NOTAS DE LECTURA: CIRLOT Y EL NAZISMO, UNA CUESTIÓN COMPLEJA

Portada de la revista Insula con J. E. Cirlot y su colección de espadas.

COMO EXPLICAMOS EN Neonazis en España, la organización Círculo Español De Amigos De Europa [CEDADE] entre 1967 y 1971 se sumó a la iniciativa de la hermandad alemana “Libertad para Rudolf Hess” recogiendo firmas.

Esta campaña supuso una relativa aproximación a CEDADE del compositor y crítico de arte y literatura Juan Eduardo Cirlot (1916-1973), como expuso su publicación (véase “Ha fallecido Juan-Eduardo Cirlot”, CEDADE, 45, mayo 1973, pp. 2-3). Consideramos de interés en relación a este tema la lectura del artículo de Cirlot “Destrucción de Rudolf  Hess” en La Vanguardia (2/VI/1967).

Además, el polifacético intelectual publicó algunos poemas en cabeceras neonazis y en octubre de 1996 hicimos un primer análisis de esta cuestión en el artículo “Cirlot i el neonazisme: poemes esparsos”, publicado en el Quadern. El País (24/X/ 1996), p. 6. Lo adjuntamos en PDF clicando aquí: Cirlot

¿Cómo interpretar este posicionamiento de Cirlot?

El historiador Ferran Gallego, por su parte, hizo esta valoración al respecto: “Que Cirlot no era un fascista en el sentido que suele dársele al término resulta tan evidente como su obstinada y legítima vinculación a unos valores que, por otro lado, no le reportaron beneficio material alguno. No creo traicionar su memoria si lo imagino compartiendo el universo complejo de Ezra Pound, de René Guénon, de Julius Evola o de [Ernst] Jünger, en un siglo XX que no estaba hecho a su medida y en defensa de unos valores que no me atrevo a calificar de tradicionales para que nadie los confunda con la infame falsificación del nacionalsocialismo”.

Afirmó asimismo que el poeta rechazó el recurso al lenguaje poético como forma de comunicarse y lo empleó “como una forma de comprensión de una realidad escondida tras el mundo cotidiano –que despreciaba por su mediocridad y por su conciencia de alteridad-, construyendo un puente literario que le permitía establecerse en los confines de un mundo de temporalidad diferente a la nuestra” y “conectar con un reino ordenado de acuerdo con valores opuestos al odiado sigo XX” (“El caso Cirlot’”, El País-Cataluña, 19/X/1996).

Un admirador estético del judaísmo

Por su parte, Victoria Cirlot, hija del crítico, abordó esta cuestión en La Vanguardia (30/IV/2008) en  “Cirlot y el nazismo”, al hacer precisiones en torno a una información publicada previamente. En el texto subrayó el carácter complejo de la relación de su padre con el nazismo. A continuación reproducimos íntegramente su contenido :

“El otro día estuvo Josep Massot en mi casa. El objetivo de su visita, una entrevista para escribir el artículo de Vidas contadas que publica periódicamente en La Vanguardia.El 28 de abril salió el artículo: “Victoria Cirlot, La mirada interior”. Me reconozco en todo, menos en un párrafo que reproduzco: “Victoria Cirlot lo aprendió de su padre (cierto), el gran poeta de la posguerra española (cierto), que quedó marginado de la antología de Castellet (en efecto, se lo recordé yo) no sólo por su declarada admiración estética hacia los símbolos de la Alemania hitleriana (eso no se me ocurrió decirlo), sin ser políticamente un nazi (cierto, aunque tampoco lo dijera), sino también por su estética experimental, alejadas del realismo social (eso sí lo dije yo)”. 

Aparte de que la cuestión del nazismo de mi padre sea objeto de un cotilleo morboso en Barcelona (entre otras cosas, porque mi padre escribió en la misma Vanguardia un artículo dedicado a Rudolf Hess) y que creo merecería un análisis riguroso (que es algo que yo no pretendo realizar aquí), quiero recordarle a Massot que hace ya algunos años me entrevistó sobre esta cuestión, a la que le respondí mostrándole un artículo de mi padre sobre la esvástica como un símbolo tradicional, y a la que también respondió Antoni Tàpies desde su fundado conocimiento personal de mi padre. En aquella ocasión ya le indiqué que era un asunto complejo y que de ninguna forma puede aludirse a ello sin más, porque constituye una simplificación reduccionista que lleva a error. Constituye una verdad a medias que, justamente por eso, deja de ser verdad. La otra mitad de la verdad, a la que no se alude, es que mi padre también sentía una “declarada admiración estética por el judaísmo”, por músicos judíos como Mahler o Schönberg (de los que también escribió en La Vanguardia),por la Cábala hebraica, por Abraham Abulafia, por el Zohar… 

La admiración que sentía por Roma, la sentía igualmente por Cartago. Estamos hablando de sentimientos imaginarios y de la vivencia simbólica de la coincidencia oppositorum. Defensor hasta sus últimas consecuencias de entartete Kunst,no puedo dejar de sentir que todavía sólo se le reconozca en esta ciudad por algunas declaraciones sin duda provocadoras, pero de alguien que jamás pudo estar implicado en ninguna medida en la política nazi de Alemania ni en el régimen franquista de nuestro país”.

Los comentarios están cerrados.