EL POPULISMO QUE VIENE (142): MARINE LE PEN SE ACERCA A SU ESCENARIO POLÍTICO IDEAL: EL HUNDIMIENTO DE SARKOZY Y LA CRISIS DE LA UMP

EL FRONT NATIONAL de Marine Le Pen, con una campaña en buena medida centrada en Europa, ha obtenido un resultado histórico en la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas: un 18.03% (su padre obtuvo un 16.8% en las del 2002), situándose como tercera fuerza destacada de una política francesa dominada por el bipartidismo.

En este contexto, se imponen cinco reflexiones para entender lo que está en juego para el FN y su dirigente.

EN PRIMER LUGAR, Nicolas Sarkozy no tendrá el apoyo resuelto de Marine Le Pen por un motivo sencillo: el objetivo de la dirigente frontista es acabar con el líder del centroderecha y su partido, la Union pour un Mouvement Populaire [UMP].

Por tanto, Sarkozy tiene aparentemente ante sí una tarea más ardua que el socialista François Hollande: mientras éste último goza ya del voto de gran parte de las fuerzas a su izquierda (empezando por las del candidato del Front de Gauche, Jean-Luc Mélenchon), él deberá esforzarse en hacer guiños al electorado frentista sin perder de vista que si se desplaza en exceso hacia la ultraderecha puede perder votantes de centro. No está de más recordar en este sentido que el centrista François Bayrou y su Mouvement Démocrate han obtenido un nada negligible 9.1%.

Sarkozy, pues, deberá efectuar un difícil ejercicio de contorsionismo político ante la segunda vuelta para no perder electorado de centro al buscar el extremista.

EN SEGUNDO LUGAR, este escenario es el que mejor se encamina al que el FN desea en términos estratégicos. Y es que una derrota de Sarkozy en las presidenciales puede abrir una importante brecha en la UMP en vista a las elecciones legislativas de junio.

Entonces los candidatos del FN bien situados en la primera vuelta podrían evitar los llamados “frentes republicanos” que les impiden ser elegidos en la segunda vuelta por un pacto multipartidista. Ello sería viable porque los candidatos de la UMP, para evitar una amplificación de su derrota presidencial, estarían predispuestos a pactar con el FN y preservar sus posibles escaños, lo que abriría las puertas a que Marine Le Pen liderara un grupo parlamentario. Además, abonaría el campo para un nuevo salto adelante frentista en las elecciones locales del 2014.

Este análisis lo publicó Jean-Yves Camus en la revista de la Universidad de València L’Espill, 38 (otoño 2011) y es el que expone hoy la prensa francesa (véase Le Monde o Le Point).

EN TERCER LUGAR, el FN de Marine Le Pen no es el mismo que el de su padre. En el partido no se ha producido una simple substitución dinástica (pese a que sus detractores han denunciado una “deriva monegasca” de la familia Le Pen con un carácter patrimonial del partido).

Su pugna con Bruno Gollnisch por la dirección del partido produjo un intenso debate en su seno que ha reforzado la figura de Marine Le Pen, que ciertamente no ha desautorizado en público a su padre, pero se ha cuidado mucho de evitar salidas de tono sobre la Segunda Guerra Mundial y el genocidio judío. Es más, se ha esforzado en desestigmatizar la imagen del partido y para ello ha tanteado la aproximación a la comunidad judía francesa, la última gran frontera en la desdiabolización lepenista.

En todo caso, se equivocan quienes consideran el FN “marinista” como una mera continuidad del creado por Jean-Marie Le Pen: estamos ante una formación que desea romper con su imagen “antisistema” y convertirse en una fuerza gubernamental. Marine Le Pen se ha rodeado de un entorno diferente al paterno, con un círculo de consejeros que oscila entre 35 y 45 años, como ha remarcado Camus.

A la vez, la líder frentista ha adquirido experiencia local con su arraigo en la ciudad obrera de Hénin Beaumont (donde el FN obtuvo el 47.6% de los sufragios el 2009, aunque no pudo gobernar) y también como parlamentaria europea, a la vez que cuenta con punch televisivo. No estamos, pues, ante una política crecida bajo el paraguas protector de su progenitor y de cortas miras.

EN CUARTO LUGAR, el FN se ha institucionalizado. Ya anunció su vitalidad en las elecciones regionales francesas celebradas en marzo del 2010 anunciaron el abandono de su marginalidad: obtuvo 2.223.800 votos en la primera vuelta, doblando sus pobres resultados de los comicios europeos de junio del 2009 (1.091.691 votos). Esta tendencia ha fue valorada como “el retorno del Frente Nacional” por el politólogo Pascal Perrineau. Los buenos resultados en las elecciones cantonales de marzo del 2011 confirmaron la evolución al alza: logró el 15% de los sufragios y disputó la segunda vuelta en 394 cantones, aunque sólo obtuvo dos consejeros regionales.

Sabemos también que su electorado se ha fidelizado (Le Monde alude hoy al voto de los “invisibles”, en alusión a los sectores populares que apoyan el partido), ha crecido hacia el centro y, sobre todo, cuenta con un notable potencial de crecimiento entre el electorado juvenil (la franja de 18-24 años).

EN QUINTO Y ÚLTIMO LUGAR, la apuesta “marinista” -ateniéndonos a lo expuesto- es de largo plazo. Nacida en 1968, Marine Le Pen cuenta con 43 años y, por tanto, aún puede concurrir -cuando menos- a otros dos comicios presidenciales y su sueño no es hacerlo precisamente como tercera en discordia: el FN ya no es un partido antisistema, sino con veleidades de gobierno. El tiempo dirá cuáles son las posibilidades de esta gran ambición.

En suma, lo que puede estar en juego en estas elecciones no es solo la elección de Hollande o Sarkozy, sino una eventual recomposición de la escena política francesa con un peso creciente de un FN desdiabolizado y de creciente centralidad política.

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