LA AJETREADA HISTORIA DEL CADÁVER DE MUSSOLINI

 

AL HILO DE LA ÚLTIMA ENTRADA DEL BLOG SOBRE MUSSOLINI Y SU AMANTE, nos ha parecido de interés reproducir la información que hoy (25/I/2011) publica ABC elaborada por Israel Viana con el título “Las andanzas del cadáver de Mussolini”. El reportaje muestra el feticihismo que tuvo el cadáver del Duce para sus seguidores, a la vez que pone de relieve la incomodidad del gobierno ante éste, pues lo tuvo encerrado varios años en un armario porque, sencillamente, no sabía que hacer con él.

Portada de Life dedicada a Mussolini en 1941.

“Las andanzas del cadáver de Mussolini”, por Israel Viana.

 
En una tumba anónima, en el maletero de un coche, en una pequeña caja, debajo de un altar en un convento desconocido, en un armario… Estos fueron los destinos del cadáver de Benito Mussolini después de que fuera descubierto y fusilado por un grupo de partisanos en Dongo, el 28 de abril de 1945. El Duce no descansó en paz ni aquel día, ni al día siguiente después de que su cuerpo, junto al de su amante Clara Petacci, fuera colgado cabeza abajo y golpeado, escupido, orinado e incluso mutilado públicamente en una plaza céntrica de Milán. Doce años estuvo el dictador muerto en paradero desconocido, escondido por los rincones más insospechados de Italia, hasta que fue devuelto a su viuda. Fue enterrado en una tumba anónima para impedir la peregrinación de los nostálgicos.
 
Sobre los verdaderos autores de su ejecución y las circunstancias en que se produjo existen aún muchas incógnitas –alguno de sus descendientes incluso ha solicitado recientemente la exhumación de los restos para tratar de identificar a los asesinos–, al contrario de lo que sucede con las andanzas de Duce una vez muerto. Sin embargo, el secreto que rodeó a este asunto durante años dio para llenar de rumores muchas páginas de periódicos: «Roma estaba de nuevo alerta (…), porque existía la confidencia de que un camión, con matrícula de Milán número 22457, transportaba el cuerpo de Mussolini rodeado de varios “jeeps” como escolta», podía leerse, por ejemplo, en ABC en mayo de 1946. «Ni ha aparecido el camión, ni los “jeeps”, ni como es consiguiente el cuerpo de Mussolini, que otras noticias lo señalas como escondido en Florencia», aclaraba inmediatamente.
 
Sabemos que después del escarnio público sufrido en Milán, el cuerpo de Mussolini fue colocado por miembros del Comité de Liberación Nacional (CLN) en un cajón de madera con paja y enterrado en una tumba sin nombre del cementerio Mayor, identificada con el número 384, con el objetivo de impedir el peregrinaje de nostálgicos.

El robo del cuerpo

La noche del 23 de abril de 1946, una vez acabada la Segunda Guerra Mundial, un grupo de simpatizantes fascistas robaron los restos del Duce sin saber muy bien qué hacer con ellos. Hasta dos semanas estuvo el cadáver peregrinando por las calles de Milán en el maletero de un coche. ¡Qué paradojas! El venerado y poderoso aliado de Hitler, símbolo de fortaleza en toda Europa, daba vueltas, muerto, escondido y olvidado, en el maletero de un vehículo, hasta que uno de sus ladrones decidió entregárselo a un sacerdote milanés del convento de Sant´Angelo. Los «carabinieri» abrieron un ataúd de otro muerto por si en él se encontraba el cadáver del Duce.
 
Los rumores crecían: «Se afirma que el general Enzo Galviati dirigió la operación del cementerio de Milán y que posee los restos mortales del Duce, enterrados en el jardín de una casa de Milán»; o «el cadáver de Mussolini está oculto en la isla de Brissago, en el lago suizo». Pero nada. Las noticias eran cada vez más rocambolescas, como aquella que informaba de que un grupo de «carabinieri» llegó a abrir el ataúd de otro muerto, en medio de un funeral, pensando que allí se encontraba el dictador; o aquella otra que aseguraba que uno de los detenidos había contraído «infección cadavérica» al tocar el cuerpo «parcialmente descompuesto de ex Duce», relataba este periódico.
 
Los restos del ex dictador, sin embargo, estuvieron desaparecidos varios meses, hasta que el sacerdote de Sant´Angelo informó al arzobispo de Milán, Ildefonso Schuster, y éste a su vez al Gobierno.

Mussolini, en un armario

Las autoridades eclesiásticas y el Gobierno decidieron esconder el cadáver, o lo que quedaba de él debido a las mutilaciones y el avanzado estado de descomposición, en el convento de Cerro Maggiore, provincia de Milán. Estuvo oculto debajo de altar hasta que el mal olor obligó al superior a trasladarlo a un pequeño armario, donde permaneció muchos años. El Gobierno italiano no quería devolver el cuerpo a la viuda de Mussolini ni contemplaba la posibilidad de brindarle un funeral público.
 
Así permaneció, en el más absoluto secreto, mientras los diarios seguían llenándose con extrañas especulaciones acerca de su paradero. En 1957, el Gobierno consideró que había llegado la hora de devolver los restos a la familia, que decidió darles por fin sepultura en la capilla familiar de San Cassiano. «Soy un hombre acabado, mi estrella se ha eclipsado», dijo Mussolini cuatro días antes de morir. «Sólo me apetece leer y esperar a que se cumpla mi destino». Y se cumplió… más de una década después.

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