EL POPULISMO QUE VIENE (60): LA DEMOSCOPIA DETECTA XENOFOBIA EN ALZA EN ESPAÑA

 

Crece el rechazo a los inmigrantes extranjeros en España, aunque éste coexiste con percepciones favorables a estos en diferentes aspectos.

 

A CONTINUACIÓN REPRODUCIMOS un artículo del reputado analista Carles Castro publicado en La Vanguardia el día 11 que analiza cómo los indicadores del Centro de Investigaciones Sociológicas [CIS] reflejan un creciente rechazo a la presencia de extranjeros en el conjunto de España.

En este blog ya constatamos cómo antes de las elecciones autonómicas catalanas, en enero del 2010,  un estudio de la socióloga Mónica Méndez apuntó la existencia de un sustrato sociológico favorable a discursos “anti-inmigración” en sentido amplio, lo que pareció ratificar el buen resultado de la Plataforma per Catalunya [PxC]. Ahora parece que la situación tiende a generalizarse, lo que podría apuntar un clima favorable a candidaturas locales de este signo, tanto en Cataluña como en el resto del país. Como en el caso de Cataluña, coexisten las contradicciones, pues las actitudes de rechazo conviven con otras ampliamente extendidas de concederles derechos como el sufragio.

Este es el artículo mencionado, que puede leerse clicando aquí. Los epígrafes del texto son nuestros.

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Crece en España el rechazo a los extranjeros

Los españoles están convencidos de que los extranjeros reciben muchas más ayudas

El caldo de cultivo para que se produzcan estallidos sociales a cuenta de la inmigración crece día a día en España. La evolución de los indicadores del Centro de Investigaciones Sociológicas refleja un rechazo creciente a la presencia de extranjeros en el Estado español y a las consecuencias que ello supone. Las propias percepciones ciudadanas sobre el fenómeno muestran una distorsión tan elocuente como inquietante.

Por ejemplo, los españoles están convencidos de que los inmigrantes constituyen el grupo que más ayudas recibe del Estado, incluso por delante de las personas mayores que viven solas. Y en lo relativo a la percepción sobre el número de extranjeros en España, las sensaciones se encuentran también muy alejadas de la realidad. Aunque sólo una de cada diez personas que viven en España ha nacido fuera del país, los españoles multiplican por dos esa proporción. Y a partir de ahí, únicamente el 17% de los ciudadanos (tres puntos menos que en el 2008) cree que el número de inmigrantes es aceptable, mientras que más del 70% piensa que las leyes sobre extranjería son demasiado o más bien “tolerantes”.

El auge de los juicios negativos sobre la inmigración se extiende incluso a la contribución de los trabajadores extranjeros a la economía del país. Según el último sondeo difundido por el CIS sobre “actitudes hacia la inmigración”, casi el 60% de los españoles (siete puntos más que en el 2008) se muestra convencido de que los inmigrantes reciben del Estado más de lo que aportan. Y únicamente el 20% piensa que reciben tanto como aportan.

Tópicos erróneos y percepciones contradictorias

Se trata de juicios muy severos, ya que la realidad estadística estaría más cerca de lo que opina sólo el 8% de los ciudadanos: los extranjeros reciben del Estado menos de lo que aportan (concretamente, hasta 5.000 millones de euros menos, según un estudio de la Oficina Económica del Gobierno realizado en la anterior legislatura). De hecho, los prejuicios al respecto llegan al extremo de ocasionar percepciones contradictorias. Así, casi el 80% de los ciudadanos admite que los inmigrantes desempeñan trabajos que los españoles rechazan. Sin embargo, a renglón seguido casi el 60% asegura que los extranjeros quitan puestos de trabajo a los españoles.

Las opiniones más críticas se concretan, no obstante, en un ámbito –el de las prestaciones y los servicios sociales– donde la inmigración compite directamente con la población autóctona y, por lo tanto, los efectos de su presencia son más tangibles y se convierten en objeto de polémica. De ahí que crezcan gradualmente, hasta convertirse en mayoritarias, opiniones como que los inmigrantes reducen la calidad de la sanidad (o “abusan” de ella) y empeoran la educación allí donde su presencia es muy nutrida (además de “recibir más ayuda escolar”). Como consecuencia de ello, ha aumentado también la cifra (hasta rozar el 60%) de partidarios de que los españoles tengan preferencia en la educación pública.

En términos generales, una cifra resume mejor que nada la evolución crítica con la inmigración: hasta el 2008, casi la mitad de los españoles consideraban positiva para España la presencia de extranjeros. En cambio, un año después, esa cifra había caído al 41%, mientras que más del 35% veían ya más perjuicios que ventajas en la presencia de inmigrantes. En realidad, sólo un 13% de los españoles señala entre los aspectos positivos de la inmigración su impacto sobre la economía o sobre el sistema de pensiones.

No al multiculturalismo, sí a conceder derechos a los inmigrantes

Ahora bien, es en el plano de la convivencia y la integración donde se alimentan en mayor medida los recelos hacia los inmigrantes. Por ejemplo, un 30% de los españoles asocia la inmigración con el aumento de la inseguridad, y otro 13%, con el choque cultural. Es más: el 60% de los ciudadanos subraya la necesidad de que los extranjeros adapten sus costumbres a la sociedad en la que viven. Y en la lista de requisitos que harían recomendable la presencia de un inmigrante en España, el más importante –y a gran distancia de los demás– sería su disposición “a adoptar el modo de vida” del país. En cambio, que sea cristiano o blanco merece una valoración bajísima. Y buena prueba de que el punto de fricción se encuentra en los conflictos culturales es que el rechazo al uso del velo islámico ha crecido casi diez puntos en sólo un año.

En cambio, las posiciones de principio apenas han variado en la sociedad española: casi el 80% sigue creyendo que los inmigrantes han de poder traer a sus familias; casi el 90% continúa pensando que tienen derecho a cobrar el seguro de desempleo, y más del 60% considera que han de poder votar en las municipales o acceder a la nacionalidad española.

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