EL POPULISMO QUE VIENE (76): CLAVES SOBRE EL TEA PARTY

El Tea Party se ha caracterizado por presentar a Obama como un enemigo de EE.UU..

KATE ZERNIKE ES AUTORA DE  La revolución del Tea Party, de Kate Zernike (Planeta, Barcelona, 2011, 299 páginas), una interesante aproximación a este fenómeno político populista americano que ya hemos abordado en diversas entradas de este blog  (pueden hallarse con el buscador). A continuación reproducimos un extenso reportaje de Lola Galán sobre el libro que incluye una entrevista con la autora publicado en El País (15/V/2011).

A continuación reproducimos el texto al que hemos añadido epígrafes para facilitar su lectura. 

“El Tea Party solo sabe lo que no quiere”

Kate Zernike, periodista y autora de un libro sobre este movimiento, cree que es hijo de la crisis financiera y los rescates a los bancos

Están en contra de la reforma sanitaria, del derecho al aborto y del matrimonio gay, exactamente igual que el Partido Republicano, pero le reprochan que haya dejado de lado la economía para centrarse en estas causas sociales. Surgieron como una atronadora respuesta al rescate económico de los bancos para hacer frente a la crisis financiera, pero no le echan la culpa de esa crisis a Wall Street, sino al Congreso de Estados Unidos. Simpatizan con Sarah Palin, pero dejan claro en encuestas y entrevistas que les parece inconsistente como candidata republicana a la Casa Blanca. Populistas, extremadamente exigentes con sus correligionarios republicanos, un azote para los demócratas, así son los seguidores del Tea Party, el movimiento que irrumpió hace un par de años en la escena política estadounidense.

Así los describe, al menos, Kate Zernike, de 42 años, periodista de The New York Times que ha seguido sus pasos desde el principio, ha entrevistado a líderes y miembros de a pie, y ha escrito un libro sobre el tema, La revolución del Tea Party, que ahora publica en España la editorial Planeta. ¿Son muchos? ¿Son pocos? Los suficientes como para haberse convertido en uno de los mayores dolores de cabeza de la presidencia de Barack Obama. Trabajan denodadamente contra los convenios colectivos sindicales, o a favor de dar dinero público a los padres que envían a sus hijos a escuelas privadas. Y han encontrado un inesperado y potentísimo altavoz en lo que Zernike denomina “el establishment de los medios conservadores”. Empezando por la cadena Fox, que les ha dado visibilidad desde el principio.


Colapso económico y elecciones, dos razones de su emergencia

¿Cómo es, de qué está hecho este movimiento? De gente luchadora, desde luego. También profundamente conservadora. Por eso, Zernike está convencida de que con un presidente republicano en la Casa Blanca no habría habido Tea Party. “Aunque discrepaban de la política económica de Bush, no se echaron a la calle a protestar”, dice. ¿Les ha espoleado el hecho de que Barack Obama sea el primer presidente negro de la historia de Estados Unidos? “No creo que la raza sea una cuestión esencial, aunque le importe a muchos seguidores del Tea Party”, responde la periodista por correo electrónico. Es cierto que Obama no conquistó el voto de los hombres blancos mayores de 60 años, pero “obtuvo más o menos el mismo porcentaje del voto masculino blanco que Clinton, Gore y Kerry”, dice Zernike. “Por eso no creo que la raza del presidente haya influido para nada en este fenómeno. También han sido muy críticos con Nancy Pelosi (expresidenta demócrata del Congreso de Estados Unidos), y a nadie se le ha ocurrido pensar que era por razones de género”.

Según Zernike, el engrudo que ha ligado de manera tan sólida este movimiento ha sido la crisis financiera. “El colapso económico de 2008 produjo una ansiedad enorme en la gente. Si la economía estuviera boyante, no habría habido un Tea Party”. Y eso porque su principal preocupación es cómo se gasta el dinero público, cómo se gestiona la economía del país. “Les enfadaron los rescates decididos por la Reserva Federal. Las primeras protestas del movimiento se produjeron a raíz del estímulo financiero aprobado en 2009, pero ya estaban indignados por los rescates que los bancos y las compañías automovilísticas se concedieron por cuenta propia en tiempos del presidente Bush”, dice Zernike. Y la conducta desaprensiva de Wall Street, ¿cómo la juzgan? “No están tan molestos con ella. De hecho, las encuestas demuestran que no le echan la culpa de la crisis de las hipotecas a los bancos. Se la echan al Congreso. Además, ven con buenos ojos a los peces gordos de la economía, y en eso son diferentes de movimientos populistas anteriores”.

Si el colapso económico ha sido uno de los principales catalizadores del Tea Party, otro elemento fundamental en su éxito hay que buscarlo en las elecciones de mitad de mandato, que han movilizado, dice Zernike, como normalmente sucede en este tipo de comicios, “a los sectores más maduros del electorado, normalmente los más conservadores”.

Desconfianza hacia los partidos y regreso a los orígenes

La radiografía del Tea Party que realiza la periodista de The New York Times deja al descubierto síntomas de un mal que se extiende ampliamente por toda la sociedad estadounidense. Estos activistas conservadores no son los únicos descontentos con instituciones en otro tiempo casi sagradas. “Las encuestas demuestran que el grado de aprecio del Congreso está en niveles históricamente bajos y no solo entre los miembros del Tea Party. También reflejan que la estima hacia otras instituciones como los bancos, las universidades o los medios de comunicación ha caído igualmente”, explica Zernike. Pero, ya que comparten ideología, ¿por qué no existe mayor sintonía entre el Tea Party y el Partido Republicano? Una explicación está en el carácter antisistema, anti-Washington, que cultivan sus seguidores. Se critica a los centros de poder político, y a los políticos en general que, al final, se apoyan entre sí. Los republicanos, por ejemplo, han estado con el Gobierno a la hora de aprobar el gasto público. “Pero lo que hace difícil de manejar y contentar a este colectivo es que sus miembros no son muy concretos sobre lo que quieren. Tienen mucho más claro lo que no quieren. Por tanto, es muy difícil para los republicanos y para los demás partidos proponer políticas que les satisfagan”.

El Tea Party toma su nombre del Boston Tea Party, una rebelión contra los británicos que se produjo hace más de dos siglos. Vista desde Europa, resulta notable esta fijación con el pasado, pero muchos movimientos populistas de izquierda o derecha en Estados Unidos se han inspirado en episodios cercanos a la Guerra de la Independencia. El Tea Party va un poco más lejos, porque sus seguidores son partidarios de restaurar la Constitución de los padres fundadores de la nación. “Algo bastante difícil”, dice Zernike, “porque los fundadores no podrían haber sospechado siquiera muchas de las cuestiones que se plantean hoy”.

Ese intento de restauración y esa mención a los padres fundadores podrían significar, quizá, un deseo de vivir en un país más uniforme, menos complejo que los Estados Unidos de hoy. “Puede que para la gente mayor, que constituye la gran mayoría del movimiento, signifique un regreso a los tiempos en los que nuestro país tenía menos inmigrantes, pero no creo que sea un deseo, ni una idea universal en el Tea Party”, dice Zernike. Los que invocan esta restauración “creen que están luchando, como los fundadores de la nación, contra un Gobierno que ha crecido, en su opinión, demasiado. Más allá de lo que le reserva la Constitución”. Por eso, como muchos otros movimientos populistas, hablan de “recuperar” Los Estados Unidos. Quizá en este caso, convencidos de la fuerza que han aportado a los republicanos, lo estén diciendo en serio.

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