NOTAS DE LECTURA: FALANGISTAS Y REQUETÉS ESCRIBEN SU HISTORIA


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Pablo Larraz Andía y Víctor Sierra-Sesúmaga, Requetés. De las trincheras al olvido, La esfera, 956 páginas, 34,90 euros.

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Gustavo Morales y Luis E. Togores, Falangistas, La esfera, 496 páginas, 49 euros .

LAS ACTUALES CONTROVERSIAS sobre la Guerra Civil aparejadas a la reivindicación de la memoria de sus vencidos ha hecho que se vindique también la de sus ganadores. Lo ilustran Requetés y Falangistas, voluminosos libros gráficos que rememoran el papel de ambas fuerzas,aunque constituyen productos distintos.

Carlistas traicionados

Requetés catalanes del Tercio Nuestra Señora de Montserrat.

Requetés lo auspicia la Fundación Ignacio Larramendi y es obra de Pablo Larraz (que se doctoró con un estudio de la sanidad carlista en la guerra) y Víctor Sierra-Sesúmaga, documentalista del carlismo. Recuerda la actuación de sus más de 60.000 combatientes –los requetés– que lucharon con Franco encuadrados en tercios, de los que falleció un 10%. Estosprocedían de un amplio territorio: Navarra  (11 tercios), el País Vasco (8), las dos Castillas (9), Andalucía (7), Aragón (6), Cataluña yAsturias (1 en cada caso). Larraz afirma que su papel “no fue suficientemente reconocido” porque la dictadura no tuvo interés y los implicados desearon pasar página en pro de la reconciliación. En este marco, la obra desea plasmar “el mundo íntimo”de las bases sociales del carlismo con 65 testimonios considerados representativos de los 305 recogidos en un amplio trabajo de campo, junto a 5.000 fotografías.

El resultado es una exposición temática de fuentes orales de 900 páginas, que abarca el ámbito de las trincheras, la retaguardia, los presos oeldesengaño ante Franco (“el peor Caín yJudas”, según un entrevistado) y da voz a mujeres, apoyándose en abundantes fotografías, cartas o dietarios. Avala el libro un prólogo de Stanley G. Payne, quien lo define como “la más amplia y dispersa colección de testimonios individuales”de luchadores carlistas, y Hugh Thomas traza una semblanza del requeté Ignacio Hernando de Larramendi (artífice de la empresa Mapfre) que subraya que Franco usurpó sus ideales.

En suma, es una aportación de interés sociológico que parece dirigirse a lectores vinculados a este movimiento o que conocen su trayectoria, pues el libro carece de una introducción del carlismo previo a 1936 que lo contextualice.

Falangistas orgullosos

El historiador Luis E. Togores–autor de elogiosas biografías de figuras como Millán Astray, Muñoz Grandes yYagüe– y el periodista y exlíder falangista Gustavo Mora- les han escrito en Falangistas una visión descriptiva y apologética de este movimiento, también con generoso soporte gráfico. Los auto- res proporcionan una historia sucinta del falangismo en 90 páginas, desde sus orígenes hasta el fallido golpe de Estado de 1981. La siguen otras cuatrocientas con imágenes de cinco décadas de este movimiento con piezas llamativas, como el carné de Marciano Durruti, hermano del ácrata Buenaventura que fue fusilado por proclamar que el Ejército franquista se subordinara a Falange.

Carnet de Falange de Marciano Durruti, hermano de Buenaventura y falangista radical fusilado por los franquistas.

Es una obra dirigida al ámbito falangista, ya que reproduce su visión sobre la Segunda República (“nació como un régimen político excluyente y violento”), alude a “rojos” y “nacionales”, expone como la dictadura instrumentalizó a los joseantonianos (aunque se refiere aésta como “el régimen”) y considera que la Sección Femenina“contribuyó de manera decisiva a la emancipación de la mujer española” y sus integrantes “fueron las primeras verdaderas feministas”. Acaba manifestando que los falangistas“no querían una España chata y alicorta, sino alegre y faldicorta, y escribieron en el frontispicio de sus afanes Patria, Pan y Justicia, totalmente ausentes de la España de hoy”. En suma, el producto no permite equívoco alguno en su contenido.

Ambos volúmenes constatan que la memoria de los vencedores de la Guerra Civil –con sus contradicciones– aún está presente. Pero si Falangistas es una legítima reafirmación ideológica e histórica, Requetés refleja afán de distanciarse del pasado y reducirlo a experiencia histórica. Sería deseable que tal óptica imperase al escribir sobre nuestra contienda para trasladarladel ámbito de la “política histórica” en el que está instalada al de la historia, aunque intuimos que será improbable por la mala salud de hierro de nuestra tradición guerracivilista y es innegable que en la vigilia del 75 aniversario del inicio del conflicto su legado perdura de manera intensa.

Despiece. Los vencedores vencidos de 1939

Las dos obras reseñadas recuerdan que entre los vencedores de la guerra hubo quienes se consideraron vencidos: parte de los carlistas y de los falangistas asociaron el triunfo de Franco a la traición de sus proyectos políticos: la instauración, respectivamente, de una monarquía tradicionalista y de un régimen “nacional–sindicalista”. Este proceso se emprendió en sus ojos con la unificación de las dos fuerzas en abril de 1937 a FET y de las JONS.

Los libros dejan claro que los dos movimientos nunca constituyeron una amalgama sólida. Lo reflejó el incidente del Santuario de Begoña (Bilbao) el 16 de agosto de 1942, que explica Falangistas: aquel día el general Varela –ministro del Ejército– asistió a una misa para los requetés muertos y sonaron consignas como “¡Abajo la Falange!”. Entonces estalló un enfrentamiento con falangistas yestos tiraron granadas, que desembocó en una crisis de gobierno. Igualmente, el testigo de Julio Redondo en Requetés recuerda que cuando los carlistas estudiaban en la universidad de Valladolid en la posguerra abundaban enfrentamientos con falangistas, que los tildaban de “antiespañoles”. El partido único que creó Franco, pues, no fue ni tan “franquista” ni tan “único” como pareció.

[Recensión publicada en el suplemento CULTURA/S de La Vanguardia (18/V/2011), p. 19]

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