000 acres para instalar de 10.000 a 12.000 agricultores. Heinberg explica así sus bases: “Se suponía que un nuevo sistema de irrigación proporcionado por el canal de Aragón hacía de esa tierra una parcela tremendamente fértil. Se había previsto producir trigo, cereales y cultivar ganado. Los italianos podían participar tanto con capitales como con mano de obra. De ese modo, las exportaciones de trigo y demás productos procedentes de España servirían como pago por la mano de obra”.

El ministerio de Agricultura italiano apoyó la idea por verla aconsejable “desde el punto de vista social, económico y político” y, en general, desde el gobierno de Mussolini se consideró que era una manera oportuna para desmobilizar a las tropas legionarias de Franco. Ello, sin embargo halló reticencias en el gobierno español y la idea perdió fuelle. Así las cosas, el estallido de la Segunda Guerra Mundial erradicó definitivamente el proyecto. Éste, como puede apreciarse, quizá es el que mejor refleja las ambiciones de Mussolini de convertir a España en satélite.

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