EL POPULISMO QUE VIENE (93): LA “ISLAMIZACIÓN” DE NORUEGA

Arne Tumyr, líder del grupo “Stop a la islamización de Noruega”.

¿HASTA QUÉ PUNTO LA MASACRE DE OSLO REFLEJA UN CIERTO CLIMA DE OPINIÓN EN NORUEGA? Esta es la pregunta que una interesante crónica de Rafael Poch publicada en La Vanguardia (26/VII/2011) refleja y reproducimos a continuación.

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La “islamización” de Noruega

Anders Behring Breivik ha surgido de un medio ambiente que ya es norma en Europa

Denunciar la decadencia de la nación a causa del aflujo de emigrantes, renegar del islamismo y defender a ultranza a Israel, o propagar valores cristianos conservadores, no es lo mismo que disparar contra adolescentes indefensos y hacer estallar un coche bomba, sin embargo, el hombre que hizo precisamente todo eso aquí, el viernes pasado, bebió de una ideología difusa que incluye esos elementos y está en el centro del discurso europeo con plena carta de normalidad.

No hay nada excepcional en el panorama de Noruega. Una de las naciones más ricas del mundo, con una sociedad de las más amables y razonables. Y eso es el problema: libros que advierten contra la “islamización” del reino, tertulianos, que sin llegar a fascistas ridiculizan la solidaridad y el afán de justicia en solícitos medios de comunicación, políticos con cargos y escaño parlamentario que teorizan sobre la indolencia de los árabes. Es el caldo común que uno encuentra hoy entre Lisboa y Moscú.

Las asociaciones con personajes de otras latitudes son grotescas por lo idénticas. Hanne Nabintu Herland, 45 años, una publicista vulgar, furibunda antislámica y vehemente defensora de Israel, columnista del respetable diario Aftenposten, tertuliana en televisiones y radios, y autora de un libro titulado Alarma. Reflexiones sobre una cultura en crisis (2010). Herland advierte en su libro sobre la “islamización” de Noruega, un país con sólo un 4% de población de raíz cultural musulmana, del que aproximadamente la mitad ni siquiera es practicante. Gente como Abdul, el afgano de la provincia de Langman que vive aquí con su familia desde hace una eternidad y que cambió un caza Mig-21 del régimen de Najibullá por el volante de un taxi noruego.

Herland nació en el Congo, hija de padres que trabajaban para la Unesco, una profesión muy noruega. Su segundo nombre de pila, Nabintu, lo sugirió un jefe tribal local. Seguramente sus padres eran liberales de los años sesenta de espíritu universalista y abierto. Ella se estableció a los 19 años en Noruega, donde ahora predica la buena nueva, con incursiones en el anti-feminismo y reivindicación de la cultura tradicional noruega.

El verbo de Herland es afilado. Arremete contra los “pijoprogres”, ridiculiza el llamado “buenismo”, un término de la cultura “neocon” de Estados Unidos que hoy triunfa en Europa para denigrar la solidaridad y el afán de justicia, invoca una especie de disidencia, contra lo “políticamente correcto” para respaldar vulgares ideas racistas y xenófobas, con claros anclajes en el pasado colonial europeo y sus holocaustos. Hoy día, cualquier televisión o radio privada europea, e incluso pública, tiene en nómina algún verdulero mediático del calibre de Harland para captar audiencia y conectar con el sentir popular.

“Arne Tumyr, líder del grupo “Stop a la islamización de Noruega” comparó, en el segundo canal de televisión y en sus artículos, la presencia islámica en el país con la ocupación nazi de 1940?”

Y en cualquier parlamento hay gente como Christian Tybriding Gjedde, líder del Partido del Progreso en Oslo, que ha divagado sobre el “carácter perezoso” de los musulmanes, en una línea que recuerda a la del economista alemán socialdemócrata y autor de best seller xenófobo, Thilo Sarrazin. Como Sarrazin, Gjedde dice que Noruega está en decadencia por la emigración, mientras su partido, el Partido del Progreso, compara el velo islámico con las capuchas del Ku Klux Kan.

Esa falta de respeto elemental, necia simpleza y gamberrismo moral, triunfan hoy por doquier en una Europa que parece regresar a los años treinta del siglo pasado, desafiando toda lógica y mesura. ¿Cómo calificar sino las afirmaciones de Arne Tumyr, líder del grupo “Stop a la islamización de Noruega” que comparó, en el segundo canal de televisión y en sus artículos, la presencia islámica en el país con la ocupación nazi de 1940?

El Partido del Progreso (PP), estos días en el punto de mira aquí, no es el problema, sino la norma. Nacido como fuerza marginal y hoy segunda fuerza política del país, ni siquiera es más radical que sus parientes suecos, daneses, fineses o holandeses. El carnicero noruego Anders Behring Breivik, fue miembro de sus juventudes hasta poco antes de comenzar a urdir su plan criminal. El PP no es Breivik, pero el asesino es un producto de un medio ambiente que Europa ya ha integrado como respetable, simpático y atrevido. Si ha pasado en Noruega, puede pasar en cualquier lugar.

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