EL POPULISMO QUE VIENE (92): LA MASACRE DE OSLO: ¿LAS IDEAS PUEDEN MATAR?

Imagen de la tragedia de Oslo, con el rostro de Anders Behring Breivik (imagen de melissamolinaro-photos.blogspot.com).

Reproducimos a continuación el artículo que hemos publicado en Público (25/VII/2011).

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¿Pueden las ideas matar?

El homicidio cometido por el ultraderechista Anders Behring Breivik ha conmocionado por su alta cifra de víctimas y las ideas que le han impulsado a cometerlo. Tras haber sido miembro desde el 1999 hasta el 2004 del Fremmskrittspartiet [Frp] o Partido del Progreso, de derecha populista (obtuvo el 23% de los votos en los comicios generales del 2009), radicalizó su ideario. Lo plasmó en internet, especialmente en el texto de 1.500 páginas 2083: Una declaración de independencia de Europa. En él, describe a su sociedad infiltrada por marxistas y amenazada por el islam y afirma que en el 2002 se unió a un colectivo de supuestos neotemplarios para combatir la “élite cultural marxista”. Su historia presenta notables concomitancias con la del estadounidense Tymothy McVeigh, que causó 185 muertes al atentar contra un edificio del Gobierno Federal en Oklahoma en 1995. Este actuó igualmente bajo una visión complotista plasmada en la novela Los diarios de Turner, del exneonazi William L. Pierce, que describía la lucha armada de un ente, “la Organización”, para impedir la decadencia del país. McVeigh como Behring empleó fertilizante para su explosivo.

Pero el caso de Behring es distinto, pues refleja en gran medida la islamofobia de la derecha populista (llevada a sus últimos extremos). Esta conforma un movimiento antiglobalización, pues se opone a los flujos de inmigrantes, a la pérdida de soberanía que supone integrarse en organismos supraestatales, al multiculturalismo percibido como destructor de la “identidad nacional” o a la deslocalización de empresas. A la vez, denuncia al establishment político (los partidos tradicionales) con un discurso antielitista: considera al “pueblo” como una comunidad homogénea a la que apela para acabar con las élites oligárquicas que gobiernan en beneficio propio son “los de arriba”, mediatizan la voluntad popular y favorecen la inmigración (de ahí que Behring posiblemente haya asociado a los socialdemócratas con el islam). En este discurso la islamofobia es esencial, pues asimila al islam a una religión de invasión y conquista, captando un electorado transversal y potencialmente antagónico, al aglutinar sectores conservadores con otros progresistas o feministas inquietos por pretendidas limitaciones de derechos de las mujeres o la pérdida de laicismo de la sociedad.

Se da la circunstancia de que esta derecha no es novedad en Escandinavia, ya que precisamente emergió en Noruega y Dinamarca recurriendo a la protesta fiscal como estandarte y criticando que la inmigración se beneficiase del Estado del bienestar (razón por la que se ha aludido a estas formaciones como defensoras de un chauvinismo del bienestar). De esta forma, los orígenes del populismo danés se hallan en una entrevista televisada en 1971 a un abogado experto en derecho fiscal, Mogens Glistrup. Durante la misma, este exhortó a la insubordinación fiscal: manifestó no pagar más de una corona a un sistema impositivo “rapaz e inicuo” y afirmó que los evasores de impuestos eran “héroes comparables a quienes se unieron a la resistencia durante la ocupación alemana”. Su comparecencia le otorgó gran popularidad y en 1972 fundó el Partido del Progreso y en las elecciones de 1973 captó el 15,9% de los votos y 28 escaños. El actual Partido del Progreso noruego nació bajo el impacto del danés, cuando el criador de perros Anders Lange creó en 1973 el Anders Lange Parti til sterk nedsettelse av skatter, avgifter og offntlige inngrep (Partido de Anders Lange para una fuerte reducción de los impuestos, del IVA y de las interferencias gubernativas), que obtuvo un 5% de votos y cuatro diputados en las elecciones de ese año. Como en el caso danés, Lange sintonizó con un clima de desapego a los partidos tradicionales, por su carácter antipolítico y de protesta fiscal. La nueva ultraderecha, en síntesis, no es un absceso extraño en el mundo nórdico, sino que forma parte de su paisaje político desde hace décadas, aunque sus formaciones hayan tenido trayectorias erráticas.

Llegados aquí, la masacre de Oslo debería hacer revisar su discurso a quienes hacen bandera de la islamofobia. Daniel Poohl, director de la publicación sueca Expo (que dirigió el escritor Stieg Larsson) entrevistado por La Vanguardia, ha hecho esta incisiva reflexión: “[Behring] formaba parte de un movimiento político, de donde sacó unas ideas que han inspirado su ataque. Y quiero recordar que cada vez que hay un atentado yihadista en el mundo, los partidos de extrema derecha europea, incluido el Partido del Progreso [noruego], son los primeros en decir que los musulmanes deben asumir su responsabilidad sobre esa violencia. Si ese razonamiento es válido, ahora ellos deberían hacer lo mismo”.

Posiblemente las formaciones antimusulmanas no cambiarán su mensaje, pero el desastre de Noruega debería hacer reflexionar sobre las consecuencias inesperadas que puede suponer estigmatizar a colectivos con trazo grueso, amalgamando verdades y mentiras y cultivando el voto del miedo.

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