ENTREVISTA A JESÚS VILLANUEVA: “LA LEYENDA NEGRA ESTÁ EN LA RAÍZ DE LAS DOS ESPAÑAS”

EL HISTORIADOR JESÚS VILLANUEVA (Terrassa, 1969) acaba de publicar un ensayo sobre la leyenda negra española tan conciso como interesante y sugerente: Leyenda negra. Una polémica nacionalista en la España del siglo XX (La Catarata, 2011).

Doctor por la Universidad Autónoma de Barcelona, Villanueva se ha interesado por la historia del pensamiento político español del siglo XVII y previamente ha publicado Política y discurso histórico en la España del siglo XVII: las polémicas sobre los orígenes medievales de Cataluña (Universidad de Alicante, 2004).

En esta nueva obra ahonda en el impacto ideológico que ha tenido la leyenda negra en la España del pasado siglo, un enfoque novedoso, pues  demuestra que este concepto es impreciso en términos de contenido y no se ha constatado que sea resultado de una secular campaña antiespañola. A la vez, Villanueva plasma la importancia que ha tenido en la configuración del imaginario de las “dos Españas” y su instrumentalización por parte de las dictaduras de Miguel Primo de Rivera y Franco.

El resultado es un ensayo ágil y asequible y harto recomendable por su planteamiento. Por todo ello hemos entrevistado al autor y le agradecemos su amabilidad de contestar a nuestras preguntas.

¿Cómo podríamos definir la “leyenda negra”?

Todo depende de la perspectiva que se elija, o de lo que se considere más significativo. En un primer plano, se referiría a una visión negativa de la historia de España elaborada en el extranjero y que tiene como elementos centrales la imagen de Felipe II como déspota, el papel de la Inquisición, la guerra de Flandes o la conquista de América. En un segundo plano, la leyenda negra se definiría por la conciencia que los españoles tienen de la existencia de esa leyenda, la importancia que le dan y la forma en que reaccionan frente a ella. El problema en todo caso es el de establecer lo que esa leyenda negra tiene de peculiar, si lo tiene.

La Inquisición ha sido una  piedra angular de la leyenda negra.

Visiones negativas sobre países extranjeros las ha habido siempre y se dan en todas direcciones, entre españoles y franceses, franceses y británicos, alemanes y polacos, etc. En todos esos casos es fácil apoyar el resentimiento hacia otro país en alguna referencia histórica más o menos rebuscada. En España, en cambio, lo que se ha afirmado es que la leyenda negra es un fenómeno absolutamente singular, una descalificación radical de la historia y la cultura española por parte del extranjero, ya sea por una forma de conspiración antiespañola, ya por un desprecio cultural, y que esa descalificación que se habría mantenido a lo largo de mucho tiempo, cuatro siglos nada menos.

Este enfoque de la leyenda negra como algo excepcional y único es el que planteó Julián Juderías en su libro de 1914, y lo mantenía todavía Julián Marías en diversos escritos, como “España inteligible”, de 1986. Otros autores, sin argumentarlo explícitamente, dan por supuesta esta peculiaridad.

Es un enfoque posible, pero en todo caso habría que argumentarlo y demostrarlo en términos historiográficos. Es decir, habría que mostrar historiográficamente la continuidad de esta imagen negativa, “negra”, de la historia de España a lo largo de cuatro siglos, el que esa imagen sea producto de algún tipo de hostilidad, que los españoles hayan estado siempre obsesionados por el tema. En mi opinión, esa demostración no se ha hecho y la idea de la peculiaridad de la leyenda negra española, como mínimo, se ha exagerado mucho. 

¿Cuándo surge y se populariza la expresión “leyenda negra”?

El término en castellano surge exactamente en 1899, en una conferencia de Emilia Pardo Bazán en París, que trataba de las consecuencias del desastre del 98. Lo toma seguramente de una obra francesa anterior, pero a partir de ese texto la expresión cobra un sentido específico en castellano. Ahora bien, lo importante es tener en cuenta que no se trata únicamente de la invención de un término con más o menos gancho, sino que su éxito se debe a que se entrelaza con una serie de debates políticos que se dan en esos años posteriores al 98. Para Pardo Bazán la leyenda negra es la descalificación de España que hacen los publicistas estadounidenses en el contexto de la guerra de Cuba, a través de la prensa de gran circulación, el periodismo “amarillo”, como lo llama también ella.

