ANTIGUOS NAZIS QUISIERON CREAR UN EJÉRCITO ANTICOMUNISTA EN LA ESPAÑA DE FRANCO (II): EL ORGANIZADOR, OTTO SKORZENY

Otto Skorzeny y Adolf Hitler. 

OTTO SKORZENY fue el principal organizador del plan comentado en una entrada previa para crear un ejército anticomunista en España. A continuación reproducimos la información complementaria sobre su biografía (que incluye su peripecia vital en España) publicada de nuevo por Rafael Poch en La Vanguardia (8/XII/2011).

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Un nazi en la España de Franco

Hoy sale a la venta en Estados Unidos el archivo de Otto Skorzeny | La viuda murió arruinada en el 2002 y legó los archivos de Skorzeny a quien le pagó el asilio

El 29 de diciembre de 2002 Ilse Lüthje falleció, pobre y anciana, en un asilo español. Era sobrina de Hjalmar Schacht, ministro de finanzas de Hitler y había sido la segunda esposa del conde de Finckenstein del que se divorció. Los Finckenstein eran una familia ilustre de Prusia occidental. Su palacio de Rosenberg, hoy en Polonia y del que sólo quedan cuatro paredes, era una propiedad de una belleza y refinamiento poco prusiano, que en 1807 había hecho exclamar a un Napoleón cansado de las soledades que atravesaba al final de su etapa y deseoso de reposo digno, “¡Enfin un chateau!”.

Ilse, a la que le gustaba firmar como condesa de Finckenstein sin que le correspondiera, había sido una mujer muy rica. En 1954 se había casado con Otto Skorzeny, el matarife jefe de operaciones especiales de Hitler, que se hizo famoso por la operación de comandos que liberó a Benito Mussolini en septiembre de 1943. Cuando Skorzeny murió en 1975 en Madrid, Ilse heredó una fortuna, pero, entre las estafas de los amigos de su marido y su mala administración, se quedó sin blanca. Al morir, la anciana no tenía mucho más que el archivo de Otto, así que se lo legó a la persona que le había ayudado en el difícil final de su vida pagando el coste de su asilo. Esa persona, actual propietario del fondo, lo ha puesto en venta y hoy los papeles de Otto Skorzeny se subastarán en la casa “Alexander Autographs Inc.” de Stamford, Connecticut.

“Tenemos más de 3000 documentos, manuscritos, cartas, más de nueve horas de película, contratos de negocios y muchas cosas más, donde figuran un sinfín de personalidades políticas y algunas de las empresas alemanas más importantes”, explica el propietario, que prefiere no hacer público su nombre.

Lo que hoy sale a subasta en Estados Unidos son treinta documentos y también el reloj que Mussolini le regaló a Skorzeny tras el rescate de septiembre de 1943, explica Bill Panagopulos, presidente de “Alexander Autographs inc.”. No está claro que lo que se subasta hoy sea lo más importante porque, “aun queda mucho trabajo por hacer, sin contar con que la caligrafía de Skorzeny es infame y muy difícil de descifrar”, dice Panagopulos.

Un hombre muy bien relacionado

En cualquier caso, de los documentos del fondo a los que La Vanguardia ha tenido acceso, se desprende un cuarto de siglo de actividad de uno de los nazis más prominentes residentes en España, entre el final de la guerra y 1975, año de su muerte. Una intensa actividad política y de negocios a través de una fluida red de amistades con el gobierno español, sus generales, los generales de Hitler, dictadores suramericanos y grandes empresas como Krupp, Thyssen y la exportadora de armas Merex, una tapadera de los servicios secretos alemanes en la que trabajaban, o colaboraban, criminales de guerra teóricamente buscados por la justicia.

El archivo incluye felicitaciones de Manuel Fraga Iribarne de 1964, cuando era ministro de información y turismo, una directiva del dictador paraguayo Alfredo Stroessner de 1964 para que se le provea a Skorzeny de un pasaporte paraguayo. Hay también, dos recomendaciones de visados firmadas por el periodista falangista Víctor de la Serna (1896-1958), que había estado a sueldo de la embajada nazi en Madrid, dirigidas a diplomáticos españoles en Alemania. Uno de ellos, el cónsul en Francfort Jorge Spottorno, emite un visado con nombre falso. Entre los papeles privados se encuentra también una nota del almirante Dönitz de mayo de 1962, al que el coronel de las SS ha hecho llegar sus condolencias por el fallecimiento de su esposa.

Con Antonio Garrigues Walker, hombre de confianza de la embajada de Estados Unidos en Madrid desde los años cuarenta y luego embajador de Franco en Washington, Skorzeny mantiene muchos negocios y una amistosa correspondencia hasta su muerte.

