ENTREVISTA A ROSA SALA ROSE: “DURANTE CUATRO AÑOS ESPAÑA FUE LA ÚNICA VÍA DE ESCAPE EN LA EUROPA DE HITLER”

ROSA SALA ROSE es una inquieta germanista, filológa alemana y doctora en filología románica. Sus trabajos le han conferido una justificada reputación de experta en el mundo alemán contemporáneo, como su Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo (imprescindible para adentrarse en los entresijos ocultistas del hitlerismo), El misterioso caso alemán: un intento de comprender Alemania a través de sus letras y su sugerente  historia de la canción “Lili Marleen” en Lili Marleen: canción de amor y de muerte. Sin perder rigor, su prosa es ágil hace que sus obras sean de lectura fluida.

Ahora ha publicado La penúltima frontera. Fugitivos del nazismo en España (Papel de liar / Península; Barcelona, 2011). La obra recoge los avatares de más de una veintena de fugitivos del nazismo (aunque al final también incluye a un seguidor de Hitler que huye de los Aliados) que cruzaron clandestinamente la frontera franco-española y fueron detenidos. Reconstruye sus odiseas con minucia y en algunos casos hasta ha contactado con sus familiares.

Dada la amplia y sorprendente variedad de historias que describe, hemos considerado interesante entrevistar a Rosa Sala en nuestro blog y le agradecemos que haya aceptado nuestra invitación.

¿Qué aspectos destacaría de los fugitivos que cruzaban la frontera francoespañola?

En cierto modo eran los “sin papeles” de entonces, con la importante diferencia de que para ellos escapar suponía una cuestión de vida o muerte. Durante unos cuatro años España se convirtió en la única vía de escape de la Europa controlada por Hitler para miles de fugitivos (unos 80.000, según estimaciones recientes). Sin embargo, muchos pagaban un alto precio por su paso por España. A la mayoría les esperaba la cárcel por “paso clandestino de frontera”, incluidos mujeres y niños, con el agravante de que se separaba a las familias.

Los niños eran internados en orfanatos y sus madres iban a parar a celdas abarrotadas mezcladas con presas comunes. A los hombres en edad militar les esperaba una estancia más o menos prolongada, a veces de varios años, en el campo de concentración de Miranda de Ebro. En líneas generales, esto fue así al menos hasta finales de 1942. Con el desembarco aliado en el Norte de África, la victoria del Eje dejó de considerarse segura y el trato a los fugitivos empezó a mejorar.

¿Cuáles han sido sus fuentes de documentación?           

Fundamentalmente los “Expedientes de frontera” del fondo del gobierno civil que se custodia en el Arxiu Històric de Girona, aunque posteriormente completé la información con material del Archivo Militar de Guadalajara, el Arxiu Històric de Lleida y el Politisches Archiv de Berlín, entre otros. En algunos casos también me ha sido posible obtener declaraciones de familiares todavía vivos.

Muchos de los fugitivos pagaban un alto precio por su paso por España. A la mayoría les esperaba la cárcel por “paso clandestino de frontera”, incluidos mujeres y niños, con el agravante de que se separaba a las familias.

 Entre los fugitivos figuraban judíos. ¿Las autoridades españolas les dieron un trato diferente al de otros colectivos?

En principio no, a no ser que se tratara de antiguos combatientes de las Brigadas Internacionales. El problema es que, al haber sido declarados “apátridas” por el régimen nazi, al principio carecían de toda protección consular, por lo que su estancia en cárceles y campos solía ser superior al de otros fugitivos que contaban con el apoyo de su embajada. Su situación mejoró sensiblemente cuando en 1942 empezó a operar oficialmente en España el Joint Distribution Committee, una organización americana de asistencia a los judíos, bajo la dirección del sefardí Samuel Sequerra.

¿Qué casos de los que ha reconstruido le han sorprendido más?

Me impactó mucho el caso de Jenny Kehr, una judía alemana que iba a ser entregada a los alemanes en diciembre de 1942 por orden del gobernador civil de Lérida y que, para evitar una deportación segura a los campos de exterminio, decidió suicidarse ahorcándose en su celda de la prisión de mujeres de Barcelona la madrugada del día en que iba a ser entregada. Es la versión anónima y en femenino del célebre caso de Walter Benjamin, con el agravante de que en 1942 la llamada “Solución final” ya estaba en pleno funcionamiento. Además, y aunque se trate de un caso hasta cierto punto excepcional, constituye un claro testimonio de contribución al Holocausto por parte de un funcionario español en ejercicio de sus funciones.

A tenor de su investigación… ¿Considera que la policía franquista era eficaz?

Depende de lo que se entienda en este contexto por “eficacia”. Desde el punto de vista franquista, algunos agentes, como un tal Fausto Alonso Batanero, fueron muy eficaces: en los interrogatorios se hacían pasar por defensores clandestinos de De Gaulle y de este modo sonsacaban valiosa información a los detenidos, sobre todo cuando existía la sospecha de que éstos pudieran ser espías. En mi libro relato dos casos bastante impactantes. Se sabe que este tipo de información era inmediatamente transmitida a la Gestapo, que cooperaba estrechamente con la policía española. Sin embargo, también se conocen casos en los que los agentes de la Guardia Civil hacían la vista gorda cuando veían a fugitivos en la montaña o se dejaban sobornar con unas monedas o unos pocos cigarrillos.

Jenny Kehr y su esposo (foto de la obra cortesía de Paul E. Breene).

“El caso de la judía alemana Jenny Kehr constituye un claro testimonio de contribución al Holocausto por parte de un funcionario español en ejercicio de sus funciones”.

¿Continúa investigando sobre fugitivos?

Indirectamente sí. Es un ámbito fascinante, en la medida en que gracias a estos fugitivos la historia de toda Europa se despliega en el territorio español, dejando tras de sí muchos rastros que todavía esperan un análisis en profundidad.

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