EL POPULISMO QUE VIENE (80): BADALONA, EL LABORATORIO POPULISTA DE MARIANO RAJOY

El partido que lidera Rajoy modula discursos muy distintos sobre la inmigración en función de los réditos electorales.

BADALONA HA SIDO EL LABORATORIO POLÍTICO DEL PARTIDO POPULAR [PP], así lo hemos reiterado en las entrevistas que nos han realizado. Ahora da cuenta en ello este artículo publicado hoy (30/V/2011) del director adjunto de La Vanguardia, Enric Juliana (que -por cierto- es de Badalona).

Como puede apreciarse, el PP modula a conveniencia su discurso sobre la inmigración, de modo que éste es muy diferente en Valencia, Madrid y Badalona.

Es importante tomar nota de ello porque lo que ocurra en Badalona puede tener consecuencias en el resto de España: si la estrategia albiolista se ha revelado rentable en términos políticos para penetrar en el cinturón barcelonés, se va a echar mano de ella en el futuro, que nadie lo dude.

A continuación reproducimos el artículo, cuyo original digital puede leerse clicando aquí.

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Badalona en España

La tercera ciudad de Catalunya, pieza de la política española. Hay dos mayorías en Badalona y una operación de Estado en marcha.

Es tradición en Badalona quemar una figura del demonio durante las fiestas de mayo. Una gran hoguera en la playa en vísperas de Sant Anastasi. La costumbre se remonta a 1940, en plena reafirmación católica, con ecos del espiritismo del viejo barrio de mar. A bordo de las barcas –me lo contaban en casa de pequeño– estaba rigurosamente prohíbido mentar al demonio. Podía traer la tormenta y el naufragio. Con el paso de los años, el exorcismo de posguerra se transformó en alegre fiesta ciudadana. Previo concurso de ideas, cada año se quema un demonio simpaticote con rasgos de falla valenciana. Los niños acuden a la playa para dibujarlo y durante unos días la ciudad más complicada de Catalunya es feliz.

Este año, las cenizas del Gran Enredador debe haber sido mal aventadas, puesto que las elecciones municipales de mayo han traído un resultado que puede conducir a la tercera ciudad de Catalunya a un largo periodo de enfrentamiento interno e ingobernabilidad. Como el lector seguramente ya sabrá, el Partido Popular ha alcanzado el primer lugar, con once concejales y 26.890 votos (33,4% de los votantes y 17% del censo). Ha sido el primero, sin ganar una mayoría suficiente para su programa. Ha despuntado utilizando el lenguaje de la extrema derecha, en un experimento atentamente monitorizado desde la calle Génova de Madrid. Se trataba de abrir brecha en el área metropolitana de Barcelona y comprobar qué tal le va al PP cuando radicaliza al máximo sus mensajes en los barrios en los que la inmigración más pobre y marginal es hoy un innegable problema. De muy difícil solución.

El PP está siendo verdaderamente hábil con este asunto. Allí donde gobierna apenas habla de la inmigración en clave extrema y dramática. En Madrid, el incordio de los inmigrantes marginales ha sido en buena medida externalizado: alrededor de la capital de España hay unos 20 poblados chabolistas con 50.000 personas en condiciones lamentables. La electricidad la roban del ferrocarril y las ratas muerden a los niños. En los alrededores de Madrid hay favelas y casi nadie dice nada porque está en riesgo la maltrecha marca España. En Valencia, diríase que el PP se ha vuelto buenista, puesto que ha creado la red AMICS (Agencias para la Mediación y la Convivencia Social) con 103 oficinas que informan a los inmigrantes y, sobre todo, promueven su asociacionismo. El conseller Rafael Blasco Castany, el político más hábil de Valencia, trabaja con finura y sin excitar al personal. Nunca una palabra de más.

Un difícil realidad y tres políticas. Externalización en Madrid gracias a la vasta meseta. Hábil clientelismo en la Comunitat Valenciana, donde la proximidad de la ciudad y el campo ayuda a aliviar tensiones. Y lenguaje duro, extremo, en la densa Badalona –un lenguaje que Mariano Rajoy jamás utilizará–, para poder disponer de un gran campamento base en la Catalunya que deriva hacia el soberanismo. Una operación de Estado.

El candidato local del PP, con veinte años de experiencia como concejal, ha trabajado con gran eficacia, ha sabido explotar los errores y el cansancio de los socialistas, y ha contado con el ingenuo apoyo de los medios de comunicación de la Generalitat tripartita, que han preferido escandalizarse –siempre la moralina–, antes que prestar atención a la Catalunya invisible donde la vida de mucha gente se está derrumbando. No hay 26.890 xenófobos en Badalona, ni el hombre del PP es un fascista. Es un frío y tenaz profesional de la política al que le han encargado llevar a cabo un experimento de largo alcance. El campamento base.

El demonio de la playa, sin embargo, se ha colado en el laboratorio. No hay una mayoría clara. PSC e ICV suman doce concejales, uno más que el PP. La llave la tiene CiU (cuatro concejales). ¿Qué hará el partido de Artur Mas, el Partit de Catalunya, ante esta operación de Estado?

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