EL POPULISMO QUE VIENE (103): ¿TIENEN ALGO EN COMÚN LOS “INDIGNADOS” Y LOS DISTURBIOS DE LONDRES?

Imagen de los disturbios de Londres.

Aparentemente, los disturbios de Londres nada tienen que ver con las protestas de los “indignados” de Israel, Grecia o España o las recientes  manifestaciones en favor de la democracia de los países árabes. Sin embargo, un experto germano, Simon Tenue, señala que tales movimientos son manifestaciones de una crisis de la democracia representativa.

A continuación reproducimos la entrevista que han realizado a esta investigador Ina Rottscheidt y Petra Enzminger, editada por Pablo Kummetz y publicada por el portal de noticias de la agencia estatal alemana Deutsche Welle el pasado 10 de agosto.

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“Los jóvenes sienten que les han robado el futuro”

¿Delincuencia juvenil o rebelión? Dependiendo de a quién se le pregunte, los disturbios que sacuden al Reino Unido desde el 6 de agosto tienden a ser descritos como gestos de nihilismo, actos de violencia gratuita y evidencias de una anarquía creciente en Gran Bretaña o como válvula de escape para la frustración y la ira que una generación de jóvenes marginados lleva dentro ante las perspectivas que su patria les ofrece: ninguna.

Lo que ocurre en ese país apasiona al investigador alemán Simon Teune, sobre todo al comparar esos disturbios con los que tienen lugar en Tel Aviv, Madrid, Lisboa, Atenas y las urbes del Cercano Oriente. Para la emisora radial pública WDR5 de Colonia, Ina Rottscheidt entrevistó a este experto del Centro de Estudios para las Ciencias Sociales de Berlín (WZB), cuya área de especialización es el fenómeno de las protestas.

Para Teune, experto en el estudio de las protestas, los tumultos que se ven en Londres, Tel Aviv, Madrid, Atenas y las urbes del Cercano Oriente tienen importantes aspectos en común.

Ina Rottscheidt: Todas estas manifestaciones son muy diferentes entre sí. ¿Acaso tienen elementos en común?

Simon Teune: La semejanza entre las protestas que vemos en Londres y las de ‘los indignados’ en el sur de Europa radica antes que nada en la sensación que tiene mucha gente de que los han engañado y les han robado el futuro. Y ese sentimiento es reforzado por la impresión de que nadie los representa en el seno de las llamadas democracias representativas; de que, a pesar de poder ejercer el voto, no tienen injerencia sobre ellas.

¿Por qué sienten los jóvenes que “se les ha robado el futuro”, como usted dice?

 Objetivamente hablando, la presión que ejercen los problemas nacionales sobre los jóvenes españoles y griegos, por ejemplo, es extremadamente grande. Los altos índices de desempleo forman parte de esos problemas. Eso les crea la sensación de que no hay lugar para ellos en un sistema que, en general, no funciona para su beneficio; de que la clase política ni los respalda ni les ofrece perspectivas.

¿Qué rol juega la crisis financiera global en esta situación?  

La crisis financiera ha agravado la situación. El desempleo entre los jóvenes ya era un problema serio antes de la crisis, pero el hecho de que estabilizar a los bancos y a los mercados financieros tenga ahora mayor prioridad que atender las necesidades de ese sector de la población lleva a los jóvenes a protestar masivamente y a denunciar: ‘la democracia no puede funcionar si nosotros, los ciudadanos, no existimos para ella’.

¿Por qué los jóvenes no toman las calles en Alemania como lo hacen en otras ciudades del mundo?

En primer lugar, porque la presión que ejercen los problemas cotidianos sobre la gente de este país no es tan intensa como la que sienten las persona de otros lugares. En Alemania existen condiciones laborales precarias, los contratos de trabajo limitados son la regla y los empleos fijos son la excepción, por ejemplo. Pero en Alemania predomina la noción de que cada persona es responsable de su propia vida y no el Estado.

¿Por qué han sido tan violentas las protestas en Londres, si es que se les puede denominar ‘protestas’?
 
Sí se puede considerar los tumultos de Londres como una protesta. Lo que ocurre es que a la gente en las calles de Londres no les puede pasar por la cabeza la idea de organizar una manifestación política pacífica; esa opción no está disponible en el repertorio que han aprendido. Ellos no ven sentido alguno en el gesto de hacer llegar sus demandas a los políticos porque no se sienten percibidos, escuchados. Su experiencia de vida está marcada por la sensación de ser rechazados, por el racismo cotidiano, por las oportunidades perdidas. Y lo que sale de eso es rabia pura.

Los jóvenes detrás de los disturbios de Londres se sienten maltratados e ignorados…

 Así es. Y a eso se suma el hecho de que, en circunstancias excepcionales como las de los disturbios, esos jóvenes se perciben a sí mismos como actores. Ellos están confrontados cotidianamente con normas que los ponen en situación de desventaja, con el desempleo y con la discriminación racial, mientras que en los tumultos tienen la posibilidad de poner las reglas y vivir la experiencia de ser sujetos activos.

Usted sugiere que la diferencia entre las protestas de Londres y las de Madrid o Atenas, por ejemplo, es que en el sur de Europa la agresividad es moderada…

Ese alto grado de moderación que muestran los manifestantes en el sur de Europa se debe a que ellos analizan la situación y saben que la violencia sólo reduciría las probabilidades de ser escuchados. Y ese análisis es posible porque ellos tienen recursos –una buena educación y un trasfondo social favorable, entre otras cosas– que los manifestantes de los vecindarios más pobres de Londres no poseen.

Algunos han querido hallar paralelos entre la ‘revolución árabe’ y lo que ocurre en Londres. Usted no iría tan lejos, ¿o sí?

Por supuesto que hay paralelos: la gente del sur de Europa tomó las protestas en el mundo árabe como punto de referencia y los sucesos de Egipto, específicamente, como elemento motivador. Las masas de El Cairo coincidieron en una plaza, fuera de las estructuras clásicas del poder, y esa tendencia fue imitada en Grecia. En estos casos ha habido un intenso proceso de observación y reconocimiento mutuo, de identificación. Y eso sin mencionar el chance que la juventud ha reconocido de ser percibido por los medios, entre otras instancias.

 

 

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