EL POPULISMO QUE VIENE (111): HACIA EL TEA PARTY ALEMÁN

 Hans-Olaf Henkel, persona clave en la creación de un hipotético Tea Party germano.

ALGO SE MUEVE EN ALEMANIA entre los euroescépticos gracias al liderazgo del empresario y hombre de negocios Hans-Olaf Henkel y puede desembarcar en una suerte de Tea Party germano que podría contar eventualmente en sus filas con el polémico ex consejero del Bundesbank Thilo Sarrazin. Su eventual aparición podría ser resultado de una conversión del desballestado partido liberal -el FPD- en una formación de este tipo.

Rafael Poch ha publicado la interesante crónica al respecto en La Vanguardia (6/X/2011) que reproducimos a continuación y que también alude a un movimiento homólogo en Gran Bretaña (para ver el original, clicar aquí).

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¿Tendrá Alemania su Tea Party?

El ex jefe de la patronal promueve la creación de un partido euroescéptico

¿Llegará a madurar en Alemania algo parecido al Tea Party estadounidense? Muchos creen que algo similar ya está germinando y que su terreno no es otro que el rechazo a los créditos y salvamentos destinados a países europeos endeudados. De lo que no hay duda es de que si ese rechazo llegara a concretarse políticamente, el ex jefe de la patronal Hans-Olaf Henkel será la persona clave.

Con un pasado de alto ejecutivo de IBM, consultor y banquero de inversión, Henkel fue, entre 1995 y 2000, presidente de la patronal BDI, uno de los grandes poderes fácticos de Alemania, contra el cual no se puede gobernar. Hoy es consejero de media docena de grandes empresas alemanas y el segundo tertuliano más presente en programas de televisión y radio.

Henkel apoya con pocos matices las tesis del ex consejero del Bundesbank Thilo Sarrazin sobre la degeneración de Alemania a causa de la afluencia de emigrantes, que son descritos como culturalmente tarados para la eficacia y la honradez. El año pasado publicó un libro titulado Salvar nuestro dinero, cuyo subtítulo era La euroestafa amenaza nuestro bienestar. Desde entonces propone la creación de dos euros en Europa. Los países serios del norte –alemanes, finlandeses y holandeses– tendrían un euro duro, mientras que a los “alegres gastadores” e incapaces de disciplinarse meridionales, con Francia a la cabeza, les correspondería un euro blando.

Imagen creada por la Zivile Koalition para denunciar que el futuro “Mecanismo Europeo de Estabilidad” [ESM] o “Transferunión” prevé perjudiciales transferencias de competencias presupuestarias a la UE.

Organizado en las iniciativas Zivile Koalition y Abgeordnetencheck.de (control del diputado), Henkel está sembrando su discurso eurófobo por los medios de comunicación y en charlas de pago realizadas por toda Alemania, que, según sus organizadores, encuentran un público numeroso y entusiasta. El discurso conecta con la opinión pública, a la que, por falta de coraje y seguidismo populista, el Gobierno alemán no ha explicado la simple realidad: que Alemania no sólo fue la inventora y gran beneficiaria del euro, sino que tiene mucho que perder si el euro se rompe.

El 29 de septiembre, durante la votación para ratificar el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) en el Bundestag, la canciller Merkel sudó tinta para mantener la disciplina de voto en su partido sin perder la mayoría. Se rebelaron diez diputados, más otros cinco de los liberales del FDP, pero era en la calle donde la brecha era, y es, verdaderamente crítica: un 19% de los ciudadanos aprueba la ampliación del FEEF mientras que un 75% lo rechazaba, señalaron las encuestas.

Henkel propone crear dos euros en Europa. Los países serios del norte –alemanes, finlandeses y holandeses– tendrían un euro duro y  los “alegres gastadores” meridionales tendrían un euro blando.

Recoger políticamente ese descontento puede resultar muy tentador, especialmente para partidos que van de capa caída. Es el caso del FDP, convertido en extraparlamentario al no superar el 5% de los votos en diversas elecciones regionales de este año.

 Hans-Olaf Henkel presentado su libro Salvemos nuestro dinero sobre la “Euroestafa”.

La meta de Zivile Koalition es impedir la Transferunion, la anatemizada “unión de transferencias” en el seno de la UE, en la que los más boyantes transfieren fondos a los menos, como los fondos de compensación y nivelación que funcionan entre las regiones de cualquier país, Alemania incluida. Un lema de Henkel es la afirmación de que no son críticas como las que él formula las que dividen a Europa, sino que es el euro quien está dividiendo a la Unión Europea. La organización Abgeordneten-check.de ha enviado más de 200.000 mensajes euroescépticos a los diputados. Euroescépticos notorios como el diputado liberal Frank Schäffler, uno de los que votaron en contra el día 29 en el Bundestag, o el jurista Albrecht Schachtschneider, especialista en pleitear contra el euro ante el Tribunal Constitucional, se han unido a Henkel.

El proyecto del ex jefe de la patronal es intentar arrastrar al FDP hacia una decisión radicalmente adversa a todo fondo de estabilidad del euro, cosa que podría decidirse en un referéndum interno del partido en los próximos meses. Si eso no se consiguiera, entonces habría que crear una fuerza política nueva, dice Henkel. La Fundación de Empresas Familiares, otra importante organización de pequeñas y medianas empresas, con 200.000 afiliados y próxima a la CDU, el partido de la canciller, ha calificado de “desastrosa e irresponsable” la política del Gobierno de Angela Merkel en la crisis griega. El nerviosismo ante este escenario se palpa en la CDU.

El ministro de la Cancillería y mano derecha de Merkel, Ronald Pofalla, tuvo la semana pasada palabras inusualmente groseras contra su colega de partido Wolfgang Bosbach, jefe de filas de los euroescépticos en la CDU. “Estás volviendo loca a la gente con toda esa mierda”, le dijo. El no haber explicado las cosas a tiempo en su día por miedo al desgaste podría cobrarse ahora una factura mucho mayor.

La réplica británica se prepara para tomar las calles 

El país del té ya tiene su Tea Party. No tan poderoso ni mucho menos como el de EE.UU., pero con 55.000 seguidores y una agenda perfectamente definida: que haya que pagar los menos impuestos posibles. La llamada Alianza de los contribuyentes (Taxpayers Alliance) está en contacto con el movimiento norteamericano y diversos lobbies ultraconservadores de Washington –como Freedom Works– y Europa para desarrollar “mecanismos de protesta masiva” que lleven su causa a las calles británicas. “Ha llegado nuestra hora”, dice Matthew Elliot, fundador de la organización.

Menos presión fiscal y un gobierno más pequeño son el leitmotiv de la versión inglesa del Tea Party, que, a diferencia de su hermano mayor del otro lado del Atlántico, no pone énfasis en las cuestiones religiosas y culturales, vuelca todo su peso en las económicas y aprueba la política de drásticos recortes presupuestarios de David Cameron para regular las finanzas nacionales. En cambio, discrepa del primer ministro en su decisión de no bajar por el momento los impuestos.

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