LOS NUEVOS PARTIDOS: CATALUÑA EL LABORATORIO POLÍTICO DE ESPAÑA

“Indignados” el 15-M en la puerta del Sol madrileña (imagen de Dani Pozo).

EN LAS ELECCIONES CATALANAS celebradas el pasado de noviembre  Ciutadans [C’s] ha obtenido nuevo diputados (con el 7.5% de los votos emitidos) y la Candidatura de Unidad Popular [CUP] tres (con el 3.4%).

Estos resultados ratifican que Cataluña ha acontecido un laboratorio político, pues desde los comicios locales del 2003 han irrumpido institucionalmente C’s, la CUP, la Plataforma por Cataluña [PxC] y Solidaridad Catalana por la Independencia [SI]. La desafección hacia las grandes formaciones (CiU, ERC, PSC, PP e ICV) se ha plasmado aquí -entre otros expresiones- en el voto a opciones alternativas que estos comicios ha sido superior al 18%. ¿Qué lectura política ofrece esta eclosión de los nuevos partidos en Cataluña?

Hemos publicado un artículo en el diario catalán Ara donde desarrollamos esta cuestión y planteamos que ellos supone una italianización de la política catalana: , ”L’ascens dels partits ‘antiestablishment’”  (8/XII/2012), Puede accederse a su lectura gratuita clicando encima del título. Solo es preciso registrarse como lector.

El laboratorio político catalán

En esta entrada del blog pretendemos señalar que las nuevas formaciones catalanas constituyen una punta de lanza de las que emergen en el resto de España y que basculan sobre la protesta contra la vieja política y la defensa o afirmación de la identidad, sea ésta española, regional o “nacionalista periférica”.

En tal sentido, consideramos que manifestaciones como las de los “indignados” y el movimiento 15-M y las amplias simpatías que suscitan (según los sondeos) testimonian un afán extendido de acabar con “la vieja política” en términos de lograr mayor participación y transparencia en todos los sentidos (desde listas abiertas hasta financiación). Sin embargo, las movilizaciones públicas no cuajan en la articulación de un gran partido estatal, sino en una formación emergente en gran medida nucleada en Madrid, Unión, Progreso y Democracia [UPyD], y diversos partidos que emergen en la periferia del Estado. ¿Qué tienen en común las nuevas formaciones pese a du ideología dispar y antagónica?

Si nos atenemos a la casuística catalana, podemos destacar especialmente dos rasgos, al que podemos añadir un tercero que se vislumbra con creciente intensidad:

1. Las nuevas siglas asocian la defensa de la identidad a la denuncia de la política tradicional

Éstas quieren acortar distancias entre representantes y representados, de aquí la mención constante a la regeneración democrática y las alusiones peyorativas a la clase política o a la “partitocracia” por parte de los nuevos partidos catalanes, designada como “casta” (SI y PxC) o el recurso a lemas como “Rebélate!” (C’s) o “La hora del pueblo” (CUP).

En este aspecto, las nuevas formaciones que emergen en el resto del Estado ofrecen un discurso similar. De este modo, UPyD, acaudillado por Rosa Díez, afirma haber “obligado a incorporar al debate político propuestas y alternativas que estaban vetadas por el establishment político, económico  y mediático”.

Asimismo, el Foro Asturias Ciudadano [FAC], liderado por Francisco Álvarez-Cascos se define como “un movimiento de ciudadanos libres y consiguientemente críticos, que se rebela contra la condición de súbditos en la que han estabulado a los asturianos  los omnipotentes aparatos de los partidos”.

Igualmente, la coalición Compromís, en Valencia, en su Manifiesto  “hace un llamamiento a la sociedad civil valenciana a participar de la necesaria rebelión democrática que exige un momento tan exigente como el actual, con una degradación política que nos avergüenza y con una crisis económica de gran magnitud que genera paro, empobrecimiento y degradación ambiental. […] Otra manera de hacer política es posible. Entre todos podemos demostrar que es posible la unidad en la diversidad, que es falso que todos seamos iguales y que si queremos, podemos cambiar nuestro país”.

Los ejemplos podrían ser más extensos, pero el leitmotiv de fondo es el de una pretendida “regeneración” democrática expresada con diversos discursos y registros.

2. Constituir partidos-movimiento en apariencia o realidad

Desprestigiados los partidos tradicionales como organizaciones autónomas de la sociedad civil, los nuevos se autodefinen como emanaciones de esta última que quieren establecer una democracia “real”, en ser ésta pretendidamente desvirtuada por los primeros.

En Cataluña esta determinación se advierte en partidos con denominaciones que designan apiñamientos cívicos transversales(“ciudadanos”, “plataforma”, “solidaridad” o “candidatura de unidad popular”) y tienden a remitir a valores. También es visible en unos liderazgos alejados de la política profesional (Josep Anglada, Albert Rivera, Joan Laporta) o colectivos (la CUP).

En el resto de España este hecho es sobre todo visible en las nuevas denominaciones ya citadas como Foro, Unión, Progreso y Democracia, Compromís, a las que pueden añadirse otras como Equo. La palabra partido ha desaparecido en aras de nuevas denominaciones inclusivas, mientras las definiciones ideológicas ortodoxas (como socialdemócrata o demócratacristiano) tienden a dejar paso a idearios determinados por valores que pueden ser ampliamente compartidos.

3. Internet juega un rol ideológico y organizativo importante

La red permite construir organizaciones de forma rápida y coste mínimo, relativamente competitivas respecto de los grandes partidos. En algunos casos es una transmisora implícita del mensaje de las nuevas formaciones al plasmar la democracia participativa que declaran querer, al crear una “plaza electrónica” que permite a los seguidores intervenir en foros o decisiones desde la horizontalidad. En Cataluña la CUP es el ejemplo claro del doble papel de Internet en estos partidos, pero no el único (SI habilita referéndums electrónicos por los adheridos).

En este aspecto, por ahora en el conjunto del Estado el impacto político de la red se ha plasmado en la convocatoria de grandes movilizaciones, pero no ha alumbrado aún partidos de cierta consistencia, aunque en las nuevas formaciones el papel de las redes sociales es trascendente. Lo ilustra, por ejemplo, la Equomunidad de Equo.

Hacia nuevos partidos populistas

En general, el bipartidismo PSOE-PP impide que surjan alternativas a las dos grandes formaciones en el ámbito estatal y está desembocando en la eclosión de nuevas formaciones de distinto signo en la periferia del Estado, en el ámbito local y autonómico, siendo Cataluña -y no por azar- donde esta tendencia se halla más avanzada.

Como indicamos en el citado artículo del diario Ara, los nuevos rótulos catalanes reflejan una “italianiación” política creciente, dadas las similitudes que la política catalana ofrece con la de la Italia en noventa del siglo pasado. Según el politólogo Marco Tarchi, entonces se extendió “el rechazo de la concentración de poderes en manos de la oligarquía partidista, la polémica contra la burocratización de la vida pública, la reivindicación de un retorno de la legitimidad política democrática a su fuente popular natural […], la exhortación a un acercamiento entre gobernados y gobernante”.

Este panorama marcó la emergencia de la Liga Norte y de Fuerza Italia y el fin de los partidos tradicionales. Ahora se advierte cada vez con singular intensidad en Cataluña y en menor medida en el resto de España. La cartografía política española está cambiando de modo lento pero sostenido y el principado catalán es el reflejo más vistoso de este proceso y, a la vez, su motor (no en vano UPyD es resultado de emular a C’s).

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