EL GOLPE DESCONOCIDO DEL 27-O DE 1982: ¿PUDO SER EL MÁS SANGRIENTO?

Portada de la revista Tiempo (11-18/X/1982) informando del golpe fracasado.

El 27 DE OCTUBRE DE 1982, jornada de reflexión previa a la primera victoria electoral del PSOE, estaba previsto un golpe potencialmente sangriento. ¿Qué sabemos treinta años después del mismo? Designado como “27-O” o también como “operación Cervantes”, esta tentativa golpista es hoy poco conocida y en su época no se profundizó en sus entresijos.

A continuación publicaremos la versión extensa en dos entregas de un artículo que hemos publicado en catalán en el diario Ara el pasado 27/X/2012 (“27-O del 1982, la història d’un cop d’estat fallit”).

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“El 27-O  parecía destinado a ofrecernos imágenes tan contundentes como las del golpe de Pinochet contra Allende, cono el palacio presidencial de la Moneda incendiado por las bombas”. Esta es la valoración del exagente del CESID Juan Alberto Perote del golpe de estado previsto el 27 de octubre de 1982 [27-O] que contribuyó a desarticular. Lo lideraba el general Jaime Milans de Bosch desde la prisión de Fuencarral y el núcleo promotor lo formaban coroneles.

Del fallido golpe del 23 de febrero de 1981 [23-F], los complotados -según expone Perote en Confesiones de Perote (1999)- aprendieron que “necesitaban derramar sangre”. Para llevarlo a cabo contaron con una trama civil y un plan detallado que no evitó el fracaso.

El golpe debía tener lugar la vigilia del gran triunfo socialista de octubre de 1982.

Un nuevo Movimiento Nacional

El nuevo golpe se enmarcó en la persistencia de inquietud castrense ante la situación política. El 6 de diciembre de 1981, día de la Constitución, se difundió el Manifiesto de los Cien, crítico con la política militar del gobierno y con los medios de comunicación firmado por un centenar de oficiales. El junio de 1980 se hicieron públicas las sentencias del 23-F y el malestar castrense rebrotó.

En este marco, cobró impulso el “golpe de los coroneles”, emprendido antes del pustch de Tejero y designado por Milans como MN, acrónimo de Movimiento Nacional. El historiador y militar Javier Fernández López ha expuesto los detalles a Militares contra el Estado (2003). Así, el 27-O tenía como referente principal el golpe de los coroneles de Grecia de abril de 1967 y el plan tenía dos fases, una centrada en Madrid (“Plan Halcón”) y la otra al resto de España (“Plan Marte”).

La operación empezaría a las 8 horas del día 27 con esta secuencia: corte de comunicaciones entre centros de poder; detención de desafectas y concentración de estos en campos de detención; control de una setentena de objetivos (incluyendo La Zarzuela y La Moncloa) que contemplaba recurrir a la artillería si había resistencia; corte de circulación a la capital; “neutralización” de personas significadas, notablemente Sabino Fernández Campo y el responsable del CESID, Emilio Alonso Manglano; control de RTVE y RNE; y toma del poder fuera de Madrid.

Se instauraría una junta militar y se disolvería el Parlamento. El Rey sería destituido y reemplazado por un Consejo de Regencia. Partidos y sindicatos serían ilegalizados y sus miembros detenidos. Las instituciones surgidas de la Constitución serían declaradas ilegales y, por lo tanto, desaparecerían las autonomías. Para gobernar se escogerían unas Cortes de patrón franquista.

La trama civil

Los recursos humanos que el plan requería eran el punto más débil, dado que la trama golpista habría sido raquítica, según el testigo del activista e ideólogo ultraderechista Ernesto Milà a Ultramemòrias. II (2012).

Este se entrevistó el 1982 con el comandante Ricardo Sáenz de Ynestrillas -destacado ultraderechista- y consideró que este último “y un pequeño grupo de militaste […], seguían viéndose, animados y arropados por los últimos mohicanos del golpismo”. El reclutamiento de civiles era descuidado: los complotados contactaban con ultraderechistas notorios de cada provincia para sumarlos al proyecto y los adjudicaron futuras alcaldías y “habitualmente se trataba de elementos marginales, muy poco significativos”. Concluyó que todo ello “se  trataba de ‘golpistas controlados’ y que los barrerían cuando conviniera”. El 27-O, pues, contaría con una ejecución difícil por la escasa entidad de su trama.

