MONTEJURRA 1976: EL FRACASO DE LA “OPERACIÓN RECONQUISTA” (1)

 

Carlos Hugo de Borbón-Parma.

LA MUERTE  EL PASADO 18 de agosto de 2010 de quien fuera pretendiente carlista al Trono de españa durante el franquismo, Carlos Hugo Borbón-Parma, pasó un tanto desapercibida (véase su necrológica). Su pugna por la Corona supuso una guerra sorda bajo la dictadura franquista, que hemos expuesto con detalle en nuestro estudio Franco y los Borbones.

Su fallecimiento nos ha llevado a rescatar uno de los episodios históricos en los que se vio envuelto y que marcó los inicios del proceso democratizador: los hechos de Montejurra en mayo de 1976, que aún hoy -pese a haberse saldado con dos muertes- aún no han sido totalmente esclarecidos.

A modo de recordatorio y estado de la cuestión, publicamos a continuación un fragmento sobre los mismos de nuestro artículo ¿Existió una estrategia de la tensión en España? que sigue en buena medida el testimonio póstumo del general José Antonio Sáenz de Santa María (1919-2003). Es la primera de tres entregas que incorporarán información que hemos conocido tras la publicación de este trabajo.

Montejurra 1976: ¿El inicio de los “años del plomo” españoles?

EL 9 DE MAYO DE 1976 se celebró la primera concentración carlista en Montejurra tras la muerte de Franco. En la explanada de ese monte se halla el monasterio de Iratxe, referencia tradicionalista desde 1835 al luchar allí tropas carlistas y gubernamentales. Este encuentro anual del movimiento carlista se instauró en 1954, al inaugurarse un Vía Crucis en memoria de los Requetés que lucharon en la Guerra Civil. Desde los años sesenta, los discursos pronunciados en la cima del monte servían «de termómetro para medir la influencia del ala “progresista” del carlismo»,i mayoritaria. La dirigía Carlos-Hugo de Borbón-Parma y se agrupaba en torno al Partido Carlista [PC] (integrado en la Junta Democrática), que reivindicaba un sistema democrático, federal y socialista autogestionario.

Pero en la cita de 1976 sus miembros se vieron confrontados a un contingente carlista que se consideraba depositario de la ortodoxia (a sus ojos traicionada por el PC), apoyado por numerosos ultraderechistas españoles y extranjeros y que lideraba el hermano menor de Carlos-Hugo, Sixto-Enrique. Éste último -señala Josep Carles Clemente (historiador del carlismo y seguidor de Carlos-Hugo)- tenía simpatías hacia el neofascismo y los regímenes militares, desde «los salazaristas en la guerra de Angola, al Chile de Pinochet y a la Junta fascista argentina».ii

En la explanada de Iratxe se hallaron frente a frente ambos grupos y un seguidor del PC, Aniano Jiménez, fue herido y murió días más tarde por el disparo de un comandante de infantería retirado, José Luis Marín García-Verde, de las filas sixtinas. Entonces una dotación de la Guardia Civil se interpuso entre ambos sectores (lo que aquel día fue un gesto excepcional) y la comitiva del PC inició su ascenso a la cumbre para celebrar la eucaristía habitual, uniéndose a Carlos-Hugo. Pero la cima la ocupaba Sixto-Enrique y un grupo armado, que impidió el acceso: sonaron nuevos disparos y murió otro carlohuguista, Ricardo García Pellejero. Cuando los sixtinos abandonaron la cima, la jornada dejó unos 30 heridos y dos muertos. Fue el primer episodio de violencia ultraderechista en España que se saldó con muertes.

Multitud carlista durante la concentración de 1976 (foto del la web del Partido Carlista).

La trama política

Posteriormente trascendió que la presencia de extremistas armados fue organizada desde altas esferas, siendo designada como «Operación Reconquista». En el año 2003 Saénz de Santa María -testigo directo de su gestación- explicó que los promotores del caudillaje carlista de Sixto-Enrique (entre los cuales destacaba el presidente del Consejo de Estado, Antonio Mª de Oriol y Urquijo) «deseaban institucionalizar su condición de liderazgo» en el seno del carlismo y vieron posible hacerlo en Montejurra con apoyo de la Guardia Civil, dada la afinidad con el carlismo integrista de su director general, Ángel Campano, y su subdirector, Salvador Bujanda.

