LA REFORMA WERT Y EL EJECUTIVO ERC-CIU: ¿HACIA UNA VASQUIZACIÓN DE CATALUNYA?

El ministro José Ignacio Wert en primer plano. Al fondo la consejera catalana de educación, Irene Rigau (foto de DBalears.cat).

¿HACIA DÓNDE VA LA SITUACIÓN POLÍTICA DE CATALUÑA? Consideramos que ésta tiene posibilidades plausibles de experimentar una “vasquización”. Es decir, que la transversalidad política reinante en el catalanismo (soberanistas, federalistas, autonomistas, catalanistas) experimente una polarización similar a la del País Vasco entre dos sólidos bloques: nacionalistas y “constitucionalistas”.

Madrid tensa la cuerda

El ejecutivo de Madrid favorecería esta dinámica con la reforma educativa del ministro José Ignacio Wert, como hemos expuesto en el último artículo publicado en el diario catalán Ara (14/XII/2012). Puede leerse el texto completo de modo gratuito registrándose previamente, clicando aquí

En él hemos señalado que, aparentemente, la reforma debería ser contraproducente para el gobierno de Mariano Rajoy en lo que atañe a Cataluña al provocar más desafección verso Madrid. Pero la iniciativa buscaría una movilización que avale el ejecutivo en un asunto en el que nada es improvisado y menos por parte de Wert, experto en demoscopia. ¿Qué beneficios obtiene Rajoy de la reforma?

1. Descolocar el PSOE, reforzar el PP

En cuanto al ámbito estatal, los objetivos que buscaría serían claros. El politólogo Oriol Bartomeus, en su blog, los acota en tres: “enmarcar el conflicto con los socialistas” en términos de valores; pasar de puntillas “por el fondo del escenario de las terribles últimas cifras del paro” (en octubre incluían 4.833.521 personas), y galvanizar la opinión pública porque al PP “la polarización entre el centro y Cataluña le da excelentes réditos”.  De este modo, el PP gana enteros ante el PSOE.

2. Movilizar al electorado españolista catalán

El analista Carles Castro señala en La Vanguardia (2/XII/2012) que el PP ha comprobado que su carencia de desgaste en Cataluña por la crisis “obedece en gran medida a una inflamación territorial e identitaria que toca la fibra íntima de su electorado” y apuntaba que “espoleado por la competencia directa de Ciutadans, difícilmente se resistirá a contribuir a una tensión que tantos réditos le ha proporcionado”.

Esta sería la diana a la cual Wert apuntaría: movilizar un electorado que entre los comicios del 2010 y los del 2012 ha crecido en el Principado casi un 5%, reforzando el PP ante C’s. Por lo tanto, Rajoy también tendría réditos en Cataluña. En suma, el PP busca movilizar a un electorado españolista creciente cuyo techo electoral es, por ahora, desconocido.

Su discurso es un populismo españolista que se dirige contra la amenaza separatista.

Barcelona responde

Hoy se ha firmado el acuerdo del singular tripartito catalán que preside Artur Mas. Y decimos singular porque lo conforman la coalición CiU (dos socios cuyas discrepancias internas han transcendido en diversas ocasiones) y cuenta con el apoyo parlamentario de ERC, que -a la vez- pretende ser el principal partido de la oposición.

El artefacto así creado no parece que pueda gozar de gran salud y llegar más allá de la consulta prevista en el 2014 que, además, deberá hacerse antes que la de Escocia (donde el fracaso de la independencia en las urnas es más que previsible).

Así las cosas, el cemento que articula la coalición de facto del gobierno catalán es el plebiscito, lo que puede darle mucha o poca solidez.  En todo caso, tiende a vehicular un “frentismo nacionalista catalán” ante el “frentismo español” que propulsa el PP.

El resultado es un populismo independentista que se dirige contra un Estado al que se denuncia como depredador de los recursos catalanes.

Hacía el frentismo

En este marco, la política catalana solo puede conocer tensiones crecientes y experimentar una mayor polarización en torno a “unionismo” e “independentismo”. El PP puede llegar a articular un poderoso bloque españolista minoritario, pero el precio de crearlo puede ser inferior a los beneficios que reporte.

Amplios sectores de la población catalana experimentan una doble desafección política: por una parte a su propia clase política tradicional, y, por otra, a “Madrid”, como un gobierno lejano y cada vez más lesivo para los intereses catalanes. Así las cosas, las elecciones catalanas de noviembre no han hecho más que plasmar este duro revés de los grandes partidos catalanes, notablemente con el batacazo de CiU y el hundimiento del PSC (progresivo pero con apariencia de ser inexorable) y una representación creciente de los partidos populistas de identidad y protesta (CUP y C’s).

Ahora bien: las urnas, a la vez que emitieron un duro castigo a Mas, formularon un duro reproche a Madrid: más del 48% de los votos fueron de signo independentista explícito. Si el ejecutivo de Rajoy opta por tensar la cuerda en Cataluña, esta mayoría puede incrementarse con suma facilidad. Especialmente si la via escogida es la de la “asfixia fiscal” y al hibernación indefinida de infraestructuras (con el corredor mediterráneo como elemento emblemático).

Cataluña-País Vasco: ¿Cambio de papeles?

El resultado que se vislumbra de este proceso es un intercambio de papeles entre Cataluña y el País Vasco. El PNV parece haber enterrado las aventuras secesionistas de Juan José Ibarretxe, mientras CiU opta por impulsar un vistoso referendo de independencia.

En semejante panorama, el peso del País Vasco en la agenda política estatal se diluye mientras Cataluña, simplemente, la acapara casi por completo y puede emprender una senda “vasca” en términos de tender a articular dos grandes bloques políticos.

Lo que puede ocurrir a partir de aquí es un misterio: Cataluña es en estos momentos el laboratorio político de España (basta ver los nuevos actores polítios que emergen en ella) y donde más maduros están todos los movimientos de protesta (como atestiguó la rebelión espontánea en el pago de los peajes en mayo de este año).

En consecuencia, el avispero catalán puede convertirse fácilmente en un polvorín.

Los comentarios están cerrados.