En el segundo volúmen de sus memorias, Ultramemorias (2012), Ernesto Milá expone la débil trama civil del golpe.

La ultraderecha, además, se debilitó al competir Fuerza Nueva [FN] con un nuevo partido liderado por Antonio Tejero, Solidaridad Española [SE], con un entorno eventualmente conectado al golpe. Ultraderechistas detenidos declararon inicialmente al juez que el capitán Francisco Acera los instruyó a para colaborar con SE “en la formación de células clandestinas dedicadas inicialmente a misiones informativas”, pero después rectificaron estas manifestaciones, explican Joaquín Prieto y José Luis Barbería en El enigma del ‘Elefante’ (1991).

Golpe al golpe

Detectado el plan, el CESID siguió a los militares implicados y los disuadió de actuar al explicarlos que conocían sus intenciones. El procedimiento evitaba, según Perote, “una interminable sucesión de detenciones” que perjudicara más la imagen del Ejército y suponían el agradecimiento de los conspiradores, que facilitaban confidencias. Estas llevaron a los agentes a centrarse en un terceto de oficiales: los coroneles Luis Muñoz y Jesús Crespo y el teniente coronel José Enrique Crespo (hermano del segundo).

El 1 de octubre agentes del CESID abrieron un maletín con el plan del golpe que Muñoz llevaba al coche al ir a una comida de homenaje a Blas Piñar (la esposa de Muñoz, Sol Lafita, era su secretaría y candidata de FN al Senado), lo fotocopiaron y lo volvieron a su lugar. El gobierno ordenó detener a los implicados el día 2. El ministro de defensa Alberto Oliart hacéis público el complot. El día 25 la policía intervino armas y explosivos a ultraderechistas de Madrid, Barcelona y Valladolid. Milans fue trasladado de Fuencarral cerca de Tarifa (Cadiz) en helicóptero y los detenidos fueron condenados inicialmente a 12 años y un día de prisión.

Fue relevando el 27-O? Por los destacados militares e historiadores Gabriel Cardona y Javier Fernández López fue muy serio. Cardona lo definió como un complot “sangriento y definitivo”; para Fernández se “una idea absolutamente errónea” considerarlo un golpe menor en relación al 23-F. Igualmente, Perote -cómo hemos visto- lo consideró de un impacto similar al de Pinochet si triunfaba. Otros análisis, pero, han cuestionado su viabilidad, como la del periodista Miguel Platón: “Nadie que haya analizado este acontecimiento a fondo puede sostener de manera honesta que […] tuviera la menor posibilidad de hacerse realidad” (Hablan los militares, 2001).

Dada la oposición del Rey al golpe del 23-F de 1981, el del 27-O planteaba sustituirle por un Consejo de Regencia.

Desde la ultraderecha se ha denunciado que el golpe fue magnificado por Leopoldo Calvo Sotelo para remontar unos resultados electorales adversos. De hecho, en la época Piñar ya aludió al 27-O como un “montaje”. Pero Oliart señaló que esta tesis es inverosímil precisamente porque aquel golpe no salvó a UCD a las urnas, sino que constituyó “la puntilla”.

La agonía golpista: el 2-J de 1985

En todo caso, el 27-O fue un hito en la inflexión de una arraigada tradición golpista, que emergió con el 23-F. Después las redes golpistas acontecieron más reducidas, pero no negligibles. A la vegada, el CESID adquirió control creciente de los sectores involucionistas y desarticuló el golpe de 1982 con mínimas detenciones.

Visto todo ello, surge una pregunta: Por qué no se depuró a los oficiales entre 1977 y 1982? La respuesta de Oliart fue diáfana: “Porque si los depuro por sus ideas me quedo con veinte. […]  Había una minoría de militares demócratas, pero más de un 90% de los mandos habían sido oficiales en la guerra civil o se habían formado en academias franquistas”.

El fracaso del 27-O y las reformas militares del gobierno socialista llevaron el golpismo a la marginalidad y tuvo el canto del cisne con un magnicidio frustrado, posiblemente inspirado en el de Luis Carrero Blanco: durante el desfile de las fuerzas armadas previsto en La Coruña el 2 de junio de 1985 [2-J] se quiso explosionar la tribuna de autoridades y matar a la familia real, al gobierno y a la cúpula militar. Pero esto ya es otra historia.

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