NOTAS DE LECTURA: “ULTRAMEMORIAS”, UN RETRATO DE LA EXTREMA DERECHA ESPAÑOLA

ERNESTO MILÁ  (Barcelona, 1953) ha tenido una dilatada actividad en el seno de la extrema derecha y actualmente  forma parte de la Junta Nacional de España 2000.  Acaba de publicar el primer volumen de unas memorias desmitificadoras, Ultramemorias (Eminves, Unión Europea, 2010, 22 euros), de llamativo subtítulo: “Retrato pintoresco de 40 años de Extrema Derecha”. Y este es su contenido: una aproximación de tono distante, autocrítico e irónico a este universo político.

Como todo texto autobiográfico, las presentes memorias tienen una finalidad vindicativa que deja clara el autor en su presentación, al señalar que con ellas pretende “matar dos pájaros de un tiro”: “dar una versión [de los hechos y ambientes] que es la misma que compartirán decenas de miles de militantes que han recorrido las filas de la ultraderecha” y “limpiar mi nombre y limitar mis responsabilidades a las que realmente me corresponden”, como su falsa implicación en el atentado de la sinagoga de la calle Copérnico de París en octubre de 1980.

Clarificadas las metas del relato, éste conduce al lector por los ambientes de extrema derecha española, tanto barceloneses como madrileños, y explica algunas de las andanzas de los neofascistas italianos exiliados en España, incluyendo al célebre Stefano Delle Chiae, con el que Milà mantiene estrecha relación.

¿Qué encontrará el lector en sus páginas? Una descripción gráfica de la ultraderecha desde las postrimerías del franquismo hasta la vigilia del fallido golpe del 23 de febrero de 1981 (cuya crónica se pospone al segundo volúmen). Milà expone así su inicio de su  militancia en este sector político hasta llegar al inicio de la Transición. Entonces traza una crónica desde dentro de Fuerza Nueva [FN] y sus numerosas limitaciones como partido, incluyendo también las de su líder, el notario Blas Piñar. Muestra de este modo su carencia de programa, táctica y estrategia; al carácter patrimonial de la formación; su falta de organización; sus contradicciones ideológicas o su catolicismo exaltado (Milà fue expulsado del mismo por contraer matrimonio civil) entre otros muchos aspectos.

Asimismo, al margen de explicar algunos de sus avatares como exiliado, Milà explica las disputas múltiples propias de los ambientes falangistas y hace un balance del grupo que ha sido más mitificado en la extrema derecha española de Cataluña: el Frente Nacional de la Juventud [FNJ] (activo en Barcelona entre 1977 y 1978), en el que no hay espacio alguno para la admiración. Concluye su exposición sobre esta formación en estos términos: “había empezado como la ilusión de un grupo de jóvenes que logró capturarme y había terminado siendo un muermazo de la peor especie”. Ello no deja de ser sintomático de los avatares de la ultraderecha española, que es “en grandísima medida, una historia de miserias humanas frecuentemente intrascendentes, pobres ambiciones, ideales arrasados por el fango y poco más”.

¿Una violencia instrumentalizada por el poder?

Quizá el aspecto de mayor interés es su visión de la violencia de la ultraderecha, tanto la de carácter callejero (con una amplia crónica de sus episodios acaecidos en  Barcelona), como la que subyace en atentados como los hechos de Montejurra (1976) o el atentado de El Papus  y la masacre de Atocha (ambos de 1977). Ello obedece a que Milà plantea que algunos choques escuadristas posiblemente fueron tolerados por las autoridades.  Sobre los citados episodios terroristas, apunta que estos probablemente no fueron ajenos a intoxicaciones creadas en el seno de la extrema derecha por parte de elementos extraños a la misma. En este aspecto, el autor alude o  los contactos de miembros o ambientes de este sector ideológico con cuerpos de seguridad y servicios de información; la infiltración de confidentes en círculos ultraderechistas o a una rara actuación del significado extremista Mariano Sánchez Covisa.

En tal sentido, la tesis del autor sobre la violencia terrorista que conmocionó el proceso de democratización es que ésta tuvo una finalidad clara: crear tensión e inseguridad en la sociedad para que ésta buscara el cobijo del Estado protector y se facilitara el aislamiento de sectores radicales de derecha e izquierda. Desde esta perspectiva, la violencia política ultraderechista no habría sido, pues, tan espontánea o “ciega” como se suele señalar, sino que habría estado claramente instrumentalizada desde el poder. Dado el conocimiento que Milà manifiesta de los hechos que narra, tales observaciones merecen ser tenidas en cuenta, pues en su relato no hay tanto una voluntad exculpatoria como afán de entender conductas o procederes extraños en su momento.

En definitiva, estas memorias revisten interés no solo por trazar un retrato de  los distintos sectores de ultraderecha “desde dentro”, sino también por su visión de la violencia que protagonizó este espectro político durante la Transición.

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