ENTREVISTA A VICENTE ALMENARA: “LOS SERVICIOS DE INTELIGENCIA INTERVINIERON EN LA TRANSICIÓN DE MODO MUY IMPORTANTE”

 

VICENTE ALMENARA (Ceuta, 1957) ha escrito una historia de los modernos servicios de información españoles en un ensayo tan voluminoso -tiene 582 páginas- como interesante: Los Servicios de Inteligencia en España. De Carrero Blanco a Manglano (Almuzara). Licenciado en periodismo y doctor por la Universidad de Málaga, entre el amplio currículum profesional de Almenara dstaca su Máster del Instituto Universitario UNED en Paz, Seguridad y Defensa. Desde 1991 es director de comunicación de la Confederación de Empresarios de Málaga y actualmente también es miembro del Consejo de Gobierno de la Universidad de Málaga.

Su libro ofrece una amplia panorámica de los servicios de inteligencia. Ésta se inicia con la creación de la Organización Contrasubversiva Nacional [OCN] en 1968 que en 1972 origina el Servicio Central de Documentación, dependiente inicialmente del presidente Carrero y activo hasta 1977. Almenara reconstruye su conversión ese año en Centro Superior de Información de la Defensa [CESID] hasta el impacto del fracasado golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 [23-F], aunque este organismo perduró hasta el 2002, cuando originó el Centro Nacional de Inteligencia [CNI]. Para realizar esta labor, ha procesado una abundante bibliografía dispersa y ha contado con testimonios directos.

El resultado es un libro que demuestra un activo protagonismo de estos servicios durante la Transición y una actuación relevante en el ámbito del contraterrorismo que arroja luz sobre su capacidad de infiltración. Interesados por este tema, Almenara ha accedido concedernos la entrevista que ofrecemos a continuación.

¿Considera que los servicios de inteligencia mediaron en la Transición más de lo que se piensa?

Los servicios de inteligencia intervinieron en la Transición de modo muy importante, pero la mayoría de los españoles no sabe nada de ellos ni quizá les importe subjetivamente. La labor de José Ignacio San Martín (responsable del SECED),  tanto en la promoción de partidarios del régimen como en el conocimiento de algunos movimientos opositores es importante, pero posteriormente Andrés Cassinello realiza incluso una labor más decidida: contactos con dirigentes socialistas, conversaciones con el presidente de la Generalitat Josep Tarradellas para su regreso a España, protección de Adolfo Suárez frente a algún intento involucionista…

Son muchos los episodios conocidos –algunos deformados, es cierto-, pero muchos más los que quedan por conocer acerca de los servicios en la Transición. La verdad es que la actividad de los servicios con el CESID resulta un tanto desprovista de interés bajo la dirección de Luis Bourgón López-Dóriga. Gerardo Mariñas Romero y Narciso Carreras, aunque con éste –jefe accidental de la entidad- ya apuntan dos oficiales de gran trascendencia: Javier Calderón y Antonio Cortina. Cuando Emilio Alonso Manglano se hace cargo del servicio, éste empieza a alcanzar otra categoría muy superior.

Explica que el comisario Roberto Conesa -famoso por sus éxitos policiales- fue amigo de los policías antimasónicos Mauricio Carlavilla y Eduardo Comín Colomer. ¿Podría resumir la biografía de Conesa?

No se sabe mucho de Conesa pero algún estudioso ha dado a conocer algunos datos. Según el colectivo Alberto Rincón, Roberto Conesa Escudero nació en 1917 en Madrid. Al final de la Guerra Civil ingresó en la Policía. En los años cuarenta trabaja a las órdenes del comisario Hernández Martínez, famoso por su habilidad en la redacción de comunicados públicos. Una década después está junto a Vicente Regüengo, jefe de la Brigada Político-Social y del que aprende sobre las infiltraciones. El PCE, CC.OO., PSOE y UGT conocen sus méritos. A finales de los cincuenta trabaja para la Brigada de Investigación Criminal –el caso Jarabo le da relativo nombre-. Fue amigo del policía historiador Eduardo Comín Colomer y mantuvo asimismo relaciones con Mauricio Carlavilla (Mauricio Karl), que publicó libros de ideología anticomunista.

Vuelve a la Brigada Político-Social con Federico Quintero como jefe superior de Policía de Madrid y con José Sainz González presentan en rueda de prensa en septiembre de 1974 sus investigaciones sobre el atentado de la cafetería Rolando, junto a la Dirección General de Seguridad, en Madrid. Aquí ya Conesa sabe cosas y hace cosas importantes. Interviene en la desarticulación de un grupo bastante oscuro, Grupo Antifascista Revolucionario Independiente [GARI], en París. Y junto a otros muchos sucesos propios de su profesión, aprende del comisario Sainz sobre ETA, aunque su especialidad fueron los GRAPO.

A raíz de los secuestros de Antonio María de Oriol, presidente del Consejo de Estado, y del teniente general Emilio Villaescusa resulta fundamental para la liberación de los mismos. Mantuvo relaciones con Luís M. González Mata, Cisne, un personaje bastante peliculero pero que estaba en el entorno de los servicios policiales. El FRAP tampoco escapó a la curiosidad de Conesa. Un personaje en el que, como en otros con dedicaciones parecidas, es difícil discernir la verdad de sus sombras.

En el libro afirma que el SECED forzó la renovación de la dirección de los partidos de la oposición. ¿Cómo lo hizo?

Favoreciendo a unos en detrimento de otros. El PCE asustaba, por eso se quería un PSOE que pudiera disputarle la hegemonía en la izquierda. Pero había dos PSOE, el histórico y el de Isidoro [apodo de Felipe González], y se le favoreció desde el SECED y desde la Policía. La verdad es que el PSOE (h) tampoco tenía mucha fuerza.

El FRAP habría sido una de las organizaciones infiltradas por los servicios.

En la obra apunta a la eventual infiltración de los servicios de inteligencia en el FRAP, el MPAIC y la CNT. ¿Podría describr brevemente esta casuística?

Es muy difícil hablar de infiltraciones porque es de las actividades que menos se sabe. Pero tanto policías como guardias civiles lograron infiltrarse en estas organizaciones: frecuentando ambientes, captando algún detenido, destacando en algunas movilizaciones… A nadie se le escapa que se trata de los trabajos más difíciles y peligrosos.

 ¿Qué fuentes ha utilizado en su ensayo y cuáles han sido los mayores obstáculos al escribirlo?

Las fuentes bibliográficas más importantes suponen 136 libros consultados o leídos en su integridad, 34 cabeceras de diarios distintos, 19 revistas de información general, 10 revistas especializadas, 6 publicaciones que incluyo en el epígrafe de otras, anuarios, webs sites, publicaciones oficiales y códigos, fuentes documentales mecanografiadas, archivos y fondos, entrevistas grabadas de acceso público, testimonios orales recogidos por mí… en total, unas 228 fuentes distintas.

Los mayores obstáculos para escribir el libro parten de la reunión de las piezas de un inmenso puzzle, piezas repartidas aquí y allá, e incluso una vez reunidas había espacios por cubrir porque no tenía las piezas, pero las fuentes personales me sirvieron de gran ayuda, y a ellas les debo también el libro.

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