ENTREVISTA A JOSEP MENGUAL: “TODAVÍA LEEMOS OBRAS EN VERSIONES CENSURADAS POR EL FRANQUISMO”

JOSEP MENGUAL CATALÀ (Barcelona, 1967) se licenció en Filología Hispánica por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y fue  miembro fundador en 1993 del Gexel (Grupo de Estudio del Exilio Literario) de esta universidad, que centra su actividad (artículos, congresos y simposios) especialmente en la historia editorial española y en la obra de escritores y editores que desarrollaron sus carreras en el exilio. Desde 1997 Mengual trabaja en Edhasa y ha intervenido en postgrados y másters en edición en la Universitat Pompeu Fabra, la Universitat de Barcelona y la Universitat Autònoma de Barcelona.

Mengual nos puso sobre la pista de un hecho para nosotros insólito: la continuidad de la venta de obras en versiones censuradas por el franquismo. Por esta razón le hemos entrevistado. Y a tenor de sus manifestaciones, aún queda un largo camino por recorrer para poder leer versiones íntegras u originales de obras célebres.

¿Todavía leemos versiones censuradas por el franquismo de algunos libros?

Lamentablemente, sí. Por un lado, porque seguimos leyendo libros publicados durante el franquismo, y por tanto sujetos a censura, pero además (y más grave) porque en muchos casos libros publicados en su momento con cortes y mutilaciones, de diversa gravedad, si siguen disponibles no es porque se hayan reeditado (vuelto a editar), sino que simplemente se han reimpreso sin cotejar con el manuscrito (o con el original en el caso de las traducciones) y por lo tanto sin restituir los pasajes alterados o suprimidos. Las traducciones de obras censuradas de Pearl S. Buck, Lajos Zilahy, Somerset Maugham o textos de Paco Candel, Antonio Rabinad, Manuel Andújar, Rosa Chacel, Miguel Mihura o Ana María Matute, por poner ejemplos, se leyeron durante varias décadas en versiones censuradas, y algunas de ellas siguen reimprimiéndose.

Si el libro en cuestión tiene suerte y es objeto de una edición crítica, el problema suele quedar resuelto, pero ni siquiera en esos casos es siempre así. Ahí la posición de las agentes literarias debería ser muy firme e impedir la reimpresión sin más de una obra censurada.

Quizá lo peor del caso sea que los lectores de una traducción hecha en los años cuarenta o cincuenta y reimpresa en democracia a menudo no somos ni siquiera conscientes de ello. Y el uso “comercial” que se ha hecho del término “reedición” cuando se trata de reimpresiones no hace más que contribuir a la confusión.

Pero todo esto no quita que haya habido también algunas recuperaciones muy notables, sobre todo en el ámbito de la literatura catalana o en el caso de algunas obras de Candel, Rabinad o Zilahy.

¿Cuáles son las obras o autores más notorios?

Como es de suponer, el problema afecta en particular a las obras de los exiliados en 1939. Según Manuel Abellán, el tercer volumen de Crónica del alba, de Ramón J. Sender, por ejemplo, sigue publicándose con 41 pasajes con modificaciones o supresiones respecto al original.

Crónica del Alba, de Ramón J. Sender, todavía se publica mutilada.

Y el caso de Max Aub, bien estudiado entre otros por Manuel Aznar Soler, Javier Lluch Prats y Mari Paz Sanz Álvarez, resulta paradigmático. Cuando a principios de este siglo aparecieron las obras completas de Aub, con las que salieron a la luz muchos pasajes que el lector español no conocía, seguían circulando ediciones censuradas en formato de bolsillo de novelas como Campo del Moro (en Punto de Lectura), La calle de Valverde o Las buenas intenciones (ambas en Alianza), y lógicamente en tiradas muy superiores a las de las obras completas. Por tanto, los estudiosos y los interesados en Max Aub pudieron por fin leer la versión íntegra de esas novelas (aunque ellos quizá ya las conocían en sus ediciones mexicanas), pero el común de los lectores y los estudiantes siguen leyendo la versión censurada.