Se puso así en marcha una maniobra con dos objetivos: emplazar a Sixto-Enrique «como único representante […] del movimiento carlista» y «situar su opción política en posición de influir […] en las decisiones más importantes».iii Tal proyecto habría contado, según Saénz, con «las bendiciones de Arias [Navarro], Fraga y […] el general Juan Valverde, director del SECED».iv Esta entidad incluso habría pagado dietas a un colectivo neofascista internacional, que incluía activistas italianos (como Stefano della Chiae, líder de AN), de la Triple A argentina, de la francesa Organisation de l’Armé Secrète [OAS] y exagentes de la portuguesa Policia Internacional e de Defesa Do Estado [PIDE].v

El plan fracasó en toda regla: los sixtinos fueron menos de 1.500 (se esperaba a 10.000)vi y no se afirmó el liderazgo de Sixto-Enrique. De hecho, el resultado de la concentración sorprendió a todos: el PC no afianzó su presencia y el bando sixtino nada pudo capitalizar. Sus activistas (que «pudieron darse de tiros por un Príncipe cuya existencia no conocían una semana antes»)vii tuvieron claro que fueron instrumentalizados.viii Uno de sus significados organizadores, José Arturo Márquez de Prado, manifestó que el encuentro «fue un complot, una encerrona. No sé de quién. […] desde el Movimiento […] se nos ofreció dinero para ir a Montejurra […]. Las intenciones eran simplemente hacer un acto carlista. Lo que pasó fue sorpresivo para todos los que interveníamos».ix

Unos hechos oscuros

Fue imposible profundizar en los entresijos oficiales de la fallida operación: tras conocerse que el juez de Estella dictó una orden de búsqueda y captura contra Sixto-Enrique, el gobierno le expulsó del país y la policía le acompañó al aeropuerto de Barajas sin interrogarle; los condenados por el asesinato de carlohuguistas se acogieron a medidas de amnistía posteriores; finalmente, se extraviaron en los archivos judiciales los once volúmenes del sumario (1847/76). […] Montejurra demostró por primera vez cómo la violencia empleada por la extrema derecha buscando un gran impacto político podía tener efectos opuestos a los que pretendía.

Pese a ello, el episodio fue un jalón del terrorismo parapolicial, ya que según Sáenz de Santa María «propició el recurso a la contratación de pistoleros de fuera para realizar trabajos contraterroristas al margen de la ley» y «empezaron a aparecer […] como ejecutores al servicio de diferentes amos, de la guerra secreta contra los terroristas». Concluyendo que «fue a partir de Montejurra cuando primero a través del CESED y luego de las avanzadillas policiales [¿?] se empezó a contratar a mercenarios para labores de información y de otro tipo [¿?]».x

Enfrentamiento en Montejurra. A la derecha, el llamado “hombre de la gabardina”.

NOTAS

i. RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, José Luis, Reaccionarios y golpistas. La extrema derecha en España: del tardofranquismo a la consolidación de la democracia (1967-1982), Madrid, CSIC, 1994, p. 112.

ii. CLEMENTE, Josep Carles, El carlismo en la España de Franco. Bases documentales 1936-1977, Madrid, Editorial Fundamentos, 1994, p. 103. Los datos sobre Sixto-Enrique proceden de la obra anónima editada en 1977 por el PC sobre los hechos de Montejurra, reeditada en 1996: Informe Montejurra 76/96, s. p. i., Bayona, 2ª ed. 1996 (1ª ed. 1977), pp. 21-22; RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, José Luis, La extrema derecha española, Madrid, Alianza Editorial, 1997, pp. 415-417 y 467-468; CADENA, Ernesto, [pseudónimo de Ernesto Milá], La ofensiva neofascista, Barcelona, Acervo, 1978, p. 307; SATUÉ, Francisco J., Los secretos de la Transición, La esfera, Madrid, 2005, pp. 206-222.

iii. CARCEDO, Diego, Sáenz de Santa María. El general que cambió de bando, Madrid, Temas de hoy, 2003, pp. 149-150.

iv. CARCEDO, Diego, ob. cit, p. 151. No es inverosímil que Fraga conociera la operación: véase BARDAVÍO, Joaquín, Crónica de la Transición, Barcelona, Ediciones B, 2009, p. 220

v. CARCEDO, Diego, ob. cit, p. 152.

vi. Cifras de FERNÁNDEZ, Carlos. Los militares en la transición política, Barcelona, Argos Vergara, 1982, p. 88; el PC aseguraba contar aquel día con 25.000 seguidores y el gobierno civil de Navarra contabilizó 5.000 (SUÁREZ, J., «Los sangrientos sucesos de Montejurra’76», Historia y Vida, 338 (mayo 1996), p. 91).

vii. DE ARMAS, Valentín, [pseudónimo], Cuando vestíamos de negro 1973-1981, Barcelona, Ediciones Nueva República, 2008, p. 92.

viii. Véase al respecto el testimonio de un falangista que acudió a Montejurra en SATUÉ, Francisco J., ob. cit., pp. 215-221.

ix. SÁNCHEZ SOLER, Mariano,  Los hijos del 20-N. Historia violenta del fascismo español, Madrid, Temas de Hoy, 1993, p. 179.

x. CARCEDO, Diego, ob. cit, p. 154.

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