LA HERENCIA DEL FRANQUISMO EN EL DOCUMENTAL “LOS COLONOS DEL CAUDILLO”

Trailer del documental.

“LOS COLONOS DEL CAUDILLO” (Franco’s Settlers) es un documental realizado por los cineastas  Lucía Palacios y Dietmar Post  que fue presentado en Berlín el pasado mes de noviembre. En él exponen la historia y memoria del pueblo de Llanos del Caudillo (Ciudad Real), una de las 300 nuevas localidades creadas por el gobierno de Franco en los años cincuenta y sesenta.

A continuación reproducimos un fragmento de la crónica que publicó sobre éste Rafael Poch, corresponsal en la capital germana de La Vanguardia,  (02/11/2012).

Presentado en Berlín un documental sobre la España de hoy

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Con “Los Colonos del Caudillo” los autores lanzan una “doble mirada” a unos de los 300 pueblos nuevos creados por el régimen en los años cincuenta y sesenta, fundamentalmente en Castilla y Extremadura, para abonar la hoja de parra de su dimensión “social” falangista. El resultado una especie de Koljoz manchego del que la mayoría de los beneficiados huyeron en cuanto la emigración, bien a la España desarrollada, bien a Europa, abrió la perspectiva de una vida más libre y desahogada. Cincuenta mil familias participaron en aquellas obras sociales dirigidas por el Instituto Nacional de Colonización inspirado en la Italia de Mussolini, con el objetivo de potenciar, “al hombre antiurbano y antiobrero, apegado a la tierra, temeroso de Dios y devoto al régimen, del cual es deudor de todo: casa, tierra y trabajo, todo bajo control del partido”.

El documental narra, sin música ni efectos, la historia de Llanos del Caudillo (Ciudad Real). Su mirada es doble, porque Palacios nació en un pueblo de los alrededores y lidia con lo familiar y conocido, mientras que Post aporta la estupefacción y el asombro del foráneo ante el crudo universo ibérico. Hay una sucesión de entrevistas a los vecinos del pueblo, sus autoridades (alcaldes, curas y maestros), así como las suficientes excursiones al contexto, de la mano, entre otros de Felipe González y del ministro falangista José Utrera Molina, como para que el espectador, independientemente de su nacionalidad y nivel de información se pregunte: ¿Qué es España hoy?, ¿Cómo es posible que haya tantas contradicciones? Es decir la pregunta con la que está incubando la actual tormenta perfecta de incierto resultado y que, por lo visto, va a poner a prueba nuestra calidad como sociedad.

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Montaje de propaganda del documental.

Solo en La Mancha quedan 800 calles dedicadas a José Antonio Primo de Rivera y 500 a Franco. Los Llanos del Caudillo, uno de la docena de pueblos celtíberos que aún lleva el nombre del Insigne, no quiere cambiar su nombre. El alcalde, Santiago Sánchez, ya lo intentó en un referéndum de 2003, y perdió. Una de las escenas más deprimentes del documental es cuando se le pregunta a una clase de niños del pueblo sobre la conveniencia o no de cambiar el nombre: 12 de los 13 niños son partidarios de mantener al caudillo.

Poco importa que una mano guerrillera transforme el rótulo de entrada al pueblo, tachando la elle y la ese de “llanos” y convirtiendo su nombre en un anarco “Ano del Caudillo” porque estamos ante algo más que una broma: el drama miserable de un país que no ha hablado de su historia, que tiene en sus cunetas 115.000 desaparecidos, cien veces más que los del Chile de Pinochet y trece veces más que los 9000 de la pesadilla militar argentina. Un país que creía haber hecho una “modélica transición” y que hoy, sometidos aquellos narcisismos a las actuales terapias de choque, se asombra al verse tan fea ante el espejo de su triple crisis, con su flamante democracia evidenciada como corrupto y tradicional neocaciquismo ibérico, su juez Garzón inhabilitado, y sus nacionalismos coqueteando con la ruptura.

“Esta película refleja muy bien la realidad de la España actual”, dice Carlos Castrana, fiscal del Tribunal Supremo. “Va a sorprender a mucha gente en España”, augura Felipe González. A falta de festivales de cinematografía, será en una España itinerante, con una campaña de cine ambulante por pueblos, instituciones vecinales, escuelas y asociaciones, explican sus autores. Todo muy de acuerdo con los tiempos y las circunstancias de una eventual regeneración hispana. Con “Los Llanos del Caudillo” Post y Palacios han puesto el dedo en la llaga nacional.

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