EL POPULISMO QUE VIENE (112): EL ISLAM AVANZA EN LOS SUBURBIOS FRANCESES

Le Monde se hace eco de la investigación del Institut Montaigne.

EL INSTITUT MONTAIGNE ha publicado un interesante estudio sobre el universo de las banlieues o zonas suburbiales francesas: Banlieue de la République, coordinado por Gilles Kepel.  Sus conclusiones demuestran que han aumentado las inversiones para mejorar estas zonas y que sus habitantes lo han percibido, pero todo ello no ha sido suficiente para afianzar los valores de la República y se ha producido una reafirmación de la identidad religiosa.

Puede accederse aquí al PDF de la Introducción preface   y a un resumen “integral” de sus conclusiones resume_integral_banlieue_republique , ambos en francés.

Finalmente, reproducimos un artículo del corresponsal de La Vanguardia (7/X/2011) de Lluis Uría al respecto con el fin de ubicar al lector sobre su contenido.

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El Islam avanza en la ‘banlieue’ y se impone a los valores republicanos

El aislamiento y la adversidad social alimentan la religión, denuncia un estudio | La “explosión del mercado ‘halal'” y la deserción de las cantinas escolares son síntomas de la deriva.

El espacio vacío dejado por la República lo está ocupando el islam. En los barrios difíciles de los suburbios franceses, la religión está erigiéndose en la práctica en el elemento principal de cohesión social, en detrimento de los valores laicos. Esta es una de las principales conclusiones de un estudio sociológico realizado en las dos ciudades, Clichy-sous-Bois y Montfermeil, que fueron el foco de la revuelta de las banlieues en otoño del 2005.

Elaborado por encargo del Instituto Montaigne, el trabajo ha sido realizado durante más de un año por cinco investigadores dirigidos por el sociólogo y politólogo Gilles Kepel, autor en 1985 de un célebre trabajo sobre el nacimiento del islam en Francia.

En Clichy-sous-Bois y Mont- fermeil, donde prendió la protesta hace seis años –a raíz de la muerte accidental de dos muchachos perseguidos por la policía–, los investigadores han constatado la presencia de unos síntomas de islamización más acusados que lo que otros estudios y sondeos ofrecen para el conjunto de los suburbios de Francia.

Los encuestados –dos tercios son de confesión musulmana– expresan en general una piedad religiosa “exacerbada por el aislamiento geográfico y la adversidad social”. Uno de los síntomas más llamativos es la “explosión del mercado halal” y la paralela deserción de las cantinas escolares –un espacio de integración social, subrayan– por este motivo. Si los primeros inmigrantes llegados a Francia sólo pedían que no dieran de comer cerdo a sus hijos, estos –llegados a la edad adulta– han aumentado sus exigencias. Otro síntoma: la mayoría expresa su oposición a un matrimonio con un no musulmán.

El propio relato que los habitantes de Clichy y Montfermeil hacen de los sucesos del 2005 ha sido teñido con elementos de tipo religioso que en aquel momento no eran en absoluto evidentes. Así, es dado como desencadenante de las protestas el lanzamiento de una granada lacrimógena en la mezquita de Clichy, en plena plegaria, por los antidisturbios. La historia, reescrita.
Un factor que apunta el estudio para explicar esta deriva es el activo trabajo de proselitismo del movimiento tabligh, que empezó a instalarse en los barrios en los años ochenta y que se ganó una legitimidad al conseguir la erradicación de las drogas duras y promover la regeneración moral de los jóvenes a través de una práctica rigorista del islam. Los predicadores lograron lo que la policía –de la que existe más demanda, pero con la que se constata un “divorcio”– no consiguió.

Son justamente la debilidad, las deficiencias, de la República las que favorecen este crecimiento de la religión en la vida pública y social. Y no sólo en materia de seguridad. El primer problema se produce en la escuela. Con un elevado nivel de fracaso escolar –en Francia, cada año abandonan el sistema 150.000 jóvenes sin diploma, la mayoría en las banlieues–, los habitantes de los barrios viven ahí su primera frustración y alimentan sus primeros resentimientos. Percibida como la llave de la ascensión social, el hecho de que la mayoría de los alumnos sean orientados hacia líneas de formación profesional menos valoradas es recibido como una discriminación. “La figura del consejero de orientación es más odiada que la del policía”, constata el estudio.

Mal formados, estigmatizados por su origen, su confesión y su vecindario, alejados geográficamente de los focos más dinámicos del mercado de trabajo, el elevadísimo paro de los jóvenes del extrarradio (43%) bloquea toda posibilidad de integración. El resentimiento, sin embargo, es aún mayor entre aquellos titulados que no encuentran trabajo y que “devuelven el estigma que sufren en un rechazo radical de Francia y sus valores”, acompañado a menudo por una “afirmación de los valores islámicos”

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