En este aspecto, las ediciones de la Biblioteca del Exilio impulsada por el Gexel con la Editorial Renacimiento y Ediciós do Castro resuelven sólo muy parcialmente el problema, y además, lógicamente, su prioridad son no tanto las obras censuradas como las directamente prohibidas.

Volviendo a casos de censura, recuerdo que me impresionó el trabajo de Jacqueline Hurtley, luego muy citado por quienes han analizado el papel de la censura, quien en su tesis sobre la obra editorial de Josep Janés no sólo examinaba bastantes casos de traducciones de novela inglesa (Maugham, Baring, Huxley, Woodehouse, etc.), sino que reproducía galeradas tachadas de obras de Charles Morgan. Y me escandalizó saber, gracias al libro de Antonio Beneyto sobre Censura y política en los escritores españoles, que en la primera edición de Historia de una escalera, quizá la obra más importante del teatro español del siglo xx, habían desaparecido frases por acción de la censura, aunque el dramaturgo no le diera mucha importancia. ¿Se restituyeron en algún momento los pasajes censurados en estos casos o sucedió como en el de las novelas antes mencionadas de Sender y Aub? Dice el adagio: Piensa mal y acertarás.

¿Leemos esta obra capital tal como fue concebida originalmente?

¿Cómo podemos acceder a la versión íntegra del original?

Para esto sirven los editores (entre otras cosas, quizás). En el caso de las obras en español publicadas durante el franquismo, hay que recurrir a los archivos del AGA (Archivo General de la Administración). Pero en el de las traducciones, debido a que los propios traductores y editores se autocensuraban, lo único útil es ir a una fuente fiable, una buena edición de la obra en su lengua original.

Los editores literarios que aborden ese período en serio tienen mucho trabajo por delante.

¿Hay países en los que suceden casos parecidos al nuestro?

No los conozco bien, pero es de suponer que sean los casos de algunas obras, sobre todo de segunda fila o de poco éxito, rusas, alemanas, italianas, checas, búlgaras, sudafricanas… A estas últimas alude Coetzee en Contra la censura, un libro interesante, y José Brandao publicó un artículo muy útil en Represura sobre el caso de Portugal.

Por si fuera poco, no es disparatado suponer que circulen aún hoy traducciones a otras lenguas hechas a partir de ediciones mutiladas o alteradas en origen.

Pese a los estudios realizados sobre la censura, ¿todavía quedan temas pendientes?

Ciertamente, desde los trabajos fundamentales de Abellán y Hurtley se ha avanzado muchísimo en el conocimiento de los desaguisados de la censura. Además de varios libros muy iluminadores, la revista Represura es una fuente y referencia importante en este campo, así como los trabajos acerca de las traducciones que lleva a cabo el equipo de TRACE o de diversos artículos que son herramientas muy útiles para reeditar de veras y en serio el corpus de la bibliografía publicada en el período franquista. El problema es a veces que los estudios filológicos y la edición parecen seguir caminos no siempre confluyentes, los editores quizá no lean lo suficiente a los filólogos. Y además, a veces se ha tendido a confundir edición crítica con edición prologada, anotada o comentada.

Algunas editoriales dedicadas a las ediciones críticas, como Cátedra o Castalia, tienen todavía mucho terreno por explorar en los años cuarenta y cincuenta. En este sentido es  una incógnita saber qué pasará con la colección de Crítica “Clásicos y Modernos”, porque inicialmente parecía dispuesta a llevar a cabo una labor muy útil que no se sabe si tendrá continuidad.

Max Aub es aún víctima de la censura.

Quizá la Real Academia Española, además de publicar ediciones fiables de clásicos como Berceo o Nebrija (que está muy bien que lo haga, aunque evidentemente entre en competencia desigual con algunas editoriales), podría asumir este trabajo de restitución de lo censurado. Quizá ya va siendo hora.

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