La legión alemana para la tercera guerra mundial

En lo político destaca el plan de Skorzeny, expuesto a Franco, Muñoz Grandes, al jefe del Estado Mayor Juan Vigón, al canciller Konrad Adenauer y a los ex generales de la Wehrmacht Hans Speidel, Heinz Guderian y Hans von Manteuffel, entre otros, de organizar en España un ejército alemán capaz de contraatacar en la esperada tercera guerra mundial. Mencionado en la ficha que de Skorzeny hay en el archivo de los servicios secretos alemanes (BND) como “Legión Carlos V”, este plan ya era conocido por los historiadores.

“No era un plan descabellado, porque España era vista como una retaguardia detrás de los Pirineos”, explica Carlos Collado, historiador de Munich y autor de “España, refugio nazi”. Skorzeny se equivocó de puerta, dice el historiador Angel Viñas. “Debería haber vendido el plan a los americanos y al MI-6, que entonces mantenían una estrategia insurgente en los países bálticos”, y en Ucrania Occidental, dice Viñas, autor de ‘Los pactos secretos de Franco con Estados Unidos‘. En ese clima del ‘rollback‘ angloamericano, los planes de Skorzeny encajaban.

En los años cincuenta el régimen franquista estaba luchando por su supervivencia, explica Viñas. “El ejército de Franco era militarmente una piltrafa, lo que los americanos querían eran bases militares, sobre todo aéreas para reforzar la política de contención de la OTAN”, explica. Los militares españoles habían admirado al ejército alemán, Skorzeny tenía entre ellos un prestigio enorme, pero la tecnología militar que les llegaba de Estados Unidos era el futuro y les deslumbró mucho más. Tanto Viñas como Collado mencionan en sus obras el plan de Skorzeny.

Una carta a Konrad Adenauer

El canciller Konrad Adenauer (1876-1967), primer jefe de gobierno de la Alemania de posguerra, conocía, por lo menos desde julio de 1951, el plan del Coronel Skorzeny, para sacar del país a militares y cuadros nazis con el fin de preservarlos ante una conquista militar soviética de Europa Occidental y utilizarlos en la posterior contraofensiva desde España, considerada “base” segura.

Así lo confirma la carta que el ex jefe de operaciones especiales de Hitler establecido en España le envió a Adenauer el 12 de julio de 1951, cuya copia presentamos. En ella Skorzeny expone, “un pensamiento, que se me ocurrió al estallar la crisis de Corea, a la vista de la profunda resignación en la que se haya sumido el pueblo alemán y que intento realizar desde entonces”.

“En caso de estallar una nueva guerra en terreno alemán y de que no sea posible una defensa de Europa Occidental en la misma Alemania, se tendrá que preservar del ineludible ataque del bolchevismo asiático a muchos alemanes de valor, soldados y también científicos y técnicos. Sólo así Alemania continuaría siendo un factor y esas personas podrán trabajar por su patria de una manera útil. Este plan también se aplicará en Italia y otros países, y creo que con él se sirve a un verdadero ideal europeo. Este intento de salvación de un determinado potencial humano, puede y debe discurrir en paralelo con los esfuerzos oficiales para la defensa de Europa”, señala la carta.

Unidos en el anticomunismo

Skorzeny se refiere a “los relatos baratos” de la prensa y a las “múltiples informaciones falsas”de los servicios secretos divulgadas sobre su persona, y apunta la que cree es su convergencia esencial con Adenauer, más allá de las diferencias.

“Aunque tengamos opiniones diferentes en muchas cosas, creemos que coincidimos en la voluntad de luchar contra el peligro del bolchevismo mundial asiático”. “Por eso”, concluye, “me parece importante encontrar una base en aras del mantenimiento del Occidente cristiano. Todo lo demás es secundario”.

En el inicio de su misiva al canciller, Skorzeny menciona a Juan Hoffman, un hispano-germano establecido en Málaga que fue persona clave en las relaciones de la España franquista con el gobierno de Adenauer en los años cincuenta.

Oficial de la Gestapo y combatiente de la Legión Cóndor, Hoffmann había sido el traductor de español de Hitler. Su nombre lo lleva hoy el colegio alemán de Málaga. Un hijo de Hoffmann fue vinculado este año con la trama urbanístico-delictiva de Marbella.

Fuerte presencia económica

Las empresas alemanas habían tenido una importante presencia en España entre los años 1937 y 1944. Muchos españoles, como el padre del Marqués de Villaverde, yerno de Franco, hicieron sus fortunas bajo la sombra de aquellas empresas del régimen nazi. Superado el paréntesis del derrumbe bélico alemán, a partir de 1948 y 1949, se reanudaron los contactos alemanes con España para retomar el control de aquellos intereses económicos. Así, cuando los nazis alemanes se escapaban de su país, en España había cierto tejido económico propicio.

Administración postnazi en Bonn

La administración de Adenauer estaba infestada de ex nazis. En el cargo de director de la cancillería, Adenauer colocó a Hans Globke (1898-1973), su hombre de confianza hasta 1963, con gran poder en el ámbito de la seguridad nacional. Globke era un jurista nazi que había participado en la redacción de las leyes racistas de Nuremberg de 1935.

