NOTAS DE LECTURA: EN 1938 COMPANYS QUISO NEGOCIAR UNA PAZ CON FRANCO A TRAVÉS DE GRAN BRETAÑA*

El presidente catalán Lluís Companys.

EL 22 DE ABRIL DE 1938  un consejero del premier Neville Chamberlain recibió a Josep Mª Batista i Roca, enviado por Lluís Companys para explorar una paz por separado de Cataluña con Franco bajo mediación británica. En junio Batista perfiló su proyecto, incluyendo al gobierno vasco en él mismo: si fructificaba un armisticio, vascos y catalanes aspiraban a mantener su autonomía, desmilitarizar el País Vasco y la zona mediterránea (“Barcelona, Valencia y las islas Baleares”), garantizar los intereses ingleses y colaborar industrialmente con “las democracias occidentales en caso de necesidad”. Los británicos no quería a España balcanizada, aún tutelando a dos países subordinados, y rechazaron mediar. No obstante, Batista continuó su empeño hasta que la ocupación de Cataluña  le puso fin.

El historiador Enrique Moradiellos narra este episodio y reproduce el memorando de Batista en La Guerra de España (1936-1939). La obra recopila trabajos ya publicados que ha actualizado y abordan cuatro cuestiones centrales: ¿Fue decisiva la intervención extranjera en nuestra guerra? ¿Cómo benefició a Franco la neutralidad británica? ¿Se apoderó Juan Negrín del oro republicano? ¿Por qué retornan viejas visiones del conflicto? Sus respuestas son ponderadas y sólidamente documentadas.

Enrique Moradiellos, La guerra de España. Estudios y controversias (RBA, Barcelona, 2012, 380 pp.).

Así, demuestra cómo la intervención exterior fue determinante, lo que Manuel Azaña apuntó en 1939: “Una barrera ‘sanitaria’ a lo largo de las fronteras y costas españolas, habría dejado en pocos días a los españoles sin armas […] y hubieran tenido que […] hacer las paces”. El autor disecciona el papel de Gran Bretaña en la conflicto: investiga cómo favoreció a los rebeldes, analiza el peso de los estereotipos en la percepción del conflicto y reconstruye el periplo de Batista. Cuestiona que Negrín malversara fondos republicanos tras efectuar un pormenorizado balance de su gestión y concluye el volumen examinando el retorno de tópicos franquistas insostenibles y la difusión de una visión arcádica de la República.

Tales debates remiten a una reflexión del historiador Y. H. Yerushalmi que Moradiellos reproduce: “la opción no es la de tener o no un pasado, sino más bien qué clase de pasado quiere uno tener”. En tal sentido, es de agradecer que su obra facilite uno con menos prejuicios.

(*) Reseña publicada en el suplemento Cultura/s de La Vanguardia (26/IX/2012), p. 11.

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