NOTAS DE LECTURA. LOS DIARIOS DE ALCALÁ-ZAMORA O LA CRISIS DE LA REPÚBLICA EN DIRECTO


 Los   diarios de Alcalá-Zamora ofrecen un interesante testimonio sobre los meses previos al estallido de la Guerra Civil.

LOS DIARIOS DEL EXPRESIDENTE REPUBLICANO NICETO ALCALÁ-ZAMORA contituyen un magnífico testimonio de la crisis de la Segunda República en los meses previos al estallido de la Guerra Civil, pues refleja la crisis institucional del régimen y la quiebra creciente del orden público. Se ha publicado ahora la parte de los mismos correspondiente a los cuatro primeros meses de 1936 en Asalto a la República. Enero-Abril de 1936 (La esfera, Madrid, 2011).

Sobre el mismo hemos publicado una reseña en el suplemento Cultura/s de La Vanguardia(8/II/2012), que reproducimos a continuación por el interés que reviste este testimonio.

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1936: LA REPÚBLICA HACIA EL ABISMO

Niceto Alcalá-Zamora presidió la Segunda República entre diciembre de 1931 y abril de 1936. Intentó fomentar opciones centristas que no cuajaron y su actuación institucional irritó al grueso de partidos por su elevado intervencionismo. Vituperado desde la izquierda (por clerical y reaccionario) y la derecha (por liberal y masón), fue destituido del cargo por las Cortes y falleció olvidado en Buenos Aires en 1949, con 72 años. Su biógrafo Julio Gil (2005) le adscribió a una “tercera España” que parecen ratificar estos diarios -hasta hoy inéditos- de sus tres últimos meses como presidente (enero-abril de 1936).

En ellos su autor lamenta la bipolarización política existente y se queja del sistema electoral “absurdo” que favorece mayorías arrolladoras con “unas decenas de millar de votos”; es crítico a la vez con José Mª Gil-Robles (“caudillo adulado […] como no lo fue nadie, no se mostró jamás hombre de Estado, ni siquiera gobernante”) y Manuel Azaña (“sus defectos temperamentales son tan graves como incorregibles”, como su “satánica soberbia” e “insuperable descortesía”). Anota las maniobras postelectorales del Frente Popular para ganar escaños (“manipulaciones de prestidigitación […] preparatorias de resurrecciones y muertes de candidatos”), describe la radicalización del ejecutivo (sus decretos de la reforma agraria “hacen que Extremadura […] abarque por ficción de derecho nueve provincias”) y el quebranto creciente del orden (“en La Rambla fue destituido a tiros y puñaladas el ayuntamiento” escribe el 23 de febrero), mientras constata en abril que tres ministros piden pasaportes con apremio.

En este marco, pese a escuchar cantos de sirena golpistas (José Calvo-Sotelo quiere que sea “amparo y caudillo del movimiento militar” y un coronel le visita en nombre del Ejército “para que firme un decreto destituyendo a Azaña”), Alcalá-Zamora se mantiene firme en el ámbito constitucional.

Así, estos dietarios constituyen una improvisada crónica del huracán que ha empezado a engullir a España y su conclusión es harto pesimista: “¿Y España y la República constitucional? Pienso en ello y no veo el desenlace feliz, tranquilo, siquiera no desastroso”. Estamos, pues, ante un testimonio de referencia del colapso republicano y quizá de la mejor vindicación del talante liberal del autor.

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