Como jefe de sus servicios secretos, Adenauer colocó a Reinhard Gehlen (1902-1979), un general nazi que había sido jefe de inteligencia del frente del Este. Al terminar la guerra fue captado por la antecesora de la CIA (OSS), con la que organizó una red de miles de ex agentes de la inteligencia nazi conocida como la “Organización Gehlen”. En 1956 esa organización se transformó en los servicios secretos de la República Federal Alemana, Bundesnachrichtendienst (BND), que hoy día siguen siendo muy opacos y muy celosos en no ventilar sus orígenes.

Globke, Gehlen, Skorzeny y Adenauer -los tres primeros nazis, el último democristiano- tenían en común su condición de católicos y anticomunistas. El anticomunismo fue, y sigue siendo, una seña de identidad de la Alemania democrática.

Perdura cierta “inseguridad institucional”

La historia de la posguerra alemana, con sus continuidades nazis en el aparato de Estado, especialmente judicatura, policía y servicios secretos, continúa siendo un tema delicado y muy poco aireado. Sesenta y seis años después del fin de la guerra, en la Alemania de hoy se vive una “inseguridad institucional” sobre ese pasado.

“Esa historia demuestra que no hubo hora cero, que hubo mucha continuidad en el nuevo comienzo de la RFA”, dice Philipp Vergin, colaborador del Bundestag en la materia. “Historias como la de Skorzeny, Globke, Gehlen y tantos otros, las redes de negocios de criminales nazis impunes con infinidad de grandes empresas alemanas, sus apoyos políticos y económicos con dictadores latinoamericanos y el conocimiento y encubrimiento institucional de todo ello, fragilizan el anticomunismo fundacional de este país”, dice Vergin.

Donativo papal

El papa Pío XII hizo llegar en 1949 un “donativo papal” para los “refugiados alemanes en España”, eufemismo de los nazis huidos. Así se desprende de una carta del archivo Skorzeny de febrero de 1952, firmada por el Padre Konrad Simonsen, y dirigida a Monseñor Montini (1897-1978), entonces secretario de Estado Vaticano y futuro papa, Pablo VI. Es, quizá, el documento más novedoso de toda la serie.

En la carta Simonsen, que firma como “Padre Conrado de Hamburgo”, se presenta ante Montini como, “encargado de su Excelencia el nuncio pontificio en Madrid para la distribución del donativo papal para los refugiados alemanes en España en el año 1949”. El papel del Vaticano, y sobre todo de la Iglesia italiana, en la evacuación de nazis perseguidos al final de la segunda guerra mundial ha sido un tema muy estudiado y controvertido. Los historiadores desconocen sin embargo, la existencia del donativo papal del año 1949, aquí mencionado.

La carta expresa el agradecimiento general y colectivo de los nazis alemanes refugiados en España por la contribución de la Santa Sede a “la generosa y cálida acogida que estas personas han encontrado en la España católica de Franco”.

1949 registró una gran ola de nazis alemanes hacia España. Aquel año las fronteras europeas se habían hecho más permeables y relajaron su control. “Huir de Alemania no era fácil, no había aviones, pocos barcos y puertos y destinos estaban fuertemente vigilados”, explica Collado. Muchos nazis ocultos perseguidos por crímenes aprovecharon aquel relajo para huir desde sus escondites en Alemania, Italia, Croacia y otros lugares, principalmente hacia América Latina, pero con España como etapa importante. Se estima que en los años cincuenta había en España unos 10.000 alemanes, la segunda colonia extranjera más importante detrás de la portuguesa.

Konrad Simonsen, también conocido como MacKey, era un monje capuchino amigo y colaborador de Otto Skorzeny en su proyecto militar español. Durante la guerra civil española su monasterio fue disuelto por los milicianos y el capuchino pasó a la zona franquista, donde se hizo capellán de la Legión Cóndor y, más tarde, de la “División Azul”.

Respetable en un país desgraciado

En la España de Franco, Otto Skorzeny, hombre descrito como “desagradable” y “manchado de sangre” por alguien que le conoció en el Madrid de finales de los cincuenta, implicado en las redes de escape nazis y en la venta de armas a medio mundo, desde Egipto –donde un nazi preparaba a la policía local- hasta Angola, Biafra y América Latina, era celebrado como “insigne coronel de las Waffen SS” en la prensa española. El 21 de marzo de 1958, aparece en la portada de huecograbado de la Vanguardia con motivo de una conferencia que dio en el Instituto Nacional de Industria de Madrid. “El oficial alemán que liberó a Mussolini de su prisión, pronuncia una conferencia en el Instituto Nacional de Industria sobre el tema, “Diques flotantes”, señala el pié de foto.

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