La escritora Emilia Pardo Bazán.

Pero la leyenda negra tendrá casi inmediatamente una segunda aplicación, será la imagen crítica del régimen español que surge desde otro lado, en un determinado movimiento de izquierdas europeo, sobre todo anarquista, que denuncia los abusos del régimen de la Restauración en la represión del anarquismo que se producen en esos años: redadas masivas, torturas, ejecuciones sin pruebas. Los dos casos más conocidos son los procesos de Montjuïc en 1896 y el de Francisco Ferrer y Guardia en 1909, como responsable de la revuelta de la “Semana Trágica”. Ahí surge la asociación entre España y la Inquisición, más exactamente, entre el régimen español (gobierno, ejército, policía, Iglesia) y la tradición inquisitorial, con el tema de las torturas y la opresión ideológica.

“El término en castellano surge en 1899 en una conferencia de Emilia Pardo Bazán en París sobre el desastre del 98”.

Esa asociación hoy nos parece demagógica y sin base histórica, pero era un recurso de propaganda y guerra ideológica que hay que situar en su momento. La reacción de las fuerzas conservadoras en España llevará a calificar esas denuncias de tipo anarquista o izquierdista como una forma de “leyenda negra”, y a considerar que son un ataque a España, y no a un régimen determinado. El caso Ferrer y Guardia será el momento decisivo en la génesis de esta idea conservadora de la leyenda negra, y el libro de Julián Juderías, de 1914 (La leyenda negra y la verdad histórica: contribución al estudio del concepto de España en Europa, de las causas de este concepto y de la tolerancia política y religiosa en los países civilizados), es una derivación directa de esa crisis.

Ferrer y Guardia esposado tras su detención.

¿Qué papel ha tenido en el debate político español?

Habría que distinguir dos planos. Por un lado, está su utilización propagandística, en la línea de la respuesta conservadora a la crisis de 1914. Desde ese momento la refutación indignada de la leyenda negra se convierte en algo recurrente en el pensamiento nacionalista conservador español y eso se ve muy claro durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930), en el movimiento ultranacionalista español de la II República y en la dictadura de Francisco Franco.

Franco en especial recurrió mucho al tema en su operación para crear una solidaridad nacional en torno a su régimen dictatorial y rechazar críticas exteriores que se consideraban como ataques a España y continuación de la malquerencia de los pueblos liberales hacia la España católica y su modelo político especial. Lo que se ve en esos períodos (1923-1930 y 1936-1975) es una repetición machacona del tema a través de todos los canales de propaganda: discursos, conferencias, libros de texto, artículos de periódico, etc.

Desde luego, todo eso no es “pensamiento”, sino propaganda pura y dura, frente a la cual también se elaboraron motivos de contrapropaganda igual de primarios; pienso en todo el tema de la “España negra”, la afirmación de que España es presa de una tradición oscurantista y despótica que también sería una herencia de tiempos de Felipe II y la Inquisición.

En el libro expongo el desarrollo de este tipo de propaganda, sin ser exhaustivo porque es un tipo de retórica muy poco original y que produce bastante hastío. La parte que más me ha interesado en esa historia de la leyenda negra, y que para mí era más desconocida, es la reacción que se produjo frente a esta propaganda nacionalista, o ultranacionalista, por parte de una serie de intelectuales que denuncian el simplismo de la idea de la leyenda negra, lo absurdo de creer que España había sido víctima de una conspiración de cuatro siglos de duración, y que también señalan los efectos perversos de este tipo de ideología.

Franco recurrió mucho  a la leyenda negra para crear una solidaridad nacional en torno a su régimen. 

Miguel de Unamuno, por ejemplo, tiene unos artículos magníficos durante la primera guerra mundial, en los que rectifica totalmente la idea que él mismo había lanzado muy pocos años antes de España como “gran calumniada de la historia”. En 1918 Unamuno dice ya expresamente que lo de la leyenda negra es un caso de manía persecutoria y la califica de “frenopática”. Ramón M. del Valle Inclán también incluirá una burla sobre el tema en Luces de bohemia. Los intelectuales republicanos la criticarán durante la dictadura de Primo de Rivera, como Gabriel AlomarRamón Pérez de Ayala o Américo Castro. Bajo el franquismo este tipo de crítica liberal frente a la leyenda negra sigue ejerciéndose, en España o en el exilio. Y en la Transición hay una rectificación clara y un rechazo de la propaganda franquista en esta cuestión.

