EL POPULISMO QUE VIENE (85): EL ERROR REITERADO, JUDICIALIZAR EL POPULISMO

Vídeo electoral del PVV del 2010 subtitulado en inglés.

DESDE HACE MESES venimos alertando en este blog del grave error que supone combatir al populismo que triunfa en las urnas por la vía judicial. Apuntamos ya el caso ejemplar del Vlamms Blok (VB, Bloque Flamenco), que tras ser ilegalizado cambió su nombre por el de Vlaams Belang (Interés Flamenco) y mantuvo las mismas siglas [VB] y actividad. Asimismo, analizamos el de Xavier García Albiol en Badalona, cuyos resultados -pese al constante “ruido” de querellas y juicios- le han permitido convertirse en alcalde de la tercera ciudad de Cataluña en términos de población. En suma: los intentos de denunciar y juzgar en los tribunales a la derecha populista acaban en sonados fracasos que la refuerzan.

Pues bien, si alguien tenía aún dudas, la absolución de Geert Wilders, líder del Partido de la Libertad holandés (PVV, cuya historia hemos tratado ampliamente en este blog: 1 y 2), debería servir para disipar dudas al respecto y cambiar de estrategia. Según informa Isabel Ferrer en El País (23/VI/2011), tras un año y medio de proceso éste ha sido absuelto de todos los cargos de incitación al odio y discriminación al calificar al islam de “ideología peligrosa para los valores occidentales”.

El tribunal -señala Ferrer- “ha decidido que Wilders critica el credo musulmán pero no a los musulmanes y que aunque algunas de sus soflamas son ‘groseras y denigrantes’, no exceden los límites de la libertad de expresión”. Debe destacarse que los fiscales habían pedido desde el principio la absolución de Wilders, pero los jueces, ante la denuncia particular de grupos antirracistas y de inmigrantes, impulsaron la instrucción del proceso. Los demandantes querían frenar al líder populista holandés porque sus ideas “promueven la segregación de las comunidades residentes en el país”. Así, anuncian que presentarán una denuncia ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU.

Ahora Wilders ha podido presentarse como una víctima política y un adalid de la libertad de expresión, lo que seguro que le proporcionará simpatías y réditos electorales: “Estoy feliz de no tenerme que tapar más la boca”, ha manifestado. Y ha añadido que  “ha vencido la libertad de expresión. La gente sabe por fin, que en Holanda, se puede criticar el islam sin miedo a ser perseguido. Esta es la verdadera ganancia”.

Desde nuestra óptica, deberían extraerse lecciones de tales episodios para no volver a repetirlos. El punto de partida es sencillo: las ideas se combaten con ideas y la demagogia solo puede combatirse desde la pedagogía y la acción de gobierno, haciendo formar parte a los populistas del mismo si ello se plantea. De hecho, ya recomendamos al respecto la lectura de un texto del periodista y ensayista neerlandés Ian Buruma en el que planteaba que para desactivar a formaciones populistas en ascenso como el PVV era eventualmente mejor que ésta formara parte de gobiernos de coalición.

Para concluir esta entrada, reproducimos la semblanza de Wilders hecha por Ferrer publicada en El País (11/06/2010), pues ilustra cómo éste explota el Islam en su discurso.

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Wilders o el poder bien vale la moderación

Geert Wilders, el líder populista de la derecha xenófoba holandesa, tiene el verbo fácil y maneja un lenguaje castizo que desarma a sus oponentes. Habla de las necesidades y temores de Henk e Ingrid (el equivalente a Pepe y María), como si fuera el confidente del holandés medio que la pareja representa. Una vez comparó el islam con “el caballo de Troya de Europa, que, desbocado, acabará por crear Eurabia”. Sin perder la compostura, desde su 1,80 metros de altura, también ha hecho confidencias en voz alta. Educado en el catolicismo al sur del país, se declara ateo. Pero con claras preferencias teológicas. “Los cristianos son mis aliados. Sepan que no odio a los musulmanes, sino al islam”. El miércoles le votaron 1,5 millones de personas por haber prometido “menos islam y menos inmigrantes pobres o musulmanes, y más seguridad e integración”.

Wilders es llamado “Mozart” y “Capitán Oxigenado” por su cabellera rubia teñida

Wilders quiere demostrar que su fama tiene por fin una base sólida. Hasta dónde moderará sus promesas contra “la marea musulmana” es un misterio. Porque sus seguidores le apoyan por verbalizar sus miedos y buscar soluciones protectoras. Si consigue entrar en el nuevo Gabinete, podría sacudirse también los apodos que le adjudican. Le llaman Mozart y Capitán Oxigenado por su rubia cabellera teñida. Un estudio sobre su genealogía sostiene que trata de suavizar la parte indonesia de su herencia genética. El padre de Wilders era un holandés autóctono gerente de una firma editora. Su madre nació en Sukabumi, actual Indonesia y antigua colonia de los Países Bajos. También se ha dicho que su paso por un barrio deprimido le marcó hasta el revanchismo xenófobo. Él lo niega con soltura: “Detesto la violencia. Defiendo nuestra identidad”.

Ian Buruma, escritor angloholandés experto en Asia, cree que “es un populista excéntrico, simpatizante de Israel, que explota las contradicciones de la tolerancia holandesa”. Wilders ya domina las palabras. Hoy reclama un pedazo de poder real.

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