Creo que, en toda la historia de la leyenda negra, esta es la parte que más vale la pena recordar, todos esos autores que la impugnan “en caliente”, por motivos diversos, sea sentido común, militancia contra una dictadura, o conciencia europeísta…

¿Los estereotipos de la “leyenda negra” han ayudado a codificar la idea de “dos Españas”?

La leyenda negra fue un motivo que no sólo servía para dar respuesta a una supuesta visión negativa de España elaborada en el extranjero, sino que también estaba dirigido contra el rival ideológico interno, aquel que no compartía el nacionalismo afirmativo que se pone de moda desde los años de la primera guerra mundial. Esa tibieza patriótica se atribuye al hecho de haber “interiorizado” la leyenda negra elaborada en el extranjero.

El tema de la “interiorización” es una constante y se explica como una forma de presión ideológica nacionalista. También se proyectaba hacia el pasado, hacia los españoles “traidores” que habrían creado la leyenda negra en el siglo XVI, sobre todo Bartolomé de las Casas.

Por tanto, sí, la leyenda negra está en la raíz de las dos Españas, de la misma manera que la superación de ese cisma en los primeros años después de la Guerra Civil (1936-1939) toma la forma de una superación de la leyenda negra.

¿Está aún vigente en el siglo XXI?

Depende de qué hablemos. El discurso de la leyenda negra tiene un ámbito de aplicación del que hablo poco en el libro pero que posee gran importancia, el de América; ahí el motivo sigue una trayectoria a la vez paralela a la del tema estrictamente español y con sus propios ritmos. Es posible que la discusión sobre la leyenda negra americana tenga hoy más vigencia que la hispana.

Por otra parte, está el uso estrictamente historiográfico del concepto de leyenda negra, que sigue dándose, aunque no sea más que como fórmula más o menos publicitaria o por el “morbo” que la cuestión parece acarrear. Personalmente pienso que habría que ser riguroso en el uso historiográfico del término; como mínimo induce a confusión el que se hable de leyenda negra por igual en referencia a la Apología del Guillermo de Orange contra Felipe II, del artículo de enciclopedia de Masson de Morvilliers en 1782 o de la propaganda antiespañola de la guerra de Cuba. Son contextos totalmente diferentes y usar el mismo término definitorio sugiere una continuidad que tiene mucho de ficticio. Aun así, podría argumentarse que la leyenda negra designa una cierta recurrencia en la caracterización de la historia y la cultura española y una transmisión de motivos por vía literaria o educativa, pero entonces convendría determinar el alcance de esas caracterizaciones, que a menudo son muy superficiales, y situarlas en su contexto propio.

“Hoy apunta la tentación de resucitar el victimismo sobre una leyenda negra en el contexto de crisis económica internacional, con las críticas contra los países del sur de Europa por parte de la prensa económica inglesa o desde Alemania”.

Otra cuestión es la del uso propagandístico. En la Transición el tema desapareció en gran medida del discurso público (el periodístico, en todo caso) y a la altura de 1992 parecía enterrado. Luego se ha dado un cierto renacimiento en el contexto de un determinado discurso españolista, sea de simple propaganda o “columna de opinión” o bien de forma más argumentada. Ese recurso en algunos casos viene a ser una forma de recuperación del nacionalismo español tal como se definió en las dos primeras décadas del siglo XX y se desarrolló, en especial en lo referente a la descalificación del rival ideológico interno.

El victimismo español de la leyenda negra parece retornar con la crisis, ante las críticas emitidas por Alemania.

Es difícil hacer un balance de la cuestión, aunque creo que la leyenda negra no ha tenido en los últimos años la misma presencia que en los diversos períodos anteriores a 1975. Lo mismo podría decirse de la tentación que parece apuntar más recientemente todavía a resucitar el victimismo sobre una leyenda negra que habría revivido en el contexto de crisis económica internacional, con las críticas contra los países del sur de Europa por parte de la prensa económica inglesa o desde Alemania. Se ven artículos o comentarios puntuales que aluden a una nueva leyenda negra, pero son simples anécdotas en el contexto de un debate en el que se manejan datos concretos y precisos y en el que son los economistas quienes llevan la voz cantante, no los historiadores.

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